Oh. Dios. Mío. Este capítulo me dio tanto trabajo xD Lo escribía y lo borraba y lo volvía a escribir hasta que quedé satisfecha. La verdad esque no tuve este fic planeado, solo sabía que quería hacer un fic de Hiccup y Astrid y así, asi que la mayoría de las tonterías que leen aquí, se me ocurren sobre la marcha, no hay un gran plan. Además, este el el capítulo más largo de todos, ¡Yey! Lean y espero que les guste. Gracias a Edu10 y a Alexa, espero que la historia siga siendo de su agrado.

P.d. Subí un drabble, no es por nada, pero está bien guapo, pasen y léanlo también porfavor.


El jueves por la mañana, Hiccup se dirigía hacia su casillero para depositar los libros que acababa de sacar de la biblioteca, haciendo su mochila incluso aún más pesada. Cuando sintió como su hombro derecho era impulsado hacia adelante por una mano, haciéndole perder el equilibrio y cayendo al suelo con todo el peso de su mochila aplastándole los pulmones. Giró sobre sí mismo para poder pararse, mientras Snotlout reía y seguía su camino mientras aferraba su brazo fuertemente alrededor de la cintura de una chica rubia que él conocía muy bien, seguido del equipo de fútbol americano, que vitoreaban sus acciones, por más estúpidas que fueran. Solo un chico se quedó atrás y mientras se aseguraba que nadie lo viera, se agachó para ayudarle a levantarse, con una expresión de culpabilidad en su rostro. Una vez de pie y con su mochila a un lado, Hiccup observó como Tuffnut corría para alcanzar a los demás.

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-Lamento lo que pasó con Snot esta mañana.-dijo el chico, con la mirada fija en el tablero.

-Tu turno.-dijo Hiccup, alejándose de la mesa y recargándose en el respaldo de la silla, claramente molesto.

Tuffnut y Hiccup jugaban ajedrez en la mansión Haddock cada semana. Tuff sabía que al chico le gustaba jugar con la reina blanca. La mayoría de sus movimientos y jaques los efectuaba con esa pieza y por eso, sus dedos desplazaron a un caballo hacia una dirección un tanto peligrosa, amenazando dicho elemento vital de la estrategia de su amigo; quien un poco ausente, fijó su vista en la pequeña reina blanca de cristal. Y de pronto, la figura que simbolizaba a la reina blanca de cristal, guio sus pensamientos hasta…

"Astrid. Irá al baile con Snotlout Jorgenson. Ni siquiera es inteligente y es un imbécil. Irá con él porque nadie la había invitado. Yo la hubiera invitado mil y un veces si me hubiera dado la oportunidad."

Con el ceño fruncido movió una torre en la dirección contraria, haciendo caso omiso del caballo que eliminaría a su reina del juego y de la cara sorprendida de Tuffnut.

-¿Qué, eso es todo? ¿No defenderás a tu reina con capa y espada?-Tuffnut odiaba una victoria fácil y Hiccup debía estar muy sumido en sus pensamientos como para que no le importara, así que simplemente empujó la pequeña pieza con su dedo índice mientras recargaba el codo en la mesa con expresión aburrida y esperó alguna reacción. Nada.

-Bien, si no quieres jugar, hablemos. ¿Qué te pasa?

-Lo siento, es solo que…tengo la mente ocupada, eso es todo.

-¿Mente ocupada? Supongo que ya no estás molesto por lo que pasó en el pasillo-Hiccup tomó a la pequeña reina y la jugó entre sus dedos, mirándola con una somnolencia casi inocente. Sus pensamientos divagaban, cambiaban y tomaban forma de un par de ojos azules.

-No.- susurró. Tuffnut miró las manos de su amigo, los nudillos blancos y la base de la pieza enterrándose en la palma de su mano.

-… ¿Astrid?- preguntó, casi con cautela por si su amigo seguía enfadado. Sabía la razón, su hermana le había contado de la cita con Snotlout y él quedó tan sorprendido como ella. Hiccup no tenía el derecho a ponerse así por un baile, Astrid y él no eran nada. Aunque podía enojarse porque Snotlout podía ser un idiota a ratos. Supuso que debía de haber una razón para aceptar la invitación, y también pensó que esa razón no le agradaba a Astrid porque hacía dos días la había visto salir de su casa con los ojos rojos y la nariz llorosa.

-Escucha, a Astrid no le gusta Snot, es solo que…él es…-dejó la frase incompleta, no sabiendo como continuar.

-¿…Popular?-completó Hiccup, con un tono de voz desanimado.

-Sí supongo que popular, ¿sabes? Es lo que se espera que ella haga, Ruffnut dice que el equipo de esgrima puede elegir y la quitarían del puesto de capitana de inmediato. Tal vez lo hizo solo para demostrar que es la más popular, la chica alfa o algo así, ella de verdad necesita una beca y si solo es una más del equipo, le quitarían los créditos extra del expediente…es como…el status quo, en cierta manera.

-¿Estás diciendo que soy Gabriella Montez?-dijo el chico, aún con la mirada baja. Tuffnut rio secamente por la broma, aún preocupado por Hiccup, quién dejó caer a la reina de cristal y levantó la mirada.

Tuffnut casi deseó no haberlo hecho. Los ojos de Hiccup se veían vacíos y su cara tenía una expresión lastimada, tan triste que Tuffnut decidió que tenía que ayudar a resolver esto, él era su único amigo de verdad y estaba dispuesto a ayudarlo.

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-¡Hey! ¡Chica linda!- gritó mientras corría, al llegar alado de la muchacha que caminaba tranquilamente por los pasillos de Berk, se detuvo y se agachó, poniendo las manos en sus rodillas tratando de recuperar el aire. -¡Uff! Sí que meneas ese cuerpo ¿eh?- dijo con una mirada y sonrisa que pretendían ser seductoras, pero debido a que estaba sudado solo se veía como si se fuera a desmayar a causa de deshidratación.

-¿Qué quieres, Thorston?- la chica lo miró despectivamente y una vez recuperado el aire, Tuffnut se levantó, revelando ser mucho más alto que Camicazi.

-Oh, vamos.-dijo sarcásticamente-Corrí media escuela solo para encontrarte, ¿no me darás ni un beso?-dijo, alzando una ceja repetidamente. Su mueca de satisfacción se desvaneció cuando Camicazi, manos en la cintura, rodó los ojos y dio media vuelta, dispuesta a seguir su camino.

-¡Hey, no, no, espera! ¡Es sobre Hiccup!- la chica le dirigió una mirada fría y Tuffnut se apresuró a hablar- Tienes que arreglar las cosas con él, decirle que lo que dijiste de Astrid no era verdad-en cuanto lo dijo, la expresión en el rostro de la chica hizo que Tuffnut pensara en una manera más suave de decir las cosas (por su bien y por el bien de la mayoría de la población femenina de Berk a la que le gustaba su cara justito como era ahora). Tragó saliva y continuó-Sabes que a Hiccup le gusta, ¿no? ¡A ella también le gusta Hiccup!

-¿Entonces por qué aceptó ir al baile con Snotlout? ¿Sabes lo mucho que le afectó a Hiccup? No puede simplemente llegar a decir que le gusta de repente y luego querer salir con aquel…aquel… ¡pedazo de troglodita! No después de todo el tiempo que ha pasado. Es una aprovechada, y te aseguro que es lo último que Hiccup necesita en este momento- en este punto, Camicazi agitaba sus brazos enfrente de Tuffnut, cada manotazo de acuerdo a lo que iba gritando. Al ver que Tuffnut no le prestaba la atención debida, la chica de pronto dejó de manotear. Bufó y se apartó el fleco de la cara. El chico solo alcanzó a ver el vuelo de su maxifalda rodeando la esquina del pasillo.

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Cambio de planes. Tuff jamás podía decir que sus acciones iban completamente de acuerdo al plan. Siempre algo salía mal pero ¡Oye! ¿Qué es de la vida sin un poco de improvisación? Fue al gimnasio, donde sabía que su hermana y Astrid estarían a esta hora y pidió permiso para hablar con Ruffnut, minutos después la vio con su uniforme de gimnasia, y de paso, le lanzó miradas de advertencia a los que la miraron en todo el trayecto.

-¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en "Tijeritas 1 y 2" o algo así?

-Supongo pero, tengo un plan.-su hermana mostró interés genuino y se acercó para que nadie pudiera oírlos- Necesitamos que Astrid y Hiccup hablen a solas.

-¿Y cómo haremos eso? Astrid me dijo que no lo había visto ni por error en los pasillos, debe estar evitándola.- cuando su hermano sonrió, Ruffnut supo que aparte de solucionar el problema, sería divertido.

-Está bien. Necesito a Jack, el tipo de la chaqueta azul, está por allá- señaló a un muchacho de su misma edad, con pelo y ojos castaño y piel pálida- Anda, ve y tráelo, lo necesitamos.

Ruffnut cruzó otra vez el gimnasio de esquina a esquina y llegó con el chico, le sonrió y habló un poco, claramente coqueteando con él, para luego señalar a su hermano, quien solo levantó la cabeza un poco y los dos adolescentes empezaron a caminar hasta que estuvieron junto a Tuffnut, lo suficientemente cerca para que nadie, absolutamente nadie pudiera oír lo que decían.

-Bien Jack, necesitamos tu ayuda…

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Veinte minutos después, Tuffnut estaba sentado a un lado de Hiccup en clase de Trigonometría, con la cara de aburrimiento más impresionante que la profesora hubiera visto jamás. De repente, la alarma contra incendios se prendió, haciendo un ruido ensordecedor que hizo que todos en el aula taparan sus oídos, aunque fue en vano porque la voz del director dando instrucciones sonaba incluso más alto entre la alarma y el reciente barullo general.

-"Alumnos, esto no es un simulacro, se solicita que desalojen los salones lo más rápida y ordenadamente posible y se dirijan a las salidas de emergencia, gracias."-se repetía la frase por los altavoces una y otra vez. Tuffnut y Hiccup se levantaron y haciendo caso omiso de las instrucciones, corrieron hacia la salida como todos los demás. Una vez en el pasillo, Hiccup se disponía a ir a la salida, pero su amigo jaló la manga de su sudadera y lo arrastró consigo al otro lado.

-¡Hey! ¿A dónde me llevas Tuffnut? ¡La salida es por el otro lado!-Hiccup solo podía jalar su sudadera en dirección contraria, pero Tuffnut siendo más fuerte que él no se dio por enterado. Llegaron a un pasillo desierto y no se detuvieron (Tuffnut no se detuvo, Hiccup no dejó de ser arrastrado) hasta llegar a la puerta de uno de los armarios de limpieza. El deportista abrió la puerta, sacó una silla que le pareció que ocupaba mucho espacio y empujó a su amigo dentro, encerrándolo y recargando su espalda en la puerta mientras Hiccup no dejaba de gritar tonterías.

-¿Eres idiota o qué? Snotlout vendrá a esta parte de la escuela, con suerte te dejará encerrado en medio de este incendio y cuando pase por aquí, yo mismo te dejaré salir. Ahora, ¿quieres que te encuentre?- añadió, más dramáticamente de lo que era necesario. Esperó unos segundos y oyó algo que le sonó como un "No, claro que no" medianamente sarcástico por parte de su amigo, quién guardó silencio de una vez por todas. Alcanzó a ver a Ruffnut y Astrid corriendo hacia ese punto en el pasillo, trató de sonar casual cuando las saludó, a pesar de que era probable que hubiera un incendio en alguna parte de la escuela mientras su mejor amigo corría riesgo de morir de un ataque de pánico por estar encerrado en medio de trapeadores y trapos mojados en productos altamente flamables, pero sí, logró sonar relajado.

-Tuffnut, ¿qué haces aquí?-dijo Astrid, llegando al punto donde él estaba apenas lo vio, con una mueca de incredulidad. Se suponía que las chicas del equipo de esgrima tenían órdenes por parte del entrenador Gobber de salir por ese lado del edificio, según Ruffnut.

-Lo mismo que tú, preciosa-respondió rápidamente mientras sonreía con descaro, abría la puerta y empujaba a Astrid, dándole tiempo a la chica de ver a quién menos esperaba ahí dentro.

Hiccup.

Aún confundida, volteó hacia la puerta para ver a Ruffnut y Tuffnut sonriendo en su dirección, cerrando la puerta y dejando a los dos chicos en la oscuridad del armario.

Los mellizos pusieron la silla que Tuffnut había sacado antes de meter a Hiccup de tal manera que sostuviera perfectamente la manija de la puerta un poco más arriba, evitando que pudiera ser abierto desde dentro y caminaron por los pasillos ahora desiertos hasta encontrarse con Jack, quién estaba recargado sobre una pared, fumando un cigarrillo.

-¿Funcionó eso que querían hacer?- Ruffnut estaba a punto de iniciar una conversación con el tipo, bastante emocionada, pero su hermano se adelantó.

-Sí- respondió secamente, se acercó y deslizó un billete de cincuenta dólares en el bolsillo de la chaqueta de Jack, mientras este sonreía y alejaba el cigarrillo de sus labios.

-Cuando quieran.- Jack se enderezó y se alejó caminando despreocupadamente, dejando una estela de humo tras de sí.

Cuando dobló la esquina del pasillo, Ruffnut le dio la cara a su hermano, cruzando sus brazos frente al pecho, aún escéptica. Su hermano se percató de esto y se encogió de hombros.

-¿Qué? Al menos si no hablan sabremos que son estúpidos.- Ruffnut le dio la razón a su hermano y dieron media vuelta, dispuestos a salir de la escuela; sorprendidos y maravillados a partes iguales por la perfecta ejecución del plan.