Aclaro que ni la serie de Avatar, así como sus personajes me pertenecen, son propiedad íntegramente de sus creadores manuales e intelectuales; yo solo los tomo momentáneamente prestados para realizar esta historia sin el más mínimo ánimo de lucro.


Juegos del destino


"El destino baraja las cartas, nosotros las jugamos"

Iósif Stalin


El ambiente en estos momentos, era más bien caótico. Después de haber salido de aquella aldea, nuestras mentes eran ocupadas por un tema en concreto.

Toph.

¿Qué sería de ella?

Ahora, más que nunca nos encontrábamos más preocupados, y es que con la información obtenida de la anciana restaurantera, hemos llegado a la conclusión indiscutible de que la mujer descrita, no se trataba de nadie más que Toph.

Solo ella, era capaz de caminar sin tropezar con nada estando ciega.

Punto, no había que darle más vueltas al asunto.

Ahora, lo más inquietante, era saber tres cosas.

Dónde está.

Porque huyó.

Y porqué estaba embarazada.

Tres cosas que se decían fácil, pero se nos atoraban en la garganta cada vez que intentábamos comentarlo entre nosotros. Sokka no había atinado a proferir ni el más mínimo comentario idiota, ni había armado algún espectáculo en todo este tiempo; solo se dedicaba a caminar como muerto viviente, acariciando al halcón rojo llamado Hawky que había vuelto después de traer un mensaje de Katara.

El mensaje era claro y conciso.

¿Qué han sabido de Toph?, estamos muy preocupados puesto que no hemos recibido noticias de ustedes; y de verdad, lo que sea que sepan, por favor compártanlo con nosotros.

Tengo entendido que ese halcón es el mismo que utilizó Katara para enviar la carta de Toph a sus padres, y recuerdo bien que jamás volvió. Sokka me explicó que el halcón no supo cómo localizarnos de nuevo, así que se quedó a vivir en la finca de los Bei Fong. Supongo que el animal fue cuidado por la mismísima Toph hasta que regresó a las manos de su dueño, y quizás por eso, Sokka había estado acariciándolo con tanto ahínco todo este tiempo.

—¿Qué hacemos Aang?—aquella pregunta me descolocó, y me hizo detenerme para girarme a ver al chico que se mostraba pensativo y decaído—¿les explicamos la situación, o guardamos los detalles hasta que logremos saber más… o encontrarla?—continuó deteniéndose él mismo, dirigiendo su melancólica sonrisa a su mascota, acariciando con parsimonia las enrojecidas plumas del ave.

Deseé tener más tiempo para meditar aquello. La verdad es que en estos precisos momentos mi mente estaba hecha un completo caos, no sabía que impacto podían tener estas fuertes revelaciones en el resto del grupo, y muy a mi pesar, aún tenía cierta preocupación por Katara, no quería que se preocupara tanto.

—No lo sé Sokka…—respondí suspirando profundamente sentándome en una roca cercana intentando hallar algo de sabiduría en mi ser—la verdad es que no sé qué decirte, esto es demasiado para mí—revelé cubriendo mi frente con mi mano derecha mostrándome abatido.

El moreno asintió débilmente, y observó una vez más a su animal, que removía su negro cabello con afecto. Sin mostrar ninguna expresión, se sentó en el piso frente a mí, y extrajo de su mochila un pergamino, que extendió por el suelo apartando enfadado las rocas que se interponían en su acción.

Extrajo un pincel del mismo lugar y un tintero, y comenzó a escribir sobre aquel papel sin meditar ni un segundo. No pude evitar notar, que la caligrafía de mi compañero había mejorado increíblemente, y que ahora su letra era tan legible como pulcra y refinada.

La rapidez con la que escribió no me permitió enterarme de lo que sea que haya escrito en aquel mensaje, y cuanto antes, lo enrolló y lo colocó en el contenedor de su mascota. El halcón abrió las abras alegre, y el guerrero acercó su frente con cuidado hasta posarla sobre la del animal. Se mantuvo unos segundos así, como si estuviera manteniendo una especie de comunicación con el ave, y momentos después lo instó a que emprendiera el vuelo al alzar su brazo con decisión.

El animal obedeció las órdenes de su amo, y pronto se perdió entre las nubes del horizonte. Sokka mantenía la vista fija en el lugar en el que desapareció su ave, y yo me acerqué a él con lentitud.

—¿Qué escribiste Sokka?—pregunté con seriedad esperando la respuesta concreta de mi compañero. Él encogió los hombros y me miró con una expresión indescifrable.

—La verdad…—se acercó a mí hasta observarme de manera penetrante con sus ahora gélidos ojos azules—que esto era peor de lo que nos imaginábamos en un principio, que ahora la estamos buscando desesperadamente y que para nuestra desgracia la pista más cercana a ella, se trata de un testimonio de hace más de cuatro años…en pocas palabras, que la situación era crítica—indicó rehuyendo a mi mirada, para buscar sin preocupación un lugar para poder sentarse.

No podía creer lo que acababa de decirme Sokka. ¿Se puede ser más estúpido?, yo acá destrozándome la cabeza, para buscar alguna manera en la que la noticia no fuera tan difícil de digerir y preocupar a los demás aún más de lo que ya lo estaban. La furia se encendió con tanta fuerza como quien lanza una botella de alcohol a una simple chimenea.

—¡¿Cuál es tu maldito problema Sokka?!—reclamé acercándome amenazadoramente a él, ante mi reacción el joven se mantuvo impertérrito y solo se dedicó a observarme sin darme la menor importancia—¡yo no quería preocuparlos aún más!, eres un condenado animal para esto de la sutileza—agregué aún sin poder asimilar toda la rabia que se había implantado en mi interior en un segundo.

—¿Acaso te importa que se pueda preocupar mi hermana?—increpó con un tono osado y una sonrisa ladeada y de alguna manera su tono sonaba ligeramente oscuro. Aquellas palabras lograron congelarme por completo. ¿Cómo se atrevía…? el guerrero de la tribu del agua se levantó de su asiento y me miró de una forma extraña, sumamente intimidante. —Te recuerdo Aang, que Katara hace mucho que dejó de formar parte de tus problemas, ella misma lo decidió—señaló frunciendo las cejas de manera notable, como si quisiera intimidarme con los pocos centímetros que me ganaba.

De nuevo sus palabras causaron un efecto tremendamente negativo en mí, y sentí como la rabia corría vertiginosa por mis venas a una velocidad exorbitante. Apreté mis puños con fuerza, conteniendo el primer impulso de querer callarlo con un puñetazo. No permitiría que las pasiones volvieran a dominarme como la última vez con Zuko.

—Entonces también creo conveniente recordarte, que yo puedo preocuparme de lo que me venga en gana, y tú no deberías de meterte en lo que no te incumbe Sokka—devolví con enojo contenido, aun sintiendo las ganas de querer explotar. El joven suspiró y su mirada se suavizó hasta mirarme de una manera bastante peculiar, no supe diferenciar cómo, pero parecía que se encontraba apenado.

—Bien Aang, tengo que aceptar que me pasé, lo siento—se disculpó bajando el rostro como si quisiera observar el suelo. —Supongo que aún es demasiado pronto para ti, pero…te voy a decir algo Aang, nada es lo que parece, y cuando encontremos a Toph, todos vamos a hablar muy seriamente de algo que necesitan saber—hizo una pausa como si le costara un esfuerzo titánico el continuar—y no creas que me tragué el cuento de que no me escuchaste la noche pasada, pero te diré algo, todo a su tiempo…se trata de algo demasiado importante como para ser revelado en partes—expresó meditabundo, agachándose ligeramente para recoger su mochila, y caminó hasta encontrarse a al menos tres metros de distancia de mí, deteniéndose para girar su cabeza ligeramente hacia atrás y mirarme. —Y en ese momento, solo deseo que logren perdonarme—agregó de una manera casi inaudible y colocando en su rostro una sonrisa triste; acomodó mejor su equipaje en su hombro, y rompió el contacto visual para adelantárseme.

Yo me quedé impactado en aquel lugar. Después de todo, no pude engañarlo, Sokka supo durante todo este tiempo que yo escuché sus desesperadas pesadillas. Lo observé alejarse a paso seguro con mis ojos a punto de salirse de sus órbitas. Aceptó que sabía muchísimo más de lo que nos reveló, y se mostró dispuesto a revelarlo, pero solo hasta que encontremos a Toph.

Me pregunto…¿Qué pudo haber sido tan grave para causar este tremendo revuelo?

Había algo a lo que debía prestarle suma atención. La culpa atroz de la que era víctima Sokka no era normal, y algo me decía que él mismo sabía que se la merecía.

El alba nos encontró de nuevo caminando. Desde nuestra última parada en aquel pueblo, habíamos redoblado o triplicado nuestros esfuerzos para encontrar a nuestra amiga. Y de verdad, no pararíamos hasta encontrarla, así tuviéramos que llegar hasta las últimas consecuencias y voltear el país entero patas arriba.

El ambiente no había tenido una gran mejoría, pero al menos ahora podíamos hablar con un poco más de fluidez y sin resentir tanto la tensión que ameritaba la situación. El sendero frente a nosotros se comenzó a volver cada vez más angosto, llamándonos la atención como existía una bifurcación unos metros más adelante. Sin embargo, había un detalle que merecía la pena ser mencionado, el lado derecho del camino continuaba hasta comenzar a entrar en la vegetación, y comenzaba a desdibujarse hasta ser prácticamente indetectable.

Mientras que al otro lado, el sendero se volvía cada vez más nítido y se notaba cuidado y altamente utilizado. Sokka no dudo en la decisión de qué camino tomar, y se inclinó por el camino a la izquierda, que nos decía a gritos que la civilización se encontraba en su cauce.

Pero yo, me detuve a analizar la situación con detenimiento, a estas alturas, había comenzado a pensar que nuestra manera de buscar no se adecuaba al peculiar modus operandi de nuestra querida amiga.

Observaba dubitativo aquella dirección y sentí como poco a poco se me fruncía el seño de manera misteriosa. Mi compañero de viaje reparó en mi repentino actuar, y se acercó a mí con la intención de apurarme a seguirlo. Yo lo ignoré, entrecerrando los ojos sin perder la atención en cualquier mínimo detalle de aquel bosque. Tenía un extraño presentimiento, sentía una extraña ansiedad, una que jamás en mi vida había sentido.

Justo cuando me pasó por la mente ignorar aquel sentimiento. El sonido de tierra desgajándose nos tomó por sorpresa, pero lo más notable de aquello, fueron los alaridos infantiles que se escucharon a continuación. Ambos abrimos los ojos con exaltación y sin dudar un segundo nos lanzamos en una carrera frenética hacia el lugar de los hechos.

No hacía falta puntualizar que el viaje desesperado fue complicado, ya que se encontraba el improvisado camino repleto de obstáculos y caprichosas formas de la montaña que resultaban una trampa mortal al que se atreviera a descuidarse.

Tan apresurados nos encontramos, que a duras penas logramos evitar resbalar ante el pronunciado desnivel que se encontraba frente a nosotros. Unos segundos de observación nos dieron un completo informe de la situación.

Un cañón.

Un muy complicado acceso, pendientes peligrosas, precipicios en caprichoso desorden, cada uno más profundo que el anterior. Rocas que no nos explicábamos como no se han dejado caer hasta ese momento y un suelo inestable que prometía una manera fácil para resbalar por cualquier pendiente.

Pero lo más llamativo sin duda, era el grupo aterrorizado de niños que se encontraban casi al borde de un mortal precipicio. Un pequeño grupo de cuatro chiquillos, dos varones y dos féminas. La aparente razón del incidente, parecía ser la presencia del alce-león dientes de sable que llenaba de pánico a los infantes. Uno de ellos, el más grande de estatura, alzaba con tierra-control una roca por encima de su cabeza, con la vaga intención de espantar al rabioso animal.

Cabe decir que la roca no era lo suficientemente grande para intimidar a semejante fiera, y menos aún estando el niño en tan pobre situación como en la que se encontraba. Temblando como gelatina por el titánico esfuerzo de alzar una roca de su talla.

Sokka se adelantó, extrayendo su formidable espada de su funda, lanzándose con una determinación implacable a la fiera. Yo en cambio, haciendo gala de mí avanzado aire control, me encontré en segundos frente a los niños; justo a tiempo para recoger a los niños de su peligrosa posición. Como pude los acomodé a todos entre mis brazos, y salí de aquel lugar con la mayor velocidad que logré conseguir.

Instantes después, Sokka fue empujado por el enfebrecido animal hasta derrapar en el mismo lugar donde antes se encontraban los pequeños, haciéndome saber que de haber tardado un poco más ahora mismo habría mucho que lamentar.

El moreno alzaba con maestría su espada negra por encima de su cabeza, en una profesional posición de batalla. Su mirada se enfrentaba con la del animal que se encontraba rugiendo frente a él, tomando impulso para intentar embestirlo con sus mortales cuernos.

Quise intervenir para evitar el final que se veía venir. Yo era fiel protector de todas las vidas de este universo, no importaba si se trataba de un animal cegado por la ira. Cuando el alce-león dientes de sable intentó cornar al guerrero, éste se apartó con presteza y de un movimiento altamente calculado, golpeó el costado desprotegido de la bestia y logró hacerlo caer al suelo.

Sokka alzó la espada una vez más, esta vez con la intención de marcar un prematuro fin en la existencia de aquel desafortunado ser vivo. El animal parecía saber lo que se le veía encima, y dejó de luchar, mirando de manera desamparada al guerrero de la tribu del agua. Yo ante la inminente escena cruel, atraje a los niños hacia mí con la intención de proteger su vista de aquella desagradable situación.

El chico se detuvo, dudando la espada tembló en sus endurecidos nudillos, y su mirada se vio clavada en el rostro asustado de la bestia. Pestañeó un par de veces, y ante mis ojos bajó la espada con fuerza, yo desvié la mirada queriendo evitar a toda costa el manchar mi espíritu al presenciar aquel acto de barbarie. Sin embargo, el sonido de la carne siendo desgarrada nunca llegó, así como tampoco el de un aullido desgarrador presagio de la muerte.

Confundido, volví mi mirada al cuadro que se encontraba frente a mí, para encontrarme con la posición de Sokka, enterrando su espada en la roca quedando desarmado; extendiendo los brazos frente a la fiera derrotada frente a él. Yo me encontraba atónito ante aquella acción por parte del guerrero, pero aún más incrédulo me mostré al ver como el animal se lanzaba hacia Sokka, pero no con la intención de embestirlo.

Si no que se tiró frente a él, restregando su gruesa cabeza contra el abdomen del joven, disfrutando de las alegres caricias que éste le proporcionaba. Las risas y el suave ronroneo de la criatura no lograban sacarme aún del asombro. Los pequeños se revolvieron en mi agarre, y se giraron para observar ellos mismos la escena, quedando sustancialmente petrificados.

—¡Fufupapachón!, ¡te acuerdas de mí amigo!—celebró el moreno, abrazando sin reservas a la que antes era una furiosa bestia en busca de sangre. El ejemplar de alce-león dientes de sable, gruñó de manera cariñosa y lamió su rostro con emoción. Los gritos emocionados del joven así como los mimos del animal me dejaron absorto.

¿Era la cría que había estado acompañando a Sokka cuando se quedó atorado en una grieta?, ¿Cuántos años habían pasado de eso?, quizás unos seis…¿Cómo demonios el animal se acordaba de Sokka?

Los niños se sintieron lo suficientemente seguros, y yo resolví que no era necesario que continuara protegiéndolos. Ahora mismo el animal estaba demasiado ocupado con mi compañero de andanzas.

—¡Todo esto es tú culpa!—acusó un niño de espesa cabellera crespa y ojos castaños, apuntando con su dedo índice directamente a una niña de cabello corto negro y ojos verdes.

—¡No es cierto!, ¡ustedes me siguieron hasta aquí!—se defendió la pequeña mostrándose ofendida por sus palabras. Él niño bufó hastiado, y sus compañeros se prepararon para unirse a la guerra de reproches.

—¡Tú eres la rara que intenta hablar con los tejones topo!—reprochó con furia la niña de cabello café largo hasta la cintura, poniendo sus brazos en jarras como si quisiera aparentar más madurez. La niña atacada armó un puchero no sabiendo muy bien que contestar.

—¡Y a ustedes que les importa!, ¿Qué tenían que venir detrás de mí?—chilló la morocha mostrando indicios de lágrimas en sus ojos de obsidiana. El grupo de niños volvió a bufar y se cruzaron de brazos, esta vez avanzó con prepotencia el niño mayor, que era el que había practicado tierra control para intimidar un poco al amigo de Sokka.

—Vamos chicos…¿Qué se puede esperar de la hija de la alfarera loca del pueblo?—se mofó el mocoso de cabello negro recogido en una coleta—Solamente ella siendo ciega es incapaz de saber que tan torpe e inútil eres Lin—completó acercándose a ella con la firme imposición de intimidarla.

Tenía la intención de detener aquella pelea absurda, cuando caí en la revelación que hizo el maleducado ese. La pequeña llamada Lin retrocedió ante el avance del mayor, y sus ojos se mostraban cada vez más empañados por la lluvia de acusaciones y burlas que vinieron después. Sin poder evitarlo, interrumpí la próxima respuesta al acercarme con rapidez al infante que acababa de decir eso, lo levanté del suelo acercándolo a mi rostro con impaciencia.

—Ten cuidado con lo que dices niño…no creas que la ceguera es una debilidad, más débil es una persona con tan poco juicio como tú—inquirí con voz sombría, espantando en el proceso al castaño, que se estremeció en mis manos. Al acto los niños se alarmaron por mi repentino cambio de actitud, y hasta Sokka hizo una pausa en la alegre celebración de su reencuentro con Fufupapachón. —Ahora…quiero que me digas en dónde está su pueblo, y que me digas todo lo que sepas acerca de la alfarera—ordené con poca paciencia. No era costumbre mía el intimidar menores, pero…por esta vez haría una excepción, no me había agradado en lo más mínimo como habían abusado a la pequeña pelinegra.

—¡Pregúntele a ella!—chilló asustado señalando a Lin mientras pataleaba intentando zafarse de mi agarre—¡es la madre de ella!—completó desesperado, sudando frío. Yo lo solté al acto, intentando no dejarlo caer de lleno al suelo, aunque no con mucha delicadeza. Mi vista fue redirigida a la pequeña que me miraba asustada con sus bellos ojos aceituna; cuando notó que era observada, su mirada se volvió desafiante reviviendo en mí recuerdos de cierta chica que ahora parecía estar más cerca de lo que pensamos.

Sokka se acercó a trote a nosotros, siendo seguido a una distancia prudencial por su recién recuperado amigo. Y al llegar se detuvo frente a la niña en cuestión, quedándose atónito, emoción que no se molestó en disimular. Se inclinó frente a ella para mirarla mejor y cada vez se veía más convencido.

—Es igual a ella…—murmuró el moreno sin importarle que su escrutinio incomodaba más a la infante. Yo asentí completamente convencido de sus palabras, avancé unos pasos hasta colocarme a la par de mi compañero, y después doblé mis rodillas para quedar a la altura de la niña que nos observaba desconfiada. —Tienes razón Sokka, solo puede ser hija de Toph—concordé reconociendo detalles que a leguas las emparentaban.

Cabello negro como la misma noche, piel de un aterciopelado color de porcelana, las facciones tiernas así como el carácter. La única diferencia eran los ojos, aunque se podía deducir que por ser funcionales los ojos de esta niña, no iban a ser del mismo particular color aperlado de su madre.

La niña por su parte frunció el ceño ante la mención del nombre, y se alejó de nosotros con rapidez mirándonos con fiereza.

—¿¡Cómo es que saben el nombre de mi mamá!?—exigió saber la pequeña retrocediendo alarmada por la cercanía de nosotros y por lo mucho que sabíamos. —¡Aléjense de mí o haré tierra control para obligarlos!—amenazó adoptando una indiscutible posición de combate de un maestro tierra.

No quedaba duda, esta niña era la hija de Toph.

—¡Ja!, pero si ni siquiera eres una maestra tierra, ¡solo eres una embustera!—indicó la niña mordaz, sabiendo de sobra que había dado un golpe bajo en el ego de su compañera, que bajó los brazos con pesadez.

—E…eso no es verdad—musitó la niña con una voz prácticamente rota.

—¡Claro que sí…!—aquellas palabras fueron interrumpidas por un espantoso sonido de tierra desgajándose y un atronador golpe después. Frente a nosotros se irguió una alarmante mole de tierra, que creció de tamaño hasta volverse una columna, y cuando pareció llegar a su punto más alto, de la cúspide fue liberada una figura que saltó hasta caer detrás de Lin de manera tan pesada que cuarteó el piso.

Los niños gritaron despavoridos, ocultándose tras de Sokka que miraba con los ojos abiertos como platos la situación. Una niebla de tierra nos cubrió, imposibilitándonos la visión, pero que poco a poco comenzó a aclararse. Mostrándonos el panorama de una mujer de cabello negro largo hasta las rodillas, vistiendo un conjunto de pantalón y blusa holgada verdes, así como una diadema sencilla; que enmarcaba su bello rostro volviendo protagonistas su tez blanca como la nieve, así como sus ojos ciegos de un color perla tan característico. Detrás de ella, la pequeña se encontraba escondida tras la rodilla de su madre, apretando con su manita la tela del pantalón de ella.

Ni Sokka ni yo cabíamos de la emoción. ¡Al fin la habíamos encontrado!, ¡y estaba bien!, pensamos correr a abrazarla con toda la emoción contenida en este tiempo; cuando la posición poco amigable de la chica nos hizo cambiar de opinión.

—¡De nuevo ustedes mocosos del demonio!—rugió la pelinegra enfurecida—creo que no fui lo suficientemente clara con sus padres al advertirles que no los quería molestando a mi hija—agregó con una sonrisa socarrona, algo muy frecuente en ella. Los niños temblaron hasta los huesos detrás de Sokka, y se aferraron a él como si de él dependiera su vida.

—Lo…lo sentimos señora—tartamudearon al unísonos la pandilla de mocosos, actuando tan asustados que parecía que en cualquier momento treparían por la espalda de Sokka y se aferrarían a él como libélulas-sanguijuelas.

—O sí que lo sentirán…—respondió la mujer tronándose los dedos con fuerza, deleitándose con las vibraciones llenas de pánico de los niños. —Y ustedes…creo que deberán entender por las malas que deben de meterse con alguien de su tamaño—indicó Toph dirigiéndose a nosotros. El alma se me cayó a los pies, en todo el tiempo que llevo de conocerla, sé que una paliza por parte de mi ex maestra podía tratarse un fin peor que la muerte.

—¡Toph no es lo que crees!—me apresuré a explicar avanzando un paso con precaución. No pasé por alto el momento en que los ojos de la morocha se abrieron al máximo y sus brazos temblaron en su posición.

—¡Hey Toph no me digas que te olvidaste de mí!—secundó Sokka retirando su protección a la parvada de mocosos maleducados que chillaron como aves a punto de ser desplumadas.

La boca de la chica se abrió, y su rostro fue cubierto por una genuina mueca de incredulidad, sus brazos bajaron deshaciendo su posición de ataque y su rostro se mostró cabizbajo.

—Pies ligeros…—murmuró refriéndose a mí—cabeza de carne…—agregó nombrando a Sokka que bufó sin darle importancia al viejo apodo. Una sonrisa se instaló en mi rostro, sintiéndome inmensamente feliz de haberla encontrado, y que ésta nos recordara. Sin embargo todo el optimismo se esfumó al reconocer una gruesa gota de agua que rodaba por el suave rostro de nuestra amiga que aún tenía la mirada clavada en el suelo.

—¿Qué hacen aquí?—su pregunta no sonaba como tal, más bien se semejaba a un reclamo, y tenía escondidas unas notas de enfado. Aquel hecho no pudo más que instalar un mal presentimiento en mi pecho; descubriendo que…

Tal vez nuestra presencia no era tan bienvenida como pensábamos…


¡Hola!

Aquí vamos…que conste que actualicé pronto, ¡me encanta este fic y me esmero especialmente en escribirlo lo más pronto que puedo.

¿Cómo ven?, al fin encontraron a Toph…pero, creo que ahora empezarán los verdaderos problemas, y las revelaciones fuertes comenzarán a llegar. ¡Lin es la hija de Toph!—algo que por supuesto todos sabemos, pero los personajes no sabían—y ahora…habrá que saber cual es la verdadera razón por la que Toph desapareció.

Por favor, déjenme unos cuantos reviews, me harían tan jodidamente feliz.

Besos…