Capítulo 4
A la jovencita le resultaba muy difícil el asimilar que aquel vampiro hubiera logrado entrar en su morada sin problema alguno, porque el que su gente hubiera desaparecido o se hubieran encontrado con varios cadáveres mientras viajaban no podía deberse más que a que la protección insuficiente que habían ofrecido sus carromatos.
Se encontraba incómoda debido a la manera en que aquel hombre la miraba, como si el fuera el gato que estaba a punto de comerse la crema.
"¡Cuidado amiguito!... la crema a veces resulta ser muy agria" pensó con furia pues durante toda su vida lo había pasado mal y no estaba dispuesta a consentir que nadie hiciese lo que le viniera en gana con ella. El que el inmortal creyera su historia o no le traía sin cuidado.
—¡Claro que sé que puedes matarme! pero eso no quiere decir que vaya a dejarte... — ella le miró con una expresión de incredulidad y rabia pintada en el rostro— parece mentira que con la cantidad de tiempo que llevas en el mundo no entiendas que la muerte no es nuestro problema principal, sino la vida.
Y veía su futuro como algo que verdaderamente era incierto pues estaba sola, sin un lugar fijo donde vivir y normalmente apenas tenía suficiente comida como para alimentar a un ratoncito.
—Lo que ves aquí es lo único que poseo aunque supongo que no debería quejarme, hay mucha gente en peor situación que la mía...
—¿No te gustaría vengarte de todos aquellos que te humillaron en el pasado?
El hombre la había escuchado atentamente pero no acababa de creerse una historia así de trágica, lo que le hizo pensar que quizás la chica estaba exagerando. Aquella oferta fue un tanto impulsiva pero no la había hecho porque sintiera pena de ella, ni por sentimentalismo alguno, sino más bien por curiosidad y por querer seguir una especie de juego con su presa.
Por otra parte, aquella pregunta ofendió el sentido del honor y el de la inteligencia de la joven, que sabía que era muy probable que aquel hombre quisiera ganarse su confianza antes de matarla. De todas formas, aunque aquella oferta fuera genuina creía que eso le costaría mucho más de lo que estaba dispuesta a dar.
—¿Y a cambio de qué?, porque no irás a decirme que lo harías por mi cara bonita.
—¿A cambio?— enarcó una ceja extrañado y vio el resentimiento y coraje que flameaban en los ojos de la chica—, no creas que te ofreceré un regalo tan hermoso como la inmortalidad por cualquier bagatela. Querida niña, ofréceme lo mas valioso que poseas.
—Ja, ja, ja... mi querido vampiro —le dijo mientras le miraba fijamente—, ese "regalo" no es algo que me interese en aboluto, cuando muera sé que todo habrá terminado para mí y que podré descansar eternamente mientras que tú eres un esclavo de la bestia que llevas por dentro.
—Ofréceme algo que no tenga que ver con oro ni cosas banales y tendrás tu venganza— contestó claramente el vampiro, que contuvo su enojo causado por el tono insolente de la joven. Sin embargo, detectó en ella algo en común: el rencor por la mediocre humanidad. La única diferencia era que ella estaba sola y era una simple humana.
Sus palabras la confundieron, quizá a propósito porque la mirada de aquel inmortal era hechizante e hipnótica, tal como su maestra le había advirtido hacía muchos años acerca de esos seres. La venganza que dijo prometerle era una propuesta bastante tentadora pues ella recordaba vívidamente los malos tratos que había recibido por parte de otros.
—¿Venganza? ... es tentador ... aunque la mayoría de personas lo hicieron porque tenemos una cultura y costumbres diferentes, no necesariamente por maldad. Aunque no me importaría devolver ciertos favorcitos al hijo de perra del capitán del barco que nos trajo aquí. No le rebanamos el cuello durante la travesía porque nuestras vidas dependían de que el barco siguiera en buen curso hasta llegar a tierra firme— explicó la joven aunque esas últimas palabras habían sido más bien un pensamiento en voz alta.
—Soy hombre de palabra, no tengo porque mentirte. Vamos a mi castillo— propuso y le extendió su mano—, morirás esta noche de una manera o de otra aunque puedo ofrecerte algo que quizá te interese.
La joven no entendía cómo iba a vengarse de aquel bastardo holandés si el vampiro la mataba. Sus palabras melosas tenían un toque muy siniestro, tenía la impresión de estar viendo a un dragón que trataba de ronronear como si fuera un gatito y necesitaba ganar tiempo para poder pensar en una forma de escapar.
—¿Está lejos de aqui?
El vampiro hizo un gesto negativo a modo de respuesta y la chica se separó de él nada más pronunciar aquellas palabras. Aprovechó para recoger la daga que tenía debajo de la almohada, un pequeño frasquito y una muda de ropa limpia, señaló la daga y le dijo que era un objeto de valor sentimental. El vampiro simplemente sonrió al verla, satisfecho de que la chica hubiera aceptado su oferta pero de repente se movió con una brusquedad pasmosa y de un manotazo hizo que la chica soltara el fardito de la ropa y que éste cayera al suelo.
—Ya no necesitarás más esos harapos pero si tanto significa para ti esa daga podrás conservarla. Tendrás la venganza que tanto anhelas y la única condición que te pediré será tu fidelidad.
