Disclaimer: Los lugares y personajes pertenecen a Cassandra Clare y su saga de The Mortal Instruments, la idea del fiction es MÍA.
#3
"Entre ángeles y demonios"
- No tienes porque ir, Alec.
-Él salvó a mis hermanos. Jace, le debo la vida.
-Y tú lo salvaste a él. Hiciste tu trabajo, no le debes nada.
-…no hice todo mi trabajo.
-No te culpes.
-No creo que pueda dejar de hacerlo.
….
Había matado a alguien.
En sus manos estaba la vida de esa persona. Un rostro desconocido que le gritaba una y otra vez. Veía su carro en la oscuridad, las luces de los faros, el sonido de las ruedas sin poder frenar sobre el asfalto mojado. Imaginaba su rostro lleno de miedo y dolor, cubierto por sangre y vidrios rotos. Sus ojos opacos y sin vida, fijos en él, culpándolo, señalándolo con una mano ensangrentada y mutilada.
Era su culpa.
Era una vida que sus manos habían arrebatado.
Estaba muerto. Muerto. Muerto.
….
Abrió los ojos. Estaba en el hospital. No había sangre ni combustible. Olía a limpio y el calor a su alrededor era reconfortante. Pero eso no cambiaba la realidad, no cambiaba la abrumante sensación de culpabilidad apresando su pecho contra las sabanas, arrastrándolo a interminables pesadillas.
Su cabeza volvía a doler. Estaba cansado, y adolorido.
Con un quejido y un suave sollozo, Magnus se dio la vuelta sobre la camilla, luchando por volver a dormir.
…..…..
Aquella mañana, Magnus había podido sentarse sin sentirse como si fuera a desmayarse o a vomitar de nuevo. Una enfermera lo había ayudado, inclinando el respaldar de su camilla y colocando la mano en su espalda para darle impulso. Pero dolía, toda mierda dolía. Hasta respirar dolía. Su brazo y mano derechos seguían vendados, el izquierdo con una intravenosa a la altura de su codo, tenía vendajes cubriendo su abdomen y algunos adhesivos médicos tapando heridas varias por todo su cuerpo. Había uno bastante grande sobre su muslo derecho y su cabeza pesaba por lo menos cien kilogramos de más.
Se había cepillado y, con ayuda de su enfermera, había conseguido colocarse la ropa limpia que Tessa le había llevado el día anterior; nada muy fashonista para su estilo. Un simple mono azul eléctrico y una franela bastante grande y cómoda de color negro con su eslogan favorito "Yo no hago la moda, yo Soy la moda" en lentejuelas moradas, logrando así lucir un poco menos convaleciente.
Estaba intentando comer algo cuando Alexander entró a su habitación.
-Creí que debías guardar reposo absoluto.- le había dicho su ángel como saludo. Magnus tenía cinco cojines en su espalda, ayudándolo a sentarse mejor mientras hacía el intento, hasta ahora en vano, de llevar algún alimento sólido a su estomago.
Le sonrió al joven al tiempo que apartaba a un lado definitivamente el resto de la comida.
La verdad, no esperaba verlo ese día. De hecho, no esperaba poder verlo mucho más ya que su trabajo había terminado al sacarlo con vida de su auto y llevarlo al hospital. No entendía porqué su ángel, pues se había acostumbrado a llamarlo de esa manera en su mente, estaba ahí. Y él, por como lucía, tampoco parecía saber muy bien que estaba haciendo allí.
Aunque los porque no era algo que estuviera matando a Magnus en aquel momento. Estaba más enfocado en detallar a Alexander. En la suave curva de sus pómulos, lo fibroso de sus músculos visibles aun bajo el uniforme; guardando la imagen en sus retinas para recreaciones futuras.
Se pasó la mano izquierda por el cabello, peinándoselo inconcientemente y maldijo cuando el tubo plástico de la intravenosa se enredó con el borde metálico de la camilla y tiró dolorosamente de su piel.
-Odio estas cosas…- murmuró, tratando de arreglar el adhesivo con su otra mano, sintiéndose enormemente frustrado e inútil cuando las vendas le dificultaron los, de otra manera, ágiles movimientos de sus largos dedos.
-Ven, déjame.- dijo Alexander, acercándose y arreglando él la tira blanca sobre la aguja de la intravenosa. Su mano temblaba ligeramente, era un poco áspera y con cicatrices, pero era cálida. Tan cálida que Magnus había deseado tomársela entre las suyas y jugar con sus dedos, tanteando cada cicatriz. Su pensamiento se trabó ahí, recordando aquel tacto en la ambulancia, en la voz de Alexander sobre su cabeza y su mano sujetando la suya y manteniéndolo anclado a la vida. - ¿Magnus?
Magnus parpadeó y alzó la mirada. Alexander lo miraba interrogativamente. Magnus se regañó mentalmente. Desde el accidente, su pensamiento divagaba con frecuencia y se distraía. Se preguntó si sería alguna secuela de los golpes en su cabeza y si se le pasaría pronto.
-Disculpa ¿me decías? – Alexander lo miraba con una sonrisa amable, comprensiva. Magnus no estaba acostumbrado a que la gente lo mirara así. Normalmente lo miraban con miedo, o devoción, o envidia. Dependiendo de donde estuviera. Sus empleados solían mirarlo con tanto miedo como si él fuera un Dios iracundo. Las personas que compraban sus diseños lo miraban con una devoción absoluta y sus competidores con una envidia de igual magnitud. Magnus no recordaba una mirada amable desde hacía muchísimo tiempo.
-Te preguntaba cómo te sentías hoy. – Magnus sonrió.
-Oh, bien…ya sabes. Sólo ver tv por cable y dormir. Son unas vacaciones no planificadas perfectas.
Alexander rió tras sus palabras y Magnus sintió como si la pesadez en su cabeza y miembros desapareciera mágicamente. Era una risa…adorable.
- ¿Ya han llamado a alguien por ti?
- Si, Tessa vino ayer tarde –dijo alegremente.- Me trajo ropa. – añadió pero su ángel había dejado de sonreír y una sombra extraña cruzó sus ojos y oscureció su rostro. Sin saber porque, Magnus aclaró.- Ella es mi socia. Es una de mis mejores amigas.
La boca de Alexander hizo una perfecta "o" antes de que éste se diera cuenta de su gesto y cerrara los labios luciendo terriblemente azorado.
-oh…y, eh…-carraspeó.- lo siento. Emm…- Alexander tartamudeaba y estaba mirando hacia sus manos. Magnus sonrió, embelesado. Podría agarrarlo por las mejillas y besarlo hasta dejarlo inconciente.
-¿Cómo están tus hermanos? –decidió preguntarle, para aliviar su situación. Alexander botó aire en un suspiro, cambiando el peso de un pie al otro.
-Están muy bien. Max todavía está muy asustado, pero físicamente están bien. – Alexander alzó la mirada a sus ojos. – Gracias a ti.
Esta vez, fue Magnus quien apartó la vista.
-No debes agradecerme.
-Si que debo. Tú les salvaste la vida.- Alexander buscó su mirada pero Magnus se sintió incapaz de correspondérsela. A su mente vinieron las imágenes de sus pesadillas y unas nauseas imposibles lo inundaron. Tomó su vaso de agua, bebiendo un poco y carraspeó. De pronto, sentía un frío horrible correrle por el cuello y la cara. Alexander dio un paso hacia él. Estaba cerca, más cerca de lo que había estado nunca con él estando conciente. – Magnus… –él negó con la cabeza. Se sentía mareado y enfermo. La realidad volvía a golpearlo.
-Maté a alguien.- dijo, con total sequedad. Las palabras cruzaron su garganta dolorosamente. Ardían y cortaban cual espinas, haciéndole sangrar hasta el corazón. Era un asesino. Alexander se acercó todo lo que podía; olía delicioso, a un suave jabón que Magnus no podía identificar y esta vez él si alzó el rostro, fijando su mirada en aquellos ojos imposiblemente azules que le robaban el aliento. Sintió, con una certeza absoluta, que en ese momento era Alexander quien mejor lo comprendía en el mundo. Sintió, que podía confiar en él. Así que; tragando grueso y sin dejar de mirarle a los ojos, decidió preguntarle.- ¿Cómo se llamaba? ¿Sabes quien era?
El joven paramédico soltó un suspiro, casi a regañadientes y asintió.
-Se llamaba Valentine Morgenstern
N/A: Hola mis amados lectores! Ofresco disculpas por el retraso de dos días en publicar, pero como saben tengo muy poco tiempo libre U_U Pero..aqui estoy. La proxima semana comienzan a ser un poco más largos los capitulos...así que no desesperen!
Me despido. Keep calm and LOVE MALEC! :D
Kisses
IL
