+STAGE 04: DOLOR+
Pasé quizá, en esa posición lamentable, alrededor de media hora.
Yo la miré a ella en medio de las lágrimas que me amenazaban, buscando una razón para poder levantarme y decirle lo mucho que la había extrañado, como si me importara un carajo mi matrimonio contigo y nuestro bebé que ahora ella cargaba en brazos.
Pero estaba tan asustada frente a su mirada fija que, no reparé en lo mucho que ella sufría y en lo poco que disfrutaba haberme encontrado, de tal manera que me dibujó una sonrisa entre sufrida como al borde del llanto y fue mi corazón el que se paró en medio de mi primer ácida lágrima.
Fue como que me tomó desprevenida aquello de su parte, quizá porque nunca creí que sería testigo de su sufrimiento o que sería la culpable de que viviera en medio de amargura, sólo porque habíamos compartido algo más que sexo y que alguna vez nos engañó haciendose pasar por amor.
Y sin embargo la sentí tan chiquita en nuestro encuentro actual, que inexplicablemente tuve la necesidad de consolarla y hasta las ganas incontrolables de confesarle mi amor, ignorando la posibilidad de que él me despertara un sentimiento confuso y que a la larga él terminara ganandose mi corazón de la manera más sucia.
Entonces fue que el bebé se acomodó en su hombro, que enrredó los deditos entre los cortos mechones rubios y que se quedó prácticamente dormido en medio de un bostezo, luego de que ella volviera a prestarle la atención que ahora reclamaba y lo sostuviera con más amor del que yo en estos tres meses había sentido.
Exactamente por eso tragué saliva con más dificultad que de costumbre, me resistí a que el llanto estúpido se colara entre mis ojos y así encaré la situación como poniendome a la defensiva, a la par en que me levanté del piso con la misma clase de una dama y fue mi falsedad la que me llevó a mostrar un odio que escapaba por mi entrecejo.
-¿Y-Yoh te dejó entrar?-hablé, con desconfianza
-Dime-me vio, con tristeza-¿Es tu hijo?-
-Sí, por supuesto-contesté, segura-Hannah es mi hijo-repetí, seria-¿De quién más iba a ser?-
-Así que, te fuiste y pasó todo así, ¿verdad?-sonrió, entre burlona-¿Te mudaste, te casaste y tuviste un bebé?-
-Era la vida que quería-me limité, a contestar-Y la que conseguí, como verás-
-Sí, me doy cuenta de eso-examinó, la casa-Debería felicitarte, ¿no?-
-Mira-me cruzé, de brazos-¿Por qué no te largas y listo?-dije, sin modales-No puedes trabajar aquí, ni en un millón de años-
-Le caigo bien a tu hijo, para que sepas-comentó, punteando su naricita-Y necesito el dinero, también-repitió, algo de antes-Las dos ganamos, ¿verdad?-me vio, entre satisfecha-Como siempre hemos hecho-
-¿Crees que puedes manejarme como quieras?-ataqué, como pude-No soy la misma de antes, que te quede claro-
-¿En serio?-me miró, de arriba abajo-No parece-encarnó, las cejas-Que todavía estás temblando-
-No entiendes nada, como siempre-recuperé, la compostura-No tienes idea de todo por lo que estoy pasando-
-Cuentame, entonces-me atendió, como sin importancia-A ver que puede ser tan grave-
-Estoy engañando a mi esposo, desde hace más de un año-apreté, los puños-Y creo que... estoy enamorandome de alguien más-
-¿Hmm?-me vio, con gracia-¿Tienes otra mujer?-
-No...-me mordí, los labios-De un hombre...-
Creí que iba a echarse a llorar, ella.
Tuvo una de esas reacciones automáticas que tanto la caracterizaban, aferró suavemente al pequeño bebé contra su prominente pecho y así marchó sin musitar palabra hacia el interior de la casa, hasta la habitación que idiotamente le habías decorado a nuestro hijo y que habías llenado con juguetes que solamente lo sacarían machista como tú.
Y me quedé en la puerta viendola hacer el trabajo que yo no podía, cómo lo depositó en la cunita que ocultaba todos sus berrinches y cómo lo acomodó con cuidado para que estuviera calentito por la noche, sin perderme el momento en que acarició levemente sus pobre pelitos y así dejó escapar entre sus labios una sonrisa que a mí me hizo perder la cabeza.
Exactamente por esa razón me escondí de sus ojos antes de tiempo, me sujeté de la pared esa de porquería como queriendo desaparecer y dejé que el imbécil de mi corazón siguiera galopando para salirse de mis entrañas, antes de volverme a encontrar con una mujer que me tenía igual de enamorada y que aún sabía cómo tenerme justo dónde me quería.
Pero de igual manera mi mente divagó por si sola, tuve la breve fantasía de volverme a involucrar con ella sexualmente y pecar entre el sabor de sus labios por lo que me restara de vida, aún si eso significaba perder todo lo que había construido a tu lado y el soborno de un hombre que había empezado a encontrar placentero.
Por esa misma razón quizá ella se apareció sin que la llamara, se coló en mi minucioso espacio pegandose a mi cuello y me retuvo de las muñecas con más dolor del que nunca había demostrado, cosa que me hizo a mí retorcerme como si buscara el contacto de nuestros cuerpo y atinar a golpearla con tal que ella no me hiciera una cosa así a esta altura de mi vida.
Sin embargo fui presa fácil de mis sentimientos de amor por ella, cuando me liberó de su prisión sin dejarme darme cuenta y así me sostuvo entre sus brazos estrechandose contra mi cuerpo, antes de acomodarse sufridamente en uno de mis chiquitos hombros y dejar salir las mismas lágrimas que aquella vez también igualaron su dolor.
-Dime cualquier cosa, hazme lo que quieras...-me suplicó, débilmente-Pero no me lastimes más...-me apretó, un poquito más-No digas que me has dejado de querer...-y así, por primera vez, encontró mi boca
