CAPÍTULO 4: ENTRENAMIENTOS Y DESCANSOS.
"Buenos días..." Saludé saliendo de mi cuarto en pijama y viendo que había ya gente en la cocina.
"Oh, por favor, siéntate." Me dijo el pelirrojo levantándose para dejarme sitio.
"No importa." Negué suavemente cogiéndome un tazón y agarrándome al fregadero al notar un mareo pequeño.
"Espera, deja que te lo coja." Me dijo el castaño para levantar un brazo y pasarme el tazón. "Deberías sentarte."
"Estoy bien." Afirmé suavemente para abrir los ojos y coger el tazón. "Gracias."
"Hemos calentado leche para el café." Me dijo el pelirrojo. "¿Quieres un poco?"
"Yo la tomo fría." Afirmé cogiéndome una caja del frigorífico y echándome unos cereales al tazón antes de ponerme la leche y volver a meterla al frigorífico antes de ver que el pelirrojo estaba apoyado en la encimera y su silla vacía.. "Puedo desayunar así."
"Insisto." Afirmó. "Sigues sin tener buena cara."
"Sí, bueno, nacía así ¿sabes?" Le dije sentándome.
"Creo que más bien se refería a que tienes un aspecto horroroso." Me dijo el rubio sin mirarme. "Tienes el pelo revuelto, y tu cara parece que haya visto un monstruo. Y eso que tienes bajo los ojos parecen moratones."
"Sanzo, esas no son formas de hablarle a una dama." Le dijo el castaño mientras el pelirrojo le decía algo no tan amable.
"¿Tan mala cara tengo?" Murmuré intentando mirarme en la cuchara.
"Pareces enferma." Me dijo el chaval. "¿Seguro que estás bien?"
"Sí, eso creo." Afirmé revolviendo mis cereales y comiendo una cucharada. "Además, hoy tengo muchas cosas que hacer."
"No deberías salir si no estás aún bien." Me dijo.
"Me siento bien." Afirmé. "Además, tengo que ir al cursillo."
"¿Y de qué es?" Me dijo.
"Sí hombre, a vosotros os lo voy a decir." Afirmé.
(Salto espacio-temporal)
"¿Seguro que es aquí?" Le preguntó Goku a Gojyo.
"Sí, pero no deberías estar aquí." Afirmó este.
"Creo que en realidad ninguno deberíamos estar aquí." Afirmó Hakkai.
"¿Entonces por qué estáis aquí?" Le dijo Gojyo.
"Para evitar que hagáis cualquier tontería." Afirmó cayéndosele una gota de bochorno.
"Vamos, sé por dónde entrar." Afirmó Gojyo.
(Salto espacio-temporal)
"Ha, ha, ha." Fui jadeando según soltaba el aire con los golpes.
"Muy bien, eso es." Me dijo el maestro mientras daba los golpes antes de acabar la combinación con mi compañero tirado en el suelo. "Bravo, aunque hoy pareces tener menos fuerza."
"Lo siento." Le dije secándome la cara repleta de sudor. "He estado enferma."
"¿Y ya estás recuperada?" Me preguntó.
"Eso creo." Asentí. "Pero... no sé por qué parece que tengo menos fuerza."
"Siéntate un poco y descansa." Me dijo. "Fran, con ellos."
"Puedo contin..."
"Descansa un poco." Me cortó. "Te lo mereces, pero tampoco te quedes fría ¿ok?"
"Sí, Sensei." Asentí sentándome sin tocar el suelo con las manos siquiera mientras me ajustaba la chaqueta del kimono para artes marciales que había comprado justo al principio de ese año tras haber estado el año anterior con chándal por no poder comprarme el kimono con mi dinero.
Estuve mirando un poco a mis compañeros después de echarme un trago de agua de la botella-biberón compartida de todos.
"¿Estás ya recuperada?" Me preguntó el profesor cuando me incorporé de nuevo sin usar de nuevo las manos, solo a pulso con las piernas.
"Eso creo." Afirmé estirando un poco para recalentar un poco las articulaciones y los músculos para evitar lesionarme por el descanso antes de recogerme el pelo en una coleta larga.
La verdad es que ser una de las 3 chicas de la clase y la única que por ser impares, entrenaba con los chicos porque las otras dos eran novatas y parecía que la única que había sobrevivido a la tunda del año anterior era yo, no era ningún problema para mí. Me estimulaba entrenar contra los chicos y la verdad es que mis compañeros solían tener un poquito más de cuidado con no darme demasiado fuerte, aunque tampoco es que fuese a dejarme acertar porque sí, solo cuando nos decía el profesor que había que dejarse.
"Ha." Afirmé soltando aire con el último golpe.
"Muy buena." Me dijo mi compañero desde el suelo. "Si fuese yo el atracador, me lo pensaría seriamente."
"Arigato." Afirmé haciéndole el saludo de cortesía.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Gojyo)
No podía creérmelo. Aquello era demasiado. Tres chicas haciendo artes marciales y de ellas, la que más llamaba la atención era la única que estaba entrenando con un chico, y más grande que ella, dicho fuese de paso.
Pelo largo y recogido en una coleta no menos larga, cosa poco recomendable en ese tipo de cosas, kimono blanco pero sujeto con un cinturón rojo.
"Fiu... la tía tiene que tener nivel." Afirmé.
"Por los movimientos diría que no." Me dijo Sanzo. "No es más que una vulgar aprendiza."
"No seas tan duro." La defendió Hakkai. "Sus movimientos son un tanto limpios y elegantes aunque no sea demasiado eficaz."
"Se supone que están entrenando ¿no?" Dije fijándome en ellos. "Pero ella entrena con hombres y es… es una mujer."
"¿Y?" Dijeron.
"Bueno, que es una mujer." Afirmé. "Las mujeres no están hechas para la guerra, temen la muerte."
"Creo que esto se va a poner interesante." Afirmó Sanzo.
"¿Hum?" Dijimos casi a la vez el resto para mirar a donde estaban todos los alumnos entrenando.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Lily)
"Vale, Lily y Fran." Nos dijo el profesor. "Vais primeros a la derecha, Rober y Marcos, izquierda."
"Sí." Afirmamos los aludidos para disponernos mientras las chicas seguían entrenando en un rincón.
"¿Segura que puedes?" Me dijo Fran mientras me preparaba. "Hoy no tienes buena cara."
"¿Tienes miedo de que te gane?" Le dije.
"¿Tú, 'rojinegra'?" Me dijo divertido. "Deberías ser tú la que me tenga miedo."
"¿Por qué tienes un cinturón solo de un color?" Le dije sonriendo. "Nah."
"En posición." Nos dijo el profesor.
Siempre era igual: Primero la posición, el saludo y posición de listos para el combate de entrenamiento. Se suponía que todos tenían un estilo, pero… yo no tenía ninguno. Fran era grulla, por eso le habían puesto conmigo, porque el resto eran tigres salvo Manu que era leopardo; pero yo… yo no era nada.
"Cuidado." Me dijo Fran derribándome de una patada en la corva de la rodilla y sujetándome la cabeza antes de que me diese contra el suelo con ella. "¿Estás bien?"
"Eso creo." Afirmé frotándome la cabeza.
"Lily, ven." Me llamó el maestro para que me acercase y se pusiese a mirarme la cabeza. "¿Qué tienes aquí?" Me dijo tocándome los puntos.
"Me golpeé la cabeza hace unos días y me la abrieron." Afirmé soltándome y volviendo a taparme la calva con el resto del pelo haciéndome de nuevo la coleta para trasformármela en el moño que solía hacerme en esos casos.
"Eso tiene pinta de haber sido gordo." Afirmó. "¿Qué te dijo el médico?"
"He hecho lo que me dijo." Afirmé entendiendo a dónde quería llegar y separándome. "No quiero ser la única que se quede atrás."
El profesor entonces me miró y sonrió a medias antes de ponerme la mano en la cabeza y frotármela lejos de la herida.
"Venga, vuelta a entrenar." Nos dijo. "Y Lily, ten cuidado."
Sonreí y volví, hasta que acabé de entrenar y el profesor nos hizo parar y saludar para despedirnos.
(Salto espacio-temporal)
"Hola, ya estoy en casa..." Dije entrando a casa aún con el pelo mojado. "¿Hay alguien en casa?"
No sé por qué pero nadie contestó, así que tras mirar en todos sitios, acabé encontrando una nota en la cocina: "Hemos salido un rato. Enseguida volveremos."
"Vaya..." Murmuré al entender qué significaba. "En fin, es normal que quisieran salir, al fin y al cabo tienen todo el derecho del mundo a ver lo que hay a su alrededor."
Aproveché el tiempo sola para poder ponerme al día con los estudios, tras unos días sin ir por clase lo menos que podía hacer era saberme bien lo que había dado hasta entonces y cuando me aburrí, la casa seguía vacía salvo por mí.
A la hora de la cena, seguía sola y acabé haciéndome algo de cena mientras notaba de nuevo mareos, así que me llevé la cena conmigo al cuarto para seguir estudiando y al final acabé quedándome sopa en pijama y estudiando con el flexo de la mesa de estudio de la habitación.
(Salto espacio-temporal)
No sé muy bien qué hora era cuando me desperté. Hacía mucho que no necesito ir al baño en plena noche, así que no me molesto, de hecho me alivió un poco porque me había quedado sopa en la mesa estudiando, así que cuando me levanto ni me doy cuenta que tenía una manta encima o que no hay luz ya, simplemente me levanto y voy al baño.
Ya ni sé cuántas veces he ido al baño dormida, así que encuentro el camino fácilmente, uso el baño, y me voy a la cama, solo que cuando voy a meterme y me giro me doy cuenta de que no estoy sola en mi habitación. Ahí al lado hay alguien; en la otra mitad de la cama hay un hombre pelirrojo con los ojos rojo brillante que parecen llenos de fuego y clavados fijamente en mí con un cigarrillo en los labios y un brazo en ángulo bajo la almohada bajo su cabeza y el otro plácidamente sobre el pecho, con la sábana hasta el estómago y el pecho descubierto.
"¿Se puede saber qué...?" Le digo antes de que se lleve un dedo del pecho a los labios para indicarme que guarde silencio y luego volver a bajarlo.
"¿Que qué haces en mi cama?" Le susurro.
"Es muy grande para ti sola y me tocaba vigilarte." Me susurra.
"Pues ya puedes ir buscándote otra cama." Afirmo sin levantar la voz.
"Los otros días no ponías tantas pegas." Afirma sin dejar de mirarme.
"¿Qué coño dices de otros días?"
"Cuando estamos vigilándote." Susurró suavemente. "La cama es doble, no hay ni por qué tocarse, a no ser que quieras, claro." Afirmó divertido.
"¡Ní m…mphhhhhh!" Gemí cuando me impidió acabar besándome antes de parar mirándome y con la mano en mi boca.
"Te he advertido de que no gritases." Me susurró. "No querrás despertar al resto ¿no? El sanzo tiene muy mal despertar."
"Eres un… pervertido." Afirmé dándole la espalda y tapándome hasta el cuello.
"Buenas noches." Me dijo con un tono que demostraba que si no se reía al menos se lo pasaba pipa a mi costa.
No me molesté ni en contestar, pero tampoco pude dormir.
Y al cabo de un rato, le oí suspirar.
"¿Vives aquí sola?" Me dijo. "Venga, no seas aburrida, sé que no duermes." Me dijo susurrando cuando no le contesté.
"Sí, vivo sola." Afirmé.
"¿Y no te sientes sola?"
"A veces." Afirmé suavemente. "Aprecio mi intimidad, sé estar sola y sé aprovechar mi tiempo sola."
"Sí, bueno… yo vivía solo también. También pensaba como tú, hasta que encontré a Hakkai." Afirmó haciéndome girar suavemente para ver que estaba boca-arriba con las manos tras la cabeza y el cigarrillo apagado en un cenicero sobre el radiador apagado debido a la temperatura de primavera. "Desde entonces nunca más he estado solo, y la verdad, lo de que te cocinen y compartir las tareas de casa está bien."
"Sí." Afirmé. "Tiene que estar bien."
"De todas formas, me he fijado, no tienes demasiada decoración, y la que tienes… parece más de una abuela que de alguien de tu edad." Afirmó.
"No es mío." Afirmé. "No me interesa encariñarme con un sitio en el que no voy a quedarme, que no es mío."
"Eso es triste." Afirmó.
"¿Te importa dejarlo?" Le dije volviendo a darle la espalda y cerrando los ojos. "No me apetece discutir cosas que no llevan a nada ahora."
"Vale, por qué llevas ese pijama." Me dijo. "No es demasiado femenino que digamos."
"Me gusta, además, a ti qué más te da." Le dije.
"Eres un poco borde ¿lo sabías?" Me contestó.
"Y tú un poco criticón." Afirmé. "Vivir solo es triste, ese pijama no es femenino… Bah…"
"Por eso no es bueno vivir como un ermitaño." Afirmó. "Se te olvida cómo tratar con gente."
No necesitaba mirarle para saber que sonreía así que se me contagió. Era cierto, a veces, cuando me sentía agobiada era un poco borde.
"Y lo siento si te ha molestado lo del pijama, no pretendía molestarte." Me dijo.
Eso me hizo sonreír más ampliamente.
"No te preocupes." Afirmé. "Es que me gusta este pijama, es cómodo y no es bueno dormir con ropa prieta."
"Pues duerme sin ella." Afirmó.
"¡Más quisieras!" Le dije aparentando estar ofendida, sin embargo, no pude evitar taparme la boca para que no me oyese reír; tal vez podría acostumbrarme a aquel tipo y sus rarezas. Hasta que me di cuenta de algo.
"Oye." Le llamé. "¿Y tu pijama?"
"Lo llevo puesto." Afirmó. "Los calzoncillos son lo más cómodo."
"Salido." Le dije.
"Le dijo el clavo al tornillo." Me dijo.
Agudo y con aguante pero ese carácter algo infantil aún. Interesante.
Creo que me dormí al cabo de poco más, y por eso no me di cuenta de que él estaba despierto aún, aunque estaba cerca, no me había tocado, lo cual era de agradecer.
Sin embargo, cuando me dormí, se levantó un poco sentado en la cama y me miró.
"Pequeña cabezota…" Pensó sonriendo al verme dormida profundamente. "No sé por qué se empeña en morder y aparentar ser lo que no es. Con lo mona que es cuando duerme..." Añadió echándose un poco hacia atrás.
(Salto espacio-temporal)
"No..." Murmuré despertando de golpe.
Curiosamente, el pelirrojo volvía a mirarme.
"¿Tú nunca duermes?" Le dije.
"Tengo el sueño ligero cuando vigilo." Afirmó.
"Pues métete tus vigilancias donde te quepan." Le dije yendo a levantarme y notando mareo durante unos segundos.
"Deberías guardar reposo." Me dijo levantándose y viniendo a hacerme sentar en calzoncillos.
"Y tú deberías dejar de tocarme las narices." Le dije soltándome y separándole.
"Eh, va en serio." Me dijo haciéndome volver a tumbar. "Hoy descansa y relájate."
"He dicho que no." Afirmé intentando soltarme sin éxito. "Suéltame, tengo cosas que hacer."
"¿La compra?" Me dijo. "Se encarga Hakkai. ¿Limpieza? Todos vamos a arrimar un poco el hombro, aunque… no sé si te lo dejaremos mejor o no." Afirmó aflojando un poco y casi murmurando para si mismo.
"¿Qué eres, un psicokiller?" Le dije intentando volver a soltarme.
Entonces me atacó y me sorprendió besándome y haciéndome caer bajo él que puso las rodillas a mis lados sujetándome las manos sobre la cabeza.
"Pervertido." Conseguí gemir cuando paró y recuperé un poco el sentido común.
"Parece ser la única manera de que cierres esa boca que tienes." Me dijo como si le divirtiese. "Y ahora sé una chica buena y quédate quietecita por un día, que hoy no tienes tus misteriosas salidas programadas."
"¿Y tú qué sabes?" Le dije.
"El mono tiró un libro llamado 'Agenda' al suelo y el sanzo le echó un vistazo rápido. Y sabemos que hoy no tenías citas importantes." Afirmó. "Así que quédate aquí quieta y dentro de un rato viene el mono a relevarme."
(Salto espacio-temporal)
"Mi turno." Dijo el castaño del grupo sonriendo.
"Jooo…" Se quejó el pequeño de ellos haciendo pucheros. "Yo quiero seguir con ella…"
"Goku, no seas acaparador." Le dijo el chico. "Además, Sanzo y tú tenéis que ir a comprar con una lista."
"¡HE DICHO QUE NO NECESITO UN MONO QUE ME ACOMPAÑE!" Oí gritar fuera.
"Si vas con él y le ayudas a cargar las bolsas te daré una magdalena que he encontrado antes." Le dijo el castaño sonriendo amablemente.
"¡Sanzo, esperame!" Le gritó a quien fuera que hubiera gritado saliendo del cuarto corriendo mientras el castaño cerraba la puerta para suavizar un poco el volumen de los gritos fuera. "Ah, cuando vuelva seguiremos leyendo eso." Me dijo casi pillándose la cabeza con la puerta antes de desaparecer quejándose porque casi le pillaran la cabeza.
"Este chico es un poco ruidoso." Dijo el castaño sin perder la sonrisa. "Espero que no te haya dado dolor de cabeza."
"No, hemos estado leyendo." Afirmé. "Me ha servido para practicar."
"Es un buen chico, pero un poco ruidoso."
"Tal vez."
"¿Y qué hacíais antes de que llegase que estaba tan calmado?"
"Leíamos cuentos." Afirmé mostrándole un libro de cuentos en inglés para una de mis lecciones. "Por lo que veo habláis 3 idiomas."
"Eso parece." Afirmó casi riéndose. "Si quieres puedes seguir leyendo."
"No, creo que descansaré un poco." Afirmé.
"Como quieras." Me dijo. "Lo siento si molestamos."
"No importa." Afirmé suspirando. "Es solo que… de verdad, puedo levantarme y hacer vida normal. Al menos como para ir al salón y moverme hasta la cocina."
"Pero eso puedes hacerlo." Me dijo confuso.
"Vale, reza para que no esté el pelirrojo por ahí, porque va a morir de la forma más dolorosa y lenta posible." Afirmé quitándome la ropa de cama de encima e incorporándome para notar de nuevo un ligero mareo.
"¿Estás bien?" Me dijo acudiendo a darme la mano.
"Sí, es que me he levantado demasiado rápido." Afirmé. "Voy a pasarme por el baño, me daré una ducha y luego ya puede desaparecer esa cucaracha mentirosa de aquí o juro que la mataré."
"Creo que le avisaré por si acaso." Afirmó. "Te acompañaré al baño y saldré para que te duches tranquila."
(Salto espacio-temporal)
El agua corriendo por mi piel era una bendición, y aunque hubiera tenido que sentarme porque volví a marearme, seguía siendo una bendición.
Cuando salí de la ducha, me sequé y vestí, ya no recordaba nada de mi amenaza, así que salí al salón y me senté al sol para poner la tele sin recordar que tenía algo que hacer contra el pelirrojo.
"Vaya, se te ve de mejor humor." Me dijo el castaño sonriendo cuando vino.
"Ya me había olvidado siquiera que estábais vosotros por aquí." Asentí.
"En realidad ahora mismo solo estamos nosotros." Me dijo. "He mandado a Gojyo a comprar pan. El que tienes está… hecho una piedra."
"No lo tires, puedo usarlo para hacer sopa." Afirmé.
"¿De miso?"
"No, de…" Le dije para darme cuenta que si el pelirrojo era de Japón, ellos tampoco serían de muy lejos. "Ven, te enseñaré a hacerla."
