¡Hola a todos! lo primero, agradecer los comentarios que siempre animan y animaros a que comentéis con vuestras sugerencias, opiniones, quejas, críticas, que siempre todo es bien recibido.

Lo segundo, quiero señalar que a pesar de ser crack, lo he situado al principio del sexto libro, es decir, post-Órden del Fenix, y aunque trataré muchas cuestiones de una manera peculiar por las licencias creativas que me permite este género, los tiros irán por ahí.

Veréis también que en este capítulo hay más trama y algo más de coherencia en algunas cuestiones, creo que así será menos locura y ayudará a crear más situaciones cómicas.

Y ya sabéis, nada que reconozcáis en este fic es mío, todo de J. y la Warner, excepto, como ya sabéis, Jonny, Porro y Richard (Y personajes que me invente para justificar cosas en cuestiones puntuales como Samara y Johan)

También (SOY MUY PESADA) deciros que está sin betear, así que puede haber algunos fallos, lo siento por eso. Fin de curso y tal. Muerte y destrucción. Apocalipsis zombie.

Y dicho esto, a por otro capítulo.

En capítulos anteriores de "Un cani en Hogwarts"

Johan rodó los ojos algo decepcionado, habiendo ya pensado el filtro que usaría en el selfie y aún pensando que habría sido una idea brillante. Tenían que ponerse serios, quizá los Malafoya podían tener mala leche de verdad.

Bien, bueno. ¿Qué hacemos para que vuelva?

Preguntó Johan mientras miraba a unos pensativos McGonagall y Richie.

Capítulo 4. El chico con el tatuaje de dragón.

Jonny cayó de culo entre unos setos empujado por una fuerza invisible que hizo que quedara completamente atascado. Aún aturdido por el extraño viaje, hizo un rápido barrido con la mirada en busca de Porro, con el que tendría que tener una charla acerca de asuntos tan importantes como el respeto y la educación en cuanto le echara el guante.

Se quedó con el culo metido dentro del seto con medio cuerpo fuera y las piernas colgando sin saber cómo salir de allí, justo cuando escuchó un grito ensordecedor y miró al cielo para ver caer a Porro que extendía las patas.

—¡I believe I can fly! ¡I belive I can touch the…—cantaba justo antes de caer de lleno en el estanque de peces de colores.

Las burbujas asustaron a Jonny, que vio cómo Porro se hundía en aquella agua cristalina llena de pececillos de mil colores que habían huido tras el gran chapuzón del felino.

La cabeza de Porro asomó con un gesto de total desprecio y nadó como pudo hasta la orilla para salir empapado y a punto del llanto.

—¡Odio el agua! Está fría y mojada. —dijo nada más salir, aún sin poder enfocar muy bien a Jonny que seguía atascado en el seto. Porro lo observó un par de segundos antes de partirse de la risa al verlo allí atascado. —¡Lo tuyo ha sido peor! Menudo panorama. Anda, desatáscate, que creo que esta puede ser la casa de la Johansson. ¡Menuda mansión! Quizá tendría que hacerme actor…

Jonny consiguió ponerse en pié con el culo aún adolorido por el golpe y andando realmente mal. Al parecer las ramas algo espinosas de la planta sobre la que había caído le habían dejado marca y ahora las heridas le escocían levemente. Odiaba su vida.

—Me he jodido el culo, tío. Si no me doliera tanto te pegaría una paliza. —advirtió Jonny cojeando hasta un muy empapado Porro que parecía sentirse mejor consigo mismo al ver a su dueño tan adolorido. —¿Dónde mierda hemos ido a parar? ¿Esto es El Caldero Chorreante?

Porro curioseó por los alrededores y se subió al alféizar de uno de los ventanales que daba al interior de la mansión, intentando saber a quién pertenecía.

Estaba bastante oscuro, y lo cierto es que no era cómodo mirar por la venata con el atardecer de fondo, haciendo que no pudiera ver nada por el reflejo del sol en el cristal. Se esforzó un poco por ver algo hasta que escuchó pasos a su espalda, se giró y no pudo más que agarrarse para no caerse de la risa.

Jonny, sin saber cómo, había atraído a todos los pavos reales albinos que parecían vagabundear por el inmenso jardín y ahora le perseguían para picarle, haciendo que estuviera corriendo por el jardín como el coyote y el correcaminos, pero con un toque más cómico.

—¡Porro! ¡Diles que paren!

El gato rodó los ojos y se metió entre los pavos y Jonny, haciendo que estos frenaran pero no retrocedieran.

—Yo vi que en el Rey León, Simba rugía y tal y funcionaba. —dijo Porro como una idea.

—Simba es un león. Tú eres un gato. —advirtió Jonny aún algo preocupado por los pavos.

—Ya oíste a McGonagall, felinos en general. —se justificó.

—¿Y qué vas a hacer?

Porro pegó un maullido realmente molesto haciendo que los pavos se marcharan más por cómo había destrozado sus tímpanos paveros que por que tuvieran miedo de un gato mojado. Aún así, Porro esbozó un gesto de superioridad y se fue elevando el mentón de nuevo a la ventana del cotilleo. Si de verdad estaban en casa de la Johansson no iba a perder la oportunidad de hablar con ella. O maullar, o maullar a través de Jonny para que él le tradujera.

Se subió de nuevo al alfeizar y lo que vio hizo que se cayera de espaldas.

—¡ES UNO DE LOS NIÑOS DEL PUEBLO DE LOS MALDITOS! ¡JONNY SÁLVAME! —Maulló con todas sus fuerzas.

Jonny se quedó en su sitio y no supo qué hacer ante el grito desesperado de Porro, y más sabiendo que había confundido a Samara con la niña de The Ring. No es que fuera muy de fiar.

—¿Qué dices? —Preguntó con calma mientras Porro se abrazaba a su pierna casi llorando.

—Había un chico rubio con los ojos brillantes en la ventana. Es como en esa peli de los niños extraterrestres que se adueñan del pueblo y son todos rubios y les brillan los ojos y te hipnotizan para que te mates tú mismo. No quiero morir, aún no he encontrado la gata de mi vida, no he trabajado con Nicole Kidman, no he hecho nada.

Jonny cogió a Porro en brazos, conmovido al verlo tan asustado y lo acarició entre las orejas.

—Tranquilo, colega. No voy a dejar que ningún niño extraterrestre te haga daño, ¿vale?

Justo en el momento en que parecía que empezaba a sonar la banda sonora de la serie Friends, mientras Porro y Jonny se miraban, un chico alto de pelo rubio platino salió al jardín.

—¡Por Merlín! ¿Qué diablos haces en mi jardín maldito sangre sucia?

Preguntó con un tono muy alejado de la amabilidad, blandiendo su varita hacia ellos con un gesto de poco amigos y de estar oliendo algo desagradable, ambos marcados en su rostro aristocrático.

Jonny dejó a Porro en el suelo y se quitó la chaqueta del chándal.

—¿Qué me has llamado pijo asqueroso? Como vaya para allá de la hostia que te voy a meter vas acabar meando cocacola. Así que baja la mierda de la varita y tráeme algo para que seque a mi gato antes de que le dé un algo.

El rubio se quedó en su sitio algo descolocado y pareció dudar.

—¿Quiénes sois y qué hacéis en mi jardín? Si no te identificas tendré que denunciarte al ministerio por allanamiento de morada.

Por un momento a Jonny le sorprendió el cambio en el tono de voz del dueño de la casa, que parecía algo más neutro, y aunque su gesto desagradable seguía ahí, parecía que la situación mejoraba algo. Alzó las cejas y cogió a Porro de nuevo con intención de envolverlo en su chaqueta de chándal, ya que parecía que refrescaba y a pesar de lo mal que pudieran llevarse, no quería que le pasara nada al pobre Porro.

Una vez envuelto el gato como si fuera un bebé, o un verdadero porro, se giró hacia el dueño.

—Nos hemos perdido, íbamos por Red Flu a El Caldero Chorreante y al parecer esto no es, por lo que veo. Me llamo Jonny, Jonny Raspa. —dijo tendiéndole la mano libre.

El chico rodó los ojos y le tendió la mano aún sin saber porqué no los largaba de allí friéndoles el culo a Cruciatus.

—Draco, Draco Malfoy.

Porro no pudo evitar un intento de carcajada que sonó más a un intento de escupir una bola de pelo, y más cuando los ojos grises del tal Draco se clavaron en él como si pudiera hacerlo estallar sólo con la mirada.

Jonny en cambio tenía los ojos brillantes y una expresión anonadada.

—¿Draco Malfoy? Joder, qué nombre más guapo. Es como muy potente, ¿no?

Malfoy enarcó una ceja y asintió con la cabeza.

—¿Vas a Hogwarts? No me suena haberte visto por allí.

—Voy a ir este año, no sé qué pasó que mis cartas se extraviaron, pero al parecer puedo hacer magia sin varita y McGonagall ha flipado.

—¿Magia sin varita? ¿En serio? —dijo algo sorprendido—¿Eres hijo de muggles?

Jonny negó, sabiendo lo que podía significar decirle a un mago que era hijo de muggles, y más a un mago que parecía tan elitista. Necesitaba caerle bien para poder entrar en su casa y secar al maldito y mojado Porro, que empezaba a tiritar,

—¡Qué va! —dijo con una carcajada algo fingida. —Estudié en casa, mis padres no se fiaban de llevarme a ninguna escuela. Ya sabes, además, la que más cerca me pillaba era Beauxbatons, y está llena de tías buenas… habría repetido curso muchas veces. Tú me entiendes.

Draco no pareció entenderlo, sólo lo observó unos segundos. Con ver la gorra y la ropa tenía muy claro que ese chico no era un mago. Se cruzó de brazos y lo observó con los ojos entrecerrados.

—¿Tú te crees que yo soy imbécil o qué? Llevas ropa muggle, ¿qué diablos es eso que llevas en la cabeza? ¡Es horrible! ¿Amarillo y lila? ¡Qué jodida horterada!

Se quejó Malfoy aún mirando la obscenidad que llevaba Jonny en la cabeza.

Jonny se sintió tremendamente ofendido.

—Es una gorra de los Lakers, ¿vale? Me costó mucho conseguirla y no me la pienso quitar nunca. Y sí, soy hijo de muggles, yo no tengo la culpa de tener que mandar mi vida a la mierda porque McGonagall cree que somos la salvación del mundo mágico. ¿Entiendes?

Draco se serenó un poco y esbozó una sonrisa ladeada.

—¿Salvación del mundo mágico? Eso es que Potter ya no es de mucha ayuda. —Dijo casi para sí, pero dejando que Jonny lo escuchara.

—Pues no lo sé, pero nos han hecho venir aquí a Richard y a mí, y ahora resulta que es súper importante que entremos en esa escuela, aun habiendo perdido tantos años. No sé, también han traído a una chica y a su hermano, es todo rarísimo.

Aquello hizo que Draco sonriera aún más maquiavélicamente.

—¿No irás a entrar en primero no? —Preguntó de nuevo más tranquilo y casi amable.

Jonny negó con la cabeza.

—Según tengo entendido entraremos en el grupo que corresponda a nuestra edad. Joder, tengo dieciséis años, si entro en primero va a ser más duro que cuando repetí en la escuela primaria.

De nuevo, Draco enarcó una ceja.

—¿Repetiste en la escuela?

—Sí bueno, quería ser violinista.

—¿Violi…? Bueno, da igual. No quiero saberlo. —zanjó Draco. —La cuestión es que eres la salvación del mundo mágico y has venido con tus amiguitos por consejo de McGonagall para entrar en sexto curso, ¿verdad?

Aquella recapitulación hizo que Jonny se sintiera algo orgulloso de su hazaña.

—Sí, eso parece.

—Y te has perdido de camino a El caldero chorreante, porque ibais todos allí antes de hacer vuestras compras en el Callejón Diagón.

Hiló Draco pensativo, intentando que aquella horrible situación se volviera a su favor.

Jonny de nuevo asintió, viendo como la sonrisa malvada de Draco se ensanchaba por momentos.

—Sí, el gato me arañó y dije mal la dirección. Aparecimos aquí.

La sonrisa de amabilidad repentina que se dibujó en el rostro de Malfoy resultó siniestra y hasta temible.

—De acuerdo, Jonny. Voy a hacerte un pequeño resumen de la situación. —dijo convencido mientras daba un par de vueltas por el jardín algo pensativo. —Es casi de noche y mis padres no estarán en casa hasta mañana por la tarde, ya que están en un pequeño viaje romántico en París, al que no me han querido llevar y al que por supuesto, yo no quería ir. Podemos hacer dos cosas: La primera es que entres, seques a tu gato y yo te deje usar mi chimenea para ir con tus amigos.

—Esa estaría bien. —susurró Porro, que para Malfoy solo sonó como un pequeño maullido inocente, así que continuó.

—La segunda opción es que te quedes a dormir, te dejaré la habitación de invitados. Podrás enviarles una carta al Caldero Chorreante y decirles que estás aquí. Mañana puedo acompañarte al Callejón Diagón y hacer las compras contigo.

Jonny entrecerró los ojos, toda aquella amabilidad le resultaba algo sospechosa, y no pudo evitar hacerse muchas preguntas.

—¿No intentarás hacer nada raro no? ¿Por qué ibas a querer dejarme dormir aquí? O aún mejor, ¿por qué iba a querer yo hacer nada contigo y dormir en la mansión de Dracula?

Malfoy rodó los ojos.

—Porque odio a Harry Potter, y si resulta que tú eres mejor que él, quiero convencerte de que estés en Slytherin. Juntos, podríamos darles una patada en la boca a esos apestosos Gryffindor. Estoy harto de que siempre estén metidos en todas las cosas interesantes y yo me muera de aburrimiento escuchando a Pansy hablar de cotilleos. Y te beneficia, porque puedo ayudarte a que te adaptes a esto en menos de dos días, llegarás a Hogwarts como si hubieras estado los cinco cursos allí. Puedo presentarte a muchas chicas. —Dijo realmente convincente. — ¿Y bien?

Jonny miró a Porro que ronroneaba y asentía, deseando entrar en la casa y congelado de frío. Lo cierto es que quedarse fuera con Porro empapado y él sin chaqueta no es que fuera una buena opción. Necesitaba usar, como poco, la chimenea de la casa de aquel rubio extraño. No es que tuviera más maneras de salir de allí, sacar el móvil delante de aquel nazi de la magia era un poco arriesgado.

—Bien, vale. —asintió Jonny. —Pero tendrá que venirse también Richard.

—¿Richard?

—Es mi mejor amigo. También viene a Hogwarts, es el sobrino de McGonagall, no sé si la conocerás, es profesora en la escuela de magia.

—¿El sobrino de McGonagall?

Jonny asintió, haciendo que Malfoy esbozara de nuevo una sonrisa ladeada y temible.

—Estoy deseando conocerle, voy a contactar por Red Flu con El Caldero Chorreante, le diré que pueden venir cuando quieran.

Mientras tanto, en el Caldero Chorreante, Tom se acercó a los recién llegados algo molesto. Odiaba su trabajo a decir verdad, pero soportar a los muggles recién llegado a veces era un poco cargante.

Richard no podía dejar de mirar a su alrededor y tocar todo lo que encontraba. Se quitó la chaqueta el entrar para quedar en camiseta de tirantes y causó que un par de Aurores lo redujeran al ver sus tatuajes. Tuvo suerte de que su tía intercediera por él, porque después del incidente de Voldemort, todo el mundo estaba algo alterado.

—¿¡Pero qué es lo os que pasa!? ¡Malditos maderos! ¿Vais a cachearme también o qué? ¡Esto es abuso de poder! ¡Abuso de autoridad! ¡Os denunciaré!

Se quejaba Richard una vez pudo ponerse en pie después de que Kingsley Shacklebolt mirara a su joven compañero que al parecer aún estaba en prácticas y al ver entrar a Richard con aquel tatuaje del dragón, se había puesto un poco nervioso, tanto que no pudo evitar intentar reducir a Richard creyendo que era el nuevo Que-no-debe-ser-nombrado.

—Lo siento muchísimo, señor…

—Goatleg. Richard Goatleg. —dijo Richard colocándose bien la camiseta bastante molesto.

McGonagall lo miró esperando explicación para aquella traducción furtiva de su apellido, pero Richard se encogió de hombros. Sonaba guapo, lo tenía en el twitter y ya que allí nadie le conocía, podía usar ese apellido sin sonar raro. Patacabra nunca le había gustado, a decir verdad.

El aprendiz de Shacklebolt estaba rojo como un tomate y pedía disculpas casi temblando al ver el rostro de su jefe.

—Soy Daniel Smith, lo siento mucho, señor Goatleg, después de lo ocurrido este verano con el que no-debe-ser-nombrado estamos un poco alterados, y después de aquella profecía con el mago del dragón, estamos aún más alerta.

Richard elevó una de sus cejas.

—¿Qué profecía?

Shacklebolt miró a su alumno aún molesto, pero dejó que hablara con Richard mientras McGonagall le explicaba la situación en un apartado.

—Bueno, no sé si debería contarlo. —comenzó el chico, algo asustado. —resulta que tras el incidente de este verano…bueno, a ver, sabes que el-que-no-debe-ser-nombrado se atragantó con un trozo de pollo frito y murió, ¿no?

Tras un par de segundos de silencio, Richard esbozó una leve sonrisa.

—Vas de coña, ¿no, nano?

El chico negó y bajó la voz.

—El problema es que todos sabemos que sólo ha muerto su cuerpo. Porque alguien filtró a El Profeta todo el tema de los sobornos, los Horrocruxes, ya sabes, la trama Que-no-debe-ser-nombrada al completo. Muchos mortífagos fueron imputados y ninguno parece querer hablar, pero como ya no puede repetir el truco de Quirrel, porque ya sería muy poco original, ha decidido buscarse un heredero.

Todo tenía sentido, pero para Richard todo aquello quedaba tan lejos, tanto como cuando sus padres, aurores, hablaban de aquellas cuestiones cuando él sólo era un crío de 12 años que se meaba en la cama. Lo cierto es que nunca había entendido por qué habían dejado el mundo de la magia, pero empezaba a entenderlo, eran muy cansinos con el Voldemort ese. Y eso que acababa de llegar.

—Bueno, a ver, —comenzó Richard aún algo perdido. —Me estás diciendo que Voldemort…

El auror se estremeció al oír el nombre, y Richard no pudo más que rodar los ojos.

—Vale, pues Condemor. —zanjó Richard intentando entender la cuestión. —Condemor, ha muerto atragantado por un muslito de pollo y ahora quiere un heredero. ¿Por qué no lo fabrica como todo ser humano? Quiero decir, es el capo de la mafia, podrá tener todas las tías que quiera ¿no?

Aquella imagen de Voldemort, con un puro en la boca, metiendo galeones en el tanga de brujas que bailaban a ritmo de reggaetón, le pareció algo repulsiva. El aprendiz parecía tan disgustado con la idea como él, pero la sopesó.

—Bueno, el-que-no-debe-ser-nombrado no tenía nariz, no sé qué más partes le habrán sido negadas en el cuerpo que se consiguió, quizá por eso prefiere adoptar. Y más ahora que está caput.

La verdad es que visto así todo tenía mucho más sentido, pero dudaba que aquello tuviera algo que ver con su tatuaje.

—Bien, vale. Hasta aquí todo bien. Ridículo, pero bien.

Tras sus palabras, un boggart salió enloquecido por los aires y estalló para asombro de Tom que le puso la mano en el hombro y asintió agradecido.

—Bien hecho, chico. Llevaba tiempo sin poder abrir ese armario. Siempre que lo abría veía al que-no-debe-ser-nombrado… —dijo en voz baja. —Bailando Gagnam Style. Y era horrible porque se le levantaba la túnica y… en fin, gracias señor Goatleg. Es usted un buen mago.

Richard no pudo evitar el gesto de no estar entendiendo nada de lo que estaba ocurriendo allí, no podía ser todo tan surrealista. Aquello parecía una especie de remix entre Hora de Aventuras y Sabrina. Desde luego el hecho de que le prestaran tanta atención le empezaba a gustar, y ver que todo el local se le quedaba mirando le hizo ponerse recto y aguantar una sonrisa.

Podría acostumbrarse a aquello.

Mientras tanto, Daniel estaba asombrado y con los ojos como platos.

—Eso ha sido increíble, ¡y sin varita! ¡Vaya!

Richard y Daniel estaban ajenos a lo que los adultos tramaban, ya que la coincidencia en el local de los aurores y los recién llegados no habían sido fortuita. En la otra punta del local, McGonagall y Shacklebolt, los miraban algo preocupados.

—¿Crees que puede ser el chico de la profecía? —Preguntó Kingsley seriamente.

McGonagall se llevó una mano al pecho y asintió preocupada.

—Siempre ha sido un mago excelente, sus padres decidieron no llevarle a Hogwarts porque en la escuela siempre había sido un niño problemático. Se pegaba con todos los niños, estaba en todas las peleas, suspendía más asignaturas de las que había. No creyeron que la magia pudiera hacer que la situación mejorara. Dar poder a alguien tan inestable era peligroso, así que se lo negaron y él tampoco pareció interesarse. —dijo recordando la infancia de Richard con nostalgia y algo de pesadumbre en su voz. —Luego conoció a ese chico, Jonny, Jonny Raspa. Y mejoró, de pronto se hicieron amigos, aprobó la ESO sin problemas e incluso tenía pensado hacer estudios superiores. Son como uña y carne, es imposible separarles, siempre están juntos y parece que se equilibran.

—¿Y por qué ahora, Minerva? ¿No crees que es un poco tarde para intentar que aprendan magia?

McGonagall negó. No era tarde, no podía ser tarde, su hermana y su cuñado lo pasarían fatal si descubrían todo aquello antes de que pudiera arreglarlo de alguna manera. No podía ser tarde para Richard.

—No puede ser tarde. Si el-que-no-debe-ser-nombrado lo ha elegido, tengo que hacer que sea suficientemente poderoso como para que no deje que le manipule. Necesito que tome clases intensivas de Defensa Contra las Artes Oscuras. He hablado con Dumbledore, está de acuerdo en que no hay lugar más seguro para ellos que Hogwarts, quiere que tomen clases intensivas y se unan a sexto curso como dos alumnos más.

Kingsley parecía estar de acuerdo con ella, puesto que asintió solemnemente.

—Cuentas con mi apoyo, Minerva. Intenta en todo momento estar alerta, hasta que no lleguéis a Hogwarts no estaréis seguros, ¿cómo vas a traer a Jonny de la mansión Malfoy? Es por eso que me has hecho venir, ¿no?

Kingsley tenía razón, y aunque no había manera de evitar aquella conversación con el auror para ponerle al día, debían volver al tema que les había llevado hasta allí: un Raspa perdido en la Red Flu. Quizá necesitara la ayuda de Shacklebolt para poder aparecerse en casa de Malfoy a sacar a Jonny de allí. Convenía desde luego estar preparada para cualquier movimiento.

—Creo que debe estar allí, y eso puede ser un auténtico problema.

Aquello hizo que el Auror arrugara el ceño.

—¿Cómo? Es imposible aparecerse en una casa sin permiso, ¿cómo puede ser?

Minerva se encogió de hombros.

—Puede hablar con los gatos. Me espero cualquier cosa de estos dos. —dijo rápido para no detenerse en detalles. —Tendré que traerlo aquí. ¿Puedes ayudarme sin crear un conflicto con los Malfoy? La verdad es que no sabía con quién contactar para no armar ninguna clase de alerta.

Kingsley asintió.

—Bueno, ya sabes que no hay problema con los Malfoy, Lucius fue absuelto. Tuvo suerte de estar en La Veela Dorada cuando hicimos la redada.

—¿Ese no es un bar de striptease? —Preguntó McGonagall dudosa. Le sonaba el nombre de escucharlo levemente entre los alumnos de séptimo, pero lo cierto es que nunca se había parado a certificarlo.

Kingsley asintió con una sonrisa reveladora haciendo que en el rostro de Minerva apareciese una leve sonrisa.

—Fue todo un espectáculo. Créeme. Ahora intenta arreglarlo con su mujer, así que se mostrará colaborador.

Iban en busca de la chimenea cuando se cruzaron con Tom que parecía buscarles a ellos.

—¡Aquí están! —dijo Tom aliviado—Profesora McGonagall, un tal Draco Malfoy quiere hablar con usted por Red Flu, dice que es importante.

Aquello no pudo más que alegrar a la profesora. No es que tuviera muy claro si era cierto que Jonny estaba allí, y aunque era una muy buena posibilidad, molestar a los Malfoy sabiendo su implicación con los mortífagos, no era una buena opción. Desde luego, que Malfoy diera el primer paso para ponerse en contacto facilitaba mucho las cosas. No podía aparecerse allí a por él sin hablar antes con alguien como Kingsley para informarse de lo que podía ocurrir con tal allanamiento de morada, sin contar que no estaba segura de que pudiera estar allí, sólo era una suposición. Tenía claro que no habría podido encontrarle con facilidad. Contactar con Malfoy para preguntar si uno de los críos a los que iba a hacer entrar en sexto curso por su importancia contra Voldemort había caído mágicamente –y nunca mejor dicho- dentro de las lindes de su mansión, no habría sido una opción. No es que fuera del todo ético. Pero aquella sorprendente llamada por Red Flu, iba a mejorar la situación.

Tom guió a McGonagall hasta la chimenea y la dejó a solas para que pudiera hablar con tranquilidad. La profesora se puso cerca de las llamas y, al cabo de pocos segundos, escuchó la voz de Draco.

—Profesora, Jonny Raspa cayó en mi casa por error. Está bien. Le he dicho que puede quedarse, ya que al parecer no es que sea muy experto con la Red Flu, no creo que sea conveniente arriesgarse a que lo haga de nuevo y caiga en otro lugar. Ahora está intentando secar a su gato.

La profesora suspiró aliviada al saber que no había pasado nada grave, y asintió.

—Tienes razón, Malfoy. ¿De verdad no te importa que se quede allí? ¿Puedo hablar con él?

Ante todo quería comprobar si de verdad estaba allí sano y salvo. No podía desconfiar de Malfoy por las buenas, así que debía tratarle con tacto, y más sabiendo lo susceptibles que eran sus padres -sobretodo Lucius-, con el trato que se le profería a su único hijo.

—Tranquila, profesora, está en buenas manos. Además estoy solo en casa hasta mañana, no me viene mal algo de compañía en los tiempos de corren, ya sabe. Hay mucho desalmado suelto.

A McGonagall se le ocurrió pensar un "como tu padre, por ejemplo", pero tenía demasiada clase para decirlo, así que sólo asintió.

—De acuerdo, si Jonny quiere quedarse, no hay problema, pero mañana por la mañana iréis al Callejón Diagón, necesita comprarse el uniforme…

Antes de que pudiera terminar la frase, Jonny se coló en la chimenea para hablar.

—¿¡Uniforme!? ¿¡Qué!? No, no, no, no. Me niego. ¡Nadie me dijo que había que llevar uniforme!

Siguió berreando aún cuando Malfoy lo apartó de la chimenea con su mejor sonrisa para McGonagall.

—Todo bien, profesora, allí estaremos. —dijo con tono de niño bueno. —¡Ah! Dice Jonny que le gustaría que su sobrino viniese también. Así podemos conocernos mejor, y puedo ponerles al día. Se sentirá más cómodo si está con Richard aquí.

La profesora podía ver las intenciones de Malfoy, pero aún así, cedió. De hecho le interesaba que Richard y Jonny se acercaran a Draco, eso los mantendría alejados de Potter, y en consecuencia de Voldemort.

—Si Richard quiere ir, puede hacerlo. No viene mal que fomentéis el compañerismo, además el ya cumplió diecisiete hace dos semanas, es mayor para decidir lo que quiere. Voy a preguntarle, esperad un segundo.

Se asomó a la puerta para llamar a Richard que seguía hablando de batallitas con el joven auror y lo hizo acercarse.

Algo desganado por tener que dejar la conversación con Daniel, se acercó a su tía.

—¿Sabes algo de Jonny? —Preguntó algo más animado, al menos si le habían hecho dejar de hablar con aquel tío tan simpático había tenido que ser por alguna buena razón.

Minerva asintió.

—Está en la mansión Malfoy. Se quedará allí hasta mañana, está con Draco Malfoy. Quizá sería conveniente que le eches un ojo, Draco es… un poco… especial.

—¿Es tonto?

McGonagall se llevó una mano a la frente con algo de frustración ante la falta de tacto de su sobrino.

—No, Richie, no es tonto. Sólo es alguien al que tratar de manera cautelosa. Creo que estaría bien si vas con él, ahora que estamos en Londres casi es mejor que estemos separados. Me quedaré con Samara y Johan, ve con Jonny. Así si asaltaran El Caldero Chorreante no estaremos todos aquí. Es más seguro.

Richard asintió.

—Pues vale, iré. No voy a dejar sólo a Jonny, capaz que le roban o algo.

Minerva negó.

—No es eso lo que me preocupa. Además, quizá Draco pueda dejaros algunas túnicas para mañana, no quiero que llaméis la atención, ni siquiera en el Callejón, ¿de acuerdo?

Richard asintió con desgana.

—Vale, lo pillo. Nada de llamar la atención, nada de tatuajes en público. He escarmentado.

—Eso espero. —dijo su tía con un gesto algo más transigente. —Vamos.

Lo acompañó hasta la chimenea y ambos se acercaron. Minerva se agachó y Richard se mantuvo al margen, dejando hablar a su tía.

—Bien, Malfoy. Richard irá para allá. Mañana a las 9 de la mañana nos vemos en Gringotts, ¿de acuerdo?

—Claro, allí estaremos. No se preocupe. —dijo Malfoy con una sonrisa fingida y un tono de voz que pretendía ser amable y dulce, pero que acabó sonando algo más siniestro de lo que habría querido.

Richard se acercó a la chimenea y con los polvos flu en la mano, pronunció el destino.

—A la mansión Malfoy.

En unos segundos, Richard salió por la chimenea de la Mansión Malfoy dándose un buen golpe en el culo al caer. Al parecer no había manera de caer dignamente a través de la chimenea.

Se espolsó el pelo poniéndose de pie en el gran salón de la mansión Malfoy, se quitó la sudadera intentando deshacerse del hollín que ahora lo cubría casi de pies a cabeza. Odiaba la Red Flu de manera definitiva, la odiaba mucho. Elevó la vista y se fijó en el salón y en quienes lo esperaban allí.

Jonny con un muy molesto Porro que parecía tener el pelo electrificado, y un chico rubio platino que lo miraba desde el suelo con los ojos como platos y un gesto algo sorprendido. Parecía que el chico había estado demasiado cerca de la chimenea cuando él había llegado, porque había caído al suelo de espaldas y ahora se sostenía sobre sus codos para incorporarse un poco.

Porro miró a Jonny con una sonrisita y susurró.

—¿Ves al rubio? Creo que aquí ha habido flechazo. Imagínate esta escena con Careless Whispers de George Michael y dime que tú no lo ves. —dijo Porro con voz sugerente.

Y de pronto, en aquel gran salón a oscuras con la única luz del fuego chispeante de la chimenea, Jonny y Porro parecieron alejarse suavemente de la escena en la que Richard, ahora cubierto de pies a cabeza de hollín, se espolsaba las cenizas de su ropa blanca y se quitaba su chamuscada sudadera con una lentitud casi pasmosa, con Malfoy a sus pies sentado, observándole.

Jonny no pudo evitar una mueca desconcertada.

—Porro, quiero que dejes de hacerme ver estas escenas, ¿vale? Richard no es gay. Y deja de insistir en eso, es mi colega, ha tenido novias y eso.

Porro volvió la mirada al susodicho, que ahora le tendía una mano a Malfoy para ayudarlo a levantarse del suelo, y sorpresivamente, este aceptó.

—¿Estás bien? Soy Richard Goatleg. —dijo Richard, fijándose entonces en que sus brazos estaban cubiertos de hollín.

Malfoy se puso en pie y asintió.

—Draco Malfoy. Y sí, estoy bien. Aunque no se puede decir lo mismo de ti. Bueno, quiero decir, digo yo que no vendrías así desde allí. —dijo con una ceja alzada al verlo sucio y con media camiseta chamuscada, aún sintiéndose un poco imbécil al haber aceptado su ayuda para levantarse.

Richard esbozó una sonrisa irónica.

—Claro que sí, en mis ratos libres soy deshollinador, también vuelo en paraguas y canto con los niños. —dijo Richard con una sonrisa del todo falsa.

Desde luego que no iba lleno de mierda a todos lados, ¿qué estaba insinuando el teñido de mierda?

—Será que vuelas en escoba, no en paraguas.—le corrigió Malfoy con un gesto de superioridad evidente que molestó aún más a Richard.

—Mary Poppins vuela en paraguas, no en escoba.

—¿Mary Poppins? ¿Es tu nombre artístico? —soltó Malfoy con una sonrisa burlona que hizo que Richard apretara los puños.

Porro se vio la situación y alertó a Jonny.

—Los que se pelean se desean. Pero como sepas arreglar narices rotas como secarme el pelo… vamos listos. Parezco de los Catson Five. ¿Crees que me podría llamarme Porriel Jackson? El moonwalk me sale clavado… necesito cuatro gatos más y estará hecho.

Jonny ignoró las reflexiones de Porro para ir separar a Richard y Malfoy que parecía que acabarían pegándose de verdad.

—¿Me apuntas con la varita? ¿En serio?

Retaba Richard a Malfoy que parecía realmente enfadado.

—Podría convertirte en el saco de mierda que eres, ¿sabes? Así todos contentos.

—Pues yo podría partirte esa cara de niñato rico y pedante que tienes de una hostia. Y sin varita, chaval.

—Oh, que civilizado. ¿De dónde vienes? ¿Del jurásico? Un mago sin varita no es nada, y tú… eres aún menos. Me da igual que seas sobrino de McGonagall, puedo partirte en dos y enterrarte en el patio trasero.

—Tú sí que quieres que te entierre algo en tu patio trasero, chaval.

Y tras un breve silencio en el que Malfoy no pudo más que esbozar un gesto totalmente incrédulo y dubitativo, se atrevió a preguntar.

—¿Eso ha sido una especie de insinuación, Goatleg?

Richard alzó ambas cejas y se cruzó de brazos aprovechando para hacer aún más visibles sus bíceps de gimnasio, intentando parecer más amenazador. Era una pena que el hollín tapase su tatuaje, ahora famoso por todo aquel tema del heredero, le habría dado un toque de malotidad extra.

—¿Insinuación? ¿A ti me voy a insinuar? ¿Qué te fumas, Malfoy? Pásame el número del camello, me interesa. Créeme.

El gesto de rabia que se dibujó en el rostro de Malfoy no podía describirse con palabras. El fuego de la chimenea se veía arder reflejado en sus ojos grises mientras el rubio apretaba los puños casi tanto que podría haber partido la varita que sostenía.

—Eres más gilipollas de lo que me podía imaginar. ¡Fuera de mi casa o te echo yo a patadas! Vamos a batirnos en duelo fuera, no quiero que me manches más el suelo. Voy a partirte en dos y cuando llegues a San Mungo tendrán que etiquetar cada trocito de ti para no perder los pedazos. ¡Saca tu varita y vamos fuera!

Richard esbozó un gesto travieso y se mordió el labio con una sonrisa. Cada vez estaban más cerca, tanto que casi podía ver los ojos de Malfoy como si fueran uno solo.

—Mira, niñato de mierda, no te enseño mi varita porque el diminutivo sólo es cariñoso, gilipollas. Además, esta varita…—dijo con un gesto muy vulgar. —Elige a su mago.

Draco parecía fuera de sí mismo, más molesto de lo que había estado nunca. Ni siquiera Potter le había sacado tanto de sus casillas como ese gilipollas de pelo de punta y una cosa extraña en la lengua.

—Todas las malditas varitas de Ollivanders eligen a su… ¿¡eso era otra insinuación!? —preguntó Draco al darse cuenta algo tarde, haciendo que Richard no pudiera evitar reír.

Aquello terminó de enfurecer a Malfoy. ¿Quién, por Merlín, llevaba un trozo de metal atravesándole la lengua? ¿Ese tío estaba bien de la mente? ¿Y porqué mierda estaba diciendo aquellas gilipolleces? Desde luego quería estrangularlo allí mismo, pero el hecho de que fuera tan alto como él le echaba algo para atrás en una pelea cuerpo a cuerpo.

—No, desde luego que no. No eres mi tipo, Malfoy.

—Eres imbécil. Certificado. No sé en qué pensaba cuando se me ocurrió hacer que vinieras. Eres sobrino de McGonagall, nada bueno puede salir de alguien como ella.

Jonny le hizo gestos a Draco a espaldas de Richard, intentando que cortara la frase cuando vio el rumbo que esta había tomado, pero Malfoy terminó de pronunciarla, no muy seguro de qué le estaba intentando decir con aquellos movimientos de brazos y gestos. Cuando se dio cuenta, fue demasiado tarde.

La mirada de Richard se volvió oscura y se tensó, tanto que pudo ver cómo los músculos de sus hombros se contraían y las venas de su cuello se hacían visibles de una manera peligrosa.

Un destello plateado inundó la sala cegándolos a todos por un par de segundos, pero cuando la luz se disipó, y sus retinas se adaptaron de nuevo a la oscuridad, todo parecía normal. Al menos para Porro y Jonny, todo estaba en su sitio y todos parecían estar bien.

Todos menos Malfoy.

To Be Continued.

Hasta aquí el capi de hoy, siento la tardanza. ¿Qué os ha parecido? ¿qué creéis que pasará? CHAN CHAN CHAN!

Contestaciones:
NoaBlack:
Gracias por tu review, ¡has sido la primera! Me ha hecho mucha ilusión :DEspero que te haya gustado este capítulo tanto como los anteriores, me vuelvo loca para que tenga sentido y luego nada lo tiene, pero creo que es la magia del crack!fic jajaja. Muchas gracias de nuevo por tu review. Un saludo.

KaliLaDestructora: Gracias por el mensajico, que hace ilu. La camiseta de Porrolo ahora a lo mejor no lo peta mucho, pero cuando sea tope de famoso, todos lo amarán y no tendrá que cambiar de dueño como de cajón de arena. Que en este caso, es un par de veces en la vida. jajajaja Un beso, guapetona, un placer tenerte por aquí.

Mención especial a los seguidores y favoriteadores, a los que también me complace tenerles por aquí. Un saludo a todos.

¡Animaos a comentar! :D