BUENAS NOCHES CHICAS, PUES YO AQUÍ TRABAJANDO A MARCHAS FORZADAS PARA TRAERLES LA ACTUALIZACIÓN.

DE VERDAD LES AGRADEZCO TODOS Y CADA UNO DE SUS COMENTARIOS QUE SON LOS QUE ME MOTIVAN PARA CONTINUAR.

DE VERDAD ESPERO QUE ESTÉN DISFRUTANDO DE ESTA HISTORIA TANTO COMO YO DISFRUTO ESCRIBIÉNDOLA.

NOS LEEMOS PRONTO.


VENGANZA

CAPÍTULO IV

Unos pequeños rayos de luz se colaron por las gruesas cortinas de la habitación y fueron a parar directamente a los párpados de Candy, que inmediatamente despertó al sentir que lastimaba sus ojos.

— ¡Candy! ¡despertaste! - dijo Paty con lágrimas en los ojos.

Candy la miró con la confusión reflejada en su mirada.

—¿Paty? ¿Pero qué… ? Preguntó Candy.

Lo último que recordaba era haber abierto la puerta y… ¡Oh, Dios! Aquello no podía ser verdad, tenía que ser parte de una terrible pesadilla… Terry no podía…

—¿dónde está Terry? - preguntó con cautela.

Paty bajó la mirada y Candy supo que algo no andaba bien.

Trató de incorporarse de la cama, pero sus fuerzas parecían haberla abandonado por completo.

—Candy, cariño, tienes que calmarte.

—Por favor Paty, tienes que decirme qué está pasando…

—No sé sí…

—Por favor, Paty, tengo que saberlo o si no me volveré loca…

Por unos segundos reinó un silencio casi sepulcral, y justo cuando Candy comenzaba a creer que Paty no diría nada, la castaña por fin habló.

—Hubo un… ataque sorpresa, la mayoría de los soldados ya estaban descansando... no fue culpa de nadie...

—Tiene que ser un error… Terry no puede estar…

Como pudo, Candy, se incorporó de la cama y con paso lento se dirigió a la sala, mientras Paty corría tras ella para evitar que se hiciera daño, cuando llegó allí, se encontró con Stear, el esposo de Paty y con aquel hombre que se había presentado como Thomas Stevenson.

En cuánto la vieron, ambos hombres se pusieron de pie.

-Candy... no deberías... -dijo Stear con la preocupación reflejada en el rostro.

-¡Por favor! dígame que no es cierto. -dijo Candy dirigiéndose al joven soldado.

—Lo siento mucho Señora yo… sé que no sirve de nada, pero... el capitán era un hombre muy valiente, de no ser por él, en éste momento quizá yo no estaría aquí…

Candy sintió que el aire se escapaba de sus pulmones, pero entonces se percató de que el joven cargaba en sus manos un paquete.

Al percatarse de la atenta mirada de Candy, el joven procedió a explicar.

—Éstas… son…

Pero Candy no necesitó ninguna explicación, pues entre todas esas cosas reconoció inmediatamente un relicario de oro que Terry llevaba siempre consigo, en el que guardaba las fotografías de sus padres.

Candy lo tomó entre sus manos temblorosas y al abrirlo, descubrió que una tercer fotografía había sido añadida… era una fotografía de ella misma.

Entre las pertenencias, estaba también una armónica de plata, y un libro forrado en cuero de color rojo que Candy conocía perfectamente bien… Eran las obras completas de Shakespeare, mismas que Terry solía leer para ella.

Candy solía decirle a modo de broma que había errado su profesión y que debía dedicarse al teatro.

—¿Cómo fue…? - preguntó Candy con la voz quebrada.

—Candy, no creo que sea buena idea que… - intervino Stear.

Pero en un acto de empatía hacía Candy, Thomas explicó.

—Hubo un ataque sorpresa a nuestra base…

El capitán se encontraba haciendo guardia cuando todo comenzó.

Él resto de la tropa salió inmediatamente con la intención de repeler el ataque, pero fue demasiado tarde…

Nuestros enemigos masacraron a nuestros compañeros y otros más fueron tomados como rehenes.

—¡Debe ser un error!… Tal... Tal vez Terry está entre los soldados prisioneros y aún…

Thomas negó con la cabeza.

—Lo lamento señora, pero yo… Yo vi su cuerpo. - dijo el joven, sintiéndose terriblemente mal por destrozar así las esperanzas de la bella mujer que tenía frente a él.

Candy sintió que el mundo se derrumbaba bajo sus pies, pero reuniendo toda su valentía dijo.

-entonces yo... quiero verlo…

—Lo lamento, pero eso es imposible.

—Seguramente habrá algo que podamos hacer. - dijo Stear, dispuesto a llegar a algún acuerdo.

—Lo lamento…

—No quisiera tener que recurrir a ésto, pero mi familia tiene grandes influencias en todo el país.

-dijo Candy con la voz más firme que pudo.

—Él soldado no se amedrento, ante tal comentario, pues no era la primera vez que alguien lo amenazaba de aquella manera, y casi siempre resultaba que sus amedrentadores no tenían influencia alguna.

—¿Y se puede saber quién es su familia? - dijo Thomas con un dejo de sarcasmo en su voz, y a punto de perder la paciencia.

—Puede usted ponerse en contacto con el señor George Johnson, abogado de la familia Andrew. - dijo Candy, extendiéndole una tarjeta.

Thomas palideció un poco.

Era bien sabido que los Andrew eran unas de las familias más ricas y poderosas de todo el país, y nadie quería ganarse su enemistad.

Thomas se aclaró la garganta.

—Veré que puedo hacer al respecto. - Ahora, si me disculpa…

En cuánto Thomas cruzó la puerta, Candy se derrumbó en el piso.

Un torrente de lágrimas corría por sus mejillas.

Mientras Paty la abrazaba y le acariciaba la espalda.

Candy se preguntó entonces qué había hecho para que la vida se ensañara con ella de la forma en que estaba haciéndolo.

Primero su padre, después su abuela y ahora… Ahora había perdido definitivamente al amor de su vida, se sentía tan sola en esos momentos que no tenía certeza de qué sería de su vida de ahora en adelante.

Paty permaneció al lado de Candy durante todo el día, y sólo cuando estuvo profundamente dormida fue capaz de volver a su casa.


A la mañana siguiente, Paty volvió al lado de Candy, pues sabía lo mucho que la rubia necesitaría de alguien que la acompañará.

Para su sorpresa, se encontró con que Candy no solo ya estaba despierta, si no que también había hecho toda la limpieza de la casa y ahora se encontraba en el jardín, encargándose del trabajo en la huerta.

—¿Pero qué crees que estás haciendo? - le dijo Paty.

—Sólo… Estoy tratando de continuar con mi vida… Es… eso es lo que se espera de mi ¿no?

—Candy… - dijo la castaña y la abrazó muy fuerte.

Al principio Candy se resistió, pero la calidez del abrazo de Paty hizo que de repente soltara todo lo que llevaba dentro.

Candy no supo por cuánto tiempo había llorado en los brazos de Paty, sólo supo que para cuando terminó, ya no le quedaban más lágrimas, o al menos eso deseaba pensar, porque allí, dónde se supone se encontraba su corazón, sólo había un inmenso hueco.

—¿Qué voy a hacer ahora? - dijo la rubia.

— Sé que será difícil, pero tienes que ser fuerte y vivir… vivir por éste pequeño que llevas en tu vientre.

Quizá yo no conocí a Terry, pero estoy segura de que a él no le gustaría verte hundida en la tristeza, él... querría que continuaras con tu vida y trataras de ser feliz.

Las palabras de Paty parecieron obrar magia en Candy… Sí, tenía que ser fuerte por su hijo, por el hijo de los dos, por esa pequeña semilla que había sido fruto del más grande amor.

Instintivamente acarició su vientre.

"todo estará bien mi amor, ya lo verás, te prometo que daré lo mejor de mí para que así sea".

Luego de esto, Candy y Paty entraron en la casa, dónde la castaña preparó un poco de té y unas tostadas para Candy.

—¿Y el pequeño Allístear? - preguntó Candy al notar la ausencia del hijo de Paty.

—Oh… Stear está cuidando bien de él.

Así, Paty pasó nuevamente toda la tarde con Candy, hasta que fue la propia Candy la que le aseguró que podía regresar a su casa con tranquilidad, pues ella trataría de estar bien.

No muy segura, Paty se despidió de su amiga.

Después de la marcha de Paty, Candy de dispuso a sacar las cosas que Thomas Stevenson le había entregado.

Antes no había tenido el valor para ver las cosas de Terry, pues secretamente esperaba que todo fuera parte de una confusión y que Terry cruzara en cualquier momento esa puerta diciéndole que todo estaría bien.

Pero sabía que sus esperanzas eran en vano, no había duda, las cosas esparcidas en la mesa eran propiedad de Terry.

Candy las guardó, y entonces escucho que llamaban a la puerta.

El terror se apoderó de ella, y por un momento pensó en no atender, pues últimamente solo recibía malas noticias.

Sin embargo, debido a la insistencia de su visitante, fue a atender.

—¿Qué haces aquí?

— Yo… Me enteré de lo sucedido y quise venir a ofrecer mis servicios…

—Te lo agradezco Neil, pero estoy muy bien… - dijo Candy.

—Insisto, sé de muy buena fuente que has tenido dificultades para que se te permita ver el cuerpo…

—¿Cómo sabes eso?

—Sabes muy bien lo que representa ser un Leagan Andrew… Siempre debes estar un paso adelante, y yo, pago muy bien para estar informado… y desde tu apresurado matrimonio, pocas cosas se me han escapado.

Candy frunció el ceño, realmente Neil no le inspiraba confianza alguna, sin embargo con George fuera de la ciudad, probablemente Neil era la única persona con contactos lo suficientemente poderosos como para lograr que le permitieran traer a Terry a casa…

—Está tarde me reuniré con el secretario de la corte y expondré tu caso. - dijo Neil, sabiendo que había ganado.

Candy sólo atinó a asentir.

—Me retiro entonces, fue la escueta despedida de Neil.

Durante el resto de la tarde no pudo concentrarse en nada más que no fuera tener noticias de Neil, pero no fue hasta la mañana siguiente que llamaron a su puerta.

Por unos segundos Candy pensó que se trataría de Neil, pero no era así.

Frente a ella se encontraba Thomas Stevenson.

—Disculpe que me presente sin previo aviso, pero he venido para llevarla a la base.

—Pero que…

—Lo siento, pensé que el señor Leagan se lo explicaría…

En ese momento el susodicho se hizo presente.

—disculpa la tardanza Candice, pero hubo algunos asuntos que requerían mi atención y que me impidieron venir antes.

Él señor Stevenson está aquí para escoltarnos a la base militar, allí se realizará un homenaje a los soldados caídos.

—¿cuándo podré traer aquí a Terry?

—Stevenson y Neil intercambiaron una mirada fugaz.

—Lo lamento señora pero será imposible trasladar el cuerpo del capitán aquí… por las condiciones en las que se encuentra el cuerpo, a lo sumo se le permitirá ver el féretro.

Candy iba a protestar, pero Neil puso una mano sobre su hombro.

—cálmate querida, ve a cambiarte, yo mismo me encargaré del asunto en cuanto estemos allá.

- dijo en voz baja.

Candy no tuvo más remedio que hacer lo que Neil decía.

Sólo esperaba que cumpliera su promesa, o ella buscaría otros medios para cumplir su objetivo.

Al llegar a la zona militar, Neil ayudó a Candy a bajar del carruaje, e inmediatamente la condujo entre la gente hasta que llegaron frente a un hombre que Candy jamás había visto en su vida.

—Señor secretario, Permítame presentarle a la señorita Andrew.

La señorita Andrew compartía un lazo con el capitán Baker, así que me preguntaba si pudiera hacer una excepción y permitir que ella vea el cuerpo…

—Lo lamento enserio, pero eso no es posible, ni siquiera tratándose de usted. - dijo el hombre mirando a Candy.

—Su señoría usted no lo entiende…

—Por supuesto que entiendo, pero no sé preocupe, alguien de tal belleza y de tan buena cuna, seguramente encontrará rápidamente a alguien que… Le ofrezca consuelo.

Ésto último lo dijo, dándole a Candy una mirada por demás lasciva, que la hizo estremecer.

Neil colocó su brazo sobre los hombros de ella.

—Vámos Candy, lo intentamos.

Candy se dejó llevar, pero en su fuero interno estaba fraguando un plan, pues no pensaba irse de ahí sin al menos ver a Terry una última vez.

Además, había una pequeña voz en su interior que le decía que Terry no estaba entre las víctimas de aquella lamentable tragedia.

Neil llevó a Candy lo más cerca posible del lugar dónde al menos diez féretros habían sido colocados.

Con la mirada buscó el que correspondía a Terry.

Toda esa situación le parecía tan irreal… Sin embargo se obligó a concentrarse.

Cálculo la distancia que tendría que recorrer antes de ser atrapada por los oficiales que custodiaban la zona.

En el momento culminante de la ceremonia, Candy vio su oportunidad.

Se safó del agarre de Neil y cruzo la zona a toda velocidad, hasta que alcanzó su objetivo.

En la confusión había ganado unos cuantos segundos de ventaja, sin embargo, al estar frente a la caja dudó unos instantes.

Su corazón palpitaba fuertemente, por el miedo que le producía enfrentarse a la verdad.

Reuniendo todo su valor, abrió la tapa del féretro, el hombre que yacía allí o tenía nada que ver con el Terry que ella adoraba, su piel se había tornado ligeramente violeta, y el rostro completamente desfigurado, al parecer por una gran quemadura.

No... aquel no podía ser el cuerpo de Terry... -se dijo, hasta que reparó en la sencilla alianza dorada que el hombre llevaba en el dedo anular derecho...

ya no habían dudas... aquel era realmente el cadáver de Terry...

La impresión fue tan fuerte que Candy cayó inmediatamente desmayada, y se hubiera hecho mucho daño de no ser porque en ese preciso momento Neil llegó para atraparla en sus brazos.


BUENO, PUES HASTA AQUÍ EL CAPÍTULO... REALMENTE LAS COSAS PINTAN COLOR HORMIGA PARA NUESTRA HERMOSA PAREJA, Y LAMENTO DECIRLES QUE LAS COSAS NO MEJORARAN PRONTO.

LO ÚNICO QUE PUEDO ADELANTARLES ES QUE TERRY NO ESTÁ MUERTO, A MÁS ADELANTE SE SABRÁ LO QUE SUCEDIÓ REALMENTE.