Disclaimer: La trama es mía, los personajes de Steph, tenemos un pacto de sangre sobre Jasper, tho.


Sonríe, el Coco te está observando.

Summary: "El Coco, pensó. Lo habían nombrado de tantas maneras a lo largo de su existencia y esta era la que más le gustaba."
Vampiros. OoC. Bella&Edward.


Capítulo 4: Hada de los dientes.


— ¡Mamá, mamá! —chillaba la pequeña Bella, encaramada en el inodoro para ver su reflejo en un espejo. Su pequeño diente suelto se le hacía de lo más gracioso, la pequeña lo movía de un lado a otro con su dedo.

— ¿Qué sucede cariño? —preguntó Renée, entrando apresuradamente a la alcoba de su pequeña. Al entrar al cuarto de baño la vio juguetear con su diente. Renée sonrió por el entusiasmo que mostraba la pequeña.

— ¡Tengo un diente suelto! —chilló Isabella, saltando del inodoro y cayendo con su trasero— ¡Ouch! —siseo en bajo volumen, sobándose la parte trasera de su cuerpo. Su madre la ayudo a ponerse de pie y la tomo en sus brazos delicadamente.

— Abre tu boca cariño —Bella abrió su boca, soltó un prolongado "ahh" en el proceso— Mhm, creo que el hada de los dientes te visitara esta noche, amor —la castaña sonrió, pensando en que ahora tendría otro amigo más— Bueno, cuando se te caiga el diente, pequeña —Bella frunció sus labios, no quería esperar, ¡quería ver al hada de los dientes!

— Y si...—metió su pequeña manita dentro de su boca y comenzó a mover el diente suelto incesantemente. Renée rodó los ojos ante la impaciencia de su pequeña, la dejo en el suelo y retiro su mano de la boca.

— Así no, cariño —le dijo, enarcando una ceja—. Tiene que caer solo —la pequeña niña se cruzó de brazos, berrinchuda. ¡Ella quería que cayera ya! Renée la sentó en la cama, Bella seguía sin mirarla y con sus bracitos cruzados. La joven madre suspiro divertida, su adorada hija podía ser muy madura para la edad que tenía, pero al fin de cuentas, solo se trataba de una niña pequeña—, ahora arréglate, se nos hace tarde para el jardín —Bella asintió, mientras su madre salía de su habitación.

Tal vez en el jardín podía seguir intentando.

...

Con un golpe sordo y un suave tintinear contra el lavabo cayó el pequeño colmillo de Bella, ese que hace pocas horas había estado forzando con su dedo para que cayera, antes de que su mamá la regañara por hacerlo. Isabella sonrió y tomo el diminuto diente entre sus manos, no fue hasta que levanto su vista cuando reparo en el hilillo de sangre que salía del lugar donde se encontraba su diente anteriormente. Sus ojos se abrieron más que de costumbre y un temblor la recorrió.

Odiaba la sangre y todo lo referente a ella.

Enjuagó su boca repetidas veces, pero la sangre seguía saliendo. Una pequeña mueca de desagrado se formó en sus labios, se enjuago una vez más y salió corriendo directo a la sala de clases donde se encontraba la señorita Cope de pie, a un costado de su escritorio revisando los dibujos que ella y el resto de sus compañeros habían hecho en clases.

— Uhm, ¿señorita Cope? —llamó a la mujer que se encontraba ahí, arrepintiéndose cuando sintió el sabor de la sangre en su boca, arrugo su nariz y entrecerró sus ojos ante el peculiar sabor. La profesora del jardín de infantes se giró hacia ella y le dio una cálida sonrisa.

— ¿Qué sucede, cariño? —preguntó, acuclillándose frente a Bella. La pequeña no quería volver a hablar, le había disgustado en demasía el sabor de la sangre, titubeo un momento pero se decidió a abrir la boca y dejar que la señorita Cope viera por si misma— ¡Oh! —exclamó la mujer, sonriendo—, veo que se te ha caído un diente, pequeña —Bella rodó sus ojos ante la deducción— ¿Lo tienes? —la pequeña asintió y abrió su mano, la cual se encontraba en un puño, dejando al descubierto un reluciente colmillo, blanco como una perla.

La señorita Cope tomo el pequeño diente entre sus manos y lo envolvió con cuidado en una servilleta, lo echó en su bolsillo y se acercó al escritorio, tomo un vaso y vertió agua en él, luego le hecho una pequeña porción de sal. Bella veía minuciosamente todo lo que hacía la mujer, preguntándose si le dolería tener sal en su boca. La señorita Cope se acercó a ella y le tendió el vaso de agua, Bella lo tomo recelosa, no quería que su herida le doliera producto de la sal.

— Ve a enjuagarte con esto, luego vuelves y te entrego tu diente. ¿Sí, querida? —Bella asintió, y corrió nuevamente al baño para enjuagarse con lo que la señorita Cope le había facilitado.

Isabella movía el vaso, haciendo que el líquido se revolviera una y otra vez. Aún dudaba de aquella sustancia, tal vez le haría bien y su herida dejaría de sangrar; aunque si lo pensaba, el sabor ya no era tan molesto como al principio. Dio un respingo cuando unas risitas irrumpieron en el baño de niñas, giro su cabecita al lugar donde provenían las risas y se encontró con dos rostro familiares.

— ¿Qué tienes ahí? —preguntó la pequeña niña rubia, meneando su larga melena de un lado a otro. "Ugh, Lauren", pensó Bella, preguntando si su suerte podía ser más mala aún. Bella se encogió de hombros y siguió observando el vaso. La otra niña, la castaña de ojos azules, se acercó sigilosamente a ella, quedando a un costado de la pequeña.

— Un vaso —acotó Jessica, como si no fuera obvio lo que sostenía Bella en su mano. Lauren rodó sus ojos y se acercó a Bella, en un acto de maldad vació el contenido del vaso. Bella frunció sus labios, más nada salió de su boca.

— ¡Vamos a jugar, Jess! —Lauren soltó una pequeña risita que fue secundada por la otra niña, mientras salían del baño y dejaban a Bella sola otra vez. Isabella se encogió de hombros al ver el líquido desaparecer por el drenaje, abrió la llave y se enjuago una vez más con agua, después de todo la sangre ya estaba aminorando, y volvió al salón.

Mientras caminaba por el patio para llegar al salón de clases, Bella se preguntaba porque aquellas niñas siempre se comportaban de esa forma con ella, si lo pensaba, ella nunca les había hablado y menos hecho algo para que la trataran así. Dejo de tomarle importancia cuando levanto la vista y se encontró nuevamente con esos ojos que destilaban dulzura.

— Hola de nuevo, pequeña —su ángel estaba ahí nuevamente, luego de unos segundo recordó como respirar, soltó el aire de un sopetón haciendo que sus mejillas se colorearan de un suave tono rojizo— Muñeca, no tengo mucho tiempo —el vampiro hizo una mueca con sus labios, había estado vigilando a la pequeña desde una distancia prudente, sin dejarse ver—, solo quiero pedirte un pequeño favor —Bella asintió encandilada. El inmortal sonrió al ver el efecto que ejercía en la pequeña—. Cuando veas al hada de los dientes, ¿podrías decirle que yo también la extraño? —una sombra de melancolía surco los ojos del vampiro, la cual despejo enseguida y en un parpadear desapareció de la vista de la pequeña.

Bella pasmada, se preguntaba si esta noche vería al hada de los dientes.

¿No se suponía que dejaba las monedas y listo?

...

La incesante voz de su hermana lo tenía aturdido. A la pequeña Alice se le había metido en la cabeza ir con él donde Bella, y la vampiresa no aceptaría un no por respuesta. Estaba segura de que esta era su oportunidad, ya había visto todo, ¡es más!, se haría pasar por el hada de los dientes y tenía una buena suma de dinero por el colmillo de la pequeña.

"Vamos Edward, no molestaré, ¡te lo prometo!"

El vampiro cobrizo comenzaba a pensar que la voz mental de su hermana era diez veces más molesta.

— ¡Esta bien! —chilló colérico. Los "por favor" de Alice habían hecho que llegara a su límite. La vampiresa sonreía y aplaudía constantemente con sus manos, estaba ansiosa por conocer en persona a la niña que tenía a su hermano comiendo de la palma de su mano.

— ¡Si! —chilló, meneando su menudo cuerpo. Emmett, el más corpulento de ellos, se acercó con sigilo, le parecía graciosa la escena que estaban armando y él quería saber por qué tanto embrollo.

— ¿Qué le hiciste a Eddie ahora enana? —preguntó, sonriendo de lado y haciendo remarcar los tiernos hoyuelos de sus mejillas. Alice sonrío abiertamente y le susurró al oído para que nadie "oyera", cosa que fue en vano, estando consciente de que la casa estaba repleta de vampiros con oído agudizado.

— ¡¿Qué?! —gruñó Emmett enfurruñado— ¡No es justo, yo también quiero conocer a la pequeña! —se cruzó de brazos amurrado. Edward miraba a sus hermanos sin poder creer lo que veía, ¿enserio se comportaban así de infantiles? Nunca cambiarían, aunque pasaran miles de años seguirían siendo así de inmaduros. Mientras sus hermanos observaban su comportamiento, Emmett tuvo una genial idea, o eso fue lo que él pensó, sonrió abiertamente, volviendo a su tan peculiar estado de ánimo— ¡Podemos decirle que yo soy el Oso de Pascuas! —Alice rodó sus ojos y golpeo el brazo de su hermano.

— No hay oso de pascuas, Emmett, es el conejo de pascuas, bobo —lo corrigió, Emmett bufo.

— Lo sé, pero no me gustan los conejos —Edward se retiró del lugar, tanta incoherencia por parte de Emmett lo estaba volviendo loco. Alice rio por las ocurrencias de su hermano.

"Después de todo hablamos de Emmett", pensó divertida.

...

— ¡Mira! —Bella extendió su manita, en la cual estaba el colmillo envuelto en la servilleta. Renée sonrió, sabía que su pequeña había forzado el curso de las cosas, mas no dijo nada y beso la frente de la niña.

— Que bueno cariño, cuando vayas a dormir lo pondremos bajo tu almohada, ¿sí? —le dijo amorosamente. Bella asintió emocionada. ¡Quería ver al hada de los dientes! Además, aún tenía que hacerle el favor a su ángel.

Renée reviso con cuidado el espacio que había dejado libre el diente que había caído, Bella no le comento lo que paso con sus compañeras, prefirió callar, no quería que su madre fuera a decir algo al colegio, al fin de cuentas era algo que pasaba muy a menudo y de lo cual ya se estaba acostumbrando; como el sabor de la sangre cuando salía de su encía, con el tiempo uno se acostumbra.

Bella estuvo el resto de la tarde con su madre en la cocina, ella dibujaba y su madre preparaba todas las cosas, debía ir al trabajo en la noche y quería dejarle listo un pequeño tentempié para Bella. La pequeña estaba ansiosa, estaría sola en casa y el hada de los dientes iría de visita, solo esperaba que el Coco estuviera con ella para no temerle; la pequeña había optado por no imaginarse al hada de los dientes, después de ver al Coco en persona creía que todas las cosas que la gente y los mismos libros decían estaban erróneos.

Al llegar la noche Renée acompaño a Bella a su habitación, la ayudo a cambiarse en su pijama de conejitos y la arropo en la cama, la pequeña se removió para que su mamá guardara el diente bajo la almohada y después de un suave adiós la mujer desapareció por la puerta dejando a una nerviosa niña atrás. Bella sonrió al recordar que se sentía de la misma forma cuando vio al Coco por primera vez, y se aseguró a si misma que no tenía nada que temer.

...

Alice y Edward corrían a toda velocidad por el bosque, tuvieron que planear una estrategia para que Emmett no se les uniera. Estuvieron toda la tarde armando el plan, Emmett estaba demasiado entusiasmado con la idea de colarse a su pequeña visita, el grandulón alegaba que no era justo que su hermana pudiera y él no, Rosalie lo regaño varias veces cuando trataba de descifrar las pequeñas conversaciones mentales de Alice y Edward, haciendo que su hermano lo fulminara con la mirada cuando él pensaba en su pareja de forma indecorosa. Edward estaba harto de tener la imagen de Rosalie en lencería y Emmett no se cansaba de pensar en ella en distintas posiciones.

"Tranquilízate, Emmett ya no puede torturarte desde aquí", la voz de Alice en su cabeza le llegó de golpe, volviéndolo a la realidad. Edward aminoro solo un poco su paso para que Alice lo alcanzara, no se había dado cuenta de que había aumentado la velocidad en demasía. Alice llegó a su lado y sonrió, su hermano sí que estaba ansioso por ver a la pequeña.

Bella estaba dándole la espalda a la ventana por donde entraron Edward y Alice sin hacer el mínimo ruido, la pequeña suspiró. No podía dormir por la espera de ver al hada de los dientes, aunque lo cierto era que también quería ver al Coco, suspiro nuevamente y se giró hacia el otro lado. Un gritito ahogado salió de lo profundo de su garganta cuando vio a una chica de pie junto a la cama.

— Lo siento pequeña, mi intención no era asustarte —susurró Alice, sonriendo amistosamente— Solo venía a llevarme esto —le mostró a Bella el pequeño colmillo que ahora se encontraba en su mano—. Es muy bonito ¿No crees Ed... Coco? —preguntó divertida, Edward rodó sus ojos y salió de su escondite.

Bella aún estaba pasmada viendo al hada de los dientes; era una chica menuda, parecía una fina muñeca de porcelana, sus facciones puntiagudas igualando a las de los duendes o... hadas. Se recrimino por eso, ella era un hada. Lo que llamo la atención de la niña fue su cabello, la forma desordenada y salvaje en que cada punta iba hacia distinta dirección, el corto y negro cabello de la chica se perdía en la oscuridad de la habitación; sus ojos, eran del mismo color que los del Coco.

Ámbar, como miel derretida.

— Es muy hermoso —la suave y aterciopelada voz del Coco la saco de su aturdimiento, giro su cabeza y lo encontró sentado a un costado de ella. Sonrió por inercia al igual que él— Ella es una amiga, cariño —Edward acaricio la mejilla de la pequeña y se volteo donde Alice que lo miraba con picardía—, pero creo que tú ya has oído hablar de ella, ¿no? —se volvió donde Bella para evitar la mirada de intuición de su hermana. Bella se acomodó en su cama y se arrodillo junto a Edward, para así poder susurrar algo al oído del vampiro.

— ¿Es el hada de los dientes? —Edward sonrió enternecido al igual que Alice, el vampiro asintió, viendo como a la pequeña se le iluminaron los ojitos— Yo creía que no podías ver al hada de los dientes —Alice sonrió con cariño y se acercó a ella, toco la pequeña nariz de Bella con su dedo índice y habló.

— Tú eres una excepción, pequeña —Bella sintió sus mejillas arder. Un fugaz pensamiento cruzó por la mente de la vampiresa, uno donde se veía a ella y a la pequeña niña siendo grandes amigas en un futuro— Por cierto, muñeca, puedes llamarme Alice —Edward blanqueció, incluso más para ser un vampiro, cuando su hermana revelo su nombre. Bella sonrió y asintió con su cabecita, moviendo su melena castaña, luego frunció el ceño y se giró donde Edward, quien la miraba expectante.

— Tú... ¿Tú no tienes nombre? —Alice rio. ¿Por qué Edward no le había dicho su nombre? Si, era como ella pensaba, su hermano se había tomado el papel de protector muy enserio. Los vellos del brazo de Bella se erizaron cuando Alice soltó aquella musical risa, Edward rodó sus ojos ante la fluidez de su hermana.

— ¿No le has dicho tu nombre? —Alice rodó sus ojos en dirección a su hermano— Pequeña, su nombre es Edward —le contestó Alice. Bella se cruzó de brazos y lo miró acusadoramente. Edward tragó, la pequeña era algo de temer cuando se enojaba.

— ¿Por qué no me habías dicho que tienes nombre? —Bella inflo sus mejillas y agacho su mirada, estaba enojada con él porque le había ocultado su nombre. ¡El Coco tenía nombre! Edward fulmino a Alice con la mirada, la aludida se encogió de hombros.

"Arréglatelas solo, la pequeña te adora", pensó Alice, ganándose una hermosa sonrisa por parte de su hermano.

La pequeña te adora, solo faltaron esas palabras para que dejara a Alice en paz.

— Lo siento, mi cielo —Edward acercó su mano a la mejilla de Bella para acariciarla, pero Bella giro su rostro. Aquel inocente gesto había sido simplemente porque la pequeña se sentía molesta, pero algo se removió en él, le dolía el pequeño rechazo que había recibido. Bella lo miro de soslayo y al ver la cara de desolación que Edward sentía no pudo más, después de todo ella también le había ocultado su nombre.

— Uhm, ¿E-Edward? —el joven inmortal se reprendió, si hubiera sabido antes que su nombre pronunciado por los labios de la pequeña sería algo tan maravilloso de oír no lo hubiera pensado dos veces y se lo hubiera dicho, sonrió y miro a la pequeña con un poco de tristeza— Lo siento —Bella le dio un fugaz beso en su mejilla y se volvió a sentar con las mejillas arreboladas.

"¿Te gusta la pequeña?", la pregunta mental que Alice formuló lo dejo helado. ¡Claro que no le gustaba!, solo la encontraba fascinante y adorable, sumamente adorable. ¿Era posible que él sintiera algo así por una pequeña niña? ¡Fácilmente podía ser su tatarabuelo!, lo que Alice planteaba era simplemente enfermo. Era innegable el sentimiento de protección que profería hacía la pequeña, ¿podría existir otra cosa aparte de eso?

No, imposible, él solo se sentía como un hermano mayor hacia ella.

Bella observaba curiosa las miradas que se daban Edward y Alice, como si se comunicaran de una forma distinta, soltó una risita cuando Alice inflo sus mejillas y se cruzó de brazos, y como si de un pequeño flash back se tratara recordó el favor que le pidió su ángel, antes que alguno de los dos presentes dijera algo las palabras ya habían abandonado la boca de Bella.

— Él dijo que te extrañaba —murmuró la pequeña castaña. Edward se tensó visiblemente, Alice frunció el ceño— ¡Mi ángel!, mi ángel dijo que él también te extrañaba —Bella lo repitió, sin saber lo que causaba aquella oración.

La mirada perdida de Alice alerto a Edward e inclusive a la pequeña, Bella comenzó a asustarse cuando ya pasado unos segundo o tal vez minutos Alice no volvió en sí. El vampiro tomo la mano de la niña cariñosamente tratando de calmarla. Luego de lo que pareció casi una eternidad, y acompañado de un fuerte suspiro, Alice volvió en sí.

— ¡Jasper! —exclamó, acompañado de un desgarrador grito que provenía desde las afueras.


¡Buenas tardes!

Aquí les dejo el cuarto capítulo :) Les responderé las preguntas que me hicieron en los rr: Sí, Bella se queda "solita" a los ojos de Renée, los chicos cuidan de ella. Bella está muy chiquita para eso, I know, pero en la historia Renée no gana mucho en su trabajo y hace todo lo posible por cuidar de su pequela se trata un poco de eso también. Y sí, Renée es la cantante del supuesto ángel de Bella, lamentablemente, no puedo decirles el final que tendrá la mujer porque arruinaría la sorpresa, ¿no? Espero haber contestado bien sus incertidumbres jajaj, muchas gracias por leer!

PD: Mi fin de semana empieza desde ahora (?) gracias al cielo los dos días siguientes son feriados, así que me pondré a escribir alguno de los capítulos d elos fics, no se cual aún, el que mi musa me diga (ni siquiera tengo musa, bueno sí, pero en estos momentos no estoy bajo el efecto de ella XD) Así que ahí las tendré atenta, en la noche siempre me da por escribir así que puede que les traiga algo este fin de semana :)

¡Nos estamos leyendo pronto!
Lamb.