Dedicado con especial cariño a HoennMalfoy.


Once años


Cuando cumple once años, Neville Longbottom aprende que por más que las probabilidades jueguen en su contra, siempre existe alguna vía alternativa para cambia la realidad. Tal es su caso cuando se despierta con el leve picoteo de una lechuza en su ventana. La misma porta una carta que lleva su nombre y donde habla de su plaza disponible en Hogwarts para aprender magia. La sorpresa de Neville es mayúscula y la de su abuela Augusta aún más.

Pronto se suscitan las compras en el Callejón Diagon. Y, antes de que pueda ser conciente del tiempo, el primero de septiembre está golpeando a su puerta. Toma su baúl preparado con la ayuda de la tía Cass y se ponen en camino a la estación de trenes. Las personas se derraman por los andenes como los afluentes de un río, moviéndose con rapidez para llegar a su destino y despidiendo algún que otro ser querido.

«La tía Cass se equivoca, no puedo ir a Gryffindor porque no soy valiente. Tengo miedo de atravesar la pared de ladrillo —piensa Neville dubitativo. La verdad es que le aterra la posibilidad de darse de lleno. Su abuela coloca sus manos en el carrito y le ayuda a empujarlo hasta la pared. Y, por alguna extraña razón, Neville se siente más seguro con ese gesto—. Solamente tengo que cerrar los ojos.»

Lo primero que le sorprende es la cantidad de personas que allí se encuentran; lo segundo es el gran número de niños que abrazan a sus padres como despedida. No puede evitar sentir un aguijonazo de envidia porque él no tiene a sus padres para que le digan te vamos a extrañar.

Desde que tiene memoria Neville se pregunta dónde están sus padres y por qué razón no están con él, compartiendo cada uno de los momentos de su vida, dándole un abrazo antes de dormir o besándole la frente cuando se raspa las rodillas. La abuela Augusta dice que están en un lugar donde no pueden ir los niños y que ellos hicieron algo muy pero muy valiente. Pero Neville siempre reflexiona: si hicieron algo valiente, ¿por qué están en un lugar que no pueden tener la visita de su hijo?

—Quiero tener a mis padres.

—Tus padres son unos héroes, Neville. Unos verdaderos héroes. Díselo a tus compañeros de casa cuando te pregunten por qué no vives con tus padres —le dice Augusta—. Ahora tienes once años y puedes asimilar mejor la realidad. Cuando vuelvas de Hogwarts, tú y yo visitaremos a tus padres.

Es una promesa.