Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen.
Advertencias: Ninguna.
Disfrutad de la lectura!
N/A:¡Hola de nuevo!, lamento la tardanza en actualizar...no me maten por eso jajaja. Pero bueno, aquí os traigo su dosis de ShikaIno de la semana (aproximadamente, quizás pueda ser antes...quien sabe), quizás se les haga un poco tedioso debido a que no hay mucha evolución en la historia (unas horas nada más), pero necesito hacer algunos capítulos así ya que hay cosas importantes y para darle fluidez de la historia. Ya en los siguientes habrá más acción y cosas bastante buenas que les tengo reservadas. No seguiré hablando más para no spoilearlos y les dejaré leer.
Ya sin más, me despido. Mil gracias a todos los que se han dado el tiempo para leer mi historia y se han molestado con dejarme sus reviews, ahora que tengo más tiempo me pondré en trabajo de contestarlos, y en seguirme y darle a favoritos. Me hacen muuuuuyyy feliz. Un abrazo enorme y nos leemos pronto.
Sobre Compromisos y Cosas Problemáticas
IV
'Café y Cigarrillos'
En el momento en que logró salir fuera de la habitación, se apoyó de espaldas contra la pared del pasillo y respiró profundamente, tratando de contener las lágrimas que se acumulaban en sus ojos y de mantener sus piernas firmes, para no dejarse caer al frío suelo del lugar. Pasó así unos minutos, escuchó como el silencio que generó su salida era interrumpido y la discusión entre Shikamaru y su padre proseguía. No escuchaba a nadie más.
¡Eres una ingenua!, ¡Una maldita ingenua!. Se maldecía internamente, ¿qué creía que iba a ocurrir?, ¿que Shikamaru, al enterarse de la noticia, le abrazase y le dijese que el de igual manera había ansiado esto?, ¿que la quería, no como se quiere a una hermana o amiga, si no para que fuese su novia?. No. Eso no iba a pasar y fue el mayor error en su vida el convencerse a sí misma que así ocurriría, porque en su interior aún tenía la pequeña esperanza de que algo pudiese surgir entre ambos, un sentimiento que los uniese y, al final del día, acabasen felices. Y enamorados. Sus pensamientos se vieron interrumpidos por unos pasos que se iban acercando dudosamente hacia el lugar en el que estaba, probablemente buscándole.
-Ino...-la llamó una voz dulcemente. Dirigió la mirada hacía el marco de la puerta y vio a Yoshino aparecer lentamente desde la otra habitación. Levantó la vista hasta encontrarse con sus ojos color marrón.-Hija mía...-le dijo, antes de envolverla en un cálido abrazo maternal. Fue inevitable que un par de lágrimas más se deslizaran desde sus ojos, pensó erróneamente que el saber la noticia con anticipación dolería menos. No, se equivocaba, no era la noticia lo que le dolía si no la reacción que tuvo, su ahora futuro esposo, al enterarse. Si supiese que fue ella quien lo eligió, de seguro la odiaría por arruinar su vida y cancelase el compromiso frente a toda oposición.- Créeme, todo esto se va a solucionar y terminará resultado mejor de lo que esperas- la consoló la madre del chico. Lentamente se fue separando de ella y pudo notar como a su alrededor se habían acumulado todas las personas que se encontraban hace unos minutos presentes en la sala de reuniones, la miraban con expresiones de pena y angustia, como si ella fuese la víctima de alguna horrible tragedia. Como si estuviesen en un funeral y ella fuese la mayor mártir de ahí, de nuevo.
Pasando por encima de todas las miradas, por fin dio con la única que le importaba en aquellos momentos. Aquellos ojos marrones se mantuvieron fijos en ella por unos instantes, hasta que los desvió cuando comenzó a avanzar en su dirección. Ante tal acción, todos quedaron mudos y comenzaron a hacerse a un lado dejando el camino libre para el chico, quien se encontraba al final de todos ellos, para que pudiese llegar al lado de su ahora prometida.
Se posicionó a su lado y susurró una única frase a su oído, la cual sabía que obedecería por inercia.- Vamos a hablar fuera.
Y le siguió.
~oOo~
Llegaron hasta el patio de la pequeña casa que estaba destinada al equipo de tres, era un jardín bastante pequeño, pero bien decorado; podía sentir el aura de su padre en cada flor y adorno que estaba en el lugar, el hecho que él lo había diseñado y construido era evidente. Ambos se sentaron en una pequeña banca que estaba al centro del césped y se mantuvieron en silencio, hasta que Shikamaru sacó un cigarrillo de la cajetilla y lo encendió, tomó una calada y comenzó a hablar.
-Ino...yo...lo siento- comenzó a decir- por el como me comporté ahí dentro, no era-
-No hace falta disculparse- le interrumpió la chica.- ¿Tanto problema te hace?- preguntó. Sabía que no quería escuchar la respuesta que obtendría, pero se animó a preguntar de todas formas. El muchacho quedó en silencio por unos instantes y contestó.
-¿Acaso a ti no?- preguntó en un tono levemente molesto.
-Quiero decir...Sí. Pero al fin y al cabo...- Si se era realmente honesta, no sabía exactamente que decir en ese momento, ya la había cagado con esa pregunta y no había forma de 'arreglar' el mensaje que había dado a entender.
-Problemático...esto si que es muy problemático...
-Por primera vez, estoy de acuerdo.- He ahí él y su célebre frase. Pero por primera vez no le molestó, como si se hubiese acostumbrado tanto a ella que el que no la dijese le provocaba un vacío y, en parte, le daba la oportunidad de cambiar el rumbo que había tomado la conversación. Volvió a observar a su amigo, se encontraba observando el cielo mientras botaba algo de humo por su boca semiabierta, pronto reparó en el objeto que sostenía entre los dedos de su mano derecha.- ¿Me das?- le preguntó mientras hacia señas hacia el cigarrillo.
-¿Fumas?- le preguntó confundido.
-No- respondió rápidamente.- Pero puedo aprender.
Él, sin poner más limitaciones, volvió a sacar la cajetilla y le ofreció un nuevo cigarrillo sin encender. Ella tomó entre sus dedos el objeto cilíndrico y automáticamente lo puso entre sus labios mientras Shikamaru acercaba la llama del encendedor.
-Tienes que inspirar- le indicó. Tal y como le dijo inspiró una gran cantidad de aire; el cigarrillo se encendió rápidamente, pero tragó demasiado humo y comenzó a toser al sentir como sus pulmones se ahogaban.- Tsk, problemática- dijo mientras volvía a voltearse para ver a su amiga.- Así- volvió a indicarle como debía de hacerlo, acercó el objeto a sus labios, aspiró el humo hacia sus pulmones y luego lo soltó, haciendo que se formase una línea recta desde su boca hasta unos centímetro más allá.
-Ya veo- dijo Ino, imitante la acción, esta vez, de manera correcta.
Se quedó contemplando nuevamente a su amiga, pero esta vez, de manera más detenida y sin sentirse presionado por si alguien lo descubría en al acto. Su rostro lucía diferente, como si estuviese enferma. O tuviera resaca; sus ojos estaban hinchados, las ojeras debajo de estos estaban considerablemente marcadas y el maquillaje negro que alguna vez estuvo ahí, ahora se encontraba corrido por varias partes de su rostro de manera aleatoria. Sumado a esto, había sentido como su cuerpo emanaba un olor fuera de lo normal; una mezcla entre jazmín y sake bastante peculiar.
-¿Estuviste bebiendo?- le preguntó, mientras notaba de igual manera su desarreglado cabello, cosa que ella jamás habría permitido si se encontrase en óptimas condiciones por la mañana.
-¿Por qué dices eso?- le respondió la chica, mientras expulsaba un poco de humo por la nariz. Ya iba pillandole el truco.
-Tu cuerpo emana alcohol hacia el exterior en estos momentos, se puede sentir a distancia. Además, has llegado tarde y con un aspecto de muerte- al terminar de decir aquello, se esperaba un fuerte golpe por parte de su compañera, ya que odiaba ser juzgada por su físico y menos de mala manera.
-Supongo...-dijo en un tono de resignación.
Ok...quién era ella y qué había hecho con la verdadera Ino. La observó una vez más; después de todo lo anteriormente descrito, había algo más, difícil de notar a primera vista, pero que él había logrado descubrir; bajo toda su apariencia su mirada demostraba cansancio y ¿decepción?. Esto último le causó cierto desasosiego e intriga, pero suponía que en esos momentos todos compartían esa emoción por igual, ella no era de piedra ni mucho menos inmune al sentir humano.
Vio como llegaba al filtro del cigarrillo y, cuando iba a pedirle uno más, la interrumpió.
-¿Desayunaste ya?- le preguntó. La rubia negó lentamente con la cabeza, haciendo que su flequillo le cubriese la cara.- Entonces, vamos. Te urge una taza de café. Y a mi igual.
Ambos jóvenes se pararon de su asiento y comenzaron a caminar hacia la salida de la casa, al salir por la puerta principal Ino recordó llevar la lata de bebida para desecharla en un basurero que se encontraba a unos metros más allá. Iban sin dirigirse la palabra, como si un muro de hubiese alzado entre ellos sin ninguna razón aparente, si bien no habían peleado recientemente la situación que los había envuelto era algo bastante similar, solo que ninguno de los dos tenía la culpa ni debían disculparse. Shikamaru iba unos metros por delante de ella, guiándole al lugar en que comerían, avanzaron por el centro de la ciudad, el cual desde altas horas de la mañana ya era muy frecuentado por lo que debía de ir atenta a no chocar con ninguna persona o con la menor cantidad posible ya que su situación, después de haber bebido en exceso durante la noche, no favorecía mucho a sus sentidos. Habiendo atravesado el montón de gente, se fueron alejando cada vez más de la ciudad hasta el punto en que ya no se veían personas en las calles. Finalmente se detuvieron frente a un pequeño salón de té que se ubicaba en las cercanías de un parque con gran áreas verdes que conectaban con un espeso bosque, pensó que el chico seguramente frecuentaba el lugar debido a que le daba la soledad y tranquilidad que él siempre buscaba y no podía encontrar en cualquier lugar cerca de la ciudad.
Una vez ahí, entró Shikamaru seguido de Ino y se sentaron uno frente al otro en un lugar alejado de la entrada justo al lado de un gran ventanal que daba con la hermosa vista del exterior. Inmediatamente se acercó una mujer a anotar su pedido.
-Buenos días- les saludó amablemente la mujer, ya tenía varios años encima los que eran evidentes por las arrugas que se formaban en su rostro al sonreír, quien sostenía una pequeña libreta y un lápiz en la mano- ¿qué puedo servirle a la joven pareja?
Ante tal expresión, la rubia se ruborizó violentamente.
-Nosotros n-
-Dos tazas de café y una porción de galletas, por favor- la interrumpió el muchacho. La camarera anotó rápidamente el pedido en la agenda, se retiró haciendo una pequeña reverencia a modo de despedida, y se dirigió al interior de la pequeña cocina que se ubicaba en el centro del local.
-Técnicamente hablando, a partir de ahora sí somos una pareja- se discutía mentalmente la muchacha, recordando el comentario hecho por la anciana. Levantó levemente la vista y observó al Nara; su rostro lucía relajado como de costumbre mirando hacia el exterior a través del ventanal, aunque se encontraba sentado en una posición bastante incómoda, lo que le hacía lucir tenso y era del todo entendible después de la agradable mañana que acababa de pasar.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos con la llegada de la mujer, quien ahora en lugar de la libreta traía sobre su brazo derecho una bandeja de color negro con dos tazas de café y una canastita con galletas de chocolate y vainilla en su interior. Tranquilamente la mujer dejó cada taza frente a ellos y las galletas en el medio de ambos.
-Que lo disfruten- se despidió la mujer, entrando nuevamente a la cocina a la espera de nuevos clientes.
Miró la taza de color blanco que contenía en su interior la bebida de color café que dotaría su cuerpo de cafeína. Tomo el objeto entre sus manos, estaba caliente, pero no lo suficiente como para quemarla, lo puso entre sus labios y bebió. Inmediatamente un sabor amargo inundó toda su boca, y se discutió mentalmente sobre el ir a pedir azúcar ya que si algo odiaba era el café amargo por las mañanas. Sin embargo esa idea abandonó su cabeza no más pronto había entrado, prefería mantenerse sentada en su lugar antes que pararse para hacer todo el procedimiento para endulzar su café.
-También deberías comer algo- dijo el chico, sacándola repentinamente de sus pensamientos. Se refería a las galletas que había ordenado.
Su estómago le reclamaba hambriento por algo para comer, así que no lo dudo dos veces y sacó una de las galletas para introducirla dentro de su boca. Era blanda y tenía un sabor dulce, como la vainilla. No demoró mucho en terminar su café, daba sorbos largos y tragaba el líquido rápidamente para evitar mantener el sabor en su boca por más tiempo que el necesario. Una vez o terminó, dejó la taza nuevamente sobre el platillo.
-Que problemático...-dijo el moreno cuando también hubo terminado su café.
-¿Podrías dejar de repetir siempre lo mismo?- le dijo en un tono bastante brusco. Había recobrado notoriamente sus energías debido a que comenzaba a comportarse como era normalmente. Sumado a esto, su cabeza había sido inundada nuevamente por el reciente recuerdo de lo ocurrido en la reunión.
-Lo siento...yo-dudaba en contestar el moreno. Tenía una mirada de consuelo, pero no del que ella quería, la miraba como se mira a alguien que ha perdido a alguien, que necesita de la ayuda de alguien para mantenerse en pie. No era lo que ella necesitaba en esos momentos.-Ino...superaremos esto.- Inmediatamente la mirada de la rubia se iluminó, ¿acaso iba a aceptar el compromiso?
-Quizás no está todo perdido- se escuchó una voz dentro de su cabeza.
-Hallaremos la forma, tiene que haber una manera. Hay que hacer lo posible por cancelar el compromiso, evitarlo. Ellos no pueden destruir nuestra vida de esa manera obligándonos a algo en lo que no estamos de acuerdo y no estamos dispuestos a hacer- continuó diciendo el castaño.
Con aquella palabras, sintió como algo en su interior de quebraba. Había sido una estupidez llegar a pensar, aunque sea por un minuto, que el cedería. Él amaba a Temari, no debía de olvidarse de eso. No a ella.
-Tú eres el estratega- interrumpió la chica.- Ocupa tu brillante mente llena de estrategias para solucionar esto.
Una vez dicho aquello, se paró abruptamente y salió por la puerta principal. Necesitaba aire con urgencia, al salir sintió como el frío viento golpeaba su cara, a pesar de que era un lindo día en la aldea de vez en cuando se levantaba una que otra ventisca en señal de que el invierno se estaba acercando poco a poco. Caminó hasta una banca situada en medio del verde paisaje, allí esperaría a que Shikamaru apareciera de nuevo, porque lo haría. O eso esperaba. De momento necesitaba aclarar su mente de todas las locas ideas que comenzaban a amontonarse ahí dentro.
Suspiró.- Este va a ser un largo día- dijo mirando el cielo.
~oOo~
-Problemática- volvió a decir, mientras comía la última galleta restante en la pequeña canasta.
A los pocos minutos volvió a aparecer desde la cocina la amable anciana que esta vez llevaba entre sus manos un pequeño papel. El recibo a pagar por lo recién consumido. Rápidamente sacó su billetera y le entregó el dinero impreso en la boleta más una pequeña propina. La mujer le dio una amable sonrisa ante el gesto del chico, acostumbraba visitar el lugar bastante a menudo y pese a que ella al principio se negaba a aceptar propina, el muchacho insistía tanto que terminaba por persuadirla.
En cuanto el muchacho se paró y comenzó a caminar hacia la salida en busca de la rubia, la anciana le siguió el paso y lo acompañó hasta la salida.
-Hacen una linda pareja- le comentó, refiriéndose a él y su compañera de equipo.
-Nosotros n-
-Ella es su ¿novia o prometida?- le preguntó con un peculiar brillo en sus ojos, interrumpiendo su respuesta.
-Tsk...es complicado- respondió luego de poner su mano sobre la manilla de la puerta. Y tenía razón, en estos momentos, ¿qué eran exactamente?.
-Es una linda chica- siguió diciendo la mujer.- Cuídala bien, muchacho- le dijo para luego despedirse con un gesto de su mano, como acostumbraba.
El muchacho solo asintió y salió al exterior.
~oOo~
-Hace frío para estar acá- le dijo una voz a sus espaldas. Tenía razón, el viento comenzaba a hacerse cada vez más intenso, lo que había comenzado como un buen día había cambiado abruptamente de un momento a otro. El cielo comenzaba a cubrirse de unas espesas nubes que impedían el paso de los rayos de sol. Shikamaru debería de estar fascinado y ansioso por mirarlas.
Una fría brisa pasó por el lugar, llevándose algunas hojas de árboles y haciendo que ambos se retorcieran en para reunir el calor que estaban perdiendo en esos momentos. Se maldijo internamente por no haber llevado con ella algo más que su atuendo ninja diario, el cual de por sí no la abrigaba demasiado. 'Todo sea por lucir bien', se dijo una vez, pero ahora se arrepentía enormemente de haber pensado aquello.
El chico, al darse cuenta que su compañera estaba congelándose frío en esos momentos, se sacó el chaleco ninja y lo puso sobre las espaldas de la chica a modo de cubrirla del viento.
-No hace falta- le dijo ella de manera casi inmediata.- Tú igual deberías abrigarte.
-Ino, yo no visto minifalda ni polera corta- le recriminó. La rubia no siguió con el asunto, si se estaba muriendo de frío por lo que tomó ambos extremos del chaleco y se envolvió con él.
Vio de reojo como el Nara pasaba al lado de ella, pero evitaba la banca. Observó como en lugar de sentarse, se recostaba en la hierba cercana a ella, a una distancia prudente como para entablar la conversación que ambos se debían, pero en lugar de quedarse ahí decidió que sería buena idea el recostarse sobre el pecho del muchacho. Se puso de pie, dio dos pasos y se fue agachando hasta quedar recostada al lado, una vez ahí apoyó su cabeza sobre él. Sintió como los latidos de su corazón se fueron haciendo más rápidos, quería pensar que era debido al contacto que ella había hecho, pero pronto su pulso se normalizó. Quizás solo había sido su imaginación jugándole una mala broma.
-¿Qué tan molesto estás con esto?- le preguntó Ino, comenzando a sacar a luz el tema que los reunía a ambos ahí. Su cabeza subía y bajaba al ritmo de la respiración del chico.
-Odio los matrimonios arreglados- respondió bruscamente el muchacho.- Siempre los he encontrado algo ya fuera de esta época.
Un silencio incómodo se posicionó entre ambos. Ella observaba los distintos tonos de verde del césped que cubría el suelo del lugar y él, el cielo azul repleto de nubes de tonalidades blancas y grises.
-Quien sabe...quizás podamos llegar a ser felices- interrumpió de nuevo la rubia. Tenía que haber una solución y ella estaba dispuesta a encontrarle por entre todas las cosas.
-No lo creo, nada bueno sale de-
-No lo sabes- lo interrumpió. Su tono de voz había cambiado abruptamente. Algo comenzaba a quebrarse dentro de ella, al fin y al cabo, ella fue quien eligió y le asignó esta vida llena de problemas desde ahora en adelante.
-De por si, el ser parte del clan y la alianza tiene ciertas responsabilidades: prácticas juntos, aprender las formaciones, tener miles de responsabilidades ya que no solo estás a la cabeza del clan si no que has de lidiar con el consejo de las tres familias. Más adelante, nos controlarán en todo, si alguno no encuentra con quien casarse será mal visto y más aún si es que no tienen hijos. Lo de ponernos de acuerdo para hacer que la descendencia tengan el mismo rango de edad no termina de darme escalofríos. Aún después de-
-¡ES QUE NO PUEDES PONERTE, POR UN MINUTO, EN MI LUGAR!- gritó, sentándose bruscamente y mirando a un lugar distinto debido a que sintió como sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas.- ¡YO IGUAL ESTOY CANSADA!- terminó de decir.
-Ino, yo...-comenzó a hablar, dudoso. No encontraba las palabras exactas dentro de su cabeza, la había cagado hasta el fondo y ahora se estaba dando cuenta. Había herido a Ino. Lentamente se fue reincorporando y la rodeó con sus brazos, la sentía tan pequeña, tan frágil debajo de él.- Saldremos de esta, se una u otra manera, como siempre lo hemos hecho.
-C-creo que...mi padre tenía razón- hizo una pausa.- Todas las veces que lo escuchaba hablar en el bar con sus amigos; yo debí haber sido un hombre para cumplir con sus expectativas y las del todo el mundo. Es mi culpa...todo esto. Perdón, Shika.
Acto seguido, se puso de pie y comenzó a caminar camino a su casa en donde probablemente nadie estaría esperando. Su madre debía de estar arreglando cosas del clan, de las cuales ella en un futuro no muy lejano se haría cargo. Sintió como unos pasos se acercaban a ella, y aceleró el ritmo hasta el punto de ir corriendo. Lo último que escuchó fue alguien gritando su nombre y después la tormenta desatarse sobre la ciudad.
