Aquí estamos de nuevo. Lo prometido es deuda, aquí hay salseo SALSEO así que.. ¡no os lo perdáis!

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Las luces de la bien entrada mañana entraban ya a raudales por la ventana, iluminando a las dos siluetas sobre el mullido colchón. Otabek abrió poco a poco los ojos, situandose, como cada mañana. Un destello le hizo volver a entrecerrarlos. Cuando volvió a mirar, vio que había sido un potente reflejo de la rubia cabellera que se hallaba entre sus brazos. Sonrió. No podía creerse lo que estaba pasando. Pero ahí estaba, un pequeño e indefenso rubio, como un ángel herido. Acarició la suave melena, no supo cuanto tiempo, pero lo hizo hasta que el otro despertó.

-Buenos días- dijo con la voz un tanto ronca, aún acariciándole. El rubio le miró aún endormiscado y se echó aún más encima de él, abrazándole con todo el cuerpo. Otabek, aunque sorprendido, respondió al abrazo feliz, entrelazando sus piernas y acercándole aún más a él. -¿Quieres que haga yo el desayuno?- el rubio asintió con la cabeza y pareció percatarse por fin realmente de su presencia. Levantó la mirada, sonrojado y vio al moreno sonriendole cariñosamente. Se percató de su postura y su cercanía y pareció enmudecer. Otabek se lo estaba pasando genial con las reacciones del rubio y le alegró ver que ninguna era de rechazo. El rubio volvió a agachar la cabeza y espachurro un poco más a su compañero de piso antes de darse la vuelta de un bote, quitándole toda la manta al moreno.

-Un par de huevos fritos estarían bien, sí- Otabek río y acarició su cabello una última vez antes de salir de la cama y empezar a preparar el desayuno. El rubio, por su parte, se había enroscado en las sábanas, como si fuera una crisálida, y estaba rojo hasta las raíces de la rubia melena, ese hombre hacía que hiciera cosas raras y lo peor de todo es que le gustaba. Poco a poco fue saliendo de su refugio y se sentó en el borde de la cama aún un poco avergonzado cuando vio, sorprendido, que el paquete de tabaco del moreno seguía sobre la mesita. Una de las cosas que había aprendido de él era que no solía separarse de esa cajita. Puede que fuera casualidad o que simplemente se le hubiera olvidado, pero le alegró pensar que en parte fuese por lo que le había contado la noche anterior, que indirectamente fuera por él. Se levantó sonriente y fue a la cocina, donde vio al moreno acabar de servir la mesa y bajarle la comida al mauyante gatito y donde éste se sorprendió por la alegría que reflejaba. Desayunaron tranquilamente, como un buen domingo requería y aunque hiciera dos días que se conocían, sentían que eran amigos de toda la vida con su correspondiente complicidad.

-¿Hoy trabajas?- preguntó el rubio al acabarse su café.

-No, hoy por desgracia tengo libre- el moreno, en cambio, apenas había empezado. Para lo flacucho que era el rubio comía mucho y muy rápido.

-¿Por desgracia?-

-No es que no aprecie tu compañía, creeme, pero me encanta mi trabajo- dijo encogiéndose de hombros. El rubio le entendió a la perfección. Hablaron de cosas sin importancia mientras el kazajo terminaba de desayunar.

-Ve desvistiéndote, ahora voy- dijo levantándose y recogiendo los platos. El rubio asintió y se fue al baño, aprovechó para darse una ducha viendo que el moreno iba a fregar los platos y la mesa. A los diez minutos entró el moreno, oliendo a tabaco. Pudo ver como algo cambiaba en la expresión del rubio, pero no logró averiguar el qué. Cuando el rubio se giró avergonzado en la ducha dándole la espalda, se maldijo por haberse ilusionado con esa tontería. Notó el agua tibia y después las manos del tatuador. Notó cómo recorría el tatuaje limpiando los restos de crema o siguiendo las lineas. Después, de igual modo en el codo, con una calidad extraña, como si estuviera limpiando a su hermano y no a un desconocido. Se le puso la piel de gallina y el moreno lo tomó como una señal. Paseó sus dedos desde el codo hasta el hombro y desde allí, bajó hasta la fina cintura, sobresaltando al rubio cuando intentó moverla a su..

-Ota..- y ahí estaba el tigre. El kajazo sonrió y se retiró, no era el momento. Le dio suaves toques con la toalla a los tatuajes antes de, como siempre, volver a untarlos de crema y el del codo volver a taparlo.

-Cuando te lo limpie esta noche ya no tendré que volver a taparlo- mientras el moreno decía esto, le pasó la toalla para que saliera de la ducha, sonrojando al rubio hasta tonalidades inimaginables. El moreno se echó a reír antes de salir al comedor para dejarle ponerse el pijama tranquilo. Escuchó un murmullo malhumorado en ruso al cerrar la puerta tras de sí. Suspiró y fue a la galería a fumarse otro cigarro. Lo había intentado, no se había decidido a dejarlo, pero sí que había pensado en reducir la cantidad que fumaba, pero le era difícil. Sobretodo cuando tenía que contenerse cada dos por tres con el rubio. Se llevó la mano, inconscientemente a la frente y notó un pinchazo de dolor. El cabezazo había sido efectivo.

-Ota, voy a poner una lavadora, ¿tienes algo para lavar?- el rubio ya se había vestido e iba con un montón de ropa entre los brazos a la galería, donde se encontraba la lavadora. Vio al moreno fumando de nuevo y fruncio el entrecejo. El kazajo intentó cambiar el tema de discusión antes de que empezara.

-Tengo un chichón-

-¿Qué?- vio al moreno señalarse la frente antes de hacer un gesto hacia delante. El rubio se ruborizó y metió rápidamente la ropa en la lavadora. -¿Tienes ropa o no?- no se atrevió a mirarle de nuevo a la cara, cosa que no pasó desapercibida para el moreno, que aprovechó para acercarse un poco. Haciéndose el tonto, posó una mano en su mejilla, haciéndole que le mirara.

-¿Te encuentras bien? Estás colorado- pudo notar como el rubio dejaba de respirar.

-Estoy bien- se giró y se fue al comedor -tienes dos minutos para meter lo que tengas que lavar en la lavadora, pesado- el moreno obedeció y el rubio le enseñó cómo iba su lavadora.

-¿Y que planes hay para hoy?-

-¿No tienes vida propia o qué?-

-Pues no-

-Pues ya sabes qué hacer-

-Va Yurio- se sentaron en el sofá y el moreno le dio un suave codazo.

-Es domingo, no me vengas con querer salir-

-Yo no he dicho que quiera salir-

-Bien- el rubio se levantó y en un minuto ya había una película reproduciéndose.

-¿El Señor de los Anillos?-

-Hoy vamos a hacer una súper maratón, sí señor- Yurio se recostó en el sofá y Piro se le tiró encima. -¿Algún problema?- preguntó el ruso alzando una ceja. Vio al moreno sonreír antes de recostarse junto a él.

-Me encanta esta saga- el rubio le permitió esa cercanía y el moreno lo tomó como una pequeña victoria. Poco después de abandonar La Comarca, Yurio empezó a acariciar suavemente el pelo indómito del kazajo, dejando sonrojado tanto a uno como a otro. El moreno por su parte posó su mano en el muslo ajeno poco a poco, notando como se tensaba pero no protestaba. Eso en el idioma del rubio quería decir que estaba bien, pero que fuera con cuidado y así fue. Le acarició poco a poco, dentro del margen establecido por los gruñidos del rubio y así pasaron el día. Entre caricias, posturas raras, espadas, parones para ir a por comida y birras, un gato yendo y viniendo y algún que otro amago de abrazo. Estuvieron casi doce horas para ver toda la saga, pero como no tenían prisa, no les importó, ni siquiera se dieron cuenta. Eran ya casi las doce cuando acabaron El Retorno del Rey. No habían hecho absolutamente nada, pero eso podía resultar extremadamente cansado. El rubio bostezo y el moreno le miró embobado, era como ver bostezar a un gatito, un precioso gatito.

-Ambs.. ¿Te lavo los tatus y vamos a la cama?- el rubio asintió restregándose los ojos como un niño pequeño, dejando sin aire al moreno. Fueron a la ducha y así lo hicieron, Otabek ya no tapó el segundo tatuaje. El moreno se ducho y pensaba encontrarse al rubio ya dormido al salir, pero no fue así. Estaba sentado en la cama con las piernas cruzadas, mirándole cansado. El moreno apagó la luz y se sentó junto a él.

-¿Pasa algo?- la luz de la noche entraba por la ventana, dejando que pudieran verse.

-Hoy apenas has fumado-

-No me dejas fumar en el comedor-

-Podrías haber salido-

-No quería dejarte por un cigarro- Yurio suspiró y Otabek pudo entrever una sonrisa.

-¿Por qué haces esto si acabas de conocerme?-

-Porque siento que no es así, que nos conocemos de siempre, o al menos de antes- silencio.

-Eso le dirás a todos los clientes que te acogen en su casa-

-Es la primera vez que hago que alguien me acoja en su casa- otro silencio, cortado por el sonido de las telas al moverse. Yurio se posó frente a Otabek.

-¿Tienes pareja?- vio al moreno negar. El rubio suspiró de nuevo y posó sus manos en sus mejillas. -¿Vas a dejarme tirado?- notó como volvía a negar. Sonrió -Bueno, eso ya lo veremos- subió sus manos y le tapó los ojos. Después, reuniendo todo su coraje, acercó su rostro al del moreno. Rozó sus narices, sus labios y, finalmente, se unieron en un cariñoso beso. Tenían los nervios a flor de piel, el moreno entendía lo importante que era para el rubio aquél primer paso y para él, aunque ya había besado y había hecho más que eso, parecía que lo hacía de verdad por primera vez. Fue un beso largo, aunque les pareció un instante. Cuando se dieron cuenta estaban tumbados y el moreno intentaba desnudar poco a poco al rubio, que le detuvo jadeante.

-Yo..yo no.. Ota..- Otabek lo entendió a la perfección.

-Lo siento, lo siento. Tú dirás- atrajo al rubio hacia sí en un abrazo. -Soy tan feliz, Yurio- el rubio alzó la cabeza, mirándole desde su pecho, como si le viera por primera vez. Observó como un par de lágrimas rodaban brillantes por sus mejillas y fue rápidamente a secarlas y después, volvió a besarle.

-Hey.. No pasa nada- Yurio no entendía del todo a qué venía aquello.

-No, pasa todo- Otabek abrazó más fuertemente al rubio entre sus brazos y creyó entenderlo por fin. Lo que el moreno había dejado entrever desde que lo conocía era que había tenido una vida dura y, por como se comportaba, parecía que no le hubieran querido apenas. Sonrió tristemente y volvió a besarle, una y otra vez, casi hasta el mismo momento en que se quedaron dormidos. Lo último que pasó por la cabeza del rubio fue lo mal que lo tuvo que haber pasado para sentirse feliz por estar a su lado. Lo último que pasó por la cabeza del moreno es que no podía ser más feliz, era todo lo que deseaba, querer y ser querido.

No eran pareja exactamente, siguieron con sus constantes riñas, Ota siguió fumando y el rubio seguía sin ponerle buena cara cuando lo hacía, pero entendía el esfuerzo que estaba haciendo el moreno para rebajar la cantidad, cosa que le agradeció a las pocas noches de ver algún progreso. Y ahí estaba el truco. En el día podían tener todas las riñas que quisieran, pero por la noche, arropados por la oscuridad y bajo el consentimiento de la luna, no había noche que no se dijeran palabras de enamorados junto a unos besos y caricias. No habían hablado de lo que eran exactamente, pero por el momento no les hacía falta. Se estaban conociendo, se atraían y sí, cuanto más conocían del otro más se querían. Al moreno, por ejemplo, le encantaba ver como el ruso cogía siempre en brazos al minino de la casa al llegar, le cambiaba la cara y le besaba y el gato lo soportaba estoicamente o la dulce sonrisa que mostraba cuando uno de los niños a los que entrenaba mejoraba y lo alzaba al aire, porque sí, iba a verle siempre que podía. Al rubio, en cambio, le encantaba la cara que ponía el kazajo cuando tatuaba (porque iba siempre que tenía libre a ver como tatuaba, también) y el como le acariciaba los suyos propios, con un cariño infinito. Llevaban ya casi un mes conviviendo cuando un día, mientras comían, Otabek le recordó algo triste.

-Ya no hace falta que siga con los cuidados- el rubio se quedó helado un segundo, pero después le sonrió.

-Aún no está acabado, ¿verdad? Este finde vamos a por la segunda sesión- siguió comiendo pero después, como si no quisiera ser escuchado, susurró -no hace falta..no quiero que te vayas- el moreno, de normal impasible, se sonrojo casi tanto como el rubio y siguieron la comida en silencio.

Y así, el sábado a las diez ya estaban en el local con las maquinas y las tintas a punto. Poco después el sonido de la maquina ya inundaba la sala, aunque tampoco habría reinado el silencio, pues los dos jóvenes no paraban de hablar de cosas más o menos triviales. Hicieron una pausa para comer y eran cerca de las nueve y media cuando, por fin, el rubio se destensó al sentir al moreno limpiarle el tatuaje con cuidado.

-¿Está acabado?- preguntó algo mareado pero emocionado el rubio. El moreno siguió limpiando en silencio.

-Levantate- el rubio obedeció. -Voy a hacerte una foto para la página, si no te importa-

-Claro- el rubio se puso frente a la pared repleta de dibujos y plantillas, de espaldas al moreno.

-¿Podrías girar un poco la cara?- el rubio obedeció y entonces sonó el 'click' junto a la potente luz, anunciando por fin la instantánea. Era una obra de arte, tanto el tatuaje como la fotografía. Se la enseñó al rubio que se había sentado de nuevo, apenas se mantenía en pié.

-Eres un artista-

-Y tú un perfecto lienzo-

-Pues ahora tendrás que llevarme a casa porque me duele todo-

-No hay problema, misheta- tapó el tatuaje, le ayudó con la camiseta y tras limpiar todos los utensilios y la sala, se montaron en la moto y fueron a casa. Allí pidieron pizza e hicieron maratón de Juego de Tronos hasta bien entrada la noche. Cierto Stark había ya perdido la cabeza cuando dieron por acabada la sesión y se fueron a limpiar el tatuaje antes de ir a la cama. No llevaban ni diez minutos en silencio cuando el moreno se levantó cuidadosamente y salió a la terraza. El rubio, claramente, lo notó y cuando se asomó vio al moreno fumando. Salió junto a él, apoyado en la barandilla y siguió mirándole.

-¿Por qué empezaste?- vio como el moreno sonreía cansadamente antes de soltar una nube de humo.

-No sé, ¿rebelión? ¿aparentar? ¿suicidio?- la cara del rubio expresaba una tristeza infinita -no te preocupes, creo que fue más que cuando me fui de casa me faltaba, ya que mi madre se pasaba el día fumando. Es una especie de recordatorio de lo que no quiero ser, de donde vengo y a donde no quiero volver. Aunque no suelo pensarlo tanto cada vez que fumo, ahora es vicio, me gusta. El olor de las manos, el sabor, la ligera sensación que deja.. No sé- el moreno estaba claramente nervioso hablando del tema, pero el rubio no retrocedió.

-¿No te gustan tus raíces? ¿Tus padres no te trataron bien?-

-No tengo raíces. Mi madre pasaba de mí, no se lo reprocho, no era un niño agradable, no para ella, le recordaba demasiado a él. No tuve amigos, era un niño raro, veía a las personas como lo que eran y no como etiquetas. No me gustaban las injusticias, así que yo pagaba todas las penas. No tuve algo parecido a un hogar hasta hace un mes, cuando sentía ganas de llegar a casa y hablar con un malhumorado pero precioso rubio. He tenido ligues sí, pero no recuerdo sus nombres ni sus casas y probablemente tampoco recuerden el mío- el moreno mantenía una fachada tranquila, pero el rubio se echó a llorar en silencio, mirando hacia el frente. Otabek sacó otro cigarro y cuando lo encendió el rubio se lo quitó de la boca y se lo llevó a la suya, como abrazando todo lo que había pasado el moreno, como intentando darle un buen recuerdo a lo que ese cilindro representaba. Era una manera extraña de expresarse, desde luego. El moreno se quedó de piedra. El rubio, con las lágrimas rodando por las mejillas, le dio una onda calada y, como quitándole seriedad a todo lo que ello representaba, se echó a toser entre una nube de humo. El moreno se echó a reír antes de quitarle el cigarro de los dedos.

-De verdad no has fumado nada en la vida- dijo aún sonriente -me alegro, espero que no empieces nunca-

-No pienso hacerlo- cogió la mano libre del moreno y entrelazó sus dedos aún con las mejillas rojas y mojadas. El moreno le miró nervioso y le dio una onda calada al cigarro antes de besar al rubio de ojos llorosos. Cuando se separaron, de la boca del rubio salió una pequeña nube de humo.

-Espero que eso sea lo más cerca a fumar que estés nunca- le susurró mientras limpiaba sus mejillas, que de tornaron más rojas antes de responderle.

-Así a lo mejor le cogería el gusto- el rubio apartó la mirada y el moreno le abrazó sonriente.

-Tranquilo, que para esto no hace falta ese sucio humo- el rubio le miró y volvieron a fundirse en un dulce y esta vez algo más fogoso beso. El cigarro se consumía ya en el suelo cuando ambos entraron de nuevo en la habitación. Allí siguieron diciéndose dulces consuelos y dándose caricias hasta que, por fin, el rubio reunió coraje de nuevo. El moreno, durante aquél mes, había respetado sin quejas ni malas caras los límites que ponía el rubio y los pocos avances que habían hecho, habían sido iniciativa del ruso. Y, aquella noche, como cada pequeño avance, el rubio respiró hondo antes de posarse sobre el moreno, sonrojado y agitado.

-Yurio.. No hace falta..-

-No Ota, de verdad.. Yo..- el rubio no sabía a donde mirar, pero no cogió distancia, más bien la acortó. Le dio un beso en la frente antes de, con un leve quejido, empezar a quitarse la camiseta. El moreno le ayudó.

-¿Te duele mucho?-

-Me escuece si me estiro, no es nada- el rubio pasaba sus manos por el pecho del moreno, levantando tímidamente la camiseta ajena. El kazajo le ayudó a desvestirle. Notaba las manos inseguras y algo temblorosas del rubio.

-Yurio..-

-Ota de verdad.. Es sólo que.. No sé qué hacer..- el moreno podía ver el sonrojo del rubio hasta con la escasa luz que entraba por la ventana.

-Haz lo que quieras, sé que no me harás nada que me haga daño- el rubio se mordió el labio antes de abalanzarse de nuevo sobre el moreno, besándole y, poco a poco, fue bajando. Por el mentón, la nuez, la clavícula, hasta el pecho. Allí se dirigió a un pezón y lo lamió y mordió suavemente, hasta que, como venido del cielo, escuchó un suave gruñido del moreno. Le miró sorprendido y le encantó lo que vio. No se había atrevido a mirarle desde que había empezado a besarle, pero el verle sonrojado y con la respiración agitada le sacó una sonrisa. También se sorprendió al notar que la zona donde estaba sentado empezaba a endurecerse y rozaba, como sin querer, su propia intimidad. Se sonrojó al notarlo y siguió con lo que estaba haciendo. Le hizo lo mismo al otro, para que no tuviera envidia antes de seguir bajando por el trabajado abdomen. Cuando llegó al ombligo ambos notaron que llevaban demasiada ropa. Yurio se aguantó sobre sus rodillas mientras se bajaba sus pantalones y a su vez, el moreno levantó un poco las caderas para poder quitarse el suyo. El rubio, sonrojado y algo inseguro permaneció un momento incómodo. Hacía años que no se desvestía frente a alguien y a pesar de que frente al moreno lo hacía a diario, nunca había sido en aquellas circunstancias. El moreno leyó su cara perfectamente y le besó, haciéndole posarse de nuevo sobre él. El rubio se sobresaltó al notar el miembro del moreno bajo él, pero se sorprendió aún más al notar como las manos ajenas buscaban cierta cavidad inferior con unos dedos húmedos. El rubio le miró y el moreno suspiró, controlándose, antes de volver a preguntar.

-¿Estás seguro? Aún podemos parar- el rubio asintió lentamente antes de abrazarle. El moreno besó y lamió su cuello mientras sus manos profundizaban en el cuerpo ajeno. El rubio soltaba algún que otro gemido y apenas había rastro de dolor, el moreno estaba dedicándole mucho tiempo para que no le fuera incómodo nada. El rubio se dio cuenta de la delicadeza y sutileza que estaba empleando el moreno en él y se lo agradeció en un susurro, llevándose una mirada casi enfadada de él, con un "faltaría menos, misheta meva" con un tono cariñoso. Cuando el rubio se sintió preparado por fin, cogió las manos del moreno y las subió al inicio de sus glúteos, tocando el film que tapaba el acabado tatuaje. Poco a poco, se fue introduciendo el miembro del moreno entre suspiros y jadeos por parte de ambos, formando su propia canción, su propia historia. Montó al moreno mientras se deshacían de complejos o inseguridades. No supieron cuando tiempo estuvieron, pero amanecía cuando por fin, ambos llegaron a la cumbre del placer y el rubio cayó rendido al lado del moreno, que le abrazó y besó en silencio antes de que ambos se quedaran dormidos en brazos del otro.

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¡HASta aquí hemos llegado! Lamento anunciarles que quedan DOS capítulos para terminar este fic y que, creedme cuando os digo que lloraréis con el último porque he lLORADO HASTA YO ESRIBIENDOLO Y REVISANDOLO. Depende de las reviews que me lleguen subiré los dos últimos la semana que viene así que NO OS CORTÉIS Y DADME VUESTRA OPINIÓN (desde el amor y el respeto eh). Un abrazo y.. ¡nos vemos en el próximo capítulo!