º CAPÍTULO 3 - EL ORÁCULO º
A primera vista y desde la altura a la que nos encontrábamos, la aldea era como cualquier otra. No se diferenciaba en nada de las que yo estaba acostumbrada a ver en la serie, pero nada más cruzar el pórtico que daba acceso a ella, tuve una extraña sensación, como si algo ligado a mi destino estuviese a punto de encontrarme. Casi a las afueras, el pequeño templo azul al que me encaminé en absoluta soledad, no me llamó demasiado la atención. Pero una vez hube cruzado el umbral, sentí que aquel lugar era como revivir un sueño, puedo afirmar que jamás me había encontrado en un lugar como aquel, pero la hechura, los adornos y la estructura del edificio me resultaban vagamente familiares. La estancia permanecía en penumbra. Tan sólo al final de la habitación se vislumbraba una leve claridad. Del halo iluminado surgió una figura vestida de blanco. Llevaba una túnica y un velo sobre la cabeza, parecía una mujer. Tenía pinta de sacerdotisa y parecía dirigirse hacia mí. Con una extraña voz profunda, exclamó:
- ¡Selene! Los astros te han traído hasta aquí. A este tiempo y a este lugar. Todo es obra del destino. No temas, no voy a hacerte daño. Es más, creo tener la respuesta al enigma que con tanto esfuerzo has estado intentando descifrar.
- El enigma... entonces, ¿sabes cómo puedo volver a mi casa?
- La respuesta que buscas es sumamente fácil. A veces, si se desea algo con todo el corazón, podemos lograr que suceda de verdad. Si quieres regresar a casa, basta con que lo desees. Cuando tu corazón se haya saciado del deseo que desequilibraba tu alma y estés preparada, volverás.
No tuve tiempo de reaccionar, ni de responder y tampoco podría haber pedido nada más, pues todavía en zozobra, observé muda y atónita, como la figura de mujer desaparecía en la nada. Acababa de presenciar la revelación de un oráculo griego, ¡que además se refería enteramente a mí! Casi no podía creerlo...
Me encaminé a la puerta del templo y el sol de la mañana me hizo daño en los ojos, obligándome a cerrarlos, cuando por fin me sentí capaz de volver a abrirlos, tres caras ansiosas me observaban. Xena fue la primera en hablar.
- ¿Y bien?
- Ha sido... ha sido ¡alucinante!
- ¿Alucinante?
- Quiero decir que ha sido interesante y muy ilustrativo, pero poco práctico.
La guerrera sonrió.
- Los oráculos nunca son demasiado claros, pero ten presente lo que te haya dicho, será de utilidad.
Habíamos caminado durante todo el día hacia Tarsítalus, seguramente llegaríamos mañana, pero ahora la tarde había caído y oscurecía rápidamente. Yo no había dejado de pensar en las palabras de oráculo en ningún momento del día. Ni siquiera cuando nos cruzamos con aquel mercader y el extraño comportamiento de Joxer desde que había estado negociando con él. Seguía pensando en todo lo que había pasado, cuando las palabras de Xena me sacaron de mi ensoñación.
- Me temo que debemos acampara aquí, el día de hoy ha sido difícil para todos, sobretodo para ti, Selene.
- Sí, nos vendrá bien un descanso.
Pasados unos minutos, me hallaba sentada sobre una roca, al lado de un árbol frondoso. Estaba absorta en la redacción de las andanzas vividas durante el día, dotando de vida literaria el pergamino que Gabrielle me había regalado. En ese momento, sentí que alguien me cogía por el hombro. Me volví ligeramente asustada.
- ¡Ah! Eres tú, Joxer. ¡Que susto me has dado!
- Lo siento Sele, no pretendía asustarte. Lo que quería... era darte algo, para que cuando vuelvas a tu tierra te acuerdes de nosotros. Las chicas me ayudaron a escogerlo esta mañana.
- ¡Así que eso es lo que tramabas con el mercader!- exclamé mientras tendía la mano hacia el objeto que el chico me ofrecía.
Joxer asintió. El objeto que dejó caer sobre mi mano me sorprendió gratamente. Era una piedra tallada en forma circular con preciosas incrustaciones de cuarzo transparente. Jamás había visto nada así.
- Es un colgante precioso. Muchísimas gracias. Es todo un detalle, pero no me hace falta para recordaros, yo jamás podré olvidaros. Tengo que darles las gracias a las chicas.
- Me alegro de que te guste. Gabby tenía la impresión de que era tu estilo. Casi siempre suele tener razón. Es muy lista, de hecho, os parecéis un poco.
- Eso que has dicho es todo un halago. No sabes lo que significa para mí.
Ambos sonreímos.
Acomodada sobre la manta, junto a mis amigos dormidos y admirando el impresionante espectáculo de la bóveda celeste sobre mi cabeza, sentí en mi interior como si estas fuesen a ser mis últimas horas en el xenaverso. Contemplé en mis pensamientos, las caras sonrientes de Xena, Gabrielle y Joxer. Me habían aceptado como una más, y yo había acabado por acostumbrarme a la vida en los caminos, pero este no era mi tiempo ni mi lugar y yo lo sabía muy bien. Estaba preparada para volver. Los tres dormían a escasos metros de mí sin saber cuál sería su próxima aventura, yo sí que sabía de muchas que todavía les quedaban por llevar a cabo. Incluida la dolorosa experiencia de su propia muerte. Al menos conocía lo que les sucedía a dos de ellos y sentía una enorme impotencia por no poder evitarlo. Poco a poco me fui dejando envolver por la oscuridad que me rodeaba, y el calor de la mullida manta me envolvió en un profundo sueño.
