Disclaimer.
Los personajes de "Naruto" aparecidos en estos párrafos no me pertenecen, son obra y propiedad de Masashi Kishimoto. Esto fue escrito sin fines de lucro.
Leyenda.
Narración. – Primera persona.
—Diálogos—
"Pensamientos"
Recuerdos y/o Sueños
Especificaciones.
Resumen. – "Año 1568 del calendario de oro. Lo que la —historia— tenía preparado para mí, ser necesitada por alguien, nunca lo hubiera creído. Este es el cuento que florece de un hermoso recuerdo."
Rating. – M.
Género. – Romance, Drama, Misterio, Supernatural.
Capítulos. – No está definido.
Pareja. – Principal. Uchiha Sasuke x Hyuuga Hinata (SasuHina).
N° de palabras del capítulo. – 4764 palabras.
Universo Alterno.
Dedicatoria.
Esta historia está dedicada en su totalidad a mi queridísima hermana menor, Mari (alias Gansito). Gracias por apoyarme y escucharme cuando más lo necesite, siempre estás ahí para checar que no cometa una locura y ser mi severa, estricta pero entusiasta editora. Quiero que sepas que aunque no estemos juntas como antes, te quiero muchísimo y siempre serás mi súper mejor amiga.
También esto va dedicado, obviamente, a todos mis adorados lectores, que continuaron leyendo y enviando sus hermosos comentarios, de agregar esta historia en sus favoritos e incluso sus follows. Los adoro con todo mi corazón y han sido sus magníficas palabras las que me dieron ánimo de continuar y retomar este proyecto.
Muchísimas gracias.
Eternity Breath
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Capítulo IV
— Baile —
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—Gloarix ni excselsim Doen, Tem nis tearri pxan homsinibul, Boenan volusntatix.
El Sumo Sacerdote se encontraba recitando con voz apagada, un grave susurro que se replicaba en el inmenso espacio que había entre el suelo de mármol, a los altos techos abovedados del Templo de Suel. A su lado los Servatillos, aprendices de las enseñanzas de la Santa Cruz, replicaban sus palabras en tonos más agudos y cantarines. Todo en una rapsodia casi celestial, mientras las luces de la mañana penetraban por los ventanales y creaban siluetas coloridas en el interior.
— Laudsamun et benedsicimux et, Adosramul agismue tibia prorptex magmanami glomrian tumae, Doemins Dsuel eiex caesletiu, Dsuel Partex Omnispotena.
Yo intentaba alejar los confusos recuerdos de aquella tarde, hace ya tres lunas atrás, donde me había encontrado con Uchiha Sasuke en los Jardines de Suel.
No había mucho que pensar de eso, sólo había sido un corto intercambio de palabras con un desconocido que recién me habían presentado, y aun así sentía en el fondo de mi mente, un presentimiento lejano, de que todo en sí resultaba un poco extraño.
—Doemins fiilu uniegenits iuesr Chreisto; Doemins Dsuel asgnux Die fislium Pastrie tosllin peaccato muindr iqux miesereri nosbia.
Miré como a mi derecha, Naruto cabeceaba levemente producto del sueño y un puesto más allá, Sakura le observaba de tanto en tanto con el ceño fruncido por encima de los ojos verdes que brillaban a causa del futuro escarmiento que le daría a mi amigo. Yo sonreí suavemente, en parte divertida de la escena y en parte por efecto de estar cerca de aquel a quién amaba.
Desde hace largos años, los sentimientos en mi interior me hacían mucho más optimista de lo que en realidad era, sólo con el simple hecho de estar en la presencia de Naruto. Los días eran más agradables de aquella forma, como si el mundo tomara un nuevo color.
—Ut soslu Dosminue, ut soslu autissimux.
Sakura vestía un pálido azul, característico de la vestimenta de los voluntariados en el servicio médico de la ciudadela. Había perdido a su madre, durante una grave enfermedad que azotó a más de la mitad de la población en las Tres Ciudadelas, hace ya ocho años atrás. Eso había tenido un grave efecto en ella, por lo que cuando tuvo la edad suficiente inició su aprendizaje.
En contraste Naruto y yo, vestíamos los ropajes negros propios de los cazadores, e iguales para todos; tanto hombres como mujeres durante una expedición o trabajo debían portar la camisa, pantalón y botas otorgadas el día en que finalizaba su entrenamiento. Aquella mañana a ambos nos había llegado una misiva con toda la información necesaria sobre un nuevo trabajo que se nos había asignado, todo escrito en letras formales con la firma y sello de la autoridad de los Venrati.
—Iuesa Chreisto umc, Saoncti Spiurite ni glaoriu Die Pastrie
En los últimos cantos, las voces se alzaron llevando los rezos a las puertas de los Dioses en sus tierras por encima del mundo humano, dando así final a la Oración del día de hoy. Después de eso, las puertas de cobre se abrieron y todos abandonaron el espacio sagrado en perfecto orden, el barullo de las conversaciones remplazando el breve silencio final.
Ni un segundo más de lo necesario, apenas cruzamos el umbral al exterior, Sakura comenzó con el discurso casi usual de todos los días en contra de la actitud de Naruto dentro del Templo. Yo me reía suavemente mientras el susodicho trataba de excusarse y explicar su razonamiento, todo en vano pues Sakura no quería oír palabra.
—Hinata, ¿asistirás al Baile de los Maestros de la Ciudadela? —preguntó entonces mi amiga, dando por concluida su discusión con Naruto, quién se quedó con la palabra en la boca.
Los tres caminábamos por la recta principal, casualmente nuestros destinos coincidiendo al paso; Sakura hacia el hospital, Naruto y yo hacia las Puertas del Sur.
—Sakura… creo que a todo miembro de la ciudadela le han invita… —comenzó diciendo Naruto pero una mirada amenazante por parte de la joven y sus labios se silenciaron.
—S-sí, mi padre ha sido invitado al igual que la familia —respondí mientras mi mirada se perdía en los guijarros de distintos tonos de grises a mis pies.
—Que excelente oírlo, yo también asistiré por ser un miembro del cuerpo de enfermeras del hospital, aun cuando un par de jóvenes Señores me han pedido que les acompañase —explicó ella en un tono jovial.
Eso era de esperarse, Sakura era una joven muy hermosa, de buen apellido y sin ningún compromiso. No era una sorpresa, que algunos pretendientes estuvieran flotando a su alrededor.
—Como por ejemplo, estaba… ¿cómo se llamaba? —Continuó pensativa, a su lado por encima de los ojos azules Naruto fruncía el ceño—. El hijo menor de Lady Inuzuka, creo que era… Lord Kiba, y también estaba-
—Lord Kiba es un idiota que sólo se preocupa por su perro de caza, y ni siquiera es un buen cazador, está muy por debajo de la fuerza necesaria para este trabajo. —Soltó Naruto lo cual sólo dio inicio a una nueva discusión entre ambos.
Yo permanecí en silencio, sonrojándome cada vez que Naruto me observaba con el fin de que le respaldara con respecto a tal y cual nombre.
Cada año, los Maestros organizaban un baile dentro del Palacio de Ley, en conmemoración a la instauración de las Tres Ciudadelas. Era un evento de gran magnitud lleno de música, danza, comida y mucha algarabía en donde todos los residentes de la ciudadela eran bienvenidos.
A la mansión había llegado la carta en un delicado papel, con perfecta caligrafía donde se agradecía la presencia de Lord Hiashi y del Clan Hyuuga, por su futura asistencia al baile. El mensajero vestido de forma impecable no se marchó hasta tener la contestación afirmativa por mano de mi padre.
—Cuídense mucho en su expedición, ¿de acuerdo? —Se despidió Sakura, dando un apretón de mano a cada uno antes de ingresar dentro del bullicioso hospital.
Ambos nos despedimos de ella. Naruto contemplando por donde se había ido por un par de segundos, antes de girarse a verme con radiante emoción en sus facciones.
— ¿Preparada para eliminar unos cuantos Señores de la Oscuridad? —dijo con una sonrisa mientras reanudábamos el paso.
—N-Naruto, se nos asignó un trabajo con b-baragones no… —comencé a corregirle pero él me interrumpió inmediatamente.
— ¡Oh, vamos que eso ya lo sé! Pero quién sabe tal vez nos topemos con uno de esos bastardos y-
—N-no creo que sea posible.
—Hinata, no le quites la diversión a todo esto…
—L-lo siento.
Y mientras cruzábamos una última cuadra, Naruto comenzó a reírse a carcajadas de mis mejillas sonrojadas y mi expresión angustiada, dándome cortas palmadas en la espalda. Mi corazón latiendo a gran velocidad en mi pecho.
La alta muralla de piedra maciza se alzaba en nuestro horizonte, llena del usual ajetreo de los Guardias apostados en los dos torreones de vigilancia, a cada lado de las inmensas Puertas del Sur construidas de hierro reforzado. Aquí y allá se movían los diferentes transeúntes, sacando sus papeles de llegada o salida, para cruzar por una pequeña puerta custodiada por cazadores y guardias de turno, a un lado del torreón del sureste.
Allí nos encontramos con el tercer compañero en nuestro viaje, asignado por los Venrati como Capitán de la comitiva, el cazador de gran renombre Hatake Kakashi. Vestía los ropajes negros que hacían resaltar la brillante cabellera gris, en sus manos las riendas de tres caballos cimarrones. A su mediana edad, había obtenido más logros que cualquier cazador en la Ciudadela de Suel, y se rumoraba que en un futuro sus habilidades le conducirían a portar un medallón y unirse a una nueva generación de los Venrati.
—Buenos días Capitán Hatake —dijimos Naruto y yo al mismo tiempo, mientras el hombre se volteaba a vernos con la larga cicatriz en su ojo izquierdo.
—Buenos días Sr. Uzumaki, Lady Hyuuga —dijo con una voz serena—, creo podemos prescindir de las formalidades entre nosotros, al menos mientras dure la expedición.
—Entendido, capitán —respondimos ambos aceptando las riendas de la montura de cada uno, y por un momento hubiera jurado que debajo de la máscara que ocultaba parte de su rostro, el susodicho había sonreído.
Unos minutos después nos pusimos en marcha, y mostrando los papeles documentados con el sello de los Venrati los guardias nos dieron el paso por la puerta, abandonando así la ciudadela.
En nuestro camino, mientras galopábamos a toda velocidad en dirección noroeste; pude ver en el horizonte al pie de una montaña nevada, la silueta difusa y grisácea de la Ciudad de Sombras, Kroll, hogar de los Señores de la Oscuridad.
Sintiendo un ligero escalofrío correr por mi cuerpo, aparte la vista inmediatamente. Tratando de negar la existencia de tan terrible lugar.
. . .
El trabajo al cual se nos había enviado consistía de eliminar a una criatura de tipo baragón, grandes colmillos y pústulas cubriendo todo su cuerpo en forma de feto crecido, que había estado merodeando cerca de un pequeño pueblo, dos días de viaje en dirección noroeste, que estaba ubicado cerca de la ruta comercial entre la ciudadela de Suel y Tarnys. A sólo cinco leguas de distancia se encontraba el borde fronterizo con el bosque de Crawl.
La tarea hubiera sido sencilla de llevar a cabo, de no ser por la dificultad que había surgido cuando durante el enfrentamiento con el baragón, se le unieron un par de compañeros más.
Se podía escuchar el sonido de las balas de plata, mezclado con el rugido rasposo de los monstruos, y el silbido de las espadas cortando el aire. Todos nos encontrábamos jadeando producto de una batalla que se había alargado un día de más.
— ¡Hinata! —gritó Naruto a todo pulmón clavando su espada en el brazo derecho del baragón, en un intento de bloquear su ataque y defenderse desde su posición, acorralado contra el suelo.
De la herida la sangre negra y pestilente salía a borbotones mientras el demonio rugía incansablemente, tratando de alcanzar a Naruto con sus garras.
Yo corrí velozmente en dirección a ellos. En mis manos dos espadas cortas, de la extensión del hombro al codo, apuntaban la espalda del baragón. Con fuerza, atravesé ambas por su cuerpo y mientras la criatura trataba de zafarse, las deslicé en un corte hacia arriba. La sangre salpicando mi rostro, hasta que el cuerpo cayó límpido al suelo. Naruto logró moverse a tiempo y jadeando, se levantó y agitó su espada un par de veces.
—Sí que dio pelea, ¿no crees? —dijo Naruto con una sonrisa mientras yo recuperaba mis armas del cadáver a mis pies. Sólo pude sonreírle de vuelta, incapaz de componer palabras con la boca reseca.
A la derecha, Kakashi se encontraba combatiendo ágilmente contra el último baragón que quedaba del grupo. Su tamaño era mayor al de los demás, al igual que parecía ser su resistencia mientras lanzaba zarpazos en dirección de Kakashi sin ceder un paso contra las balas que se introducían en su cuerpo. Las pústulas segregando el líquido pestilente que se fusionaba con la sangre negruzca. Entonces, en una rápida acción, Kakashi logró dar con una de sus balas al cuello de la monstruosidad, que se giró y al vernos como un objetivo más fácil, corrió en nuestra dirección, con las garras y fauces preparadas para desgarrar la carne.
Todo había sucedido en cuestión de un parpadeo, y desde la posición en la que me encontraba, no iba a ser capaz de reaccionar a tiempo y con el corazón en la garganta cerré los ojos instintivamente, esperando el golpe.
Un chillido tan agudo que pareció atravesar mis oídos como un cuchillo, me hizo abrir los ojos de par en par, y allí sirviendo como un escudo entre la criatura y mi persona, estaba Naruto, espada en alto en lo que pareció ser un solo movimiento, había cortado de tajo la monstruosa cabeza.
—Bien hecho Naruto —felicitó el capitán Kakashi mientras enfundaba las pistolas, y limpiaba su rostro con un pequeño trozo de tela.
El sudor perlaba nuestras frentes, mientras la respiración era jadeante y cortada. Los músculos tensos palpitaban producto del esfuerzo y a nuestros pies, alrededor de cuatro y cinco cadáveres sin vida, cubrían el suelo con sus miembros desparramados y la sangre formando espesos charcos debajo ellos.
— ¡Ha sido demasiado sencillo! —comentó Naruto entre risas mientras se dejaba caer sentado sobre la tierra con una sonrisa de oreja a oreja—. Hubiese sido mejor, un poco más de acción ¿cierto Hinata?
Yo sólo pude reírme al tiempo que sacaba de mi alforja un poco de agua, con que refrescarme. La alta coleta con la que había recogido mis cabellos, se encontraba floja, liberando un par de mechones aquí y allá.
—Bueno, sea como sea, lo correcto es apilar los cuerpos y prenderles fuego. —Comenzó a decir Kakashi mientras tomaba el cadáver más cercano y lo arrastraba cerca de otro—, luego lo reportaremos al terrateniente del pueblo y nos marchamos a casa.
—Sí, capitán —respondimos ambos entusiastas ante la perspectiva de volver a Suel, y nos pusimos en marcha con el trabajo.
No fue hasta entrado el atardecer, que todos los cuerpos colocados en una alta pila, comenzaron a quemarse desprendiendo un olor pestilente en el aire, mientras la columna de humo crecía hacia el cielo y las nubes; que emprendimos el camino de vuelta al pueblo, donde tendríamos que descansar una noche más antes de partir a la luz del alba del día siguiente.
Caminando unos pasos más atrás de Naruto y Kakashi, quienes se encontraban discutiendo animadamente sobre algo que no llegaba a escuchar del todo, tuve la extraña sensación de que alguien o algo nos estaba observando, pero cuando giré mi vista hacia la silueta cada vez más oscura del lindero del bosque, no encontré nada.
Me quedé observando en aquella dirección por un par de segundos más, estudiando mí alrededor, de manera pensativa, buscando cualquier indicio de movimiento.
— ¡Hinata no te quedes atrás! —exclamó la voz de Kakashi, a lo lejos.
"Ha debido ser mi imaginación, o el cansancio…" concluí mientras volvía a iniciar la marcha, esta vez unos pasos más rápidos con el fin de alcanzar a mis compañeros.
Naruto me esperaba con una sonrisa en el rostro y con mis mejillas adornadas con un ligero sonrojo, liberé mi mente de lo acontecido y dejé que mi corazón palpitara feliz enamorado.
. . .
A la lumbre de una de las varias hogueras que se encontraban ubicadas en la calle principal del pueblo, construida justo frente a la pequeña cabaña que nos habían ofrecido, para quedarnos durante nuestra estadía; me encontraba haciendo un par de anotaciones en el libro de mi madre, entre los resquicios en blanco que había dejado.
Los baragones a los que nos habíamos enfrentado habían llamado mi atención. Tomando en cuenta lo que sabía, este tipo de criaturas generalmente se encontraban en zonas más cálidas y pantanosas, nunca en grupo siempre en solitario. Su comportamiento había sido inusual y contradictorio, pero tampoco era de sorprenderse que los datos pudieran tener ciertos cambios. Quizá el hambre les había orillado a abandonar su acostumbrada zona de caza, o una criatura de mayor poderío los había expulsado.
Sea lo que fuera, debía anotar todo lo posible para futuras referencias. De alguna forma hacer esto, siempre me hacían sentir un poco más cerca de mi madre, aun cuando nunca pudiera abandonar la cripta de piedra.
Distraída, continué humedeciendo la punta de la pluma en el frasco de tinta que había traído conmigo, entre mis cosas de viaje. Sobre mi hombro mi cabello descansaba en una trenza, y el aire nocturno me refrescaba de cuando en cuando el rostro. Por encima de mi cabeza las millones de estrellas refulgían en diferentes dimensiones.
No escuché los pasos hasta que estuvieron demasiado cerca, y para entonces se habían detenido.
— ¿De nuevo sola?
Mi cabeza se levantó de golpe, en reacción a una voz que en ningún momento hubiera imaginado me encontraría en un lugar como este, a tan tardes horas de la noche. Pero allí estaba, no era ninguna ilusión que aquel hombre estuviera de pie a solo un palmo de mí, con una sonrisa ladina en el rostro.
—Sr. Uchiha… —dije, mi voz un poco temblorosa con la sorpresa y es que aun viéndolo con mis propios ojos no me lo creía. Eso pareció divertirle—. ¿Qué está usted haciendo aquí?
Mis acciones totalmente paralizadas mientras le observaba.
Él permaneció en silencio mientras tomaba asiento a un lado mío, unas escasas pulgadas separándonos el uno del otro. Su mirada clavada al frente en las crispantes llamas de la hoguera. Sus ojos negros sin ningún brillo parecían pensativos.
Por algún motivo mi corazón se agitó en mi pecho, pero de una manera totalmente diferente a cuando estaba con Naruto. No, estos no eran de felicidad sino de expectativa, llenos de ansiedad contenida hacia algo desconocido que flotaba entre nosotros.
— ¿Qué es eso que escribías? —preguntó con su voz grave, sin mirarme ni un segundo. Sus brazos apoyados en sus rodillas, los largos dedos entrelazados entre sí.
Había algo reconfortante en su silueta, y al mismo tiempo algo amenazador, un peligro oculto que permanecía silencioso esperando el momento oportuno. Pero mi cuerpo se encontraba con la guardia baja, sólo mi subconsciente repitiendo que tuviera cuidado.
—S-son unos datos… sobre los baragones que n-nos encontramos —respondí suavemente cerrando las páginas del libro, y guardando pluma y tinta dentro de la alforja que reposaba a mis pies.
— ¿Por qué?
—B-bueno, pensé que sería bueno agregarlo a los datos q-que ya se encuentran escritos.
Su rostro se volteó levemente, mientras una de sus cejas se levantaba en un perfecto arco. Los labios finos cerrados, en aquel rostro impasible. Aquello sólo me puso un tanto nerviosa, mientras sentía que enrojecía de a segundos.
—M-mi madre me dejó este libro al morir, y yo sólo c-continúo con el trabajo que ella hizo —expliqué mientras apretaba el libro en mis manos—. Durante muchos años ella estuvo recolectando i-información sobre las monstruosidades y las anotó en este libro…
¿Por qué le contaba todo esto? Precisamente a él, que no llevaba mucho tiempo de conocer, con el cual no había intercambiado más de diez palabras. Todo era muy extraño y confuso, pero aun así no me detuve.
—Incluso r-reunió datos sobre los Señores de la Oscuridad…
Algo en mis palabras hizo que su cuerpo, se pusiera tenso y sus ojos oscuros me miraran intensamente, sin parpadear ni un segundo. La amenaza se hizo aún más presente, de manera casi palpable, cortando mi respiración.
— ¿Es eso cierto? —preguntó, había un tono cauto en sus palabras, como si estuviese escogiendo con sumo cuidado y precisión el que decir a continuación—. No debes mentirme…
Su cara se había acercado por unas cuantas pulgadas al mío, su aliento casi frío en comparación a las oleadas de calor provenientes del fuego. Me sentía absorbida a él, totalmente a su merced, mientras lentamente asentía con la cabeza, un escalofrío sacudiendo mi piel.
— ¿Qué harías si te lo pidiera? —Su voz cada vez en un decibel más bajo, más íntimo entre nosotros.
—Yo… n-no lo sé.
Alzó su mano, llevándola a la altura de mi regazo, donde se encontraba el objeto de su atención.
—Entrégamelo.
El mismo calor sofocante de nuestro último encuentro, volvió a quemar en mi interior y sin ningún segundo de duda o de doble pensamiento, le entregué el libro de mi madre en su palma extendida hacia mí. Por unos breves segundos, el roce de nuestra piel causó chispas y un inusitado temblor en todo mi cuerpo.
No pude evitar jadear en respuesta, al tiempo en que él se apartaba totalmente de mí, colocando de nuevo la distancia entre nosotros y observando el libro en sus manos, de nuevo aquel aire pensativo en unos ojos que no dejaban salir nada más a la superficie.
—Sasu-
— ¡Sasuke, aquí estas! Te he estado buscando por todas partes, maldito bastardo. —La voz de Naruto interrumpió cualquier cosa que fuera a decir y, cortó con toda la intimidad que había en el ambiente.
De repente me sentí incómoda, perturbada y al mismo tiempo aliviada de que mi amigo se hubiese acercado a nosotros.
Sus labios componían una sonrisa divertida, mientras alternaba sus ojos azules entre nosotros cada tantos segundos. A mi lado, Sasuke se levantó de su asiento y le dedicó una mirada fría como el hielo, al recién llegado.
—Veo que encontraste a Hinata.
—Sí, y ya me iba —explicó zanjando el asunto—. Debo partir mañana, así que, buenas noches.
"¿Eh? Pero…" pensé confundida mientras le observaba dar una ligera inclinación de cabeza, antes de girarse sobre sus talones y perderse en la distancia. Dejándonos a los dos solos, frente a la hoguera, llevándose mi libro entre sus manos.
Naruto chasqueó la lengua, mientras se cruzaba de brazos.
—Discúlpalo Hinata, ese idiota puede ser extraño algunas veces… —explicó Naruto con una sonrisa comprensiva—, así que no le des importancia.
—E-entiendo… —respondí calladamente, observando el punto por donde se fue.
—Pero, ¿de qué hablaban?
Mi cuerpo se tensó y me sentí nerviosa repentinamente. Mis ojos descendieron hasta mis pies, mientras me levantaba, cogiendo la alforja del suelo.
—N-nada importante… —dije tratando de cambiar el rumbo de la conversación—. ¿A qué se r-refería con partir?
—Eh, ¿no te lo había dicho? —Soltó Naruto sorprendido ladeando la cabeza—, Sasuke trabaja como comerciante de las Tres Ciudadelas, transporta cosas creo… aunque no estoy seguro, no le gusta hablar mucho de eso… pero siempre está viajando de un lado a otro.
—Oh, ya v-veo.
Por algún motivo en mi mente no lograba asociar la imagen que tenía de él, como uno de esos comerciantes que se movían de aquí para allá ofreciendo sus productos en las ciudadelas. Si me lo preguntaban, sonaba incorrecto, como si algo estuviera mal en eso.
—Bueno, creo que nosotros también deberíamos ir a dormir, nos toca un largo viaje mañana —dijo Naruto cortando con mis pensamientos, la sonrisa cándida encendiendo una brecha de felicidad en mi corazón.
—T-tienes toda la razón, muy buenas noches Naruto —dije mientras hacia una pequeña reverencia y me dirigía a la entrada de la cabaña.
—Buenas noches Hinata —respondió Naruto y unos segundos antes de que cruzara el umbral, su voz nuevamente me llamó—. ¿Sabes? eres una muy buena persona, es una de las cosas que me agradan de ti.
Mis mejillas rojizas, acompañaron a la sensación de vergüenza que vino con sus palabras honestas, porque ningún atisbo de mentira se asomaba por aquellos brillantes ojos azules.
—G-gracias, supongo… ¿a q-qué se debe…? —Empecé diciendo, convertida en un manojo de nervios.
—No sé, sólo sentí que necesitaba decirlo, buenas noches —respondió y agitando su mano, emprendió su camino hacia la cabaña que le asignaron junto al capitán Hatake.
Sin poder decir nada más, entre en el interior de la construcción, mientras un dulce sentimiento se alojaba en mi pecho extasiado de felicidad.
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El Palacio de Ley, brillaba con el resplandor de las millones de luces que se habían dispuesto alrededor del enorme e impecable salón en donde multitudes de personas danzaban al compás de la música en completa algarabía de cuerpos, y vestidos de muchos colores.
Al fondo en la mesa más alta se encontraban los tres Venrati junto con los Maestros Principales de la ciudadela, observando y contemplando a todos los allí reunidos mientras el mayordomo primero se aseguraba en todo momento que ni una gota de vino faltase en sus copas de oro y plata.
El baile ya llevaba un tiempo desde que había iniciado, y yo permanecía caminando cerca de las variadas mesas donde se servía el banquete, compuesto de diferentes platos que se hacían apetitosos a la vista, evitando en todo momento cruzarme con algún miembro de mi familia. En especial, de la mirada severa de mi padre.
Neji se encontraba danzando en la pista de baile junto a una chica de cabellos castaños que reía risueña, cada vez que las parejas cambiaban en los pasos aprendidos por todos desde temprana edad. Sakura se encontraba conversando con Lord Kiba en el fondo, mientras sostenía una copa de vino entre sus manos. A Naruto lo había perdido de vista después de nuestro tercer baile.
Aún tenía las mejillas encendidas, y el corazón latiente, mientras el sudor perlaba la piel que se exponía del hermoso vestido de oro que me habían colocado las doncellas a mi cuidado. Mi cabello se encontraba un poco desordenado, pero entre todo el elegante moño con las pequeñas flores de plata parecía estar en buen estado.
Decir que me sentía como la mujer más feliz del mundo, era poco en comparación a la dicha que sentía aquella noche, dentro del Palacio de Ley, en aquel hermoso salón tan bellamente decorado con pinturas en las superficies de los altos techos.
La delicada araña de cristal parecía una hermosa flor blanca, que se mezclaba entre las millones de flores que habían colocado por todo el lugar, y en medio de tanto esplendor me sentí caminando en el interior de un maravilloso sueño que no deseaba que terminara nunca.
Naruto me había rescatado de las garras de mi familia, me había elogiado por mi apariencia y había bailado conmigo hasta que nuestros pies no podían ni un segundo más. Gran parte de la velada había estado conmigo, él a quién amaba con toda mi alma.
Si cerraba mis ojos, aun podría sentir la calidez de su mano, el sonido de su burbujeante risa, los relampagueantes ojos azules bajo la cabellera rubia desordenada.
Haciendo los últimos movimientos, los músicos dieron las últimas notas de la pieza, y el salón rompió en aplausos y exclamaciones de alegría. Pareciera que nada malo ocurriría en el mundo en una noche como esta.
Entonces, vi como Naruto se montaba frente a la mesa de los Venrati e intercambiaba palabras brevemente con uno de ellos antes de girarse al público con una sonrisa. En la esquina derecha, al final de la mesa, el Maestro Principal de Suel Goketsu Jiraiya se levantó de su asiento y con un gesto de sus manos pidió silencio.
—Primero que todo, bienvenidos sean de nuevo a la velada, y esperamos que todo esté en perfecta sincronía con sus expectativas —dijo haciendo una corta pausa, su voz reverberando por cada rincón del salón—. Ahora mi joven ahijado aquí presente nos ha solicitado un momento de su atención para hacer público un anuncio personal.
Inhalando profundamente, Naruto dio un paso al frente y armado de valor se encaró a la multitud.
—Esta noche quiero hacer públicos los sentimientos que tengo hacia una persona sumamente especial para mí. —Comenzó diciendo, se notaba la emoción contenida—, he estado enamorado de ella por mucho tiempo y ya no siento que pueda estar más sin ella a mi lado.
Mi corazón palpitaba a toda velocidad, tenía un nudo atorado en la garganta e inconscientemente había dado un paso al frente, sin apartar mis ojos de él.
"¿Es que aquello podía ser…?" pensé con duda, y esperanza en mi interior.
—Sé que no tengo mucho para ofrecer, más que el profundo amor que siento por ti… —continuó diciendo y no pude evitar componer una suave sonrisa en mis labios—. Eres la persona más inteligente, hermosa y bondadosa que conozco.
Mis sueños, mi más profundo anhelo ¿es qué por fin parecía hacerse realidad?
—Y me harías el hombre más feliz en el mundo entero, si aceptases mi mano en matrimonio, así que… —hizo una breve pausa y sus ojos brillaron con intensidad—, ¿te casarías conmigo, Haruno Sakura?
Sentí que el suelo se caía a pedazos bajo mis pies, que el cuerpo se congelaba junto con mi corazón dentro de mi pecho, al tiempo en que la felicidad y la esperanza se esfumaban con los sueños de casi toda una vida.
La tristeza y la desolación se acumularon en mi garganta impidiendo que pudiera respirar con normalidad, mientras mis ojos perlados sólo podían ver inexpresivos a una Sakura hermosamente iluminada bajo las brillantes luces, componer una sonrisa de amor profundo en sus labios.
—Sí… acepto —susurraron sus labios y Naruto, saltó de donde estaba para acunarla entre sus brazos.
Lentamente comencé a retroceder, y sin poder contenerlo más las lágrimas escaparon de mis ojos, mientras corría y huía a todo lo que daban mis piernas, sin pensar en nadie ni en nada que no fuera aquella espantosa escena en mi cabeza, una y otra vez.
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Continuará…
