No soy dueña de Mai HIME/Mai Otome o cualquiera de sus personajes


Capitulo 3 – LUZ U OSCURIDAD.

Escucho una melodía que alguien silba en la oscuridad de mis sueños, escucho el crujir de las hojas secas al pasar por ellas; reconozco esa melodía pero no sé de donde, no era mi madre y tampoco mi padre; las pisadas cada vez se acercan más, creo que son dos sujetos y lo hacen con sumo cuidado, primero los sentí a mis espaldas, ahora parece que están frente a mí, se detienen; unos segundos después, lo único que veo son unos enormes colmillos que se dirigen directamente a mi rostro. En ese momento despierto de mi terrible pesadilla para encontrarme con otra; estoy en el suelo, cubierta de algo pegajoso y color marrón, lo tengo por todos lados, levanto la cabeza y enfoco mi vista para ver lo que me rodea y solo veo los cuerpos de unas personas, me levanto hasta quedar sobre mis rodillas y me doy cuenta de que son los mercenarios que había encontrado la noche anterior, están muertos, mejor dicho completamente destazados, están cubiertos por su propia sangre, partes por todos lados, por las marcas que tienen los cuerpos parece que una bestia lo hizo y no dejo a ninguno solo vivo, excepto a mí.

Me pongo de pie alarmada e intuitivamente comienzo a revisarme para que si no tengo ninguna herida y doy un suspiro de alivio al darme cuenta que la sangre en la que estoy bañada es de esos asesinos. Comienzo a temblar, el ambiente esta frio y una fina niebla se puede percibir, es normal en esta época del años; mi cabeza comienza a dar vueltas, debo irme antes de que alguien me vea y se le ocurra la tonta idea de que yo hice esa carnicería, debo lavarme, quitarme este desagradable olor, si mal no recuerdo, cerca del sendero corre un pequeño arrollo; el agua estará halada pero es mejor que andar con esta peste.

Llevo horas caminando, no se divisa ningún poblado cerca, no huelo leña quemándose en los hornos o el olor a estiércol de los establos, solo huelo la humedad en el aire y la tierra mojada, mi estomago gruñe, no sé cuantos días tengo sin comer, tengo sed, mis labios están partidos, tome algo de agua cuando me lave pero no tenía ningún recipiente en llevarme algo para el camino, debí tomar cosas del campamento de los asesinos, pero el simple hecho de volver me daba nauseas; hace kilómetros que el arroyo se alejo del sendero, ya no puedo escucharlo; mis pies se mueven por inercia, aunque no saben a dónde ir, no puedo dar un paso más, se me nubla la vista y mi cuerpo está muy pesado, tropiezo con una roca y caigo de bruces contra el húmedo y duro suelo, trato de levantarme pero las fuerzas me han abandonado, dejo que el cansancio se apodere de mi y quedo inconsciente.

Un compañía del ejercito real se aproxima con paso lento a la ubicación de la niña; el capitán logra divisar el cuerpo a la distancia y ordena el alto total y puesta en guardia, la compañía va resguardando un carruaje blindado con los emblemas reales en sus costados; cinco soldados son enviado a investigar de que se trata y si hay peligro en continuar.

En el interior del carro, una hermosa mujer de cabello negro sujeto por una larga trenza observa por las rendijas lo que sucede afuera, los hombres están en guardia, parece que algo ha acontecido más adelante. Los cinco hombres enviados se aproximan con cautela, creyendo que es alguna especie de emboscada, cuatro de ellos se colocan en los flancos mientras el quinto se agacha para observar al cuerpo, coloca una mano sobre su espalda y después de unos segundos siente el corazón latiendo y el subir y bajar de la espalda, con cuidado voltea a la niña boca arriba y revisa su pulso, es débil y necesita atención con urgencia, tiene magulladuras en la cara y se nota que no ha probado comida ni agua en lago tiempo, hace la seña a su capitán quien se aproxima para saber lo ocurrido. Es una situación riesgosa.

Pasan los minutos y la mujer comienza a desesperarse y decide descender de su carruaje.

- ¡Miladi no puede salir, es muy peligroso! –

- Tranquila Akane, no va a pasar nada, estamos en los campos reales, estamos seguras – la asistente se quedo inmóvil sin saber que contestar.

Los soldados al ver que la princesa bajaba del carro, hicieron una reverencia y se quedaron confundidos al no saber si obligar a su majestad a regresar a la seguridad del carruaje o hacer un cerco humano alrededor de ella.

El teniente de escuadrón se apresuró en su caballo a cortarle el paso a la princesa, desmonto y le hizo una reverencia.

- Su alteza no debió bajar del carro. –

- ¿Qué es lo que está pasando? ¿Por qué no nos movemos? Llevamos ya varios minutos y nadie me ha informado nada. –

- No es nada su majestad, solo un pequeño contratiempo, ya se están haciendo cargo de él –

- Sergei, eres pésimo mintiendo, sobre todo ante mí, ahora dime que sucede. –

El joven teniente odiaba que su cuerpo lo delatara, cuando mentía su ojo izquierdo temblaba; para la mirada inexperta era imperceptible, pero para la mirada analítica de su majestad era difícil no serlo.

- Hmm… parece que encontraron el cuerpo de una niña en el camino, pero le capitán se está encargando de revisar el área y de que… -

- ¡¿Una niña?! ¿está bien? ¡¿Por qué no me lo habían informado?! – princesa reprendió al teniente y se apresuro a llegar donde la infante.

- Yo… es que… - el joven se puso más nervioso de lo habitual y trato de seguirle el paso a la heredera, tratando de disculparse en el camino.

La mujer llego al lugar donde se encontraba el capitán y los demás soldados y se podía observar en su semblante su desaprobación ante tales acciones.

Kaiji Sakomizu, un hombre regordete y cabello afro, al servicio del rey, el capitán de la guardia real, un gran estratega y gran luchador; en sus tiempos jóvenes.

Al sentir los pasos acelerados de alguien, el capitán se da vuelta para recibir a la persona, sorprendiéndose al ver de quien se trataba.

- ¡princesa Saeko, pero que está haciendo, no debió salir del carruaje! – inmediatamente busca al teniente Sergei que tenia la tarea de custodiar a la princesa, quien no sabe donde esconder su cara.

- ¿Cómo está la niña? ¿se encuentra bien? – dijo esto mientras quitaba a los soldados de su camino y se acercaba a la niña.

- A simple vista parece que se desmayo de hambre, está muy delgada y pálida pero sería necesario que la examinara un medico para ver si no tiene alguna complicación.

Cuando la princesa si arrodillo frente a la niña y retiro unos mechones de cabello de su rostro, imágenes de un bebe recién nacido llorando y una persecución se presentaron ante sus ojos; sacudió su cabeza en un intento de borrar esas imágenes y sin pensarlo dos veces, tomo a la infante entre sus brazos y la llevó hasta el carruaje. – ¿y que estas esperando?, la niña necesita atención urgente. –

- Pero princesa, debemos asegurarnos que no sea alguna trampa, debemos inspeccionar el perímetro antes de proseguir. – le respondió el capitán.

- Tonterías, estamos en los campos reales, es muy poco probable que alguien se atreva a pisar estas tierras, así que regresemos inmediatamente al castillo, es una orden. –

El capitán no tuvo más remedio que obedecer, conocía a la princesa desde pequeña y sabía muy bien los momentos cuando estaba molesta, y ese era uno de esos momentos; ordeno a los soldados a regresar a sus puesto y reanudaron su recorrido a paso acelerado.

Veinte minutos después, arribaron al castillo, la princesa le dio órdenes precisas a su asistente Akane de que en cuanto bajaran del carruaje, llevaran a la niña a sus aposentos y fuera atendida por el médico real, sin que se enterara el rey, ya se ocuparía ella de su padre.

Al llegar el rey ya la estaba esperando; un hombre de complexión grande, de cabello negro con algunos tintes grises, señal de que el tiempo no pasa en vano; ojos marrones y una gran barba que portaba con orgullo, el gran Shin Kuga rey de las tierras del sur y protector del bosque negro y todo lo que en el habita y esconde.

El carruaje se detuvo en la entrada principal y un sirviente se apresuro abrir la puerta para ayudar a bajar su majestad la princesa Saeko.

- ¡Hija mía, por fin has regresado! – el rey se apresuro y abrazo a la joven efusivamente levantándola del suelo.

- Padre, es bueno volver a verte – lo decía mientras trataba de tomar aire; cuando su padre estaba contento a veces no media su fuerza – por favor padre… no respiro –

- ¡Lo siento querida, han sido dos largos meses que has estado fuera, me emocione un poco! – el rey se rascaba la nuca en señal de vergüenza y un pequeño sonrojo aparecía en sus mejillas.

Cuando decidieron entrar al castillo, el chofer llevo al carro a la parte trasera, donde están las caballerizas. Ahí y sin perder tiempo, su asistente bajo a la niña con sumo cuidado y la llevo lo más rápido que pudo a los aposentos de la princesa, inmediatamente después fue a buscar al médico de la corte, indicándole detalladamente las ordenes que su princesa había dado; nadie en el castillo se debía enterar del pequeño huésped que había traído consigo, en especial su padre.

Después de excusarse debidamente, la princesa fue directo a su habitación a checar a la niña.

- ¿Cómo esta doctor? ¿lo va a lograr? –

- Esta en un estado grave de deshidratación y desnutrición e indicios de hipotermia, pareciera que no ha comido en semanas, tuvo suerte que se encontraran con ella, si no, dudo que hubiera sobrevivido otro día –

- Creo que fue el destino que la divisara el capitán –

- Esta noche es crítica, si logra llegar hasta mañana podría lograrlo; le administre algunos medicamentos pero deberán hidratarla toda la noche y rogar porque aun tenga voluntad de vivir – el doctor recogía sus instrumentos mientras daba instrucciones de cómo tratarla – tiene algunas manchas de sangre pero parece que no son de ella, tal vez escapo de alguna pelea o de un hogar violento, de cualquier forma no lo sabremos hasta que despierte.

- Muchas gracias Yohko y te agradecería que no le contaras a mi padre sobre esto, yo lidiare con el después. –

- No te preocupes Saeko, ninguna palabra saldrá de mi boca; pero si me permites preguntar, ¿por qué la trajiste?, es un tanto extraña esta conducta tuya. –

La princesa volteo a ver a la niña recostada en su cama, podría apreciar muy bien el subir y bajar de su pecho bajo las sabanas. – no lo sé, cundo la vi tirada en suelo algo dentro de mi me dijo que la proteja, es importante que viva –

- No será que tienes esperanzas de que esta niña sea… -

- Claro que no, ya ha pasado mucho tiempo, no creo que este viva – Saeko le dio la espalda y se dirigió al su tocador, donde tomo una pequeña cadena de plata con un dije en forma de lobo.

- Me disculpo por tan impertinente pregunta – Yohko hizo una reverencia y se despidió – si ya no me necesitan me retiro; cualquier cambio que tenga el paciente por favor avísenme inmediatamente – hizo otra reverencia y salió de la habitación. La princesa no se molesto en voltear a verla.

Pasaron las horas y Saeko no se separo de la niña en toda la noche y bajo el manto de una sola vela, la princesa se encargo de limpiar su rostro y cuello, dejando al descubierto una linda jovencita de tez blanca y cabello negro. En ocasiones dormitaba a un costado de la cama.

Justo antes de que por fin se rindiera en los brazos de Morfeo, la niña reacciono, se movió en la cama y dejo escapar algunos quejidos; Saeko se puso en alerta ante sus movimientos; la infante abrió ligeramente los ojos y trato de escanear el lugar donde se encontraba hasta que se detuvo en una silueta frente a ella, estaba muy borroso, no podía identificar quien era esa persona.

- ¿Mamá, eres tú? –

- Tranquila mi niña, ya estas a salvo – Saeko se acerco para susurrarle esas palabras y le acariciaba la cabeza.

La niña volvió a dormirse con una sonrisa en su rostro.

EPOCA ACTUAL

El mayordomo les da la bienvenida a los visitantes y se retira a continuar con sus actividades, no sin antes informarles que en unos minutos la señora las recibiría.

Pasaron solo unos segundos cuando Natsuki escucho los pasos apresurados de alguien que provenían de las escaleras, cuando levanto su mirada, sus ojos se cruzaron con los de una hermosa joven de cabello castaño y enigmáticos ojos color carmesí; justo en ese momento algo en su interior despertó, algo cálido y reconfortante, pero a la vez peligroso; podía escuchar el sonido de su corazón con mayor intensidad, su ritmo estaba acelerado, ¿Por qué? Se preguntaba, y sin aviso alguno, le dedico una tierna sonrisa, una que no había mostrado en mucho tiempo.

La joven castaña estaba a punto de dirigirse a sus visitas cuando alguien interrumpió súbitamente en el vestíbulo, rompiendo el trance en el que se encontraba Natsuki y volviéndola a la realidad.

- ¡Ya te lo dije Nagi, no voy a arriesgarme en ese negocio, y es un no definitivo! – dijo una joven de cabello corto y rubio, que entraba apresurada a la residencia, seguida por un joven raro de cabello mas rubio que el de la joven, casi podría pasar por una persona albina, pero lo que más llamo su atención fueron sus ojos, de un color marrón y carentes de brillo, su mirada era vacía, sin emoción alguna; una mirada que ya había visto años atrás.

La joven rubia se detiene enseguida percatándose de las visitas – Oh, parece que tenemos visitas – pasaron unos segundos de silencio incomodo hasta que la rubia se decidió hablar - Mmm… creo que, sin error a equivocarme, de mala educación no mostrar su rostro a los anfitriones de la casa – expreso la señorita Anh

Natsuki y su compañera se miraron extrañadas, habían pensado que se acordaría de ellas pero habían olvidado que aun traían puesta las capuchas, lo cual ocultaba su rostro y por consiguiente no podían ser reconocidas. Cuando estaba a punto de descubrirse la cabeza, escucho su nombre de una mujer mayor.

- ¡Natsuki, me alegra que hallas vuelto! – dijo la anciana quien se sostenía fuertemente del brazo de su querida nieta Shizuru. Natsuki se quito inmediatamente la capucha y se dirigió de prisa para saludar a su querida amiga.

- ¿Natsuki? – susurro sorprendida Anh lu mientras la observaba subir las escaleras.

La joven no había sido la única sorprendida, el joven de ojos marrón se petrifico en el lugar al escuchar ese nombre; en cuanto recobro su compostura y tratando de no ser inoportuno, se retiro sigilosamente sin siquiera despedirse.

- Abuela, es bueno volver a verla –

- Que dices niña, dichosos mis ojos que te vuelven a ver antes de que me vaya – la anciana le dio unos golpecitos en su mejilla de forma cariñosa; Natsuki tomo su mano con fuerza y la acerco a su mejilla, el calor que emanaba de esa anciana reconfortaba su frio corazón.

- ¿Cuánto tiempo te quedaras querida? – pregunto curiosa la abuela.

- Sabes que no puedo quedarme mucho tiempo, será el mismo tiempo que la ultima vez – contesto Natsuki mientras la ayudaba a bajar los escalones.

- Si ese es el caso, espero que la petición que tengo para ti te haga cambiar de parecer –

- ¿a qué te refieres, que petición? – inquirió la morena al llegar al final de la escalera.

- Recuerdas a mis queridas nietas, Anh y Shizuru – cambio el tema rápidamente, señalando a la joven que permaneció aun cerca de la puerta y a la jovencita que venía a sus espaldas.

- Por supuesto que las recuerdo, Anh, la adolescente rebelde que me hizo mi estadía hace diez años algo incomoda y la pequeña Shizuru, una damita sabelotodo que me ponía los nervios de punta – Natsuki vio a cada una con una sonrisa divertida en su rostro – Sin embargo, creo que eso debería retirar mis palabras puesto que han cambiado bastante –

- ¿hacerte la estadía incomoda? Que podría haber hecho que te incomodara tanto si te pasabas todo el día arriba de los arboles tomando tus siestas –

- Tal vez el escándalo que hacías con tus gustos musicales un tanto…-

- Ma… ma ustedes dos, se que se extrañaron todo este tiempo pero se pondrán al tanto otro día – interrumpió la señora Fujino viendo divertida la escena ante sus ojos.

A pesar del momento ameno que se suscitaba, había una persona que se encontraba realmente confundida; Shizuru, la niña sabelotodo a quien se había referido Natsuki con anterioridad, se preguntaba por qué esa persona que había conocido 10 años atrás no había cambiado en nada, ni siquiera una arruga, alguna cicatriz, algo que denotara su edad.

FLASHBACK

Una pequeña castaña se encuentra escondida detrás de las piernas de su madre, al lado se encuentran su padre, su hermana adolescente y su querida abuela, están esperando la llegada de alguien importante al parecer. Después de unos minutos de espera, divisan las figuras de dos individuos que se acercan lentamente, cubiertos por unas túnicas cafés sucias y gastadas.

Cuando estuvieron frente a frente, se quitaron las capuchas y se dio cuenta que se trataba de dos mujeres, una de cabello largo y negro azulado, piel pálida y ojos verdes y la otra también de cabello negro azulado pero sujetado por dos coletas y ojos color miel; la líder de las dos saluda afablemente a todos e intenta acercarse a la pequeña, quien se aferra con fuerza a las piernas de su madre.

En los sucesivos días su relación con las invitadas cambio drásticamente, pasaban mucho tiempo juntas, la niña no se le despegaba ni un solo momento, estaba maravillada por su belleza y por todos los relatos que le contaba, lugares que había conocido, culturas, pueblos, animales, etc., conocimientos que solo los viajeros podrían ser capaces de acumular.

Un día antes de su partida, la joven viajera se encontraba sobre las ramas de uno de los enormes arboles de los jardines con los brazos bajo su cabeza tomando una siesta, en su regazo se encontraba la pequeña castaña imitando sus acciones cuando de la nada la pequeña hace un comentario que jamás olvidaría.

- Ne… ¿Natsuki? –

- Mmm… -

- Tu eres mi persona más importante –

La joven abrió los ojos intrigada por las palabras de la niña, tratando de entender lo que había escuchado, pero la niña ya se había dormido así que no tuvo oportunidad de pedir una explicación.

FIN FLASHBACK

Horas más tarde, la anciana y la viajera se encontraban en una enorme oficina platicando de los últimos diez años.

- ¿Natsuki? – pregunta la anciana sentada en uno de los enormes sillones del cuarto.

- Dime abuela –

- Pensaras que es muy atrevido y egoísta de mi parte lo que estoy a punto de pedirte –

- De que hablas, sabes que puedes pedirme lo que quieras que yo lo cumpliré – le respondió una alegre Natsuki.

- Estoy muriendo, pronto dejare este mundo terrenal y emprenderé un nuevo camino – la anciana sujeto fuertemente las manos de la joven – y quiero pedirte que cuides de mis nietas –

La sonrisa que había en el rostro de la morena fue desapareciendo conforme escuchaba las palabras de la mujer frente a ella.