Hola, acá llegué con el capítulo cuatro. Este es más que nada corto, porque es un pasaje. Tiene un acontecimiento crucial para el hilo de la historia, por eso tiene que ser un capítulo apartado.

¡Espero que les guste!

Notas del capítulo, abajo.


Capitulo Cuatro: Un Futuro Decidido.

Era de mañana y todos los caballeros con sus alumnos estaban reunidos con el Patriarca.

— Me alegro de que hayan podido traer a sus discípulos sin problemas. — Luego de una pausa corta retomó: — Ahora me gustaría que los presenten. Primero Aries. — Se levantó para dejar pasar a un niñito de dos años con el pelo color amatista y dos marquitas violetas en la frente. Con ojos verde oscuros y una mirada amigable el niño se presentó en un griego muy precario.

— Hola, mi nombre es Mu, futuro caballero de Aries. — Todos lo miraron. Se notaba en su temprana edad que sería uno de los más responsables entre los caballeros. El primero de todos, el que dirija las doce casas cuando el Patriarca no pueda hacerlo.

Luego pasó Aldebarán con su alumno. Todos con un griego básico.

— Hola. Ahora me llamo Aldebarán, y soy el futuro caballero de Tauro. — El niño de dos años tenía un cuerpo grande y la piel bronceada, además del cabello castaño.

De la mano de Marcus, se presentaron los gemelos Géminis. Derecha Saga e Izquierda Kannon. Ambos de cabello azulado, uno más oscuro que el otro.

— Mi nombre es Saga. Tengo diez años.

— Y yo me llamo Kannon. También, diez años. — Marcus algo preocupado retiró a sus alumnos rápidamente para dejarle el paso a Sebastián de Cáncer. Un niñito de unos cinco años, con el cabello castaño y despeinado pasó con su maestro. Hablando griego mezclado con italiano.

— Me dicen Mascara de Muerte. Futuro caballero de Cáncer.

Sebastián sonrió. Que nombre tan raro le habían apodado al niño.

Detrás de él pasaron Cristiano y su alumno. Un pequeño niño de dos años con el pelo castaño claro, color chocolate y una mirada tierna.

— Me llamo Aioria, hermano de Aioros, futuro caballero de Leo. — Cristiano lo tomó de la mano y lo hizo sentarse de nuevo junto a él, para cederle el paso a Abdul, que iba de la mano con un niño de dos añitos. Tenía el cabello largo y rubio y unos hermosísimos ojos celestes.

— Mi nombre es Shaka, futuro caballero de Virgo.

Los idiomas natales confundiéndose con el griego recién aprendido, hacía difícil su comprensión.

Abdul se llevó a Shaka mientras Antares hacía su aparición estelar con su alumno de dos años a cuestas gritando como locos.

— ¡Él es mi alumno! ¡Él!

— ¡Soy Milo! Caballero de Escorpio

— ¡Futuro! — Le corrigió Antares bajándolo de arriba suyo. — Aún te falta.

— Si, soy Milo, dos años. Futuro caballero de Escorpio. — Él niño tenía el cabello azul violáceo, y unos ojos azules oscuros increíblemente penetrantes pero divertidos a la vez.

Luego del circo de los escorpiones, pasó Daphné con Aioros de la mano. El jovencito tenía el cabello castaño, más oscuro que su hermano Aioria. Y unos ojos celestes oscuros que transmitían determinación y calidez.

— Me llamo Aioros, hermano de Aioria, tengo nueve años y soy el futuro caballero de Sagitario. — Daphné sonrió dejando pasar a Eric.

— Mi nombre es Shura. — Comentó el pequeño de cinco años. Su cabello verdoso y despeinado hacia arriba le daba un aspecto serio, pero amistoso. Sus ojos pequeños y oscuros le hacían parecer que era un despiadado, pero su expresión era de fidelidad absoluta. — Futuro caballero de Capricornio.

Boris se paró con su alumno delante. Hacía dos días que él y Daphné volvieron de Francia, por lo que en esos dos días se dedicó a enseñarle griego al pequeño.

— Hola, mi nombre es Camus, futuro caballero de Acuario. — Recitó como una poesía, mezclado con ese exquisito acento francés.

— Muy bien, y el último aprendiz. — Animó Shion. Anki pasó con su discípulo de cinco años. Su cabello y ojos eran de un color celeste increíblemente claro.

— Mi nombre es Afrodita, futuro caballero de Piscis.

— Muy bien, muy bien. — Exclamaba contento el Patriarca. — Tengo que decirles algo. — Los presentes se preguntaban qué podría ser. Además de los discípulos no había nada que pudiera ser trascendental. — Se trata… — Iba diciendo mientras salía de su recámara con algo entre sus brazos. — De una beba. — La reacción fue unánime. Todos con los ojos bien abiertos.

— ¿Una beba? — Pregunto anonadado Antares. — ¿Para que queremos otro chico más en el Santuario?

— Es diferente. Esta chica me la entregaron en el orfanato.

— ¿Cómo dice? — Inquirió Daphné.

— Cuando fui a buscar a Mu a Jamir y volvimos juntos, vimos en la puerta del orfanato donde estaba Milo, a esta niña. Toqué la puerta y nadie respondió. Luego de un rato nos abrió una jovencita, a quién le avisamos sobre la beba. Ella compungida nos llevó con la directora quien nos informó que ya no había lugar para alguien más. Llegaban, llegaban y nunca se iban, palabras de ella. Nos encomendó ir a otro orfanato, que si mal no recuerdo era el Aiorios y Aioria. Cuando salimos de ahí cansados de viajar Mu me dijo: "¿Y si nos la quedamos?" No podíamos. No es una muñeca, estamos hablando de un ser humano. Además no era un caballero ni entrenaba para eso, ya todos tenían discípulos. No había sido elegida. Su vida no estaba destinada a servir a Athena. Cuando llegamos al orfanato, estaba cerrado.

— ¿Cerrado? — Exclamó preocupado Aioros.

— Si, cerrado. No entiendo porque. Tocamos y nadie contestó. Aún se oían las voces de niños. Pero nada. Mire a Mu y vi como él tomaba la manito pequeña de la niña. Ya no hubo más preguntas. Ya tiene un futuro decidido. Si calló en nuestras manos, estará en ellas mientras sea lo mejor.

— ¿Y que pasará con ella? ¿Donde se quedará? ¿Con quien? — Preguntó Sebastián.

— Bueno, no se mucho sobre ella. Había una nota que decía los datos básicos más importantes y nada más, como que nació el veinticuatro de noviembre…

— Entonces ella es de mi signo. — Exclamó Daphné.

— Es cierto. Quizás tenga más afinidad contigo. Además eres mujer.

— ¿Y como se llama? — Preguntó Boris un tanto desinteresado.

— No lo se. Solo decía su fecha de nacimiento y su tipo de sangre. Pero sin nombre.

Cuando Camus pasó enfrente de su maestro y fue a ver a la niña como hacían algunos aprendices, Boris abrió los ojos intrigado. ¿Qué iba a hacer su discípulo?

Él le tomó la manito. Sus dedos pequeños rodeaban el de por si chico puño de Camus. Él le sonrió con ternura. Viéndose grande en aquel lugar donde era el más chico.

Camus tironeó de la túnica del Patriarca. Este se acercó.

— Tengo…nombre para bebé. — Exclamó con sus conocimientos básicos del idioma. Dos días no te hacían un experto en lenguas extranjeras.

— Dímelo pequeño Camus. — Se acercó al oído del antiguo maestro de Aries para pronunciar el nombre con el que a futuro llamaría a esa chica. El Patriarca se alejó lentamente. — ¿Cómo se te ocurrió?

— Lo escuche afuera. En Grecia.

— Boris, ¿Te parece bien? — Preguntó.

— ¿Qué mi alumno elija el nombre de la niña? No me molesta. — Resolvió mirando a un lado.

— ¿Qué nombre es? — La ansiosa sagitariana preguntó.

— Megara. — Sonrió Camus. A la mayoría le pareció bien. La niña era griega, o al menos eso creían. Y Megara es un nombre autóctono del país.

— De acuerdo. Megara será. — Y sellando el destino de la niña con la inocente elección de un nombre, le deparó un futuro negro y feliz a la vez.


Se que puede sonar extraño eso de encontrarse un bebé y llevarlo al Santuario, hasta a mi me pareció absurdo, pero ellos tiene una noción de destino, (que yo quiero romper un poco con el personaje de Daphné que no está de acuerdo) por lo que sería lógico que no devuelva a la chica, ya que según creen ellos "Si cayó en sus manos, estará hasta que sea lo mejor"

Hice una corrección: Antes había puesto "Griego mezclado con español" pero Máscara de Muerte no es español, es Italiano, así que la oración correcta sería "Griego mezclado con italiano" (Gracias por avisarme Victoria Nike)