Ya había pasado más de un mes desde la llegada de Ashley a la vida de las hermanas, y todo iba de maravilla. Se llevaba perfectamente con la princesa, eran muy parecidas en el aspecto de lo animadas e infantiles que eran. Llevaba bien las relaciones con todas las personas dentro y fuera del castillo. Cumplía con su trabajo. Además, con sus ocurrencias era un gran entretenimiento, no soportaba ver a los demás aburridos ni verse aburrida a sí misma.

Sí, todo iba a la perfección. Bueno, casi todo.

Las últimas semanas, la reina había estado teniendo frecuentemente esas extrañas pesadillas donde todo era lo mismo: aquella sombra intentando matarla. Lo único que variaba era el entorno, el cual bien podría ser el palacio de hielo en la montaña, el bosque en un estado de congelación, los pasillos del castillo de Arendelle, su habitación, o el lago escondido al que las llevó la castaña el día de su regreso, pero una parte que no conocía de éste, un lugar lúgubre y destruido por completo donde, más que preocuparse por la sombra, se alarmaba por cualquier sonido que llegaba a sus oídos.

Allí fue donde se desarrolló la pesadilla de esa noche, y fue ésa la primera vez que tuvo lugar allí.

Tenía la impresión de saber dónde estaba, pero nunca antes había visto un lugar semejante. Caminaba con cautela, atenta de cualquier señal de movimiento a su alrededor. Un detalle a destacar era el hecho de que vestía con una pijama azul como la que se había puesto esa noche antes de dormir. Aunque el lugar le ponía los pelos de punta, no se desesperaba, sabiendo que ésto terminaría como siempre: Aquella figura, aún sin identificación, intentaría matarla y se despertaría antes de que eso pasase.

Con el pasar de los días teniendo ésos sueños llegó a la conclusión de que debían tener algún significado. Tal vez intentando advertirle sobre algo que pasaría o que podría llegar a pasar si no se cambiaba algo. Pero lo único que podía descifrar era que alguien intentaría matarla. Ni el quién, ni el cuándo, ni el dónde, pero sí el hecho.

Caminaba con lentitud, todo lo que llegaba a sus oídos eran los crujidos que hacía las ramas secas al romperse bajos sus pies. Entre los troncos y las ramas de los árboles que alguna vez tuvieron vida, pudo distinguir una luz tenue. Se dirigió allí a paso rápido, las gruesas raíces en el suelo evitándole el poder correr, apartando las ramas secas que se encontraban en su camino y se partían con un crujido y luego otro al caer en el suelo seco.

En cuanto se acercó a la fuente de la luz, pudo apreciar de dónde venía. Había llegado a un pequeño claro, en medio del cual se encontraba el llamado Rey Árbol por los ancianos, el árbol más grande y viejo del bosque, cuyo inmenso tronco medía al rededor de unos 10 metros de diámetro, raíces inmensas agrietaban el suelo seco al serpentear por todo éste y adentrarse en el bosque, y ramas como dedos largos y huesudos que se doblaban hacia arriba en señal de que en un tiempo sostuvieron miles de hojas.

Colgando en una de las ramas bajas del Rey Árbol, estaba un cristal de color azul blanquecino, unido a una cadeneta, como si fuese una especie de collar mágico. Se acercó, insegura de lo que pudiese pasar si pisaba alguna de las raíces de ese árbol, pero haciéndolo ya que éstas cubrían parcialmente todo el suelo, y tomo el cristal en su mano, siendo éste de longitud del ancho de la misma.

Al hacerlo, el tenue brillo que emanaba el cristal se intensificó, llegando a iluminar todo el claro y colarse por entre las filas de los larguiruchos soldados que eran los árboles muertos. Tuvo que cubrir sus ojos con una mano para evitar que la luz le hiciese daño.

Al debilitarse de nuevo el brillo, escuchó en su cabeza de la voz ronca que ya le empezaba a ser muy familiar.

The crystal... is more important than you think... remember it.

Pensó por un momento qué significado podría tener ese cristal. Para luego darse la vuelta, dispuesta a marcharse.

La sombra estaba justo detrás de ella. Dio un gritillo por la sorpresa y su corazón dio un vuelco. La tomó del cuello, como siempre hacía, y sintió que un filo amenazaba con cortarlo si se movía. Era la primera vez que no usaba solo sus manos, pero no le veía sujetar nada. Escuchó su voz demoníaca hablarle por primera vez desde la primera pesadilla, y por su cuerpo subió un escalofrío de terror.

Don't pay attention.

That crystal only brings troubles...

Y despertó. Sola en su habitación. Sudando frío. El amanecer tocando con sus suaves rayos de sol el ventanal e iluminando la habitación después de un periodo de oscuridad que ya era algo habitual. Algo le decía que necesitaba descubrir algo, algo importante. Algo que le daría una nueva perspectiva de esos sueños, un nuevo significado. Algo que le daría la paz mental para comprender y hacer algo al respecto de esos sueños...

Durante el día tuvo el tiempo suficiente como para pensar en los sueños. Era extraño. Todas consistían en lo mismo. Aparecían sin un patrón exacto, podría tener una pesadilla cualquier día o podría no tenerla. No parecían estar sujetas a nada.

Quizás a algo, pensó.

Las últimas dos semanas había notado un detalle relacionado con una frase utilizada por Ashley al momento de despedirse de ella por las noches. La cual era: Sweet Dreams. El punto era que cuando la usaba no había ninguna pesadilla ni nada relacionado. No la usaba siempre. Y cuando no la usaba podría tener o no una pesadilla. Lo más probable era que la tuviese. Solo era una hipótesis. Pero como podría o no tener una pesadilla si no la decía podría ser que no fuese nada más que una coincidencia.

Una muy rara y sospechosa coincidencia, pensó.

A los pocos minutos de dejar, por fin, de pensar en eso, una nueva serie de pensamientos que no tenían mucho que ver con los anteriores pero que igualmente podían llegar a volverla loca, atacaron su mente. Los últimos días se había visto involucrada en varias situaciones incómodas con la castaña. Éstas consistían en tropiezos o accidentes que les dejaban en una situación incómoda o embarazosa. Acercamientos peligrosos y ese tipo de cosas.

Lo único que conseguían era, aparte de hacerle sonrojar, quitarle el habla por los nervios y poner a su mente más en su contra de los que ya estaba, que Ashley cambiase su comportamiento con ella. Siempre se comportaba de la misma forma cariñosamente traviesa con ella, haciéndole bromas que por un momento parecían ir en serio. O al menos así lo veía ella. Pero, después de pasar por uno de esos momentos, se comportaba un poco más distante y podría decirse que fría, adoptando una actitud que usaría con alguien que no conocía.

Eso le hacía sentir extraña. Algo ardía en su pecho cuando Ashley se comportaba así con ella. Dolía. Le dolía de una manera que siquiera sabía cuál era el dolor que sentía. Era una combinación del dolor de que tu mejor amiga se aleje de ti por motivos que no conoces, con un dolor que no había sentido antes, y que se extrañó al identificarlo así por ello, que era el dolor de que la persona a la que quieres de esa manera especial te rechace o evite.

No sabía porqué se sentía de esa manera. Podría ser que... no, no podía... ¿o sí? ¿Podría llegar a ser posible que estuviese... enamorada de Ashley?

No... ¿Sí? Quizás... Tal vez... A lo mejor... Es posible...

Debía admitir que había pensado antes en esa posibilidad. Incluso antes de que volviese. Pero la idea nunca estuvo tan clara en su mente como ahora.

Como sea que fuese, prefirió hacer lo que siempre hacía cuando se agobiaba con las preguntas que se hacía ella misma. Cuando sentía algo fuera de lugar, según su sentido común, para con la castaña. Cuando se confundía con las bromas que hacía y no sabía qué pensar al respecto... Ignorarlas.

Pensar en otra cosa. Hacer como si no estuviesen allí, atormentándola. Restarles importancia. Convencerse de que solo eran caprichos de su mente o intentos del universo por hacerle perder la cordura.

Pero no podía deshacerse del todo de ellas. Una parte de su mente, por muy pequeña que fuese, seguía buscándoles respuesta a todas ésas interrogantes. Una parte que le decía que era importante que les consiguiese respuesta. No sabía el porqué, pero sentía que resolverlas podría ayudarla a darse cuenta de algo. Algo grande. Algo importante. Algo que le cambiaría la vida.

Así mismo, esa misma pequeña parte sin medida exacta de qué tan pequeña era, era la que estaba de acuerdo en que los sentimientos que sentía hacia la castaña eran ciertos. El hecho de que ya no la consideraba solo una amiga, si no algo más. Más intenso. Más profundo. Más aterrador.

Porque no era que no le sedujese un poco la idea. Tenía miedo. Ese sentimiento que puede doblegar a cualquiera y que hasta el más valiente de los seres siente y es víctima de él y no puede escapar de él. Ese maldito sentimiento que evitó que estuviese junto a su hermana durante trece largos y dolorosos años en los que sufrió al oírle cantar tras la puerta cerrada, sabiendo que se sentía sola y abandonada por aquella persona en la que más confió en su vida. Que evitó que llorase junto a ella la muerte de sus padres.

Ese sentimiento volvía a nacer en su interior cuando en su mente se aparecía la idea de que podría estar enamorada de su mejor amiga...

Trató de dejar de pensar en éso fijándose en su entorno. Estaba sola en su oficina ya que la ojimarrón no se había presentado ese día y nadie parecía haberla visto. Estaba enfocándose lo más que sus pensamientos la dejaban en el papeleo para intentar ignorar esas estúpidas preguntas con las que ella misma se acribillaba. Intentando sacárselas de la mente y no pensar tanto en ellas. Pero lo único que conseguía su desinterés eran los papeles que tenía en mano.

Dejó la carta sobre el escritorio, suspirando y pasando una de sus manos por su cabello. Analizó las demás cosas sobre su escritorio. Una pila de cartas sin leer junto a otra con contratos por analizar, algunas cartas ya leídas en una pila aparte, mientras que los contratos firmados y las cartas más importantes estaban en un cajón bajo llave de su escritorio. Había un papel manchado con tinta de su pluma, el pequeño frasco con tinta negra, unos cuantos lápices de carbón, y una pequeña caja de color celeste con un lazo azul adorándola.

Un segundo. ¿Éso estaba ahí cuando llegó? No recordaba haberlo visto. Bueno, no es como si su mente hubiese estado lo suficientemente despejada como para permitirse analizar un lugar que no cambiaba demasiado. Pero aún así, ¿qué era eso? ¿Un obsequio? ¿Por qué habría dejado alguien un obsequio ahí? No era ningún día especial, que ella recordase. Otoño... octubre... jueves... No, ningún día especial.

Tenía una vaga idea de quién había dejado eso allí, teniendo en cuenta las pocas personas que tenían acceso a su oficina. Pero no quería hacerse falsas ilusiones. Alargó su brazo para tomarlo cuando escuchó la puerta abrirse, subió al mirada con el sonido. Allí estaba entrando la persona responsable de todos esos pensamientos desquiciados que le rondaban la cabeza y amenazaban con querer volverla loca. Se acercó a ella, con su típica sonrisa ladeada pintada en los labios, más radiante que nunca.

-Buenos días, su majestad- saludó Ashley con una supuesta voz cordial. Últimamente le había dado por llamarle de esa manera, aún cuando sabía que prefería ser llamada por su nombre- Lamento no haber llegado antes, estaba arreglando algunas cosas- aclaró, no tan claramente, quedándose de pie frente al escritorio, apoyándose en éste con una mano. Dirigió la mirada a la cajita entre sus manos- ¿Qué es eso?- preguntó asintiendo hacia el objeto aún sonriendo.

-¿Tienes idea de quién lo dejó aquí?- preguntó la reina enarcando una ceja, sabiendo la repuesta. La sonrisa de la ojimarrón se ensanchó y se sentó sobre el escritorio al extremo opuesto- ¿A qué se debe?- volvió a preguntar con la caja en mano, sin abrirla aún.

-Ábrela- dijo la castaña observándola desde su posición sobre el escritorio. La rubia obedeció, abriendo el obsequio con calma.

Dentro de la caja había una cadeneta de plata con un símbolo de un copo de nieve igualmente plateado, adornado con un zafiro en el centro. Junto a al cadeneta había una pequeña nota en papel que decía en letra cursiva: ¡Feliz cumpleaños, Elsa! (Atrasado). Sacó la nota, seguida del collar, al que se quedó observando conmovida en la palma de su mano, con un sentimiento cálido creciendo dentro de ella.

-¿Te gusta?

-Por supuesto, es precioso- decía aún observando el collar y sonriendo inconscientemente, mientras que la castaña se levantaba y se colocaba detrás de ella- No debiste...- iba a decir molestarte, pero fue cortada al Ashley tomar el collar y ponerlo al rededor de su cuello.

Sentía el aliento cálido de la joven golpear la parte trasera de su cuello mientras sus dedos se esforzaban en cerrar el pequeño broche de la cadeneta. Se sonrojó cuando su mente comenzó a divagar entre esos sentimientos que aún no sabían si eran del todo ciertos y una corriente eléctrica recorrió su espalda, lo cual supo disimular muy bien. Una vez lo abrochó, bajó la mirada para ver el pequeño copo de nieve, que supuso la castaña lo eligió con referencia a su poder, colgar en su pecho.

-Gracias- terminó diciendo con voz suave.

-Aún no me agradezcas- dijo Ashley rodeándola con sus brazos por los hombros, estando la reina sentada, inclinándose hacia adelante, dejando su rostro a un lado del de la reina- ¿Qué te parece si salimos de paseo en la tarde? ¿Un picnic tal vez? ¿Mmm?- susurró en su oído, su aliento cálido chocando contra su piel, las vibraciones de su voz entrando en su oído, ocasionando que la corriente eléctrica recorriese todo su cuerpo ésta vez.

Se quedó sin habla por un momento, con los labios entreabiertos y la respiración ligeramente agitaba por la sensación extrañamente agradable que le produjo el aliento de la castaña golpeando en su oreja. Tomó aire profundamente de la forma más disimulada que pudo para tratar de ignorar las sensaciones que ahora comenzaba a sentir en todo su cuerpo y dijo lo primero que se le vino a la mente.

-Y ¿qué hay de Anna?- se las arregló para decir con voz algo baja y volviendo ligeramente su rostro hacia ella.

-Ya he hablado con ella y está de acuerdo en que tú y yo salgamos en la tarde- anunció la castaña soltándole pero manteniendo sus manos sobre sus hombros- Charlar un rato, ¿qué me dices? Recordando los viejos tiempos.

Los viejos tiempos. Momentos pasados que siguen existiendo. Cosas que cambian con el tiempo pero que, a la vez, no pueden ser alteradas. Todo lo que se puede hacer es recordarlos. Lo cual solo los entierra cada vez más profundo en la fosa que es el pensamiento humano y por tanto vamos perdiendo la claridad de éste. De alguna manera u otra ya las cosas no son lo que eran ayer, ni lo que eran el día anterior, o el día anterior a ese. Los tiempos memoria revive y entierra, haciendo que las cosas no tengan el mismo significado que tuvieron en un principio.

A veces sientes algo por alguien y con el pasar del tiempo dejas de sentirlo. Consideras algo a alguien y luego es más de lo que era. Sientes algo de lo que no te das cuenta que sientes y con el tiempo se intensifica permitiéndote saber lo que es. Alguien se va y te das cuenta de lo mucho que lo necesitas. Comienzas a sentir algo por la persona que menos esperabas. O alguien llega y hace algo que cambia tu mundo por completo.

Elsa no estaba tan segura de cuál de esas opciones era la que había elegido el destino, pero sabía que había maneras de averiguarlo.

-Supongo que está bien- aceptó observando la sonrisa de su... amiga.

Porque por el momento no hay otra forma de referirse a ella.

-Será divertido- aseguró, plantándole un beso en la mejilla y yéndose a sentar frente a ella como siempre.

-De eso no tengo dudas- rió volviendo su mirada a la carta que estaba leyendo antes de que todo esto pasase, intentando disimular su rubor...

Sentía sus mejillas arder y no levantaba la mirada para no evidenciar su rubor. Sentía una especie de marca invisible, ya que la ojimarrón no usaba labial, en su mejilla donde la chica-lobo había plantado ese inocente beso. La sensación fue agradable y estaba grabada en su mente, repitiéndose una y otra vez. Cerró los ojos por un momento, intentando revivirlo de manera más ávida. Aunque fue algo rápido y leve pudo sentir la textura de sus labios, suaves, tibios y ligeramente húmedos.

De forma inconsciente, su mente, siempre tramando en su contra, comenzó a maquinar con las preguntas que le plagaban el cerebro. ¿Cómo sería besarle? ¿Sus labios se sentirían igual de suaves contra los suyos, o, el frío de los propios contagiaría a su calor?

Imaginaba un contacto suave, pero con chispa. Tal vez Ashley tendría experiencia y dominaría el asunto. Tal vez se dejaría guiar por ella. Sus labios, cálidos, moviéndose con la misma sincronía con la que bailaron aquella noche junto con los suyos, fríos como el resto de su cuerpo, a un compás apasionado y subiendo la intensidad con caricias...

¡Espera! ¡¿En qué se supone que estás pensando?! ¿Besarle? Solo irán de paseo. ¡Deja de creerte el centro de SU mundo! Ella no está interesada en ti.

Habló su consciencia, deshaciendo el hilo de sus pensamientos. Y, aunque cruel, era cierto. Solo por el simple hecho de que irían de paseo no significaba que estuviese fijada en el sentido romántico en ella. Y, si fuese así, no podría suceder. Quedarían como amigas y hasta allí llegaba el asunto. Y, aunque lo quisiese, aunque desease consciente o inconscientemente que algo pasase entre ellas, no podía. ¿Quién lo aceptaría?

Trató de alejar esos pensamientos de su cabeza volviendo a intentar centrarse en los papeles. Pero de nada servía. Su mente parecía estar empeñada en hacerle perder la cabeza con ese pensamiento.

Las horas no pudieron pasar más lento desde ahí. Veía a la castaña cambiar de actividad constantemente, evitando hablar con ella o hacer contacto visual, ansiosa, al igual que ella, de que llegase la hora en que la reina terminase con su trabajo.


Después de lo que para ella fue una eternidad en tiempo limitado, el atardecer hizo acto de presencia en el reino. Salieron del castillo y se encaminaron en dirección al Lago Escondido. No llevaron nada con ellas ya que, aparentemente, Ashley había preparado todo con anticipación. Entre las bromas de la castaña y las conversaciones, en su mayoría triviales, el camino les pareció bastante corto.

Atravesaron la cortina de agua que ayudaba a esconder el lago, caminaron a su interior, encontrándose con una vista totalmente diferente a la que habían tenido la vez anterior.

Al ser de noche, todo cobraba una nueva dimensión. Todo estaba bañado por la oscuridad de la noche, que hacía que el pasto y las hojas de los árboles se viesen casi de un color negro, junto con el brillo de la luna a una noche de llenarse, la cual se veía más cercana a la Tierra en ese mágico lugar. Diferentes tipos de plantas y flores que irradiaban un tenue brillo en colores neón (azul, verde, fucsia), tanto acuáticas como terrestres. Los las escamas teñidas de colores extravagantes de los peces también irradiaban un brillo peculiar mientras éstos nadaban tranquilos en el centro del lago, cuya agua parecía un vacío brillante por los reflejos de la luz de la luna.

El silencio de la noche, acompañado con la sinfonía de los grillos y el sonido del agua de la cascada en descenso. Una manta ubicada a las orillas del lago con diferentes tipos de dulces sobre ella, y el frío viento otoñal que ansiaba con darle la bienvenida al invierno dentro de un tiempo que se filtraba en sus pulmones, inundándolos con una sensación de satisfacción total. Era un deleite para sus ojos, un placer para sus pulmones, un boom para su mente y un vuelco para su corazón.

¿Ashley había estado preparando ésto? ¿Será que lo estuvo planeando desde un principio o solo lo había improvisado por deuda? Sea con fuese, y le gustaría pensar que eso era algo especial, le encantaba poder estar allí junto su... amiga.

-Wow- exclamó Elsa en voz baja, comenzando a caminar con paso lento hacia la manta extendida a las orillas del lago, tomándose su tiempo para apreciar la belleza del lugar- Ésto es...

-¿Hermoso? ¿Fantástico? ¿Mágico? Literalmente sí, sí y sí- dijo la castaña, creyendo adelantarse a lo que la rubia iba a decir.

-Mucho más romántico de lo que era antes- terminó, viendo la expresión de aturdimiento en el rostro de la castaña, quien luego soltó la carcajada.

-Touche- rió sentándose sobre la manta, y la rubia sentándose junto a ella- Y éste, su majestad, es su obsequio post-cumpleaños- dijo viéndole con una sonrisa y señalando son su mano a su al rededor.

Quiso hacer algo más, pero pensó que no sería el momento adecuado, y no tuvo valor sino para esperar a que la ojiazul iniciase una conversación. Pronto, la chica-lobo sintió una presencia cerca, pero ésta no parecía ser sólida, así que le restó importancia dando por hecho que era un simple animal que había salido a dar un paseo nocturno.

-Dices que ¿ésto es un obsequio?- cuestionó la reina viéndole con una clase de confusión divertida.

-Pues sí, ¿A ti qué te parece?- preguntó a su vez con la sonrisa pintada en los labios.

-No lo sé... una cita ¿tal vez?- vaciló como para hacerle creer que estaba bromeando, cuando el trasfondo de la pregunta era averiguar un poco de los sentimientos de la castaña. Ésta pareció pensarlo y desvió la mirada como quien es descubierto haciendo trampa, aunque sin borrar la sonrisa que parecía prevalecer en su rostro contra viento y marea.

-Una cita...- repitió aún con la mirada fuera de ella, como si esas dos palabras le ocasionasen alguna diversión- ...una cita- volvió a decir como disfrutando de mencionar esas palabras, pero el deje de diversión se había ido- Puede ser una cita, si quieres que lo sea- dijo al fin, volviendo a fijarse en ella.

Había una infinidad de maneras para tomarse esa respuesta. Estaba el modo: Claro que es una cita, no te lo dije porque no aceptarías. O: ¿Estás loca? ¿Por qué habría de ser una cita? También: Sí, lo es, no te lo dije porque tenía miedo. Quizás: ¿Una cita? ¡Oigan todos! ¡Ella cree que estamos en una cita!

Aunque en sus palabras hubo indiferencia, hubo un deje de esperanza que le confundía aún más al momento de interpretar la respuesta.

En ese momento, que le estaba viendo a los ojos, le hubiese gustado tener la habilidad de meterse en su mente. De poder penetrar en su subconsciente y leer sus emociones como el libro abierto que no era Ashley. Es más, realmente, aunque habían sido las mejores amigas y la persona en la que más confiaba en esos momentos, no la conocía demasiado. Apenas sabía dónde había nacido, sabía que su padre fue un guerrero y que ella en algún momento entrenó para ser una, su cuerpo era la prueba de ello. No sabía nada sobre su madre, ni su familia, ni si tenía algún otro amigo.

¿Adónde había ido durante estos tres años? No volvió a su aldea, eso era seguro. ¿Habría hecho algo malo? Según yo, no acostumbras a volver a los lugares de los que desapareces, recordó las palabras de Kristoff al reencontrarse con Ashley. ¿Quería decir que ya se había ido así de otros lugares? ¿Estaba huyendo? ¿Qué habría hecho para tener que huir? ¿Qué estaba diciendo?

-Elsa, ¿me estás escuchando?- escuchó preguntarle mientras buscaba su mirada. Volvió de golpe al mundo real y enfocó la mirada.

-¿Qué? No, lo siento, ¿qué decías?- se apresuró a responder observando la mirada juiciosa de su amiga, parecía entre preocupada y molesta.

-¿Fue por la pregunta?- preguntó con voz suave Ashley, como si estuviese retractándose de algo que realmente no había escuchado.

-No, no, realmente siquiera escuché la pregunta- aclaró acercándose un poco a ella para convencerla.

-Bien, te había preguntado ¿qué pasó el día de tu coronación?- repitió viéndole a los ojos.

-¿No te lo he dicho?- preguntó más para sí que para la castaña- Pues... verás...- buscaba las palabras correctas con las que iniciar a contar los hechos, sin saber siquiera por dónde tenía que iniciar.

-Si no quieres hablar de eso no importa- se apresuró a decir Ashley.

-No, no, no, no es eso- dejó escapar un largo suspiro y comenzó el relato- Sabes que desde el accidente me había estado guiando por una clase de mantra: No haz de abrir tu corazón. Buena chica siempre debes ser- comenzó a decir de forma calmada, escuchando el gruñido de molestia de parte de la castaña. Bien sabía que ese mantra siempre le había molestado ya que le parecía algo estúpido- Ese día no debía ser la excepción. Todo comenzó a desviarse durante la fiesta de coronación. Estaba realmente feliz de volver a ver a Anna. Pero ella estaba demasiado ansiosa por empezar a cambiar su vida e iba demasiado rápido. Regresó un rato después, pidiendo mi bendición para contraer matrimonio con un príncipe que había conocido...- la chica interrumpió al escuchar la última frase.

-Espera... ¿Quería casarse con un tipo que acababa de conocer?

-Yo tuve la misma reacción. Claro que ella no se rendiría tan fácilmente. Comenzó a objetar cosas incorrectamente ciertas, y cuando traté de alejarme tomó mi guante. Intenté dar fin a la discusión, pero perdí el control. Todos me miraban y tuve que escapar. Llegué hasta la montaña del Norte y allí construí el castillo de hielo, pensando que sería mi nuevo hogar. Dos o tres días después, Anna llegó al castillo pidiéndome que volviese al reino, que todo volviese a ser como cuando éramos niñas. Me negué por miedo a herirla. Entonces me dijo que Arendelle se había sumido en un invierno eterno por mi culpa. El pánico me inundó y accidentalmente congelé su corazón. Los eché del castillo- una pausa- Me sentía fatal.

-Primero el reino y después Anna. Me sentía como un monstruo, todo lo que había hecho fue hacerle daño a las personas que amaba- otra pausa, ésta más prolongada; veía el agua cristalina en calma como la noche- Estaba decidida a no volver jamás. Hasta que el supuesto prometido de Anna llegó al palacio con tropas y me llevaron de regreso a Arendelle. Desperté en una celda. Él me pidió que devolviese el verano, le dije que no podía. Y era cierto: no sabía cómo hacerlo. Volví a perder el control y el lugar se congeló, dándome la oportunidad de escapar. El príncipe me interceptó a mitad de la huida y me dijo que mi hermana había muerto gracias a que congelé su corazón.

-En ese momento mi mundo entero se derrumbó. Mi hermana, lo único que me quedaba en éste mundo, había muerto... Y por mi culpa. O al menos, eso me hizo creer. Era cierto que había congelado su corazón, pero ella seguía viva y me salvó de la espada Hans, congelándose en el acto. Pensé que en ese momento sí la había perdido. Pero, al sacrificarse por mí, hizo el acto de amor de verdad que necesitaba para descongelar su corazón. Ahí, éso, ella fue quien hizo que me diese cuenta del error que había estado cometiendo durante toda mi vida. La clave para controlar mi poder era el amor, y era algo de lo que me había estado privando durante demasiado- suspiró, aún con la mirada clavada en el agua; la castaña la observaba con atención- Desde entonces, he podido controlar mejor mi poder y decidí no privarme de las emociones- lo último era una especie de verdad incompleta.

Al finalizar su relato volvió la mirada a la ojimarrón, ésta la observaba fijamente, claramente asombrada de lo que había sucedido en su ausencia, con varios sentimientos reflejados en su mirada, entre los cuales destacaba una cierta decepción, más no era hacia Elsa. Ashley tenía un sentimiento culpable dentro de sí. Sentía que, su hubiese estado allí, con ella, pudiera haber hecho algo para que su secreto no fuese sido revelado de aquella manera. Para que no se hubiesen puesto en su contra. Para que no se hubiese asustado así. Para que no se hubiese sentido sola...

-Yo... no sé qué decir...-logró decir ante la mirada expectante de la rubia.

-No tienes que decir nada- aclaró dedicándole una mirada confortante, teniendo una idea de lo que pasaba por la mente de Ashley.

-Me siento de lo peor...-expresó bajando la cabeza y las orejas.

-No hay porqué, Ash- la rubia trató de razonar con la ojimarrón, que solo negaba con la cabeza.

-Es que... siento que algo de lo que sentiste fue mi culpa- comenzó a decir, culpándose a sí misma por lo que pasó- Se supone que yo siempre iba a estar junto a ti pero...

-No tienes la culpa de nada- dijo la reina tomando su mejilla con una mano para que le viese a los ojos.

-Si tan solo hubiese estado allí...

-No hubiese cambiado nada- le cortó repentinamente seria con tono de voz firme- Ninguna tiene la culpa. Hans vino en busca de poder y eso fue lo que inició todo.

Antes de que dijese otra cosa, la castaña se inclinó hacia adelante, atrapando sus labios en un dulce beso. La reina se quedó helada. Literalmente no se movió y mantenía los ojos abiertos como platos ante la gran sorpresa. ¿Éso estaba pasando? ¡Realmente estaba pasando! No estaba volviendo a soñar con los ojos abiertos. En realidad Ashley le estaba besando.

Al cabo de unos segundos cayó en cuenta de lo que estaba pasando. Se debatía entre corresponderle o no. Si lo hacía, ¿qué pasaría después? Si no lo hacía, ¿qué pensaría Ashley? No sabía qué hacer. Solo estaba allí. Viviendo ese momento que nunca pensó que llegaría.

Cuando iba a mandar a volar al sentido común y cerrar los ojos para corresponderle, sintió como la joven rompió el contacto, alejándose con delicadeza y manteniendo la mirada fija en el suelo.

-¿Qué fue eso?- inquirió suavemente, buscando la mirada café.

Que la haya tomado por sorpresa no fue motivo para alterarse. Y menos aún por algo que, aunque nunca pensó que pasaría y estuvo deseando que pasase, le gustó que pasara.

-Una disculpa- dijo desviando la mirada, evitando toparse con ese par de ojos azules en los que se perdía fácilmente.

-¿Disculpa por qué?- volvió a preguntar, tomando su rostro y obligándole a fijar la mirada en los ojos que trataba de evitar.

-Por no haber estado cuando me necesitabas- la castaña dejó escapar un suspiro de impotencia, para luego levantarse y empezar a alejarse con paso rápido, con intenciones de salir al bosque y vigilar desde la distancia a la rubia en su camino de regreso al castillo.

Antes de alejarse demasiado, un pequeño tirón en su brazo la detuvo. Elsa le había tomado de la muñeca para detener su escape. Soltó un suspiro al volverse y encarar a la ojiazul, cuyos ojos reflejaban algo que no pudo identificar del todo, o que no quiso hacerlo.

-Lo siento... no- suspiró- ...no debí hacerlo... fue un impulso... no...- empezó a decir, disculpándose con ella, mas fue interrumpida por la reina, quien tomó su rostro entre sus manos y volvió a unir sus labios.

Ahora fue el turno de la castaña para sorprenderse. Primero se quedó helada, procesando lo que estaba pasando. Luego reaccionó, correspondiendo al beso de forma no tan tímida, pero sin quitar la ternura inevitable que le dio esencia a ese beso.

Elsa no se creía lo que estaba haciendo. No estaba segura de lo que la impulsó a hacerlo o de dónde sacó el valor para hacerlo. Pero estaba haciendo aquello que nunca pensó llegar a hacer, nunca pensó desear tanto hacer y nunca pensó disfrutar tanto. Estaba besando a Ashley,

Sus labios se movían a un compás rítmico y lento, fluyendo junto con la naturaleza a su al rededor. Se sentían incluso más suaves contra los suyos, la calidez era realmente agradable, y su ligera humedad hacía de la sensación más placentera.

Por un momento, creyó darse cuenta de lo que estaba haciendo, intentando separarse de la castaña. Ésta, al sentir que se alejaba, le rodeó con sus brazos por la cintura, juntando más sus cuerpos y reanudando el beso. La reina soltó un pequeño gemido en la boca de la ojimarrón por la sorpresa, pero pasó sus brazos por sobre los hombros fuertes de la castaña, vigorizando el beso pero sin pasar la línea que separaba a lo tierno de lo lascivo.

Solo se separaron cuando sus pulmones comenzaban a demandar por oxígeno. Permanecieron abrazadas. Las respiraciones agitadas. Los corazones acelerados. La castaña mantenía los ojos cerrados, mientras que la reina observaba a su... realmente no había una palabra que se amoldase lo suficientemente bien a lo que ella era en esos momentos.

Cuando Ashley abrió los ojos, se encontró con el mismo sentimiento reflejado en la mirada azul, el cual ya había identificado. Pero no quería arriesgarse a llamarlo de ninguna manera.

-Disculpa aceptada- susurró la reina, sacándole una risa a la ojimarrón, quien solo se limitó a abrazarle afectuosamente.


Un par de horas pasaron. Ahora se encontraban sentadas bajo la sombra inexistente de un árbol. La ojimarrón estaba recostada del tronco del árbol y la rubia descansaba sobre ella. Durante ese rato estuvieron hablando de lo que pasaría con ellas después de eso, las consecuencias que traería sacar su relación a la luz.

Lo que más le aterraba a Elsa era lo que pensaría su pueblo. Probablemente muchos estarían en desacuerdo con esa relación y lo que menos quería era que se armase un alboroto por alguien a quien quería tanto.

Así mismo, la castaña no quería causarle problemas y entendía el conflicto que causaría una decisión imprudente. Ambas acordaron mantenerlo en secreto, por el bien de todos. La única condición, puesta por la reina, era que se lo dirían a su hermana, que ella tenía derecho a estar enterada de ello. La ojimarrón no tuvo mayor inconveniente con eso.

Luego de acordar todo eso, se quedaron en silencio. No un silencio incómodo, era más un silencio placentero. Uno de esos que están destinados para hacerte disfrutar de la compañía que tienes, para saber que estás con alguien que quieres, que se arruinaría con el hablar. Solo ellas dos. Nadie más. Ellas, las estrellas, el reflejo de la luna y en sonido del agua.

Estando la reina sentada, técnicamente, sobre Ashley, con la cabeza recargada en su hombro izquierdo, escuchando los latidos tranquilos e inusualmente rápidos del corazón de la joven, Ashley abrazándole de la cintura, ella con la vista fija en el agua y la castaña con la mirada perdida en el cielo.

De pronto, una duda cruzó por la mente de la reina. Una pregunta que, sabía, solo la ojimarrón le podría responder. Y que, aunque sabía que si la expresaba estaría echando por la borda el momento, tal vez no hubiese otro mejor para hacerla. Aunque quizás preocuparía o incomodaría a la castaña, aunque sentía que se estaba quedando dormida, sabía que debía hacerla.

-Ash...- le llamó en un susurro algo tembloroso.

-¿Sí?

-¿En éste lugar hay... algún tipo de sección muerta o abandonada?- le preguntó hablando lentamente, aún apoyada en su hombro sin subir la mirada.

-Eh... Sí, sí existe. Pero está muy lejos de nuestra posición. Es muy difícil llegar allí- explicó con brevedad.

Entonces sí existía. No era solo un efecto de la pesadilla de volver las cosas más horribles de lo que realmente podrían ser. Era real y quién sabía qué habría allí. El tono de voz y el compás que usó la castaña para responder hacía notar que no le agradaba demasiado la pregunta. Pero era mejor seguir y sacar todas las dudas de una misma vez.

-Y... ¿Sabes si en ese lugar existe una especie de... cristal?- volvió a preguntar, tomando una de las manos de la ojimarrón y jugando con ella como para no darle demasiada importancia a la pregunta.

-¿De dónde sacas ésas cosas?- devolvió removiéndose para buscar su mirada.

-Lo... leí en un libro- mintió, nerviosa por la mirada de la castaña, que, de un momento a otro, se volvió demasiado penetrante. No estaba segura de querer contarle sobre las pesadilla, quizás no se lo tomaría muy bien- ¿Existe?

-No, que yo sepa- respondió con un tono que le pareció sincero- Nunca he visto algo similar. Todo lo que hay allí son árboles secos y una triste inexistencia de vida.

No perdió mucho con preguntar. Tras esa respuesta ella solo asintió y volvió a acomodarse en el pecho de la castaña.

Pensaba en la relación que podría tener ese cristal con ese lugar. No tenía ningún sentido. El cristal irradiaba vida, luz, esperanza. Mientras que el bosque estaba muerto, era oscuro, transmitía miedo. No tenían nada en común. Excepto que uno no existía sin en otro.

Si no existiese la luz, ¿cómo sabríamos qué es la oscuridad? Si no hubiese oscuridad, ¿cómo apreciaríamos la luz?

Esas últimas preguntas se quedaron girando en su cabeza durante un largo rato hasta que el sueño al fin la venció. El sonido del agua caer, junto con la orquesta de los grillos y el resto de los animales nocturnos, el aullido del viento y los latidos suaves del corazón de la castaña componían una canción de cuna ante la que era imposible no sucumbir. Aunque lo último que llegó hasta sus oídos fueron las palabras: Sweet Dreams, por parte de Ashley.

Ella se quedó despierta bastante rato luego de sentir a la reina dormida sobre ella. Acariciaba su rubia cabellera con la mano con la que estuvo jugando hace un rato, observando el cielo estrellado, como esperando algo que, efectivamente, llegó.

Se escuchó el aullido de un violenta ráfaga de aire helado sacudir las ramas de los árboles. La sintió pasar a su lado y concentrarse frente a ella. Se mantuvo calmada, sabiendo lo que le esperaba.

How in the hell she found out about that crystal?!

Preguntó furiosa aquella voz grave proveniente de ninguna parte.

¿Cómo diablos voy a saber? Yo no he dicho nada y tú, mejor que nadie, lo sabes.

Susurró la castaña en vista de que la reina estaba dormida. Esta vez, a diferencia de la anterior conversación que pudimos presenciar, los ojos de la castaña permanecieron de su color café habitual, con la diferencia de que se notaban incluso más oscuros.

If she found out the function of that necklase, everything is over... and you...

Vociferó la voz iracunda. Con la pausa que hizo, Ashley sintió una fuerte punzada en el pecho y abdomen, como si una daga fuese clavada en ellos, soltando un gruñido por ello, absteniéndose de gritar por no despertar a Elsa.

Si yo muero, tú mueres conmigo. Te guste o no, estamos encadenadas.

Aseveró sin alzar demasiado la voz, pero no fue necesario para que se notase la advertencia, el veneno y el peligro que que simbolizaban esas palabras. El dolor disminuyó. Frente a ella pareció formarse una silueta transparente-mente visible.

Not for much longer, thanks to your little queen...

Comenzó, acercándose a ellas y acariciando la mejilla de la rubia, quien se removió contra la castaña, quien soltaba un gruñido de molestia por no poder hacer nada en esa situación. Se moría de ganas por ponerle las manos encima. Por desgracia, eso era imposible.

I know where is the crystal.

¿Crees que le mentí? He recorrido ese lugar demasiadas veces y sé que allí no está ese maldito cristal.

That's what you think. But either way, whatever it cost...

Dio un paso al frente con fuerza, la castaña soltó otro gruñido de dolor ante al sensación de que la daga invisible era clavada más profundamente y retorcida en su pecho.

I'll get rid of you... And... if I do it... she will be at my mercy...

Ashley, aunque carente de temor hacia aquella figura, estrechó a la reina un poco más contra sí, en un gesto protector. La voz dijo riendo de lo más divertida.

Don't try to protect her. You knowest that you are a damage to her.

Cerró los ojos con fuerza, mientras el aire cesaba. Dejó escapar un suspiro que casi fue un gemido de lamento, al tiempo que una lágrima abandonaba su ojo derecho, en el que estaba siendo retenida a la fuerza.

¿Qué estoy haciendo? Tiene razón... soy un peligro para ella... Pero no puedo dejarla. No puedo. No quiero. No voy a hacerle sufrir de esa manera.

Sintió que la ojiazul se removía en su pecho, estaba despertando. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para tragarse el nudo que tenía en su garganta y no llorar para no preocuparle.

-¿Ash? ¿Estás bien?- preguntó Elsa con voz algo ronca, observando la expresión afligida de la castaña y la lágrima aún en su mejilla.

-Sí, sí, estoy bien. Solo fue un sueño- mintió.

Deseaba que aquello hubiese sido cierto. Que solo hubiese sido un simple ilusión de su mente. Una simple y horrible pesadilla que le atormentaba, como aquellas que azotaban la mente de la rubia. Y sí, aunque la reina no lo hubiese mencionado, ella sabía perfectamente sobre las pesadillas que había estado teniendo de forma intercalada.

Pero era real. Esa horrible pesadilla, esa perturbadora ilusión era un una cárcel real para ella, en la cual estaba condenada a pasar todos los días de su miserable existencia.

-Vuelve a dormir, no te preocupes- insistió intentando que su voz no se quebrase, sin mucho éxito.

La rubia frunció el entrecejo, cuestionando lo que la castaña decía observando esa lágrima con mala cara. Suavizó la mirada al volver al verle a los ojos, acto seguido secó aquella lágrima antes de que cayese de su mejilla, con una delicadeza y dulzura que solo ella podía poseer.

-¿Sabes que eres lo único que tengo?- dijo Ashley viéndole a los ojos y acariciando suavemente su mejilla.

La reina solo le devolvió la mirada, sin saber qué decir ante esa declaración.

-Te quiero- fue lo último que dijo, buscando una respuesta de la reina.

-También te quiero- le respondió con sinceridad, dándole un casto beso en los labios para luego suspirar y volver a acomodarse en su pecho.

Ésta vez con su rostro escondido en la abertura de su cuello, dejando que su aliento frío, como el resto de su cuerpo, que a la castaña le parecía un frío cálido, golpease contra su cuello. En esa fracción de momento pesó en todo lo que había pasado desde su regreso, queriendo recordar el momento en el que se enamoró de ella, dándose cuenta de que las cosas no empezaron allí.

También pensó en que era demasiado tarde para arrepentirse de nada, y que realmente no tenía nada de qué arrepentirse. Tal vez de desconfiar de ella, pero eso ya no era así. O de no haberse dado cuenta de ésto antes, pero ya lo sabía.

-Me alegro de que hayas vuelo- susurró en su cuello, casi dormida.

Pronto, y aún con ciertas dudas de que Ashley estuviese bien, se quedó dormida con un sentimiento de seguridad. A pesar de que estaba en un lugar que no estaba segura de que fuese del todo seguro, en el cual había presenciado una pesadilla. Pero el simple hecho de estar con Ashley era suficiente para saber que no podía pasarle nada. Lo cual era contradictorio, ya que el aura de peligro que sintió emanar de ella, no se había ido en todo el tiempo que ella llevaba en el reino.

Mientras que la castaña siguió despierta durante rato después de que ella cayese en el mundo de los sueños, pensando si lo que hacía era correcto. Sabía que la única amenaza real que había para la reina era ella. Pero no quería dejarla, no podía dejarla.

Era muy tarde. Quizás si se hubiese ido antes. O si no hubiese regresado. Y realmente no estaba segura de porqué lo había hecho. Tal vez era porque estuvo cegada bajo la influencia de aquella voz y por el desespero por terminar algo que no pudo terminar hace tanto tiempo.

Pero cuando volvió. Cuando vio nuevamente a esa joven y hermosa reina, llegando a su despacho con confianza y pronunciando su nombre con cierto temor en su voz. Cuando volvió a ver a aquella que alguna vez fue su mejor amiga y una chica tímida.

Esa que estuvo en su cabeza durante tanto tiempo con pensamientos de todo tipo hacia ella. Esa que le robó el sueño desde esa noche que cayó sobre ella al bailar. Aquella con la que tuvo otros acercamientos no tan accidentales como se suponía. Aquella que besó por primera vez hace unas horas y que ahora dormía plácidamente sobre ella con su respiración tranquila rozando su cuello y una de sus manos tomada a la suya.

No pudo hacer nada. Lo único que pudo pasar fue el hecho de que la atracción que sentía hacia ella iba aumentando con el pasar de los días.

Antes, pensaba que solo quería deshacerse de ella. Luego, supo que le gustaba. Ahora... Ahora, lo único que sabía y de lo único que podía estar segura era que no iba a permitir que le pasase nada. Nada ni nadie podría llegar a hacerle daño en tanto ella siguiese con vida. La protegería de todo lo que le amenazase... aunque le costase la vida...