Entre mis Brazos

Acto cuatro

El Enlace.

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Misao no se sentía especialmente amable esa mañana. Realmente estaba frustrada… parecía que ese sentimiento lejos de atenuarse con los días que pasaban, aumentaba tanto que a pesar de su habitual amabilidad y buen humor, era notorio para quienes convivían con ella.

Claro… si recordaba muy bien… Aoshi orgulloso de que ella tuviera tan magníficas habilidades, instándola cada día a mejorar. "Ha nacido para esto", le decía a los demás Oniwabanshuus… y ellos le decían a Misao que sin duda era una chica adelantada, más que el común de los ninjas, mejor incluso que ellos si seguía practicando.

Y de qué le servía que la consideraran la mejor si no la dejaban demostrarlo.

Aoshi también le decía: "A la próxima misión te llevamos" y ella ilusionada entrenaba cada día con más ahínco que el anterior. Tenía una fuerza extraordinaria y unas habilidades sorprendentes. Su puntería era de la mejor y su mente ágil.

Pero de qué le servía ser la mejor si al final siempre la obviaban de las misiones.

Ya tenía dieciséis años. Podía perfectamente trabajar en una misión. Pero al final acababa en Aoiya sirviendo platos y preparando habitaciones. No es que no fuera feliz en Aoiya realizando esas ocupaciones. Pero se decía que para qué tanto entrenamiento si no la consideraban.

"¿Para qué demonios Aoshi me entrenó tanto?... mejor me hubiera permitido llevar una vida como cualquier otra chica si nunca me iba a necesitar."

Misao sin duda estaba, además de frustrada, dolida. Apenas había ido a la escuela, porque inició su entrenamiento desde pequeña. Y ella, eficientemente, había priorizado su entrenamiento a las amistades. Se quedaba con Hannya, Beshimi, Hyotoko o Shikijo entrenando, siendo observada por Aoshi que la felicitaba al final de cada sesión. "Cuando crezcas, te llevaremos con nosotros" le prometía.

"En cuanto cumplas los quince años te llevaremos" le dijo en varias ocasiones.

Misao había esperado pacientemente. Tenía ya un sentido del oído muy desarrollado y podía andar con sigilo por cualquier parte. Su cuerpo era ligero y elástico… sin duda tenía madera de ser la mejor.

Y asi esperó un año… y luego otro.

Y ahora… el muy cretino se iba tan tranquilo, diciendo: "Misao se queda con Okina".

Ya estaba harta de eso…

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Kaoru despertó. Hacía frío, sin duda… pero no estaba tan mal. Finalmente, a un mes de haber llegado a Aoiya, le habían quitado el cabestrillo.

La chica extendió su mano izquierda. La movió y la observó fascinada. Finalmente podía volver a moverla. ¡Estaba muy contenta por eso! Aún le dolía un poco, pero ¡su brazo estaba liberado!

Se levantó y buscó las vendas que le dejó el médico. Tendría que usarlas durante algún tiempo más y no forzar su extremidad.

Salió al pasillo, contenta, vestida con la yukata y algo abrigador encima. Se dirigió a la habitación de Kenshin… el día anterior él había estado ayudando a acarrear alimentos para la despensa de Aoiya y había terminado muy cansado, durmiéndose casi inmediatamente. El médico los había visitado en la noche y Kaoru aún no le enseñaba su brazo a Kenshin. Pero eso estaba a punto de resolverlo.

Si tenía suerte, Kenshin aún no se habría levantado. Cada seis días Kenshin se levantaba más tarde de lo habitual, pues asi había convenido con Okina que ese día preparaba los desayunos de todos.

Llamó y al no recibir respuesta, corrió la puerta despacio. Ahí estaba Kenshin, dormitando. Tenía su espada al lado, pero ella no le tenía miedo.

Se acercó conteniendo una risa suave, para no despertarlo aún. Y se lo quedó mirando.

Kenshin… su amigo mayor. Se preocupaba mucho de ella, era atento y respetuoso. Siempre le brindaba su abrazo protector y la dejaba desahogarse cuando ella sentía deseos de llorar largo rato por sus padres y todo lo sucedido. No le recriminaba el ser una llorona como a veces lo hacía Misao. Solo le acariciaba el cabello y le decía que al final todo estaría bien.

Una de las manos de Kenshin salió fuera del futón y Kaoru la tomó. Estaba calentita y Kaoru la llevó hasta su rostro para sentir esa calidez más de cerca. Observó a Kenshin abrir los ojos al principio con urgencia, para posar la mirada un tanto extrañado de verla allí.

-Hola, señorita Kaoru.- le sonrió.

Kaoru soltó la mano del hombre un tanto avergonzada. Pero luego le sonrió también y le enseñó su brazo libre. Kenshin enseguida comprendió.

-Anoche el médico le sacó el cabestrillo, ¿no?-

Kaoru asintió. Movió sus brazos hacia delante y hacia los lados, tomando aire y cerrando los ojos. Kenshin hasta el momento no la había visto tan feliz y se alegró por eso.

Significaba que Kaoru ya estaba en condiciones físicas de volver a Tokio.

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Misao estaba planificando algo como un escape cuando la llamaron a desayunar. Bajó para encontrarse con sus amigos habituales y con una sonriente Kaoru.

-Esto tenemos que celebrarlo. ¿Qué tal un paseo por el pabellón de Oro esta tarde?- dijo la joven de ojos verdes especialmente animosa. Sus amigos la apoyaron.

-Preparemos todo. A pesar del frío ha salido el sol… tendremos un día bonito y hay que aprovecharlo.- dijo animada Okón.

Más tarde, Misao se decidía a sacar algo de unos muebles que tenía.

-Mira, Kaoru… como hoy es un día especial para ti, te pondrás algo especial. Lo traje de Tokio, sin que te dieras cuenta.- la joven sacaba un kimono y el obi, además de los lazos que ocupaba, para su prima. Eran de Kaoru, pero con un brazo inmovilizado, Kaoru había optado por vestir hakamas y gis. También usaba mucho la yukata… menos difíciles de vestir.

Kaoru permitió que Misao la ayudara a vestir. Era complicado para ella sola hacerlo. Siempre se ayudaban con su madre a poner el vestuario diario y a Kaoru de momento se le hizo un nudo en la garganta al evocar a su amable madre. Pero trató de contenerse.

Primero Misao le colocó una suerte de "kimono interior" sobre su ropa íntima. Luego de anudarlo adecuadamente en la cintura, procedió a ponerle el kimono a Kaoru. Lo acomodó, dejándolo bien cerrado adelante por el frío y lo anudó en la cintura. Tuvo que acomodarlo nuevamente, formando un pliegue que caía sobre el nudo de la cintura para que diera la impresión de que Kaoru llevaba una suerte de blusa sobre una falda.

Posteriormente tomó un trozo de tela enorme, el obi, y lo colocó en torno a la cintura delgada de su prima. Lo fijó en la espalda haciendo un primer lazo en ella y sobre este obi, anudó un par de cintas especiales en la parte delantera del traje. Cuando estuvieron esos nudos listos, Misao hizo una bella rosa en la espalda de Kaoru con la cinta del obi restante. Después se preocupó de peinar a la chica y Misao bromeaba con que Kaoru era una muñeca de tamaño natural.

Kaoru ayudó después a Misao a ponerse también un kimono.

Las dos jóvenes bajaron al primer piso donde los demás esperaban. Las exclamaciones de admiración por parte de Okina, Kuro y Shiro no se hicieron esperar. Kenshin sólo las contemplaba… Kaoru se puso un poco nerviosa con tanto halago, más al notar las miradas brillantes de los ninjas. También fue conciente de la mirada de admiración del pelirrojo, pero esa no le molestaba en absoluto y le brindó una de sus sonrisas, acercándose a él.

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Fue esa noche cuando llegó una paloma mensajera proveniente de Tokio.

La carta era de Tae, sin duda.

La situación era delicada y es que se requería la presencia de Kaoru urgentemente en Tokio. Lo que sucedía era que… los parientes de Kaoru querían apropiarse del dojo.

"… tu primo Hiroshi dice que la propiedad le pertenece porque tú además de ser mujer, eres menor de edad y estás soltera. Que en ese caso, no vales como heredera y que en cambio se busca a un pariente varón para que tome posesión de la casa y administre tu herencia. Kaoru, creo que debes regresar enseguida y ver qué se puede hacer por recuperar tu casa." Decía la carta en alguna parte.

Después de haber comido deliciosamente y haber paseado por el bello Kyoto, la carta de Tae había sido como un balde de agua fría para Kaoru quien empezaba a odiar la codicia de la gente sobre su propiedad.

-¡No puede ser… maldito Hiroshi!- exclamó Misao cuando terminó de leer la nota que Kaoru le había alargado, pálida de la impresión y la tristeza. – El muy bastardo ni siquiera se apareció para ayudarte y ahora ¡Se quiere quedar tu casa! Okina, no puedo permitir esto. Me iré con Kaoru nuevamente a Tokio.-

Okina se pensó durante un rato lo que acontecía.

-Desgraciadamente lo que dice la carta es cierto… una mujer no puede heredar a menos que tenga su mayoría de edad o esté casada y es el caso de Kaoru. Si hubiera sido un chico, sin duda que no tendría este problema. O si Kojiro lo hubiese manifestado en un testamento, pero él no hizo nada de eso. Creo que debes volver a Tokio, Kaoru… y si se da el caso de que tengas que entregar tu casa, quiero que sepas que esta también es tu casa y puedes vivir con nosotros por siempre. Te queremos como a una más de la familia que hemos conformado y te recibiremos con los brazos abiertos.-

-¡Pero no es justo que le quiten lo suyo!- dijo Misao, asqueada con tanta injusticia.

-Aunque nos duela, así son las leyes- dijo Kuro, muy serio.

-Tendrás que entregar la casa… Kaoru… aquí somos tus amigos, puedes venirte con nosotros, como dice Okina.- reiteró Shiro.

Kenshin se mantenía al margen de la conversación, concentrado en Kaoru. Ella buscó su mano bajo la mesa. Estaba lívida, con los ojos brillantes conteniendo las lágrimas, mirando hacia el frente… él entonces sostuvo su mano y la apretó suavemente.

-Mañana acompañaré a la señorita Kaoru a Tokio a ver qué se puede hacer.- repuso Kenshin.- Pero creo que debemos tratar de hacer algo para que no pierda el hogar de sus padres. Misao, será bueno que nos acompañe.

La chica dijo que los acompañaba y se quedó mirando a Kenshin, porque algo se le estaba ocurriendo.

-¡Kaoru, cásate y así recuperas tu casa!- dijo Misao muy convencida. De pronto el silencio reinó en la habitación…

A Okina se le iluminaron los ojos.

-Claro que es una buena idea. Podría ser con Kuro o Shiro. Asi, después se separan y te dejan la casa. Sería un matrimonio por conveniencia… ¿verdad, chicos?-

Ni a Shiro ni a Kuro les hacía gracia casarse. Pero si podían luego separarse y además, hacerle un favor a Kaoru, mejor. Ellos no tenían interés en vivir siempre en Tokio.

Pero la chica sólo los miraba con los ojos muy abiertos.

Omasu, en tanto… pensó en un par de escenas que había visto por esos días en la cocina…

-Señor Himura… - empezó Omasu, atrayendo la atención sobre ella con su voz suave y pausada.- ¿Se casaría usted con Kaoru si fuera necesario? Tengo entendido que no tiene un hogar fijo y de momento, podría cuidar de ella. Sabemos que la quiere mucho y confiamos en usted. Claro… siempre que no tenga otros compromisos.-

Kaoru abrió la boca por la sorpresa y Kenshin también. Ella trató de retirar su mano de la del pelirrojo, pero él la sostuvo con más fuerza.

-Cuidaría de ella, pero es una decisión que sólo la señorita Kaoru puede tomar.-

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Tae recibió al trío de viajeros con una sonrisa. Les sirvió lo mejor del menú y a pesar de no conocer mucho a Kenshin, lo trató como a un amigo más.

-Hiroshi es un prepotente. Qué bueno que has regresado tan pronto, Kaoru, porque él ya se está instalando en tu casa. De hecho, vino esta mañana a exigirme las llaves. Le dije que las tenías tú y dijo que entraría de todas formas a "su" casa. Pero… ¿cómo lo harán para sacarlo?-

El doctor Genzai llegó rato después al Akabeko. Había estado reuniendo información sobre el estado de la propiedad de Kaoru. Le alegró mucho ver a la joven en tan buen estado físico y de vuelta en Tokio, aunque las circunstancias no fueran las mejores.

-Según lo que averigüé hoy, Hiroshi no puede tomar posesión del dojo… hasta dentro de tres días. Kaoru, a menos que fueras un hombre o estuvieras casada, esa casa podría seguir en tus manos, pero como no es asi, te quedan tres días más, según el cálculo que hice desde la muerte de tus padres hasta el día de hoy, para hacer algo al respecto.-

-¿Es decir… - intervino Tae- … le quedan tres días para sacar sus cosas de allí y buscar casa nueva?-

-Sí- sentenció el buen doctor. Misao no podía creerse lo que pasaba y no estaba dispuesta a hacerlo.

-Pero… ¿si Kaoru se casara?... ella podría recuperar su casa, ¿no?-

-Desde luego- dijo el médico. – incluso yo pensé en casarme con ella para que no perdiera su propiedad. Kaoru es como una nieta para mí y jamás la tocaría ni le haría daño- dijo el anciano sinceramente.- pero… me temo que mis buenas intenciones no sirven de mucho, porque… bueno… ayer me encontré con Hiroshi… está dispuesto a todo para quedarse con la propiedad y está bastante instruido sobre el tema. Aunque Kaoru se casara en estos días, él podría invalidar ese matrimonio y quedarse con la casa igual.-

Kenshin se estaba enfureciendo de veras con ese tal Hiroshi. No era posible que fuera tan miserable.

-Es cierto…- asintió Tae.- … si se comprueba que el hombre no ha tocado a Kaoru, Hiroshi podría invalidar el matrimonio en seis meses…-

Misao estaba confiando en que Kuro haría buena pareja con Kaoru como había sugerido Okina. Pero si la tenía que "tocar"… quizá Kaoru preferiría quedarse en la calle.

- … a menos que Kaoru pudiera quedar embarazada para comprobar que sí hubo intimidad.- terminó Tae.

Kaoru se tomaba la cabeza con ambas manos.

-Kaoru.- dijo el doctor.- Si te llegaras a quedar en la calle, en mi casa siempre habrá un sitio para ti. Más ahora que ha llegado una nueva asistente para mí de la que te podrías hacer amiga.-

Kaoru negó con la cabeza. Ella no quería vivir en Kyoto ni en una clínica. Ella quería vivir en su casa.

-Pero Kaoru querida – dijo Tae- no tienes con quien casarte y sólo te quedan tres días… -

Kaoru y Misao se miraron. Y en ese instante la joven ninja tuvo la certeza de que Kaoru si se casaba.

-Tal vez estés equivocada, Tae- dijo Misao enigmáticamente.

Kaoru tomó la manga de Kenshin y la tiró, como ya era su costumbre para llamar la atención del pelirrojo y buscó su mirada violeta. Éste la miró sin decir palabra alguna.

Y cuando le sonrió, Kaoru entendió que él se comprometía.

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Lo mejor de tener una red de información era que se podían hacer preparativos en cosa de días u horas. El hecho es que Misao, aprovechándose de eso, avisó a Kyoto lo del matrimonio y enseguida se puso en contacto con las personas adecuadas para llevar a cabo la celebración.

Fue asi como al segundo día de estar de vuelta en casa y de toparse con Hiroshi por los rincones del lugar, Kaoru estaba en condiciones de casarse con el rurouni Kenshin.

-¡Pero no puede ser, Kaoru!... ¡Qué no ves que este hombre se casa contigo sólo por tus bienes!- le había espetado Hiroshi cuando Misao y Kenshin le anunciaron lo del matrimonio.

"Como si tú no estuvieras interesado" pensó Kaoru.

-¡Tú no eres quién para hablar de moralidad aquí!- le rugió Misao a punto de saltarle encima y arrancarle los cabellos.- Kaoru se casa. Ha estado planificando hace semanas esta boda, desde antes de que sucediera la tragedia en este lugar. Kenshin la ama y ella lo ama… -mintió Misao.

Bueno, un poquito, aunque sin saberlo.

-Después de todo… - prosiguió Misao- él estuvo con ella durante su recuperación. Pregúntale al señor de la estación de trenes quién nos acompañó a Kyoto cuando nos fuimos. Puedes ir a Kyoto también y preguntarle a quienes quieras con quién la vieron en todo este tiempo. ¡Con Himura! –

Kaoru esbozaba una sonrisa y tomaba del brazo a Kenshin. Hasta se daba la maña de apoyar la cabeza sobre su hombro y suspirar un poco. Y Hiroshi la miraba con odio.

-¿Cómo es que no se me informó de esto antes?- dijo el hombre de cabellos y ojos negros, aunque innegablemente parecido a Kaoru. – Tae no me dijo nada, ni el médico.-

-Pedimos que se mantuviera en reserva. Como puedes ir tú mismo a comprobar, la fecha de boda estaba pedida ya para estos días.- siguió mintiendo Misao y bendiciendo a los Oniwabanshuu en su mente que preparaban todo en esos momentos con discreción y eficiencia para que todo lo que ella decía se pudiera "comprobar".- Asi que sólo nos queda invitarte para que disfrutes de la ceremonia.-

De más está decir que esa noche salió Hiroshi masticando su rabia. Regresó tarde, bebido y con ganas de importunar.

Kaoru dormía tranquila… Kenshin le había asegurado que en cuanto se casasen, verían el modo de buscar una solución que agradara más a Kaoru para quedarse con su hogar. Pero que mientras, él la cuidaría de todo.

Soñaba con su voz y su sonrisa cuando algo importunó su sueño. La arrancaron de la calidez de su cama y la zamarrearon.

-Claro que no te casssarás, primita… porque… porque antes tú y yo nos adelantaremos a la nosshe de bodas… jajaja… dudo que essse ssujeto quiera cassarse con la mujer que ha sido de otro…- dijo Hiroshi insolentemente, buscando el nudo del obi para desatarlo. Kaoru forcejeó y dio patadas.

Un kunai rasgó el aire, cerca del rostro de Hiroshi, para incrustarse en algún madero en la pared de la habitación.

-Suelta a mi prometida- dijo Kenshin por lo bajo, amenazante. Misao, delante de él, estaba lista para atacar nuevamente. Ambos habían dormido con la idea de proteger a Kaoru, alertas… y habían estado en lo cierto.

-Déjame probarla… - dijo Hiroshi cerca del cuello de Kaoru, listo para lamerlo. La punta de la espada de Kenshin de pronto estuvo semi enterrada en el cuello de él.

-Ni te atrevas. Será mi esposa… mi mujer… ¿entendiste?-

Hiroshi soltó a Kaoru al notar en los ojos de Kenshin la determinación de matarlo si era necesario. Kaoru, viéndose libre, corrió a los brazos de Misao. Respiraba fatigosamente y sus piernas casi no la sostenían.

Misao se la llevó de allí. Al baño… Kaoru necesitaba vomitar.

-Vete de aquí- le sugirió Kenshin, dándole la oportunidad de preservar su vida. Él estaba apenas conteniéndose ante Hiroshi y temía que el demonio fuera liberado si esa tensión proseguía.

Hiroshi finalmente salió rabioso. Cuando Kenshin estuvo seguro de que ya no importunaría, decidió montar guardia con Misao.

Pero Kaoru, ya recuperada, negaba con la cabeza. No quería que su amada prima ni su "prometido" pasaran mala noche por su causa. Hiroshi ya se había ido.

-Creo que sería bueno que durmiéramos, Himura- dijo Misao, captando la incomodidad de su prima.- yo puedo dormir aquí con ella y tú en la habitación del lado que usaba yo. Mañana será un día de mucho trabajo y preparativos y no creo que sea bueno que nos desvelemos. Además… ese imbécil se habrá ido bien asustado, ¿no?-

Pronto se acomodaron para descansar. Kaoru, antes de dormir… vio un resplandor dorado en los ojos de Kenshin, mientras recordaba lo sucedido…

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La ceremonia había sido sencilla y la fiesta prometía, si bien se debía guardar, dentro de todo, cierto recogimiento por los padres de Kaoru que ya no estaban. Después de que el matrimonio Himura rompió el barrilito de sake (costumbre japonesa que equivale a partir el pastel en las bodas occidentales), los amigos Oniwabanshuu de Kyoto, más Tae y el médico iniciaron las celebraciones del casamiento.

Kaoru había vestido el kimono blanco de su madre, como correspondía por tradición… Kenshin había usado unas ropas ceremoniales que le había conseguido Okina. Posterior a la ceremonia, Kaoru cambió su atuendo por un kimono rojo, especial para la fiesta. Mientras era ayudada por Tae y Misao a cambiarse, se permitió llorar un poco por sus padres, a quienes había extrañado tanto en ese día que se suponía, debía ser especial para ella.

Se sentía un tanto avergonzada con Kenshin. Él la ayudaba sin duda de manera desinteresada… quizá el tenía una mujer a quien amar en alguna parte y en cambio se ataba a una chiquilla.

Cuando firmó los papeles del matrimonio civil ese día, se dio cuenta de que Kenshin era mucho más viejo de lo que ella pensaba… tenía veintiocho años según los cálculos que hizo esa tarde al leer en alguna parte su fecha de nacimiento. Ella sabía que él había sido "Battousai", pero no le había dado importancia a calcular su edad y se había conformado con echarle veintitrés años como mucho. A los veintiocho años ya se tenía toda una vida, ¿no? Y de seguro algún amor. Seguramente si Kaoru hubiera seguido leyendo el papel de Kenshin que los Oniwabanshuu habían traído desde Kyoto, se habría enterado además de que Kenshin… era viudo.

La comida fue abundante y recibieron muchos regalos. Realmente parecía que todos los vecinos se habían tragado el cuento de que Kenshin y ella llevaban tiempo saliendo. Solo Tae, el médico y los Oniwabanshuu conocían la verdad.

Durante la noche todo se calmó y cada quien se retiró a sus hogares. Los amigos de Kyoto se acomodaron en las diversas habitaciones para descansar. Hiroshi se acomodó solo y enfadado en algún lugar de la casa y Kaoru… Kaoru veía nerviosa como Kenshin entraba con ella a su dormitorio.

La noche de bodas.

El pelirrojo le sonrió mientras entraba. Luego se ubicó tras un biombo y se cambió de atuendo, alistándose para dormir.

Un futón para dos personas había sido dispuesto en la habitación. Kaoru ignoraba quien lo había colocado. Como sea, ella estaba lista para dormir, asi que se acomodó entre las mantas.

Kenshin la siguió enseguida y se acomodó también. Notó cierta incomodidad en la mirada de su silenciosa compañera de vida desde ese momento.

-No le haré daño, señorita Kaoru. Es lo que he prometido. Pero… me temo que tendremos mañana que darle una mala impresión a su primo sobre lo que ha pasado entre nosotros esta noche.-

Kaoru se puso a temblar de nervios. Kenshin alargaba una mano hacia ella. Después de todo, pensaba Kaoru, él era su marido y ella no podía negarse…

Kenshin desató su trenza, extendiendo el cabello negro sobre la almohada y luego tomó las ropas de la joven, puestas cuidadosamente para que no se arrugaran detrás de la cabecera, y las arrojó con descuido al suelo.

-Así está mucho mejor. Ahora, señorita Kaoru… si no le molesta, creo que sería conveniente que me abrazara para dormir… le recomiendo también que se muerda un poco los labios… deben verse hinchados por la mañana-

Kaoru no entendía mucho, pero obedeció a Kenshin en tanto éste apagaba la luz. Posó la cabeza en el pecho masculino y rodeó su cintura con el brazo izquierdo. Sintió como el brazo de Kenshin rodeaba su espalda. Y como un beso se depositaba en su cabeza, cortesía de su esposo.

-Buenas noches, Kaoru-

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Estaba amaneciendo, sin duda. Kaoru estaba durmiendo cómoda y calentita, lo que se agradecía.

De pronto recordó que ahora era una mujer casada. Y sintió los brazos de Kenshin envolver su cuerpo. Sintió el aroma agradable de ese hombre y escuchó su respiración pausada. Él la cuidaba aún en sueños y ella se sintió tan protegida como cuando era niña.

Sintió los inconfundibles pasos de Hiroshi acercarse a la habitación. Kenshin abrió los ojos y miró a la joven.

-Cierre los ojos… y discúlpeme, Kaoru- dijo mientras le abría un poco la yukata y dejaba un hombro femenino al descubierto. Luego la volvió a abrazar y cerró los ojos. Casi de inmediato se abrió la puerta de la habitación.

Hiroshi, de pie en el umbral observaba. La ropa esparcida… la cama deshecha… era innegable lo que había sucedido entre esos dos durante la noche. Y si no, era cosa de mirarlos. El maldito Kenshin dormía con una sonrisa de satisfacción y Kaoru se adivinaba desnuda bajo las mantas, abrazada por él. Y el cabello de la chica estaba tan revuelto. El joven salió, cerrando la puerta con estruendo y tratando de hacer ruido al caminar, para molestar a quienes descansaban.

Kaoru abrió los ojos lentamente. Kenshin miraba hacia la puerta cerrada, divertido.

-Creo que se ha enfadado su primo, señorita Kaoru… oh!!... verdad que ahora es mi esposa y sonará extraño que la llame "señorita Kaoru". "Kaoru" bastará, ¿no?-

La joven asintió. Se apartó un poco de Kenshin, bostezando… sólo para acomodarse nuevamente y seguir durmiendo, aunque dándole la espalda.

El pelirrojo no se movió, permitiendo a la joven poner distancia como ella deseaba. Pero Kaoru pronto se acercó y Kenshin sintió como ella se amoldaba contra él, confiada.

La abrazó, innegablemente aturdido por la reacción de Kaoru. Y cerró los ojos concentrándose. No quería que ella descubriera que había encendido momentáneamente, una reacción hacia ella.

Algo muy parecido al deseo…

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Hiroshi salió ese día bastante enfadado. El matrimonio había sido legal y real… y estaba seguro de que en un tiempo más iba a ver a un pelirrojo en miniatura corriendo por ese dojo que él quería para él… para venderlo y obtener un buen dinero.

Si tan solo pudiera deshacerse de ese tipo.

Había oído rumores sobre un matón callejero. Si pudiera amedrentar a ese pelirrojo para que se apartara de Kaoru, sería ideal. Si lo mandaba a golpear y le ponía un par de amenazas, sin duda que Kenshin no volvería y él se quedaría con el bonito dojo.

¿Cómo se llamaba ese matón?

Zanza, según rumores.

Muy bien… contactaría con él. Y le pagaría por sus servicios.

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Misao se levantó temprano y le echó un ojo a la parejita de recién casados.

Abrió la puerta y observó. Casi enseguida la cerró, roja como el pelo de Himura. Y el corazón golpeteándole en el pecho.

Imposible… su abuelito Okina le había dicho que una mujer, cuando pasaba por lo que había pasado Kaoru, no se entregaba a ningún hombre. Por eso habían pensado al comienzo en casarla con un Onniwabanshuu amigo, para que no la tocara.

Pero este Himura…

No, no la había forzado. Ella dormía tranquila y él también. No había muestras de violencia ni nada parecido. Y se veían tan lindos.

¿Qué se sentiría que la abrazaran asi? Misao sintió algo en el pecho… nunca antes se había preguntado eso.

Pero recordaba la escena recién vista… debía ser hermoso que alguien la estrechara asi. Y de pronto Misao se descubría soñando despierta…

Con Aoshi.

Pero eso no podía ser. Él la había abandonado como un perro huérfano. No era justo con ella, ¡¡no lo era!!

Misao aspiró el muy fresco aire de la mañana. Kaoru estaba casada y todo iba aparentemente bien para su prima. Himura estaba a cargo y cualquier cosa, sus ninjas amigos de Kyoto estaban al pendiente de ella. Tae tenía otro par de palomas mensajeras…

La joven ninja entonces tomó la decisión de un acto que no había ejecutado antes por cuidar de Kaoru. Ya no esperaría más.

Buscaría a Aoshi, a Hannya, Beshimi, Shikijo y Hyotoko y se les uniría en la misión que tuvieran. Les demostraría que estaba tanto o más capacitada que ellos para cualquier cosa.

Misao sonrió con autosuficiencia. Partiría al día siguiente.

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Gohei levantó la cabeza con interés cuando alguien se apareció para visitarlo.

Hiroshi se acercó a la celda para conversar con el tipo responsable de la muerte de sus tíos Kojiro y Kaori. Supo un par de cosas interesantes y eso reafirmó su idea de contactar con el tal Zanza. Kihei, el hermano de Gohei, le dio pistas de cómo encontrar a ese matón.

Hiroshi salió al rato, bastante asqueado de la cárcel, pero muy contento y se encaminó hacia un barrio en especial.

Preguntando con disimulo por aquí y por acá, dio con un tipo que vestía chaqueta blanca y pantalones en el mismo color, con los bordes negros. Usaba una cinta roja en la cabeza… y medía casi dos metros.

Sin duda él sería capaz de acabar con Kenshin. Kenshin podría ser un excelente espadachín, pero… pero era un enano y nada podría hacer ante la innegable fuerza y altura de Zanza.

El joven Sanosuke (que era su nombre real) no estaba demasiado interesado en darle de golpes a ese tal "Kenshin". Sin embargo, cuando vio el dinero que Hiroshi estaba dispuesto a pagarle por sus… servicios, Zanza se lo pensó mejor.

-Como este es un trabajo profesional, señor Kamiya, le sugiero que me dé los datos de Kenshin y yo sabré encontrarlo y ejecutar mi trabajo. No es conveniente que se nos vea juntos de aquí en adelante. Si necesito algo, yo lo buscaré. Ahora, déme los datos de ese hombre.-

Zanza sólo deseaba darle de puñetazos al tal Kenshin y quizá romperle un buen par de huesos. Con tal paliza, seguro que ese tipo se alejaría y dejaría en paz a Hiroshi. Aunque a Zanza le daba igual si Kenshin era el bueno y Hiroshi el malo en esa historia. Él sólo quería pelear.

-Está bien… no le será demasiado difícil dar con Kenshin. Verá usted, Zanza. Kenshin es bajito, como de un metro con sesenta, como mucho… tiene el cabello largo y rojo, además de una cicatriz en forma de cruz en la mejilla izquierda.-

-Bah… pensé que me estaba ofreciendo un trabajo más interesante que darle de golpes a un enano.- dijo Zanza. – Eso será relativamente rápido para mí.- Terminó con cierta fanfarronería.

-Aún no termino, señor Zanza. Escúcheme… este sujeto sería realmente Battousai Himura… un patriota… - Hiroshi recordó que esos datos se lo aportaron los hermanos Hiruma en la cárcel.

Esa información hizo que los ojos de Zanza brillaran de algo entre furia y excitación.

-Será un placer ejecutar este trabajo para usted, señor Kamiya.-

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Kaoru se vistió y saludo a sus amigos en el comedor que la esperaban. Kenshin sirvió los desayunos como acostumbraba a hacer en Aoiya. Cuando le sirvió su bandeja a Kaoru, ella notó la alianza dorada en torno al dedo del pelirrojo…

Sintió como un cierto calor subía a sus mejillas cuando lo observó sonreírle. Omasu sólo los miraba con disimulo y cierta satisfacción… esperaba que todo fuera bien para Kaoru. Ella intuía que Kenshin era un hombre más que adecuado para hacerse cargo de ella. Y Omasu, rara vez erraba en sus juicios sobre las personas. Notó el tinte rojizo en las mejillas de la joven mientras miraba su pocillo con arroz y como seguía allí cuando Kenshin se sentó junto a ella y empezaron a comer.

Misao estaba tragando prácticamente su comida cuando dijo:

-Abuelito Okina, sé que parten de regreso a Kyoto. Quisiera quedarme un tiempo más con Kaoru. ¿Puedo permanecer aquí un mes, al menos? Kaoru aún tiene que cuidar de su brazo y yo quisiera ayudarla.-

Okina no puso reparo en ello si es que Kaoru no los tenía. Y desde luego que Misao fue aceptada en el nuevo hogar Himura.

-Está bien, Misao. Pero trata de mantenernos al tanto de lo que pase aquí con ese Hiroshi. No permitas que moleste a Kaoru.-

-Cuenta con eso, abuelito.-

Sin embargo, dos días después, Kaoru observaba estupefacta a Misao preparar un modesto equipaje ninja de viaje.

También Kenshin miraba a la joven, muy preocupado.

-No me parece correcto que le haya mentido a Okina sobre sus planes- dijo Kenshin.

-Vamos, Himura… tú eres más que suficiente para cuidar de Kaoru en estos días. Además, yo estaré al pendiente de ustedes. Pero necesito hacer esto… necesito demostrarle a Aoshi que soy capaz, como el mejor de los ninjas, de estar a su servicio. Y ya verás, la mejor manera de demostrarle eso es encontrándolo donde quiera que esté. Kaoru… tú me entiendes, ¿verdad? No es que no te quiera… pero yo necesito…-

Kaoru puso una mano sobre las de Misao, que terminaban de cerrar su bolso de viaje. Kaoru entonces se levantó y sacó de un mueble algo especial.

Una manta con capucha, de color blanco y los bordes rojos. Era muy bonita y Kaoru pensó que con eso Misao no sentiría frío durante su viaje. La colocó sobre los hombros de Misao y besó la frente de su prima.

Misao finalmente agradeció a Kaoru su comprensión. Y tomando el sendero, se encaminó hacia la carretera para iniciar sus pesquisas. Cuando Kaoru la vio desaparecer, se le vino a la mente que Misao era como el agua y que Aoshi era el mar. Y que sin importar cuántos atajos se le pusieran en el camino, el destino de Misao era encontrar a Aoshi, asi sea para decirle las verdades en su rostro o ya de plano para tener la satisfacción de haberlo logrado.

Kenshin entró a la casa y se dirigió a la cocina para calentar agua. Kaoru lo miró a su vez.

Ahora se quedaba a solas con él…

Quizá no fuera tan diferente de los días anteriores, ya que aún Hiroshi estaba instalado en la casa. Asi que seguiría durmiendo con Kenshin por las noches y esparciendo entre risas, antes de acostarse, la ropa por la habitación…

Tenía que estar casada con Kenshin durante medio año y quizá un poco más…

De pronto se le ocurrió que Kenshin también era como el agua y que ella era como un dique que le contenía de momento. Kenshin era un rurouni y ya antes le había dicho que algún día el retomaría su camino.

Apoyándose en el umbral de la puerta de la cocina, observándolo trabajar diligentemente, Kaoru deseó, momentáneamente, ser el mar en el que Kenshin acababa su viaje y no un simple retraso en su camino…

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Fin acto cuatro.

Enero 27, 2005

Notas de autora:

¡¡¡Hola!!!

Bueno, en el momento en que ustedes lean esto, yo seguiré sufriendo por la falta de internet.

Me ha sorprendido este episodio y lo que ha pasado en él. Como ven, ya apareció Sanosuke y Megumi, aunque aún no ha sido mencionada tan directamente. Retrasaré un poco la aparición de Yahiko, porque… mientras Kaoru no pueda hablar, le resultará imposible entrenarlo.

Hiroshi es sin duda el malo maloso de esta primera parte de mi fic. Y es que, basándose en el manga, tendremos saga de Kyoto y Jinchuu. Veremos también la suerte este nuevo matrimonio por "conveniencia" (jaja, seguro que eso ni ustedes se creen eso, ¿no?)

Misao ha iniciado su búsqueda de Aoshi. Oh, sí… me gusta esto de reescribir la historia… aunque a veces dudo de si estaré bien con las personalidades de los personajes. Sin duda la más cambiada es la de Kaoru, por motivos obvios. Sólo espero que en su evolución nos encontremos con la chica de la historia que tanto nos ha gustado antes.

Me gustaría contestar sus reviews, pero me quedé sin internet y perdí el documento donde los había guardado para responderlos. ¡¡Discúlpenme!!

Sobre Actuación si Libreto, Tsukio Hen, aun las tendré esperando un poco más. Quiero sacar adelante estas historias de "Misao, una chica en apuros" y "entre mis brazos". En Febrero les prometo que proseguiré con Actuación.

Blankaoru.