Nota de la autora: ¡Perdón por la demora! Prometo terminarlo, en serio. ¡Muchas gracias por sus reviews y follows!

EXCITARE

Capítulo 4: Sin muchas palabras.

Abrió los ojos y la luz que se colaba por la ventana le dio de lleno en la cara, se sentía sudada y el aire en la habitación se había calentado demasiado, tanto que le costaba respirar. Además, le dolían las piernas, las nalgas y las caderas. Quiso sentarse, pero el brazo de Ron estaba sobre su vientre, le oprimía el abdomen y aumentaba las súbitas ganas de ir al baño y orinar.

No era una situación muy agradable.

Se volteó como pudo para levantarse de la cama. Ron seguía durmiendo al lado de ella, tan profundamente que tenía la almohada babeada. Hermione sonrió, era una imagen graciosa y tierna en partes iguales.

Recordaba la primera vez que lo había visto. Era el primer año de ambos en Hogwarts, los dos en el tren, tratando de hacer amigos. A él le fue bien, pero a ella le costó la tarea, y a pesar de que luego lograron ser muy cercanos, el camino se volvió cuesta arriba cuando, lentamente, se fue percatando de que lo que iba sintiendo por él ya no encajaba en la etiqueta de amistad. Hermione Granger, la sabelotodo insufrible, contra Ron Weasley, el chico bromista y sin tacto, ¿quién podría haber apostado a favor? Fue pasando el tiempo, hasta que en cuarto año para Hermione fue evidente que él no la miraba de la forma en que ella lo hacía, y sí, pudo haber usado un poco a Krum, pero ella siempre le dijo que en realidad le gustaba otro chico. Y las cosas fueron peor en sexto. Lavender.

Pensaba en ese nombre y se le revolvía el estómago. Todo lo que había hecho con Ron, Lavender ya lo había probado de él, o sea que para el pelirrojo no tendría nada de especial. Tragó saliva un poco triste, un poco nostálgica. No podía evitar sentirse vulnerable. Para ella todo lo que pasaba con él tenía un significado que sería permanente en su memoria.

Caminó hacia el baño y se duchó con todo ese torbellino de ideas rondándola. Se había lavado recién los dientes, cuando Ron llamó a la puerta.

- Herms, ¿puedo entrar?

La castaña seguía desnuda. No alcanzó a taparse bien cuando Ron ya había abierto la puerta.

- ¡Noheterminadodevestirme! – se apuró a decir.

- Oh, perdona…

El pelirrojo cerró la puerta. Había visto sus muslos con toda claridad, y eso hizo que recordara donde los había tenido la noche anterior. Sí. Abrazados a su cintura, abriendo paso al dulce recoveco que él esperaba no tan pacientemente. La esperó en el pasillo, pero ella tardaba demasiado.

- ¿Herms, estás bien?

- ¡Si!

Y abrió la puerta. Se había peinado los rizos en una coleta alta, pero llevaba la toalla encima, aunque estaba seca. Ron la miró fijamente, para él nada había cambiado respecto a cómo se sintió la noche anterior. Se acercó a ella, rozó sus labios. Bastó ese pequeño acercamiento para hacerlo endurecer. La tenía frente a él, a una prenda de la desnudez.

- Espera – dijo ella, alejándolo.

- ¿Qué sucede?

Lo miró. Tenía los ojos afiebrados, las mejillas sonrosadas y las manos sujetando su cuerpo muy fuerte. No podía contestarle la pregunta. Le sucedían muchas cosas, y no estaba segura de querer y poder responderlas ahora mismo.

- Tengo hambre – se apuró a decir - ¿bajamos a desayunar? – le dedicó una sonrisa, esperando poder convencerlo por ahora.

Se vistieron, Ron no le soltó la mano mientras bajaban las escaleras. Lo que había pasado la noche anterior le revolvía el vientre con violentas mariposas que se colaban más abajo del ombligo. Quería tenerla como anoche, bajo su cuerpo, bajo el poder de sus embestidas, de su fuerza salvaje. Sabía que estaba siendo muy impaciente, ansioso, pero poco le importaba contenerse. Ella ya le había cedido su intimidad.

Conversaron trivialidades, nada importante se podía hablar cuando cada uno tenía la cabeza en otra parte. El día estaba soleado, hacía mucho calor. Hermione se abanicaba la cara con sus manos, y secaba el sudor de su frente con una servilleta. De repente el pelirrojo recordó la vieja alberca detrás de la casa.

- Hayunalberca.

- ¿Qué?

Torpe. Lo dijo de la nada, atropelladamente. Es que bastaba la imagen de verla con poca ropa para soltar toda la frase.

- Que hay una alberca, detrás de la casa.

Más torpe. Se sonrojó hasta las orejas. "Genial", pensó. No podía ser más evidente.

Hermione era una bruja muy lista. A veces demasiado para su propia comodidad. Pero había cosas que aún no lograba descifrar. Y esta era una de ellas. Caminaron juntos por el patio, nunca le había parecido tan grande como ahora. Seguía sin poder sacarse los pensamientos de hace un rato. Sentía la necesidad de hacerle preguntas incómodas, incómodas para él, para ella. "Pero es la única forma de poder… estar con él", pensó, y se sonrojó un poco.

- Está un poco sucia, pero es fácil de arreglar – Ron la sacó de sus pensamientos. Con un movimiento de la varita la alberca estaba limpia, y luego otro para llenarla de agua fresca.

Ron se sacó la camiseta y se metió con sus shorts. El agua estaba fría, pero hacía tanto calor que no le importó. Hermione lo miraba atónita. Aún no lograba acostumbrarse al cuerpo desnudo del pelirrojo. Se sentía mareada y ansiosa.

No había traído bañador, sólo podía meterse con su ropa interior, o devolverse a la casa. Se sacó la camiseta, pantalón y se metió a la alberca. Todo lo hizo tan rápido que el impacto del agua fría sobre su piel la obligó a quejarse en un susurro.

Ron la miraba atónito. Su cuerpo era perfecto para él. Tenía los pezones erguidos, se traslucían a través de la tela blanca de su sostén. Miró más abajo, a través de la tela de sus bragas se traslucían perfectos los rizos castaños de su pubis. Tragó saliva. Se acercó a ella, que estaba frente a él, a escasos centímetros, tratando de acostumbrarse al agua.

La mera proximidad, la idea de un contacto, sólo eso bastaba para hacerla sentir vulnerable. Sentía como él la comenzaba a besar, sus labios posados sobre su cuello, y las manos sujetándola por las caderas. Cerró los ojos. Aprisionada contra la pared de la alberca, vulnerable para todo lo que él quisiera tocar. Las manos del pelirrojo viajaron rápidamente hasta sus piernas, la entre pierna. A la castaña le faltaba el aire. Ron hizo a un lado la tela de la ropa interior, y tocó con sus yemas el sexo desnudo.

- No… - Ella lo detuvo, tomó su mano y lo detuvo. No quiso mirarlo. Tenía que ser ahora, tenía que preguntarle - ¿Por qué lo hiciste con ella? – había un dejo de rencor en su voz, no pudo evitarlo.

Ron no lograba reponerse de la abrupta interrupción, de la creciente excitación, no podía conectarse con esa pregunta.

- ¿Cómo?

- Tuviste sexo con Lavender… ¿por qué?

Se sentía paralizado. Ese nombre. Esa acción. "¿Por qué ahora?".

- Hermione… no quiero hablar de eso.

Se quedaron en silencio. Se escuchaba a lo lejos el cantar de los pájaros. Pero nadie decía nada. La castaña tenía la cabeza gacha, Ron no podía dejar de mirarla. No podía descifrar su expresión, nunca se la había visto. Se acercó a ella, la tomó de la barbilla y la obligó a mirarlo, tiernamente.

- Te amo.

Nunca se lo había dicho. Lo venía sintiendo hace años, pero nunca se lo había dicho. Le pareció que sus ojos se ponían vidriosos, al igual que los de ella.

Hermione se esperaba cualquier cosa menos esa respuesta. No es que pensara que Ron no tenía sentimientos por ella, pero aquella frase era tan hermosa como surrealista. Lo abrazó. No quería ser aguafiestas, pero necesitaba…

- Para ti… para ti, ¿es importante lo que pasa entre nosotros?… o por haber tenido novia antes…

- Ssshhh – la calló dulcemente. "Así que de eso se trata", pensó.

Le causaba molestia, incluso física, recordar toda esa época, porque sabía el daño que le había provocado a Hermione. Pero si para ella era tan importante…

- Lo hice con ella una sola vez – comenzó, tratando de sonar lo más neutral posible – ambos habíamos tomado whiskey de fuego, no recuerdo cómo pasaron las cosas – aquello era una mentira blanca – sólo recuerdo que lo hicimos.

Estaban solos en la torre de astronomía, era de madrugada y habían bebido mucho whiskey entre conversaciones vacías. Varios besos apasionados, repartidos por los labios, mejillas y cuello, además de las torpes manos de Ron que recorrían sin vergüenza la anatomía de la gryffindor. De pronto, Lavender se quitó la falda y las bragas y se montó sobre él. Lo besó locamente, abrió de golpe su camisa y le bajó la cremallera de los jeans. Ron estaba ebrio, pero no lo suficiente como para olvidarse de que su cavidad se sentía muy húmeda, estrecha, y que se vino tan pronto la chica comenzó a gemir su nombre y a moverse más fuerte. Toda la mañana siguiente rehuyó de la mirada de Lavender, y sobre todo de la de Hermione. Pero… tenía 16 años, y había tenido sexo, muy mal sexo, pero ya lo había hecho, eso era lo importante, ¿o no?

Hermione lo miraba con asombro. Quizás no había sido buena idea preguntar, ahora no podría dejar de imaginar la escena una y mil veces. De todas formas le agradecía que le hubiese respondido. Él la miraba con ternura, le parecía una niña pequeña a la que habían regañado recién. La besó en los labios y la abrazó.

- Tranquila – un beso en el cabello.

- ¿Te gustaría preguntarme algo? – ella le respondió el abrazo, su cuerpo estaba tibio.

Ron se quedó en blanco. De pronto le asaltaron muchas preguntas sobre qué era lo que la castaña había hecho con Krum, y con McLaggen. Fue tan largo su silencio que Hermione se separó del abrazo para mirarlo. Antes de que ella volviera a preguntarle, él finalmente dijo:

- ¿Alguna vez dejaste que un chico te tocara?

- ¿Cómo me has tocado tú? No.

- ¿Y alguna vez has tocado a uno?

- A ninguno.

- O sea que sólo me has tocado a mí.

Ella lo miró perpleja. No recordaba haber tocado a Ron, no de la manera que él sugería.

- Pero si yo casi no te he tocado – afirmó, sin evitar sonrojarse.

- Herms… - el pelirrojo sonrió de lado – para hacer lo que hiciste ayer, tuviste que tocarme… no sólo con tus manos – lo último lo agregó con la cara de un tono rojo escarlata.

- Pero si sólo nos besamos…

- Me besaste, sí… y no sólo la boca – nuevamente la piel encendida.

Hermione no entendía a qué se refería Ron. El día anterior se habían besado, sí, mucho, pero no recordaba haberse aventurado más allá.

- No entiendo, ¿qué dices que hicimos?

- Me hiciste…

- ¿Qué hice?

- Me hiciste… sexo oral.

Ella abrió tanto los ojos que sintió una moderada irritación en estos.

- No-no lo recuerdo…

- Y luego te llevé contra la pared y nos… rozamos.

Podrían haber hecho una competencia de quién se sonrojaba más y no habría estado claro quién ganaba. Para la castaña la descripción del día anterior no calzaba con sus recuerdos, y para el pelirrojo era una tortura tener que rememorar todas esas sensaciones nuevamente.

- Ron, ¿no habrá sido un sueño? – era imposible mirarlo a los ojos en ese momento. El sólo hecho de imaginarse haciendo lo que él decía la ponía nerviosa.

- No, de verdad pasó…

- Ron, si te hubiese hecho sex… eso… lo recordaría – seguía sin poder mirarlo a los ojos.

No podía ser cierto. Para él había sido todo tan real, el tacto de la piel, los gemidos, la humedad, los aromas. No podía haber sido simplemente un sueño. Bajó la mirada y su expresión era de profunda decepción. Hermione le miró. El agua de la alberca se sentía más fría que antes, pero no le impidió acercarse más a él y estrecharlo contra su cuerpo. Podía sentir los latidos del corazón de Ron, su boca estaba a la altura de su pecho. Lo besó.

Electricidad. Eso era lo que sentía cuando ella besaba su piel. La tomó de la barbilla y la miró, podría perderse siempre en esos ojos castaños. Buscó su boca, primero el mero contacto de los labios, luego la lengua, húmeda, caliente y muy suave. No sabía de qué hechizo se trataba, pero ella lograba encenderlo como si de fuego se tratase. Recorrió su espalda con ambas manos, acercándose peligrosamente a sus nalgas. Le besó el cuello, alternaba besos y lamidas. Ella sólo podía gemir despacio.

No sabía qué hacer, sólo sentía deseos de desmayarse en sus brazos. Ron la tocaba como si no hubiese un mañana. Le hacía sentir ansiedad de sentir su cuerpo contra el de ella. De pronto se vio envuelta en una escena que jamás habría pensado. Alargó sus dedos hacia el elástico del short del pelirrojo. Ese mero gesto bastó para que él dejara de besarla y la mirara a los ojos. Ella sólo vio fuego. Volvió a besarlo, y sin titubear metió su mano. Ambos gimieron. Nunca había tocado nada semejante. Se sentía caliente, suave. Y duro. Apenas lo rozaba con su palma, no se atrevía a agarrarlo.

Ron se sentía mareado y algo petrificado. Quería, le urgía tocarla, pero una fuerza sobrenatural le obligaba a quedarse allí quieto, esperando qué podría hacerle la castaña. Ella dejó de besarlo, quería mirar lo que estaba tocando. Agarró los bordes del elástico del short y los bajó. Abrió los ojos sorprendida.

- Wow… es… es muy… grande – se ruborizó, lo dijo con un hilo de voz. Volvía a sentirse tímida. El shock de valentía se pasaba.

Ron se ruborizó. Sin duda era un halago, y sin duda ya lo sabía. Los chicos siempre comparan los tamaños, y él siempre era quien ganaba, incluso entre sus hermanos. Sin embargo, era primera vez que una chica se lo decía abiertamente.

Él volvió a besarla, con más ímpetu que antes. La tomó desde las caderas y fue deslizando sus manos hasta sus nalgas. Las apretó no tan suavemente, provocando que Hermione gimiera en el beso. Le encantaba provocar eso, era un estímulo demasiado bestial, demasiado incitante. La tomó de las nalgas y ella abrazó la cintura del pelirrojo con sus piernas. Estuvieron besándose así largos minutos. La castaña sentía su sexo caliente y húmedo, y junto con ello un deseo creciente de ir a la cama de Ron.

De pronto él dejó de besarla, se acercó más al borde de la alberca, todavía con ella en su cintura. La levantó de las nalgas y la sentó suavemente en el borde. Haciendo caso omiso a la expresión interrogante de ella, jaló suavemente sus bragas, quitándoselas, y tan rápido como pudo, hundió la boca en sus labios.

Sorpresa, mucha sorpresa. No podía creer lo exquisito de la sensación que le provocaba la boca de Ron en esa porción de piel nunca antes explorada por nadie. Sorpresa, éxtasis y mucho calor. Sentía que se ahogaba cada vez que sentía la lengua del pelirrojo estrellarse contra su humedad. Él no recordaba haber hecho nada así de excitante en su vida, lamía y besaba ese dulce recoveco con ansias. No pudo evitar alargar sus manos a los pechos de la castaña, los amasó entre sus manos con demencia. Incluso restando fuerzas a sus movimientos sentía que la tocaba de forma brutal. Todavía en ese frenesí, se atrevió a introducir su lengua en ese ansiado agujero. Gemidos, más gemidos. Más fuerte que antes, más sensual. Hermione perdía el poco control que le quedaba. La sensación era sublime, incluso divina. De pronto las palpitaciones crecieron, sentía un calor intenso en su sexo, un deseo irrefrenable de gritar su pasión. Le temblaban las piernas, le temblaba la voz. El orgasmo estaba cerca, pero él se detuvo. La tomó de los muslos y la atrajo hacia el agua. Le besó la boca como si tuviese hambre de su aliento, de su saliva. La castaña le contestaba con igual intensidad, recorría la espalda de él mientras sentía estrellarse contra su piel la erección del pelirrojo. De pronto Ron dejó de besarla, lamió su barbilla, su cuello. Se acercó peligrosamente a su oreja.

- Ven, vamos a mi habitación – susurró.

Ella lo siguió.