Acotaciones:
- Diálogos
" " Pensamientos
& Cambio de escena
Nota/Recapitulación: Pues sí, después de como mil años aqui está la actualización, creo que va todo bien. En el capítulo anterior... Inuyasha y Kikyo rompieron, él se va a China. Kagome se queda extrañándolo. Kikyo conoce a Sesshoumaru por casualidad y al parecer pretenden llevarse muy bien. Kouga intenta ser un soporte para Kagome. y pues... básicamente eso... cualquier duda/aclaración/comentario... favor de mandarlo. Grax!
Con Inuyasha lejos cada día que pasaba se hacía lento y eterno, siempre pensaba en él, en cómo le iría, en si todavía estaría triste por Kikyo… y todavía no lograba entender la indiferencia de su hermana, quien continuó con su vida simplemente así… como si nada hubiera pasado nunca, hasta parecía haber encontrado a alguien más.
- Kagome… ¡Kagome! –escuchó la voz de su amiga llamara.
- Perdón ¿qué pasó?
- Nada, acabo de explicarte toda una teoría de por qué pienso que la pregunta tres está mal, pero pareces estar muy lejos de aquí. –y fue hasta entonces que recordó lo que estaba haciendo, había invitado a Sango esa noche para prepararse juntas para un examen, y hasta ahora no había puesto nada de atención.
- Lo siento… prometo concentrarme. ¿Qué pasó?
- Mira… una cosa es que lo extrañes pero… no dejes que eso te derrumbe, necesitas concentrarte… no puedes perder todo el semestre por él… -a Kagome le sorprendieron en algo las palabras de su amiga ¿tan obvia era? Nunca pensó que se notara tanto la razón de su estado de ánimo.
- Lo siento Sango, no volverá a pasar. ¿Me dices eso de la pregunta tres por favor? –dijo medio fingiendo una sonrisa resignada, sabía que no podría olvidarlo pero… dejarse caer tampoco era la solución.
Así continuaron estudiando buena parte de la noche, hasta que el sueño las estaba venciendo y acordaron dormir para levantarse temprano y terminar.
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De esa misma forma se le fue el tiempo a Kagome, asistió a todas sus clases en los siguientes semestres hasta graduarse con honores. Todo ese tiempo se la pasó pensando en Inuyasha, extrañándolo con melancolía pero aprendiendo a vivir sin él, aceptando la idea de que nunca más podría verlo… y perdiendo la esperanza de que in día sintiera algo por ella. Algo que nunca logró entender fue la actitud de su hermana, durante dos años más o menos, no conoció a quien salía con ella, o quizás fue más de un hombre, nunca lo llevó a su casa y nunca dijo nada sobre él, pero debía ser alguien muy especial si la tenía tan tranquila.
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Una noche Inuyasha entró en la habitación decidido después de dudarlo por una hora más o menos. Su madre ya le había dado una evasiva esa noche pero la conocía lo suficiente para saber que algo estaba muy mal con ella y no quería decírselo. Se acercó en silencio hasta rodearla por la espalda, Izayoi se encontraba frente al espejo cepillando su cabello con la mirada perdida en algún punto fijo.
- No intentes negarlo ¿qué pasa?
- Hijo… no sé cómo decirlo…
- Sólo hazlo.
- Hoy me llamó tu padre. –al instante él se alejó un par de pasos y desvió la mirada, la sola mención de ese hombre era suficiente para arruinarle la noche.
- Debí suponerlo, siempre que algo te pasa él está detrás. Ahora qué quiere ¿con qué pretexto te fastidia la vida?
- Inuyasha no digas esas cosas –lo regañó enojada, esta vez no toleraría que hablase así. – Tal vez no lo entiendas pero él es el amor de mi vida…
- Mamá…
- Sí, sé lo que piensas. Pero… esta vez es algo serio Inuyasha, tu padre está enfermo… es… es terminal… él va a morir hijo… va a morir… -ella terminó de hablar entre lágrimas pesadas que no podía contener, mientras que Inuyasha solamente permaneció en silencio, no sabía qué sentir, en realidad a él no le importaba su padre pero… no toleraba verla así.
- Yo no… mamá… lo siento… -la miró con angustia y la abrazó con cariño intentando hacerla sentir mejor, confortarla de alguna forma, aunque sabía que esto no estaba en sus manos.
- Voy a regresar a Japón. Me di cuenta de que lo necesito tanto o más que él a mí. Y tú eres un adulto desde hace mucho, no me necesitas ya. Pero… me gustaría tener tu apoyo.
- Lo tienes… tú dime qué necesitas y yo lo haré… -entonces ella sonrió algo mirándolo a los ojos, lo tomó de ambas manos y lo llevó hasta la cama para sentarse los dos viéndose de frente, él sintió que estaba por escuchar algo grande.
- Hijo… tu padre quiere reconocerte como su hijo… quiere que tomes su apellido y la mitad de sus posesiones… junto con tu hermano.
- ¿Qué? No mamá… eso es demasiado. Hace mucho que le dejé claro que no me interesan ni él, ni mi supuesto hermano, ni todas sus posesiones.
- Inuyasha es tu papá, él te quiere, siempre lo ha hecho y ha respetado tu lejanía… pero ahora quiere que tengas todo lo que te corresponde, todo lo que es tuyo por ser su hijo.
- ¡Pero yo no soy su hijo! Él nunca estuvo conmigo, te dejó sola con un niño y nos quiso comprar con dinero después… eso no es ser padre, él no es mi padre. –la decepción y la tristeza en los ojos de Izayoi aumentaron de inmediato pero guardó silencio, sabía que de una u otra forma Inuyasha tenía razón… aunque ella amara a Inutashou… él había hecho todo eso. – Te voy a ayudar en todo lo que quieras mamá, pero no me pidas que sea bueno con él, porque eso es otra cosa. –luego se acercó para abrazarla un segundo con fuerza y luego dejó la habitación sin mirar atrás.
Caminó por todo el pasillo varias veces in poder detenerse, en el fondo sentía hervir la sangre y los pensamientos se arremolinaban en su cabeza, ahora tenía que decidir entre dejar sola a su madre para conservar su orgullo o rebajarse con su padre para apoyarla a ella… era demasiado difícil pues nunca llegó a entender ese sentimiento que ella siempre conservó, ese amor que llevó consigo durante tantos años por un hombre casado que nunca estuvo con ella, que la embarazó e intentó compensar con dinero su eterna ausencia… nunca entendió como podía amar tanto a alguien que a pesar de decir corresponderla, nunca actuó como tal. Y entonces el sonido estruendoso de un rayo en el cielo le dio la señal, lo hizo por fin darse cuenta de la inmensa omisión que cometía… él estaba en un situación casi igual… hacía casi dos años que vivía en China y aún sentía muchas cosas por Kikyo… si ella lo llamara, si quisiera estar con él… no lo dudaría dos veces antes de ir corriendo a verla y regresar para estar a su lado de nuevo.
- Hijo… -escuchó la voz suave de su madre que venía de la sala, él estaba afuera… ¿cuándo salió a la terraza? Tal vez hace mucho, sólo no se había dado cuenta. – Entra, está por llover… no tienes que huir. –sonrió con melancolía y fue hacia la cocina para prepararse una taza de té.
- ¿Cómo supo a dónde llamarte?
- Porque hemos estado en contacto durante toda tu vida, siempre tiene mi teléfono, yo el suyo y de vez en cuando nos vemos a tus espaldas Inuyasha. –habló ella sincera y tranquila, liberando un peso que llevó mucho tiempo sobre sus hombros.
- ¿Qué? No puede ser…
- Pues sí es hijo… nunca pude separarme de él… ni siquiera lo intenté…
- Pero madre… cuando su esposa murió él no te buscó… no te merece.
- Desde que su esposa murió él me llama casi todos los días y siempre me pide que vaya a su lado… la única razón por la que me he negado estos años es por ti, para no perderte. –le dijo mirándolo a los ojos para luego encender el fuego en la estufa y buscar en la alacena las bolsitas de té. – Pero creo que ya tienes edad para entenderlo y tomarlo con madurez.
- No… no entiendo… cómo pudiste engañarme tantos años…
- Me costó trabajo… mira Inuyasha, tu padre y yo hemos cometido muchos errores, y desafortunadamente la mayoría te han afectado a ti… pero el mayor de ellos ha sido el tiempo que dejamos pasar pensando en que siempre tendríamos un "mañana"… hoy me di cuenta de que no es así, él tiene cáncer y va a morir en algunos meses… ya no tengo tiempo con él. –desvió el rostro hacia otro lado para poder contener en silencio las lágrimas que otra vez la asechaban, pero él lo notó y se dio cuenta de que la entendía, de que era cierto lo de sus errores pero en ese momento no le importaba nada más que ella y que si podía hacer algo para ayudarla entonces lo haría.
- Madre… yo no puedo regresar ahora mismo. Aún me falta un mes para terminar mi contrato temporal… así que vas a tener que volver sin mí. Te alcanzo después. –le dijo acercándose a ella y tomándola de las manos.
- ¿Lo harás Inuyasha?
- No te puedo mentir y decirte que él me importa en estos momentos pero tú… no podría dejarte sola ahora. Voy a hacer lo que quieres. Sólo me gustaría que me cuentes la verdad… toda la historia desde el principio. –ella lo abrazó con algo más de calma y luego besó su frente.
- Entonces creo que debo preparar café y usar las bolsas té para mis ojos. –rió todavía en tono triste.
Y esa noche la pasaron hablando, ella le contó por fin toda la historia, cómo hacía muchos años se enamoró de su padre y cómo nunca pudieron estar juntos, en principio porque Inutashou estaba casado con otra mujer y luego por temor a que él no lo entendiera, Izayoi siempre puso a su hijo en primer lugar e Inutashou lo había respetado, aunque de igual manera le insistió siempre para que se mudara con él, para que se casaran y vivieran la vida que pospusieron tanto por su primer matrimonio. También trató de hacerle ver a Inuyasha que su padre no era el hombre desalmado que él creía, que él siempre estuvo al pendiente de ellos y nunca jugó con ella, simplemente se habían enamorado cuando él ya no sentía nada por su esposa.
Terminaron de conversar ya muy cerca del amanecer, cuando a Inuyasha se le habían agotado las preguntas y a Izayoi las razones. Al final él llegó a entender que lo más importante de todo era ese "lo amo" que tantas veces repitió su madre. Él haría lo necesario por ayudarla a ella, no a él.
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Esa tarde Kagome paseaba junto con Sango por una plaza comprando chucherías y conversando de cualquier cosa, era, hasta ese momento, un sábado normal. Al pasar por una joyería Sango se detuvo a ver los relojes y ella vio algo más hacia adentro, cada vez que pasaba por esa tienda con su hermana, ella siempre le decía lo magníficas que eran las joyas ahí. Pensó que no le extrañaría verla en el interior curioseando las cosas.
Para su enorme sorpresa notó en el interior una joven de cabello negro y largo, sin creerlo bien se fijó mejor y en realidad sí se trataba de Kikyo, la pudo reconocer con facilidad por la misma ropa que le vio en la mañana. Negó con resignación y luego se fijó en quién la acompañaba, hacía casi dos años que ella ocultaba a alguien y con suerte podría verlo ahí, desvió la mirada y notó a un hombre alto que también daba la espalda, pero lo que miró fue demasiado, se paralizó y tomó el brazo de Sango.
- Es Inuyasha… -le dijo poniéndose detrás de un pilas que estaba a su lado como para evitar que la vieran.
-¿Dónde?
- Dentro… está con mi hermana… no puedo creerlo. –y Sango se asomó. En efecto, vio a Kikyo pero estaba sola con la vendedora.
- Kagome… Kikyo está sola dentro…
- Claro que no, ahí está… es su cabello… no le vi el rostro pero sé que es él.
- Asómate de nuevo, está ella sola. –Kagome obedeció y se extrañó mucho de no encontrarla acompañada, entonces miró hacia otros lados y se aproximó hacia la entrada, en la joyería sólo estaban las dos mujeres, como si la figura masculina se hubiese desvanecido.
- Ahí estaba… -murmuró más para sí misma mientras se alejaba de la joyería sin ganas de seguir ahí.
- Me preocupas… ¿te sientes bien? –Kagome la miró con reproche- No, es decir… viste a alguien que no estaba ahí…
- Es que sí lo vi… ah… ya no sé qué pensar, a lo mejor ya lo sueño hasta despierta…
- Vamos por un café y a conversar. –concluyó Sango ya pensando en qué podría hacer para ayudar a su amiga, pues el alucinar personas era un síntoma muy grave. Mientras tanto, el hombre alto de ojos dorados regresaba al lado de Kikyo luego de una rápida excursión a la tienda deportiva que quedaba al doblar la esquina por el pasillo hacia la salida.
- ¿Ya elegiste?
- Me gusta éste –indicó un anillo de oro con labrado y varios diamantes muy pequeños formando una madeja brillante, era muy hermoso y, desde luego, el más caro del lugar.
- Está bien. –sacó la billetera y se dispuso a pagar el anillo especial
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Ahí estaba una vez más, de pie con una larga escalinata frente a él, el viento soplaba con increíble fuerza despeinando su cabello y el frío se colaba entre la tela de su abrigo. Se había prometido ya mil veces nunca más regresar a ese lugar, continuar con su vida y olvidar todo eso que se clavó en el interior. Pero no podía. En el fondo todavía conservaba esa esperanza de que de repente todo se rehiciera y volviera a ser como antes, cuando todo estaba bien, cuando podía planear su vida al lado de ella. Cuando Kikyo decía amarlo como él todavía la amaba.
Pero algo lo sacó de su ensimismamiento, a lo lejos notó la figura de una mujer que bajaba las escaleras con algo de prisa y viendo hacia todos lados, llevaba suéter y bufanda para cubrirse. Se notaba su cabello caer largo hasta su cintura, quizás un poco más abajo, debía ser ella. Sí, ese era el destino que lo ayudaba, quizás esa era su oportunidad para hablar y arreglar las cosas, o por lo menos para hacerle saber que había regresado, para dar pie a una nueva relación.
La mujer continuó su camino hasta estar muy cerca de él, entonces se detuvo y dio media vuelta apresurada, como asustada por la presencia del hombre. Inuyasha de prisa para no perder su oportunidad se acercó hasta tomarla del brazo con delicadeza y sonreír.
- Kikyo…
- ¿Inuyasha? –preguntó la chica muy asustada y desconcertada. ¿Sería él? en verdad tenía frente a sí a ese hombre en quien tanto pensaba o era sólo otra cruel broma de su imaginación, únicamente un sueño más.
- ¿Eres tú? –preguntó él ya no estando tan seguro de sí mismo ni del destino.
- No, soy Kagome… Inuyasha… regresaste… volviste a buscarla… -murmuró sin poder creer lo que veía… era lo que justamente deseó por dos años, encontrarlo otra vez, verlo y tocarlo… pero su Inuyasha solamente pensaba en Kikyo, sin importar todo el tiempo que había pasado, al igual que ella, él también seguía enamorado de la misma persona.
- No… -le dijo soltando su brazo y viendo por primera vez su rostro detenidamente, aún conservaba todas esas diferencias con su hermana, aún sus ojos tenían un brillo diferente y su piel un bronceado más marcado… sólo que su cabello estaba algo más largo que la última vez que la vio. – No volví a buscarla…
- ¿Entonces? No creo que estés aquí parado a meda noche por si se me ofrecía ir a la farmacia y me daba miedo ir sola… -bromeó ella intentando ocultar su nerviosismo y su alegría… ¿cómo podía hacerlo? Todavía no se explicaba cómo se resistió a saltarle encima en el mismo instante en que lo vio… Inuyasha… él había regresado y estaba ahí a su lado… esa era la vida dándole una nueva oportunidad de verlo, aunque fuera como siempre, sin estar a su lado.
- ¡Feh! No seas tonta… es que… bueno pues… ¡no es de tu incumbencia! Pero te acompaño, no te dejaría ir sola.
- Gracias. –sonrió de nuevo mordiendo su labio inferior y muy orgullosa de sí misma, de su control… de no parecer la misma niña tonta paralizada de antes y de poder ocultar su acelerado corazón, ahora era una mujer, no una niña y podría ser su amiga, aunque todavía lo amara más que a nada. - ¿Hace mucho que volviste?
- No, sólo unas semanas. –respondió él a secas con el pensamiento fijo en Kikyo, tal vez no sería buena idea saber de ella después de todo.
- ¿Regresaste por trabajo?
- No, más bien por acompañar a mamá, ella está pasando por momentos difíciles y no quise dejarla sola.
- Lo siento, pero lo que sea va a estar bien. –se detuvo un momento y cuando él la imitó, lo tomó de la mano con fuerza como signo de apoyo, Inuyasha correspondió y luego siguieron caminando.
- ¿Por qué sales a esta hora de la madrugada?
- Mamá tiene fiebre y necesita medicina, el abuelo no está, Souta es muy pequeño y pues… -hizo una pausa antes de decir lo siguiente, antes de romper el encanto y nombrar a su hermana, seguramente él preguntaría por ella de todas formas- Kikyo duerme.
- Ah… sí… ella… ¿cómo está?
- Pues… bien… como siempre… -se calló para no decirle que estaba con alguien y ya hablaba de matrimonio. Afortunadamente llegaron al mostrador de la tienda y eso le dio unos segundos más para prepararse para lo que pudiera venir. –Ella pues, no está haciendo nada, aunque tuvo un trabajo… lo intentó un tiempo pero no resultó muy bien.
- Te creo –rió él entre irónico y burlesco- Kagome… sé que ya te he molestado antes pero… ahora necesito de tu sinceridad… y tu discreción… otra vez… -la miró con seriedad mientras el encargado cobraba las medicinas.
- Sabes que no tienes que pedírmelo. –respondió como entendiendo de antemano. – Ella está con alguien, hace mucho que salen juntos y pues… ella habla bastante de casarse últimamente. –y Kagome jamás sabrá si fue más doloroso para él enterarse o para ella verlo sufrir así, intentando ocultarlo detrás de una sonrisa muy falsa.
- Ya veo… así es el tiempo.
- No siempre. –y ella también sonrió falsa, aunque Inuyasha no lo notara. -¿Nos vamos? –preguntó para romper el momento y continuar con la charla luego de una calle de silencio absoluto. - ¿Vas a regresar a China?
- ¡Feh! ¡Ya te dije por qué volví, no pienses que me voy a regresar por Kikyo! Me voy a quedar el tiempo que sea necesario… además, allá no tengo nada que me espere.
- ¡Eres un gritón! Sólo era una pregunta. –retobó ella algo exaltada.
- ¡Y yo sólo te di una respuesta! Vaya que has cambiado, antes eras mucho más agradable. -la criticó viéndola tan directamente a los ojos, mientras se detenían al pie de la escalera, que pudo ver cómo se le llenaban de lágrimas sin que se permitiera llorar.
- Bueno… yo… lo siento…
- No llores, no lo soportaría, yo no quise decir eso… es solamente que parece que ahora tienes un carácter muy diferente al de antes, pero está bien, ahora que estás más grande y los hombres te persiguen como locos, debes ponerles un alto. –ella rió con ironía.
- No tienes que intentar remediarlo… y los hombres no me persiguen… -él guardó silencio, en realidad esa plática y la noche en general habían tomado un sentido que no podía entender bien y definitivamente no deseaba. – Olvídalo. Será mejor que le lleve las medicinas a mamá pero… ¿voy a verte de nuevo verdad?
- Pues… no lo sé… es que… -dudó Inuyasha sin saber qué decir, en realidad para él Kagome no era más que la hermanita de Kikyo.
- Llevo prisa pero sé algo que te puede ser útil. Llámame mañana en la tarde, voy a estar sola.
- Está bien… -respondió luego de meditarlo unos segundos.- Te llamo mañana. –y dio media vuelta para subir al auto y perderse entre la oscuridad de la noche mientras era observado por un par de ojos castaños que todavía se preguntaban si todo eso había sido real o solamente era uno de esos tantos sueños.
CoNTiNuaRá...
Pues ahí está. Ojalá les haya gustado y si hay algún comentario porfitas mándenlo!!
