Card Captor Sakura pertenece a CLAMP y la trama a Mara Gaunt, yo sólo hago la adaptación, bla, bla, bla...

Una pequeña nota: en el cap donde aparece por primera vez Sakura en el Café París, dice que que Sakura estaba mirando al mostrador donde estaba Naomi mirándose las uñas. Más tarde, el nombre de Naomi es sustituido por el de Nakuru. Ese fue un pequeño fallo mío. Tened en cuenta que es Nakuru ¿Ok? Si hay más errores de ese tipo, no dudéis en avisarme. Hago lo que puedo, pero es inevitable que a veces se me cuelen algunos nombres.

…...

Capítulo III

16 de julio 2007

Shaoran Li

Bueno ahí estaba. El agua caía sobre mi cuerpo y yo metódicamente me bañaba pensando en lo que tenía propuesto el día de hoy. Ya no había vuelta atrás. Lo que debía hacerse debía hacerse y no me iba a detener por nada. En cierto modo, y debía admitir que lo había pensado desde antes, era una clase de excitante juego no tirarse a una mujer hermosa. Una experiencia nueva siempre era bien recibida, no tenía idea de si esa experiencia iba a ser placentera pero si no lo iba a ser al menos tenía el consuelo de que me iba a reportar beneficios a la larga.

Aún era temprano así que me terminé de lavar, salí de la ducha envuelto en una toalla y me enfrenté a mi imagen en el espejo, no era que fuera afeminadamente vanidoso, solo me constataba de que mi apariencia fuera la de siempre, porque esa apariencia me había reportado bastantes benéficos en el campo de las féminas.

Me afeité y aplaqué la loción y luego escogí mi ropa de trabajo, la que según Sawako, mi última amante, me hacía ver irremediablemente atractivo. Entre otras cosas, según ella, decía que verme vestido de ejecutivo era asombrosamente estimulante para ella y si hacía memoria todas mis amantes habían dicho algo similar acerca de mi decencia, limpieza y que siempre lucía como un caballero. Era cosa de los primero 10 años de mi vida y los que siguieron, los cuales fueron estrictamente educados en una escuela privada, de ahí fue en crecimiento hasta ser lo que era hoy, uno de mis mayores atractivos. Apunté la camisa blanca de cuello y procure aplicarme loción también, la cosa era impresionarla. Ese era el plan trazado la noche anterior en medio de la realización de informes y la actualización de cuentas bancarias y alargo en los créditos económicos, debía impresionarla la primera vez así que mi acción de ataque consistía en verla y pretender estar interesado, volvería de vez en cuando para seguirla cortejando y que ella se enamorara de mí. No. No que se enamorara, el amor no existía, que se encaprichara como cualquier jovencita de las que creían que los hombres éramos algo así como príncipes azules, caballerescos, que solo pertenecían a una mujer.

Cuando estuve correctamente vestido bajé a la entrada de la casa-mansión y me encontré con el chófer, le pedí que me dejara en la esquina del Café París y que volviera por mí al cabo de cierto tiempo. Él dijo que me iba a esperar, dado que todos mis mensajes habían sido entregados en su totalidad el día anterior, encogí los hombros e ignorando su despedida di los pocos pasos que hacían falta para entrar en el sitio… el lugar donde tendría lugar la ridículamente idílica conquista.

El local, debía admitirlo, tenía cierto aire hogareño y el ambiente en el olía cálidamente a pastel… inspiré intentando reconocer el olor, tarta de cereza. Sentí que inevitablemente mi memoria retrocedía a la época cuando mi madre aún vivía y yo me atiborraba de todos esos pasteles que ella preparaba, el olor era tan asombrosamente familiar, lo curioso era que las pocas contadas veces que había entrado en ese café, meses antes, jamás había olido de esa manera tan natural y deliciosa.

Mis ojos se conectaron con unos azules de la chica pelirroja que había visto esporádicamente, ella entreabrió los labios pintarrajeados de rojo intentado que me fijara en ella, mis propios ojos la recorrieron con deseo, a pesar de que la necesidad se notaba en sus pupilas era el tipo de mujer que me atraía, la típica zorra para pasar un buen rato y recompensar al día siguiente con dinero para nunca volver a verla. Pensé que bien podría aprovecharme pero los pensamientos retrocedieron después de un momento… si quería hacer esto bien debía comportarme y si eso implicaba renunciar a mi activa vida sexual por un tiempo pues… que así fuera. No tenía opción.

El único consuelo que esta apestosa situación ofrecía era que no iba a durar para siempre.

La mujer bamboleó las caderas y caminó hacia mí acortando la distancia que nos separaba. Llevaba los brazos al frente lo cual hacia empujar sus senos hacia adelante a modo de ofrenda, era una vista tentadora, la piel de sus senos era suave y tenía un tatuaje en una de las protuberancias enfundadas en un provocativo sostén de encaje negro. Era partidario de cuerpos como ese, mas ahora mi gusto debía dar la impresión de haber cambiado bastante con la anoréxica chica a la que debía enfrentarme.

–¿Qué puedo hacer por usted? –me preguntó la pelirroja frunciendo los labios provocativamente

–Por favor, tráigame un café capuchino y, tal vez, una porción de esa tarta o lo que sea que haga que el aire huela tan bien.

La sonrisa de ella vaciló un poco, como si lo que le preguntara no le gustara en absoluto, pero su expresión se compuso rápidamente y se dio media vuelta anotando en una pasta de libreta lo que había ordenado.

Aún a la distancia que impuso, y gracias a que el local estaba vacío, a excepción de mí, escuché que interpelaba a su compañera en la barra de manera ordinaria.

–¡Oye! –y también escuché el murmullo inseguro y falto de fuerza de la muchacha de cabellos castaños de espaldas a ella.

–¿Qué?

Vagamente me estaba preguntando a qué hora haría Sakura Kinomoto su aparición, tal vez con una escoba o con un trapero, esto era deprimente.

Perezosamente me volví un poco para analizar al personaje de la barra, y al mirar detenidamente sus huesudas curvas casi me caigo de la silla. Sí, ahí, en la barra y alistándose para atender mi pedido se hallaba ella. Su cabello ralo y falto de vida caía sobre su delgado cuello y parte de la espalda recogido en una cola de caballo, su aspecto en la espalda era sencillo, demasiado, y deplorablemente débil, esperaba que se diera la vuelta pronto para verificar si algún aspecto de su físico era rescatable.

Observé sus movimientos a través de la lente oscura de mis gafas, los cuales no tenían nada que ver con la inseguridad de su voz, se movía con habilidad precisa sobre los ítems de la cafetera, tenía los dedos blancos y delgados por lo que pude vislumbrar. Segundos después, al delicioso olor de la tarta se mezclo el olor del café fresco, inhalé consciente de lo que hacía y me pregunté brevemente si era ella quien cocinaba en ese lugar. Si no era así me llevaría a la cocinera para que sirviera en mi casa, si las habilidades eran la mitad de lo que era ese olor delicioso.

Ella se dio la vuelta sin levantar la mirada y agudizando mi vista me fijé en su rostro ceniciento y de facciones salientes. Su piel era pálida y blanquecina, aún sin verlos sus ojos eran grandes y marcadas ojeras circulaban por la parte inferior, sus pómulos estiraban la blanca piel y su mentón era puntiagudo. Sirvió la tarta en un plato y puso la taza de café delicadamente sobre la bandeja, en el momento en que dejaba una servilleta de recambio sus ojos, por fin, se volvieron hacia mí.

Ella no podía saber que yo la estaba mirando ya que los lentes me ofrecían protección, sus clavículas se marcaban sobre el vestido de camarera marcándose también en él sus huesudos y estrechos hombros.

Se volvió tan rápido que no me di cuenta lo suficientemente rápido para dejar de analizar su cuerpo tan desprovisto de carne como de curvas, pude ver a través de la tela de su ropa, y tal vez porque en mi amplia experiencia había aprendido a leer el lenguaje del cuerpo femenino, que tenia la columna vertebral en tensión, como si tuviera miedo de mí lo cual era absurdo ya que ni siquiera me conocía, no era un buen comienzo así que debía empezar a actuar con prontitud.

La pelirroja puso la bandeja en la mesa y dejó la apetecible comida en la mesa, el olor era simplemente el paraíso, ella me sonrió provocativamente antes de retirarse. Alargué la cuchara y tomé un trozo de la esponjosa y tibia pasta. La crema primorosamente preparada hizo contacto con mi lengua que, cató la sabrosa preparación con verdadero deleite, algo que definitivamente no pensé encontrar ahí. El estímulo de ese sencillo trozo en mí fue casi sexual. La cocinera de ese local iba a ser mía, le pagaría el doble de lo que le pagaban acá. Después de que el café estuvo tibio lo probé y fue otro placer para mis sentidos, tenía algo… un ingrediente especial que no tenían los otros miles de cafés que había probado a lo largo de mi vida. Volviéndome un poco más inteligente y asociando ideas caí en cuenta de una cosa, las manos autoras de esas preparaciones eran las mismas y caí cuando supe quién era esa persona, quién era la cocinera que iba a robar. Ella era la de la exquisita habilidad, por un fugaz momento me pregunté como una huérfana como ella había logrado desarrollar ese tipo de habilidades. Lo averiguaría después, por el momento seguí disfrutando de mi desayuno, que comí con un apetito absolutamente voraz, tanto así que me tentaron a pedir una segunda porción pero me contuve con dejar que el sabor quedara grabado en mi lengua para poder repetirlo otra vez, lo cual era seguro que pasaría pronto.

No debía perder más tiempo, que en mi caso, valía oro. Aparté la vajilla vacía y me puse de pie rápidamente con el firme propósito de evitar cualquier contacto con la pelirroja que pudiera entorpecer mis planes iniciales al entrar a este café.

Me acerqué con paso sigiloso al mostrador al lado de la barra en donde ella estaba ahora inclinada recogiendo algo de el suelo. Al mirarla desde arriba pude ver una porción de su pequeño seno izquierdo cubierto por una virginal copa de satén blanco, aquella que la gran camisa no podía ocultar al menos desde mi posición, era un seno demasiado pequeño, casi de niña, aunque según los cálculos contaba con más o menos 18 o 19 años. Su cuello y el hundimiento de su garganta tenían cierto porte artístico o tal vez sólo se trataba de mí intentando hallar belleza donde no la había. Ella levantó la mirada al mismo tiempo que se erguía cuando encontró lo que buscaba, era por lo menos una cabeza y media más baja que yo, sus rasgos aún eran difusos a través de las gafas pero pude ver que parte de su pequeña y respingada nariz estaba cubierta de leves pecas. Cuando se irguió en su totalidad pude mirarla a los ojos por primera vez, aun a través del lente podía ver que eran una extraña mezcla de azul y verde que hacía pensar en un color esmeralda. Al instante que la mire ella me pregunto tartamudeante, fijando por cerca de dos segundos su mirada a dos centímetros de mi hombro para después volverla hacia mi

–¿Qué puedo hacer por usted? –el tono de ella era marcadamente diferente que el de su compañera dado que en él no había nada del sutil matiz de ofrecimiento canino que tenía el de la pelirroja. Aunque claro, ésta no tendría mucho que ofrecer, vi que esbozaba una sonrisa socarrona por unos segundos.

–Quiero cancelar mi cuenta –dije.

Aquí se daba todo, iniciaba la lucha, me daría cuenta si este saco de huesos tenía la suficiente pasión en la sangre para encontrarme atractivo. Retiré con lentitud los lentes de mis ojos y los conecté a los desnudos de ella, claros y brillantes como esmeraldas, tuve la satisfacción de comprobar que había aprendido a mentir con la mirada, podía mirar su cuerpo sin ningún interés interior y ella podía pensar que evaluaba cada inexistente pedazo de atractivo en ella, con una mirada podía mentir informándole sin palabras que realmente podía llegar a desearla.

Como si eso fuera posible.

Saqué la billetera y escogí cualquiera de los billetes al azar para entregárselo sin dejar de mirarla. Tomó el billete con lo que pude observar como pulso tembloroso y sacó el cambio absorta en los números y no en mí, antes de que dejara caer el cambio sobre mi mano le cogí la muñeca y disimuladamente palpé el pulso en su radio, palpitaba saltón. Con la mano de ella en casi la mía pude ver que sus dedos eran tan delgados y pequeños como los había supuesto desde la distancia, era una mano algo callosa pero que aún conservaba algún dechado de la niñez que una vez había debido tener. Sus ojos me miraron otra vez y pude ver que a pesar de ser del color de las esmeraldas, la mitad del iris hacia afuera era de color ligeramente azulado en vez de totalmente verde.

–Guarda el cambio –mi técnica para ganarla: los detalles, debía sentirse halagada

Súbitamente, como si mi contacto le hubiera quemado, o no lo soportara, arrancó su mano de la mía con excesiva fuerza para como yo la estaba sosteniendo, las monedas resonaron al caer contra los billetes.

–Es demasiado –dijo tragando y negando levemente con la cabeza, como si yo padeciera de locura. Tácticas de conquista al ataque.

–No para la dueña de estas manos mágicas.

Acerqué mi mano otra vez y, a riesgo de que me abofeteara, me escupiera o algo peor, tomé su mano en la mía y la acerqué con suavidad a mis labios, la piel olía a cerezas maduras y me sorprendió disfrutar de ese aroma un poco, tuve el impulso de pasarle la lengua a ver si encontraba algún rastro seco del jugo de las cerezas que tan bien aderezo el pastel que hizo antes, pero sólo posé mis labios y le besé la mano. El calor de su piel quemó un poco mis labios lo cual fue sorprendente ya que para tratarse de alguien tan delgado suponía que debía estar fría todo el tiempo. Me puse mis anteojos otra vez y mirándola por última vez, como la ética de conquista ordenaba le dije:

–Nos vemos.

Salí y me direccioné hacia el conductor, me esperaba medio largo día en la oficina.

De camino allí me puse a hacer un recuento de mis logros del día. A cambio de tal vez correr con una perra obsesiva pelirroja calenturienta debía ir a verla días seguidos, hacer que se acostumbrara a mi presencia y a mis elogios, después pedirle salir, después matrimonio y después divorcio con alguna cantidad en una cuenta bancaria.

Mi acto de galantería debió haber tenido algún efecto en ella porque aún a través de la exigua seriedad de su cara sus ojos me habían dicho algo más, mas allá del miedo que parecía tener.

Bueno por lo menos le había dado un poco de caña para que pensara en mí, ya había dicho antes que para las mujeres resultaba irresistible y Sakura Kinomoto no iba a ser la excepción.

En la noche salí tarde de la oficina pero tenía ganas de irme caminando hacia alguno de los parques para planear mi siguiente paso e incursión a la normal e insípida vida de Sakura. Tomé el paraguas y salí de la oficina dando instrucciones al conductor de que no iría con él.

16 e Julio de 2007

Sakura Kinomoto

Cuando el turno acabó y entregué la caja a mi jefe ella se extrañó de que sobrara tanto dinero. Sin que Nakuru se enterara de nada le conté que uno de los clientes de la mañana me había halagado y que había dicho que podía tomar el cambio pero le expliqué qué pensaba que era demasiado y que él había dicho que no para mí. Ella se sonrió y sacó la cantidad de dinero sobrante.

–¿Y qué hace aquí y no en tu bolsillo que es donde debe estar? –reía bondadosamente y yo abrí mucho los ojos, podía comprarme una joya barata que había visto en la feria artesanal de los viernes.

Se lo agradecí y salí de la pequeña oficina con la profunda desgracia de ver a Nakuru frente a mí.

Me preguntó, como si se tratara de su propiedad por el breve intercambio de palabras que había mantenido con el extraño ángel que me había dado el dinero pero no le dije nada, tenía muchos problemas con ella y los tendría más si se enteraba de que el extraño que parecía gustarle tanto había dado una considerable cantidad de dinero a su peor enemiga.

–¿Qué tanto hablabas con ese hombre? –me preguntó con ese tonito que me hacían dar ganas de calzar el cuádruple de lo que calzaba ahora y poder pisarla como el pequeño escorpión que era.

–Sólo me felicitaba por mi café –expliqué otra vez yo.

–Pero cualquiera sabe hacer un café –protestó ella destilando odio por los ojos.

–Déjame en paz por favor –le dije haciéndome a un lado para pasarla sin ser maleducada.

Volví hacia la barra pensando en que tal vez la aparición de ese hombre debía ser como de ángel o algo así, porque el dinero que me había dado bien me servía para cubrir la mensualidad del departamento donde me hospedaba y me sobraba para algo más, la joya barata que me había llamado la atención.

Horas más tarde, ya de noche y después de haber recorrido la feria y los parques decidí regresar a casa. Cuando miré el reloj y vi la hora que era pensé que debía darme prisa, así que tomé el camino más corto pero el mas solitario de los alrededores. No tenia opción así que decidí caminar rápido, aferrando entre mis manos la cadena de baño de plata con el dije de un cuarzo rosado del que me enamoré la primera vez que lo vi. Debajo del colchón de mi cama tenía el dinero que ahorraba para tenerlo algún día, la cantidad era una nada con la valiosa propina recibida .

Cuando di la vuelta por la segunda esquina menos iluminada del resto escuché los pasos de alguien que me seguía. Intente respirar con normalidad y ajusté el paso con tan mala suerte que la persona que me seguía también lo hizo y cuando habló me di cuenta de lo tonto e inútil de mi situación.

–Ven aquí hermosura... –dijo la voz tras de mí, mientras yo seguía avanzando y el acercándose mas.

Sabía que de nada iba a servir correr pero aun así lo intente y sólo me di cuenta de lo vano de mi fracaso cuando una mano callosa y nada delicada me cogió del brazo y me haló hacia la sombra de un callejón sin salida. Intenté gritar pero una mano con olor a pegamento y otra cosa narcótica se posó en mi boca. El hombre tras de mí me empujó hacia la pared y quedó detrás mío haciendo fuerza. Sentí que las nauseas por miedo y por su olor me hacían querer perder el conocimiento.

"Dios, ayúdame" pensé. Las manos de el hombre se deslizaron sobre mis piernas y caderas pero su fuerza me impidió moverme para evitarlo, quise gritar pero el pánico había hecho que me quedara petrificada y con la convicción de que si lo hacía nadie iba a hacer nada por impedir que esto volviera a repetirse, como si presintiera algo como eso, me puso una hoja de afilado cuchillo sobre la mejilla y me dijo:

–Ssshhh, amorcito, no querrás hacer eso mientras yo estoy aquí.

No sabía que más hacer aparte de echarme a llorar, ese hombre era diez veces más fuerte que yo, estaba segura de que me iba a matar, en cuanto hiciera lo que yo sabía que haría, había vivido situaciones similares en el orfanato donde viví, ellos eran la escoria… la lardad… la deshumanización en físico.

La presión en mi espalda y trasero dejó de existir súbitamente cuando el tipo fue arrancado de allí por alguien más, tenía los ojos y los puños cerrados con fuerza pero tuve que abrirlos cuando escuché que alguien, un hombre decía:

–Oh no… no lo harás, malnacido –los tuve que abrir porque no había podido dejar de pensar en esa voz desde que la había escuchado por primera vez.

Escuché golpes y más, pero lo único que quería hacer era salir de allí, encerrarme en mi casa y morirme de una buena vez. Aferré mi ropa que el desgraciado había alcanzado a desgarrar y apreté el collar comprado que según la vendedora traía suerte.

Intenté dar dos pasos pero las piernas me temblaban terriblemente perdí el equilibrio

Pero jamás llegué a tocar el charco destinado a recibir mi cuerpo de frente por que un par de brazos se aferraron a mi cintura antes de que cayera, pero cuando esos brazos me levantaron del piso como tal pensé que me había desmayado del miedo y que estaba delirando con un absurdo y nada posible héroe salvador.

Pero el miedo tuvo más poder, él, quienquiera que fuera me había ayudado y yo estaba a punto de rajarme así que sin saber ni siquiera de quién se trataba, abracé el cuello del desconocido y en mudo agradecimiento me apreté de su cuello como un salvavidas.

Sólo fui consciente de mí cuando me vi sentada en la silla de detrás de un taxi. Cuando me volví a mirar a mi salvador casi salgo corriendo del auto en movimiento por qué se trataba de él… del hombre que había visto en la mañana en el Café París.

–Gracias –dije lo primero que se me ocurrió en mi ensoñación.

–¿Estás bien? –pregunto él mientras avanzábamos y él me alargaba el bolso que cargaba antes de que todo pasara.

–No… –dije amargada–, no estoy bien… pero no importa.

–No deberías andar sola por las calles a esta hora –me reprendió él como un hermano, yo quería mirarlo para así poder contestarle pero me sentía débil e inútil.

–¿cómo te llamas? –le pregunté después de unos segundos, durante los cuales comencé a plantearme la situación.

–Shaoran Li –me dijo con su varonil timbre de voz, apenas parecía un milagro que él y precisamente él fuera quien me librara de ese matón.

–Yo soy Sakura… gracias por ayudarme.

No me sentí de más palabras así que después de otro tiempo le dije que por favor me llevara a mi casa. Temí por algún descuido que tal vez él me estuviera secuestrando pero algo me decía, algo en el interior de mi cuerpo me decía que debía confiar en él.

Le di a él y al taxista las indicaciones de mi apartamento.

Cuando llegamos allí aferré mis ropas y me bajé del auto despidiéndome de la mano de él, pero él se bajó conmigo y le dijo al taxista que esperara.

No podía creer que él me estuviera acompañando a la puerta de mi apartamento de pordiosera. Me volví para despedirme y él me volvió a tomar la mano para besármela y sin decir nada más, tan pronto como había aparecido para ayudarme ahora se volvía a ir.

Dio media vuelta y se metió en el taxi. Y se fue… y yo me quedé mirando el taxi con la sensación de que había perdido algo mío, sacudí la cabeza intentando olvidarme de todo, toda aquella horrible experiencia.

Al menos algo bueno había salido del extraño día, pensé cuando me recosté en la cama. Algo raro estaba pasando pero no era nada intuitiva así que repasé una y mil veces todo lo que había pasado en ese día.

Mirase por donde lo mirase sentía que algo iba a cambiar muy pronto pero no sabía si para bien o para mal.

…...

Lo primero de todo: muchísimas gracias a las que dejaron reviews y a las que me incluyeron entre sus favoritos. Espero que les haya gustado este cuarto cap también y... no sé qué más decir (lady se enjuga unas lágrimas indiscretas y se suena la nariz). Muchas gracias... aunque yo sólo hago la adaptación y toda la trama es fruto de la genialidad de MaraGaunt.

Saludos,

lady Evelyne

P.D.: ¿Me diría alguien qué demonios quiere decir que me tengan a la lista de Alerta del Fic? (creo que traducido al español es así, pero el original es Story Alert)