10 DE MAYO DE 1945
Era un amanecer como otro cualquiera, pero al prisionero se le antojó especialmente bonito. No, no bonito.
"Awesome".
El último amanecer de su vida era el mejor que jamás había visto. Que ironía.
Prusia tragó saliva, un tanto nervioso. Tenía miedo. Tenía mucho miedo.
Hubiese sido un tonto de no aceptarlo. Ya era demasiado tarde, de todas formas. Además, el solo se lo había buscado.
"Esto es lo mejor para todos" pensó. Daba igual lo que los otros pudiesen decir. Daba igual que su hermano le suplicase, que Italia le mirase con los ojos llorosos, que Francia le gritase como un desquiciado, que España le mirase como si se hubiese vuelto loco, que Hungría le insultase, que Austria se negase a dirigirle la palabra.
Él sabía perfectamente que Rusia y Estados Unidos necesitaban un culpable en Europa. Así que iba a dárselo.
Esperaba que fuese suficiente para Alfred. Temía por Kiku.
Lo cierto es que el ataque a Pearl Harbor había cambiado bastante a la joven nación. Le había visto, el día en que él y su hermano se afrontaban. La mirada tras aquellas lentes le dio escalofrío, y eso que él tenía que enfrentarse a Rusia, que sonreía de esa forma desquiciada tan propia.
Miró su reloj. Solo unas cuantas horas más, y todo habría acabado, pensó. Su canario pío sobre su hombro, y él le acarició la cabeza afectuosamente.
No había dormido en toda la noche, aunque era totalmente natural. Pero no estaba cansado. Sin embargo, esperaba que West hubiese podido descansar un rato. Sinceramente lo dudaba.
"¿Como me he metido en este lío?" pensó un poco sorprendido. La verdad es que era el colmo que él, que casi siempre había intentado evitar las alianzas (excepto en contadas ocasiones), cuyo único objetivo era conquistar a los otros, ya que era mucho más "awesome"; acabase sacrificándose. Al fin y al cabo, el que tenía complejo de héroe no era él. Puede que la guerra hubiese intercambiado los roles.
"¡Te lo prohíbo! ¿Me oyes?¡Te prohíbo que te acerques a él ni a dos metros! Quiero que le dejéis en paz, exijoque le dejéis tranquilo"
"Tranquilizate Francis. ¡ No estás en condiciones de exigir nada! Te recuerdo que de no ser por nosotros, de no ser por MÍ, habrías sido completamente invadido, y probablemente te habrías pasado el fin de la guerra encerrado en un calabozo. ¡Así que no me grites solo porque no estás de acuerdo con el resto de los aliados!"
Prussia gruñó. Eso era un golpe bajo, él sabía que Francia lo había pasado muy mal cuando su hermano lo había obligado a firmar aquella maldita capitulación. Si lon hubiese sabido antes, quizá hubiese conseguido interceder en su favor. Francia se había visto separada en dos, el gobierno de Vichy por un lado, la resistencia por el otro. Suponía que debían haberle quedado cicatrices, porque le había visto vendado, y cubierto de sangre.
"No puedo creer que de verdad apoyes esa decisión..."
"¡Se lo merece!"
"¿Se ...lo merece? ¿SE LO MERECE? ¡Serás hipócrita! Si todos los países mereciésemos ser disueltos cada vez que hacemos algo malo, hace mucho que habrías dejado de existir, capitán Kirkland" exclamó el francés.
Prusia se rió por lo bajo. Sacarle a la cara aquella epoca...sin duda iba a molestarle, y mucho.
"¡Como te atreves a …!"
"¡No me toques!¿Sabes qué? Me decepcionas mucho Inglaterra. Creía que habías cambiado, pero sigues siendo un maldito pirata. Eres cruel, rastrero y ambicioso."
Se oyó un portazo y vio aparecer al dueño de aquella última réplica.
Prusia le dedico una amarga sonrisa.
"Vaya...nunca me imagine que llegarías a soltarle algo así"
Francia desvío la mirada, incómodo.
"Nos has oido."
"Lieber Freund, el mundo entero os ha oído. Te has aficionado a gritar últimamente" dijo pensando en los dos últimos días. Había venido varias veces y se habían peleado. Francia simplemente no quería aceptar que se sacrificase en lugar de su hermano. Al fin y al cabo, era Alemania el que había permitido que Hitler alcanzase el poder.
Para Francis, el argumento de que él rubio había actuado pensando en su pueblo, siguiendo las promesas para salir de la crisis del partido en cuestión no era una excusa.
Francia acababa gritándole que no era más que un imbécil. Y luego se pasaba a las reuniones con el resto de los aliados, en la que se peleaba constantemente con Alfred.
"No deberías hacer tantos esfuerzos, todavía tienes que recuperarte. ¿Que tal está España?"
Francia le dedicó la mejor mirada de odio que pudo encontrar, fallando miserablemente.
"Mal.-declaró.-Está agotado. Esa maldita guerra civil le ha dejado graves secuelas, pese a que ya han pasado casi 10 años. Y además ahora está demasiado preocupado por lo que pueda pasarle a Romano. Ya sabes que si Veneciano cae, él también."
Se aguantó espetarle que Antonio se había pasado la noche llorando por Gilbert. Hasta ese día, Antonio no había procesado realmente lo que iba a pasar. Francis nunca le había visto llorar. Era como si la condena de Gilbert fuese la gota que colmaba el vaso, demasiadas emociones juntas.
"Y mi hermano.."
"No me hables de ese idiota" soltó Francis fríamente. No quería hablar de Alemania. No ese día.
Prusia frunció el ceño. Estaba claro que Francia no digería que fuese él el que pagase él pato.
"Francis..."suspiró.
Se calló al ver lo que el otro le tendía. Una pinta de cerveza. Prusiana, de la mejor.
Parpadeó, sorprendido. Sabía perfectamente que a los Aliados no les hubiese hecho gracia.
"Gracias tío. Eres él mejor".
Francia apretó los dientes.
Si tan solo supiese quién iba a ejecutarle, no diría lo mismo.
