CAPÍTULO 4

A la mañana siguiente todos comenzaron con la rutina escolar: alumnos corriendo, algunos maldiciendo a los maestros, por dejarles tanta tarea desde el primer día, otros con sueño, los profesores se volvieron muy estrictos. Pero sin duda esperaban con ansia su clase de Pociones, no porque fuera su asignatura favorita, sino porque deseaban conocer a Charlotte, que no se apareció por el comedor los primeros días.

La clase que tendrían juntos Charlotte y Snape, sería con los alumnos de sexto grado: Potter, Granger, Weasley, Malfoy, Goyle…la mayoría de Gryffindor y Slytherin.

Snape ya estaba ahí, pero no Charlotte, que había ido por el material de las prácticas.

El profesor daba las instrucciones, cuando la profesora adjunta entró a la mazmorra. Ignorando a Snape, la clase volvió la vista a la mujer, a varios chicos les brillaron los ojos, a alguno se le escapo un -¡guau!, ¡por fin una maestra bonita!

El profesor gritó: -¡Weasley, cállese o lo castigaré!

Charlotte llevaba una capa verde esmeralda, debajo un vestido negro, bastante entallado, su cabello recogido en una trenza con un elaborado y fino broche del mismo tono que la capa, usaba poco maquillaje, pero compensaba esa falta con la gran cantidad de joyas que lucían sus blancas manos y su cuello.

Los jóvenes comenzaron a preparar sus pociones. Snape se sentó en su escritorio y tomó algunas notas, Charlotte paseaba entre las mesas para verificar el trabajo de los estudiantes, que no dejaban de mirarla a escondidas, las chicas odiaron su presencia, menos una: Hermione Granger, a ella le agradó a pesar de que Ron y Harry estaban embobados con ella. Cuando la profesora se acercó a su lugar la chica preguntó: -¿Profesora, cuándo sabremos qué alumnos tomaran las clases de regularización?- Charlotte echó un vistazo al caldero de Hermione del cual brotaban chispitas azul brillante, tal como lo había explicado Snape. En tono amable le contestó: -al final de la clase, aunque no creo que tú tengas que asistir, porque has hecho una excelente poción-, la niña se sintió halagada, ya se le había olvidado el número de veces que su poción era perfecta y Snape ni siquiera lo notaba.

Pasada media hora el profesor se fue y Charlotte se quedó con los alumnos

-Bien, como ya saben, este año estaré ayudando en Pociones e impartiré la regularización, será un poco agotador, pero ya verán que lo disfrutaran. Voy a dejar pegada una lista para que sepan quiénes asistirán a regularización, los espero, no lleguen tarde. Salió.

Los alumnos consultaron la lista, esperando (en el caso de los hombres) ver su nombre escrito, algunos se desanimaron al no aparecer en la lista, pues con tal maestra pondrían toda su disposición para aprender.

Al día siguiente Charlotte llegó al aula de Pociones y al entrar tuvo una gran sorpresa ¡había más alumnos de los que esperaba!, prácticamente todos los alumnos que iban con Snape, a pesar de que no debían estar allí.

Ella rompió el silencio -¿qué hacen todos aquí?

Hermione tomó la palabra – Bueno yo tengo horas libres y si no hay inconveniente me gustaría mejorar mis pociones-

-¿Y los demás también tienen horas libres?

-Bueno-respondió una vocecilla dulce a la que no le importaba medir sus comentarios –creo que es claro que los hombres vienen por verla a usted, ya que es muy bonita-

El rostro de varios chicos enrojeció con las palabras de Luna Lovegood, otros se agacharon como si quisieran desaparecer del salón, las mujeres rieron por lo bajo al presenciar tan cómico momento y Charlotte simplemente contestó sin nerviosismo.

-Es destacable que se interesen por la clase de Pociones, pero no sé si sea posible que todos cursen la asignatura, tendré que hablar con el profesor Snape, por el momento hagan equipos de cuatro personas, elijan una poción del pizarrón y comiencen a elaborarla, mientras yo busco al profesor y le planteo la situación-