3.-Cuando él rompió su corazón
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Recordaba el día que había ocurrido todo. No hacía frío en realidad, el día era claro, un cálido día de principios de otoño en Arendelle, mismo en el que acababa de escuchar la conversación de Hans por teléfono con uno de sus hermanos.
Tengo novia. Ahora tengo razón para quedarme. ¿La pelirroja? No, no quiso ceder ante mí, aunque estaba tan necesitada de cariño que creí que caería. La hermana. Yo la hacía más sensata. No, no te preocupes. Díselo a mis padres, no voy a volver.
Todos los libros habían caído de mis manos al suelo y se habían desperdigado a mi alrededor, Hans me había mirado pasmado y yo había decidido que no iba a afectarme frente a él.
—Elsa…
—Escuché suficiente. —Dije levantando una mano para callarlo. —Ya entendí.
—No, escucha.
—Dije que escuché suficiente. —Y tiré un golpe al aire para hacer más tajante mi afirmación, no me di cuenta de los copos que cayeron y creo que él tampoco, porque avanzó dos pasos pero se detuvo al verme cruzar los brazos. —Hans… Terminamos. Eso es todo, así que…
—No, no hemos terminado. Elsa…
—No es tu decisión. —Darme la vuelta y comenzar a correr, sabiendo que si me quedo un minuto más, me romperé en mil pedazos.
Y al ir corriendo, darme cuenta de que mis guantes están escarchados, quitármelos para descubrir que mis manos irradian una bruma característica del hielo y del frío y al tocar la perilla de la puerta, escarcharla hasta la madera. ¿Quién no saldría corriendo ante aquello?
Eso significa que mi poder volvió.
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(Jack)
Le doy un par de vueltas a mi cayado viendo cómo éste vuelve a tener la forma del bastón de hockey que suelo cargar para todos lados. Hace poco que puedo hacer esto, unos seis meses. El abuelo Stone-Troll dice que eventualmente iré desarrollando más y más mi poder y lograré hacer cosas más interesantes que cambiar la forma de mi bastón para obtener una herramienta que me ayude a canalizar el frío que llevo dentro hacia afuera. Sonrío dándole una última vuelta tras la que el bastón queda como nuevo, no ha pasado nada aquí. Magia menos.
Me lo echo al hombro y sigo caminando. El bosque siempre me tranquiliza. Norte me dice que cuando me sienta muy abrumado debo venir acá a despejar la mente.
Supongo que tiene el mismo efecto sobre él.
Escucho pasos acelerados acercándose y siento el impacto en la espalda, el bastón aterriza sobre el pasto y alguien cae emitiendo un ruido gutural, cuando me doy la vuelta para ayudar y darme cuenta de que la reina de Arendelle acaba de chocar contra mí, se me cae el alma a los pies. — ¿Estás bien? —Digo ofreciéndole una mano.
—No. Sí, sólo…
—Tranquila. —Digo cuando me doy cuenta de que oculta algo en las manos, o más bien las manos. Las tiene fuertemente apretadas contra su pecho así que estiro las mías y le retiro un guante de un movimiento fluído.
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(Elsa)
Tiene las uñas moradas, qué raro, pero las mías se están poniendo igual, él aparta las manos con violencia, temo que haya sentido el frío de mi piel pero no dice nada. Sus ojos, me gustan esos ojos porque me recuerdan el hielo, son de un color sobrenatural, poco usual. Un par de veces he intercambiado una mirada con él cuando sale de la pista de hockey y se aleja a los vestidores, y sus ojos siempre me sonríen.
— ¿Segura de que estás bien? Me llamo Jack…
—Elsa.
Éste ángel del hielo, Anna dice que me mira cuando no me doy cuenta, pero no le creo. Es tan seguro, tan gallardo, tan fuerte que me miraría de frente, no a hurtadillas.
—Tú eres del equipo de hockey, ¿verdad? — ¡Qué idiota! ¡Claro que es del equipo, Elsa! Entrena antes que tú todas las tardes. ¿No podía hacer pregunta más obvia y tonta? Me da miedo sólo pensar qué pensará de mí.
Mi pregunta lo toma por sorpresa. Asiente con lentitud y un atisbo de sonrisa aparece en su rostro. Se levanta y me tiende una mano, no puedo mirarlo, no puedo negarme a aceptar su ayuda pero debería hacerlo ya que mis manos siguen poniéndose más y más frías. Y me encantaría tocar su mano pero no debería…
Él me gustaba antes de salir con Hans, su cabello casi blanco, sus ojos sobrenaturales, su sonrisa de medio lado… pero luego me conquistó el príncipe y me olvidé de esos ojos claros.
—Está bien.
—No, no lo está.
No puedo dejar que me toque, no voy a permitirlo, lo que hay en ti no dejes ver…
Soy rápida, puedo huir de ésta, debo pensarlo un momento más…
¿De verdad quiero huir?
Me levanto y me propongo a salir corriendo, pero luego recuerdo que se trata de un jugador de hockey y desisto en mi inútil intento de huir y le permito tomarme una mano, sus dedos se entrelazan con los míos y cuando bajo la mirada para esperar lo peor, me doy cuenta de que en lugar de haberle congelado la piel, nuestras manos desprenden algunos copos que caen suavemente hasta el suelo. Lo miro.
Esto no me lo esperaba.
— ¿Tú también?
Y algo crece en mi interior por un momento. En lugar del frío, siento la piel cálida del muchacho rozar mis dedos, acariciando el dorso de mi mano con el pulgar, fascinado ante el contacto y ante la realidad de que el hielo en mi interior no hace daño… porque él también lo genera.
Y de pronto, como si jamás hubiera salido con Hans, recuerdo y siento que éste chico de verdad me gusta…
