Warning: Contiene escena un poco explícita de Korrasami (Podría ser más explícita) pero igual, quedan advertidos :D
Sentada esperaba a la pelinegra en el comedor, suspiro, llevaban dos meses de ser pareja, todo iba bien, no entendía porque Asami había insistido en llevarla al polo sur, tenía negocios que atender, eso lo entendía bien, pero ir no era algo que le emocionara, allá se encontraba su familia, sus padres, y estaba segura de que las noticias de su reciente comportamiento había llegado a los oídos de esos dos, Tenzin era buen amigo de ambos así como Katara, volvió a suspirar pesadamente hasta que al fin divisó a su chica caminando hacia la mesa con un par de copas en la mano.
- Bebe esto, te encantará. – Dijo ella sonriendo.
- Gracias, Asami… en serio no creo que esta sea una buena idea.
- ¿Buena idea? Korra, cariño eso hubiera sido algo bueno para decir antes de subir al barco, ya estamos aquí, ahora deberías estar pensando en lo que harás al llegar.
- Me esconderé… - Murmuró pesimista, Asami sonrió y acarició su rostro, eso siempre lograba hacerla sonreír, había algo con ella que siempre lograba tranquilizarla.
- Todo saldrá bien, estoy segura de ello. – Escuchó su reconfortante voz.
- Deberás abrazarme bien todas las noches como recompensa por aceptar venir… - Insinuó alzando una ceja, enmudeciendo al sentir un suave beso sobre sus labios contempló los ojos verdes de la chica frente a ella.
- Hecho. – Respondió la más alta dirigiéndole una mirada pícara.
Al llegarse la noche habían arribado al puerto de la tribu agua del sur, bajando por el puente del barco se detuvo a contemplar la manera en que su aliento formaba una densa nube de vapor, estaba en casa, antes de que los nervios se pudieran apoderar de ella sintió la mano de Asami tomando la suya, el cálido guante comenzaba a aliviar el entumecimiento de su mano que por los nervios había mantenido firmemente cerrada en un puño. – Todo va a estar bien. – Volvió a escuchar, así ambas bajaron y caminaron hasta llegar a una moto que las esperaba, sabía que Asami tenía una reservación en el edificio presidencial, después de todo aquel era un viaje de negocios, lo que le causaba tantos estragos era saber que el presidente, el jefe de la tribu era nada más y nada menos que su padre, el grande y siempre respetable Tonraq, se hospedarían en su casa, con él y Senna, su madre, los vería, eso era un hecho, a ellos y a su antigua habitación, todo aquel lugar estaba lleno de recuerdos, no quería arruinarlos, no quería que la que una vez fue su cálida y comprensiva madre de pronto de volviera ajena a ella, y todo por seguir sus estúpidos impulsos, jamás debió haber robado nada, jamás debió haber hecho tantas fechorías, eso no se lo habían enseñado sus padres, no quería decepcionarlos, y ahora tenía miedo de verlos, Asami había insistido en que lo mejor era enfrenar las cosas cuanto antes y darles solución, tenía razón, eso era lo que debía hacer, pero los nervios destrozaban su razón ¿Qué se supone que debía decir? No era como si una simple disculpa fuera a bastar, nada iba a bastar.
Luego de un largo camino en la motocicleta al fin se encontraban frente a las puertas del imponente edificio de gobierno. - ¿Llegaste a vivir aquí? – Preguntó la ingeniera que parecía encantada con la estructura de aquel edificio.
- Si… ¿Impresionante no?
- Debo admitir que no esperaba otra sorpresa más de tu parte, ya sabes, luego de descubrir que eras el Avatar no creía que pudieras decirme algo más de ti que me pudiera tomar por sorpresa, y luego me entero de que eres la hija del jefe de la tribu agua del sur…
- Lo se, tengo una historia complicada… - Respondió sin poder cambiar su expresión de preocupación, ya estaban ahí, sus padres no esperaban verla.
- No es complicada, es interesante. – Contestó la ingeniera sonriendo, vamos. – Dijo tomando su mano y arrastrándola cada vez más cerca de la puerta.
El timbre sonó, sus piernas temblaban ¿Qué iba a decir? ¿Qué se supone que iba a decir? No lograba recordarlo, las enormes puertas se abrieron frente a ellas, detrás de estas había un joven, seguro trabajaba ahí.
- ¿Señorita Sato? – Preguntó el chico.
- Si. – Respondió Asami de forma profesional como siempre mientras que ella no lograba articular palabra alguna.
- Síganme por favor, no se preocupen por su equipaje, lo llevaremos a sus cuartos asignados.
Así comenzaron a adentrarse en el edificio caminando lentamente detrás del chico, por la dirección que llevaba estaba casi segura del lugar al que iban, la oficina de su padre, y no se había equivocado.
- Definitivamente esto es una mala idea… - Murmuró apretando la mano de Asami.
- Tranquila, respira, no pasa nada.
- ¿Qué se supone que le debería decir?
- Explica las cosas como son, solo di lo que sientes.
- Siento que estoy a punto de perder la conciencia ¿Eso servirá? – La pelinegra rió.
- Eres más fuerte que eso, vamos.
Y así de un momento a otro se encontraban frente a las puertas de la oficina.
- Entra. – Escuchó a Asami decir dando un pequeño empujón sobre su espalda, respirando profundamente juntó todo el valor que pudo para empujar las puertas que en ese momento parecían estar hechas del material más pesado y denso que pudiera existir en el mundo, al entrar enmudeció, su madre acomodaba un par de libros en el librero de su padre mientras que el fornido hombre parecía revisar algunos documentos importantes sobre su escritorio, la primera en dirigir su mirada hacia ella había sido su madre, entonces el tiempo pareció detenerse para las dos, poco después y tal vez debido al inusual silencio de su esposa Tonraq también alzó la mirada, boquiabierto contempló la figura de su hija.
- Pensé que… esperaba a, Asami Sato. – Balbuceo incrédulo.
- Está justo afuera… - Respondió sonriendo y rascando su nuca con nerviosismo, fue entonces que sintió la agradable y cálida sensación que le brindaban los brazos de su madre al rodearla, Senna lloraba sobre su hombro y llamaba su nombre, sin pensarlo correspondió al abrazo y hundió el rostro en su cabello disfrutando del distintivo aroma que siempre caracterizaba la dulce figura de su madre.
- Estaba tan preocupada cuando Katara nos dijo que habías escapado, mira, has cortado tu cabello… dios, pasaron meses Korra y nadie sabía nada de ti.
- Lo siento. – Murmuró, un par de lágrimas rodaron por sus mejillas.
- Pensé que algo te había pasado, algunos habían comenzado a buscar al nuevo Avatar entre la gente del reino tierra.
- Lo siento, en verdad lo siento, no supe nada de eso. – Intentaba calmarla acariciando su espalda, no podía soportar verla llorando y menos al saber que su pesar lo había causado ella.
- Nada, y años después llegaron noticias de que seguías con vida, de que habías causado un serio alboroto en Ba sing se.
Se escuchó la ronca voz de su padre en un tono de disgusto. – Tonraq… - Reclamo Senna. – No Senna, dime ¿Qué estabas pensando? – Suspiró, su madre había bajado la mirada.
- No lo se, creo que simplemente había dejado de pensar…
- Si ¿Y eso justifica las cosas? Korra, tenías una responsabilidad y no solo escapaste de ella si no que fuiste por ahí comportándote como una… ¡Como una criminal!
Aquellas palabras penetraban como agujas en su piel, no había querido decepcionarlo, pero tampoco quería vivir una vida vacía, ciñendo el entrecejo alzó la mirada para encontrarse con los ojos de su padre.
- No puedo justificar mi mal comportamiento, no me enorgullezco de lo que hice, pero de lo que si no me voy a retractar es de haber escapado, soy el Avatar y lo entiendo, mi misión es ayudar a la gente, ayudar al mundo, y está bien, pero lo que no puedo entender es ¿Por qué debo vivir en el anonimato? Quiero poder salir y vivir como el resto, no tener que vivir condenada a pasar el resto de mis días encerrada en una ciudad militar en espera de que algo pase para ayudar, o de que no pase nada para seguir ahí, ¿No quieren que la gente se entere de que existe un Avatar? ¡Perfecto! Puedo andar por ahí usando nada más que el agua control, o la tierra control, o cualquiera de los elementos, pero solo uno, no tienen porque enterarse, solo pido la oportunidad de poder tener una vida normal, de poder elegir el lugar donde pasar mis días, de poder elegir a mis amigos, así que no me retractaré, y no pienso volver con la orden del loto blanco.
- Te entiendo… - Escuchó sorprendida al mayor. – Nadie debería ser condenado a vivir un destino similar, las tradiciones se fueron distorsionando hasta volverse lo que son, y perdieron de vista el hecho de que el Avatar no es un arma, es una persona como el resto de nosotros, si, eso lo entiendo hija, y te apoyo en ello, pero eso no borrará las cosas que hiciste en el reino tierra.
- Lo se… - Respondió. – Robé varias cosas a distintas personas, pero te juro que es algo que no volveré a hacer.
- Creo en ti, en verdad creo en ti Korra, pero las autoridades del reino tierra exigen un pago.
- Eso corre por mi cuenta. – Escuchó la voz de Asami. – Pagaré al triple el valor del monto que se haya perdido en el atraco. – Tonraq parecía confundido, y no lo culpaba, después de todo, esa noche esperaba a Asami y no a ella, en su lugar llego ella y luego entra Asami diciendo que se encargaría de las cosas sin saber la relación que existía entre ellas o que si quiera se conocían.
- Padre, ella es Asami Sato, y por supuesto que no, no te dejaré pagar por mi. – Renegó.
- No es una propuesta Korra, ya lo decidí. – Respondió con tono imponente. – No importa la cantidad, lo pagaré al triple. – Insistió.
- Un gusto señorita Sato. – Habló el mayor. – La suma total no es algo para tomar a la ligera, aquí la señorita decidió entrar al edificio del presidente tierra y hurtar un par de objetos de valor elevado. – El rostro de Asami continuaba tranquilo reflejando aquella increíble seguridad que la caracterizaba.
- ¿Cuánto? – Preguntó. – Puedo cubrir con facilidad el valor de cuatro estatuas de oro sólido del tamaño de un globo volador.
Korra suspiró. – No, espera, Asami, está bien, yo me haré responsable.
- Silencio Korra ¿Recuerdas el contrato que firmaste? Dudo que lo hayas leído completo, es mi responsabilidad hacerme cargo de cosas como estas.
- Fueron un par de jarrones de la dinastía de los Thai Lee. – Confesó recordando la noche en que se había infiltrado al edificio, la chica de ojos verdes sonrió.
- ¿Qué hiciste con ellos?
- Se los cambié a un anciano por comida… los hurté por gusto no por su valor. – Confesó apenada. – Estaba molesta con todos los líderes del mundo y bueno, no estaba pensando. – Asami suspiro.
- No hay problema, los pagare. – Concluyó. – Esperaba que fuera más considerando la facilidad con la que ingresaste a mi compañía.
Tonraq parecía más que perdido, Senna en cambio parecía alegre al ver que aquel problema tenía ya una salida viable, legal y rápida. – Bien… creo que eso cubrirá la deuda, Korra hablaré contigo mañana, Asami, se que tienes trabajo aquí, Varrick vendrá temprano por la mañana… no se como podría agradecer lo que estas haciendo por Korra. – Agradeció él.
- No es nada. – Respondió ella sonriendo. – Es tarde, deben estar cansadas, Korra no te esperábamos aquí, pero tu habitación sigue donde mismo, tus cosas siguen intactas desde la última vez que estuviste aquí, así que sin problemas puedes dormir ahí, Asami el chico de afuera te llevará a tu habitación, esperamos que sea de tu agrado.
- No se preocupe, todo está perfecto aquí. – Dijo la ingeniera sonriendo con seguridad.
Korra miró a sus padres y suspiró ¿Sería demasiado decirles en ese momento que Asami era su novia? Prefería no aventurarse demasiado, una cosa a la vez, su padre había dicho que aún tenía cosas que hablar con ella, esperaría a eso y luego vería la manera de decirle lo de Asami, la chica de ojos verdes le dirigió una mirada pícara antes de salir, su pulso se aceleró. – Hasta mañana Korra. – La escuchó despedirse al salir de la oficina, no podía con eso, llevaba meses durmiendo con Asami, seis en la misma habitación, dos en la misma cama, perdida en la silueta de la más alta salió del trance al ver las puertas cerrarse tras de ella.
- Korra. – Escuchó a su padre. – No se como conociste a esa chica, pero espero que seas buena con ella, Industrias Futuro es una empresa respetable y muy poderosa, que haya aceptado ayudarte es un gesto muy generoso de su parte.
- Tranquilo… después de todo fue Asami la que me sacó de mi mala racha, jamás haría nada para lastimarla o decepcionarla. – Respondió de la manera más sincera, tal vez demasiado sincera pues su padre permanecía en silencio, alzando una ceja la observaba de forma curiosa. – Eso espero. – Al fin respondió, con una sonrisa nerviosa la joven morena desvió la mirada.
- ¿Hablamos mañana? – Comentó intentando desviar aquella extraña tensión, estaba segura de que la duda ya se había instaurado en la mente de su padre, Asami pagando sus deudas y ella hablando con entusiasmo sobre la ingeniera. – Hablamos mañana. – Escuchó el tono comprensivo de su padre, se sentía ligera, como si le hubieran retirado una tonelada de peso de encima, suspiró al sentir los fuertes brazos de su padre estrecharla con fuerza.
- Me alegra que estés bien.
- A mi me alegra volverlos a ver. – Respondió devolviendo el abrazo, luego de despedirse de ambos caminó hacia su habitación, su equipaje ya se encontraba ahí, reconocía todas sus pertenencias, tenía buenos recuerdos de ese lugar, aún así bufó, era demasiada la inquietud que le provocaba el no tener a la pelinegra ahí a su lado antes de dormir, sacando de una de las maletas su pijama se cambió, luego se dirigió a la cama y tomo la cobija más gruesa y un par de almohadas, asomando la cabeza por la puerta se aseguró de que no hubiera nadie a la vista, con cautela avanzó por los pasillos hasta llegar a la habitación de Asami, sin molestarse en llamar a la puerta la abrió haciendo uso del metal control y se introdujo en la habitación, las luces se encontraban apagadas y la pelinegra yacía recostada en la cama cubierta por las cobijas, al acercarse dejó las almohadas a un lado de la cabeza de Asami para poder colocar encima la cobija que había llevado consigo.
Introduciéndose entre las cobijas sonrió al sentir los brazos de Asami recibiéndola.
- ¿Frío?
- Bastante… que bueno que trajiste otra cobija.
- Te acostumbrarás luego de un par de días.
- Lo dudo.
Sus labios se encontraron en medio de un cálido y profundo beso, podía sentir los dedos de la ingeniera acariciando su cabello, sonrió. – Gracias… por lo del dinero.
- No hay nada que agradecer… como lo dije antes, está todo estipulado en el contrato que firmaste. – Respondió con tono juguetón, Korra bufó.
- Ya admite que lo hiciste solo por tratarse de mí. – Insinuó cerca de sus labios, Asami rió.
- Me deberás mucho Avatar.
- Si. – Murmuró rendida antes de volver a perderse en un profundo beso, las manos de Asami la sostenían con firmeza sobre su cintura pegándola más a ella, suspiro, comenzaba a escuchar el retumbar de su propio corazón en sus oídos, su rostro hervía, hasta el momento no habían pasado de eso, entre ellas no había ocurrido algo más allá de suaves besos y caricias, pero la simple idea de llegar a aventurarse un poco más ya causaba estragos en su interior, el aroma de Asami era irresistible, embriagante.
- Toda esta semana estarás obligada a dormir conmigo amor, eres un buen remedio para el frío… comienzas a acalorarme. – Escuchó la sensual voz de la de ojos verdes.
- Tal vez deberías quitarte un par de prendas para que dejes de sentir calor… - Insinuó perdida en el agradable sabor y textura de la piel del cuello de la pelinegra que suspirando continuaba acariciando su cabello.
- Dudo que eso ayude… - Respondió agitada, Korra sonrió. – Podrías intentarlo. – Insistió, sentía su cuerpo hervir, había sido Asami la que al inicio de la relación sugirió esperar un poco, llevar las cosas un poco más lentas para disfrutarlas mejor, pero en ese preciso momento no tenía la voluntad necesaria para detenerse, una de sus manos comenzó a escalar lentamente por debajo de la blusa de la pelinegra acariciando su pálida piel, pudo escuchar un suspiro escapar de los labios de su chica, al parecer no se opondría a que continuara, sintiendo como el corazón le palpitaba a toda prisa comenzaba a acariciar el suave contorno de uno de los pechos de la pelinegra, ya que vestía ropa cómoda para dormir no llevaba un sostén puesto, contuvo la respiración al irse acercando cada vez más a la zona sensible…
- Disculpa Asami ¿Sigues despierta? – Se escuchó la voz de Toneaq del otro lado de la puerta, sorprendida la chica de ojos verdes empujó a la morena hacia un lado haciéndola caer directo al piso, el sonido del golpe fue amortiguado por las cobijas que también cayeron junto a la joven Avatar.
- ¡Voy! – Respondió la pelinegra poniéndose de pie, tomando su bata del respaldo de una silla se cubrió y al fin abrió la puerta solo lo suficiente para que su rostro fuera visible. - ¿Qué ocurre? – Preguntó pareciendo adormilada.
- Lo siento ¿Te desperté? Es solo que… Korra me dijo que tu la ayudaste a salir del desastroso ritmo de vida que llevaba, se que mañana tendrás un día ocupado con Varrick y que tal vez así será el resto de tu semana aquí, por eso quería asegurarme de agradecerte, Korra no es una mala jovencita, es solo que ha pasado por tantas cosas, en fin. Gracias, por ayudarla a salir de sus problemas y por lo del dinero, cualquier cosa que se te pueda llegar a ofrecer… lo menos que puedo hacer para agradecerte es asegurarte nuestro apoyo, cuentas con Senna y conmigo para lo que necesites.
Una cálida sensación invadió su pecho, tal vez tenía que ver con el hecho de saber que Korra era su novia y que era su padre el que le agradecía de manera tan atenta.
- No hay nada que agradecer, se lo aseguro, conozco a su hija dese hace ocho meses y eso ha bastado para darme cuenta de que es una buena persona, la ayudo porque la aprecio mucho… - Haciendo una pausa desvió la mirada por un momento, no solo la apreciaba, la quería, Korra era su nueva familia y hablar sin mencionarlo la hacía sentirse de nuevo de 16 años, un par de chicas manteniendo una relación a escondidas de sus padres, la idea le parecía divertida pero solo si la situación era temporal, claro, era responsabilidad de la morena informarle a sus padres sobre su relación, así que no se adelantaría a las cosas.
- Pero de cualquier manera, agradezco mucho que me otorguen su confianza y apoyo. – Concluyó sonriendo, la mirada del jefe rebozaba felicidad. – Me alegra que Korra haya encontrado una buena amiga. – Comentó. – Buenas noches señorita Sato, de nuevo, lamento haberte despertado. – Asami sonrió con calidez. – No hay problema, buenas noches. – Concluyó contemplando como aquel hombre se alejaba por el pasillo.
- ¿No podía haberse esperado al amanecer? – Renegó la morena acomodando de nuevo las cobijas sobre la cama, Asami rió. – Tu padre es encantador.
- E inoportuno. – Agregó Korra. – Lo siento cariño ¿Te lastimaste? – Preguntó la más alta con una sonrisa acercándose a la cama para acomodarse a su lado arropándose bajo las cobijas. – Estoy bien. – Respondió.
- Abrázame. – Pidió la de ojos verdes. – De nuevo tengo frío. – Korra sonrió y obedeció de inmediato.
- Eres muy cálida… - Suspiró Asami dejándose envolver por los brazos de la morena. – Y tu muy linda. – Murmuró Korra a su oído, usaba un poco de fuego control para calentarse y así poder brindarle calor ala pelinegra, había bastado escuchar la voz de su padre para calmar toda la ansiedad que antes invadía su cuerpo, Asami también parecía más tranquila, acurrucadas una entre los brazos de la otra poco a poco se fueron perdiendo en un agradable y profundo sueño.
Varrick, un hombre enérgico, demasiado enérgico, pensaba al contemplarlo ir y venir por la sala de juntas en la que se encontraban, hablaba con voz fuerte, sus brazos subían y bajaban haciendo énfasis en sus palabras, arqueando una ceja se dio cuenta de que era incapaz de retirar su mirada de aquel hombre, todos los presentes guardaban silencio escuchando el discurso que por alguna razón luego de haber empezado con un tema serio había terminado en una extraña anécdota sobre Varrick y un viaje a una montaña misteriosa llena de criaturas místicas.
- Asami… - Murmuró cerca de su oído.
- Lo se. – Respondió la de ojos verdes que parecía también sorprendida.
- ¿Crees que esté bien de la cabeza?
- Lo dudo. – Respondió con tal seguridad que la morena batallaba para aguantar su risa, ambas sonreían intentando mantener su postura, en eso la diversión se vio interrumpida cuando Zhu Li, la joven esposa de Varrick se acercó a Korra tocando su hombro.
- Disculpa ¿Korra cierto? – Murmuró ella. – Si. – Respondió mirándola esperando un escarmiento. – Te habla el jefe Tonraq, está justo afuera de la sala. – Sorprendida miró hacia la puerta donde detrás del cristal se miraba la figura de su padre.
- Está bien, ve. – Murmuró Asami dirigiéndole una cálida sonrisa. – De todas formas esto no parece que valla a terminar pronto.
- Volveré pronto, llámame si sales antes. – Se despidió estrechando la mano de su chica por debajo de la mesa de juntas antes de ponerse de pie y salir de ahí.
Sonriendo caminaba por la orilla del mar, contemplando el color blanco que cubría el paisaje recordaba sus días de infancia en aquel lugar.
- Korra… - Inició su padre.
- Dime. – Respondió tranquila.
- Sabes que no puedes escapar para siempre…
- Lo sé… cuando llegue el momento los enfrentaré, pero no pienso volver. – Respondió con tono serio afilando la mirada.
- Sabes que este tema es más serio que eso. – Insistió el mayor.
- Es serio, pero también es mi vida, no voy a declinar mi puesto, seguiré cumpliendo con mis deberes de Avatar, pero no pienso vivir recluida, viviré con Asami en Ciudad República. – Dictó mirando directamente hacia los ojos de su padre, silencio, no iba a apartar la mirada, no iba a dudar, su lugar era ahora al lado de la chica que tenía cautivado su corazón, ella la hacía sentirse normal, ella podía ver a través de todos sus problemas y errores pasados, a su lado se sentía a gusto, feliz, completa.
- ¿Has pensado en Asami? La orden del loto blanco la podría meter en problemas.
- Si, ella sabe, ella lo sabe todo, le dije, le advertí, aún así me ofreció su ayuda y su apoyo…
- ¿Sabe que eres el Avatar?
- Sabe que escapé, sabe quien soy, sabe lo que he hecho y aún así sigue a mi lado, quiero estar con ella. – Sus ojos se abrieron ampliamente al darse cuenta de lo que acababa de decir, Tonraq la miraba con atención. – Korra… ¿Hay algo que me quieras decir sobre Asami y tú?
- Tal vez. – Suspiró. – Asami es mi novia. – Confesó desviando la mirada, pudo escuchar un profundo suspiro escapar de los labios de su padre, atreviéndose a alzar la mirada para examinar la expresión en el rostro del mayor se sorprendió al encontrar una suave sonrisa.
- Senna me dijo que en la mañana te vio salir muy temprano del cuarto de Asami, fue ahí que vinculamos el hecho de que se haya ofrecido de tan buena voluntad a pagar tus deudas y de que tu mirada destellara al hablar de ella. – Sus mejillas se ruborizaron de inmediato. – ¿Mi madre lo sabe?
- No lo tiene confirmado, pero me dijo que era lo más probable… es tu madre, sabes que a ellas es difícil engañarlas. – Korra sonrió. - ¿Y que piensan al respecto?
- No se tu madre, pero yo creo que si ella fue suficiente para hacerte entrar en razón respecto a tus fechorías, entonces por mi está bien… además.
- ¿Además? – Insistió ella alzando una ceja y sonriendo.
- Es difícil imaginarte al lado de un chico con el carácter que tienes… y Asami es muy linda. – Korra rió. – Gracias padre. – Dijo al abrazarlo.
- Sabía que tarde o temprano aparecerías por aquí Korra, Tonraq me alegra que hayas recuperado a tu hija, pero las cosas no serán así de sencillas y eso lo saben bien. – Se escuchó la ronca y dulce voz de una anciana.
- Maestra Katara. – Murmuró Korra, ciñendo el entrecejo resopló. - ¿Te mandaron por mí?
- No, vine a hablar contigo por interés propio… Korra, no tienes porque temerme, llevo un par de años sin ser un miembro activo de la orden del loto blanco, hay otra persona asignada a esta ciudad, también lo conoces, así que si ves su rostro no dudo que lo reconozcas de inmediato como miembro de la orden, de cualquier manera, no es eso a lo que vengo, vine a hablar contigo sobre la mejor manera de quitarte a la orden de encima.
Sorprendida observaba a su vieja maestra de agua control. – Korra, mi esposo fue el anterior Avatar, entiendo a la perfección la situación por la que estas pasando, Ang vivió luchando por encontrar una manera más equilibrada de mantener su vida como Avatar, nos conocimos en la orden, yo era una joven maestra de agua control y él era el Avatar, con el tiempo nos enamoramos y fue entonces que él comenzó a buscar alternativas, no quería que sus hijos vivieran dentro de la ciudad militar de la orden, después de todo no era un buen lugar para criar a nuestros hijos… tienes una ventaja, ahora la comunicación entre las naciones y entre la mayoría de las personas es casi ilimitada, las noticias van y vienen rápido, tengo entendido que vives con Asami Sato, su empresa patrocina muchas otras pequeñas empresas, patrocina grandes eventos, por si misma es casi dueña de la mitad de Ciudad República, es una importante exportadora de materiales entre las naciones, fuiste a dar a un excelente lugar con esa chica Korra.
- No quiero envolver mucho a Asami en esto. – Respondió. – Si, eso lo entiendo, pero ¿Cuál crees que ha sido la principal razón por la cual el loto blanco no te ha perseguido en Ciudad República? Asami Sato puede causar muchos estragos, puede hacer que muchas personas se enteren de que el Avatar no es solo una criatura mítica, saben que vives con ella Korra, te vigilan de cerca, pero si te desaparecen a ti también deberían silenciar a Sato lo cual causaría gran conmoción en el mundo, Asami no tiene familia con la cual la puedan amenazar y es una chica de fuerte voluntad y determinación de hierro, se que su relación aún es joven, pero es cuestión de tiempo antes de que la orden encuentre una manera de volver a tenerte bajo su control… usa la mente Korra, son los medios a los que ellos temen, las cámaras, la atención.
Korra suspiró, Asami era su mejor boleto de salida de todo aquel lío, pero no podía involucrarla de tal manera, simplemente no lo quería así. – Es tu decisión joven Avatar. – Sonrió Katara de forma cálida. - ¿Has podido contactar con tus vidas pasadas? – Preguntó la anciana sin dejar de sonreír.
- Eso creo, pero Ang nunca me habló de ti.
- Te ha enseñado solo lo necesario para tu correcto desarrollo, además, si te hablaba de mi se vería obligado a hablarte de sus intentos por librarse del loto blanco, lo más probable es que no quería despertar inquietud en ti.
- No me hizo falta. – Respondió la morena sonriendo.
– Cuídate Avatar Korra, estoy segura de que puedes lograr un cambio en el curso de todo esto, el Avatar no es un arma de guerra, cambia la historia, Ang no logró escapar… no heredes el mismo destino a tus vidas futuras, si eso ocurre ten por seguro que el destino del Avatar será imposible de cambiar, el tiempo avanza, ellos también comienzan a utilizar la tecnología a su favor, no era nuestro deseo que Tenzin, Kya y Boomi fueran miembros de la orden, piénsalo Korra, el Avatar merece su libertad. – Se despidió Katara desapareciendo entre una nube de nieve.
- ¿Tu sabías que ella era la esposa del Avatar Ang? – Cuestionó mirando a su padre de forma severa, Tonraq se apresuró a negar con la cabeza. – No tenía idea de que el Avatar existía hasta que tú hiciste una rabieta donde lanzaste fuego y rocas al mismo tiempo cuando tenías cuatro años…
Ambos rieron, el teléfono de Korra sonó, Asami, la junta había terminado, era momento de volver. El resto del día transcurrió con tranquilidad, dando un paseo por la ciudad le mostró a Asami todos sus lugares preferidos, le contó sobre el festival anual que se celebraba en honor a los espíritus, le contó sobre las luces que danzaban hermosas en el cielo nocturno, la llevó a su restaurante favorito de fideos para mostrarle la diferencia entre la verdadera cocina de la tribu agua del sur y las imitaciones que había en la ciudad, se sentía feliz, absurdamente feliz por poder compartir con la chica que tanto quería el gusto por su ciudad natal.
Llegada la noche ambas se encontraban sentadas en la orilla de una enorme placa de hielo cubierta de nieve desde la cual se podía apreciar toda la ciudad y sus luces mientras que en el cielo se mostraba un animado arcoíris ondulando de un lado a otro.
- Es hermoso Korra. – Comentó la pelinegra. – Lo se… - Respondió perdida en sus pensamientos, las palabras de Katara resonaban en su cabeza, el loto blanco no se rendiría, no sin antes dar batalla, suspiró.
- ¿Te ocurre algo? – Preguntó la más alta dirigiendo su atención hacia ella.
- No, nada – Se apresuró a responder moviendo sus manos abiertas de lado a lado frente a su pecho en forma de negación.
- Luego de que volvieras del paseo con tu padre te noto algo… pensativa.
- Ah no es nada… - Mirando las luces que se proyectaban en el cielo sonrió. – Le dije a mi padre que eres mi novia. – Los ojos de Asami se abrieron ampliamente en sorpresa.
- ¿Qué? ¿Tan rápido? Quiero decir… si quería que supieran pero… ¿Tan rápido? ¿Qué te dijo? – Preguntó entre nerviosa y entusiasmada pues le interesaba que Tonraq y Senna la aceptaran como la pareja de su hija, Korra rió.
- Que había sido muy obvio, además parece que mi madre me vio salir de tu habitación hoy en la mañana. – Las mejillas de la pelinegra se tornaron rosadas. - ¡Korra! Te dije que salieras con cuidado… ahora seguro pensarán que hicimos otras cosas además de dormir.
Una sonrisa pícara se dibujó en el rostro de la morena. – Así hubiera sido si mi padre no hubiera decidido aparecer a media noche a dar un hermoso discurso de agradecimiento.
- ¡Korra! – Reclamó Asami sonriendo para luego ser envuelta entre los fuertes y cálidos brazos de la morena. – Es tu culpa por ser tan hermosa. – Murmuró Korra perdida en la imagen de aquellos orbes verdes, sus labios se unieron en un cálido y profundo beso que de inmediato logró eliminar toda sensación de frío del cuerpo de la ingeniera, un suspiro escapó de aquellos labios color carmín.
- Debo causar una buena impresión frente a tus padres. – Murmuró observando la manera en que sus respiraciones chocaban formando una densa nube de vapor. – Tú siempre dejas una buena impresión, no importa a done vallas o que diablos decidas vestir, eres elegante, refinada, muy correcta al hablar e increíblemente bella… creo que es imposible que tú puedas llegar a dejar una mala impresión en alguien.
Asami sonrió, estaba acostumbrada a ser alagada por muchas personas, pero solo las palabras de Korra causaban esa extraña y muy satisfactoria sensación de alegría, su corazón se estremecía ante las dulces palabras de su amada, volviendo a sus labios se perdió en su calor, sus lenguas rozaban, iban y venían, su corazón enloquecía y todo por culpa de aquella única chica, la dueña de todos aquellos fuertes y profundos sentimientos, Korra.
Habían vuelto tarde a casa, de madrugada, entre juegos con la nieve y otro paseo por un restaurante para conseguir algo de cenar el tiempo se había pasado más rápido de lo usual, Asami temblaba, tiritando por los escalofríos que recorrían su espalda frotaba sus brazos en busca de un poco de calor, aquella ciudad calificaba como la que poseía el clima más frío de todos los lugares en los que había estado y aún así Korra se movía con toda naturalidad, una vez adentro se dejó guiar por la morena entre los pasillos hasta su habitación, al entrar la puerta se cerró detrás de ellas, suspirando comenzaba a recuperar un poco el calor de su cuerpo.
- Observa, mi habitación. – Comentó victoriosa la de ojos azules extendiendo los brazos, Asami sonrió. – Así que aquí pasaste tus días… ¿De infancia? – Korra sonrió.
- Claro, toda mi infancia hasta los doce, mis entrenamientos hasta entonces eran básicos, físicos y solo agua control, ningún otro elemento, el secreto debía mantenerse, así prepararon mi cuerpo para la autodefensa, luego me llevaron a su ciudad militar donde me comenzaron a instruir con el resto de los elementos que yo claro ya manejaba… desde pequeña se me facilito el uso de los cuatro elementos, batallé un poco con el aire control pero luego de dominarlo llegó lo verdaderamente difícil, conectarme a mi lado espiritual, aún así visitaba a mi familia cada dos meses, se me estaba permitido pasar una semana aquí, pero era difícil, los chicos de mi edad habían crecido juntos y yo rara vez estaba, era difícil integrarme, así que debí buscar otras maneras de divertirme por mi misma y por eso mi habitación se encuentra repleta de revistas, libros, figuras y todo lo que puedes ver, con el tiempo me cansé de vivir así y bueno, escapé del loto blanco para ir en busca de una vida más conectada con la sociedad, quería tener amigos, ser más normal, y en fin, el resto te lo conoces bien. – Concluyó sonriendo.
- ¡Increíble! Korra tienes muy buenos libros aquí, no creí que fueras una amante a la lectura.
- No lo soy, pero eran buenos libros y no había nada más que hacer. – Rió. – Si gustas puedes llevarte los que te interesen.
- Oh, claro que los empacaré de regreso a Ciudad República. – Respondió la pelinegra inspeccionando cada uno de los títulos, aquella habitación reflejaba la esencia de la morena, los libros se encontraban acomodados en su repisa pero en un orden aleatorio, las paredes tapizadas en posters, un sillón se posaba frente a un televisor debajo del cual descansaban varias consolas de juegos de vídeo, en otro mueble un par de figurillas de acción, había todo tipo de cosas, volviendo su mirada hacia la morena la contemplo sentada en la orilla de la cama sonriendo, el encantador azul de sus ojos la seguía fielmente.
- Deja de mirarme así… - Reclamó alzando una ceja, entonces aquella blanca sonrisa se volvió más amplia haciendo sus piernas temblar. – Te miraré como yo quiera Sato… es mi trabajo vigilarte, me pagas por hacerlo. – Ambas rieron, dejando los libros que había separado del resto sobre un escritorio caminó aproximándose lentamente a la morena.
- Dudo que aquí valla a llegar alguien a amenazar la seguridad de mi persona. – Pronunció con tono seductor de pie frente a ella. – Es mejor prevenir. – Respondió la de ojos azules extendiendo sus manos para poder tomar las de ella y así obligarla a acercarse.
- Asami… - Murmuró, la pelinegra ahora se encontraba sentada sobre ella descansando ambas piernas a los costados de su cuerpo, ella acariciaba suavemente su rostro, manteniendo sus frentes en contracto cruzaban miradas, bastó una breve desviación de los ojos de la morena fijándose sobre los labios color carmín de la ingeniera para desatar un apasionado beso, los dedos de Asami se engancharon a su cabello, podía sentir el firme agarre sobre ella obligándola a fundirse más en el beso, la podía notar ansiosa, la temperatura volvía a subir, sus manos se aferraban a aquellas irresistibles caderas que siempre lucían tan bien en elegantes vestidos rojos, Asami suspiraba contra sus labios, apartándose un poco del beso pudo tener contacto con aquella increíble mirada, un verde con el cual podía divagar el día entero.
Botas, chamarra, bufanda, guantes, aquellas prendas ahora yacían en el suelo, no podía detenerse, la blanca y suave piel de la ingeniera la invitaba a seguir. – Estamos en casa de tus padres… - Murmuró Asami, podía notar su pecho subir y bajar debido a la agitación, perdida en la agradable imagen que tenía frente a ella no podía evitar cazar cada una de sus reacciones, la blusa de Asami había sido retirada hacía un par de segundos, ahora contemplaba su hermoso abdomen descubierto y aquellos redondeados y suaves pechos cubiertos por fina lencería color de rojo, el cierre del pantalón de la ingeniera se encontraba abierto permitiéndole ver la orilla de su ropa interior, su sangre hervía, poco importaba el lugar donde se encontraban, Asami seguía siendo Asami y no podía evitar los sentimientos que aquella mujer despertaba en ella.
- Así será más interesante… - Murmuró a su oído antes de apretar con la mano izquierda uno de sus pechos, el suave gemido que escapó de los labios de la pelinegra logró erizar su piel, jamás la había escuchado realizar tal sonido, agradable, seductor, excitante, conteniendo la respiración continuó acariciando y apretando aquella zona de su cuerpo causando así que más gemidos siguieran al primero. – Korra. – La escuchó llamarla.
Bajo las cobijas sus cuerpos desnudos, era la primera vez que la podía sentir de esa manera, luces apagadas, el resplandor blanco de la luna sobre sus pieles les permitía ver sus siluetas, podía sentir el firme agarre de las manos de Asami sobre su espalda a medida que continuaba meciéndose sobre ella, suspiros, jadeos, gemidos, podía escuchar su nombre ser pronunciado como susurros seductores cerca de su oído, sus pechos rozaban y se presionaban contra los de ella, toda aquella situación la tenía sumida en una ola de agradables y placenteras sensaciones, la humedad que había entre sus cuerpos iba en aumento, fundiendo sus labios en un beso apasionado y con falta de aire se perdía en aquel excitante abrazo, las uñas de Asami comenzaban a apretar más contra su espalda, la fricción entre ellas se volvía cada vez más intensa hasta llegar al punto de escuchar la cama rechinar al ritmo de sus movimientos.
- Asami. – Pronunció agitada al sentir su cuerpo estremecerse, el cosquilleo entre sus piernas se había vuelto intenso, palpitaba en excitación, gimió, la pelinegra continuaba friccionando su cuerpo contra ella, su cuello comenzaba a ser besado y suavemente mordido, suspiro, se encontraba en su límite, en eso escuchó un agradable, suave y ahogado gemido ser atrapado entre los labios de la ingeniera al tiempo que esta la abrazaba con fuerza, luego del estremecimiento Asami relajo su cuerpo suspirando lenta y profundamente. – Te amo. – Retumbó aquella palabra en sus oídos ¿No era demasiado pronto para decirlo? Sus mejillas sonrojadas, su corazón enloqueciendo, aquello había sonado demasiado bien, la voz de la de ojos verdes lograba hacerla temblar.
- Y yo a ti. – Respondió sin dudarlo antes de besarla lenta y profundamente, el tiempo parecía no importar, la amaba, podía asegurarlo, no quería estar sin ella, acurrucada a su lado disfrutaba del poder escuchar su tranquila respiración, Asami Sato, la persona por la cual estaba dispuesta a enfrentarse a lo que fuera.
La mañana llegó, al abrir los ojos se sorprendió pues Asami no se encontraba a su lado, mirando alrededor buscó su teléfono para revisar la hora, 10:00 AM, sus ojos se abrieron ampliamente ¿En verdad había dormido tanto? Seguro Asami ya se encontraba en otra reunión de negocios, bufó, valla manera de cumplir con su trabajo de cuidarla, renegó internamente, entonces vio una pequeña nota sobre el escritorio, haciendo uso del aire control la hizo volar hacia ella, era la letra de Asami.
"Buenos días dormilona, lo siento, me tuve que ir temprano a la reunión con Varrick, te iba a despertar pero lucías demasiado linda descansando, volveré antes del medio día, tus padres se aseguraron de que los acompañara a desayunar así que no te preocupes por eso, son encantadores Korra, hablamos un poco y parecen conformes con nuestra relación. Nos vemos dentro de unas horas. Te amo."
Sonrió, suspirando se volvió a dejar caer de espaldas sobre la almohada, se sentía como una adolescente, perdidamente enamorada, enloquecida por la simple imagen de aquella persona que le hacía sentir un montón de mariposas en el estómago. Luego de bañarse y de un agradable desayuno hecho por su madre escuchó como llamaban a la puerta, al abrir se encontró con la alegre mirada de la pelinegra.
- ¡Buenos días! – Saludó Asami con entusiasmo.
- Buenos días… - Respondió sonriendo. - ¿Por qué llamas a la puerta? Creía que ya podías entrar y salir sin problemas.
- Así es, pero quiero mostrarte algo, ven. – Ordenó la ingeniera caminando hacia el Satomovil que se encontraba estacionado a un lado de la banqueta, curiosa caminó detrás de ella, Asami se agachó buscando en el asiento trasero, entonces notó como tomaba algo entre sus manos, parecía pesado, boquiabierta observó a su chica acercarse haciendo entrega de lo que parecía ser un enorme cachorro de perro oso polar.
- ¡Asami! Dios… Es hermoso. – Exclamo sosteniendo al peludo y suave animal entre sus brazos, Asami sonrió. – Hermosa, es una niña. – Corrigió. – La compré para salvarla de las garras de Varrick, dice que él y su esposa salieron en la madrugada aventurándose en las profundidades de la tundra en busca una de sus criaturas de leyenda, no encontraron nada de lo que Varrick buscaba, en cambio encontraron a esta pequeña sola temblando acurrucada cerca de una roca, él la quería para exhibir y entrenar como a una bestia exótica, desde chica estoy en contra de ese tipo de cosas, usarlos para exhibición me parece algo cruel.
- ¿Podemos quedarnos con ella? – Preguntó Korra con entusiasmo, Asami arqueo una ceja.
- ¿No es alo grande?
- No importa... la entrenaré.
- Está bien… - Sonrió. – De cualquier manera sabía que dirías eso, siempre me has dicho lo mucho que te gustaría tener una mascota, planeaba en regalarte una… pero no una tan grande. – Korra sonrió. – Naga… ese será su nombre.
- Suena bien. – Concordó Asami, Korra parecía encantada con el cachorro, era imposible decirle que no, aún así, era demasiado obvio que aquella bola de pelos crecería para alcanzar dimensiones considerables. – ¿Has visto que tan grandes crecen esos animales? – Preguntó curiosa, Korra arqueo una ceja, luego de meditar un poco sonrió.
- Pues son grandes. – Respondió la morena sonriendo ampliamente. - ¿Qué tan grandes? – Insistió.
- Lo suficiente para que dos o tres personas los puedan montar sin problemas…
- Mas vale que la entrenes bien. – Amenazó sonriendo. – Serás tu quien limpie sus regalitos. – Continuó cruzando los brazos.
- No te preocupes cariño, yo me encargaré de todo. – Aceptó Korra acercándose para besar con suavidad los labios de la ingeniera que sin dudarlo correspondió al beso rodeándola con sus brazos.
- Y la cama será solo para nosotras dos ¿Entendido? Ella tiene que tener una cama a parte. – Murmuró con tono pícaro contra sus labios. – Entendido señorita Sato. – Respondió la morena sonriendo.
Saludos, luego de una larga semana de exámenes y trabajos me reporto con otro capítulo, espero y les haya gustado ;) gracias a todos por seguir la historia, y a todos los que han comentado, sigan comentando que me agrada leer sus opiniones. Esperen el siguiente capítulo ^^
Con la reciente imagen que nos regaló Bryan andamos todos pero contentos xD Keep Calm and Love Korrasami, nos vemos, cuídense, pasenla bien, chauu!
