Disclaimer: Como siempre se dice la historia y la primera adaptación no es mía, la historia es de Kate Hoffmann y la primera adaptación es de Serenity Rose Kou, los personajes tampoco me pertenecen son propiedad de Hiro Mashima, lo único que me pertenece seria esta adaptación jejeje.

Bien nos leemos al final y como siempre

Que se abra el telón:

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Legalmente suya

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Chapther 3

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Rose Black

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Cuando Levy y Gajeel subieron los escalones delanteros, la casa estaba a oscuras. Gajeel abrió la puerta, entro y desactivo la alarma. Lily esperaba, sentado con paciencia cerca de allí. Miró a Levy con expresión alerta y ella dio un rodeo para evitarlo.

No sabia si podía fiarse de él. No habia convivido nunca con animales y no las tenia todo consigo.

Gajeel la ayudo a quitarse el abrigo, que colgó en el armario empotrado del vestibulo.

-Olvidaba darte esto-. Dijo el pelinegro.

Levy levanto la mirada y tomo vacilante la llave que él le ofrecía.

-¿Para qué es?

-La de la puerta. O mejor dicho, abre todas las puertas.

-Ah, bien-. Fue la simple respuesta de Levy, mientras se metia la llave al bolsillo.

Habia pensado que la convivencia cpopn él sería difícil y se había preparado mentalmente para un periodo de adaptación. Pero le habia sorprendido la facilidad con la que parecían haber reencontrado una pauta familiar, con ella escuchando con atención las cosas que él le contaba y Gajeel logrando que se sintiera la mujer mas fascinante del mundo. No era difícil entender por qué se había enamodaro de él tantos años atrás y porque le había costado tanto olvidarlo.

-Y la clave de seguridad es 2-2-3-3-. Añadio Gajeel-. Cuando vayas a entrar o salir, pulsas esos números y luego la tecla de instalación.

-. Murmuro ella. Se acerco a mirar el teclado de la alarma.

Gajeel paso la mano por encima de su hombro para señalar la tecla indicada y su brazo rozo el cuerpo de ella, y envio una corriente eléctrica a través de sus miembros. Levy contuvo el aliento y procuro calmar su pulso, pero fue inútil. La proximidad de él bastaba para poder a prueba su determinación. Ansiaba sentir sus manoes en la piel, el calor de su hombro contra el de ella o el cosquillero suave de su aliento en el pelo.

Cerro los ojos y respiro hondo.

-Ha sido un día largo-. Susurro la peliazil.

-Debes de estar cansada-. Musito él al oído.

Levy se volvió despacion, pero él no se apartó, sino que la retuvo entre su cuerpo y la puerta. Ella clavo la mirada en su pecho, temerosa de levantarla, temerosa de ver deseo en los ojos de él y no saber que hacer.

Gajeel seguramente asumiría que seria fácil seducirla. Y Levy se aparto de él con una maldición silenciosa. No podía sucumbir. Aquello era un arreglo termporal yl cuando se marchara de allí unos meses depues, no podía hacerlo enamorada.

-Me voy a la cama.

-Nos veremos en la mañana., Susurro él., Necesitas algo?

Ella negó con la cabeza.

-No, estoy bien. Gracias por la cena.

-Ha sido divertido-. Repuso Gajeel-. Habia olvidado lo fácil que es hablar contigo.

Levy se ruborizó y se dirigio a las escaleras. Cuando llego a su cuarto cerro la puerta con rapidez y se apoyo en ella. Miro su reloj y le sorprendio ver qe era casi media noche. Lucy y ella tenían que estar en un trabajo al amanecer. Aunque pudiera dormirse en el acto, tendría sólo cinco horas de sueño. Y no creía que le fuera a resultar fácil dormirse.

Se desnudo, se puso la bata y se sento en la cama.

-¿Qué hacemos aquí, Ur?-. Pregunto al helecho colocado al lado de la mesilla., Quiza deberíamos ir a vivir con mis padres. El desplazamiento seria mpas fácil que esto.

Se dejo caer en la cama con un suspiro y miro al techo. Un rato después, se acerco a la puerta de puntillas y la abrió con cuidado. Escucho conteniendo el aliento, pero los ruidos que se oian eran fuera de la casa… el trafico, una sirena, el ronroneo de la ciudad.

Gajeel habia dejado encendida la luz del baño y ella echó a andar por el pasillo.

Una ducha caliente la ayudaría a dormir. O quizá un baño de burbujas. Pero para llegar al cuarto de baño tenia que pasar por delante de la habitación de Gajeel. Al ver que la puerta estaba entornada, vacilo, pero la curiosidad pudo mas que los nervios y alargo el cuello para mirar dentro.

La luz del pasillo apenas iluminaba su cuerpo. Estaba tumbado en la cama con un brazon sobre la cabeza y el otro colgando a un lado. Tenia el pecho desnudo y la sabana, enrollada alrededor de la cintura, dejaba una pierna al descubierto. Levy sabia que estaba desnudo, y también que mirarlo no le hacia ningún bien.

¡Pero era tan hermoso y tan sexy! Se pregunto qué sucedería si entraba en su habitación, se quitaba la bata y se metia en la cama con él. ¿Su presencia lo sobresaltaría o la aceptaría como algo inevitable?

Tal vez debería cambiar sus palnes. Podia pasar los res próximos meses en la cama con Gajeel y disfrutar de todos los placeres de la carne. Podia decir que era parte de sus deberes de prometida y futura esposa. El supermercado, sexo apasionado y orgasmos espectaculares.

Trago saliva con fuerza y se aparto de la puerta. Un escalofrio recorrio su cuerpo. Esa noche no iba a ser fácil de dormir.

L&G

-¿Qué olor es ése? Huele a podrido.

-Es la cena-. Repuso Levy. Se volvió a sonreirle a Lucy, que la seguía al interior de la cocina de Gajeel. Lily trataba detrás de ellas y enseguida ocupo su lugar delante del frigorífico.

-Higado con cebollas. Es parte de mi plan diabólico para invalidar ese estúpido contrato-. Se aparto delante de la vitrocerámica y levanto la tapa de la sarten-. Delicioso.

Lucy arrugo la nariz.

-¿Tú primera cena con Gajeel y le das eso?

-Es hora de distinguir a los hombres de los muchachos, a los maridos de los mentirosos. Si de verdad quiere casarse conmigo, se comera esto con una sonrisa. Si no lo hace, acabare logrando romper ese contrato.

-¿Y si de verdad quiere casarse contigo?¿Y si se come el hígado y pide repetir?.

-No lo hará. Lo conozco y no es de los que se casan-. Levy tapo de nuevo la sarten-. ¿Has encontrado un delantal?.

Lucy le mostro la bolsa que llevaba.

-¿Sabes en cuantos sitios he tenido que preguntar? Y ano venden delantales. Éste me lo ha prestado Nana Harper-. Sacó un delantal a cuadros de la bolsa y se lo tendio.

-Oh, tiene un volante. Es perfecto-. Dijo Levy, que se lo ato a la cinturoa.

-Te pareces a June Cleaver-. Murmuró su amiga-. Sólo te faltan las perlas.

-Tengo perlas, pero…

-¿No crees que llevas esto demasiado lejos?-. Pregunto Lucy-. Es evidente que te gsta ese hombre y parece que tú le gustas a él. ¿Por qué no olvidas tus planes y ves que ocurre?.

-No puedo-. Aunque resultaba tentador, Levy sabia muy bien el poder que tenia Gajeel sobre ella. Si admitia sentirse atraída por él, estaría perdida. Se enamoraría sin remedio y él se mostraría encantador, atento y maravilloso… hasta que apareciera una mujer mas interesante y mas hermosa.

Se apoyó en la encimera y respiro hondo.

-¿No comprender lo que ocurre? Cree que soy la misma Levy McGarden tímida y tonta de antes, la chica que se volvía loca por esta con él. Y eso no está mal, porque si me subestima, entonces llevo ventaja.

-Pero tú lo desean todavía, ¿no?

Levy suspiro con frustración.

-No. No digas tonterías. Es…

-Lo deseas todavía-. Dijo Lucy.

-No puedo desearlo. Si ocurre algo, me hará sufrir. Me querrá una temporada, me tratara como si fuera la mujer más interesante y hermosa del mundo y un buen día se dará cuenta de que no lo soy y se marchara.

-A menos que quiera casarse contigo.

-No quiere-. Explico Levy. Tomó un cuchillo y empezó a cortar pepino para la ensalada-. Quiere hacerse con el negocio familiar, su padre quiere verlo casado y él cree que, si puede demostrarle que está pensando en serio en comprometerse, su padre le dará lo que quiere. Pero te apuesto lo que quieras a que, a la primera señal de problemas retrocederá. Solo tengo que mostrarme dependiente o gruñona y decidirá que casarse conmigo sera mas una condena de cárcel que una historia de amor de por vida.

-Pero tú no eres así-. Protesto Lucy-. Eres lista y divertida y cualquier hombre seria afortunado de tenerte por esposa.

-¿Y qué me dices de Freed? He salido un montón de veces con él y nunca hemos pasado del beso en la mejilla.

-Freed es gay-. Insistió Lucy.

Levy lanzo un gemido y enterró el rostro en las manos.

-Sí que lo es, ¿verdad? Yo esperaba que fuera simplemente muy sensible o tímido con las mujeres. No dejaba de decirme que quería un hombre que no pensara siempre en el sexo, pero él no piensa nunca… por lo menos conmigo.

-¿Qué vas a hacer con Freed?

-No creo que necesite hacer nada. Es gay.

-Sí que lo es-. Sonrió Lucy-. ¿Y qué hay de Gajeel?

-Oh, él no es gay y estoy segura que piensa en el sexo a todas horas. No sé si puede mirar a una mujer y no pensar en sexo. Excepto quizás cuando me mira a mí.

Lucy se sentó en uno de los taburetes que había ante el mostrador de granito.

-¿Y qué sientes tú cuando lo mirar a él?

-Cuando sonríe, siento coquillas en el estómago. Y anoche me conto un chiste malo y de pronto no podía respirar. Y luego lo vi denudo en la cama y…

-¡¿Qué?!-. Grito Lucy.

-Anoche me levanté y… me asomé a su habitación. Estaba durmiendo en la cama y creo que estaba desnudo.

-¿Estaba desnudo o no lo estaba?

-Lo estaba de cintura para arriba y del muslo para abajo. No sé lo que había debajo de la sabana.

-Pero querías averiguarlo, ¿Verdad?

-¡No!-. Levy soltó una risita-. No. La única vez que me beso casi me desmayé. Si lo viera denudo, seguro que me daría un ataque.

-Hace seis años de ese beso-. Murmuro Lucy-. ¿No crees que es hora de revivir la experiencia? ¿Por qué recrear un recuerdo viejo cuando puedes tenerlo de verdad?

-No puedo besarlo.

Lucy apoyó la barbilla en la mano.

-¿Por qué? Dale un beso en los labios y espera a ver qué hace él. Si todo esto es pura actuación, no te devolverá el beso. Y si no lo es, tendremos algo nuevo y emocionante de lo que hablar.

Levy se limpió las manos en el delantal.

-No creo que ni June Cleaver ni mi madre aprobaran un comportamiento tan directo.

Lucy levanto los ojos al techo.

-Me rindo. No voy a intentar comprender esta relación de locos que tienes con Gajeel. Pero quiero que sepas que, si esto te sale bien, seré la persona más feliz del mundo. Y si no, te prestare mi hombro para llorar-. Se levantó y tomó las lleves de la camioneta-. Pero ahora tengo que ir a recoger esas luces camino a casa. ¿Cómo vas a ir a trabajar mañana?

-Si te llevar la camioneta, tendrás que recogerme. Ven temprano para que pueda…

-¿Evitar compartir baño con Gajeel?

-No, para que podamos pasar por la oficina antes de ir al trabajo.

-No podrás evitarlo eternamente.

-Estoy decidida a hacerlo siempre que pueda, sobre todo cuando tengo la cara hinchada de sueño y el pelo revuelto. Tengo mi orgullo, ¿sabes?

Lucy enarco las cejas

-Yo diría que te interesaría están tan fea como sea posible, ¿No quieres espantarlo?

-Vete a buscar las luces-. Dijo Levy, sabedora de que, si seguía hablando con Lucy, acabaría por confesar la verdad sobre sus sentimientos, que eran más intensos de lo que quería admitir.

Volvio al hígado que seguía en el fuego. Cuando levanto la tapa, el olor se extendió de nuevo por la estancia y sintió nauseas. Odiaba el hígado, pero valdría la pena sacrificarse con tal de ver la cara de Gajeel cuando empezara a cortarlo.

Sintio un empujoncito en la pierna y miro a Lily, que se había sentado al lado de la vitrocerámica.

-¿Quieres probarlo?

El animal movió la cola y ladro con suavidad. Levy saco un trozo pequeño de la sartén y lo coloco en un plato en el suelo. El perro lo olio y la miro como si lo hubiera insultado. Se alejó para instalarse delante de la puerta.

-Bueno, si el perro no lo come, supongo que ya está hecho.

G&L

Gajeel abrió la puerta de atrás y se quitó el abrigo al tiempo que entraba. Se oía música suave y Lily corrió a su encuentro y froto el hocico en la mano de su amo, que se inclinó a acariciarlo detrás de las orejas.

-Hola, viejo. ¿Qué has hecho todo el día?

Se enderezo y vio a Levy en la cocina. Le basto con verla para olvidar todos los problemas del día. Tenía una velada entera por delante y comprendió de pronto una de las mayores ventajas del matrimonio: un lugar cómodo y feliz que acudir al final del día.

-Enana*, estoy en casa-. Gritó

Levy dio un salto de sorpresa y giro hacia él. Se llevó una mano al corazón.

-Me has asustado y ya deja ese apodo, crecí desde la universidad.

Gajeel dejo el abrigo en el respaldo del sofá de la sala y se acercó a ella. Estaba muy guapa. Llevaba un pantalón corto caqui y una blusa blanca que se amoldaba perfectamente a sus pechos y su cintura. Resistió el impulso de abrazarla, quitarle el estúpido delantal y besarla con fuerza.

-Para mí siempre serás la misma enana de siempre-. Dijo Gajeel con una sonrisa provocando que Levy se sonrojada-. Has hecho la cena-. Olfateo el aire-. ¿A qué huele?

-A hígado con cebolla.

Gajeel reprimió un respingo y forzó una sonrisa.

-¿Hígado con cebolla? ¿Vamos a cenar hígado?

Levy asintió con entusiasmo.

-Sí. Ahora estoy aquí para cuidar de ti, me encargare de que comas como es debido. Se acabó la cerveza con una bolsa de patatas fritas. Y el helado tiene demasiada grasa y colesterol. Y las pizzas congeladas están llenas de sal. Ya tienes treinta años y debes empezar a cuidarte la presión arterial-. Tomo dos platos y unos cubiertos y entro en el comedor.

-Haces que me sienta viejo-. Dijo él, que se apoyó en la encimera.

-Eres viejo-. Levy volvió a la cocina-. Vas a ser un hombre casado y ya sabes lo que ocurre cuando te casas.

Gajeel no estaba seguro de querer oír lo que ocurría cuando se casaba. Y menos si tenía que ver con comer entrañas.

-¿Y qué ocurre?-. Preguntó.

-Los michelines. Personalmente no me molestan, pero no pienso tolerar barriga.

Gajeel se tocó su estomago

-Voy al gimnasio.

-Claro que si, pero ahora que estamos juntos, no vas a tener tiempo para el gimnasio.

-¿No?

-No-. Ella movió la cabeza., Las parejas tienen que pasar tiempo juntas. Tenemos que trabajar en nuestra relación, aprender a conocernos mutuamente como nadie más nos conoce. Tenemos que hablar.

-¿De qué?

-De nuestra relación. Tenemos que crecer como pareja. Dicen que el matrimonio son dos personas que se hacen una. Y si vamos a ser uno, tenemos que empezar a pensar como uno. ¿No estás de acuerdo?

Curioso. El día anterior Levy parecía a punto de salir corriendo y ahora hablaba como si el matrimonio fuera inevitable. Aquello tenía que formar parte de algún juego. Gajeel sintió una punzada de miedo. O quizá se había entusiasmado con la idea de casarse.

-Supongo que sí-. Repuso.

La joven levanto la sartén, tomo un paño de cocina y se dirigió al comedor.

-La cena está servida.

Gajeel la siguió de mala gana. Cuando se sento, ella habia sacado ya la silla de la mesa y habia servido un buen trozo de hígado en su plato.

-¿Qué te parece la cena?-. Levy le paso una cacerola-. Tenemos remolacha hervida y hay ensalada aliñada con zumo de limón y de postre galletas integrales.

Gajeel miro el plato de ella y vio que sólo se había servido lechuga y remolacha.

-Tienes un cuerpo perfecto-. Declaro. Y vio que se ruborizaba.

Cuando al fin consiguió tragar el hígado, comprendió por qué se consideraba una comida sana. Después de un mordisco, no apetecía comer nada más. Nunca había probado nada tan asqueroso, pero sabía que Levy se había esforzado mucho para que su primera cena fuera especial. ¿O quizá no?

La botella de vino le ayudo bastante a pasar la comida, y cuando termino el hígado, sentía ya los efectos del vino. Se recostó en la silla y se froto el estómago.

-Muy bueno-. Dijo-. Muy nutritivo. Ya me siento mejor con todo ese hierro. Me siento como Superman. Creo que puedo saltar edificios de un… bueno, tú ya me entiendes.

-Queda más.

Gajeel movió la cabeza.

-No. Guárdalo y me lo llevare mañana para comer.

-Si tanto te gusta, podemos hacer noches de hígado.

Gajeel tomo un trago de vino

-¿Noches de hígado?

-Sí. A veces los matrimonios comen ciertas cosas en ciertas noches. El viernes es noche de pizza, el jueves de ensalada, el domingo de sándwiches. Podemos hacer los lunes noche de hígado.

-¿Tenemos que decidirlo ya?-. Pregunto él-. Porque me gustaría probar más delicias culinarias tuyas antes de centrarnos en una. Y por cierto, yo cocino bien. Creo que algunas parejas se reparten los días de cocinar.

-¡Oh, no! Creo que cocinar es mi deber-. Insistió ella con un entusiasmo sospechoso.

Gajeel no sabía mucho de matrimonios, pero sabía que cualquier esposa que trabajara fuera aceptaría encantada la posibilidad de compartir el trabajo del hogar. O se burlaba de él o había admitido a una loca en su casa. Y Gajeel estaba seguro de que Levy tenía motivos ocultos para actuar como una esposa entusiasta, sólo le faltaba saber cuáles eran.

Extendió el brazo a través de la mesa y le tomo la mano.

-Me gustaría mucho ayudar-. Dijo.

Levy se levantó con rapidez y soltó la mano.

-Tengo que recoger.

-Te ayudare.

-¡No!-. Se detuvo un momento-. Lo hare yo. Tú termina el postre.

Se llevó los platos con rapidez. Gajeel tenía que admitir que le había gustado mirarla a través de la mesa. Solía comer en el mostrador de la cocina, normalmente algo ya preparado pasado por el microondas. Y era agradable tenerla en la casa y oírla moverse por la cocina.

-¿Segura que no quieres que te ayude?-. Pregunto Gajeel.

-No, estoy bien.

-Tengo que decirte que…

Un grito resonó por la casa antes de que tuviera ocasión de advertirle del peligro del triturador de basura. Gajeel corrió a la cocina y vio a Levy de pie ante el fregadero con la cara y la blusa manchadas de papilla marrón.

-¡Ha explotado!-. Gimió ella con el hígado líquido escurriéndose por sus manos y nariz.

Gajeel reprimió una carcajada y tomo un paño de cocina.

-Olvide avisarte-. Dijo el pelinegro. La volvió hacia sí y le limpio las mejillas con gentileza-. Cuando lo conectas, sale volando esa cosa de goma. Hay que sujetarla.

-¡Qué asco!-. Exclamo ella, sacudiéndose el hígado de las manos.

-No seas tan niña-. Se burló Gajeel-. Acabamos de comernos ese asco.

-Mi blusa está destrozada

-Te comprare otra-. Gajeel le paso el paño por el pelo y no pudo aguantar más la risa-. Esto huele tan mal como sabe.

Levy lo miro sorprendida.

-Yo creí que te gustaba.

Gajeel miro sus hermosos rasgos. Había cambiado mucho con los años, pero a veces veía todavía a la chica que había sido.

Le pasó el paño por los labios y a continuación, sin pensarlo, bajo la cabeza y recorrió el mismo camino con la boca; su intención había sido parar allí, limitar la caricia a una muestra de afecto, pero el beso lanzo una oleada de calor por todo su cuerpo y Levy lanzo un gemido, le tomo el rostro entre las manos y volvió a besarla.

Espero a que ella respondiera, a que se abriera a él, le diera alguna señal de lo que sentía; ella le hecho los brazos al cuello y se apretó contra él y Gajeel supo que besarla no había sido un error.

Le recorrió los labios con la lengua, incitándola a rendirse, aprovechando la ocasión para explorar el calor más allá de sus labios. De la garganta de ella salió un suspiro y él le puso una mano en el pelo y la obligo a responder a su lengua con la de ella.

Había besado a muchas mujeres, pero no podía recordar una sensación como aquella. Quería poseerla completamente, apartar todo lo que había entre ellos excepto en el frigorífico para apretar su cuerpo al de ella hasta que pudieran saber dónde terminaba uno y empezaba el otro. Y aunque su mente hervía sensaciones y su cuerpo, de pasión, Gajeel sabía que por el momento no iría más allá de ese beso, que esa comunicación silenciosa donde parecía contarse sus pensamientos más secretos terminaría en unos segundos más.

Las manos de ella empezaron a desabrocharle la camisa y le lanzo un gemido y entrelazo los dedos de ella con los suyos. Si empezaba con la ropa, no sabía si podía parar, así que le abrazo la cintura y sujeto las manos de ella a su espalda.

Siempre se había lanzado de cabeza a una seducción, ansioso por buscar satisfacción inmediata. Tal vez ése había sido siempre su problema, centrarse en los placeres físicos y nada más. Con Levy quería más y por primera vez en su vida creía que podía encontrarlo.

Por el momento, bastaba con el beso, que era un anticipo de lo que podían compartir en el futuro. Se apartó y la miro, atónito por la increíble belleza de su rostro. Levy tenía los ojos cerrados y los labios húmedos y ligeramente hinchados.

-¿Por qué no me dejas limpiar la cocina, mientras terminas de recoger?-. Murmuro él con un último beso suevo.

Ella abrió los ojos y parpadeo.

-Siento esta suciedad-. Dijo apenada.

Gajeel le acaricio la mejilla y sonrió.

-No es problema. Estas muy guapa con hígado en el pelo.

Ella sonrió y salió de la cocina. Gajeel respiro hondo y se apoyó en la encimera. Levy se había escondido toda la noche detrás de aquella fachada extraña de la compañera perfecta y luego había pasado en un instante de esposa a amante ansiosa. Cuando estaba con ella, tenía la sensación de aventurarse en territorio desconocido. No se parecía a ninguna mujer e las que había conocido.

Movió la cabeza y empezó a limpiar la papilla marrón de la encimera y del suelo. La vida prometía ser mucho más interesante con ella en la casa.

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*Bien en la traducción dice "Bombón", peor como sé que es una frase tipia de Seiya… pue quise poner la que es típica de Gajeel hacia Levy, con amor claro..

Bien termine otro capitulo, nos vemos en el próximo.

Bye bye.

-Rose-Black-1503