Disclaimer: Todo le pertenece a Rowling.

Este fic ha sido creado para el "Intercambio de Regalos 2014" del foro "La Sala de los Menesteres".

Para: Tooru Hally Beelia FrikiPotter.

Y aquí estoy con la cuarta viñeta, esta vez con Cedrella, quién se convirtió en una repudiada al casarse con el traidor a la sangre de Septimus Weasley. Ojalá te guste.


III

"And all the things that I wish I had not said, are played in loops til it's madness in my head" You Could Be Happy, Snow Patrol.

—Gael Selwyn es un hombre encantador, ¿no lo crees, Cedrella?

La aludida parpadea una, dos veces. No, por supuesto que Selwyn no puede entrar en la categoría de "Encantador". Ni en un millón de años.

—No, madre, no lo considero un individuo encantador.

Lysandra esboza un suave mohín al ver que no recibe una respuesta afirmativa por parte de Cedrella y arquea una ceja con elegancia.

—¿Y entonces a quién consideras alguien encantador?

La muchacha no sabe por qué la pregunta le resulta de cierta forma extraña, como si Lysandra Black estuviera preguntando algo obvio, algo de lo que sabía con anterioridad.

En realidad, Cedrella no podía esperar que la noticia no llegara a oídos de su madre. Ella parece saber los movimientos de cada individuo de la familia antes de que ellos mismos los realicen, como si los previera. Porque le gusta controlar. Lysandra necesita tener el control de la situación para así no dar un paso en falso.

—El ser humano es predecible, Cedrella —le dice de forma constante.

Pero aquello, lo que sucede entre ella y Septimus Weasley no es algo que pueda ser controlado con facilidad.

Sin embargo, la muchacha estaba bastante segura de que aquella situación no la había visto venir.

No es culpa de nadie. Las cosas suceden como lo hacen y nadie puede hacer nada al respecto; sólo atenerse a las consecuencias.

La muchacha espera a que su madre pronuncie el comentario que se ha estado guardando durante toda la tarde.

—Te han visto con Weasley, Cedrella.

Charis la observa con preocupación, intuyendo qué sucederá a continuación. Cedrella levanta la barbilla. Callidora sabría manejar la situación, pero ahora es Longbottom y ya no está con ellas. Ella la habría aconsejado sobre cómo manejar mejor las circunstancias.

—Weasley, Cedrella, Septimus Weasley —su madre sigue insistiendo al ver que su hija no contesta a su comentario—. Sabes perfectamente de lo que estoy hablando.

Cedrella permanece en silencio, impasible. Ahora ha golpeado la pared, pero no puede haber sido su culpa, ¿no? Bueno, quizás sí es en gran parte su culpa. Pero Septimus es un buen hombre y le quiere. Y ella lo quiere a su vez.

No le interesa en lo más mínimo que sea un traidor de la sangre. Ese sólo es un cruel término. Son sólo palabras.

La muchacha puede ver cómo su madre toma su silencio como una aparente afirmación.

—¿Acaso no tienes nada que decir, hija?

¿Se puede llenar el silencio? Hay palabras que están mejor conservadas en la cabeza. Pero es hora de admitir lo que está sucediendo, ni que estuviera avergonzada de sus acciones. Eso jamás.

—Él es bueno conmigo, madre, supongo que eso importante en una relación, ¿no crees?

La expresión de su madre cambia y se tiñe de decepción. Lysandra abre la boca para decir algo, pero Cedrella no ha terminado y necesita decirle algo más:

—Nos casaremos en dos meses.

Ellos estarán bien de todas formas. Con ella o sin ella, todo seguirá su curso, porque el mundo no se detiene y la vida sigue sin importar qué suceda.

Y una cuarta estrella había desaparecido del tapiz.