Capítulo 4 Magia
Se había quedado ahí de pie, con la vista fija en el agua, parecía como si sus pies hubieran echado raíces y le fuera imposible moverse, en sí, no quería moverse. Esperaba que el agua cristalina del lago, volviera a mostrarle la imagen de su familia, porque eso eran, a pesar de que ella no los recordaba de tiempo atrás, por mucho que ellos se esforzaran en hacerla recordar y aquellos intentos no funcionaran, ella aún que no se los comunicara, los consideraba familia y ansiaba regresar a su lado.
La bruja se equivocaba, David, Mary Margaret y Regina vendrían por ella, pero no quería que ellos hicieran todo el trabajo, quería ayudarlos y estar lista para cuando aparecieran. Con mucho trabajo, consiguió que sus pies retomaran el camino de regreso a la casa, pasos lentos eran los que daban y se le hizo eterno, hasta que sus ojos divisaron la figura de la oji-azul, que yacía recargada sobre el marco de la puerta.
- Ya te iba ir a buscar ¿Dónde estabas?
- No planeaba escaparme
- No es eso lo que me preocupaba, salvadora
- ¿Te preocupas por mi? vaya que detallé de tu parte - se disponía a entrar a la casa, pero la bruja extendió un brazo impidiéndole el paso.
- Eres mi suministro de magia con patas Emma, si te pierdes en el bosque me quedo sin tu magia y eso, no está dentro de mis planes, querida.
- No te preocupes, ya viste que se regresar - aquel brazo seguía impidiéndole el paso, la oji-verde la miro con fastidio - ¿Me permites?
- Cuando salgas, no te alejes demasiado de la casa y regresa antes del anochecer.
- Pensé que podía hacer lo que quisiera y creí que eso implicaba, salir y regresar a la hora que yo quisiera
- No si eso implica poner en peligro tu magia
- ¿Cómo iba a ponerla en peligro? No hay ningún monstruo chupa magia allá afuera
- En los cuentos, los monstruos salen de noche y allá afuera - con la mano libre señalo el bosque - créeme que los hay
- Mantenlos a raya, estos son tus dominios ¿no?
- Ya los mantengo a raya durante el día, por las noches... no hay nada que pueda hacer, así que hazme caso y no hagas tonterías.
- Como quieras - aquel brazo dejo de estorbar y Emma pudo entrar.
En el comedor ya se encontraba la cena, la oji-verde no había sido consciente de cuanto tiempo había pasado, quizás y Elphaba, no sólo estaba molesta porque regresara tan tarde, sino por el hecho de que había faltado a la hora de la comida. La bruja tomo asiento en su lugar de costumbre, por otro lado, Emma se dirigió al fregadero a lavarse las manos y regreso, para sentarse frente a la oji-azul. Cenaron en silencio, se lanzaban miradas furtivas y rehuían a los ojos ajenos, los únicos sonidos que se escuchaban era el chocar de los cubiertos, el tronar de los leños consumiéndose en la chimenea, la brisa nocturna agitando las hojas, las respiraciones lentas y suaves de la salvadora y de la bruja malvada, en el comedor.
Emma se metió a la cama y apago la vela sobre la mesita de noche, no todo estaba obscuro en su habitación, la luna alumbraba un poco y dejaba entrar unos tenues rayitos de luz. Ya sabía lo que pasaría en cuanto se quedara dormida, volvería aquella mansión obscura y se quedaría ahí, añorando la presencia de Regina y Henry, los cuales nunca llegaban. Una vez más así fue como sucedió.
A la mañana siguiente, comenzó su día de la misma manera que el día anterior, bajó a desayunar y encontró a Elphaba ya esperándola en el comedor, la oji-azul con un ligero movimiento de mano, hizo que la silla de Emma se abriera para ella.
- Por favor - le indicó su asiento y la oji-verde obedeció
- ¿Como lo haces?
- ¿El que querida? - comenzaron a desayunar
- Eso, la magia
- ¿Curiosidad?
- Creo, nunca me había a detenido a pensarlo - mentira, sí que lo había pensado y sobre todo cuando había visto a Regina haciendo magia, le había preguntado a la morena como hacerlo, pero no era fácil y menos si la tenía a sus espaldas, hablándole casi cerca del oído, era imposible que se concentrara.
- Deséalo
- ¿Qué?
- Sólo deséalo y ya, la magia se basa en emociones, así que sólo desea y mantén ese deseo, concéntrate en desearlo con fuerza y listo.
- Así de fácil - la bruja sonrió sutilmente y la miro
- Inténtalo
- Bien
Dejo los cubiertos sobre la mesa e hizo a un lado su plato a medio terminar. Desear, era exactamente lo que le había dicho la alcaldesa, así que empezaría por algo sencillo y sería, aparecer la vela de su mesita de noche frente a ella y entonces, cerró los ojos.
Visualizo aquella vela, una vela delgada y a medio consumir, incrustada en un candelero color verde obscuro, la quería con ella, deseaba que la vela estuviera frente a ella y lo deseo con fuerza.
- Emma... abre los ojos - ante la voz de la bruja, lentamente abrió los ojos y frente a ella se encontraba su vela, pero no sólo eso, también yacía encendida.
- Lo logre, pero...
- Sigues sorprendiéndome, aparte de traerla, la encendiste
- No recuerdo haber deseado eso, yo sólo quería la vela
- Tu magia actuó por sí sola, le dio un toque adicional a tu logro
- Creo que ya encontré en que ocupare mi tiempo libre
Esa mañana también había ido al lago, estuvo ahí durante unas cuantas horas, esperando a que el agua le mostrar nuevas imágenes pero lo único que le mostró, fue a un par de peses chapoteando y parecía como si estos se estuvieran burlando de ella, al verla ahí sentada a las orillas dibujando con la punta del dedo sobre la tierra. Regreso temprano a la cabaña, esperaba encontrarse a Elphaba igual que ayer en el lumbral de la puerta, pero no fue así, subió las escaleras y se fue directo a su habitación.
Comenzó a practicar, deseaba pequeñas cosas y sencillas de aparecer, como fueron vasos de la cocina, leños de la chimenea, cubiertos y fruta, hasta que paso a algo más complicado, desear cosas que provenían de Storybrooke.
En lo primero que pensó, fueron en las llaves de su escarabajo y las vio claro en su mente, las deseó, extrañaba el tacto metálico, el sonido que ovacionaban al chocar y entonces, sintió su peso en su mano. Ahí estaban las llaves.
Una enorme sonrisa adornaba su rostro, se mordió el labio inferior y cerró los ojos, pudo ver el porta retratos de madera, la foto de un niño de cabello castaño abrazado a una mujer pelinegra y a ella colándose, apenas saliendo en la toma y a punto de resbalarse. Apretó sus manos, sintiendo la liza superficie y fue abriendo los ojos, la imagen de Regina abrazando a su hijo y de ella apareciendo a medias en la fotografía, le sacaron lágrimas de felicidad y de tristeza.
Llevo aquel objeto contra su pecho y lo estrecho con fuerza, los echaba tanto de menos, tanto que dolía, quizás tanto, como para desear arrancarse el corazón.
La puerta se abrió de golpe y la rubia se sobresaltó, Elphaba había entrado a su recámara. Le miraba con ojos intenso, podría decirse que molestos y avanzo hacia ella, se detuvo a su lado, observo las llaves de su auto y luego el portarretratos que mantenía aferrado al pecho. Algo andaba mal, Emma se sentía amenazada en ese momento por la bruja, pero no pudo pensar más, pues aquella mujer se abalanzó sobre ella.
El cuerpo de la oji-azul aprisionó el suyo contra el colchón, una mano rápida le arrebató el portarretratos y lo dejo aún lado de la cama, la otra mano sujetó su rostro con fuerza obligándola así a mirarla, Emma trataba con todos sus fuerzas de quitársela de encima, sus brazos se cerraron en la espalda de la bruja, araño y golpeo, pero a su agresora parecía no importarle.
Hasta que Elphaba la beso, abrió los ojos enormemente, la estaba besando, había atrapado su labio inferior con los suyos y los delineaba tiernamente con la punta de su lengua.
Emma había dejado de moverse y no era porque no quisiera, simplemente no podía, algo se lo impedía y empezó a sentir como el cansancio la llenaba, al igual que los labios de la bruja moverse sobre los suyos, lamiendo y mordiendo, sacando incluso de su garganta pequeños gemidos, que avergonzaron a la rubia terriblemente. Sus brazos, que se habían aferrado a la espalda de la oji-azul, primero en un intento de quitarla y luego en un intento de no desmayarse, fueron cayendo lentamente, uno sobre la cama y el otro fuera de esta. Sus ojos imitaron a sus brazos y se fueron cerrando, antes de que el desmayo se le viniera encima, alcanzo a sentir como aquel cuerpo la liberaba y su voz, febril y aterciopelada susurrando.
- Dulces sueños, Emma.
