Realmente estoy sorprendida de mi misma por esta inusual rapidez, pero creo que ustedes lo agradecen, no es así? :D

Disfruten!!


CAPÍTULO 4

—¿Ya se conocían? —Repitió Ron con algo parecido a enfado en su voz.

Harry seguía con la mirada clavada en ese rostro pequeño y hermoso mientras que sostenía su cintura con una mano. Ella le sostenía la mirada y sonreía mientras tenía una mano sobre el torso de Harry, sobre la bufanda roja que no se había quitado en todo el día.

—Sí —Respondieron los dos al unísono aun con las sonrisas en el rostro.

—La hija prodiga está en casa, ¿podemos comer ahora? —Preguntó Fred con irritación en la voz pero se arrepintió justo en el momento en que la pesada mano de su madre cayó sobre su brazo— ¡Mamá!

—¡Compórtate! —Lo reprendió y después con una sonrisa se hizo escuchar—. Ya podemos pasar a cenar.

Todos salieron con una velocidad espectacular de la sala, menos Harry, Ginny… y Ron.

—¿Desde cuándo se conocen? —Preguntó alterado.

—Desde esta mañana —Respondió Harry y le pareció como lo mas prudente quitar la mano de la cintura de la pequeña hermana de su mejor amigo, quien se tuvo que recordar que era ella, aparte de ser Ginny.

—¿Desde esta…? —La sorpresa en su voz y también la confusión no le permitieron terminar la pregunta.

—Sí —Confirmó Ginny y tímidamente quitó la mano sobre Harry para quitarse unos mechones de cabello de la cara.

—La conocí esta mañana en el parque —No tenía intención alguna de contar la situación en la que se conocieron—, y nos volvimos a encontrar esta tarde en el hospital.

—¿Dos veces? —El reproche en su voz era bastante obvio—, ¿solo dos veces y…

—¡A cenar! —El rugido de uno de los gemelos les indicó que lo mejor era que se apresuraran.

Ron siguió mascullando palabras que Harry no quiso descifrar y después se encaminó al comedor.

Volvió a dirigir su mirada hacia Ginny.

—Esto es de lo mas…

—No lo diga —Interrumpió ella—. Sonará repetitivo.

—Pero tiene que admitir que…

—Sí —Volvió a interrumpirlo con una sonrisa—, esto es de lo más extraño.

—¡Apresúrense! —La voz de Ron rugió desde la cocina.

Los dos sonrieron y Ginny dio un paso hacia la puerta.

—Creo que deberíamos pasar al comedor, Señor Potter.

—¿Señor Potter? —Repitió Harry frunciendo el entrecejo— ¿no la parece inadecuado tomando en cuenta lo que hemos pasado a lo largo del día?

—¿Entonces cómo…?

—Llámeme Harry.

Ginny sonrió y como si de una chiquilla se tratara se llevó las manos a la espalda y empezó a balancearse adelante y atrás.

—Solo si tú me llamas Ginny.

—De acuerdo, Ginny —Asintió saboreando las palabras.

—De acuerdo, Harry.

—¡No los vamos a esperar toda la vida! —Esa vez, la voz de los gemelos fue la que los llamó— ¡Deja de hablar con tu amiguito y ven a comer!

—¡Ya dejen de fastidiar! —Gritó Ginny sorprendiendo a Harry y empezó a caminar con paso decidido hacia su familia— ¡¿Ustedes no saben hacer otra cosa mas que pensar en comer, verdad?!

—¡No cuando estamos en casa de mamá!

—No sé cómo los aguanto, en verdad no sé cómo lo hago —Masculló Ginny.

Harry caminó lentamente tras ella sonriendo.

* * *

Su madre siempre se había lucido en lo que respectaba a la cocina, de hecho se lucía en cualquier aspecto hogareño existente, y esa noche no había hecho mas que demostrar su delicioso sazón. La mesa estaba llena de deliciosos manjares que llenaban la habitación de un delicioso aroma que despertaba sensaciones.

—En verdad te luciste, mamá —Dijo Fred sentándose a la mesa y observando todos los platillos detenidamente, seguramente tratando de elegir por cual comenzar.

—Creo que estoy de acuerdo —Secundó George y de ahí se desencadenó una serie de halagos que no acabó hasta que su madre empezó a ruborizarse.

Ginny por su parte simplemente sonreía al ver a toda su familia reunida después de tanto tiempo, y estaba segura que su madre también estaba feliz a causa de ellos. Pero ella también sonreía por algo o mas bien por alguien.

¿Quién se iba a imaginar que lo volvería a ver? Ella definitivamente no, o tal vez pensó que por las casualidades que la estaban rodeando últimamente pudiera ser que lo volviera a encontrar, pero, ¿precisamente ahí, en su casa, con su familia, como el compañero y mejor amigo de su hermano? No, eso ni en sus mas descabellados pensamientos.

Simplemente era de locos voltear y verlo ahí, a su lado, disfrutando de una cena de navidad su familia al pleno y sin embargo ella no podía dejar de sonreír. Si el destino había planeado todo ese día de esa manera, ¿Quién era ella para ir contra él?

—¿Conoce desde hace mucho tiempo a Ron? —Preguntó Ginny disimuladamente como si estuviera entablando la conversación por cortesía.

—De hecho no —Negó mientras comía—. Lo conozco de apenas seis meses, desde que lo transfirieron al departamento de investigación criminal.

Ginny se acercó un poco a él para susurrarle.

—¿No es un fastidio trabajar con él?

—La verdad no —Negó muy contundentemente—, y creo que eso se debe a que nunca paso más de dos horas a su lado durante las investigaciones.

—¿Por qué? —Preguntó ceñuda.

Harry se limitó a recargarse en el respaldo de su silla y permitir a Ginny ver detenidamente a Ron.

—… lo atrapamos justo antes de que abordara el avión —Estaba contando mientras gesticulaba y hacía movimientos con las manos— y después nos costó un trabajo llevarlo a prisión, tuvimos que…

—Habla demasiado —Dijo Harry volviendo a acomodarse en su asiento.

Ginny arrugó la nariz. Sí, sabía que su hermano hablaba demasiado, lo conocía, pero nunca creyó que eso sería malo.

—Durante horas —Añadió Harry.

Estaba consciente de que podía llegar a fastidiar pero no creía que eso fuera un defecto.

—A mi no me gusta hablar —Explicó—, a él le gusta llenar los vacíos —Agregó.

Ginny lo entendió y sin embargo… Frunció el ceño.

—Pero has hablado mucho conmigo.

—Porque tenía qué decirte.

—¿Y con él?

—Él solo habla demasiado por dos razones, tres si ya es que vamos a eso —Y empezó a enumerarlas con sus dedos—. Uno: por aburrimiento, dos: por nerviosismo, tres: porque quiere fastidiarme.

—La verdad, Harry, es que creo que estás equivocado.

Él lo pensó durante un segundo.

—No, no lo creo.

—Sí, sí lo estás.

—No.

—Sí.

El entrecejo de Harry se frunció mientras Ginny metía un bocado de deliciosa comida a su boca.

—Explícate —Exigió.

Ginny tragó y sonriendo se explicó.

—Él solo habla demasiado porque durante toda su vida no pudo hacerlo.

—¿Eh?

Ahora fue Ginny quien lo obligó a voltear y observar a Ron quien estaba sumamente callado escuchando lo que decía Charlie sobre el león que tuvo que capturar en África hacía apenas tres meses.

—Mi hermano habla demasiado fuera de esta casa porque aquí jamás pudo hacerlo, pero bueno, ¿con cinco hermanos mayores quien podría haberlo hecho?

—Y tú, ¿pudiste hablar o eres tan habladora como Ron?

Ginny no pudo hacer mas que sonrojarse por la obvia preocupación en su voz.

—¿Fuiste la número siete, no?

—Sí, pero no olvides que la única mujer de la familia.

—Aparte de tu madre —Le recordó.

—Aparte de mamá.

—Y eso quiere decir…

—Fui la más escuchada —Contestó con una sonrisa de orgullo en su cara—, y qué hay de ti, ¿fuiste demasiado escuchado que por eso no te gusta hablar? ¿Qué hay de tu familia? Me parece que tú ya conoces demasiado de la mía.

—A mi me parece que jamás voy a dejar de conocer a tu familia.

Esa fue una clara advertencia de que no quería hablar de su familia. Pero Ginny no era de las que le gustaba dejar las cosas a medias.

—No quieres hablar de tu familia —Afirmó bebiendo un trago de vino—, de acuerdo, no preguntaré nada, pero solo porque llevamos menos de veinticuatro horas de conocernos, solo por eso.

Él sonrió diminutamente, como lo había estado haciendo hasta ese momento, pero le pareció que esa era la sonrisa que mas importaba, la que agradecía algo, la que demostraba mas.

—Mejor cuéntame mas de los años con tus hermanos. Me parece que Ron me habló demasiado de ellos, pero jamás te mencionó hasta el día de hoy.

Lo que acababa de beber casi termina siendo escupido.

—¿Jamás te habló de mi?

—Mmm… No, no lo hizo. Si lo hubiera hecho, presiento que habría sabido existías, y que trabajabas en el hospital y hubiera relacionado eso con el hecho de que tu apellido es Weasley, pero como jamás lo hizo…

—Te comprendo —Interrumpió—, solo que me desconcierta demasiado que no te haya hablado de mi.

—También a mi me desconcierta, él por lo general está hablando de su familia, y olvidar mencionarte sería como olvidar… —Se interrumpió y Ginny fijó la mirada en él solo para observar como sus mejillas adquirían una tonalidad levemente sonrojada. No pudo evitar pensar que se veía encantador.

Tosió varias veces para disimular su bochorno y reanudó la conversación.

—¿Llevas mucho tiempo trabajando en el hospital?

Y pareció ser la pregunta adecuada para darle a Ginny todo el protagonismo de la conversación que no dejó de hablar en el resto de la cena.

--

Harry la observaba fijamente mientras hablaba, mientras le contaba de sus sueños y se reía de las anécdotas mas divertidas jamás contadas. Ella amaba su trabajo, sus ojos se iluminaban al hablar de él y estaba seguro de que era feliz. Feliz como nadie por tener el peor horario de la faz de la tierra, por los peores descansos y probablemente los peores alimentos de hospital. Y sin embargo ella sonreía contándole que había dormido solo seis horas a lo largo de los últimos dos días. Y su sonrisa no era para menos, al contrario era para guardar por siempre.

La cena terminó y mientras los hombres se retiraban a la sala, las mujeres se quedaron recogiendo un poco.

En cuanto entraron a la sala y la puerta se cerró, seis enormes masas humanas lo rodearon.

—¿Qué te traes con ella? —Preguntó Ron amenazadoramente.

—¿Eh? —Harry estaba desconcertado.

—¿A qué vino todo ese cuchicheo y risitas tontas? —Interrogó alguien mas. No estaba seguro ya ni quien hablaba.

—¿Qué te traes con mi hermana?

—¿Desde cuándo tantas confianzas?

—¿En verdad se conocieron hoy?

—¿De qué estaban hablando?

—¿Qué…?

—¿En algún momento me van a dejar contestar alguna de sus preguntas? —Inquirió irritado haciéndolos callar por fin.

—¿Qué tienes que contestar? —Preguntó Percy. Vaya, y Harry que pensó que él sería el único cuerdo por ahí.

—Primero quiero saber por qué me veo metido en este inusual interrogatorio.

—Porque eres un hombre que no lleva el apellido Weasley que está demasiado cerca de nuestra pequeña hermana —Charlie hizo tanto énfasis en la palabra pequeña que a Harry se le erizaron los cabellos de la nuca. Esa era una amenaza en toda regla.

—Solo hablábamos —Dijo sonriendo. Eso era una total locura. Aquellos que le parecieron agradables al principio de la velada para ese momento le parecían bárbaros.

—¿De qué hablaron? —Quiso saber… bien, uno de ellos quiso saber, ya no daba sentido de quién provenía la voz.

—Un poco de mi trabajo, pero en su mayor parte de su trabajo en el hospital —Su mejor decisión fue omitir que hablaron de Ron.

—¿A qué te dedicas?

Esa fue una pregunta estúpida. ¿A qué se dedicaba? Todos ahí sabían exactamente a qué se dedicaba. ¡Ron era el primero en saberlo!

—Omite los puntos del 1 al 5, Fred —Interrumpió Ron antes de que pudiera gritarles algo de lo que tal vez se arrepentiría—, y enfoquémonos al último punto.

—Estoy de acuerdo —Dijo George—, creo que ese es el punto que nos interesa a todos.

—¿De qué puñetera cosa están hablando?

—Escribe en alguna parte —Le pidió Bill a Fred— que se enfada con rapidez y que tiene un amplio vocabulario, pero agrega que no de un vocabulario que nos gustaría que dijera estando cerca de niños.

Fred asintió e hizo caso al pie de la letra empezando a escribir en una pequeña libreta que llevaba. ¡Buen Dios, estaban locos!

—¿Alguno me va a explicar…?

—¿Qué intenciones tienes con Ginny? —Preguntó Bill interrumpiendo su rabieta.

—¿Qué in…?

No pudo terminar siquiera de repetir la pregunta. Ellos debían estar bromeando, conocía a Ginny hacía solo dieciocho horas, no podían creer en verdad que él estaba tras ella. Al fin empezaba a entender el por qué del comportamiento de todos ellos. Ellos creían que él estaba tras Ginny y como hermanos mayores y bárbaros no podían concebir el que alguien aparte de ellos se acercara a ella. Bien, podía comprenderlos, pero, ¿Por qué no simplemente observaban y lo dejaban en paz? Si observaran, y Ron les debería haber ayudado a eso ya que era un excelente observador, se habrían dado cuenta que él NO estaba tras ella, claro que no. Eso estaba totalmente descartado, solo se trataba de una amistad que se estaba formando porque estaba claro que después de todo lo que habían pasado estaban empezando a ser amigos excepto por el pequeño desliz de esa tarde en el que él casi la besaba, pero no pasó nada, ya ni siquiera recordaba porque había querido besarla, tal vez fue el golpe el que lo incitó a actuar de esa manera o tal vez…

—Te hemos estado observando durante toda la noche —Interrumpió Charlie sus reflexiones— y la forma en que la vez es demasiado… —Vaciló— cálida.

—Extraña —Sugirió alguien.

—Familiar.

—Soñadora.

—Divertida.

—Lujuriosa —Opinó Fred finalmente y todos se le quedaron viendo con cara de advertencia—. ¿Qué? yo también quería decir algo —Y uno de ellos terminó dándole un reverendo zape.

¿Lo habían observado? ¿Qué habían visto? Él solo había conversado con ella de una manera normal, agradable y él no la veía de ninguna forma en particular, él solo… la observaba.

Veía cómo sutilmente la diversión llenaba sus ojos y después cómo sus labios se curveaban en una sonrisa pura. También observaba fascinado, tenía que admitirlo, cómo se mordía el labio inferior de vez en cuando incluso sin que se diera cuenta y cómo sutilmente se arreglaba el cabello poniendo el revoltoso mechón que no quería regresar a su posición tras su oreja una y otra vez. Y observó fijamente, mientras ella no se daba cuenta, que tenía un lunar justo a un lado de su oreja y que parecía querer ser besado, y…

¡Buen Dios! Era bastante probable que si la hubiera estado viendo de todas las formas que ellos acababan de enunciar. Pero era demasiado orgulloso para siquiera aceptarlo, mucho menos ante ellos.

—No sé de qué están hablando —Respondió seguro.

—Eso aun no responde qué intenciones tienes…

—¡¿Qué creen que están haciendo?! —Rugió la voz de Ginny Weasley a sus espaldas.

Las seis bolas humanas de repente parecieron desplazarse a lo ancho de la sala y parecer como si solo estuvieran en una plática sin importancia.

—Solo hablando un poco entre nosotros.

—No me engañes, Charlie Weasley —Advirtió con los ojos inyectados de coraje—, sé exactamente el jueguito que estaban llevando a cabo y todos deberían saber que les exigí dejar eso hace años.

—Como si te fuéramos a hacer caso —Masculló Fred— ¡Ay! —Y recibió un pisotón por parte de George.

—Ginny, deberías dejarnos… —Intentó Percy hacerla entrar en razón.

—No lo conseguirás —Lo interrumpió cruzándose de brazos y pareciéndose amenazadoramente retadora—, no conseguirá que esté de acuerdo con este interrogatorio por demás escandaloso y… y…

—¿Irracional? —Sugirió Harry al ver el enojo en los ojos de Ginny.

—Sí, gracias —Le sonrió.

Harry tuvo que tragar saliva dificultosamente. Un pensamiento flotaba en su cerebro y se negaba a irse. Ella era hermosa, en todas y cada una de las facetas en las que la había visto. Mientras sonreía, mientras atendía a sus pacientes, mientras estaba seria y concentrada, mientras se enojaba, mientras… ¡Santo cielo! Trago saliva de nuevo. Ella era hermosa.

—Son unos barbaron sin cerebro, irracionales, tontos, descabellados y… y… —Sonrió triunfadoramente. Vengativamente— y se lo diré a mamá.

—¡No!

—¡No lo hagas Ginny!

—¡Por favor no!

Una ola de suplicas llenó la sala.

—¿Qué me dirás, Ginny? —La suave voz de la señora Weasley anunció su entrada a la sala junto con las esposas de sus hijos y sus nietos.

La mirada de Ginny se encendió de diversión.

—Oh, nada mamá, simplemente quería decirte que tenías razón.

—¿Razón? —Repitió su madre.

—¡No Ginny! —Una última suplica.

—Oh, no necesito decírselo tonto —Dijo sin decírselo a nadie en especifico— ¿Cómo creer que llegué aquí antes que mamá? Ella me dijo que debía apresurarme, y al parecer tuvo razón.

—¿Entonces tenía razón? ¿Estos tontos a los que llamo hijos han…?

—Sí, mamá, han estado incomodando a nuestro invitado.

—¿Es así, Harry?

Todos voltearon a verlo, los hombres advirtiéndole sutilmente de las consecuencias que podrían generar sus palabras, Molly pidiéndole sinceridad y Ginny, bueno, ella simplemente lo veía con la diversión bañando su rostro.

—Me parece que yo no debería decir nada en contra de todos ellos.

Y sin ser una acusación, Molly lo entendió. Desvió la mirada a ellos y el fuego de sus ojos fue una clara amenaza.

—Oh, como me gustaría renegar de ustedes, bola de… —Y dejó de escuchar sus palabras en cuanto Ginny lo tomó del brazo y lo jaló para salir de la casa rumbo al jardín trasero, solo alcanzó a escuchar los primeros retazos de una batalla.

—¡Ay, Mamá! —Se quejó uno de los gemelos— ¡Para ya!

—¡Pararé cuando todos ustedes dejen de comportarse como unos niños!

Solo hasta que alcanzaron a dejar de escuchar los gritos de dolor de sus hermanos se detuvieron y entonces Ginny empezó a reír, por completo y sin inhibiciones.

—No puedo creer que sigan haciendo eso —Fue lo único que dijo tratando de controlar su risa y mientras Harry simplemente la observaba regocijarse. Simplemente era una imagen que no quería perderse.

Cuando las risas terminaron y la simple sonrisa quedó iluminando el ambiente acompañaron a las sinceras miradas de alegría. Se apoyaron en la barandilla y se quedaron en silencio por minutos completos.

—¿Lo hacen a menudo, no? —Preguntó para romper el silencio.

—No desde hacía años —Contestó suavemente.

—Aun así están en forma.

—Siguen siendo unos tontos.

—Unos tontos que te quieren.

—Sí —Respondió riendo—, creo que despierto ese sentimiento en los bárbaros sin cerebro.

Se sonrieron mutuamente y el silencio volvió a caer sobre ellos. Apoyados en la barandilla sus cuerpos estaban bastante cerca, podía sentir el calor de su cuerpo y sus manos estaban a solo centímetros una de la otra.

¿Quién iba a pensar que la inesperada ayuda que recibió esa mañana para detener a Sinclair estuviera justo a su lado en calidad de…? ¿de qué? ¿de conocida? ¿de amiga? Aun no lograba darle una definición a lo que tenía con ella, ni siquiera podía ponerle una definición a ella.

Todo había pasado tan de pronto y demasiado rápido que aun no lograba sentirlo verdaderamente como real, pero, ¿acaso importaba? Sonreía cuando ella lo hacía, se divertía con el simple hecho de estar a su lado, su corazón palpitaba deprisa con su cercanía, su simple presencia lo hacía sentir que estaba viviendo, que realmente estaba viviendo.

—¿Crees en el destino, Ginny? —Preguntó Harry de repente.

—¿En el destino? —Repitió confundida.

—Sí.

Lo meditó durante un minuto con la mirada perdida en el cielo bañado de estrellas.

—Creo que nunca me había parado a pensarlo —Se volteó con él—, ¿y tú? —Quiso saber.

—¿Yo? —Repitió y después resopló haciendo un movimiento de la mano restándole importancia a su propia pregunta—. Yo no creo en el destino.

Y era la verdad, no creía en el destino. Él creía que todo pasaba a causa de sus decisiones, a lo que él quería que pasara, no a la fuerza de un poder divino que predestinaba las cosas; y él siempre se atenía a sus pensamientos, siempre.

Pero llevaba tantos años sin ser feliz. Y ahora de repente una sonrisa permanente había asomado a su cara y todo por ella. Era de locos y él sería el primero en afirmarlo.

No, nunca había creído en el destino pero cómo poder explicar todas esas coincidencias que lo habían llevado a conocerla, cómo poder explicar esa sensación de paz y serenidad que solo podía sentir con ella, cómo explicar esa felicidad que rebosaba en su pecho y que solo tenía ganas de explotar… con ella. ¿Cómo?

La verdad es que solo había una palabra que lograba abarcar todos esos sentimientos.

Destino.

¡Buen Dio! ¡Se estaba convirtiendo en un filósofo!

Volteó a ver a Ginny y vio su mano justo a unos centímetros de la suya y suavemente movió su mano y la puso sobre la de ella. Ginny se sobresalto, se puso nerviosa, pero no le pidió alejar la mano. Bien, eso estaba muy bien.

—Pero empiezo a pensar que lo mejor que puedo hacer es creer que en verdad existe —Dijo con la vista clavada en los profundos ojos castaños con ribetes en miel que se iluminaban con la luz de la luna.

Suspiró. Sea quien fuera el que manejara el destino lo estaba convirtiendo en un bárbaro sin cerebro.

—…tontos que te quieren.

Sí, creo que despierto ese sentimiento en los bárbaros sin cerebro.


¿qué tal? merece un review? espero que si :D

Proud Annie. zafiro potter, NenaOrion, macaen, J0r, yani, Nat Potter W, Gaba27, Anya Naivea, Ceciss, ginalore28, Black Andro muchisimas gracias por sus reviews :D espero que este capitulo les haya gustando tanto como a mi, pero les contaré un secreto... en el proximo capitulo sucede lo que todo el mundo espera que suceda ;D

dejen muchos reviews!!! cuidense nos vemos el domingo :D

rosa . chocolate