Mila, tenía de frente una mesa con dos platos con desayuno y junto a ellos una buena persona, un gran hombre, seguramente el responsable de esta ofrenda de amabilidad.

Ella se agachó un poco frente a él y tuvo el atrevimiento de tocarle el rostro. Su rostro era exótico, peculiar, destacando sus pronunciados pómulos que lo hacían extrañamente atractivo. Pensamiento que paso por cabeza de Mila por una fracción de segundo.

Ella movió el dedo pulgar de su mano levemente para despertarle.

-Hannibal, Hannibal- dijo la mujer tímidamente, pensando en que quizás el tomaría como una falta de respeto que ella, una desconocida lo llamara por su nombre.

El lentamente abrió los ojos, y rápidamente se mostró despierto, como si no se hubiera quedado dormido. A Mila eso le pareció poco humano.

-Se ha quedado dormido, si desea descansar un poco, puede hacerlo.-

-¿Y dejar que desayune sola? Sería una descortesía. - Él le sonríe.

Está bien - ella responde con una sonrisa, y se sienta en una de las sillas. Seguido él también se acomoda quedando sentado frente a ella desde el otro lado de la pequeña mesa. Ella observa a su desayuno. Una imagen que la impresiono bastante, ese desayuno parecía ser sacado de una de esas revistas de cocina que ella acostumbraba a ver en sus tiempos de ocio y se preguntó cómo y por qué el hizo esto, y sobre todo se preguntó como él consiguió todos esos ingredientes porque su refrigerador estaba vacío.

Yo no tenía zumo. - Mila frunce el entrecejo.

Tenía algunas naranjas en el refrigerador.- contesto el con una tenue sonrisa

Yo no tenía jamón...

Usted tenia unos trozos de carne que me tome el atrevimiento utilizar

Estoy segura que no tenía carne. -ella responde con insistencia. Él se detiene, dejando de comer por unos segundos y observa a la mujer.

Debería mirar a su refrigerador más seguido. - él le contesta, aunque conservaba aquella extraña sonrisa torva. Mila por su parte se sintió un poco intimidada, sintió que estaba molestando al hombre con sus insistentes preguntas. Y por alguna razón ella pensó en que no desearía ver nunca a este peculiar hombre molesto. Por qué a pesar de ser un hombre encantador, había algo en el diferente a cualquier otro, algo que ella no podía descifrar.

Quizás tenga razón. - sonrió nerviosamente, y luego continuó disfrutando de su desayuno- Por cierto, su comida siempre es exquisita. – dijo Mila en un intento de alivianar el momento

Gracias Mila. Por cierto, ¿Cómo se encuentra en la mañana de hoy?

-Me siento…- Mila hizo una pausa, no teniendo la completa certeza de que contestar. Ella coloco los cubiertos sobre su plato, bajo los brazos a su falda. Y mientras observaba lo que aún quedaba de su comida, intentó hacer un recuento en su mente de los sucesos que habían ocurrido la noche anterior.

- Para ser honesta me siento algo confundida.

Él se detuvo, y de igual forma puso los cubiertos en su plato.

¿Qué usted vio en esas páginas, que la dejo en tan mal estado?

Recordé algo, y ese recuerdo… Oh Dios… yo... – Ella... pausó apoyó los hombros a la mesa y con ambas manos cubrió su rostro.

¿Qué sucede Mila?

Mila no dijo nada, frunció y mientras sus ojos estaban tornándose llorosos, se puso de pie y camino fuera de la cocina. El rápidamente la siguió. Hasta alcanzarla justo frente a la salida principal y agarrarla por su brazo, para detenerla a que saliera de su casa.

Cuéntemelo todo, puede confiar en mí.

El recreaba todo en esas libretas, y yo llegue a darme cuenta de eso. Pero no recuerdo nada más.- Ella pausa y lleva ambas manos a su cabeza, halando de sus cabellos – Entonces, asumo que intente detenerlo… Pero… no recuerdo nada más…Maldita sea... T-engo, tanto miedo...

Ella intenta salir por la puerta, pero nuevamente él la agarra por su brazo y la detiene, y levemente la hala para que ella se dé la vuelta. Ella lo hace, él pone ambas manos sobre las mejillas de la mujer, acariciándolos con sus dedos pulgares.

Ella baja sus ojos nerviosa. El mueve sus dedos lentamente acariciando la piel de sus rosadas mejillas.

¿A que le temes Mila?

No lo sé… - ella pausó, y apretó sus ojos en un intento de no llorar – A…Cristo, no lo sé.

¿Le temes al hecho de que posiblemente, lo mataste, o le temes a que, muy bien pudiste haber sido cómplice?

Ella sube su mirada, con sus ojos muy abiertos, y mueve su rostro. No deseaba que alguien que la acusaba de esa forma a penas la mirara y menos la tocara.

-¿Usted me está acusando?- pregunto ella con incredulidad.

– No, Mila- le sonrió- yo no estoy en ningún derecho de juzgarla, pero creo estar aquí para ayudarla. ¿Usted desea que le ayude a recordar, cierto? Por ende, hay que tomar en cuenta todas las posibilidades.

Tiene razón…

En el estado en que usted se encuentra, sabemos que hay muchas lagunas. A veces siquiera parece recordar por completo a su esposo. Y debemos de saber, por qué. Hay un lapso de tiempo del que usted no recuerda muchos detalles. Solo infiero por lo poco que sabemos y por lo único en lo que tenemos certeza…- el pausa, y remoja los labios con su lengua - De alguna manera, u otra, usted se llenó las manos de sangre.

Ella le miró por un instante sin saber que decir. Él tenía razón.

¿Y que si hice algo malo? ¿Que si soy una mala persona?- Dijo ella denotando temor en sus palabras, mientras, algunas lágrimas se posaron en sus ojos, y corrieron por sus mejillas.

Estoy en la total certeza, que usted no es una mala persona.

Eso no lo sabemos – insistió.- Sabe, creo que usted, debería, irse, olvidarse de todo esto y no verse envuelto en toda esta mierda. – Ella bajo su mirada – incluso, no entiendo el por qué, usted no ha considerado en llamar a la policía.

Mila me encuentro aquí para ayudarla, no para complicar aún más su vida.

Pero en cambio, terminaría complicando la suya. – Ella pausa y seca sus lágrimas intentando recuperar la compostura. – Y no quiero eso, por ende, me prepararé, y lo dejare en su oficina… y olvidaremos todo esto.

El no dijo nada, el simplemente asintió, y no quiso insistirle, solo la observó mientras ella subía las escaleras. Y esperó, no solo por ella.

Muy dentro de él, esperaba por algo más. Y por alguna razón, por una extraña razón, había una sonrisa en su rostro.

Minutos más tarde, Mila, baja por las escaleras, con su bolso, y vistiendo un uniforme, de enfermera.

Ya estoy lista.

Él abre la puerta y le sonríe. - Dispuesta a trabajar. Creo que algo de trabajo, podría servirle como terapia para aclarar sus pensamientos. –

Ella le siguió y mientras cerraba la puerta de su casa le contesto:

Aunque también pienso, que quizás sería mejor no recordar.

Es mucho más saludable, que te conozcas. Su verdadera naturaleza se encuentra dentro de usted, y tarde o temprano se deja ver. Creo que no aceptar lo que seas o no seas sería contraproducente.

Mientras ambos caminaban hasta el garaje del automóvil de la mujer ella le contesto:

-Doctor, independientemente de cómo haya terminado con sangre en mis manos, estoy segura de que es algo que no se repetirá.

Lo sé, Mila. – dijo, con una leve sonrisa en su rostro, una sonrisa que ella no logro ver.

Al llegar ambos al garaje, Mila, abrió sus ojos, tembló, y exclamó, ante el olor a sangre y la macabra escena que tenía frente a ella, sobre su auto...

¿Qué demonios paso aquí?- gritó.