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Star Trek Primes en el Tiempo

Por Ladygon

Primera Parte: En el universo no alterado

IV

Jim estaba oficialmente muerto, de eso hacían 75 años, pero en su interior algo le decía que estaba vivo. Durante todo este tiempo, Spock tenía el katra de su amado, para ser más exactos, la mitad de él, y este se lo había dado antes de que fuera al bautizo de la nave.

-Pero si no estarás solo. Estarás con el señor Chekov y el señor Scotty- le dijo Spock ese día.

-De todas formas quiero darte mi katra es más romántico, así me extrañarás más- respondió un travieso Jim.

-No es llegar y quitarte algo tan importante. Eso solo se hace cuando mueres para dejarla en el Arca Kátrica y tú no eres vulcano.

-Pero soy tu T'hy'la y eso es más que ser vulcano ¿Es correcto no?

-Uhm, afirmativo- dijo desganado.

-¿Y a qué viene ese "uhm"?- dice divertido Jim.

Spock suspiró notoriamente, y la sonrisa de Jim se amplió.

-Eres un chantajista- le dijo Spock.

-Un estratega- rectificó su pareja.

Spock obtuvo la mitad del katra de Jim hasta su regreso, pero esto no sucedió. El espacio se lo había llevado. Aun así, no estaba seguro de su muerte y vivía con la esperanza de un reencuentro.

El instinto del katra de Jim depositado en él, le decía que estaba vivo y esperando. Así que investigó la muerte de Jim y algo no encajaba, pero no tenía pruebas, solo ese instinto ilógico que lo confundía. Definitivamente, su Jim era la confusión encarnada.

James T. Kirk tenía una hermosa sepultura a los pies de una estatua en su nombre. No era la única estatua de él, ni el único lugar con su nombre grabado. Instituciones, calles y premios le rendían tributo. Sus hazañas eran recordadas a 75 años de su muerte y quizás pasarían siglos, recordándolas. Era un personaje legendario, ya lo era en vida, con más razón en su muerte.

Cada aniversario, Spock iba a esa tumba vacía, llenada solo con recuerdos y pertenencias. El aniversario, no de su desaparición, sino el de reconciliación, puesto que ni siquiera alcanzaron a casarse. Todo el mundo sabía que eran pareja, pero era como un secreto a voces. Así como todo el mundo también sabía, que era él quien dejaba esa rosa roja a los pies de la tumba. Siempre a la misma hora, permanecía la misma cantidad de tiempo, luego se iba hasta el próximo año como un reloj.

-¿Por qué no me sorprende encontrarte aquí?- le dijo un anciano McCoy.

Era el décimo aniversario. Diez años ya de su desaparición.

-Será porque me andaba buscando, doctor- respondió sin voltearse.

-Fue la única solución que me dejaste, ya que te escondes de mí.

Spock se volteó con lentitud.

-Yo no me escondo de usted. Mis ocupaciones me tienen alejado de la vida mundana- lo miró a los ojos.

-Si con "vida mundana" te refieres a los amigos, pues te diré que ninguna ocupación es excusa para eso- dijo con su acostumbrado mal humor- ¡Santo cielo, Spock! ¡Una llamada! ¡Qué cuesta una llamada! ¡Por amor de Dios!

Spock tuvo que disculparse y McCoy tuvo que perdonarlo. Lo buscaba por una razón importante:

-Toma- le entregó una caja sellada de laboratorio- es un suero regenerativo, he estado trabajando en él desde la primera vez que nos topamos con Khan. Todavía no está perfeccionado, así que no sé si funciona y no tengo más tiempo para trabajar en él. En cambio tú eres más longevo que yo, puede que lo logres. También hay unas llaves ahí de una bodega en donde encontrarás una cámara criogénica. Como doctor que soy, no pude resistirme a la tecnología del siglo XX de la nave de Khan. Me robé una cápsula y también la sangre del sicópata- comenzó a reírse.

-Podría usarla usted, ¿Por qué me las da a mí?

-¿Qué estás sordo o se te envejecieron las neuronas? No está terminado. No tengo ninguna seguridad si funcionará o no, pero puede que lo necesites cuando encuentres a Jim.

-Jim está muerto.

-Quizás, quizás no- dijo con seguridad- recuerda de quién hablamos. Él es capaz de engañar a la muerte si piensa que es injusta y lo ha sido, tú lo sabes mejor que nadie.

Spock afirmó con un movimiento de cabeza y luego dio las gracias a su amigo, quien tenía toda la razón del mundo comprobada después de 65 años de decirlo, gracias a una llamada del capitán Jean Luc Picard. Otro capitán de la Enterprise, lo llamaba a él mediante comunicación subespacial para informarle de la muerte de Kirk, esta vez comprobada.

Kirk muerto y enterrado en Veridian III había tenido su última aventura espacial. Resultaba que no estaba muerto como sospechaban, sino atrapado en una anomalía espacio temporal llamada Nexus, aquí los sueños se hacían realidad, y estuvo atrapado, 75 años, hasta que Picard lo convenció de ayudarlo a detener al Dr. Soran en su plan de lanzar un misil al sol de Veridian, que destruiría todo el sistema. Kirk lo detuvo, pero murió.

Spock sentía que el mundo se le derrumbaba, sin embargo, no se dejó vencer. Pidió al capitán Picard, ante el asombro de él, que fuera por el cuerpo de Jim y lo pusiera en animación suspendida hasta que él llegara, cosa que no tomó mucho tiempo. La rapidez de la nave de Spock y la Enterprise en camino de intercepción, lograron un encuentro muy eficiente.

-Nadie debe saber de esto- le dijo Spock a Picard- el capitán Kirk salió herido de Veridian III para quien pregunte.

Así estaba de seguro de que lo lograría. Picard asintió sin poder creerlo, pero mantuvo su palabra.

Spock se llevó el cuerpo a su nave, donde le dio un tratamiento previo y lo congeló en la cápsula criogénica. Lo llevo a Vulcano para finalizar el experimento. Había trabajado, incansablemente, en el suero del doctor McCoy. Si bien no lo podría reproducir, puesto que no tenía el componente principal que era la sangre de Khan, sí, tenía lo suficiente como para hacer el intento. Trató todo el asunto como el científico que era y no se dejó perturbar por los sentimientos que lo embargaban, pues podrían arriesgarlo todo.

El milagro se produjo. El cuerpo de Kirk volvió a la vida y se regeneró por completo, pero su mente, o su alma, estaba dañada. Spock decidió hacer el ritual del fal-tor-pan para devolverle su parte del katra. Una vez más, Jim tuvo razón en encomendarle parte de su katra antes de irse.

Ahora era el turno de él de sentir como se sintió el otro al estar frente a alguien que no lo reconocía. Era angustioso, decepcionante hasta que dijo su nombre.

-Spock, tu nombre es Spock.

El vulcano por fin pudo respirar cierta paz y alegría al escuchar esas palabras. Supo que Jim volvería a la normalidad, ¿cuándo?, eso no lo sabía. Solo esperaba que no fuera tanto tiempo como el costado por él.

Su Jim volvió a la vida, lo tenía de regreso ante él.

-Vendrás a vivir conmigo- le dijo.

-¿Por qué?- preguntó Jim confundido.

-Porque soy el único que puede ayudarte a recordar tu vida anterior.

-¿Qué? ¿Eso no debe suceder de a poco? Con el tiempo podré recordar, sin problemas, según dijo esa pequeña anciana.

-¿Te refieres a T'Pau?- abrió grande los ojos como si presenciara una herejía- Jim- dijo suspirando- te recomiendo que no le digas así a T'Pau.

-¿Te refieres a la pequeña anciana?

-¡Jim!- exclamó a modo de reto- no le digas así, ni tampoco a ningún vulcano lo trates con sobrenombres.

-Pero no son sobrenombres, solo estamos llamándolos como en verdad son ¿No es lógico? Creí que a los vulcanos le gustaba la lógica.

-Sí, nos gusta.

-Entonces, no entiendo cuál es el problema- dijo con los brazos estirados.

Spock volvió a suspirar, notoriamente, y Jim amplió su sonrisa. Al parecer algunas cosas no cambiaban, aunque uno de ellos estuviera desmemoriado. Sin querer, eso hizo feliz al vulcano y comprobó una vez más, lo enamorado que estaba de su T'hy'la.

Volvieron a la Tierra y alquilaron una casa en Riverside, Iowa, la tierra natal de Kirk. Pensó que era lo mejor para la memoria y para los vulcanianos ilustres de su planeta. Creó un programa de entrenamiento mental para Jim. Era tan riguroso, que el estudiante se le escapó a un bar. Lo encontró en una pelea de borrachos y perdiendo.

Spock se acercó sigiloso mientras golpeaban a su amado y aplicó su llave vulcaniana al enemigo. Jim casi lo golpea, creyendo que era su adversario.

-¡Spock!- abrió los brazos- ¡Haz venido por mí! ¡Cómo dudarlo!- le dijo con voz pastosa y llena de alegría.

Jim comenzó a caminar hacia él, pero se tropezó y cayó en sus brazos. No estaba tan golpeado, al parecer su contrincante era otro borracho con malos golpes.

-Ah, qué brazos más confortables. Oye, soy yo, ¿no es cierto? Ese tipo dijo que no era yo.

-Por supuesto eres tú. Eres James Tiberius Kirk.

-¿En serio es el capitán Kirk?- dijo la mesera con sorpresa- ¡pero si está muerto!

-¡No estoy muerto!, yo, soy yo- seguía el borracho- ¿no es cierto Spock?- en vez de salirse de sus brazos se pegaba más a él.

-Debemos irnos- dijo con voz seca.

-Ah, vamos, te invito un trago. No, mejor vamos a cenar. Te invito. Sirven unas hamburguesas aquí de miedo- insinuó con ojos empequeñecidos.

-Soy vegetariano.

-Bueno, una ensalada, ¿sirven ensalada?- Jim pregunta a la mesera.

-No, solo hamburguesas, papas fritas, huevos- le responde la chica.

-¡Papas fritas! Eso es vegetal, ¿no es cierto?, ¿o no? El pan también es vegetal… o lo hacen de vegetales. La hamburguesa se vuelve vegetal si le quitas la hamburguesa, digo, la carne…

-Jim, estás ebrio, mejor nos vamos a casa.

-Ah, vamos… no seas aburrido, pasamos en la casa estudiando sobre mi vida, la cual se supone debería vivir, no estudiar… ¿ves? Esto se llama "estudio de campo"- le sonrió- ¿por qué no hacemos estudio de campo sobre nosotros?- pasa su dedo por la cara de Spock- ¿Sí?- dice con insinuación frente a todos.

-Uhm, creo que esto debemos hablarlo primero- Spock lo toma del brazo y empuja hacia la salida.

-Espera, no iré contigo.

-Vendrás- se acercó a su oído- sino quieres que te lleve a la fuerza.

Jim se rió.

-Eso me gustaría verlo- sonrió con su sonrisa de borracho.

Spock no perdió tiempo. En un dos por tres, lo levantó como un saco de papas y se lo puso al hombro.

-¡Waaaaa!- gritó el saco de papas cuando se vio levantado.

-No te muevas o te caes- luego se dirigió a la mesera- lamento los inconvenientes, señorita, si hay algo que pagar…

-No, no se preocupe, vaya no más y cuide de su amigo, pero no vuelva por aquí- le dijo la chica.

Spock se dio la vuelta para salir del local mientras el tipo que llevaba en su hombro se despedía con la mano de la mesera.

-Chao, linda nos vemos luego- y desaparecieron del local.

El borracho llegó dormido a la casa y él tuvo que acostarlo. Solo pasaron dos días. A la segunda escapada, Spock logró interceptarlo casi al instante, pues le puso un transmisor para no perderlo de vista.

-No puedes ir al bar, le dije a la mesera que no irías más por allá- dijo el vulcano.

-Ah, vamos Spock, por favor. Tengo que salir de aquí. Necesito un descanso.

-Tomaste una siesta.

-Sí, pero necesito distraerme.

-Puedes ver una película o jugar conmigo al ajedrez tridimensional.

-No quiero nada de eso, quiero salir de la casa.

Spock lo quedó mirando.

-Está bien, iremos a cenar a un restaurante- solucionó Spock.

-No, no quiero salir contigo, quiero estar solo ¡Deja de sofocarme!- le gritó Jim.

Spock quedó de piedra.

-No sabía que te sentías así. Pudiste hablar conmigo de ese sentimiento. Soy tu amigo.

-No quiero que seas mi amigo- dijo Jim con seriedad.

-¿Cómo?- sintió el katra en sus pies.

-No, Spock, no entiendes. No quiero ser tu amigo. No quiero estar todo el tiempo cerca de ti. Me es muy difícil estar contigo.

Spock abrió la boca, luego la cerró, pensó que moriría en ese momento.

-Yo te…- siguió Jim, pero no fue escuchado.

La mente del vulcano se nubló y pronto ya no percibía el exterior.

-¡Spock! ¡Spock!- sintió que lo agitaban de los hombros- ¿No me escuchaste?

-¿Qué?- dijo todavía confundido.

-Te amo- la voz de Jim sonaba avergonzada.

Otra vez quedó sin habla. Debía estar soñando o algo así, porque esa conversación no tenía ninguna lógica ¿Jim lo amaba? ¿Cómo lo amaba si apenas lo recordaba? No sabía nada de él como su amigo o amante, ya que todavía no llegaba a esa lección (la cual sería la última). Solo le dijo que eran amigos y que le ayudaría a recordar ¿Jim lo amaba, pero no quiere estar cerca de él? ¿Qué significaba eso?

-No comprendo lo que me dices- fue la conclusión de Spock.

Jim soltó un suspiro.

-Olvídalo, solo olvídalo. Iré a tomarme unas copas y regresaré luego- se dispuso a marcharse.

-No- lo tomó del brazo y lo volteó de improviso.

-¿Spock?- Jim sintió nerviosismo al tenerlo tan cerca e inclinado.

Fue un beso. Uno muy dulce y exquisito que lo transportó a otra dimensión. Solo Dios sabía en cuántas dimensiones él había estado, pero en esta, era maravillosa. No quería salir de ahí. Quería permanecer en esos brazos para siempre.

Jim demoró varios segundos en abrir los ojos después de dejar el contacto con esa boca. Miró a Spock como hipnotizado.

-¿Has recordado?- preguntó Spock, conteniendo la respiración.

-No, pero siento que te amo, ¿no es suficiente?- preguntó preocupado Jim.

-Te equivocas. Tú eres mi amigo, mi hermano y mi amante. Eres mi T'hy'la.

Esa palabra los hizo estremecer.

-Te amo, mi ashayam, desde siempre- confesó Spock.

La sonrisa de Jim iluminó su corazón.

-¿No es increíble? No recuerdo nada de nosotros, y aun así, me enamoré, otra vez, de ti- Jim se lanzó a sus brazos- esto es demasiado increíble. No quiero que se termine.

-Yo tampoco- fue la respuesta sincera del vulcano.

Se volvieron a amar como en los días olvidados en el pasado. Estos pronto regresarían con esplendor, agregando más felicidad y dicha a la pareja. Incluso se casaron ante las leyes vulcanas y las humanas.

El tiempo pasaba sobre ellos como una tela delgada. Jim había dejado de envejecer producto del tratamiento para devolverlo a la vida. Spock envejecía con lentitud, con mucha lentitud. Este último, retomó su trabajo como embajador y con la memoria de Jim totalmente recuperada, todo estaba bien. Hasta que los romulanos llamaron.

Tenían problemas con una supernova, la cual amenazaba la destrucción de su planeta Rómulo.