Hola! gracias por los comentarios que me han dejado que la verdad no me esperaba, como les decía al principio de esta historia, es por eso mismo que intento actualizar con rapidez. No esperen el gran capítulo porque no lo será!

Aún así es enteramente dedicado a LAS LOCAS 2.0 (saben quienes son) a Karla, aquí tienes a tu ahijadita! jajaja, a Susy por ser la primero en leer los capítulos y especialmente a la yegua adicta a Toy story jajjajajaja! espero las canciones, si hoy no me mandas ese mensaje por whatsapp no despierto! jjajajajajaj!

y a ti también por acompañarme en esta locura, GRACIAS!


Capítulo 4: Realidades y sorpresas

― ¡Feliz cumpleaños mamá! – Exclamaron James y Albus mientras una Ginny perezosa se movía en la cama, abrió sus ojos lentamente y justo allí moría de amor. James sostenía una torta de chocolate con unas cuantas velas y las llamas bailaban y soltaban unas chispas alegres en frente de sus ojos, Albus sostenía de unos hilos unos cuantos globos de colores y un paquete envuelto en llamativos tonos rojizos inevitablemente derramó lágrimas esperando ver a Harry en cualquier momento sonriéndole como lo había hecho hasta el año anterior, tarde comprendió que ella jamás volvería a despertar viendo la sonrisa de Harry, nunca más.

― ¡Debes apagar las velas mamá y pedir los tres deseos! – Sonrió Albus. James se acercó hasta donde estaba su mamá y le sonrió.

― Pide los tres deseos – Dijo él también Ginny se sentó y pensó en los tres deseos, uno, que sus hijos siempre tuviesen motivos para reír y jamás les faltara nada. Dos, que James olvidara ese orgullo y fuese la misma relación de padre e hijo que siempre fue y tres, que Albus fuese un alumno responsable y no siguiera los pasos de sus tíos gemelos eso era lo que más temía miró recelosa a su hijo menor.

― ¿Qué? no es necesario que gastes tus deseos en mí mamá seré un alumno ejemplar – Bromeó Albus y Ginny rió resignada luego apagó las velas y James dejó la torta sobre la mesa de noche de su madre y él y su hermano abrazaron fuertemente a Ginny.

― Gracias niños – Susurró ella emocionada Albus se separó y ambos le entregaron el obsequio a su madre ella sonrió y destrozó el envoltorio como una niña mientras sus hijos la observaban riendo. Era un vestido verde ajustado que seguramente le llegara hasta las rodillas ― ¡Es hermoso me encanta! – "Sí mamá supiera que fue papá el que escogió el vestido" Pensó James sonriendo.

― Tú día será el siguiente... – Comenzó Al.

― No te molestaremos durante toda la noche y tendrás que festejar con tus amigos – Interrumpió James.

― Así es y no procures volver por nosotros a media noche hoy tendremos reunión con el resto de los primos – Finalizó Albus con esa sonrisa en sus labios que le recordaba tanto a la de Harry. Suspiró resignada.

― ¡Vaya! Planearon apartarme del camino ¿eh?

― Claro que no mamá.

― Por cierto vino tía Hermione y trajo tu disfraz ― James le lanzó una mirada pícara muy parecidas a las de su padre ― harás que muchos hombres suelten suspiros de solo verte – Sonrió de solo imaginar a su madre.

― ¿Ustedes confabularon con Hermione? ¡están locos si piensan que me pondré un disfraz que no cubre nada! – James y Albus compusieron una carita de profundo dolor e hicieron pucheros. Esa artimaña tan poderosa sobre su madre fue heredada de su padre ella tampoco se resistía a las morisquetas que su marido le hiciera y en ese momento odió el parecido de sus hijos con su esposo como nunca.

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― ¿Cómo pude dejar convencerme por ese par de embaucadores? ― Preguntó Ginny incómoda.

― ¡Oh vamos Ginny! ese par de embaucadores son tus hijos y deberías alegrarte que quieran que la pases bien.

― Hermione casi desnuda no seré feliz – Hermione soltó una carcajada al tiempo que entraban a un salón completamente mientras las dos iban disfrazadas de odaliscas. El traje de Hermione era una especie de sostén con una tela de satén celeste con unas cuantas moneditas doradas colgando por los costados y el centro del busto, el vientre plano cubierto por una tela caída de seda desde la parte baja de los pechos. Unas telas celestes de seda con corte disparejo caían desde las caderas acentuando sus largas piernas, se veía preciosa. El cabello estaba completamente liso y el maquillaje era casi imperceptible. Sin embargo Ginny estaba maquillada para resaltar más sus facciones. Una fina línea negra cubrían los párpados y las pestañas tenían una fina capa de máscara negra resaltaba como nunca la mirada intensa de Ginny. Las pecas parecían más hermosas que nunca en la nariz y alrededor de ésta equilibraba la sensualidad y dulzura a la vez, sus labios emanaban un suave brillo rojo deslumbrante. El sostén se parecía al de Hermione, pero el de Ginny era de un rojo fuego dejando la espalda cubierta solo por su larga y ondulante cabellera, el faldón solo eran unos pañuelos de seda y otros translúcidos que caían desordenadamente todos en tonos rojos y para finalizar el conjunto llevaba una tobillera con unos rubíes tan brillantes y pequeños que la hacían aún más una joya sofisticada. Ginevra Potter esa noche era innegablemente hermosa y sensual con esas curvas que más que nunca se evidenciaban con ese disfraz que solo fueron creadas para la tortura masculina – No puedo creer que me prestara al juego tuyo al de tu esposo y al de mis hijos.

― Te aseguro que esta noche será inolvidable – Ginny podía vislumbrar un umbral gracias a la escasa luz que llegaba desde los faroles de la calle entrecerró los ojos para vislumbrar en medio de la oscuridad ― ¡Ginny ya llegamos! – Exclamó Hermione elevando bruscamente la voz Ginny la miró alterada mientras fruncía el ceño

- ¡Me asustaste! ¿por qué hay poca luz...? – De pronto el salón quedo visible y una luz potente la encegueció por unos segundos hasta que pudo adaptarse a la luz.

― ¡FELICIDADES GINNY! – Gritó un grupo de personas que Ginny vio, a todas sin excepción, disfrazadas. De pronto se vio rodeadas por sus hermanos y algunos amigos.

― Gracias – Sonreía mientras sus hermanos la abrazaban cariñosamente.

― ¡Te ves preciosa pecosa! – Sonrió George vestido de pirata al igual que su hermano gemelo.

― ¿Cuántos años cumples Ginevra? ¿veinte? – Bromeó Bill que sin duda era un marinero y su esposa Fleur una flamante sirena pelirroja.

― Claro que no cumple dieciocho – Sonrió Charlie quien representaba a un elfo doméstico con orejas gigantes incluidas.

― Son treinta y dos modestamente – Sonrió Ginny.

― Ni los representas – Dijo el sultán Ronald todos los hermanos Weasley soltaron una carcajada.

― Treinta y dos y es toda una diosa árabe – Continuó Fred. Más tarde Ginny fue abrazada por todos sus invitados vestidos con los disfraces más extravagantes jamás antes visto. Incluso vio a Dean Thomas como mortífago. Hubieron princesas y reinas con sus respectivos reyes y unos muggles que ella no conocía vestidos de ogros verdes o de toreros otros como gatos gigantes y hasta un bebé de más o menos treinta y cinco años, incluso un dinosaurio llamado "Barney" Todos ya bailaban animadamente mientras la anfitriona hablaba con Luna disfrazada de dama antigua y Parvati de enfermera. Esta última envidiaba la exuberante figura de Ginny.

― Es increíble... Merlín Ginny seguro que sigues una dieta – Ginny sonrió.

― No, de hecho como bastante...

― Entonces son los torposoplos se meten en tus oídos mientras duermes entonces expulsan un brillo de sus alas que adelgaza y moldea la figura debiste ser atacada por una bandada – Aseguró Luna sin asomo de envidia y con una fe tremenda en sus creencias. Ginny soltó una carcajada y Parvati le lanzó una mirada contrariada a Luna.

― Feliz cumpleaños, Ginevra – Dijo una chillona voz Ginny se giró sonriendo y cuando vio a la pareja un nudo horrible se apoderó de su garganta. Una reluciente y sexy sanadora le sonreía con triunfo y malicia del brazo de un hombre tan deslumbrante que Ginny se perdió en él por unos segundos. Simplemente estaba vestido con unos pantalones de lino blanco y una camisa blanca de manga corta con aire relajado al más puro estilo caribeño. Solo le bastó una mirada de Harry para saber que él estaba apenado por estar ahí no era justo para ella, pero Cho había insistido en que quizás estarían sus hijos y Harry se animó a estar ahí por ellos porque no quería admitir que de pronto tuvo unas ganas incontenibles de ver a su esposa. Ella lo liberó de toda culpa y le dedicó una sonrisa llena de paz tan parecidas a las que últimamente estaba necesitando.

― Muchas gracias, Cho – Le sonrió Ginny.

― ¿Qué tal tú día? – Preguntó Harry alterado porque desde que la vio llegar sintió su cuerpo estremecer toda Ginny parecía hacerle una invitación exquisita para tocarla y para... lo más saludable para la mente de Harry era no mirar el cuerpo de Ginny. Se limitó a mirarla a los ojos pero ahí solo creía ver reproche, el problema era que Ginny no le guardaba rencor alguno estaba tan concentrada exigiéndose a sí misma por la felicidad de él que no tenía tiempo para rencores.

― Ha estado perfecto los niños me despertaron esta mañana con una torta – Sonrió ampliamente – Como solía ser – "De hecho solo faltabas tú" quiso decir Ginny. Harry vio la tristeza en aquellos ojos y eso era peor que el posible rencor que Ginny sintiera por él verla triste le desmoronaba todos sus anhelos y todo era su culpa, quiso zafar de su mirada y para su tranquilidad tampoco miró su cuerpo miró a Cho y ella no desaprovechó la situación para dañar a Ginny sonrió petulante.

― ¿Te dije que esta noche Harry y yo cumplimos un año y un mes? – Sonrió descarada y Harry la soltó inmediatamente como si la sola idea de estar a su lado le asqueara, los ojos de Ginny destellaron lágrimas angustiada ¿un año un mes justo el día de su cumpleaños? ¿cuánto más podía aguantar? quiso llorar a mares gritar de la rabia que le quemaba el corazón miró a Harry pero él rehuyó de esa mirada incapaz de sostener.

― Sería hipócrita si los felicitara – Sonrió Ginny aunque por dentro estaba hecha una mierda no dejaría que esa puta venenosa la viera derramar lágrimas, Cho blanqueó los ojos.

― ¿Por qué no? es decir, qué coincidencia ¿no? – Rió Cho – No sería sano guardar rencores del pasado, Harry está enamorado de mí y…

― ¿Harías el simple favor de callarte? – Replicó Harry furioso Cho se ruborizó ligeramente e hizo un escaneo completo de Ginny y la pelirroja solo ansiaba que alguien la sacara de esa situación tan podrida y retorcida.

― Con ese traje de odalisca te ves... – "Maravillosamente perfecta" Pensó Harry mirando los pechos de Ginny bajando por su cintura...

― Maravillosa y divinamente perfecta – Dijo alguien más. Ginny se giró y vio a un hombre vestido completamente de negro con una capa, un sombrero y un antifaz. Haciendo el contraste perfecto de su esposo ella vio unos ojos celestes y una barba incipiente que la alegraron inmediatamente.

― ¿Daniel?

― ¿Me reconociste? – Preguntó sorprendido pero con una sonrisa radiante en los labios se quitó el antifaz y la miró intensamente de pies a cabeza. A Harry no le gustó para nada aquella mirada.

― ¡Claro que sí! – Ambos se abrazaron como si se conocieran de toda una vida.

― ¡Feliz cumpleaños hermosa! – Exclamó mientras seguían abrazados y sonriendo.

― Gracias, créeme que estoy feliz con que estés aquí... – Ambos se soltaron y se miraron a los ojos - ¿cómo supiste que hoy cumplo años? – Preguntó sonriendo.

― Tú amiga y cuñada habló personalmente conmigo – Sonrió cómplice.

― ¿Hermione?

― Así es... ¿Te molestó? – Preguntó preocupado y repentinamente su sonrisa cesó, Harry y Cho parecían completamente olvidados por la cumpleañera y el esposo de Ginny no hacía más que maldecir a Daniel e intentar no perderse detalle de la conversación.

― ¡Claro que no! – Ginny mostró toda su dentadura pensando en lo oportuno que Dan había sido.

― Te ves increíble Ginny, pareces una mujer fuera de este planeta – "Deja de mirarla idiota" Pensó Harry malhumorado – estás deslumbrante tus padres realmente te hicieron con amor, con mucho amor – Ginny soltó una carcajada y el joven sintió una aglomeración de insectos recorrer su estómago se quedó atontado viéndola reír de esa manera.

― Radcliffe – Saludó seco Harry, Dan se giró hacia él y sonrió estrechó la mano que le tendía Harry.

― Lo siento abogado no me di cuenta que estabas aquí.

― Lo pude notar – Ironizó Harry y Daniel sonrió.

― Sí, es difícil ver a alguien más cuando Ginny está presente ¿no? – Harry miró a su esposa y ella observaba maravillada a Dan, Cho bufó aburrida en ese lugar.

― ¿Te parece cielo si vamos por algo para beber...?

― ¡Vaya Potter! – Aparecieron Bill y Charlie saludando amablemente. Días después de que Harry se largara de la casa Ginny habló con su familia omitiendo varios detalles de la separación con Harry y les pidió encarecidamente por sus hijos que no hicieran algo irracional conocía a sus hermanos y sabía que la primera reacción de ellos sería matar a Harry a los golpes y ella no deseaba eso al fin de cuentas ese era un problema entre Harry y ella y nadie tenía derecho a interferir. Sus hermanos respetaron su decisión aunque no les hiciera mucha gracia que Harry se paseara con la mujer por la que había abandonado a Ginny. Él único que demostraba abiertamente su enfado con Harry era Ron, estaba defraudado de Harry su amigo traicionando a su hermana también traicionaba su amistad. No se le acercaría para no gritarle en la cara lo idiota que era justamente por Ginny. Ella sería la más perjudicada.

― Hola muchachos – Saludó Harry a sus cuñados con indiferencia, estaba preocupado observando a Ginny y a Dan.

― ¿Cómo va todo? - Preguntó Charlie.

― Todo...

― ¿Daniel? – Preguntó Bill interrumpiendo a Harry.

― ¡Vaya muchachos! ¿cuánto tiempo? – Sonrió Daniel. Harry ya se estaba cansando que todo el mundo lo ignorara por hablar con la famosa estrella de cine, incluso su propia esposa lo que era más doloroso inesperadamente para él.

― ¿Ustedes se conocen? – Preguntó divertida Ginny.

― ¡Claro! de hecho Harry me presentó a sus cuñados hace tres años – Respondió Daniel sonriendo. Ginny se estaba acostumbrando a esa sonrisa tan cordial, tan encantadora, tan inocente, tan sensual muy rápido.

― ¿Tres años y jamás nos presentaron? – Replicó Ginny.

― Siempre supe que los Weasley protegían a una hermana menor pero por algún motivo que ahora me parece absurdo se negaban a presentarnos.

― ¿Por qué? – Preguntó Ginny y Harry se ruborizó.

― Verás hermana para entonces tú esposo... – Ginny miró inmediatamente a Harry – ...iba a matar a Daniel y a todos tus hermanos si solo osábamos hablarle a Daniel de ti – Comentó maliciosamente Bill. Cho también miró a Harry y él estaba concentrado en la copa de vino que sostenía mientras deslizaba una mano en el bolsillo del pantaló y su otro cuñado Charlie le lanzó una mirada asesina tan solo por estar ahí.

― ¿Por qué? – Preguntaron Ginny y Cho.

― Porque Daniel comentó adelante de nuestro celoso Cuñado, aquí presente, tener una debilidad puramente sexual en las pelirrojas...

― Mi interés en las pelirrojas ya no es puramente sexual desde que conozco a tú hermana Bill, es algo más allá de lo que entiendo – Susurró Daniel mirando directamente los ojos de Ginny y las mejillas de la pelirroja su tiñeron de un pálido rosa – Desde el 31 de julio es una pelirroja en particular, es Ginevra Weasley – Daniel dijo eso en un tono soñador que derritió por completo a Ginny sus hermanos sonrieron por el descaro del muchacho.

― Me parece que no entiendes tantas cosas te tomaba por más inteligente, Radcliffe – Espetó furioso Harry. – Te dije que Ginevra está casada conmigo, es mí mujer y tú con tanta cursilería barata no haces más que ponerte en ridículo. – Daniel lo miró desafiante y avanzó unos pasos hacia él, Ginny miraba a uno y a otro nerviosa.

― Me parece que el que no entiendes aquí eres tú, estás tan confundido que ni siquiera deberías estar en este lugar pero es tan simple y tan evidente tú arrepentimiento que no te imaginas las ganas de luchar que tengo.

― Quédate con tus absurdas ganas de luchar, Radcliffe para mí no eres competencia en lo absoluto – Harry parecía dispuesto a cometer un asesinato aquella noche Dan lo miró retador.

― No te equivoques ya lo hiciste una vez y no sabes cuánto me alegro de tú error pero descuida yo no los cometeré ― Siseó.

― Eso está por verse, idiota.

― No sé realmente si es más idiota tu postura o el hecho que estés aquí.

― Tengo el derecho y las ganas de querer saludar a mí mujer en su cumpleaños y de admirar que está más hermosa que nunca esta noche – Ginny y Cho sonrojaron furiosamente la primera por las últimas palabras de Harry que le abrigaban tímidas ilusiones en su corazón y la segunda estaba rabiosa por la discusión colegial que su pareja mantenía por su antigua esposa – y un maldito mocoso como tú no me obligará a hacer lo contrario solo por un capricho infundado – Harry y Daniel se acercaron con la única idea en mente de matarse a golpes. Harry le pasó la copa de vino bruscamente a Cho y ésta la recibió de mala gana.

― Puede ser que sea un maldito mocoso, pero cuando adquiero un compromiso lo cumplo hasta el final y solo un idiota como tú destruye el contrato más placentero que pueda tener en su vida a cambio de nada. Mocoso como tú me dices soy más hombre que tú – Esta vez no había más que decirse estaban a cinco pasos de distancia con el claro deseo de matarse, pero Ginny se interpuso quedando frente a Harry. Tomó la mano de él su esposo la miró y toda la furia que tenía dentro pudo controlarla solo mirando esos ojos castaños. Ella siempre le infundía esa clase de paz y estabilidad a sus emociones.

― Por favor – Susurró Ginny, Harry sin querer sostuvo con fuerza la mano de su esposa acariciándola y con placer sintió ese estremecimiento que le dio cuerda una vez más a su corazón.

― No es el momento – Dijo Harry mirando los ojos de Daniel y la rabia renacía en cantidades gigantescas.

― Te aseguro que sí habrá uno – Le aseguró el joven.

― No lo dudes – Añadió Harry sin soltar la mano de Ginny la miró a los ojos y quiso acomodar un mechón rebelde detrás de la oreja de la pelirroja, pero se contuvo. Cuando Cho se dio cuenta que las manos de Harry y Ginevra estaban entrelazadas las separó bruscamente y alejó a Harry de su esposa aunque el matrimonio Potter seguía observándose intensamente. Bill y Charlie sonrieron cómplices e igualmente sentían las ganas de matar a su cuñado por lo que le había hecho a su hermana, en ese punto Daniel tenía toda la razón. Daniel parecía estar pendiente de cualquier cosa menos de los Potter, no quería observar algo que le dolería profundamente. Porque si estaba consciente de lo que ocurría y Cho parecía tener una guerra interna en su mente entre gritar furiosa o derramar llanto. Hasta que al fin Bill y Charlie supieron que no se desataría la tercera guerra Mágica-Muggle fueron hasta sus respectivas esposas. Cho consiguió por fin tomar una decisión y se llevó lo más lejos posible a Harry de Ginny y la pelirroja sentía que su alma y corazón se desgarraban una vez más.

― Siento mucho causarte este tipo de inconveniente, Ginny yo no tenía derecho a estropearte la noche – Se disculpó Dan pero no iba a permitir que Harry lo dejara como un mocoso sin soltarle unas cuantas verdades que estaban atoradas en su garganta.

― No te preocupes todo está bien – Sonrió Ginny aun pensando en Harry.

― Yo no tenía derecho...

― De verdad no ocurre nada.

― No quiero causarte problemas – Ginny le sonrió y lo miró directamente a los ojos.

― Claro que no, Dan...

― Me gustas mucho, Ginny – Ella se quedó petrificada ante esa confesión totalmente consternada. "Mierda... no puede ser" Fue lo único que pudo pensar parecía estar practicando Oclumancia porque su mente estaba en blanco y sus castaños ojos estaban fijos en los de Dan.

― Yo yo... no sé... – Dan sonrió.

― Tranquila yo sé que tú sigues enamorada de tu esposo y que todo para ti es muy reciente Pero quiero estar ahí para ti cada vez que lo necesites debes saber que solo hicieron falta esos escasos minutos para saber que me gustas y que no he dejado de pensar en ti desde que te regalé aquella rosa – Él hablaba sin dejar de mirar los ojos de Ginny y ella tampoco lo hacía pero sentía pesar, tal vez ella había dado señales y con toda razón él pudo malinterpretarlas.

― Yo me siento halagada... pero debes estar malinterpretando...

― No, claro que no...

― Dan solo nos hemos visto dos veces...

― Y solo me bastaron segundos para sentir lo que tú me inspiras… Creo que le llaman amor a primera vista - Sonrió. Carraspeó e imitó ser aquel príncipe azul invitando a bailar a su princesa haciendo hondear su capa negra, Ginny sonrió por la ocurrencia e igualmente aceptó la mano que caballerosamente le tendía Daniel caminaron hasta quedar en medio del salón. Ambos se movían divertidos al compás de la suave melodía que escuchaban, las otras parejas estaban sumidas en su mundo y no se percataron que la cumpleañera ya encontraba su pareja de baile y francamente Ginny y Daniel también estaban concentrados uno en el otro – Es verdad que esta noche estás hermosa, Ginny – Susurró él sin dejar de mirar los labios de su compañera de baile ella sonrojó al comprobar la dirección de la mirada del muchacho.

― Gracias – Dijo tímidamente.

― ¿Sabes? en cuanto te vi me hice una pregunta… - Ella enarcó una ceja y él comprendió que ese gesto lo instaba a seguir hablando, sonrió – Si realmente sabes bailar danza árabe pero supe inmediatamente que era lógico ― Comentó alzando una ceja mientras movía su cabeza y gesticulaba perfectamente cada palabra.

― ¿Ah sí? ¿por qué?

― Me parece que no hay nada que tú no sepas hacer – Ginny intentó sonreír pero el sonrojo furioso pudo más y la sonrisa quedó solo en el intento y ese gesto al actor le pareció tan encantador como nocivo para sus sentidos.

― Eres un crío bastante atrevido – Pudo decir Ginny después de asimilar las palabras que Daniel le había dicho y él esbozó una traviesa sonrisa.

― Yo no puedo creer que tengas hijos de trece y once años ¿acaso fuiste madre a los catorce años? a lo sumo a quince. – Esta vez varias parejas se giraron a ver a Ginny y a Dan tras la carcajada que se mandara ella.

― ¿Qué cosas dices Radcliffe? – Mientras hablaban no se daban ni por enterados que solo una persona más allá los observaba enfurecido con gesto ceñudo, se acomodó las gafas y deslizó ambas manos por los bolsillos de su blanco pantalón la furia contrastaba con los celos sorpresivamente para él.

― Intuyo que no eres de esas mujeres que se ponen histéricas por el tema de la edad… - Él hizo dar una vuelta a su alrededor a Ginny y ella rió fuerte.

― ¡No! – Respondió mientras giraba sobre sus pies y en un movimiento prolijo de él volvía a estar entre los brazos del hombre.

― No aparentas más de veinte años, Weasley – Comentó Dan exagerando el tono. Ginny volvió a reír y eso logró la felicidad del muchacho – Pero mi punto es devastado puesto que haría que James naciera cuando tú tenías siete años – Ginny seguía riendo de aquellas ocurrencias – Aventuraría que tienes unos ¿veintinueve?

― ¿Crees que tuve a James cuando tenía dieciséis años? – Sonrió.

― Han cambiado mucho los tiempos - Dijo rápidamente con una mirada picaresca tan particular en él. Las manos de Daniel tomaron con más fuerza las caderas de Ginny y ella se permitió rodear el cuello con sus brazos se sentía cómoda en sus brazos que era un alivio tenerlo tan cerca. Ese alguien que observaba todo a una distancia de unas tres o cuatro parejas se escandalizó por el atrevimiento de los bailarines volvió a acomodarse los anteojos, pero esta vez el terror se reflejaba en sus movimientos.

- Pues no, me enteré un 11 de agosto que estaba embarazada James nació cuando yo tenía diecinueve años, me casé a los veinte y ahora tengo treinta y dos años.

― ¿Qué? – Preguntó falsamente sorprendido fingiendo una mueca de horror.

― ¡Sí! – Rió ella siguiéndole el juego.

- La primera vez que te vi pensé que tenías mi edad y cuando James soltó la bomba que tú eras su madre casi me da un infarto…

― Sí, soy un vejestorio…

― Claro que no eres demasiado joven para tener hijos de la edad de James y Al.

― ¿Qué edad tienes tú? ¿dieciocho? – Él rió fuerte y ella frunció el ceño.

― Tengo veintitrés años recién cumplidos ― Sonrió él satisfecho asintiendo con la cabeza y ella sonrió horrorizada.

― ¡Dios eres un crío!

― Y tú para tener un hijo de trece años ― Dijo él con aspereza entrecerrando sus ojos.

― ¡Tienes veintitrés años! – Exclamó Ginny experimentando una felicidad efímera sintiendo la compañía de ese joven que provocaba en ella olvidar todos sus males. Daniel estaba maravillado le encantaba ese juego de palabras, le encantaba todo lo que había alrededor de Ginevra Potter. Sentía aquella sensación de conocerla de toda una vida al igual que ella, sentía esas ganas de besarla y esas ganas se multiplicaban con cada risa o sonrisa que la mujer le regalaba lo cual era tortuoso porque ella jamás dejaba de sonreír. Ginny era una mujer inteligente, con fuertes convicciones, decidida, hermosa, sensual e increíblemente dulce y tierna también. Y sin embargo era una niña pidiendo que la quisieran esa misma mirada fue lo primero que lo cautivó, luego su personalidad y su belleza no había sido indiferente para él. Ni para nadie, tal vez. Daniel Radcliffe no medía la belleza física en una mujer sino más bien todo lo contario pero era imposible no caer rendido a los pies ante la belleza de Ginny, ante esa sonrisa que regalaba vida y mataba solo por escuchar esa carcajada que le hacía vibrar el cuerpo. No podía entender como un hombre tan inteligente como su abogado podía dejar a ese manjar de mujer por Cho Chang. La pelirroja era mejor en todos los sentidos, Cho no era una mujer fea de hecho era hermosa, inteligente y hasta cierto punto simpática, pero había algo en ella que lo hacía desconfiar y mantener una distancia con la secretaria de su abogado.

― A mí no me importa la edad ni que tengas al esposo más celoso del mundo ni siquiera enfrentar otra tanda de celosos como tus hermano y tú padre, los que me preocupan considerablemente son tus hijos, cariño – Ella volvió a reír se estaba dando cuenta que se aferraba a él con mucha facilidad que quizás se acostumbraba rápidamente a la compañía de ese muchacho y que por sobre todo esa compañía le gustaba – De verdad me gustas me pareces la mujer más hermosa que puede caminar por esta tierra, que ha valido la pena vivir todo y mi recompensa en esta vida ha sido poder mirar tus ojos, sentir que puedo tocar tu cintura y perderme en todo este complemento que eres tú, hasta ahora has sido mi mejor experiencia.

― Dan… - Susurró sin apartar sus ojos de los celestes brillantes de él. Tenía razón, él se estaba encargando de recomponer poco a poco trozo a trozo y suspiro a suspiro el alma que Harry había destruido. Quizás no completamente pero una pequeña parte de su herido corazón volvía a latir cansado, tímido e incipiente.

― Es verdad, Ginny – Suspiró mientras miraba un mechón que molestaba e interrumpía la visión directa de sus ojos con delicadeza lo apartó y lo acomodó detrás de la oreja – Me muero por poder besarte…

― Yo… ― No Sabía que decir estaba enamorada de su esposo su amor probablemente habitaría en ella por siempre, pero Daniel le estaba devolviendo poco a poco las ganas de continuar su vida sentimental, a la cual tenía todo el derecho y solo ella debía convencerse de aquello.

― Me gustaría que nos dieras la oportunidad de conocernos sin importar que sigas enamorada de tú esposo, sin importar muchas cosas, pero no seas injusta contigo misma ¿no crees que es egoísta negar una oportunidad a tú vida? – Ella lo miró. Comprendió una vez más esa noche que la química que había entre los dos era innegable, era subyugante, ya no quería resistirse a la compañía que él le ofrecía. Daniel parecía comerse la vida a bocanadas y sin embargo ella se sentía atada a esa vida placentera a esos doce años que tanto le recordaban a Harry, pero también era alocado lanzarse a los brazos de Dan cuando apenas lo había visto solo dos veces y sin embargo en él confiaba tanto y tenía la sospecha que él no la defraudaría, no, él no.

― No quiero engañarte…

― Y no lo haces porque yo ya conozco tus sentimientos, solo te pido la oportunidad de conocernos de brindarte el apoyo que necesites me gustaría ser más que tú amigo…

― Es demasiado pronto y tú no mereces tanto peso sobre tus hombros eres apenas un muchacho que tiene toda una vida por delante, en cambio yo soy una mujer que está a punto de divorciarse y tiene dos hijos no me parece justo para ti…

― Tienes dos hijos que ya conozco bastante y sé como persuadirlos – Sonrió él y Ginny a pesar de estar compungida soltó una resignada carcajada – Te aseguro que tanto James como Albus para mí no son un peso, sino todo lo contrario, esos enanos son especiales para mí mucho antes de saber que tú eras la madre – Ginny esbozó una sonrisa, lo miró como si de pronto evaluara detenidamente la situación. No podía explicar a nadie la atracción afrodisiaca que había entre ambos porque simplemente existía jamás buscaría refugio en él para olvidar a Harry, pero de pronto sintió una extraña determinación era hora de dejar atrás ese pasado que la hizo tan feliz y también pensar en ella aunque hubiese pasado tan poco tiempo desde su separación había jurado no caer en un pozo profundo y sola no podría… además la conexión que había entre ella y Dan era innegable. Sonrió, tímidamente acercó su rostro al de Dan, se sentía extraña desde los quince años los únicos labios que había besado eran los de su esposo… su esposo… se concentró en Dan quien la miraba con una sonrisa radiante su nariz hizo contacto con la de él entonces ella también sonrió, las manos de Dan se concentraron en la espalda de Ginny y él la besó. Ella se encontró devolviendo ese beso con la misma pasión que era besada. Dan cambió la postura y sus manos se fueron una hasta el cuello de Ginny y la otra se posó delicadamente sobre el rostro de ella. Aquel beso le estaba devolviendo las ganas y las ansias de ser querida por alguien más – Me gustas mucho – Musitó él simplemente – No quiero forzarte a nada, pero quiero que entiendas que esto que siento es de verdad es serio, me gustas demasiado, Ginny – De pronto ella pareció volver a la realidad y a al dolor de un golpe brusco.

― Es que recién nos conocemos y no quiero lastimarte – Repuso ella aterrada "¡Merlín, ya lo besé!" Pensó

― ¿Es una verdadera locura no?

― ¡Claro que sí! – Él sonrió.

― A veces creo que estar loco es bueno, te hace vivir la vida con más emoción es también sentirse feliz y sí, tienes razón, estoy loco por ti, ¿dígame señora que hará? ¿sabe usted que no es normal volver loco a un hombre?

― Dan, esto es serio.

― ¿Crees que estoy bromeando? – Replicó falsamente ofendido.

― Como si eso fuese tan difícil para ti – Él sonrió feliz

― No necesito que me ames, ni que me quiera, solo necesito saber que tú nos darás la oportunidad de conocernos y si por el camino tú pudieras sentir algo…

― En este momento no podría ofrecerte estabilidad y no puedo garantizar que pueda hacerlo más adelante – Respondió siendo totalmente honesta con él entonces Dan sonrió, esa confesión tan honesta y tierna no hizo más que cautivarlo más allá de lo que ya estaba.

― No la necesitamos entonces…

― ¡Pero es muy importante la estabilidad en una relación! – Dan volvió a sonreír esa noche y tomó el rostro de Ginny entre sus manos.

― Estoy "establemente" enloquecido por ti jamás he sentido esto tan fuerte por otra persona como lo que siento por ti en este momento, eso es todo lo que sé y a la vez le confiere seguridad a mis sentimientos y soy tan fiel a ellos que llego a ser enfermizo. Cuando tengo la certeza de mis sentimientos no miento ni mucho menos me miento a mí mismo ― Razonó él siendo exageradamente convincente para gusto de Ginny.

― Pero… - Dan suspiro y con una profunda dulzura le acarició el rostro.

― No importa lo que suceda más adelante, me importa la oportunidad que quiero contigo yo estoy seguro de lo que siento… "Las cosas más importantes se ven con el corazón, no con los ojos, ni con la cabeza" (1) – Citó y sonrió ampliamente – Y en cuanto mi corazón te vio supo que quería compartir mi vida contigo porque eso me hace feliz no fueron necesarios meses ni años, solo milésimas de segundos, Ginevra, ni siquiera me importa cuanto dure – Los ojos de Ginny brillaron en lágrimas lo abrazó fuertemente y él la estrecho queriendo más que nunca que ella alguna vez lograra quererlo, aunque fuese el uno por ciento del amor que le veneraba a su esposo. Cuando vio a ese alguien por encima del hombro de Ginny le sostuvo la mirada sin temor alguno ante esos ojos esmeraldas que lo fulminaban con un odio renovado. Comprendió mirando los ojos de Harry que él estaba furioso y celoso. Lo más probable era que él hubiese visto el beso que él le robara a Ginny y entonces entendiera lo que tontamente había dejado. Algo le decía muy en el fondo de su corazón más bien le prevenía que su abogado, el mismo tipo que no le apartaba la vista a él y a Ginny desde ya hace mucho rato el mismo Harry Potter, que lucharía en algún momento por reconquistar a sus hijos y a su esposa, a su familia. Lamentablemente para él Ginny siempre escogería a Harry eso lo tenía muy claro, pero ahora le bastaba tenerla entre sus brazos, besarla y sentir que ella confiaba en él. Daniel Radcliffe solo quería ser luz en la oscuridad de esa maravillosa mujer... alguien los separó para anunciar que ya era hora de que la cumpleañera escuchara, divertida, como sus invitados entonaran el tan clásico "Cumpleaños feliz" luego Hermione y Fleur cortaron el enorme pastel y Ginny animada por sus hermanos y cuñadas y también a pedido de Daniel hizo "su espectáculo" Bailar danza árabe se le daba con tanta naturalidad como el inmenso amor que sentía aún por su esposo. Simplemente era una diosa al hacerlo.

En más de algún hombre despertó los sentidos y las ansias. Ella bailaba con una sensualidad innata y natural. El baile en cada movimiento de cadera brusco se tornaba erótico pero con elegancia. No caía en lo vulgar, simplemente tenía los condimentos necesarios para aquel baile y lo más importante era que ella lo disfrutaba. El velo parecía tener mente propia cuando era deslizado por su cuerpo dibujado caricias cuando ella meneaba el pecho y el vientre con movimientos cortos y secos, las manos de Ginny se juntaron y se alzaron por sobre su cabeza, y las caderas con bruscos movimientos cautivaron más de lo normal a Daniel. Estaba absorto en ella enloquecido por tocarla, el encanto de Ginny sobre él lo volvía loco… en cambio Harry parecía recordar cada momento de pasión que compartiera con su mujer, con su esposa. Sonrió, lo enorgullecía ser el único en haber tocado ese cuerpo que parecía tan perfecto su sonrisa se amplió, ese cuerpo era perfecto porque solo sus manos lo habían tocado, solo sus labios lo habían besado y solo su lengua lo había probado… maldito pensamiento que lo tenía excitado quería tocarla, su mente planeó un perfecto plan para raptar a la cumpleañera, llevarla a un cuarto oscuro y hacerle el amor mientras ella gemía por más sobre todo porque su esposa parecía estar bailando para él y eso lo excitó más, lo sedujo maravillosamente bajo ese hechizo que desplegaba la madre de sus hijos y eso lamentablemente para él lo confundió. Ahora estaba con otra mujer y ella sostenía su mano... pero Ginny seguía moviendo con fervor la cintura del mismo modo en que lo hacía cuando él estaba dentro de ella y sonreía y se tesaba demasiado sobre él que lo hacía correrse como un perfecto principiante en el sexo y luego lo besaba y él podía sentir contra sus labios la sonrisa de satisfacción que su mujer esbozaba cada vez que él le hiciera el amor... definitivamente Ginny era una diosa bailando y siempre conseguía sus propósitos seduciendo a su esposo.

Harry vendía su alama después de un baile como ese, después implicaba una maniobra por parte de su pequeña mujer que él disfrutaba tanto como era hacerle el amor. Entonces ella lo miró y las dos miradas parecían fundirse en el mismo deseo puramente sexual, puramente amor. Ella seguía avivando la máquina de sentimientos de Harry solo con miradas y lo hacía sin enterarse de lo que provocaba. Cuando ella finalizara su sensual baile Harry ya no tenía opción necesitaba más de lo normal a Ginny solo pude volver a la realidad cuando el salón prorrumpió en aplausos.

― Fue bastante ordinario ese bailecito, en realidad ella es una arrimada repugnante – Opinó Cho mirando con envidia e indignación a la esposa de su amante. Harry por fin dejó de mirar a Ginny y fijó sus ojos verdes brillantes en la morena, pero en su mente seguía Ginny y ese erótico baile torturándolo.

― Me pareció excitante – Susurró sin pensar y obtuvo una mirada fulminante por parte de Cho.

― Seguramente así te calentaba esa zorra sin remedio ¿no? – Por unos segundos Ginny salió de su mente y miró con repulsión a Cho. Ella reparó en esa mirada y se asustó él nunca la había observado de esa forma, pero no había nada más en la vida que la sacara de sus casillas que ver a la puta reconocida de Harry. La odiaba a ella y a los huachos que tenía. Una llamarada creció dentro de ella al igual que en Harry no iba a permitir absolutamente a nadie que insultara a Ginny, a su mujer, en su propia presencia.

― No sé qué punto no entendiste con respecto a mí mujer.

― ¿Qué mujer? – Replicó histérica ― ¡yo soy tú mujer! siempre lo seré, ésa es solo la madre de tus hijos.

― ¿Se te olvida que aún es mi esposa? y mientras lo sea no dejará de ser mí mujer y tú no hablarás de ella. Ya te lo dije en cuanto a Ginevra Potter no pienses, no hables, no opines – Le advirtió duramente los ojos de Cho brillaron impotente.

― ¿No te das cuenta que es una puta disfrazada de inocentona? – Estalló en una carcajada de solo imaginar a esa mugrosa sufriendo ― ¡Merlín Harry! ¿cuánto tiempo estuvo rogándote cariño?

― Precisamente la que ha rogado por cariño no es ella.

― ¡Por favor! ¡ya basta de defenderla! ¿hasta cuándo?

― Siempre la defenderé tú ni siquiera sabes cómo se comportó ella cuando le dije todo y ya deja de hablar de temas que no entiendes, ella es mi mujer y punto.

― ¡Oh! ¿Se culpó a sí misma? dijo que todo era su maldita culpa y que por favor no te molestaras, que la dejaras sin remordimientos. Y encima que no le dieras ni un mísero Knut… es tan buena tú esposa – Ironizó. Harry la tomó con fuerza del brazo y la fulminó con la mirada.

― ¿En qué mierda te has convertido? eres una mujer superficial… - Espetó asqueado –...tú sabías entenderme y ahora ¿te entra la puta desconfianza? Estás celosa de Ginny cuando estuve un maldito año contigo engañándola a ella...

― ¿Cómo no sentir celos cuándo la defiendes ciegamente? – Preguntó dolida.

― La conozco desde que tengo once años estuve enamorado de ella desde los dieciséis, ella me dio una familia, hijos y me hizo feliz yo no supe retribuirle ese amor y mucho menos esa confianza. La engañé durante un año traicioné su amor, lo mínimo es que la defienda de insultos gratuitamente ¿no crees?

― Son tus hijos quienes merecen todo de ti ahora ellos y yo somos tú familia, no esa mujer.

― Lo sé, ella merece más de lo que le di alguna vez sabes que no la amo ― Al decir eso sitió un vacío recorrer su estómago y el malestar no lo dejó en paz durante un largo rato ― y sé que puedes entender eso, lo hiciste durante un año y ahora que estoy contigo y me separaré legalmente de mí esposa ¿aflora tu inseguridad?

― Si ella te dio dos hijos y te hizo tan feliz ¿cómo puedo estar segura que tú no harás con ella lo que hiciste conmigo? ¿cómo sé que no me engañarás con esa mujer? – Esas preguntas siempre lograban atormentarla y era honesta Cho parecía triste, aterrada con la idea de perderlo. Ella estaba enamorada y ese amor era enfermizo capaz de tantas cosas por él que no importaba como conseguir sus propósitos. Harry también quería creer que sentía amor por ella quizás no tan fuerte como el que alguna vez sintió por su mujer, pero de la misma forma en que Cho se aferraba a Harry él se aferraba a ella. Suspiró resignado.

― Yo estoy contigo Cariño es lo que importa... dejé a mí familia por ti – Dijo en un susurro indescifrable Cho rió regocijada de escuchar esa frase.

― ¿Ya no la quieres ni siquiera un poco?

― Sabes que no – Respondió y aunque esa respuesta fuese rápida no dejaba de ser monótona.

― Solo me quieres a mí ¿verdad? – Ella lo abrazó.

― Solo a ti, cariño – Ella parecía volar sobre una nube y no le importó que él no correspondiera el abrazo porque sabía que Harry no era de demostrar cariño públicamente. Sin embrago Harry se limitaba a mirar por sobre el hombro de Cho a Ginny sus ojos se opacaron en ese preciso instante Ginny abrazaba a Daniel Radcliffe con una sonrisa de su mujer capaz de embellecer todo a su alrededor. La pareja estaba rodeada de toda la familia Weasley, solo faltaba Ronald exhaló un suspiró abatido. Recordó el cumpleaños anterior de su mujer… él fue el primero en saludarla en el primer minuto del día 11 de agosto esa noche en especial él estuvo muy animado por hacerle saber a su esposa cuanto la necesitaba y ella como siempre accedía a sus peticiones encantada, fascinada. Recordó esa noche tan especial en que sus hijos se quedaron en la casa de Ron y Hermione y su esposa lo hizo correr desesperado por ella por toda la casa hasta que pudo alcanzarla en la cocina ahogando una contagiosa carcajada con un beso y luego le hiciera el amor sobre un mesón. Sonrió nostálgico, habían hecho el amor en cada rincón de esa bendita casa. Luego ella en un dulce susurro le decía que estaba enamorada de esa vida que él le brindaba a lo que él solo respondiera con una amplia sonrisa, una brillante mirada y también con un dulce te amo. En ese instante no tenía dudas a pesar de que su aventura con Cho recién comenzara y no pasara de conversaciones extendidas en su oficina y ella ya comenzara con las insinuaciones, pero hasta ese momento él no había sido infiel. Adoraba a su esposa, pero también estaba esta otra mujer y francamente no concebía que tanta felicidad existiera era imposible. Maldijo en ruso al recordar la advertencia de su hijo mayor, es que James tenía toda la razón Ginny no le era indiferente a los hombres que de vez en cuando miraban a la pelirroja con lascivia y ni decir cuando ella bailara ese grandioso baile que aún le desordenaba las alocadas hormonas como también a otra tanda de hombres que no dejaban de mirar a su mujer, bufó. Se volvió loco de celos sin terminar de comprender lo que sentía. "Dile adiós a Ginny, Radcliffe, ella es solo mía y si veo que le vuelves a poner las manos encima, te mato." Pensó. Soltó bruscamente a Cho y ella lo miró con el ceño fruncido.

― Lo siento ¿por qué no vas a buscar a alguna amiga?

― ¿Crees que tengo alguna amistad entre esta gente? – Ironizó.

― Pues ve a buscar a alguien también hay amistades de la escuela – Insistió él. Ella suspiró resignada y asintió iba a besarlo en los labios pero él corrió la cara y el beso fue en las mejillas Harry le sonrió a modo de disculpas y ella se perdió entre el mar de personas que bailaban animadamente. Estaba confundido por todo lo que sus malditos sentimientos provocaban en él, se sentó en una de las cómodas butacas puestas para los bailarines rezagados junto con las mesas destinadas para las bebidas alcohólicas. Sin darse cuenta que justo al lado de él estaba sentado su cuñado y compañero de tantas aventuras en el colegio Ron lo miró con el ceño fruncido cuando vio que Harry bebía de un trago su whisky de fuego y luego éste le hiciera lagrimar los ojos arrugó el rostro y luego se suavizó. En ningún momento dejó de mirar a la madre de sus hijos invadido por un torrente de emociones.

― ¿Recordando la vida de casado? o tal vez pensando en cuanto estás dejando en brazos de un hombre diez años menor que tú – Sonrió Ron Harry se giró y vio que su cuñado estaba sentado a su lado volvió su mirada a Ginny y bebió otro trago de whisky.

― No sé a qué te refieres, Ronald.

― Yo creo que si entiendes y por la cara que traes diría que entiendes mucho de solo verla besando a ese crío supiste cuanto la necesitabas ¿por qué siempre tienes la maldita maña de complicar las cosas? ¿era muy tranquila tú vida con ella?

― Ya te lo dije una vez es asunto de Ginevra y mío, ya no te inmiscuyas en la vida de tú hermana – Le soltó desafiante sin apartar sus ojos de su mujer que observaba muy de vez en cuando la charla de su marido con su hermano. Ella sabía que nada amistosa era aquella charla.

― Tienes razón, pero como tienes esa cara de lamentar lo que tontamente dejaste ¿viste como Dan la besó? – Ron soltó una carcajada como si hubiese sido la mejor broma salvo que para Harry su mujer no era un motivo de risa, apretó los dientes y sostuvo con fuerza su vaso un poco más y era añicos – Bien, yo creo que fue Ginny quien tomó la iniciativa, pero si fue extraño tal vez tengas suerte y te saques de encima muy pronto a la madre de tus hijos se nota a leguas que hasta podría ir en serio esa relación…

― Tanto te cuesta entender que ya no quiero a tú hermana y que por mí puede hacer lo que quiera con ese maldito mocoso- Respondió enfurecido.

― Fueron doce años los que tiraste a la mierda y sí idiota, me cuesta trabajo entender que la dejaras aun queriéndola.

― Preocúpate de tú matrimonio, de tus hijos, de tú familia y no de la relación que hay entre mi mujer y yo – Ron soltó una carcajada demencial.

― ¿Relación? ¿qué relación puede haber si ya la desbarataste? ¿me quieres decir porque sigues llamando tú mujer a mí hermana si le pediste el divorcio maldito escuálido? – Harry observó con dulzura a Ginny que en ese momento le comentaba algo a Fleur y sonreía. Ni siquiera le prestó atención a como le llamara Ron porque estaba sumido recordando porque Ginny seguía siendo su mujer.

― Ella sigue siendo mía pese a quien le pese, lleva mi apellido, es la madre de mis hijos y aún es mi esposa, mi mujer, es toda mía – Suspiró. El tiempo parecía retroceder escuchaba feliz la risa de su mujer después de una ocurrencia de él y todo era pleno. Estando ella a su lado todo era pleno desde un beso sin importar lo inocente que este fuese venía la necesidad de sus cuerpos alimentando sus sentidos, llenando su alma, su vida. Escucharla gemir a la hora de hacerle el amor era el elixir predilecto para la vida eterna y siempre daba su cien por ciento a la hora de amarla para embriagarse de esa música para sus oídos. La tristeza no tenía cabida en él puesto que Ginny era su otra mitad, su alma gemela y también su vida y por eso ella no tenía derecho de olvidar lo felices que fueron ni lo grande y perfecta que había sido su historia de amor. Ella no tenía derecho de olvidar a su esposo porque si eso pasaba él iba a matar al responsable de aquello, llámese Daniel Radcliffe o el bastardo que se interpusiera entre su mujer y él.

― Vaya Potter le adornas de lo lindo la cabeza, según tú, a tú mujer durante un año y le pides el divorcio ¿pretendes que mi hermana seguirá siendo tú mujer maldito animal? – Esta vez si fue consciente del trato de su cuñado frunció el ceño y lo miró – Date cuenta que un crío está por quitártela está por acabar lo que tú ya comenzaste a destruir. Piensa en Albus, en James… ¿qué se siente que tú hijo crea que su padre es un maldito maricón? – Ambos se levantaron odiándose con la mirada eso era más de lo que Harry podía aguantar. Solo se contuvo al pensar que iba a estropear la fiesta de Ginny.

― No pienses que te daré a ti las explicaciones la persona a quien se las debía ya las escuchó y fin de todo. Ya deja de inmiscuirte en asuntos privados ni mucho menos opines de la relación que tengo con mis hijos ya no tengo que soportar tus malditos arranques de protección desde ahora mi familia son mis hijos y la mujer que escogí absolutamente nadie más.

― Tenías todo lo que un hombre podía querer unos hijos maravillosos, una mujer que te adoraba… confié en ti para que la cuidaras toda la vida te entregué lo mejor de mí familia y a cambio recibo los pedazos de Ginny desperdigados una vez que te fuiste, ahora no me pidas que entienda el porqué de tu deplorable actitud es mi hermana la persona a la que le cagaste la vida y eso Harry jamás te lo voy a perdonar – Lo fulminó con la mirada y Harry no pudo más que sostenerla pero ya con la batalla perdida y su mirada más acuosa. Él no podía rebatir aquello su cuñado tenía toda la razón. Ron le lanzó la última mirada de odio y asco y salió de su vista, había destrozado la vida de una mujer que dio todo lo que un hombre podía pedir, había destrozado la vida de una mujer que pagó a un alto precio los errores de él, había destrozado la vida de su propia mujer y lo que era peor no sabía hasta qué punto su propia vida se veía afectada al querer separar sus días de los de su mujer porque justamente ahora que la veía en brazos de otro hombre riendo a carcajadas sentía un peso abrumador que le oprimía el pecho y le quitaba las ganas de vivir. Sentía que su vida estaba siendo arrebatada por un muchacho diez años menor que él… "¡Mierda!" pensó frustrado "Ron tiene razón ¿por qué la dejé si sigo queriéndola?... No, ya no la quieres Potter, no confundas tus tontas ganas de querer hacerle el amor desde que la viste con ese traje de odalisca" Con parsimonia se llevó una mano hasta la poblada mata de cabello azabache y la revolvió frustrado queriendo gritar de lo confundido que estaba. "Todo es deseo todo es llanamente sexual… ¡!Mierda!... " Porque desde que la vio no se le antojó otra cosa que hundir su boca en ese escote demasiado sensual, sentir esas caderas cerca de su piel y que esas pequeñas manos se perdieran en su cabello mientras sus labios gemían un te amo, sonrió y entendió… ya no era solo un deseo sexual.

La quería, pero escogió decisiones con la cabeza que debió haberlas escogido con el corazón unos meses atrás le seducía más la compañía de Cho de sus palabras de aliento cada vez que veía en la mirada de Harry el reproche de hacer con ella lo que se le ocurriera en una cama donde también primara cualquier cosa menos el amor, la confianza y la ternura. En ese sentido solo había reservado esas tres características para con su mujer, con su esposa. Si era honesto aún prefería estar con Cho, pero esa noche también entendió que seguía queriendo a la madre de sus hijos y su mente era un mar de confusiones, de recuerdos… entendía todo esto cuando la viera en brazos de ese mocoso "Mocoso de mierda, entérate de un vez que Ginny es mía, solo mía, ella me ama, me amará toda la vida y tú no tienes el derecho ni siquiera de mirarla… Merlín cariño, porque ensuciaste tus maravillosos labios besando a ese actorcillo de cuarta" Pensaba lamentando no poder romperle la boca a ese mocoso.

― ¿Sigues ahí? – Preguntaba una dulce voz interrumpiendo las elucubraciones de Harry él alzó la vista y sorprendido se vio envuelto en la castaña mirada de la odalisca de su desconcentración, aun con el vaso en la mano se levantó de aquella butaca.

― ¿Cómo? – Preguntó desconcertado realmente muy sorprendido de ver a Ginny a tan solo unos escasos pasos de él. Su propia mirada no pudo ocultar el dolor de verla sabiendo que ella había besado a otro hombre. Odió tanto a Daniel por tener el atrevimiento de tocar a su mujer como a él mismo por haber dejado sin protección alguna a Ginny.

― Te hablaba hace mucho y tú no parecías estar aquí - Sonrió tímidamente.

― Estaba pensando en…

― Ya me imagino – Respondió entristecida suponiendo que él iba a decir el nombre de la mujer que esa noche lo acompañara hasta el resto de sus días.

― ¿Hace mucho…?

― ¿… qué estaba aquí? – Él asintió - ¿tienes problemas con Ron por mí? si es así quiero que entiendas que yo no quiero causarte problemas…

― No te preocupes solo son diferencias sin importancia – Ginny compuso un gesto involuntario, una mueca una sonrisa triste se asomaba solo desde el lado derecho volvió a alzar la vista hasta la penetrante mirada verde de su esposo.

― Sé que Ron está actuando como ese hermano celoso y sobre protector no quiero causarte problemas con tú nueva pareja por tus "diferencias sin importancias" – Dijo apagada con un nudo en la garganta. Era doloroso estar ahí mirándolo a los ojos estando tan cerca y a la vez sentirlo tan lejos. Harry se sintió un idiota ella había malinterpretado sus palabras.

― No hagas conjeturas – Se apresuró a decir.

― Ya no hay conjeturas entre tú y yo ¿no?

― Te apresuras en conclusiones erradas, Ginevra es evidente que hay problemas con tú hermano, pero no debes preocuparte los solucionaré Ronald debe entender…

― Que tienes otra vida, sí, todos entendemos ese punto, pero aún es difícil adaptarse cuando no terminan de pasar unas pocas semanas.

― Es totalmente contraproducente lo que dices – Dijo él dolido recordando el beso que su mujer le diera a ese crío del demonio.

― ¿Contraproducente dices? –

―Es completamente innecesario que te besaras con ese maldito crío, Ginevra ¡aún estás casada conmigo! ¿en qué pensabas? –Preguntó furioso Ginny arqueó las cejas horrorizada y malhumorada. Por una vez en la vida pensaba en ella, solamente en ella y no en su esposo.

― Eres un maldito descarado – Susurró enfurecida Harry la miró sorprendido - ¿me hablas a mí de compromiso cuando fuiste tú quien se pasó por el culo nuestro matrimonio engañándome durante un año mientras yo pretendía que había una familia feliz? – Espetó dolida y furiosa. Harry la miró y se dio cuenta que esas palabras le causaban una desazón profunda en su alma – No te importaron muchas cosas dime ¿cuántas veces follaste con ella y luego conmigo? ¿cuántas veces después de un polvo le dijiste te amo igual que a mí? ¿cuánto tiempo sentías asco cuando me follabas? ¿cuántos meses tuviste que soportar a la tonta Ginny tocarte, besarte…? – No pudo contener unas lágrimas, ya no le importaba que estas cayeran Harry sin embargo se sentía la mierda más grande que habitaba en la tierra. Nunca, ni siquiera ahora soportaba ver a su mujer llorar, eso le hacía sentir fracasado – Me parece que he sabido contenerme al no estropear el bonito rostro de tú amante las putas dos veces que nos hemos encontrado claramente ella no ha sido discreta al mencionar que justamente hoy están de aniversario, lo siento mucho ― Ginny se secó las lágrimas y con aire decidido lo miró directamente a los ojos – Pero jamás creí que me engañarías y si alguna vez se me pasara por la cabeza como una efímera idea creí que lo harías por alguien mucho mejor que yo y claramente no fue así – Añadió con arrogancia, pero esa misma arrogancia sedujo a Harry hasta los huesos – Pero es lo que quieres y jamás me interpondré antes muerta que rogar por amor, jamás lo he hecho en la vida y no lo haré por ti. Ya no permitiré que interfieras en mi vida, si beso a quien sea es mí puto problema si se me ocurre la brillante idea de experimentar alguna posición diferente en la cama con cuanto hombre encuentre, de lo aburrido que tú me diste, lo haré. – Harry la miró con el ceño fruncido confundido por lo que ella le dijera, estaba dañando profundamente su ego de macho. Se hizo un montón de preguntas con respecto a esa frase "¿Ella no disfrutaba como yo?" esa fue la primera pregunta que se cruzó por su cabeza realmente perturbado - Escúchame bien, desde el primer momento en que le pusiste un mugroso dedo a tú adorada Cho perdiste los derechos en cuanto a mí el único lazo que tenemos en común son James y Albus

― Te equivocas no tienes derecho a encamarte con quien se te de la gana…

― ¡Descarado! – Bramó. Un par de parejas que bailaban entretenidos se giraron a mirarlos se encogieron de hombros y siguieron en lo suyo.

― No grites.

― No me des órdenes.

― Ya basta mujer.

― No me digas mujer

― Cállate.

― ¿Tú me harás callar? ¿me quieres decir cómo, señor perfecto? – Ella se acercó provocadora. Harry sabía muy bien como le hubiese gustado callarla. Cerró sus ojos intentando controlarse, pero el perfume de su mujer siempre lograba desestabilizarlo y sus intentos se iban por un caño por un jodido caño. Abrió sus ojos y reprimió como toda la noche sus deseos de besarla.

― Sabes que hay algo más que nos une además de nuestros hijos…

― Jamás hubo fidelidad no hubo respeto y ya sabemos que amor nunca hubo…

― ¡Doce años mujer! – Exclamó exasperado – Doce años de matrimonio…

― Once querrás decir el último año de tu doble vida no cuenta para mí.

― Doce años Ginevra, doce años de matrimonio aunque te pese – Ginny francamente no entendía el descaro de ese hombre. Como tampoco comprendía de donde salía ese reproche guardado, que para bien o para mal, le aliviaba el alma.

― No entiendo porque te importa tanto el tiempo que estuvimos juntos para ti siempre fue un martirio, jamás fuiste feliz junto a mí tal vez no es la primera vez que me engañas quizás solo te casaste conmigo porque James llegó a nuestras vidas. Jamás me quisiste como yo te amé – Esas eran las dudas que le quemaban el corazón desde que Harry se fuera de casa. Quería entender porque de pronto sintió la incesante fuerza de exteriorizar sus dudas la intensa mirada de Harry parecía incomodarla como reconfortarla a la vez. Ella también se limitó a sostener esa hermosa mirada.

― ¿Por qué pregunta sin sentido quieres que comience? tienes mucha razón, nunca te he querido como tú me amaste – Dijo fríamente. Los ojos de Ginny volvieron a derramar lágrimas, pero esta vez al menos tuvo la dignidad de secarlas rápidamente, esa noche su corazón terminó por derrumbarse ya no tenía la fuerza de seguir ahí escuchando la sentencia de su vida. Se giró para largarse de allí, pero Harry la sostuvo delicadamente de una mano pero con la fuerza necesaria para que Ginny se quedara a su lado como él siempre creyó en su vida igual que él para ella, Ginny lo miró suplicante.

― Suéltame por favor ― Lloró.

― No te quise jamás como tú mereces que te quieran fuiste y serás la única mujer que adoré con la vida ¿cómo puedes pensar que no fui feliz? me has dado todo en la vida, mi felicidad tenía sentido porque estaba contigo y con nuestros hijos estaba enamorado de ti y de todo lo que me diste.

― ¿Por qué no tuviste el valor de decirme lo que ocurría desde el primer momento?

― Porque te amaba demasiado.

― No era suficiente si decidiste engañarme.

― Era suficiente para no hacerte daño.

― Lo hiciste igualmente.

― ¿Realmente querías besar a ese mocoso o solo lo hiciste para darme celos? – Ginny lo fulminó con la mirada y toda la extraña tranquilidad que había sentido fue arrebatada abruptamente, se soltó de Harry furiosa.

― No sabes lo rápido que Dan puede hacer que dejes tus convicciones de lado solo por sentir sus labios rozando los míos, besa como los dioses… me bastó solo un beso como para excitarme lo suficiente y pensar en caer en la cama con él – Sonrió con aspereza. Harry puso ambas manos en los costados de los pechos de Ginny y la atrajo hacia sí.

― No hagas el intento… si me entero que ese idiota te puso las manos encima lo mato hoy está vivo por razones que aun no entiendo Tú, Ginevra Molly Potter eres solo mía, tú cuerpo es mío, solo yo conoceré de los placeres que sabes dar, solo mi boca conoce tu exquisito sabor, la suavidad de tu piel, solo yo soy el dueño de tus miradas, de tus caricias, de tus besos, tus gemidos, tu aroma, tu sudor… nadie más que yo – Sonrió extasiada al igual que Harry que rememoraba cada segundo de placer.

― Perdiste ese derecho, cariño.

― Aun estás casada conmigo, si te vuelve a besar…

― Yo también lo voy a besar y si tiene suerte… - Susurró cerca del oído de Harry – Podríamos hacer maravillas en la cama – Miró los ojos de su esposo y se mordió el labio, ya era hora de pensar en ella de reclamar por todo lo que perdió, de preguntar por aquellas dudas que la mataran por dentro, tenía ese derecho para reconstruir su vida.

― No juegues Ginevra.

― Oh no, claro que no. Deberías saber que me tomo muy en serio el sexo aunque si es muy divertido – Añadió sonriendo con picardía siendo observada por por la severa mirada de su esposo.

― ¿Bebiste? – Preguntó incrédulo.

― No, sabes que no me gusta beber ¿por qué te comportas tan quisquilloso en cuanto al sexo? antes no lo eras.

― Porque era entre nosotros.

― Y no dejaba de ser provechoso el sexo ¿no?

― Porque no era solamente sexo entre nosotros era hacerte el amor hasta el amanecer sin resquemores, sentía la necesidad durante todo el día de llegar a casa ver las proezas de nuestros hijos y luego llevarte a nuestra cama y escucharte gemir, escuchar un te amo o mí nombre cuando tenías un orgasmo, tenerte así entre mis brazos era la dosis más efectiva de felicidad, cada noche. Eso me volvía loco – Harry deslizó sus pulgares por los senos de la pelirroja presionando cada pezón, ella jadeó, estremecida le devolvió una mirada caliente. Harry respiraba rápidamente loco por besarla. Ahora le correspondía el turno a él para susurrar cerca del oído de su mujer - ¿Recuerdas verdad?

― Sí – Gimió y Harry sonrió, la miró nuevamente a los ojos.

― Yo sin embargo también recuerdo otras cosas – Sonrió ella.

― ¿Qué? – Preguntó con la voz ronca.

― Cuanto te gustaba saborearme… completa – Ella se acercó tanto a la boca de Harry que sus narices se rozaban ambos hicieron acopio de todas sus fuerzas para no besarse. Ginny deslizó una mano hasta la entrepierna… fue una dulce tortura ella se mordió el labio torturándolo, sonrió – Lo siento – Musitó. Hace mucho habían olvidado que estaban en un salón concurrido de gente pero ellos parecían no advertir de la amena charla del matrimonio.

― Descuida ― Dijo Harry en un gemido de dolor y placer sintió el impulso como toda la noche de hacerle el amor ¿cómo podía excitarlo de esa manera? bendita mujer... sin palabras ella se marchó dejándolo ahí con las dudas y las ansias de amarla. Volvió a escuchar la música las conversaciones parecían reanudarse las carcajadas ahora eran más fuertes. Suspiró, su pequeña y sensual mujer se estaba encargando de volverlo loco de placer y para beneplácito de la misma lo conseguía exitosamente - ¿Realmente por qué te dejé mi amor? – Se preguntó recordando la hermosa sonrisa de Ginny sin darse cuenta que por primera vez en en varias semanas esbozaba una sonrisa genuina y dulce

― ¡Amor! – Exclamó una voz,alzó la vista rápidamente creyendo que podía ser ella, pero decepcionado vio la curvilínea figura de Cho.

― ¿Hum?

― ¡Tenías razón! me encontré con una amiga del colegio ahora trabaja en un hospital muggle y muy por encima le expliqué los extraños síntomas que me agobian, los mareos, las náuseas… - Explicó con una sonrisa al ver el desconcierto en la mirada de Harry, él asintió ― ¡quizá estemos en víspera de agrandar la familia! tú, Maddie, Stephanie, James, Albus y yo, ¡una perfecta familia, corazón! – Harry la miró aún más desconcertado eso no podía ser cierto él no quería más hijos de los que Ginny le había dado… y ahora al parecer iba a ser padre una vez más.


Antes de que me puteen (Yegua espera unos segundos por favor) disculpen cualquier error que vieron en el capítulo pero juro que estoy subiendo el archivo casi dormida (Susy es testigo) veo en la distancia... naa! si está junto a mí mi queridísimo esposo Dan! :3

les manda saludos a todas y les agradece que hayan llegado tan lejos conmigo (Lo sé, es un amor de hombre)

Ahora no soy responsable del final de este capítulo Jajjaajajaja... tienen el segundo, minuto, hora, día y semana de confianza! se admiten todo tipo de epíteto hacia la loca autora...

gente me voy a dormir, espero sus comentarios por favor!

los quiero! Buenas azules noches!