Cuarto Capítulo
Fin de semana. ¡Vaya alivio! Este bimestre había llegado muy pronto a su fin, y todos estaban muy nerviosos por los resultados de sus exámenes… a excepción de mí. Desde aquel inusual primer día de clases, para mí, claro, pues entré tres semanas tarde, me había hecho muy buen amigo de la joven porrista rosada, con quien hice un trato; ella me ayudaría con todas mis materias mientras que yo le enseñaría cómo se divierte un chico de East Ville. Asistía a mi curso y, pese a ser un año menor que yo, era una chica bastante inteligente, divertida, interesante, linda, y... una cosa lleva a otra...
Después de tanto insistir, la había convencido de tener nuestra segunda cita fuera de la ciudad. Y aunque la idea me entusiasmaba, esta niña no tenía ni la más remota idea de lo que ocurría fuera de la ciudad, lo cual me hacía sentir, en parte, culpable de algunas cosas.
Para empezar, cuando dijo que le encantaba caminar, era una exageración mía quererla llevar a mi casa cuando queda a dos horas de distancia a este paso, por lo cual terminamos tomando el transporte público, el cual todavía nos dejó a veinte minutos de caminata lejos de mi casa.
En segunda, había traído un vestido tal vez algo elegante, equipado con accesorios igualmente delicados como su suéter, tacones y bolso. Se veía bastante bien, pero notoriamente no era lo adecuado para una cita de esta clase. Mi seguridad comenzaba a disminuir. No lo permitiría; mi misión era hacer que esté en contacto con la naturaleza pase lo que pase.
- Bueno, finalmente llegamos. - Dije con una amistosa sonrisa al momento que soltaba su mano y me acercaba a abrir la puerta de la entrada a mi hogar.
Ella observó con alivio y con cierto asombro el interior de mi casa, adentrándose poco a poco en ella, admirando cada rincón. Mi casa era muy distinta a todas las que habían en Jewel City.
- Sé que es pequeña, pero siéntete como en casa, ¿sí? - Añadí cerrando la puerta tras ambos, seguido de dejar mi gorro favorito sobre un mueble.
- Es muy acogedor… ¡Lindo! - Respondió sin regresar a verme mientras que le hacía ademán de entregarme su suéter y la invitaba a tomar asiento. - Vives en un lugar hermoso, Sonic.
- ¡Mi madre me ayudó con la decoración, lo juro! - Interrumpí con una gran sonrisa apenada en mi rostro, exaltado. Creo que heredé el buen gusto de decoración de interiores de mi madre, ups.
- No hablaba de eso, ¡ja, ja! - Comentó soltando una pequeña carcajada. - Hablo del medio que te rodea... Todo es tan lindo; los árboles, los pájaros, las flores. ¿No se te hace muy solitario?
- Hay uno que otro vecino a unos cuantos metros de distancia.
- Es un lugar bastante agradable...
Me encantaba lo que escuchaba. Pensaba que era una fiel amante de la tecnología y que era caso perdido, pero al parecer podría cambiar eso fácilmente.
- Si todo esto te ha gustado, entonces esto te... - Al salir de la cocina, mi alegre rostro cambió por completo de expresión cuando la vi sentada en el sofá con celular en mano, completamente perdida en la pantalla, hablando maquinalmente.
- ¡Amy! ¡Prueba este jugo de fresa con plátano, te va a encantar! - Dije quitándole velozmente el aparato, reemplazándolo por un alargado vaso, pretendiendo no darme cuenta de mi exasperada forma de actuar.
No soy tecnófobo, pero no me gustaba en lo absoluto cuando se distraía con esas boludeces, mucho menos en una cita.
- ¡Oh! ¡Gracias! - Dijo tomando un trago. Inmediatamente se dibujó satisfacción en su rostro y ello me fascinó. - ¡Esto está muy sabroso! - Acto seguido, se bebió el vaso entero. Yo la observaba perdido desde mi asiento. Era bastante tierna. - Y bien, ¿qué tienes planeado para el día de hoy?
- ¡Bueno! ¡Si no te molesta, me gustaría una caminata! - Mi respuesta fue acelerada al notar que buscaba nuevamente su celular con la mano, el cual traté de arrebatar con la mía. - ... Tú sabes, quiero que conozcas lo que es verdadera belleza... de-después de ti, claro. - Añadí con la misma velocidad de antes, sonrojado y sonriendo al instante en que me percataba de lo que acababa de decir, y que nuestras manos habían terminado una sobre la otra.
- Claro, me encantaría... - Respondió también sonriendo, levantándose y observándome perdidamente al rostro. Sus mejillas igual se encontraban ruborizadas.
Dejó su bolso, suéter y celular, gracias al cielo, y salimos. Había un sol precioso y soplaba suave el viento. Le di dos opciones: sentarnos en la colina a admirar la gran ciudad y sus alrededores o recorrer el bosque.
- Pensé que nadie tenía acceso al bosque. ¿Acaso no es peligroso?
- No es peligroso. Sucede que es muy extenso y resulta fácil perderse, pero qué va, no lo es. Confía en mí. ¿Qué dices?
Por un momento lo dudó, pero finalmente accedió, disimulando valentía y seguridad. Le advertí que sería una caminata larga, y pese a que su fatiga era notoria, insistió en que todavía podía caminar más. Adoraba cómo siempre trataba de impresionarme. Lo hacía en varios aspectos, pero, en los que no lo hacía, seguía insistiendo, y eso me divertía mucho de ella.
Y así fue como dentro de quince minutos terminé llevando a Amy en mi espalda.
Tomó una media hora adentrarnos en el bosque por completo, pero el tiempo me pasaba tan rápido en compañía de Amy que era increíble. Nuestra charla era muy fluida, nuestras risas eran constantes. Adoraba que me abrazara durante todo el camino al igual que disfrutaba sentir su mejilla contra mi cabeza mientras que ella observaba el medio fascinada. Nunca había visto árboles tan grandes, tanta abundancia de arbustos, tanta diversidad en las tonalidades de hojas, ¡parecía una niña! Su reacción era lo que más me encantaba de este paseo.
- A esta quinta parte del bosque pancromático se le conoce como ¨Eternal Spring¨ - Le expliqué sin parar, perdido en el paisaje. - Como podrás notarlo, y su nombre lo indica, aquí siempre es primavera.
- Wow… Qué bello… Ha de ser fantástico poder venir aquí siempre que quieras. - Dijo bajándose de mi espalda, recorriendo poco a poco el lugar, admirada.
- ¿Sabes? En realidad, esta es la primera vez que me adentro en el bosque. - Confesé atontado por lo bello de la vista. Amy se veía hermosa con aquel vestido azul cielo y su preciosa cabellera fluyendo en armonía con el viento, rodeada de tantas flores, lo cual lo hacía aún mejor. - Y en verdad me alegra que la primera vez que vengo sea en compañía de una niña tan linda y divertida como tú. - La tomé del rostro e hice que me voltease a ver, permitiéndome que le colocara una flor en su pelo. - Es la primera vez que veo una flor de este color. Combina muy bien con tus ojos. - Añadí esbozando una sonrisa, retrocediendo un paso y observándola con mayor claridad.
Ella se había sonrojado. No sólo eso. También se había perdido en mis ojos, al parecer, y al percatarme de ello volví a sonrojarme. Era imposible imaginarse que yo pudiera gustarle a una chica tan increíble.
Tomé sus manos con delicadeza. Me acerqué unos cuantos pasos a ella. Cada vez se ponía más roja, pero no le incomodaba que yo me acercara. Le gustaba. Tenía su rostro tan cerca al mío. Nuestras frentes terminaron juntas, no pude evitar sonreír. Realmente estaba disfrutando este momento. Me dolió haber sido interrumpidos.
Un gran estruendo llamó nuestra atención inmediatamente. No sólo había acabado con tan adorable salida, pero parecía que también la amenazaba. Me adelanté unos pasos, adentrándome en la quinta parte prohibida del bosque. No importaba. Algo malo sucedía y no lo permitiría. Amy me siguió. A pocos segundos, adentrándome aún más, pude verlo con tanta claridad que dolió; gran parte de los árboles se encontraban destruidos, al igual que una línea recta de suelo erosionado. Me enfurecía ver un lugar tan pacífico como éste en pésimo estado.
Al final de la línea de destrucción noté algo… inesperado. Me eché a correr en dirección a ello. O mejor dicho, a él. Amy no pudo reprimir un grito de horror. Al igual que nosotros, el joven era un erizo, de pelaje negro, quien ciertamente no tenía buen aspecto. Su chaqueta se encontraba desintegrada, si es que acaso aquello era una chaqueta, al igual que sus guantes y sus púas, las cuales tenían unas mechas rojizas recorriéndolas hasta las puntas. Se encontraban completamente alborotadas, incluso chamuscadas. Se encontraba tirado en el suelo boca abajo, con heridas rodeando todo su cuerpo, sobre un gran charco de sangre. Me hinqué frente a él con gran pena, con mi mente nublada de ideas. No podía pensar en nada en concreto.
Tomé de su brazo y, con cuidado, lo coloqué boca arriba. No había rastro de bala, no había sido apuñalado. Eso sí, parte de su pelaje se encontraba quemado y, bajo éste, su piel se encontraba sumamente irritada. Solté un suspiro tras pensar lo peor. Esto era una desgracia. Pobre muchacho. Ambos nos limitamos a guardar un minuto de silencio, horrorizados por la escena.
Sin embargo, no duró mucho.
- Sigue vivo. - Dije rápidamente abriendo los ojos y regresando a ver a Amy. - Todavía tiene pulso. - Añadí con el brazo del chico en mi mano. Más específico, con su muñeca contra mi pulgar.
Sin más, levanté su cuerpo y lo subí a mi espalda. Mis manos estaban embarradas de sangre, y ahora lo estaría yo al apoyar su congelado cuerpo contra el mío, pero no importaba. No había tiempo que perder.
Mientras salíamos del bosque, trataba de pensar en qué hacer. Tenía algo en mente, pero tan solo pensarlo me alarmaba. No estaba seguro del por qué, pero el accidente con el muchacho, el ambiente... me resultaba familiar.
Estaba confundido, tenía que saber con certeza qué había ocurrido. No quería pensar en ello, pero creía que finalmente ocurrió. Volvieron. Y esta vez no los dejaría escapar.
oOoOoOoOoOoOo
Saludos! :D
La wea Sonamy o.o
Espero les guste XD
