Capítulo 4/12

Extracto


—Buenos días, señoritas —saludó Eren sonriendo con la usual hipocresía de todo mesero—. ¿Qué van a desear hoy?

Mikasa y Annie lo observaron, estupefactas. Hubo un corto lapso de tiempo en el que nadie se atrevió a expresar palabra alguna, hasta que finalmente Mikasa habló:

—No puedo creerlo.

—¿Ves este uniforme? —Eren se señaló así mismo—. Créelo. Estoy trabajando. Ahora, pueden dejar de mirarme como si fuese una beluga al frente de ustedes y pedir su orden de una vez.

—Debe ser un milagro. Debo avisarle a mamá.

Eren giró sus ojos.

—Ya le avisé, pero gracias de todas formas —Justo en ese momento, Eren fue alumbrado por el resplandor de un flash—. Annie, querida, ¿acabas de tomarme una maldita foto?

—Eh, ¿sí? —respondió Annie apuntándolo con su celular—. Es para Twitter.

—No te atrevas, cariño. Bórrala.

—Annie —llamó Mikasa ignorando a Eren—. ¿Cuándo te dejará de decir "querida" y "cariño"?

—Cuando muera, supongo.

—¿Cuándo mueras tú o cuando muera él?

—¿Cuándo muera él? —Annie alzó una ceja—. Que importa, Mikasa.

—Claro que importa. No puedo permitir que Eren muera. Mamá no me lo perdonaría.

—Mikasa, tarde o temprano moriré —intervino Eren con impaciencia—. Deja el drama y pide lo que vas a tomar. Ahora soy una persona muy ocupada.

—Un momento —Annie calló a Eren sin dejar de observar a Mikasa—, ¿quieres decir que está bien que yo muera?

—Si de eso depende la vida de Eren, lo siento, pero sí.

—¿Sabes que terminé con él por ti?

—Suficiente —intercedió Eren ya cansado de ser ignorado—. Para Annie un piña-papaya-banana tibio. Para la insípida de Mikasa un extracto de zanahoria-maracuyá-naranja extragrande. Listo. No tengo toda la mañana para escuchar discusiones lésbicas. —Escribió en su libreta la orden y dejó la mesa sin escuchar la comprobación de las chicas.

Eren suspiró una vez llegó al área donde se despachaban los pedidos.

Aquella escena había sido extraña. Hace apenas un día Annie era su novia, su papá lo mantenía y su última preocupación era trabajar. Ahora todo estaba al revés. El cambio se había dado tan repentinamente que ni él mismo acababa de entenderlo.

Annie ya no era su novia. Ahora Annie era sólo una amiga. Sin embargo, su relación no había sufrido modificaciones.

Allí estaban, Annie, Mikasa y Eren, conviviendo como siempre, sin incomodidad o rencor. La relación era la misma. Eren no estaba ni remotamente enojado con Annie por haberle mentido, ni con Mikasa por haberse acostado con Annie cuando aún era su "novia".

No estaba herido, o enojado. No la extrañaba. No se sentía deprimido ni triste como se debería sentir alguien después de terminar una relación de un año. Por el contrario, Eren se sentía más aliviado y tranquilo que nunca, y a juzgar por el estado de ánimo de Annie, ella tampoco se había visto afectada.

Era como si nunca hubiesen sido novios.


.

Eren estaba en la parte trasera de KiwiShop hablando por el celular.

—Señora, juro que tendré el dinero. Sólo deme un par de semanas más. Juro que le pagaré el alquiler —Eren ya no hablaba, sino que gritaba a la persona al otro lado de la línea telefónica—. Sí, también la factura de luz y de agua. ¿De gas? ¡Pero ni siquiera tengo cocina! ¿De cable? ¡No tengo televisor! Señora, no crea que puede aprovecharse de mí —la llamada se colgó, y Eren quiso lanzar el celular contra la pared, pero se contuvo. Ya no podía pagar otro iPhone—. Maldición.

Guardó su celular en su bolsillo y se dio la vuelta para regresar al interior de KiwiShop, pero se detuvo en seco al ver a Levi justo allí, observándolo. Se asustó, más por la intimidación de sus ojos que por el hecho de no haberlo escuchado llegar.

—Eren, ¿sabes que los celulares están prohibidos durante la jornada laboral?

—Disculpe —señaló mostrándole la pantalla de su celular—, pero ya son las doce y media.

Levi no se inmutó. Ni siquiera miró el celular.

—Son las 12:28. Faltan dos minutos para finalizar su día de trabajo.

Eren quedó frío, callado absolutamente por el argumento de su superior. Tenía razón, eran las 12:28 y reglamentariamente la hora de salida era a las 12:30, pero el margen de tiempo era de solo unos pocos minutos.

—Disculpe. Estoy llenos de problemas. La dueña de la casa me va a echar hoy si no le pago el alquiler. No tengo el dinero suficiente y tampoco tengo donde ir. Estoy absolutamente jodido.

—Como encargado de KiwiShop está en mi deber preocuparme por mis empleados —Respondió Levi con un tono de voz desinteresado que no concordaba con el contexto de sus palabras—. Tus problemas afectan tu desenvolvimiento laboral, así que estaré dispuesto a ayudarte. Te adelantaré tu primera paga.

Otra vez Eren se quedó frío, sorprendido por el repentino interés en ayudarlo.

—Muchas gracias, Levi-san. —agradeció, todavía perplejo.

—¿Cuánto debes a tu arrendadora?

—Le debo un mes de renta y tengo que pagar los servicios: la luz, agua, gas, cable e internet —enumeró, haciendo cálculos mentales—. En total serían unos 724 000 yenes.

Levi mostró sorpresa al escuchar la exagerada cifra.

—¿Dónde demonios vives?

—En una zona exclusiva. Mi padre me lo pagaba. Está claro que debo buscar algo más barato.

—Estas consciente que tu sueldo semanal es de 23 400 yenes, ¿verdad?

—Sí. No paga por un mes entero. Lo entiendo.

—Es difícil conseguir algo barato en esta área. Puedes venir a vivir conmigo —propuso de una forma tan trivial que Eren en un principio no supo de lo que Levi estaba hablando—. Mi casa es espaciosa, y no te cobraré si te encargas de los quehaceres. Sería mientras buscas algo que puedas costear.

Nuevamente Eren se quedó frío, y esta vez no disimuló su sorpresa.

—Gracias —se limitó a decir, aun intentando procesar el repentino giro de los acontecimientos—. No sé qué decir.

—Hoy estoy ocupado, pero mañana puedo ir a recogerte con tus maletas para llevarte a mi casa —se ofreció, dirigiéndose hacia la puerta trasera para volver a KiwiShop—. Pásate por mi oficina para el tema del adelanto.

Eren volvió a sorprenderse, esta vez sintiendo sus mejillas calientes. Levi estaba dispuesto incluso a llevarlo en su auto hasta su casa, y por alguna razón, eso le producía una dulce sensación de importancia.

Era extrañamente agradable que Levi, una persona que era fría y jodida con todos, se preocupara tanto por él.

—Muchas gracias, señor. Digo, Levi-san.