Día 5: Masajes
Pareja: Vegeta x Bulma, de Dragon Ball Z

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Vegeta permaneció más tiempo en la ducha de lo que solía estar. Hacía varios minutos que el sonido del agua había cesado.

En una mesa de la habitación, Bulma rayaba con veloces líneas del lápiz, el boceto de una idea que había llegado a su mente cuando estaba a punto de ponerse a dormir. Acariciaba su pie izquierdo contra la pata de la silla pues le llenaba de ansia poder dibujar la idea completa del dispositivo que vislumbraba en su pensamiento.

En la otra habitación escuchó a su marido dar vueltas por otros largos minutos. Los pasos y pucheros sonoros del sayayin le terminaron por colmar la paciencia al cabo de un tiempo prudencial… o no tanto.

—¡Ay, Vegeta! ¡No me dejas concentrar! —apretó el lápiz HB y giró su rostro molesto hacia la habitación.

—¿Qué! No estoy molestándote, mujer —respondió desde su lugar.

Ella chasqueó la lengua.

—Mejor duerme de una vez, voy en un momento. —Ella suspiró y continuó dibujando los detalles y especificaciones de su boceto. Y como había dicho, al terminar se dirigió a la habitación. Vegeta estaba acostado, de cara al cielo y con la ceja haciendo un gracioso tic. Bulma suprimió una risa.

Luces fuera. Antes de apagar la lámpara lo miró una última vez.

—Pareces incómodo, Vegeta ¿Sucede algo? —Ella se sentó, acomodándose en la cama.

Él continuó con los ojos cerrados y trató de arroparse mejor.

—No es nada.

—Vaya testarudo… No trates de hacerte el valiente incluso cuando duermes.

Él no respondió. Ella esperó durante un momento, así que como no hubo respuesta, apagó la lámpara y se acostó.
Otro momento de silencio pasó. Sabiendo que Bulma estaba aún despierta, esperando, Vegeta dijo:

—Es posible que yo haya hecho un mal movimiento mientras entrenaba… lo que es raro dada mi capacidad de concentración…

—Ajá —musitó Bulma. —Hasta un príncipe guerrero se distrae ¿No es cierto?

Él aceptó ese hecho en silencio.

—¿Qué te duele? —dijo Bulma, recostándose en dirección a Vegeta.

—¿Doler! ¡No dije que me doliera nada! —Él se sentó con ímpetu.

—Lo dijiste entre líneas —Bulma, divertida. Antes de que él se negara, dijo: —Vamos, dime que parte te duele.

No respondió.
Bulma se levantó y no se preocupó de encender la luz de la habitación para ir al armario y sacar un pote pequeño de ungüento. Regresó a la cama.
Fue entonces que Vegeta cedió.

—El hombro derecho, es esta parte —dijo, con la mano contraria tratando de indicar el área que conforma el omóplato.

En silencio acarició esa parte con su mano regando el ungüento. Vegeta no dijo nada, dejó que Bulma hiciera esas suaves caricias circulares en su cuerpo.
Presionaba sus músculos tierna y cuidadosamente.
Esa viscosidad generaba cierto calor. Él no notó el momento en que ella inició a vendar esa área, pasando parte de la venda a ambos lados del cuello para poder cubrir la parte masajeada.

Qué mujer tan atrevida..

Ella le dio un beso en los labios.

—No temas mostrarte así conmigo, Vegeta. Es cuando más te siento vivo.

Qué inusual. Ella, viéndolo vulnerable, no le hacía daño. Tan especial.

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