Capítulo 4: Noche de Luna Llena y tarde de confesiones.

Lily se adentró en la oscuridad del bosque. sabía que era peligroso, que corría el riesgo de ser castigada si la pillaba alguien del colegio, pero sentía algo que hacía mucho tiempo que no tenía: libertad. Cada paso que daba, ella sentía que era más libre, hasta el punto de perder la noción del tiempo. Y además, de eso, perdió la concentración, y en ningún momento notó que estaba siendo observada. Escondida, detrás de unos arbustos, un par de pequeños ojos muy juntos se abrían como platos. Atenta a los pasos que daba la pelirroja, la seguía silenciosamente, intentando no asustar a ningún animal que viviese por esos lares. En un determinado momento, se cansó de ver cómo Lily disfrutaba del reflejo de la luz de la luna en un charco cercano, y se fue corriendo. El animal, una cobaya o una rata, según se mirara, salió corriendo, adentrándose aún más en el bosque. Pero sabía qué camino debía tomar. Estaba asustado, pero suspiró de alivio al ver la cueva donde a veces dormitaba su... ¿manada? No, esa no era la palabra. Cuadrilla, mejor dicho.

Si una persona normal hubiese entrado en ese momento a la cueva, se hubiera sorprendido, con la imagen de un gran perro negro, haciendo equilibrio sobre sus dos patas traseras, y moviéndose de una forma, que se podría calificar de baile, mientras un ciervo hacía chocar sus astas contra las rocas a modo de ritmo musical. Entretanto, un lobo de aspecto feroz descansaba en una esquina, con los ojos semiabiertos, pero tranquilo. Todos los animales se pararon en seco al ver entrar a la rata, ya que ni se habían percatado de que faltaba: era tan miedosa que nunca iba sola a ninguna parte. No se sabe cómo la cuadrilla se entendía, ya que entre los ladridos del gran perro negro y los berridos del ciervo parecía haber comprensión. Parecía un concierto de gatos atormentados, un sonido que, en cualquier parte, sonaba a discusión. Fue entonces cuando la tranquilidad del lobo se esfumó. No hubo minutos de calma, ni siquiera hubo ningún movimiento que indicara que algo había cambiado dentro del ser, por lo que sus compañeros fueron pillados desprevenidos cuando el mitad lobo, mitad hombre, trotó hacia la oscuridad que albergaba el bosque. Sin pensarlo, los otros animales le siguieron.

Cuando Lily se cansó de admirar la luna llena, quiso volver a su habitación. Se sentía algo desorientada, y empezó a ponerse nerviosa.

"Tranquila, Lily", se dijo a sí misma. "Concéntrate, y piensa en el camino que has tomado antes".

Algo menos nerviosa, se dio la vuelta, y echó a andar. No había nada de lo que asustarse, o eso pensaba, antes de ver unos ojos amarillos que se acercaban. La figura a la que pertenecían esos ojos se hacía más y más clara, y Lily estaba tan aterrorizada que no podía ni gritar. A sus pulmones apenas llegaban aire, y vagos pensamientos rondaban su cabeza. Pensamientos de supervivencia.

"Lily, tienes que hacer algo. No puedes quedarte quieta mientras..." Otra figura irrumpió el pensamiento. Era ¿otro lobo? No, era un perro. Un perro grandote y que sacaba los dientes, gruñendo. Pero no a ella, sino al lobo. Aunque esto le extrañó a Lily, su instinto de supervivencia ganaba a la curiosidad: echó a correr tanto como sus pies le permitían, que, todo hay que decirlo, no era mucho, comparado con un lobo. Solo había una solución, y ella lo sabía. Se dio la vuelta, y vio que el lobo estaba pisándole los talones. Había algo en sus ojos que le decía que no era malo, pero eso es imperceptible cuando sus dientes están tan cerca de tu cuello. Fue en ese momento, cuando el perro negro se subió a la espalda del lobo, y el ciervo le embistiese con la cornamenta. Eso detuvo al lobo durante un tiempo suficiente, como para que, al volver la vista, no viesen a una chica corriendo, sino a una majestuosa yegua blanca con las crines del color del fuego. Algo hermoso que fue galopando hacia el colegio.

El perro se sintió tan atraído por semejante belleza, que fue detrás. Y cuando la yegua sintió que la perseguían, el coraje hizo que se encarara con su agresor, así que se dio esperando ver un lobo. Pero no era un lobo lo que había, sino el perro de antes. Un chucho enorme que la miraba extrañado. La yegua relinchó, y cerró los ojos, concentrándose. Al abrirlos, pudo ver el aura del perro, pero vio algo sospechoso: el aura del perro no era de un perro. Asustada ante tal hecho, relinchó de nuevo y más fuerte, saltando sobre sus patas traseras y volviendo a ir a la carrera, para librarse de aquel... ser.

Una vez llegó a su ventana, volvía a ser Lily. Y cuando llegó a su habitación, el cansancio pudo al miedo. Sin cambiarse de ropa, se quedó profundamente dormida sobre su cama.


A pesar del cansancio, fue la primera en levantarse de nuevo. Aprovechó el silencio y se dio una ducha, mientras pensaba en lo sucedido la noche anterior. Un perro que no era un perro, un lobo enorme en el Bosque Prohibido... demasiado para ella en el poco tiempo que llevaba en el colegio.

Al salir del baño, las chicas aún seguían dormidas. Cuando miró el reloj, vio que todavía no eran ni las siete, por lo que quiso aprovechar el tiempo leyendo algo. Se dio una vuelta por la estantería de libros de Annie, que era la más extensa del grupo, y eligió un libro al azar: El círculo de fuego.

Bajó a la sala común, y se sentó en uno de los sillones orejeros que había al lado de la chimenea. Realmente era muy cómodo y mullido, sería agradable dormir allí. Empezó a leer, pero no llegaría ni al segundo capítulo, ya que una voz detrás de ella hizo que se asustara:

-Buenos días, pelirroja

La joven miró a quién tenía detrás, y se fijó en sus ojos. Había algo familiar en ellos... ¿La esencia? No, era el aura... Un aura que había sentido anoche en ¿el perro? Volvió a mirar los ojos azules de Sirius Black, y cayó en la cuenta de todo: el pelo negro, un aura extraña, la incapacidad de comunicarse con su esencia... ¡un animago! La profundidad de esos ojos azules, ahora interrogantes, la desquició, gritando lo primero que se le pasó por la cabeza:

-¡Eras tú!

-Sí, Lily, la última vez que me miré en el espejo era yo, y te he dicho buenos días, creo recordar -replicó, antipático

-mmm... Buenos días, Sirius -por fin se relajó. Tenía que pensar fríamente su manera de actuar de ahora en adelante.

En ese instante sus miradas se volvieron a cruzar, y en ambas había entendimiento. Evocaban un recuerdo común: la aventura vivida en el bosque aquella noche. Ninguno quiso empezar la conversación, así que se quedaron unos cuantos minutos callados, hasta que por fin se decidió el chico a hablar:

-Tenemos que hablar de lo de anoche.

-¿Qué es lo que pasó anoche?-interrumpió un chico antes de que la pelirroja pudiese decir algo.

-Ah, buenos días Remus. -La seriedad se había esfumado al ver aparecer a su amigo. Volvió a ser el Sirius natural y bromista, y a Lily le asombró la capacidad del chico de camuflar los problemas.

-Si, buenos días Remus. ¿qué tal está tu abuela? -dijo con un tono poco creíble y mordaz ella.

-Bien, pero temen que recaiga, así que me darán permiso para visitarla ota vez el mes que viene.

-Ajá, claro -obviamente, Lily ya no se lo creía, haciendo que el rubio se sintiese sospechoso.

-Cambiando de tema, ¿Me vais a contar lo que pasó anoche? Eso si no es algo privado, claro.

-¿Desde cuándo mi vida es privada? Pues verás, anoche quedé con la pelirroja y nos liamos apasionadamente en un rincón entre el pasillo que va a Slytherin y las escaleras de la Torre de Astronomía -dijo guiñando el ojo

Ambas partes sabían que era mentira, pero eso no le quitaba la gracia a la declaración de Sirius. Antes de que dijera algo más, Lily se adelantó, se le acercó, y le susurró al oído:

-Está claro que no tengo más remedio que contaros la verdad, pero no quiero que las chicas se enteren de nada, sería ponerles en peligro por nuestros... asuntos. Nos reuniremos esta tarde, y confesaremos todos, para saber en qué nos estamos metiendo.

El chico solo asintió, y Lily salió de la Sala Común con la cabeza bien alta, dejando a Remus dudando, sin saber qué hacer, mientras Sirius asentía a lo que fuera que estuviese pasando por su cabeza en esos momentos.

-¿Sirius? ¿Qué es lo que te ha dicho?

-Que lo de anoche fue muy salvaje y que quiere repetir -respondió el otro sonriendo.


El día pasó sin más sobresaltos de los habituales, y Lily encontró algo de tiempo libre para ir a la biblioteca a rebuscar algunos libros interesantes. Encontró uno en una estantería bastante alta, e intentó alcanzarlo dando saltitos, olvidando que podía usar la magia para obtenerlo. Antes de que pudiese sacar su varita, una mano se lo alcanzó:

-¿Comunicación entre esencias XII? ¿No es algo... complicado?

-Gracias, Black.

-De nada. Vete a leer el libro.

Ella asintió y se sentó en una mesa cercana. Al abrir el libro, había una nota dentro: A las siete, en el aula que hay enfrente de la estatua de la bruja jorobada. SB

Se guardó la nota, y empezó a leer el libro. Quería acabarlo antes de que terminara la semana.

A las cinco de la tarde, llevaba ya más de la mitad, y le dolía la cabeza. Vio que los merodeadores estaban saliendo de la Sala Común, y ella quiso ir tras ellos, pero Holly se adelantó.

-Lily, ¿A dónde vas?

Viendo que se le había chafado el plan y que todavía quedaba dos horas para la reunión, se resignó y aceptó la compañía de su amiga. Al fin y al cabo, por muchos secretos que compartiera con los merodeadores, Holly seguiría siendo su amiga.

-Voy al Gran Comedor, tengo hambre y quiero ver si ha quedado algo de la comida. ¿Me acompañas?

-Claro, yo también tengo algo de hambre.

Lily sonrió. Era muy fácil ser amiga de Holly: sincera y directa, algo infantil, pero leal. Pasaron un buen rato hablando de sus familias y de su pasado, y averiguó que Sirius y Holly se conocían desde antes, pero desde que entraron en Hogwarts, no eran tan aamigos. Cuando se acercó la hora, se disculpó ante su amiga, diciendo que tenía que buscar algo en la biblioteca, y que se encontrarían más tarde en la Sala de Gryffindor. Ella aceptó, sin preguntas, supuso que su nueva amiga era casi Ravenclaw y le gustaba la compañía de los libros.

Por otro lado, Lily llegó al sitio diez minutos antes, llamó a la puerta pero nadie contestó. Entró y vio un aula, con una chimenea, y 4 sillones que parecían muy cómodos. Parecía una sala típica de reuniones, pero algo hizo que prefiriera salir y vagar por el pasillo. Cuando ya se hacía tarde y pensaba que no vendrían, la estatua de la bruja comenzó a moverse, despacio. Gritos venían de abajo, algo así como "Remus, pesas mucho", "No puedo mirar el mapa porque me estás mordisqueando el pie" y "Dejad de empujar que no puedo respirar". La entrada secreta se dejó al descubierto, y la cabeza de Remus apareció por ahí, mirando inseguro a los lados, y abriendo los ojos al ver que Lily le miraba, divertida.

-¡Lily! ¿Qué estás haciendo aquí?

-Esperando.

Alguien dio un empujón a Remus, que salió disparado al suelo, y la cabeza de Sirius fue la siguiente que asomó por la entrada.

-¡Lily! Llegas pronto. Uy, nos has descubierto esta entrada.

-Padfoot, ¿Qué hace ELLA aquí? -Parecía que James estaba al borde de un ataque de ira.

-No te enfades, Jamsie -soltó Sirius con voz empalagosa - Quedé con ella aquí para una tarde de confesiones.

-¿Una tarde de confesiones? -Exclamaron todos- ¿Por qué tenemos que confesar?

-Confesaremos todos, y ,ahora tooooodos pa' dentro, que la noche es larga - contestó Sirius. No podía negar que lo que les esperaba podía a llegar a ser, por lo menos, hilarante.

Pero sólo al entrar, surgió el problema de los sillones. Como los chicos se la habían adelantado, se sentaron ellos, sin contar que alguien se debía quedar de pie, que en este caso fue la chica. Remus, el más caballeroso de todos, le ofreció su asiento.

-Remus, no hace falta que me cedas tu sillón, en serio. Tu pareces muy cansado.

-Pero no creo que sea educado dejarte a ti de pie con cuatro chicos sentados cómodamente.

-Eso es verdad, -intervino James- ¡Peter! ¡Dale tu silllón a Lily!

-¿Yo? ¿Por qué? -lloriqueó el chico flacucho

-Venga James no seas tan malo con el pobre Peter. Hay una solución más fácil. Ven aquí, preciosa.

La chica fue hacia el sillón de Sirius, pero éste, en vez de levantarse para darle su asiento, alzó a Lily y la sentó sobre su regazo.

-¿Veis? Esta es una buena solución

Todos lo miraban frunciendo el ceño, sabiendo que Sirius no cambiaría nunca. El aludido, solo se relajó, y sonrió de forma infantil.

-¿Y ahora? ¿Quién empieza?

- Yo-dijo Remus- yo empiezo... a preguntar: ¿qué es lo que os pasó a noche? ¡Pregunta para Sirius y Lily!

-Eh, eh, no te emociones, que esto no es un concurso, Remus -contestó Sirius-

-Vale, pero contesta :)

Lily les empezó a relatar, desde el principio, su aventura en el bosque: sentirse libre, quedarse disfrutando de la visión de la luna llena en un charco... hasta que llegó a la parte en la que se encontró con un lobo:

-Y no... no era un lobo, ya que tenía un aura distorsionada... era una persona, un hombre-lobo. Y sé que era alguno de vosotros.

Remus se atragantó. Lily tenía el aspecto de ser confiable, pero no quería involucrar a nadie más con su estado... ya habían traspasado los límites sus amigos al permitir que estudiaran para transformarse en animagos. No sabía si tenía alguna otra opción, ya que culpar a Peter o a James de la licantropía no sería una opción viable. Suspiró, y se resignó, esperando que Lily no se asustara, pero también rogando que fuese una de esas personas que casi nunca había encontrado: alguien que no le tuviera asco al saber la verdad.

-Lily -preguntó con voz calmada, aunque temeroso por dentro- ¿no te importaría que alguno de nosotros fuera un hombre lobo?

-No negaré que siento algo de inseguridad al saber que no se puede controlar del todo, pero creo que vosotros cuatro, habéis hecho un gran trabajo de contención, sobre todo, después de ver lo bien que me protegisteis ayer.

-Otra pregunta. -intervino Sirius, curioso.

-Dime

-¿Qué es eso de las auras?

-El aura, Sirius. Es algo que tiene todo ser vivo. Hay gente que puede sentirlo, pero yo puedo verlo. Lo veo en todas las personas, y es el aura el que indica el estado de ánimo de cada uno. En los animales, el aura es increíble: permite una especie de comunicación entre dos auras.

-¿Hablar con los animales?

-Casi. Puedo comunicarme con ellos, darles órdenes, saber cómo se sienten, pero ahí interviene la esencia. Sirius, deja de tocarme el culo.

-¿Eh? No, estaba probando a ver eso de sentir el aura... bah, encima que soy un ejemplo de caballerosidad... ya me he cansado. Toma, James.

Se pone de pie, y sienta a Lily encima del regazo de James, para vergüenza de ambos.

-Bueno , sigue tú, Sirius.

-Si, bueno. Encontramos a Lily enfrente de Moony y Padfoot y yo nos pusimos delante, vi que Lily salía corriendo, pero volví a mirar y ya no la vi, solo a un caballo. Y padfoot salió corriendo detrás de ella.

-James, es que no sabes distinguir un caballo de una yegua?

-Si, pero da lo mismo.

-¿cómo que da lo mismo? Entonces que soy yo? ¿Un chico? ¿Tengo pene?

-No nos has dejado comprobarlo, Lily.

-¡Sirius!

-Vale, lo siento, Lily... sólo sugería una comprobación

-¿Entonces Lils, eres una animaga? ¿te puedes transformar en caba...digo yegua? -intervino Remus

-Sí, Remus, y vi que vosotros también lo sois. Si no me equivoco, Sirius es un perro y James es un ciervo, y Peter..?

-Una rata. Pero, dime, pelirroja, si puedes transformarte en caba...digo yegua, como pudiste escapar cuando te acorralé? Me dijiste algo que no entendí.

-Fue cuando intenté comunicarme con el aura del perro. Pero al no ser un perro de verdad, no me entendiste adecuadamente.

-¿Pero estás registrada como animaga?

-No, aunque lo saben Dumbledore y McGonagall. Es por mi propia seguridad, y nadie debe saber lo mío. Poder analizar auras y esencias debe permanecer en secreto.

-¿Por qué? -James ya se había metido de lleno en la historia de la pelirroja.

-James, si me hubierais escuchado el primer día, en la comida, lo sabríais.

-Remus y yo te escuchamos.

-La gente cree que es malo que en una familia haya squibs. Y tener squibs durante generaciones no hace que esa familia sea de muggles, ¿no? Por tanto, la magia tiene que estar en algún sitio, latente, esperando a salir. Como os dije, mi padre y mi hermana son squib. Y en mi familia no hay un Evans mago desde casi 50 años.

-Pero toda la magia que no salió, debe de salir,en algún momento, ¿verdad?

-Exacto, y mi madre es una bruja bastante fuerte, por lo que su unión con los Evans, provocó la salida toda la magia, en una persona, no dividida entre los herederos: mi hermana no recibió nada de magia, y yo me llevé la lotería de los poderes.

-Eso quiere decir, que la magia escondida 50 años, ¿la tienes tú?

-Sí

-Wow, ¡entonces eres una gran bruja!

-No es que sea una gran bruja, es que tengo... dones que pueden ser explotados para que pueda llegar a ser poderosa. Por eso vine a Hogwarts. Es el único lugar que me da la protección que ahora mismo necesito, además de darme los conocimientos para explorar las posibilidades que me da desarrollar los dones que me han dado.

-Espera, espera -paró Remus, pensativo - ¿Protección? ¿Contra quién?

-Contra Voldemort.

-¿Entonces a ti también te busca?

-¿Qué quieres decir que también a mí?

-Pues que a James, como heredero de Gryffindor que es, también lo busca.

-¿El heredero Gry? ¿Tú?

El joven asintió, pero enseguida cambió de tema. No le gustaba hablar de eso.

-¿Y por que te busca a ti Voldemort?

Ella se encogió de hombros.

-Gran acumulación de poder y de dones, supongo. Si yo soy fuerte, mis hijos lo serán. Hasta ahora no he sido un problema para él, pero en el momento que llegue a encontrármelo, únicamente tendré dos opciones.

-¿Cuáles?

-Luchar o darle un heredero Slytherin con gran poder.

-¡Eso es horrible!

-Por eso estoy aquí.Prefiero matarle, o matarme a mi misma antes que...bueno, ya sabéis. Creo que ya es tarde, me voy, chicos. James, gracias por cargar conmigo toda la conversación, y a ti Remus por cederme tu asiento antes. ¿Venís a la cena o más tarde?

-Iremos más tarde. Ve yendo tú. Gracias, Lily, por compartir tus secretos.

Ella sonrió y se fue. Ellos tenían que pensar, y ella también. Iba caminando por el pasillo en dirección al Gran comedor cuando de repente, vio a dos niños de 2º, jugando a un duelo de magos en pleno pasillo. "Estupidos chiquillos" pensó. Pero no dió tiempo a pensar más, porque un hechizo desviado la dio y chocó contra la pared, dandose un buen golpe en la cabeza y otro en el tobillo contra una estatua que había mal colocada en ese pasillo. Lo siguiente que vio fue todo negro.

N/A:Lo de siempre, ¡espero vuestros reviews!

Madrid, de sep del 2003 - Modificado el 10 de julio del 2010

Notas de la modificación: he leído y releído este fic, apuntando las modificaciones importantes. Si tenéis en mente la anterior versión, Lily podía ser animaga doble y hablar con los animales, hecho que ahora, visto desde lejos, me parece demasiado... "tópico y fantasioso". Así que busqué una explicación "mágica-lógica", y añadí el elemento del aura y las esencias, más interesante para mí.