.
.
.
»" V.M.P "«
.
.
.
Chapter 04
.
.
.
Cuando volví a recobrar la conciencia me encontré con el rostro preocupado de la mamá de Jackson, mientras está hacia todo lo posible para sacarme del lugar que se había convertido en mi salvación. No hizo preguntas, al igual que yo, por lo que cuando me subió a su auto y lo encendió le mencioné con voz ronca que no quería ir a mi casa. Había pasado el tiempo suficiente en ese hoyo, que el sol se había ocultado dejando que las tonalidades rosas, naranja y rojo abarcarán por completo el cielo en un pacífico y armonioso atardecer.
Los ojos me ardían por la cantidad de tierra que habían entrado en estos, dejándome en la seguridad que poseían un horrible tono rojizo por haber pasado horas llorando mientras suplicaba por mi salvación. Mi ropa se hallaba en su mayoría cubierta de mi sangre, haciendo que la sensación de esta sobre mi cuerpo se volviera pesada y asquerosa, pero no sentía el dolor de las heridas, no como antes cuando toda la adrelanila había desaparecido de mi sistema, tal vez era porque mi pierna había estado doliendo por cada movimiento inofensivo que pasado cierto tiempo se había convertido en mi anestesia por el constante dolor.
Me sentía agotada, tanto que ya no era siquiera capaz de escuchar el golpeteo de mi corazón contra mi pecho. Así que recargando mi cabeza contra la venta del copiloto, cerré los ojos confiando ciegamente en la mamá de mi mejor amigo, dejando que la canción que sonaba en la radio me hiciera sentir segura por el momento.
La oscuridad abarcaba por completo todo una vez llegamos al pueblo, por lo que cuando se estacionó afuera de su casa no proteste cuando me pidió que me quedara adentro del auto. Ya no me importaba, de cualquier manera me encontraba tan ida que había olvidado por completo de mi aspecto mi físico.
—Amu, ¿Qué mierda te ha pasado? —fue lo primero que menciono Jack apenas abrió la puerta donde me hallaba, por lo que esforzándome por tranquilizarlo intenté alzar las esquinas de la boca en un intento de sonrisa, el cual de seguro fue más bien una mueca deforme. —Realmente te vez mal.
Rode los ojos dejando que él me cargará entre sus brazos con delicadeza, apoyando mi cabeza contra la curvatura de su cuello y hombro, dejando mis brazos sobre mi regazo, sintiendome de repente tan adolorida que no tenía deseo de moverme ni un centímetro.
Una vez él entró a la casa me depósito sobre el sillón en una posición completamente incómoda, pero que evitaba que sintiera dolor en alguna parte.
—Hijo, ayúdame. Voy a meterla a bañar, así que si serías tan amable de llevarla hacia el baño te lo agradecería. —deje que me volviera a cargar, y pasará por la cocina hasta abrir con dificultad la puerta de vidrio que impedía el paso a las habitaciones, antes de ser ingresada al baño y colocada en el inodoro sentada, haciendo que una punzada de dolor me recorriera por toda la pierna hasta volverse más agudo en la cadera dónde se perdía en adelante cualquier rastro de dolor y dejaba en clara transparencia el ardor que me provocan las infinitas heridas que tenía en la parte del torso al igual que los brazos, en los cuales de seguro quedaría alguna que otra cicatriz si veía de manera profunda las heridas de mis pálidos y delgados brazos dónde parecía más que la carne que tenía se pegaba a mi hueso otorgándole un aspecto enfermizo. —Bien, querido, te volveré a llamar cuando ocupe de tu ayuda de nuevo. Por ahora sal de la habitación que debo de ayudarla.
¿En qué ocupaba su ayuda?
Miré de manera detenida como me quitaba la ropa de manera delicada hasta dejarme en ropa interior, para luego ser tomada de la cintura y elevada levemente del suelo escuchando los leves quejidos por el esfuerzo que hacia lo más cercano que tenía a una madre, hasta ser colocada en la bañera que se hallaba llena hasta el tope de agua caliente que no hizo más que hacerme soltar un jadeo al sentir como el líquido hacia contacto con mis heridas, provocando que el ardor se intensificará un poco más.
—¿Qué pasó querida? —preguntó la castaña mientras quitaba la liga de mí cabello haciendo que este cayera de manera ligera sobre mis hombros hasta perderse en el agua. —¿Tiene algo que ver con qué no quieras regresar a casa?
Guarde silencio, pensando en que decirle. Pero la verdad es que todavía no me hallaba preparada para hablar sobre cómo Layad fue apuñalado enfrente de mis ojos múltiples veces, donde la que provocó el daño en él había tomado su lugar, y como es que hace poco habían vuelto a atentar contra mi vida otra vez. Las ganas de volver a asumir en el llanto se apoderaron de mí, por lo que baje mi vista de nuevo a la tina viendo cómo está se empezaba a pintar levemente de un color rojo provocado por la sangre.
Finalmente decidí encogerme de hombros en busca de qué quitará su mirada inquisitora de mí, lograndolo casi al instante. La escuché murmurar un par de cosas antes de que saliera de la habitación dejando la puerta abierta, suspiré y me permití sumergirme lo más posible en la tina, dejando que las preocupaciones se quedarán de lado por un momento y me concentrara en disfrutar lo máximo posible de la ducha.
Alrededor de media hora apareció Jackson con una toalla, estirandola en lo máximo hacia mi dirección mientras desviaba la mirada hacia otro lado. Por lo que dándome una idea de lo que quería que hiciera bote el tapón de la ducha y miré con atención como el agua desaparecía por el diminuto pozo a un lado de mi cadera. Alce mis brazos y permití que me envolviera con la toalla a mi alrededor para luego ser alzada otra vez de manera nucipal.
Una vez fui colocada sobre su cama deje que colocará una tunica azul sobre mí y procedí a quitarme la ropa interior una vez que nada de mí cuerpo quedará a la vista.
—¿Qué pasó? —cuestionó sentándose aún lado de mi, tomándome de la mano y obligandome a verlo a sus ojos. —No es normal que eso te pase. Sé que las cosas han estado un poco tensas entre nosotros dos desde aquel día, pero ocupas saber que no es bueno que trates así a tus sirvientes, Amu.
Una oleada de furia me golpeó por completo, haciendo que no pensara lo que estaba apunto de salir de los labios. Frunci mi ceño y lo mire con mi mejor cara de molestia.
—¿Y permitir que ellos me vuelvan a intentar matar? —ironice con la voz ronca, provocando que cada palabra causará un ardor injustificado en mis cuerdas vocales, casi como si la arañaran solo para provocarme más dolor del que ya sentía. —Layad probablemente está muerto, Jackson. Y eso puede ser mi culpa, pero eso no evitó que llevará tiempo buscándolo en varios hospitales, olvidando que esos estúpidos sirvientes buscaban mi muerte. —relate, dejando que el enojo se filtrara por cada una de mis palabras. Ignorando de pleno la expresión de asombró de mi amigo. —Y aún así tú me dices que debo de tener una buena actitud con esos dementes mal agradecidos. Se supone que tu eres mi amigo, el mio, no de ellos. Mi vida a sido un completo asco, tanto que el solo pensar en ti defendiendolos me enloquece. ¿Sabes porque siempre los trato mal? —tomo una bocada de aire, y me fuerzo en seguir hablando antes de que siquiera él logre procesar la pregunta. —Cuando era una niña me envenenaron con los alimentos, casi muero, pero por suerte Layad me salvó. Y por mi, solo gracias a mi existencia y mal comportamiento Layad puede estar ahora muerto, donde hasta en su último aliento me defiendo de lo que otros decían. Él único que siempre considere parte de mi familia, aunque a veces lo odiaba, fue él. Y ahora no lo tengo, no sé dónde está, me gustaría ayudarlo si sigue vivo u darle un entierro apropiado si es lo contrario. Ya no tengo nada. —puedo sentir como las lágrimas se acumulan, por lo que me obligó mirar hacia el techo y guardar silencio por unos momentos. Soy conciente que en varias palabras la voz se volvía temblorosa, pero que se que debo de seguir hablando, ocupo sacar todo para volver a ser la misma de antes. Quito las manos de Jackson y me envuelvo a mi misma con los brazos. —Ahora estoy sola en esa casa, donde todos atentan contra mi, donde ya no ahí nadie que me cuide y solo obtenga a un tío que no conozco gastando en todo lo que yo quiera, él cuál jamás está en casa ya que siempre viaja por el trabajo. ¿Y así quieres que sea amables con ellos, Jackson? No son lo que aparentan, mi vida no es lo que todos piensan.
A este punto ya no me importa mi orgullo, por lo cual no hago nada cuando las lágrimas se empiezan a deslizar por la cara, tampoco retengo el gemido que sale de imprevisto. Se que mi rostro en este momento tiene una expresión horriblemente lastimera, al mismo tiempo que soy conciente de la expresión tensa de Jack. Me castigo mentalmente por haber hablado dé más, pero ya no puedo hacer nada, he contando una parte de lo que me atormenta, una tan pequeña que provoca un sentimiento de culpa sobre el corazón.
Inicio a llorar a moco tendido apenas Jackson sale corriendo de la habitación con el rostro contraído en una expresión furiosa, pero no me importa. Oigo como la puerta principal se cierra de golpe para segundos después el motor del auto me haga saber que él se esta llendo, el sonido de las llantas chillando y desapareciendo es lo único que me confirman que no seré consolada por mí mejor amigo, si no más bien que he sido abandonada en mi estado más débil.
.
Es cuando paro de llorar que minutos después entra Olivia a mi habitación con un botiquín de primeros auxilios en sus manos. Se que está al tanto que estuve llorando y espero a que acabará para venir, al igual que veo la intriga por preguntarme a donde ha ido su hijo y agradezco enormemente que guarde silencio mientras me cura las heridas. Guardo mis protestas mordiendome el interior de la mejilla mientras observó como debes en cuando hace una mueca al ver una cortada profunda, no ocupo pensarlo mucho para saber que su cara toma esa expresión por el simple hecho de que ahí va a quedar una cicatriz pero es lo último que me importa por el momento.
—Dios mío. —murmulla una vez mueve mi pierna derecha, aquella que tanto dolor me provoca, y suelto un grito de lo más doloroso. Quiero llorar nuevamente y maldecir a todos cuando siento como la empieza a mover por todos lados. —Oh, esto no es nada bueno.
—¿Qué?
—Bueno, verás Amu. —empieza a decir mientras sus manos se mueven de manera nerviosa alzando mechones de cabello tras sus orejas. —Lo que tienes es algo así como cuando uno se tuerce el tobillo y se provoca un esguince, pero dependiendo el grado de este se trata.
—¿Así que usted dice que me lastime el tobillo? —cuestione, fijandome en como sus ojos se movían por todos lados.
—No. —mencionó después de unos segundos. —Mas bien, te hiciste daño cerca de la rodilla. Así que apenas llegué mi hijo nos iremos directo al hospital a hacerte algunos análisis. Espera aquí, iré a hacer unas llamadas.
La veo salir de la habitación apurada y oigo sus pasos constantes por el pasillo. Me dejó caer por completo sobre la cama y empiezo a ver con atención el enorme póster que ya hace en todo el techo. La imagen es atrayente y misteriosa, recuerdo haber ayudado a Jack a ponerla cuando veníamos de cumplir los nueve años, ninguno de los dos recordabamos de donde la habíamos sacado, pero si del motivo por el cual fue colocada ahí; para que su madre jamás se enterará de ella. Algo dentro de nosotros siempre nos grito que nadie aparte de nosotros debía de verla, así que la colocamos ahí, donde cada vez que nos acostaramos podríamos ver aquel bosque en la oscuridad. A decir verdad, la imagen no poseía nada más aparte de ello, pero aún así tenía algo que la volvía atrayente de una manera extraña.
«Observa en la esquina de abajo del lado derecho»
Mis ojos se movieron automáticamente ahí, pero solo había árboles, me concentre en ese solo lugar hasta que en medio de los árboles se hizo presente la silueta de una persona. Corte mi respiración al verlo, era un hombre, uno joven cabe aclarar, con el cabello castaño largo y alborotado hasta la frente, poseía unos atrayentes ojos esmeraldas tan afilados pero que aún así parecían amables y su color de piel parecía haber sido tocada por el sol múltiples veces. No podía permitirme parpadear, temía de lo que llegaría a pasar si lo hacia, tal vez desapareciera o simplemente seguiría allí.
«Él es el noble Souma. Último heredero de la dinastía.»
Es demasiado tarde para impedirlo, mis párpados se cierran con fuerza apenas el recuerdo de donde había escuchando ese nombre por primera vez se repetía en mi mente casi como si me obligará a resolver algo que no es de mi incumbencia. Puedo ver y escuchar claramente como Madam apuñala a Layad mientras menciona lo de las casas nobles, Souma es una de ellas.
El sonido de una ambulancia afuera de la casa es lo único que me obliga a no volver a llevar mi vista al frente. No deseo ver otra vez aquel póster, no hasta que el suceso quedé en un lugar lejano en mi mente.
Cuando abro de nueva cuenta los ojos, puede visualizar como se asoma la mamá de Jackson por uno de los marcos de la puerta que no ha sido cerrada en ningún momento. Observo como la culpa se delata en sus pupilas mientras una sonrisa abarca su rostro.
—No he podido localizar a Jack, así que llame a la ambulancia del hospital en el que trabajo. —camina hacia mi mientras talla sus manos contra la falda de su vestido. —Nos llevarán halla, pero, para poder hacer eso, tuve que comunicarme con tu familiar. La verdad, no se con quién hable, pero supongo que la información es correcta ya que Layad me la pasó en caso de que él no estuviera cerca. —me siento sobre el colchón para facilitar las cosas al momento de que ella me cargué. —Así que lo lamento por haber llamado sin tu permiso.
Niego con la cabeza, mientras soy elevada y la oigo pujar en cada tres pasos que da. Puedo darme una idea de quién es el número, pero aún así no puedo evitar temer. No recuerdo haber convivido con mi tío alguna vez en todo este periodo de tiempo, así que no sabré quién es aunque me hable y eso solo me provoca ganas de llorar, porque la familia de Jack no está al tanto de que no tengo padres y estoy bajo el cargo de un pariente con el que jamás he convivido. Rezo internamente a cualquier Dios con la intención de que no se presente mi tutor, sé que lo más probable es que esté muy lejos del pueblo, tal vez se halle en otro país haciendo negocios como siempre. Así que me obligó a respirar y a no olvidar eso.
Cierto, tal vez él solo mandé dinero como siempre.
.
.
.
»"V.M.P"«
.
.
.
