Yo sé que no tengo perdon de dios, por tantos meses de no subir nada, pero ustedes saben, escuela, trabajo y una ausencia casi total de vida social, ok, tal vez no son tan buenas explicaciones como pense, pero es todo lo que tengo u.u
Este capi esta dedicado a dunaadharel :) un beso preciosa
-¿De qué hablas? –pregunto Theodoro- ¿Mujeres cisnes? ¿Mujeres hermosas que esperan a ser rescatadas del malvado hechicero que vive en el lago? ¡Ni siquiera hay un lago cerca de aquí!
-Eso es lo que vi, ¡te lo juro por mi padre! –Draco intentaba convencer inútilmente a su amigo.
-Vamos, Draco, por favor, no hay necesidad de mentir, solo di la verdad, estamos tu y yo aquí solos en el castillo, solo di que te perdiste y ya.
-¡No me perdí! –grito Draco irritado- ¿Por qué no me crees?
-A lo mejor si analizaras un poco lo que estas diciendo verías por que no te creo… ¡Ey, que no hay necesidad de atacarme, hombre! –grito el moreno al tiempo que se cubría con las manos.
-Imbécil –le gritó Draco mientras salía enojado de la habitación.
Ya dos noches habían pasado desde que Draco había encontrado a las chicas del lago. Su mente intentaba convencerlo de que todo había sido un sueño, pero el se negaba a creerlo, el terror que sintió cuando esa persona lo vio a los ojos fue algo que era sacado de sus pesadillas pero era real. Él estaba seguro, estaba tan seguro como de que era Draco Malfoy Black hijo de Lucius Malfoy y Narcissa Black y nieto de los honorabilísimos Cygnus Black y Druella Rosier y heredero legitimo de Abraxas Malfoy por mucho pesar que eso le pudiera ocasionar a su padre.
-¡Aghh! –gritó Draco mientras se revolvía el pelo. Tenia una hora vagando por todo el castillo y se encontraba más que frustrado.- ¡Las tengo que encontrar!.
-¿Para que? –le dijo una voz. Draco pegó un brinco asustado y volteó buscando al dueño de la voz.- ¿para qué nos quieres encontrar?.
Draco volteo de nuevo y ahí estaba de nuevo la niña rubia viéndolo de cabeza desde la cornisa de la ventana.
-Pero… pero… ¿cómo? –pregunto incrédulo- ¡Aja! –grito emocionado- ¡sabia que eran reales!, ¿no se supone que no pueden salir del lago?
-Es solo cuestión de buscar los huecos en el contrato. –dijo Luna todavía volteada de cabeza- Nadie había intentado venir hacia esta dirección.
-¿Podrías ponerte derecha? Me mareo de verte. –Luna se enderezo y se bajo con gracia del alféizar.-
-Entonces, ¿para que nos querías? –pregunto de nuevo.
-No las quería para nada. –le contesto el chico dando pequeñas vueltas.- Solo quería saber si no había alucinado cruelmente. ¿Te importa si damos un paseo?-
Caminaron en silencio. Draco pensando que diablos estaba pasando y como probarle a Theodoro que lo que había dicho no era mentira. Luna pensaba si podría conseguir algo de fresas para cenar.
Draco seguía confundido acerca de la ultima vez que había visto a la chica. Lo intrigaba todas esas mujeres, pero no lo intrigaba el hecho de se convirtieran en un plumífero animal, si no, el por qué seguían ahí.
-Draco, idiota, ¿dónde estabas? ¡tengo horas buscándote! –grito Theodoro corriendo a toda prisa hacia ellos- Menudo pedazo de…. Hola, ¿quién eres? –dijo alargando de las vocales en tono sexy en cuanto vio a la chica- Draco no me habías presentado a tu amiga. ¿Cómo dices que te llamas?
-Libros –le contesto Luna.- Este es un castillo ¿no? Debe de haber una biblioteca ¿no?
Theodoro vio con rareza a Draco, este solo se encogió de hombros y guio a la chica a la biblioteca. Mientras Luna vagaba entre los estantes, Theodoro aprovecho para interrogar al rubio.
-¿Quién es ella? –pregunto en un susurro.
-Se llama Luna –le contesto el príncipe.
-¿Y de donde la conoces?
-Del lago.
-¡¿Del lago? ¡Espera! No me digas que… -Draco lo miro sorprendido, no esperaba que lo hubiera entendido tan rápido- ¡es una campesina! Pero si es tan bonita…- Draco se estaba dando de cabezazos contra una estantería- ¿por qué nunca me la habías presentado? ¡No me digas que ella es una de tus amantes!
-¡No! ¡no, no para nada! ¡lo juro! –Draco pensó que el no podía tener tan malos gustos- No … ella es… ahm… una amiga. ¡Si! Una amiga –empezó a reir nerviosamente.
-Quiero estos –apareció Luna cargando una veintena de libros.
-¿Para que quieres tanto libros? –pregunto Draco sorprendido.
-Permítame ayudarle, hermosa señorita. –se ofreció Theodoro mientras tomaba los libros.- ¿desea llevarlos a algún lugar en especial?, Draco, ¿por qué no la invitas a cenar?
-¿A cenar? –pregunto el rubio desconcertado.
-Si, a cenar, ¿dónde están tus modales? –pregunto Theodoro- el cocinero prepara carne de cerdo en salsa de arándanos. ¿Gustaría acompañarnos bella señorita?
Draco esta desconcertado, totalmente desconcertado. Veía a Luna y a Theodoro con la boca abierta. A la chica por haber aceptado quedarse y a él por portarse como un caballero sacado de alguno de los libros románticos que leía su madre y no es que los haya leído antes, no claro que no, solo era…. cultura general.
-La luna es bellísima, ¿verdad, Draco? –pregunto Theodoro horas después de que la chica se había ido. Draco lo ignoró- Es tan hermosa, bella… blanca.
-Blanca? –pensó el príncipe.- Ejem, ¿Theodoro? –lo llamo- ¿Theodoro? ¿no piensas volver a tu casa? –pero el chico no lo podía oír, con los codos recargados en el alfeizar de la ventana y las palmas sosteniendo su cara, Theodoro veía la luna como si de un día para otro hubiese decidido aparecer ante el.
Draco dio por perdida la situación y decidió largarse de ahí antes de que lo que fuera que le hubiera pasado a Theodoro le pasara a él.
Al dia siguiente, Draco Malfoy estaba convencidísimo de que tendría que regresar al lago, así que alisto sus cosas, un poco de comida y algunas armas, y emprendió el camino. No le dijo a nadie a donde iba, solo, se fue.
Entrando al bosque, mientras el sol estaba en lo mas alto del cielo, Draco se perdió.
El rey Lucius observaba desde su lujosísimo trono como el arlequín hacia su espectáculo. A su lado derecho se encontraba la reina Narcissa, que observaba con aburrimiento el show, y del lado izquierdo se encontraba su fiel consejero, el honorable Severus Snape.
Severus Snape era alto y de pelo negro como la noche, su tez era blanca y muchas personas opinaban que era el diablo. Nunca le tenia palabras agradables a nadie, ni siquiera a el rey, pero a él le gustaba tenerlo cerca.
Ese dia, el rey le tenia planeado un trabajo especial a Severus, un trabajo de campo.
-Quiero que busques a alguien digno para mi hijo –le dijo el rey tomando algo de vino- Quiero que, de ser necesario, recorras todo el reino buscando a la mujer indicada para convertirse, en un futuro, en reina.
-Pero, cariño, ¿no la escogerá Draco en el baile? –pregunto Narcissa preocupada.
-Él no tiene la capacidad de decidir por si mismo. Yo el escogeré a una esposa adecuada. –le contesto Lucius- Ahora, Severus, tu sabes lo que una mujer debe de tener para pertenecer a la realeza, busca a las mejores familias, y tráeme a sus hijas. –Severus hizo una reverencia y se fue.
El rey y la reina ignoraban por completo el paradero de su hijo, ni siquiera se habían dado cuenta de que no había ido a desayunar y es que cuando se tiene un rango tan importante como el ser rey, lo único que le puede preocupar a uno es si se ve presentable para saludar a algún viejo loco y a su esposa que esperaban obtener "la gracia y el beneficio" del rey, por supuesto.
-Algún día, algún día voy a averiguar por que demonios tengo un sentido de la orientación tan nefasto –decía Draco mientras se recargaba en un árbol y sacaba una petaca llena de agua.
juro que no me gusta como me queda ¬¬ pero ya tengo ideada la solucion a todos los problemas de la historia :D asi que sigan leyendo :D
aliencilla fuera :D
