Sumary: La guerra terminó hace ya once meses. Harry intenta rehacer su vida, alejarse de aquello que lo torturó en un pasado. ¿Qué pasará cuando Ron y él se vean obligados a abogar en el juicio contra los Mortífagos? Harry/Ginny Ron/Hermione
Disclamier: Todos los personajes son de Jotaká, y ni ellos ni su universo son de mi propiedad. Yo solo los uso para divertirme un rato.
Clasificación: T
Nota: ¡Peligro! Lemon suelto :3
3
El Ministerio
Las puertas doradas tintinearon antes de abrirse. Harry tragó saliva, y se pasó una mano por el cabello. El atrio estaba repleto de gente. Avanzó con paso rápido por entre la multitud de espectadores que iba a presenciar el juicio, intentando pasar desapercibido.
Casi llegaba, casi estaba ahí… cuando un grito a sus espaldas lo hizo maldecir entre dientes.
—¡MIREN! ¡POTTER!
Miles de murmullos inundaron el lugar, y de pronto Harry se vio atrapado dentro de miles de personas, que lo miraban como si fuera algo comestible.
—¡Un autógrafo!
—¡Por favor, firme esto para mi hijo!
—¡Harry! ¡Harry!
Harry tragó saliva, fijó su vista en un incierto punto del suelo, y comenzó a caminar. Aferró su varita mágica debajo de la túnica, mientras se movía con toda la rapidez que podía, evitando a las docenas de fans completamente locos. Llegó a la puerta del salón, jadeando a causa del esfuerzo. Empujó la puerta con fuerza, y se metió adentro de la habitación con rapidez.
Le tomó instantes enteros tomar conciencia del lugar en donde se encontraba. Se dio vuelta sobre sí mismo, casi en cámara lenta. El atrio, con sus tribunas imponentes, se abría delante suyo con millones espectadores que murmuraban entre sí.
Harry, sintiendo las rodillas flaquearle, avanzó unos pasos, y sus pisadas retumbaron por el salón. La sala silenció de inmediato, mientras Harry subía los escalones de la tribuna, y se sentaba al lado de Ron. Se le hizo un nudo en la garganta cuando Ron no dio señales de haberlo visto llegar. Tomó aire y se inclinó sobre su amigo, murmurando con voz queda:
—¿Aún no ha empezado?
—No.
Harry asintió con la cabeza, pero no estaba seguro de que Ron lo hubiera visto. Casi al instante, el atrio se volvió a fundir en el silencio, cuando la voz grave de Kingsley, el ministro de Magia, irrumpió en el lugar.
—Señores miembros del jurado, estamos aquí para la realización del juicio contra los seguidores de El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado. A los sospechosos se los acusa de delitos de lesa humanidad, violación de la ley, desobediencia a las autoridades, participación en grupos clandestinos, efectuación de maldiciones imperdonables, y atentados contra el bienestar público y social. Se los someterá al beso del Dementor en caso de encontrarlos culpables, ameritándoles penas más leves si se encontrare delitos considerados más ligeros. Se llamaron como testigos a Ronald Billius Weasley y a Harry James Potter, por ser considerados héroes de guerra… —las palabras del ministro se ahogaron ante los murmullos de la gente. Harry sintió que se encogía en el asiento bajo la mirada de los miembros de las tribunas—… que presidirán los juicios a realizarse en la fecha pautada para dentro de dos semanas, el día 24 de mayo de este año, en estas mismas tribunas. Hasta dicha fecha, los acusados permanecerán en Azkaban, bajo estrecha vigilancia.
El tiempo se pasó tan rápido, llevando a su par las palabras del ministro, que Harry se sintió aturdido cuando éste anunció que ya podían retirarse. Se puso de pie, sintiéndose ligeramente mareado. Quizás Hermione tenía razón, y debía empezar a dormir un poco más.
Bajó lentamente los escalones, casi sin darse cuenta de que Ron bajaba a su lado, y lo miraba de reojo. Llegaron a la gran puerta, por donde se escabullía la gente, y Harry agarró a Ron del brazo.
—Ron…
—¿Qué quieres?
Harry respiró hondo y cerró los ojos.
—Yo… —abrió los ojos y miró fijamente a su amigo—. Escucha… no creo que… —suspiró—. Sé cómo te sientes, Ron. Yo… no, déjame hablar —le suplicó, cuando vio que su amigo lo iba a interrumpir—. Yo también perdí muchas personas que amaba en esa guerra, perdí a toda mi familia, Ron. No quiero… —tragó saliva— no quiero perder también a mi mejor amigo.
Ron lo miró fijamente durante unos segundos, antes de que su mirada se suavizara.
—Tienes razón. —Sonrió.
Harry dejó aflorar la primera sonrisa sincera desde hacía días.
—¿Tienes hambre? —preguntó, mientras caminaba hacia la puerta. Ron asintió con la cabeza mientras la sonrisa de Harry se ensanchaba. Había cosas que jamás cambiarían.
—Podemos ir a almorzar a ese bar que está en la esquina… Pero antes —su rostro se ensombreció, y Harry lo miró de reojo con un dejo de preocupación—, antes debemos salir ilesos de una horda de periodistas enloquecidos.
Harry rió con ganas, mientras Ron lo miraba con gesto dramático.
Como Ron había predicho, la salida fue un caos. Esta vez Harry sí tuvo que sacar la varita, y amenazar con dejar colgando del tobillo a todo aquel que se le cruzara, para que lo dejaran pasar. Ron se destornilló de risa cuando una fan enloquecida le plantó un sonoro beso en la mejilla, y su amigo se puso tan rojo, que hasta se podía sentir el calor que emanaba su rostro a la distancia.
Al final, almorzaron en un pequeño pub cerca del Ministerio, hablando de nimiedades, y evitando cuidadosamente hablar de los juicios que se presentarían en dos semanas.
Harry volvió solo a su casa a eso de las siete de la tarde, porque Ron había ido a "arreglar unos asuntos" con el jefe del departamento de Aurores.
Apenas llegó, arregló el desastre que su explosión de ira, antes de irse de la casa, había ocasionado, y le escribió unas breves líneas a Hermione:
Hermione:
Estoy en casa. Ron está conmigo. Hemos hablado, y las cosas parecen estar en calma. El juicio se pautó para dentro de dos semanas. Sería de gran ayuda que vinieras conmigo.
Espero que estés bien.
Cariños de,
Harry.
Dobló la hoja de papel, y se la dio al ave de alas grises que reposaba sobre el aparador. Estaba observando a la lechuza desdibujada contra el gris cielo, cuando unos brazos lo rodearon.
Reaccionó instantáneamente, sin pensar si quiera. Su mano voló a su varita en cuestión de segundos, y se deshizo con una rapidez impresionante de los brazos que lo aprisionaban. En menos de cinco segundos, estaba aplastando contra el suelo a la figura cuyos brazos lo habían rodeado, clavándole la varita en la garganta.
—Harry…
—¿Ginny? —Harry se apartó con rapidez de encima de la chica pelirroja, y se puso de pie, sin dejar de apuntarla con la varita—. ¿Cómo entraste?
—Dejaste la puerta sólo con llave, tontito…
—Yo… —Harry frunció el seño—. ¿Cómo sé que realmente eres tú? —sus propias palabras parecieron darle valor, y afirmó la varita entre las manos.
—Harry, ya no estamos en guerra…
—Mira, cuando una chica pelirroja que parece una bomba sexual entra a mi apartamento, tengo que empezar a dudar, porque sino…
Ginny soltó una suave risa, y lo envolvió con sus brazos.
—¿Me extrañaste? —preguntó con voz dulce.
—No sabes cuánto —respondió, igualando la voz melosa, mientras guardaba su varita, antes de besarla con ímpetu.
Harry recorrió con sus manos la espalda de la pelirroja, mientras Ginny enterraba sus manos en el cabello moreno.
—¿Cómo te fue en la gira? —preguntó casi sin mover los labios Harry, mientras buscaba el broche del corpiño de Ginny.
—¿De verdad quieres que te cuente? —cuestionó Ginny, mientras le quitaba la camisa a Harry.
—Claro que s… —comenzó a decir Harry, pero en ese momento el sostén de Ginny se desprendió, y el rostro de Harry se transfiguró totalmente—. Tienes razón. No quiero que me cuentes —escuchó al risa de Ginny cuando se inclinó sobre el cuerpo de la mujer, haciéndola caer de espaldas al sillón. Su cuerpo quemaba sobre el de ella, ardía en puro deseo.
No había sido consiente de cuánto había extrañado a esa chica hasta ese momento. Pero en ese instante, nada más parecía importar. Nada de juicios, ni de ojos grises, ni de problemas. Solo el cuerpo desnudo de la pelirroja moviéndose bajo el suyo, las uñas de Ginny clavándose en su espalda, sus propios labios besando cada peca de la hirviente piel. El cabello pelirrojo que se desparramaba a un lado, los labios de Ginny que besaban su cuello con pasión…
—Harry…
Harry dejó escapar una especie de gemido, mientras se deslizaba al lado de Ginny, dejando que ella se posicionara arriba suyo.
—Gracias.
Harry hubiera querido contestar, pero toda mueca coherente que pudo haber adornado su rostro se vio torcida en una contorsión de puro placer, mientras sentía las manos de Ginny recorrer su miembro con manos expertas. Después de momentos que parecieron eternos, mientras ambos se dejaban perder en esa nube de placer y descontrol, los labios de Harry se movieron otra vez, intentando encontrar su voz por entre los gemidos.
—Ginny… no puedo… necesito…
Harry hubiera jurado que Ginny le había leído el pensamiento, porque casi al instante la sintió hundirse dentro de él. Escuchó el gemido de placer brotar de los labios de Ginny, y él mismo arqueó su espalda para presionar aún más contra el cuerpo de la chica.
Ginny curvó sus piernas sobre el cuerpo de Harry, gimiendo y farfullando cosas sin sentido. En el momento clímax, Harry soltó un alarido seco, antes de sentir como la pelirroja se corría, y caía a su lado, jadeando.
Ginny se recostó sobre su cuerpo desnudo, mientras sentía que el pecho de Harry subía y bajaba al compás de su agitada respiración. Harry encontró sus labios y volvió a besarla.
—Te amo.
—Yo también… —Ginny sonrió de medio lado, pero su sonrisa se congeló cuando el sonar atronador del timbre resonó por todo el departamento.
Los ojos de Harry se chocaron con los de Ginny, y este pudo percibir como el horror que el mismo sentía se mostraba impreso en el rostro de la pelirroja.
—¿Ron? —preguntó Ginny, moviendo los labios.
Harry se llevó un dedo a los labios, pidiéndole silencio. Se movió con agilidad, y se puso de pie, mientras buscaba su ropa por el oscuro living.
—¿Ron? —preguntó en voz alta, tratando de que su voz sonase normal.
—¿Harry? Trabaste la puerta con magia. ¿Puedes abrirme?
—Eh… si, si, ahí va.
Se puso el pantalón dando saltos por la habitación, y se colocó la camisa, moviendo sus dedos velozmente para abrocharse los botones. Ginny hacía lo mismo a su lado, lo más silenciosamente que se podía.
Harry ayudó a Ginny a abrocharse el sostén, mientras Ginny le arreglaba su camisa.
—¿Harry? Me estoy muriendo de frio, hermano. ¿Puedes abrirme?
—¡Sí! Ya va, es que… estoy buscando mi varita.
Ginny tomó el rostro de Harry entre sus manos, y le dio un beso en los labios.
—Te amo.
—Yo también. Vete, Ginny, porque si a Ron se le llega a ocurrir que con un Alhomora abre la puerta, va a matarnos.
Ginny sonrió, y frotó su mano contra la mejilla de Harry.
—Tenías lápiz labial —explicó con una sonrisa, antes de agarrar su campera, girar sobre sí misma y desaparecerse.
Harry se dirigió, casi corriendo, hacia la puerta, murmuró algo entre dientes y de la varita salió un rayo azulado que impactó contra la puerta. Esta se abrió, dando paso a una pelirroja figura desgravada que se apoyaba contra el marco de la puerta.
—¡Al fin! Pensé que me ibas a dejar durmiendo fuera.
Harry sonrió, y se apartó para que Ron pudiera pasar.
—¿Por qué esta la luz apagada? —preguntó con recelo.
—Es que… me quedé dormido. Me quedé dormido en el sillón y no me di cuenta de que se había hecho de noche…
Harry encendió la luz, que titiló suavemente, y un suspiro de alivio estaba por quebrar sus labios, al ver que no había ningún rastro de ropa interior tirado en el sillón, ni ninguna mancha que lo inculpara, cuando a Ron se le ocurrió preguntar:
—¿Eso es un chupón?
A Harry se le congeló el corazón, mientras una mano volaba a su cuello para cubrir la marca.
—Eh… no, yo… no, no es un…
Ron se acercó a él, entrecerrando los ojos. Harry pensó que si Ron no sentía el calor que su rostro encendido estaba dependiendo, definitivamente estaba…
—No, tienes razón. Debe haberte picado un mosquito.
Harry se sintió tan aliviado que le dieron ganas de reír.
—Sí, claro… eso es, un mosquito… tendríamos que poner mosquiteros…
Ron asintió distraídamente, mientras se pasaba una mano por la cara.
—Compré pizza, ¿Tienes hambre?
Harry se apresuró a asentir con la cabeza. Pasaron el resto de la noche comiendo pizza, bebiendo a grandes pasos las botellas de cerveza de manteca que Ron había traído, y mirando películas en el televisor que Harry había insistido en comprar, asegurándole a Ron que le gustarían muchas cosas de lo que verían.
Recién a las tres de la madrugada ambos se fueron a dormir, y Harry tomó, como todas las noches, la precaución de echar un hechizo silenciador en su dormitorio, para no despertar a Ron con sus gritos en caso de tener una pesadilla.
Pero ningún mal sueño lo invadió esa noche, sino que durmió plácidamente, soñando con cabellos pelirrojos y pecas en la piel.
N/A: ¡Hola a todos! ¿Cómo están? Me tardé un poquitito más de lo debido porque no me dejaba publicar e_é Pero al fin acá está, el capítulo tres. ¿Qué les pareció? ¡Del lemon estuvieron advertidos, que conste! jaja. Ojalá les haya gustado y, ya lo saben, siempre pueden hacerme llegar su inocente opinión, su crítica, y, en resumen, su review. Los reviews pasados no pude contestarlos porque otra vez tuve problemas con la página, pero lo haré en cuanto pueda :)
¡Hasta el próximo sábado!
Cam
