Disclaimer: Dragon Ball y todos sus personajes son creación de Akira Toriyama.
"Mil Años Vive la Grulla"
IV: Mal sueño
Un Darkfic de Tsuru, Roshi, y Baba
Por
Esplandian
La boca se abría en un rugido mudo.
Tibio. Vivo…
Si fuera un adulto le causaría temor la afirmación de que aquella mascara desprendía un aliento de vida. Pero lejos de darle miedo, continúa el recorrido con el dedo índice, delineando las facciones que se parecía mucho a la del hombre verde que bajó del cielo, en el día que mamá y papá y abuelita no hablaron de nuevo, ni nunca jamás.
El párvulo asoma su pueril carita detrás de la máscara, deteniéndola precariamente con sus pequeñas manos manchadas de polvo. En su infancia carente de juegos y risas…
— ¡Pai Pai, aléjate de inmediato! ¡Tú no tocando eso!—y el brusco agarre de la muñeca que le sigue.
— ¿Por qué?—sopesa de nuevo la tibieza de la frente con el dedo índice, reticente a dejar la cara falsa.
—Está sucio, y no ser tuyo. Eso ser de Madam Baba.
Hermano Tsuru ya no sonríe ni ríe y aunque grite, y se enoje mucho, Pai Pai le quiere igual y mucho. Si obedece el mandato no es por consideración a Baba…
—Shí…
Tsuru es su mundo, su todo. Por él, y sólo por él, renuncia a la máscara: se resigna a regresarla a la pila de antigüedades descartadas, donde descansan cofres, sarcófagos, esferas relucientes de múltiples tamaños, jarrones y cofres de valor incalculable; esas reliquias adormecidas por el desuso…
La magia pesa en el ambiente como una mortaja en la penumbra: una ultima mirada a la mascara.
En los ojos del niño cruza una breve chispa de codicia. Sus manitas se cierran en puños, obligando así a los deseos del corazón extinguirse. Finalmente, Pai Pai abandona la máscara a la pátina que depreda, al olvido…
—Es un niño muy obediente, tengo que admitirlo. Mi hermano simplemente hubiera intentado esconderla. Se creía muy ingenioso—comenta la adivina desde la escalera móvil, recorriendo los libros de los múltiples, altísimos estantes de la mohosa biblioteca privada—. Roshi tenía pinta de sinvergüenza desde entonces.
—Por que no soplendelme en lo absoluto…—dijo el joven Maestro Grulla, cerrando un polvoriento grimorio de golpe.
En opinión de Tsuru, nada conocido causaba tantos problemas como aquellos que llevaban la propia sangre. Su hermano Tao era la prueba viviente de ello. Dos años, casi tres, de su corta existencia habían sido suficientes para reunir un repertorio de todo lo difícil de lidiar, pero nada que un poco de disciplina no pudiera solucionar…
Tsuru-sennin exhaló, si el pequeño Tao no estaba jugando con demonios o molestando a Baba, se dedicaba a preguntar incesantemente.
—Tú sentalte aquí, ¡y tú no moviendo de sitio! ¿Entendido? Hermano Tsuru estar muy ocupado buscando libro y mapa del Señor Mutaito…
Su hermanito asintió con la cabeza, balanceando los pies al borde de uno de los rusticos sillones de terciopelo rojo que poblaban la biblioteca. Cayendo presa del sopor usual que induce la comodidad.
—Pa-ja-riiii-to— con adorable inocencia, señala a lo alto de la cúpula, poco antes de cerrar sus tiernos parpados. Tsuru-Sennin no puede evitar levantar la mirada en alerta.
Un apresurado aleteo, un bulto oculto en la sofocante oscuridad del techo; y el chirrido de una voz de sierra oxidada.
"Abre ventanas, juega conmigo
en lunas llenas, terrón de azúcar.
Canción de cuna, ojos de lince,
dulce criatura de sangre dulce…"
El joven Maestro de la Grulla arde en ira, tomando un pisapapeles de diseños arcanos y lanzándolo a lo alto, hacia el depredador oculto en la penumbra.
— ¡Largo de aquí, demonio despleciable!
El pisapapeles falla en golpear al objetivo, siendo recibida la afrenta con una maligna sonrisa de media luna. El golpe seco del objeto en una mano con uñas de ganzúa, y una cadena de improperios de boca del humano.
—Tsuru, ¡ya déjalo!—lo espeta la hechicera de cabellos magentas, terminando de bajar de la escalera móvil con un par de rollos en mano. Las alas de múrcielago esfumandose por la puerta abierta.
— ¿Y dejar que pequeño Pai-Pai ser devorado por demonio? ¡Ni soñarlo!
—Qué ignorante eres—bufa depositando los documentos sobre una mesita—, el Hombre Drácula es un vampiro, no un demonio. Y yo que tú, me fiaría menos de los hombres, que pretenden ser lo que no son…
— ¿A que tú refelil con eso?
—A lo que me estoy refiriendo. Ahora dime, ¿qué fue lo qué estuviste haciendo todo este tiempo?—la pregunta inevitable.
—Bien, ¡nosotros volver a lo mismo!—el antiguo alumno de Mutaito se reacomoda los lentes rojizos — ¿Qué decir el soplón de Roshi?
La hechicera corta la distancia para encarar al artista marcial: era obvio que Roshi era su punto débil. Sin embargo, Baba también podía ser incisiva.
—Nada que no pueda ver con mis propios ojos, ¡nada que no me sea evidente por la forma en la que te conduces! Y aún así diría que mi hermano es tu mejor confidente: nunca traiciona nada de ti, por mucho que lo hayas sobajado e insultado en el pasado, y eso es algo que no entiendo. ¡Algo que ustedes dos me aclararán tarde o temprano!
¿Roshi no había relatado nada? ¿Roshi había callado? De todas las respuestas, aquella no era una que Tsuru esperara.
—Toma el camino que quieras—continua ella, más sosegada—, yo no te detendré. Pero no arrastres a este niño contigo cuando puede tener una buena vida—con dulzura, apenas—. No seas egoísta. Será muy feliz viviendo conmigo, no le faltará nada.
— Tú no poder entenderlo, ¡YO ser su sangre!
—Y en eso lo ahogas. En sangre. Ni más ni menos—lo encara, lo desafía abiertamente, como siempre: ELLA… ¡ELLA! De alguna forma, ELLA siempre tiene las palabras exactas para hacerlo bajar la guardia, para hacerlo guardar silencio y escucharla—.Debiste haberte ido con Roshi. Tú hubieras descansado de tú hermanito, y él hubiera tenido tiempo de jugar. Así lo hubiera querido Mutaito…— toma su rostro entre las manos, obligándolo a verla—.Cierra este capitulo de tú libro, entiérralo, déjalo y deja de torturarte: pero si no lo haces por ti, por lo menos hazlo por él, por Tao, por Roshi… por mí…
Cuando ella lo mira así con sus ojos negros, ¡Kami! El mundo se suspende y a él se le acaban palabras, los reproches… la ira… la desazón…
Es en esa intimidad inevitable entre ellos, a su lado, que comienza la cordura.
Con ella y con nadie más.
Dicen que bruja significa una barrera, una cerca, un alto, una mujer prohibida mezcla de humano y demonio; y él, un mortal, se atreve a tocarla, a acariciarla sin temor… a besarla a ELLA como lo hace para encontrarse, como tantas veces, correspondido.
¡Le diría todo, le daría todo! Si no hoy, otro día…
El sombrero de grulla rueda por las blancas baldosas; Pai, chupándose el dedo, dormita aún en el mullido sillón. En aquel instante todo es calma. Es en entre los brazos de esa inteligente, diminuta mujer donde el olvida sus resentimientos, y logra, pendiendo entre la calma y la tormenta, sólo por un instante…
Perdonarlo…
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Habían cesado de ser humanos: eran criaturas taimadas, infecciosas, con uñas y dientes y un hambre insaciable por la carne ajena; todas esas apariciones llamándolo por su nombre. Demonios en Karin… demonios en Mifan… y levantándose sobre el mundo, cimentada en la sangre de los aldeanos muertos, dorada y terrible, la Torre Aurea. Y detrás, ominosas contra el cielo rojo, dos figuras oscuras, buscándolo, arañándole el corazón, desgarrándolo a tajos…
Se despertó agitado, sudando.
Silencioso, para no despertar a Roshi (quien roncaba a pierna suelta con una revista non-sancta sobre su rostro), Tsuru cruzó la puerta abierta—a causa del calor— para acudir al exterior. Las asagao y la tierra mojada llenaron sus pulmones.
Detrás de las montañas, los nubarrones se agolparon como malos pensamientos. Un resplandor tras otro, efímeros como moscas de verano. El calor, amainado apenas por la breve lluvia que repiqueteaba en las piedras del jardín, despertaba su impaciencia y su sed.
Tuvo la desagradable sensación de ser acechado, estudiado detenidamente, desde los pinos del jardín. Nada. Un gato entre los arbustos tal vez. No estaba en la corte de Mifan —ese ambiente de perfidia— por el contrario, en casa del señor Mutaito se respiraba la armonía.
Suspiró. "Ser palanoia mía."
Finalmente se encaminó a la cocina por un poco de agua, pero una luz todavía viva en la media noche lo hizo desistir. Dos voces, dos sombras, detrás de la puerta cubierta de papel de arroz picaron su curiosidad. Tsuru se acuclilló, tratando de disminuir su ki, para pegar y aguzar el oído sin ser descubierto.
— ¿A qué debe este anciano la visita del venerable Neko-Sennin?—llegó la inquisición del otro lado de la madera, la reconoció de inmediato como la voz de barítono de su maestro.
—No disfraces de amabilidad tus sospechas… Si quieres puedes referirte a mí con más confianza. No me trates como a un extraño, Mutaito-San, anda, invítame a tu mesa… — la voz desconocida, gangosa, tenía la rara cualidad gutural de un maullido—. PURRRR.
El ronroneó dulzón hizo vibrar las puertas, quienquiera que fuera, era poderoso, sobre todo considerando la familiaridad que desprendía para con su maestro. El ki no era necesariamente benigno, sino neutro, blanco…
Hubo silencio, como cuando se tanteaba la fuerza de un enemigo.
—Adelante, tome asiento—ofreció Mutaito finalmente.
Después unos pasos ligeros, como de dos pies acolchados, y el arrastrar tranquilo de un bastón sobre los tatamis—de la entrada hasta la mesa, a juzgar por los crujidos—.
El sonido característico de la porcelana sobre la madera: un toque grande, dos pequeños. Una bebida (sake, tal vez) como ofrenda de amistad, y dos copas para los comensales.
—Te he traído un regalo, Mutaito-San.
—Neko-Sennin no da un regalo a quien no lo merece—cortante—.
— ¿Qué te lleva asumir a que tú no mereces un regalo de mi parte, eh?— tuvo por contestación una risilla melosa—. De los cuatro candidatos únicamente tú poseías un corazón realmente puro… excepcionalmente puro, he de agregar…
—Neko-Sennin es muy amable.
Liquido vertiéndose en una taza, luego en otra.
—Seguramente tu alumno Roshi ya te puso al tanto de la situación en Tierra Sagrada. Creo que el estandarte de la Torre Aurea te servirá de prueba…
—No es común en usted intervenir en menesteres mortales como los nuestros.
El golpecillo abrupto de una taza de cerámica.
— ¡No finjas demencia, muchacho!—gruñó entre dientes el misterioso visitante—.Siempre has sido listo y has sabido ver el fondo de las cosas, ignorar no te hará ningún bien. Esta guerra entre el Makyo-jin y el de Yunzabito ya se perfilaba desde hace treinta años—grave, más que grave—. Sabes tan bien como yo que esos dos no provienen de este mundo.
—Para mí son tan humanos como nosotros.
— Si tu regresas, ellos deberán inclinarse ante ti, ellos desistirán, esta guerra entre ellos es por el trono del mundo, un trono que te pertenece a ti —ronroneó con intención—. Anda, bebe, bebe…
—Ambos fueron mis compañeros y amigos, por favor, no me pida que traicione a cualquiera de los dos…
— ¡Necio, mas que necio! MIAUUUU. Si tú no aceptas la oferta ahora este mundo será consumido por la maldad—se desató en maullidos—. Los ermitaños tenemos la capacidad de leer los corazones. Te aseguro que ninguno de los otros dos candidatos les interesa otra cosa que su propia persona.
—Sin Nombre llevó a cabo el ritual de purificación. Yo vi la maldad desprenderse de su corazón: es puro como un animal o un recién nacido. Es él a quien nuestro Kami-Sama debe elegir como su sucesor.
La tensión se respiró en el ambiente sofocante.
—Miauuuu…. Él no se purifico, simplemente se dividió—contrariado—. Es una bomba de tiempo, un accidente a punto de liberarse sobre nosotros. No lo entiendes, ¡una mitad no es un todo! Él no es un Kami-Sama que los dioses antiguos acepten: ni los demonios de la tierra abajo ni los dioses de los cielos arriba—el maullido en crescendo, para volver a suavizarse—.El viejo Kami-Sama agoniza, si regresas como contendiente, serás tú el nuevo dios de la tierra. ¿Qué dices? Bebe conmigo, no me hagas regresar con las manos vacías. Anda, bebe un poco.
—Tal vez en otra ocasión, Neko-Sennin—la cortesía, tan cortante como el hielo.
—Te ofrezco inmortalidad, te ofrezco poder, te ofrezco gloria…
—Pero dígame usted, ¿A cuál precio?
—Eso dependerá de ti—el potente ronroneó hizo estremecer los tatamis y la duela.
—Les dije que no quería tener nada que ver con todos ustedes. Soy un simple mortal, por favor, déjenme vivir tranquilamente los días que me queden.
—Realmente eres tan ingenuo, miauuuuu—se acercó peligrosamente a un bufido— ¿Crees que si cierras los ojos se irán?—volvió al maullido desesperado— Te necesitamos...
—Mientras no se ensucien las manos, mientras mantengan su divinidad intacta, mientras les sirva…
—Si no tomas la oferta ahora, lo harán otros. Tienes dos alumnos, ¿no es así? Uno tan brillante como el otro. Estoy seguro que esos muchachos aceptarían el poder sin rechistar.
—A ellos déjelos fuera de esto. Esta guerra no les pertenece.
—Que no les pertenezca dependerá de ti. Ahora, duerme y piénsalo, pero primero acéptame el presente que traje para mi estimado anfitrión…miauuuu…—ronroneando melosamente—.Ven Mutaito, bebe conmigo, bebe…
Tsuru se sintió alarmado: el ki de su maestro se elevaba del otro lado de la puerta, verde, inmenso, cálido como el sol... El mayor de los Grulla tuvo deseos de correr, pero la curiosidad pudo más.
El "crack" tenue del set de porcelana desquebrajándose por una presión desconocida, sucumbiendo finalmente al agua que chorreaba sobre la mesa. El Señor Mutaito había rechazado al visitante, y con ella una oferta que Tsuru creería obra de los desvelos y los entresueños: la oportunidad de convertirse en dios.
— A mi no me interesa volverme un kami, yo no ansió un titulo que remplace el nombre que llevo encima desde que nací—Mutaito, en su majestad de guerrero y sabio— pero para Sin Nombre tiene todo el significado del mundo. Compréndalo, estimado Neko Sennin. Yo no puedo interferir.
La voz felina del visitante volvió a sonar como un tétrico maullar, contenido y esquivo.
—Rechazaste mi regalo… bien, el tiempo te hará entender la gravedad de tu error—un bamboleo leve en el aire—. Sé que Uranai Baba desearía tener tu cráneo de centro de mesa, Mutaito, pero ve a su desierto y pregúntale—lo instó, mientras las patas acolchadas volvían a arrastrarse sobre la duela junto al golpeteo del bastón—. Acude a ella, deja que te muestre el futuro que le deparará a nuestro planeta si alguno de esos dos llega a sentarse en el trono del Mundo.
Tsuru no quiso escuchar más: miedo, miedo, de cosas que no entendía, de cosas ocultas y oscuras detrás de las puertas de la casa, detrás de la heroica y amable fachada de su maestro. ¿Qué era todo esto? ¿Un mal sueño acaso?
Llego hasta su puerta, descansó su mano sobre el umbral, pegando la frente contra la madera. Ruidos, a sus espaldas, entre los arbustos: la ágil figura de un gato blanco.
Respiró hondo: otro mal sueño.
Entro a su habitación, serenándose un poco, cuidando de no ser escuchado en plena medianoche, deslizó la puerta para cerrarla esta vez. Se acostó entre las sabanas, tapándose con ellas simplemente para no ver…
¿Cuántos secretos tenía el Señor Mutaito?
Pudo sentir al bulto contiguo removerse sobre el colchón; un par de paginas crujían a su costado.
—Tsuru, ¿tú tampoco puedes dormir?
—Yo… tener sed…—se excusó, tratando de ocultar su nerviosismo.
Kame-Sennin canturreó rítmicamente, buscando un par de objetos en la oscuridad. Tsuru distinguió el verter de agua de una tetera una taza.
—Toma, ya sé que siempre te da sed a la media noche
Ofreciéndole a su compañero una taza ajada y vieja, con el preciado liquido, Roshi sonrió, con el cabello enmarañado y sin gafas de sol. Tsuru no pudo evitar sonreír de lado, aceptando: de todos los que le ofrecían agua, era del bobo de Roshi de quien jamás vendría envenenada.
Si eso no era confianza, no sabía que otra cosa era.
—Gracias— le aceptó la taza, reincorporándose sobre sus codos y girándose para beber—. De todas manelas… solamente ser un mal sueño… Eso ser todo…
La Torre Aurea, esa visita, pronto quedarían olvidadas por el brillante signo de Ma.
Nota de Autor:
Un agradecimiento especial a Dr Facer, NOMICA, Heich Ess, Dashret, Schala-S, Elestir, DarkLady-Iria y Kawaii Destruction por animarme a continuar con este raro y experimental fic. Se siente bien escribir de nuevo. n_n
Ha sido un año de demasiados cambios para mi en lo familiar, en lo afectivo, en lo emocional y en lo académico. He dejado mis fics de lado para cumplir con las otras demandas que tengo presentes en mi día a día, aunque me parece injusto dejar todo a medias…
Con esta cuarta entrega: estoy de vuelta. Please, don't kill me.
Hay muchos fanfics que tratan de los famosos tres años, de los siete entremedios, de los descansos que han tenido nuestros jóvenes guerreros Z entre una pelea y otra, pero hay pocos fics sobre las Guerras de Garlic (sé que los puristas del manga no las consideran) y las Guerras de Piccolo, que también son parte de la historia de Dragon World.
Están las figuras de Mutaito, Kami-Sama, Garlic y Baba presentes, lo mismo que popo y Karin. Poco se sabe de ellos, pero lo cierto, es que son más viejos que los propios Roshi y Tsuru. Incluso la generación de Goku tuvo que lidiar con los problemas que se originaron en esos tiempos pasados. ¿Qué habrá sido encarar aquellas guerras en su apogeo?
