Disclaimer: Ni Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen, puesto que pertenecen a Hiro Mashima. Esta historia esta hecha sin fines lucrativos.

·

·

4.- Instinto.

·

·

—¿Puedo pasar?

Natsu contempló, con aturdimiento, a la persona que aguardaba con paciencia en el umbral de su puerta. Notaba como el cabello, aún húmedo, serpenteaba sobre sus hombros, mojándole la camiseta de tonos azules.

El conjunto lo completaba unos vaqueros cortos descosidos, junto a unas sencillas playeras.

Y tragó fuerte, a la vez que endurecía el agarre del manillar de la puerta.

—¿Natsu?

Quiso arrearse un puñetazo. Inspiró sutilmente, intentando tranquilizarse a la vez que se hacía a un lado para dejarle pasar, y deseó no haberlo hecho.

Una fragancia parecida a la leche de almendras irrumpió con fuerza a través de sus fosas nasales, colmándole cada vello del cuerpo.

—¿Dónde está Happy? —preguntó, buscándole con la mirada.

Hizo un esfuerzo para encontrar su voz. —Está con Charle y Wendy.

Mierda. Deseaba con fervor que su voz no hubiese sonado tan ronca como le había parecido a él. Aquella esencia estaba quemándole la garganta, a la vez que le retorcía los huesos.

Contempló cómo Lucy tomaba asiento con serenidad en el sofá que estaba al lado de la hamaca, esperándole. Sintiendo los músculos engarrotados, cerró la puerta, y la imitó tomando asiento en la hamaca, quedando justo al frente. Con la curiosidad burbujeando, aguardó.

—Lamento haberme presentado sin avisar —comentó, apocada.

Natsu ladeó la cabeza, con la confusión inundándole el cerebro. Millones de veces había pensado que Lucy ya era extraña de por sí sola, por lo que siempre le causaba curiosidad lo que tendría rondándole la cabeza. ¿En serio? Una sonrisa ladina le creció en el rostro. Lucy, cuando le daba, era muy graciosa.

—Bueno —observó divertido—, Happy y yo nos hemos presentado (colado, mejor dicho) en tu casa sin avisar muchas veces, así que no hay problema. No creo que hayas venido a eso, ¿no? —preguntó, agrandando la sonrisa.

—La verdad es que no, pero pensé que debía decirlo —continuó, con la mirada clavada en el suelo.

Natsu sabía que algo la tenía inquieta, así que contestó con tranquilidad. —Está bien.

Lucy tomó aire profundamente, y le clavó la mirada. El aplomo de aquel sencillo gesto, provocó que el pulso se le disparara de manera errática.

—¿Qué pasó la otra noche?

Natsu tomó conciencia de que la sonrisa se había esfumado de un plumazo, sustituyéndola por una línea tensa.

—¿A qué te refieres? —preguntó, mirando hacia un lado.

—Sabes de qué estoy hablando —continuó con firmeza.

En verdad que admiraba profundamente la valentía de esta chica. Allí estaba ella, luciendo totalmente desconcertada, pero abordando, por primera vez, un tema que los aturdía sin tregua, y que habían estado evitando durante meses.

Inquieto, se pasó una mano por el cuello.

Y es que, ¿Qué podía decirle? ¿Qué sus instintos habían despertado a causa de que estaba enamorado de ella, y que no había sido siquiera consciente de ello hasta que lo había golpeado cual puñetazo de Erza? ¿Qué la necesidad que sentía por ella lo traía de cabeza? ¿Qué consideraba aquel tema como terrorífico? Demasiado.

Suspiró, cansado.

—Sí —comentó con la voz fatigada—, lo sé.

Lucy tragó en seco. Era la primera vez que Natsu se mostraba dispuesto, y ahora no sabía qué se suponía que debía hacer. Habían estado ignorándolo silenciosamente durante meses, y tras la revelación de Levy, la adrenalina se le había disparado como el rifle de precisión de Bisca. Acelerada, y con la ansiedad retorciéndole la boca del estomago, se había plantado allí intentando desentrañar lo que ocurría en aquella cabeza dura. Ahora, se sentía perdida.

—¿Qué pasó, Natsu? —repitió, en un murmullo suave.

Natsu alzó la mirada, para contemplar como Lucy se había arrodillado en frente de él, con cuidado, y buscándole la mirada. Esto los estaba jodiendo de verdad, y eso era lo último que había querido.

—Quisiste besarme, ¿verdad?

Sentía la garganta tan reseca, que parecía que le habían metido un cargamento de arena traquea abajo. Aquella boca rellena empezaba a hipnotizarlo, y lo sabía. ¿Resultarían tan suaves como había fantaseado? Hundiéndose en desesperación, su mente le gritaba una y otra vez que no quería involucrase en algo así. Tal vez Gajeel tuviera razón, y no fuera que sintiera que ella no era la adecuada, sino que tal vez era él, el que no se sentía adecuado para ella.

—Me aturde —continuó ella, mirándole, con voz suave—. ¿A ti también te ocurre igual? —murmuró— No sé porqué, pero creo que no sentiría mínimamente nada parecido por otra persona que no fueras tú —el sonrojo le trepó acariciándole las mejillas, dándole un aspecto adorable—, pero ahora quiero saber que piensas tú, Natsu.

Con auténtica bruma colapsándole la cabeza, y con la ansiedad nadándole por las venas, rodeó su cintura con un brazo, a la vez que su otra mano viajaba hasta su nuca, para encontrar su boca con la de ella, con autentica desesperación.

Miles de veces había despertado con la sensación de que sus labios serían suaves, y dulces, como lo era ella en su totalidad. Pero era mejor. Por un demonio, ¡Era mil veces mejor! Sobre todo con la boca de ella ardiendo en respuesta. Inspiró profundamente, a la vez que la besaba con todo el fervor que había contenido en las entrañas durante meses. Adoraba a esta chica, y aunque no supiera desde cuando, lo traía sin cuidado.

Con suavidad, ella había colado sus dedos entre sus cabellos, jugando con ellos y acariciándolos con sutileza. Aquel sencillo gesto, lo había animado a acercarla más hacia su cuerpo. La quería más cerca. Quería sentirla en su totalidad. Despierta, enardecida, con sueño, malhumorada, o pensativa. Le daba lo mismo. La quería entera, durante todos los días, estaciones del año, o lo que fuera.

Con soltura, la levantó por el brazo que la rodeaba por la cintura, y la sentó sobre él, quedando ella a horcajadas encima de él. De seguir así, el calor que desprendía aquella boca iba a hacerlo perder el juicio. Pero, ¿Qué podía hacer? La fragancia que ella despedía le aturdía los sentidos, así que no podía estar enamorado y pensar a la vez. Punto.

Con arrojo, su mano, la ladrona, se deslizó debajo de la camiseta, acariciando despacito la piel de su espalda, por la cual había estado muriéndose de ganas por tocar. Siempre había querido hacer eso, desde que los sentimientos que tenía hacia ella habían comenzado a desbordarlo. Pero no había esperado la respuesta que ella le había dado. De manera encendida, Lucy había suspirado sin poder controlarlo en su boca, lo que le hizo perder la cabeza por completo.

Besándola sin parar en intensidad, notó cómo las manos pequeñas de ella habían viajado a su cuello, y seguían bajando hacia sus hombros, para abrazarlo enardecida. Oh dios, como deseaba tumbarla en aquella hamaca. Tenso, rompió el beso haciendo un chasquido, para tomar un poco de aire. Apreció como los ojos de Lucy, nublados en deseo, le contemplaban. Daría lo que fuera, y lo que no tenía, para que ella lo mirara siempre así. Juntó su frente a la de ella, notando el calor árido que empezaba a desprender. Oh sí, ahora sí podía decir que estaba encendido.

Clavó sus dedos en su espalda, cuando notó como ella se encaminaba a darle pequeños besos en la mandíbula, a la vez que se apretaba a él. Joder, ¿¡Porqué tenía que mostrarse tan dispuesta con él!? La conocía tanto, que le asustaba. ¿Tanto confiaba en él? ¡Ni siquiera él confiaba tanto en sí mismo como para saber con certeza que no perdería la cabeza! Los músculos empezaron a engarrotarse de manera dolorosa, y el pantalón comenzó a apretarle demasiado, sobre todo, en aquella zona tan particular. Con frenesí, se apartó para interrumpir la sesión de tortura que le estaba dando ahora en el cuello, para hundirse en aquella boca otra vez. Ella era tan suave… Era como si estuviera hecha para encajar con él, práctica y totalmente a su medida.

Con descaro, enganchó con los dientes el labio inferior de ella, de manera juguetona. Oh, como le gustaba. Estaba ligeramente más relleno que el superior, perfecto para mordisquearlo. Ella, acalorada, se movió contra él, causando la justa fricción entre los dos, para que el ahogara un gemido en su cuello, desbordado.

Hundido, y desesperado, volvió a clavarle los dedos en la cintura, provocando aquella fricción tan placentera otra vez, justo en el lugar que clamaba por atención. Y ella gimió en su oído, ocasionando que le clavara nuevamente los dedos para continuar aquel roce. Echó los brazos a su cuello, para ayudarle con la inercia del movimiento, a la vez que todo se volvía frenético.

Desinhibido, y sintiéndose embriagado, llevó una mano a su nuca, para alzarle la cabeza y poder contemplarla. Con los ojos nublados, y la boca llena y sensible de los roces que habían compartido, admiraba como ella se dejaba llevar por él, con absoluta complacencia.

Completamente desquiciado, rozó su nariz contra su hombro, buscando aquella fragancia que le volvía loco, a la vez que la fricción se volvía más salvaje, y ella empezaba a gemir sin control. Estaban en el límite, y lo sabía. Solo un poco más… Deslizó sus manos dentro de su vaquero, apretando con delirio su trasero, para comenzar a buscar desesperado el botón para desabrocharlo, y poder sentir por completo aquel olor fresco que comenzaba a emanar de ella. De manera brusca, y con la mano aún dentro del vaquero, apartó la ropa interior de ella, buscando aquel lugar que comenzaba a volverlo totalmente loco. Cuando llegó justo donde se moría por llegar, Lucy, totalmente excitada y derrotada, dejó caer la cabeza sobre su hombro, dejándose llevar por él.

Oh, su Luce… no pensaba darle ningún tipo de tregua, en compensación por todos aquellos meses de auténtica locura.

Con arrojo, frotó sin piedad aquella zona, húmeda y fresca, a la vez que ella soltaba un gemido estrangulado, y se apretaba contra sus hombros. Con delirio, ella se incorporó como pudo, para bajarle el chaleco hasta los codos y poder recrearse ante la imagen que tenía del muchacho.

En un arrebato, y encendido por la manera en que lo miraba, Natsu introdujo por fin el dedo, causando que ella volviese a perder la fuerza, y se dejara caer contra él de nuevo, para empezar a gemir de manera descontrolada, a la vez que él acribillaba sin piedad aquel lugar tan sensible de ella. Sin pausa, empezó a atormentarla, conteniendo a duras penas las ganas de hacerle jirones aquel estupido vaquero y hundirse en ella tal como deseaba.

Cuando quiso darse cuenta, estaba succionando de manera violenta la piel de su hombro, marcándola, mientras oía de fondo los gemidos, ahora desbocados, de la chica que tenía en los brazos.

Lo sentía venir. Podía rozarlo casi con los dedos. Aquel placer que les inundaría las venas, y los dejaría satisfechos, y complacidos, sólo para poder tomar el aliento necesario para hacerle el amor como ella se merecía. Porque ella no merecía otra cosa. Merecía alguien que la desnudara y pudiera quedar maravillado ante la suavidad de su piel, o lo dulce de su boca, o lo bien que quedaría su cabello desparramado sobre su almohada. Porque no permitiría a ningún otro hombre tocarla. Ella le pertenecía. Ella era suya. Y de nadie más.

Y entonces, casi con los dientes clavándose en la piel de su hombro, se apartó aterrado de un tirón.

·

·

Lucy, sentada con el suelo bajo ella, tenía la certeza de que el mundo se había partido en dos, y la había engullido sin piedad.

Desubicada, desorientada, y con las piernas aún temblándole, apoyó las manos en el suelo, buscando algún tipo de apoyo. Notaba el pulso tan acelerado, que pensaba que estaba a punto de darle un ataque cardíaco.

Llevó la mano a su garganta, intentando controlar el pulso errático que mantenía y no desaceleraba. ¿Qué había pasado?. Ella en el umbral. Ella en el sofá. Ella arrodillada. Ella sentada encima de él, ambos gimiendo descontrolados.

Alzó la mirada bruscamente, incrédula.

Natsu se había levantado de la hamaca, y mientras le daba la espalda, se sujetaba contra la mesa, con tanta fuerza que pensaba que la partiría en dos.

Las lagrimas se arrejuntaron, traicioneras, haciendo que los ojos le escocieran del esfuerzo por retenerlas.

No lo entendía. Lo quería de una manera tan cruda y sincera que le engarrotaba los huesos y le nublaba los pensamientos. Oh, como la había mirado. Como siempre había deseado en sus más recónditos anhelos.

Avergonzada, se frotó los brazos sintiendo el frío calándose en su piel.

—¿Porqué haces esto? —preguntó, derrotada.

Sacando fuerzas de donde no las tenía, se levantó para confrontarlo. Con ira, llegó hasta él, y le aventó con fuerza las solapas del chaleco, dándole la vuelta para que la mirara.

—¿¡Te resulta divertido!? ¿¡De verdad piensas que voy a creerme que no sientes nada!? ¡Háblame, maldita sea! —gritó con impotencia mientras lo zamarreaba con fuerza—. ¡Quiero saber porque llevas meses evitándome! ¡Porqué me besas de esa forma y me miras de manera especial, para luego desaparecer o apartarte como si fuera la peor de las blasfemias!

—Lo siento.

Lucy destensó el agarre de las solapas del chaleco, perdiendo la fuerza de manera paulatina. —¿Lo sientes…? ¿¡Que lo sientes!? —incrédula, lo miró como apretaba la mandíbula al punto de partirla— ¡Vamos, háblame! ¡Necesito saberlo! —demandó con ferocidad.

—Instinto.

Lucy lo miró, boquiabierta. —¿Insti…

—Es por nuestro instinto —repitió, sin dejarla terminar—. Los dragon slayers nos sentimos atraídos por nuestros compañeros. Cuando los encontramos, nos dominan los instintos para marcarlos como nuestros. Son nuestras parejas de por vida. De esa manera, nos empujan a reclamarlos y ligarlos a nuestra existencia. No hay segundas oportunidades. Solo nos ocurre una vez.

Lucy lo contempló, sin saber qué decir.

—Espe…

—Nuestras relaciones son más complejas que las vuestras —ya no podía parar—. Puede que nos tiremos toda una vida y no las encontremos. O podemos encontrarlas a una edad temprana. La cuestión es, que una vez que la encontramos, nuestros instintos nos dominan, instándonos a unirlos con nosotros.

Pero Lucy no lo entendía. De acuerdo que el tema de las parejas fuese enrevesado, e incluso confuso, pero… ¿Dónde estaba el problema? Es decir, ella estaba más que dispuesta a seguirlo donde quisiera que fuera, durante una vida, o todas las vidas que él estuviera dispuesto a tomar. Le daba igual haberle encontrado antes o después, o si hubiese sido hace doscientos años, dentro de tres meses, o incluso en una realidad alternativa. Lo amaba, y nada ni nadie podría arrebatarle eso.

—Un momento —pausó, aún aturdida— ¿Cuándo os ocurre eso? ¿Recién las encontráis? ¿Nada más verlos?.

Natsu inspiró con fuerza. Tenia los músculos tan engarrotados de la tensión, que sentía que si se movía, se partirían todos y cada uno de ellos. Miro como Lucy lo contemplaba, desconcertada. Lo entendía. No había querido soltarle todo aquello en una situación así. Como últimamente, las cosas entre los dos no hacían más que descontrolarse.

—Podría darse el caso. Normalmente, se desarrolla… —tragó en seco—, a causa de sentimientos ya existentes.

Lucy soltó el aire que retenía de golpe. El ya guardaba sentimientos profundos respecto a ella… ¡El la quería! Oh dios…, se llevó la mano a la cabeza, notando como le ardía por la cantidad de información. Tantos meses, tanto tiempo dudando, esperando el momento adecuado, siempre esquivo, siempre evitándola…

Un momento.

—¿Por qué me has estado evitando entonces? ¿Por qué no hablaste conmigo? —demandó, con la desazón hurgándole en el estómago.

—Ya te lo he dicho, para vosotros es diferente. Podéis enamoraros más de una vez —apuntó, desalentado.

Lo sintió como un puñetazo al estómago. Natsu no había querido compartirlo con ella… ¿Porque dudaba de lo que sentía por él? ¿Tan pasajera la tomaba? ¿Creía que sería capaz de sentir por otra persona lo que sentía por él?

—¿Dudas de lo que pueda sentir por ti? —preguntó en un susurro, sin podérselo creer aún.

—No es eso —apuntó con ira—. No es que lo dude, ¡maldita sea! —se llevó una mano al cabello, exasperado— No confío en las relaciones, en lo que las mueve, el amor. ¡No tengo ni idea del amor, por Mavis! ¿Y si sale mal? ¿Y si te pierdo? ¿O te cansas? ¿¡Y si te enamoras de otra persona!? —continuó, desquiciado— ¡No quiero involucrarme en algo así!

—¡Eso no lo sabes! —bramó ella de vuelta— ¿¡Por qué te pones en lo peor!? ¿Crees que yo si tengo experiencia? ¡No tengo ni la más remota idea! ¡Pero tú serías el único con quien yo sería capaz de tomar ese riesgo!

—Para ti es más fácil decirlo.

Lo había visto venir, pero no había hecho nada por evitarlo. Desesperada, Lucy había cruzado su mejilla con un bofetón seco presa de la ira, haciéndole virar el rostro. No era un puñetazo de Gray, ni era algún ataque de Gildarts, o incluso alguna patada de Erza. Pero le había dolido más que ninguno.

—Más fácil para mí, ¿dices? —preguntó, siseando— ¿Crees que me ha resultado fácil venir aquí, y exponerme como lo he hecho? ¿Crees que ha resultado sencillo aguantar durante meses los pensamientos que se me acumulan en la cabeza? ¿O ponerle nombre a lo que sienta por ti? ¿Tan poca credibilidad nos das, que directamente me has aislado todo este tiempo, evitando lo que precisamente ha pasado hoy? —sorbió con fuerza por la nariz, mientras que dejaba al flequillo cubrirla el rostro— ¿No puedes respetarme lo suficiente como para dejarme a mí decidir también? —terminó en un susurro.

La garganta se le cerró en un abrazo incómodo. Por primera vez, notó el desánimo recorrerle por las venas. No es que Natsu no confiase en ella, es que no confiaba en los dos como pareja. Había millones de razones por las cuales pudiese no ser buena idea estar juntos, pero no había ni una sola que fuera lo suficientemente fuerte como para vencer a la razón por la cual si lo era. Pero él parecía empecinado a evitarlo a como diera lugar. Desanimada, dejó los hombros caer, mientras notaba como el desconsuelo se filtraba por su sistema nervioso.

Con las piernas pesadas, se dio la vuelta sin siquiera volver a mirarlo, y se dirigió a la puerta. —Lamento haberte robado tanto tiempo. Nos vemos mañana —y con languidez, la abrió, y salió por ella sin mirar atrás.

Ya afuera, suspiró con fuerza, dejando que las lágrimas cayeran sueltas, a la vez que la brisa le entumecía las mejillas. Su cuerpo no reaccionó al estruendo que vino desde adentro.

Al final, Natsu había partido su mesa en dos.

·

·

—Juguemos a un juego.

Natsu observó a una Cana recién llegada y sonriente, pasando su baraja de cartas de una mano a otra, con una sonrisa traviesa. Un escalofrío le trepó la espalda. Esa sonrisa no solía augurar nada bueno, según la mayoría de miembros del gremio.

Sabía de antemano la capacidad de Cana para poner, con una facilidad asombrosa, en algún que otro aprieto verbal, pero a él siempre le había traído sin cuidado.

—Sabes que no creo en esas cosas —apuntó, entrecerrando los ojos de manera aburrida.

Y era cierto. Cana llevaba años intentando que se animara a que le leyera las cartas, y nunca había aceptado. No por nada en particular, sino porque era reacio a que esos trozos de cartón le dijeran cosas de él mismo mediante simples posiciones o imágenes.

Además, después de que todo se hubiera salido de control la noche pasada, su cuerpo mantenía una tensión que a duras penas podía soportar. Un ligero aroma a salado se había filtrado, reptando sin piedad a través de la puerta, que le hizo darse cuenta de que ella estaba llorando. Preso de la impotencia, había terminado por hacer añicos la mesa.

No había podido pegar ojo. Se había tirado a la hamaca, prisionero de sí mismo. ¿¡Cómo podría mirarla ahora a la cara después de lo que le había hecho!? Era consciente de que ella no se había quejado en ningún momento, al contrario, se había mostrado más que receptiva. Y eso era lo que precisamente le tenía los nervios de punta. Y los ánimos más que estimulados, siendo sinceros.

Había recuperado una minima parte de su conciencia justo en el momento en el cual pretendía mordisquearle aquel hombro. Había una necesidad que le había retorcido las entrañas, empujándole a marcarla. Joder, él no era un animal. Se pasó una mano por la cara, sintiéndose exhausto. Por primera vez, sentía que necesitaba marcharse para poder despejarse, e intentar poner de nuevo las cosas en su sitio. No quería involucrarla en algo así. Había sido testigo en el propio gremio. Depender emocionalmente de alguien. Era cierto que había personas que se encontraban bien con ello. Bisca y Alzack, por ejemplo. No tenía mejor ejemplo que ellos dos. ¡Incluso tenían a la pequeña Asuka! Y se les veía felices. Mucho. Pero… ¿Y si no les hubiera resultado así? ¿Condenados a ver como el uno se hubiera separado del otro, sólo para quedarse mirando como se partían sus vidas para continuarlas por separado? El no quería eso. El quería a Lucy en su vida, fuera de la manera que fuera. Pero se estaban haciendo daño. Mucho más que en cualquier momento desde que se habían conocido. Habían pasado por muchas situaciones difíciles, si, pero no algo como esto. Ella era su apoyo. En cierta forma, y aunque no pudiese explicarlo correctamente, sentía que ella lo mantenía anclado al mundo.

—Creo que esta vez sí que vas a jugar —Cana amplió su sonrisa, luciendo aterradora, a la vez que se sentaba plácidamente en frente de él, junto a su adorable barril—. ¿Sabes por qué tengo la sensación de que vas a hacerlo?

Natsu esperó atento, mirándola con curiosidad.

—Porque de lo contrario, estoy segura de que a muchos les encantaría saber como tenías arrinconada a cierta maga celestial, en cierta fiesta, contra cierta pared, y con ciertas y dudosas intenciones amistosas.

Se quedó paralizado, con los ojos abiertos de la impresión, y en parte, con la vergüenza inundándole los sentidos. Notaba la cara tan ardiendo, que estaba seguro que de un momento a otro entraría en combustión.

Natsu tragó duro, intentando recobrar la compostura. —¿Q-Qué…?

—Vamos, vamos —agitó una mano, como restándole importancia al asunto—. Yo estaba allí ¿Recuerdas? —continuó complacida— y de no haberos interrumpido, ese balcón hubiera acabado en llamas —apoyó los brazos en la mesa acercándose a el, buscándo intimidarle—. Si sabes a lo que me refiero, claro.

Cana volvió a lucir aquella sonrisa temible. —El juego se llama: «¿Dónde esta Lucy?»

Natsu alzó el cuello con tanta brusquedad que hizo un chasquido sordo. Llevaba un buen rato esperando en el gremio, y la rubia no había aparecido aún (y no era consciente de que hubiera estado tan atento a aquel detalle). Había escogido una misión cualquiera, para poder arrastrar a la rubia consigo, y poder disculparse, porque aunque en el fondo se estuviera volviendo loco por tenerla, consideraba que no había sido correcto, y al final todo se había salido de control, para no variar. Y aquello le estaba comiendo por dentro.

Se quedó contemplando a la retorcida usuaria de magia de cartas. Resopló con fuerza, hastiado. Aún notaba el calor que desprendía del rostro. Perjuró mentalmente. ¡A él le importaba un carajo lo que quisiera contar! Pero… estaba ella. Titubeó. Después de lo que había ocurrido la pasada noche, no tenía ningún derecho. Sintió como la boca se le desplomaba, del recuerdo amargo, a la vez que el abatimiento le acribillaba de nuevo sin piedad.

—Está bien —declaró con desánimo, mientras se cruzaba de brazos.

Por un momento, Cana lo miró sorprendida de haberle pillado finalmente, y se quedó contemplándole, extrañada. Hubiera jurado que hubiera requerido de todas sus habilidades persuasivas, pero al final había resultado fácil. Incluso la otra noche se había quedado admirada (y ruborizada) después de haber sido testigo de la actitud de esos dos cuando estaban solos. Pero parecía que, por algún motivo, las cosas no estaban marchando bien. Su sonrisa se volvió comprensiva.

Su mano barajó las cartas con precisión y rapidez, y de un solo movimiento, las abrió en abanico sobre la mesa.

Su mirada, firme, no dejó entrever ninguna emoción.

—Escoge cinco cartas.

Natsu, aún refunfuñando, escogió cinco cartas del aquel abanico. Joder, esto era una auténtica estupidez. Aunque respetaba mucho la magia de la hija de Gildarts, era completamente reacio a este tipo de cosas.

—Bien —Cana volvió a lucir aterradora—. ¿Qué deseas saber?

Natsu ladeó la cabeza, totalmente perdido. —¿Yo? —se llevó una mano a la barbilla, pensativo— ¿Qué se supone que debería desear saber? —preguntó con inocencia.

Cana se llevó una mano al rostro. Debería haber sabido que esto no sería tan sencillo como había imaginado, y menos con el chico de cabellos rosados. Tomó aire profundamente.

—Bueno, depende de varios factores. Puedes desear saber cosas de tu pasado, de tu presente, o de tu futuro.

—Oh, entiendo. Veamos… —titubeó—, creo que me quedo con el presente.

Cana retiró las cartas que había escogido, y las separó del resto, dejándolas a un lado.

—¿Deseas saber alguna circunstancia en particular?

Natsu volvió a ladear la cabeza, pero Cana, viéndolo venir, se adelantó. —Podrían ser cosas como el trabajo, la salud, o incluso el amor.

Natsu sintió como el sonrojo le trepaba otra vez, pero agitó la cabeza, centrándose. —¿No puedes elegir tú por mi?

Cana suspiró. Si que se lo estaba poniendo difícil, sí. —Veamos lo que dicen las cartas por sí solas, ¿te parece?

Natsu asintió. La verdad es que no le surgía demasiado interés, así que le daba exactamente igual. Contempló como Cana puso las cartas encima de la mesa. Las cartas se cruzaban y se rozaban unas con las otras. Vio como Cana contemplaba las cartas de manera silenciosa, así que aguardó. Estaba a punto de llamar su atención, cuando Cana comenzó a hablar.

—Esto representa causas pendientes. Se han mantenido inactivas, pero están comenzando a despertar, y te está repercutiendo en tu presente. ¿Ves esta carta? —apuntó a lo que parecía un tipo con un atillo— Representa tus habilidades. Espontaneidad, fuerza, poca reflexión… No obstante, esta invertido. Boca abajo —aclaró—, por lo que está influenciado, provocando desborde emocional, complicaciones y obstáculos.

Natsu contempló sorprendido aquella carta. El solo veía la caricatura de un tipo en una posición un tanto ridícula e inestable. ¿Dónde veía Cana todo eso? Sería cosa de su magia, claro. En cualquier caso, el vuelco que le había dado el estómago ante su suposición le había inquietado. Y no le había gustado en absoluto la sensación.

—Aquí —su dedo índice llegó hasta la segunda carta—, habla de tu espíritu. Representa la intensidad que lo compone, y simboliza tu fuerza de voluntad. Sin embargo, también figura la sublevación del instinto. Cuanto más lo ignores, más se alzará.

Natsu se tensó. Esto definitivamente no le estaba gustado. Había hinchado orgulloso el pecho ante las características que Cana decía de su espíritu, para terminar desinflándose como un globo pinchado.

—¿Es que no ves nada bueno? —ironizó, cruzándose de brazos.

—En ella —apuntó a una tercera carta.

Natsu contempló la carta. Veía a una mujer contemplando un lago, con una estrella en lo alto del cielo. Miró la carta cautivado. Cana sonrió con ternura.

—Representa a tu compañera —continuó con afecto—, y simboliza claridad, perspicacia, y una gran espiritualidad. ¿Por qué me sonará? —preguntó al aire, provocando que el muchacho volviese a sonrojarse, haciéndose el sueco— Encarna el destino. La verdad. Obtendrás aquello que mereces, si eres capaz de defenderlo. Simboliza el saber qué hacer. Es la oportunidad que tienes en esta existencia de ser feliz.

Natsu contempló la carta sin aliento. ¿Todo eso representaba ella para él?

—Pero… —su tonó cambió a uno preocupado, provocando que él alzara la vista de la carta alarmado—, esto, está aquí.

Su dedo se posó en una cuarta carta, que mostraba a un tipo con alas con una especie de instrumento musical entre las manos. Natsu pensó que tendría a algún exceed, como Happy, sujetándolo desde la espalda.

—Juicio. Vacilación. Debilidad. Y separación —concluyó—. Representa el punto de inflexión. Todo lo que tiene un principio, tiene un final. Guarda relación con tu causa pendiente. Al parecer, se ha postergado durante demasiado tiempo. Será inevitable.

Natsu se rascó la mejilla, confundido. No había entendido nada. Miró a Cana, que seguía mirando esa carta como si quisiese destriparla.

—Bien, hemos terminado —concluyó, sonriente—. No ha sido para tanto, ¿verdad?

—Oh, bueno, no he entendido la mitad, así que supongo que está bien.

—Bueno —comentó, pensativa—, la verdad es que tú no crees en estas cosas, ¿No?, así que realmente no tienes porqué tener en cuenta ni una palabra de lo que te he dicho.

Natsu asintió, inseguro, sin saber muy bien dónde quería llegar Cana. En fin… Se levantó, a la vez que llamaba a Happy en el proceso, por lo que el exceed se acercó raudo a donde se encontraban.

—Espera, ¿A dónde vas?

Miró nuevamente a Cana. —A buscar a Lucy. Mira ha tomado apunte del encargo, así que estaremos fuera durante unos días —comentó, despreocupado.

—Bueno, has jugado a mi juego, ¿Recuerdas? así que lo prometido es deuda —apuntó con voz neutral.

Natsu miró a Cana con curiosidad, y recordó el nombre que ella le había dado a aquel confuso entretenimiento de cartas.

—Lucy se ha ido con Juvia a una misión. Se han marchado esta mañana.

En un principio, el juego le había resultado divertido para reírse un rato a costa del dragon slayer de fuego. Ahora, no le resultaba tan divertido, sino todo lo contrario. Le había dejado un sabor amargo en la boca. Contempló los hombros de Natsu caer en desánimo, a la vez que apretaba un puño con fuerza. Debía haberlo intuido.

Contempló como Happy revoloteaba, silencioso y preocupado, alrededor del chico, al cual en aquel momento su flequillo le tapaba el rostro.

—Ya veo —volteó a mirar al gato alado de manera rauda, y sin expresión alguna—. Vámonos, Happy.

El gatito mantuvo la mirada en su amigo durante unos instantes, y se elevó hasta reposar en su cabeza. —Aye, sir —declaró con complicidad.

·

·

Cana contempló cómo el perfil del tragafuegos abandonaba el salón del gremio, y suspiró con profundidad. Pero mira que ese chico llegaba a ser despistado. Apretó con dureza la última carta que aún guardaba en su mano. Ni siquiera ella se había atrevido a profundizar en ella, tras el escalofrío que había sentido nada mas tocarla. Y era la primera vez que algo así le había ocurrido.

Se atrevió a vislumbrar de nuevo la imagen que contenía. Un trono de hierro, de aspecto afilado y aterrador, reposaba justo en el centro. Y una llave pequeña, de apariencia frágil, justo encima del asiento.

Sobresaltada, dejó la carta boca abajo con fuerza encima de la mesa.

Por primera vez, se había sentido atemorizada de vislumbrar demasiado.

·

·

N/A: Horrores. ¡Me ha costado horrores sacarlo!

Bien, después de mi mini-lapsus, continuemos. Supongo que imaginareis que la escena subida de tono entre nuestros queridos protagonistas ha sido la que más me ha costado sacar adelante. Espero no haberos defraudado, aunque haya terminado como el rosario de la aurora (?).

No os desaniméis, sabéis que yo no decaigo en mi empeño ;).

Aún así, he disfrutado muchísimo con la interacción de Cana. He estudiado con profundidad el significado de cada carta, así como su posición, y lo que pueda representar, así que espero que haya quedado tan bien como la sensación que a mi me ha dejado, siempre desde el respeto. Ahora si, tener muy en cuenta la predicción de Cana, porque si bien no he destripado la historia, he dejado muchas pistas al respecto, así que aquí os dejo el primer quebradero de cabeza ;). Y es que la hija de Gildarts me parece fantástica.

Espero con ánimos vuestros jugosos reviews respecto a lo que pensáis de la predicción de Cana, puesto que me interesa muchísimo saber la impresión que os ha dejado, y espero con ansias vuestras teorías.

Como habréis podido comprobar, seguimos subiendo en intensidad. Tranquilos, no pasará mucho tiempo hasta que nuestro dragon slayer de fuego y nuestra maga celestial se vuelvan a encontrar. A ver si en este lapso de tiempo, cada uno por su lado, reflexionan en profundidad y nos dan una alegría, ¿no?.

Fufufufu, ¡ni siquiera yo misma me atrevería a predecirlo!

Por cierto, puede que sea una impresión mía, pero si alguien ha visto el reciente capítulo del manga (418), me ha dejado con una sensación de que Natsu y Lucy lucen mucho como los míos, fufufufu, que ilusión ^3^.

En fin, que ante todo, espero que hayáis disfrutado de la lectura, así que vuelvo a dar las gracias a todos aquellos que me han incluido en la lista de favoritos y alertas, y sobre todo, a los que me habéis dejado un review (a Light Kira Yagamy, MITWI, Mumi Evans Elric, ToriiLavinge, Little Lezz y a mi querida Eru Shiro-San, que sigue en cabeza en la lista del puesto número uno del review más largo ^3^). Gracias a todos y cada uno de vosotros, ¡así que ya sabéis! ¡espero vuestros reviews!

Nos leemos!

Nindë.