Capítulo 3: "Sentimientos"

Han pasado tres meses desde que Fate se incorporó a la escuela. Todos sus alumnos estaban muy contentos con ella porque era muy comprensiva con ellos y se involucraba de manera personal si algún alumno tenía algún tipo de problema. Los profesores no opinaban lo mismo ya que con ellos no tenía relación alguna, sólo con Ginga, Hayate, Signum y un poco con Nanoha, aunque con esta última no quería profundizar en su amistad. Intentaba ser fría con ella para alejarla, pero su corazón le decía que se acercara.

Hoy es el día del festival deportivo donde profesores y alumnos tienen que participar en diferentes deportes y en una gymkana.

Todos los profesores estaban cambiándose de ropa y corriendo de un lado para otro como locos. Todos, menos Fate. Ella estaba esperando que todos se fueran para poderse cambiar. Cuando por fin sucedió, empezó a quitarse la ropa para ponerse la que usaría durante el festival. Lo que no se esperaba era que Nanoha entrara en el vestuario.

- Perdón, olvidé algo. –dijo la cobriza totalmente roja y con los ojos como platos cuando vio las marcas que tenía su amiga en su cuerpo– ¿Fate-chan?

La rubia se vistió rápidamente e intentó huir, pero Nanoha se puso delante de la puerta para evitarle el paso.

- Fate-chan, ¿qué te ha pasado? –la rubia evitó su mirada– ¿Por qué tienes todas esas marcas? –le sujetó la barbilla haciéndola que la mirara– ¿Fate-chan? –la llamó con preocupación mientras que la rubia estaba asustada.

- ¡Nanoha-san, rápido! ¡Es tu turno! Es la carrera de padres e hijos. –decía una pelimorada mientras la jalaba del brazo y le guiñaba un ojo a la rubia.

- ¡Ginga! ¡Espera! –decía la cobriza mientras era jalada.

Fate sintió alivio. Fue salvada por Ginga en el momento justo. Ginga siempre estaba en el momento adecuado con y para ella. La rubia se terminó de preparar y se dirigió a la zona donde vería todo mientras era su turno para disputar un partido de tenis contra Yuuno.

Se hizo una pausa para almorzar. Nanoha intentó buscar a Fate, pero fue inútil. No lo consiguió. ¿Dónde se metía cada vez que no quería ser encontrada? La cobriza volvió junto a su hija y su novio y almorzaron juntos. Después del almuerzo se disputaría el partido de tenis entre los rubios.

Cuando llegó la hora, todos se fueron para la pista de tenis donde ya estaba esperando la rubia junto a la pelimorada.

- Fate. –la llamaba con cariño y una sonrisa la pelimorada– Sé que le ganarás. Siempre lo has hecho y lo sigues haciendo, aunque no te des cuenta. –le guiñó un ojo– Buena suerte, Fate. –dijo mientras depositaba un beso en su mejilla bajo la atenta mirada de Nanoha.

Yuuno y Fate tomaron sus raquetas y se dirigieron al centro de la pista para estrecharse la mano y desearse suerte. Cada uno se fue para su extremo para dar así comienzo al partido. El primer saque lo hizo la rubia. Fue un saque tan rápido que Yuuno no pudo reaccionar a tiempo. Fue un partido muy reñido. Ambos estaban dando lo máximo de ellos. El rubio odiaba tanto a Fate que no quería perder. Fate, al contrario, lo único que quería era no perder como hizo una vez. El partido llegó a su final con la victoria de Fate. Ésta se dirigió hacia el centro para estrechar la mano al rubio por el buen partido que habían disputado, pero éste tomó sus cosas y se marchó con más rabia aún.

El festival siguió su curso con la última actividad, que era la gymkana familiar. Fate aprovechó ese momento para ir a los vestuarios, darse una ducha y cambiarse rápidamente antes de que llegaran sus compañeros y le vieran las marcas en su piel. Se disponía a marcharse cuando apareció Nanoha.

- Fate Testarossa. Tenemos que hablar. Esta vez no te escaparás. –decía la cobriza con los brazos cruzados y mirada seria.

- No tengo nada que hablar contigo. Apártate de la puerta. –dijo fríamente.

- ¿Por qué me tratas así, Fate-chan? Estoy preocupada por ti. –entristeció.

- Te dije que no soy quien tú creías. He cambiado, Nanoha. Ahora soy una persona fría y distante. No tengo nada que ofrecerte, ni a ti ni a nadie.

- No con todos eres así. Con Vivio eres muy cariñosa. Y… con Ginga-san también.

- Vivio es una buena niña y me recuerda a alguien. En cuanto a Ginga… –suspiró– ella es muy importante para mí, siempre estuvo ahí cuando no había nadie. La conocí en el momento justo en el que necesitaba a alguien a mi lado y ella… supo que hacer. Siempre le estaré agradecida por todo el amor que me ha dado.

- Veo que la amas mucho, Fate-chan. Me alegro por ti. Mereces ser feliz. –mentira, no se alegraba, estaba empezando a sentir unos celos horribles.

- ¿Amar? No me hagas reír, Nanoha. Yo no sé lo que eso significa. –miró a la cobriza con los ojos llenos de tristeza haciendo que se le oprimiera el pecho a Nanoha– Hace mucho tiempo que olvidé el significado de ese sentimiento.

- ¿Por qué? ¿Es por las marcas? ¿Qué son? –la rubia se tensó.

- Eso es algo que no te importa, Nanoha. Deja de meterte en mi vida. –dijo y se marchó dejando a una cobriza con los ojos llorosos.

- Fate-chan… ¿por qué? –susurró para sí misma mientras veía alejarse a la rubia.

Cuando terminó el festival, todos fueron a cenar juntos para celebrar que había sido un éxito.

- Nanoha-chan –la llamó su castaña amiga– Después vamos a ir a un bar que nos gusta mucho. ¿Os apuntáis Yuuno y tú?

- ¿Eh?

- A mí me encantaría ir, si a Nanoha le parece bien. –decía el rubio.

- Llamaré a Aina-san por si puede cuidar a Vivio esta noche.

Nanoha salió del local para llamar a la canguro de su hija para que la cuidara por unas horas más mientras ella salía con sus compañeros y amigos a un bar a celebrar el éxito del festival. Cuando Aina le dijo que sí, volvió a entrar en el restaurante y siguió cenando, hablando y riendo. Al terminar, cada uno volvió a su casa a cambiarse para volver a salir. Yuuno fue a ducharse y a prepararse para ir a recoger a su novia. Hayate y Signum aprovecharon para darse un baño juntas y relajarse (o no). Nanoha y Vivio tomaron un baño juntas y estuvieron viendo la tele hasta que llegó la hora de que la cobriza se alistara para irse. Terminó de alistarse justo cuando el timbre sonó. Nanoha se despidió de su hija y de Aina y se marchó junto a Yuuno. Habían quedado en la puerta del local, por lo que se dirigieron allí directamente.

- ¿Este local? –preguntó la cobriza.

- Sí, ¿entramos? Nos están esperando. –dijo mientras señalaba al resto de compañeros.

- Sí, claro. –dijo.

El rubio la tomó de la mano y entraron en el local. Yuuno le apretó más el agarre de su mano y le sonrió. La cobriza se tensó un poco y se sentó junto a todos sus compañeros. Pronto, una joven rubia atendió su mesa.

- Buenas noches. ¿Qué tomarán? –dijo amablemente.

- ¿Fa… Fate-chan? –preguntó sorprendida la cobriza.

- Testarossa, trae una botella de vino. –dijo Signum– Tenemos que celebrar que todo salió bien.

- Claro. Enseguida. –dijo y se retiró para en unos minutos traer la botella con las copas.

Todos brindaron por haber sido un éxito el festival deportivo. Hablaron, rieron, bebieron y bailaron durante gran parte de la noche. Pidieron alguna botella más de vino para seguir celebrando. Mientras bebían, sonó una música y varias chicas se subieron al escenario y empezaron a bailar. Entre ellas se encontraba Fate. Todos en la mesa dejaron de hacer lo que estaban haciendo para centrarse en la joven rubia quien bailaba de una forma increíblemente sensual.

- Fate ha mejorado mucho. –dijo sonriendo Ginga.

- ¡Y que lo digas! Si no estuviera con Signum no dudaría en entrarle… –exclamó la castaña.

- ¡Hayate! –le regañó Signum.

- Es broma, es broma. –decía la castaña mientras rodeaba el cuello de su pelirosa novia y la besaba.

Todos rieron ante la escena, salvo Nanoha, quien estaba totalmente embobada con el baile de su rubia amiga. Mientras la veía bailar, se dio cuenta de que todos los hombres del bar le gritaban cosas obscenas y la desnudaban con la mirada. Fueron varias canciones las que bailó hasta que hicieron un cambio y se subieron al escenario otras chicas. Nanoha se excusó para ir al baño. Cuando se dirigía a éste, vio como Fate se encontraba arrinconada por un cliente en la pared cerca de la puerta del baño. Ella intentaba alejarse, pero éste no la dejaba ir y empezó a subir su mano por el muslo de la rubia. Nanoha sintió rabia y, para qué negarlo, celos de como ese hombre la tocaba y la ira se apoderó de ella. Sin querer evitarlo, se dirigió al hombre que estaba acosando a su amiga.

- Disculpe señor. ¿Podría dejar a la señorita tranquila? –intentó decir serenamente.

- Lárgate. ¿No ves que esta señorita y yo estamos ocupados?

- Lo que veo es que está tocando a esta chica sin su consentimiento, así que sólo lo diré una vez más. Aléjese de ella. –dijo seria.

El hombre volteó a mirar a Nanoha, y cuando vio su mirada, éste se disculpó y se marchó corriendo hacia la mesa donde se encontraban sus acompañantes. Lo mejor era no hacer enfadar a la que denominaban el demonio blanco. Siempre muy dulce y cariñosa, pero cuando se enfadaba… lo mejor era huir.

- ¿Estás bien, Fate-chan? –le preguntó preocupada mientras acariciaba su mejilla.

- Sí. Gracias, Nanoha. –desvió la mirada– Pero no te preocupes, esto es parte de mi trabajo.

- ¿Qué te toquen es parte de tu trabajo? –preguntó medio enfadada medio preocupada mientras la tomaba de la barbilla para que la mirara.

- Sí.

Esa respuesta impactó a la cobriza y la dejó sin palabras. Lo único que pudo hacer es abrazarse a ella y llorar. La rubia la tomó por los hombros para separarla, pero la cobriza, antes de que fuera completamente separada de ese cuerpo que deseaba abrazar, se atrevió, quizás por el vino, y depositó un beso muy cerca de la comisura de los labios haciendo que una corriente eléctrica atravesara ambos cuerpos.

- Fate-chan… –susurró suavemente haciendo que la rubia sintiera un escalofrío– No huyas más de mí. –apoyó su cabeza en el hombro de la rubia– No lo soporto… Quiero estar contigo…

- Harlaown, la mesa 5 necesita ser atendida. –le gritaron a la rubia.

- ¡Voy! Lo siento, Nanoha, tengo que irme. Que disfrutéis de la noche. Gracias y hasta luego. –dijo y se marchó rápidamente.

- ¿Harlaown? ¿Será su nombre aquí? –se preguntó la cobriza.

Nanoha fue al baño, regresó y se sentó junto a sus compañeros, pero sin dejar de observar a su amiga, quien fue tocada por casi todos los hombres del bar. ¿Por qué tienes este trabajo? ¿Por qué te dejas tocar? ¿Qué te pasó para que nada te importe? –se preguntaba la cobriza mientras se sentía furiosa y celosa al ver como todos tocaban a esa chica rubia quien siempre fue tan importante para ella y que ahora parece haber un muro que las separa.

Han pasado unas semanas desde el festival deportivo y Fate ha estado muy rara. Nanoha ha intentado hablar con ella en la escuela, pero no tuvo éxito. Intentó buscarla en el bar, pero ya no trabajaba allí, había sido despedida. Nanoha necesitaba respuestas urgentes. No podía dejar de pensar en esa rubia que siempre fue cariñosa, amable y dulce, y que ahora se había convertido en una persona fría y distante. No entendía porqué ese comportamiento tan cambiante de Fate. ¿Qué era lo que había pasado para que fuera así de fría? ¿Y qué era lo que había pasado para tener esas marcas en su cuerpo? Por el color que tenían las heridas, parecían ser viejas. Ya no soportaba tanto misterio. Era hora de hablar con alguien que la conociera bien ahora y que siempre había estado a su lado.

- Ginga. En la azotea en 5 minutos. –dijo la cobriza y se marchó.

Mientras esperaba en la azotea por la llegada de la pelimorada, pensó en cómo debería empezar la conversación para intentar sacarle toda la información posible sobre Fate.

- ¿Qué quieres, Nanoha-san?

- Fate-chan. –dijo seriamente.

- ¿Quieres a Fate? –preguntó juguetona– ¿Y qué pasa con Scrya?

- ¿Eh? –se ruborizó– No… no quise… decir eso. –dijo nerviosa mientras la pelimorada se reía– Ella me dijo que tú llegaste en el momento justo. Me gustaría saber algo sobre Fate-chan y quizás tú puedas ayudarme.

- ¿Qué es lo que quieres saber? –dijo mientras se apoyaba en la reja.

- ¿La has visto alguna vez desnuda? –menuda pregunta Nanoha, ¿no pudiste empezar con otra? se reprochaba a sí misma.

- ¿Eh? ¿Qué pregunta es esa, Nanoha-san?

- No me mal interpretes, Ginga. El día del festival deportivo, fui al vestuario porque se me olvidó algo… Fate-chan se estaba cambiando de ropa, y por un casual la vi… –se ruborizó violentamente– semi desnuda… –dijo en un leve susurro apenas audible.

- Lo que quieres saber es sobre las marcas en su piel, ¿me equivoco? –la cobriza abrió los ojos como platos al darse cuenta de que ella las había visto. Eso significaba que la había visto desnuda…

- ¿Cómo…? –se sorprendió.

- ¿Lo sé? –terminó la pregunta por ella y la cobriza asintió– La respuesta a la pregunta que me hiciste sobre si la vi desnuda, es sí. Fuimos pareja durante unos años. He visto cada una de sus marcas y sé lo que significan. Fue muy difícil que se abriera a mí. Llegar a esa parte de la relación fue muy complicado. Ella estaba y sigue avergonzada de esas marcas. No quiere que nadie las vea.

- Ginga, por favor. Quiero saber. Necesito saber. Fate-chan fue mi mejor amiga, yo…

- Lo sé. –la interrumpió la pelimorada– Ella me habló de ti. –suspiró– Si te lo cuento, me odiará…

- Por favor, Ginga. –suplicaba la cobriza con lágrimas en los ojos– Por favor.

- Fue su madre. –dijo mirando hacia otro lado.

- ¿Qué? –la cobriza abrió los ojos como platos.

- He dicho que fue su madre, Precia. ¿No te resultó raro que dejara de escribirte tan de repente? ¿No te extraña que sea tan rápida? –la cobriza asintió– Fate fue al parque con su hermana Alicia. Al volver, Alicia soltó la mano de Fate y fue corriendo a recoger un cachorrito que había en la carretera. Fate no pudo reaccionar a tiempo y el coche que venía no pudo frenar... Alicia murió aquel día… –la cobriza se llevó sus manos a la boca– Precia empezó a golpearla día tras día, culpándola por no ser más rápida, por no haber salvado a su hermana y por no ser ella la que estuviera muerta. –la cobriza empezó a llorar– Aguantó cada golpe por años, hasta que Lindy-san la vio un día, al igual que tú, mientras se cambiaba y entonces lo entendió todo. Denunció a Precia y le quitó la custodia de Fate. Fue por eso por lo que rompió todo contacto contigo, Nanoha-san. Ella estaba enamorada de ti –Nanoha abrió los ojos como platos– pero cuando vio sus marcas decidió olvidarse de lo que sentía hacia ti y olvidó amarse a ella misma. Fue en ese momento en el que aparecí yo. Sé que ella no pudo amarme. Estaba vacía de sentimientos, todo le era indiferente, pero aun así quise salir con ella, besarla y acostarme con ella. –la cobriza sintió celos y apretó los puños– Quería que sintiera que el amor era posible a pesar de las heridas. –la pelimorada la miró fijamente y suspiró– Si alguien puede hacer volver a Fate Testarossa Harlaown, eres tú, su ángel.

- ¿Harlaown? ¿Yo? ¿Ángel? –preguntó confusa.

- Sí. Harlaown es el apellido de su madre adoptiva, Lindy-san. En cuanto a lo de ángel, sí, así es… Ella siempre te llamó así. Siempre me dijo que aguantó cada golpe porque pensaba en ti, en tu sonrisa angelical. No sé que es lo que opinas tú sobre ella, si la amas o no. Por lo que he visto, creo que no estás enamorada de Scrya. Sólo te pido que tengas claro tus sentimientos antes de hablar con ella y que no juegues con sus sentimientos. Necesita seguridad. Y no quiero que sepa que te lo he contado. Esto es un secreto entre nosotras.

- Tienes razón. No amo a Yunno-kun. Pensé que sí, pero me mentí a mí misma. No puedo dejar de pensar en Fate-chan. Cuando se marchó, sentí un vacío en mi pecho que nunca pude llenar. Sólo ella puede llenarlo. El día del festival, cuando fuimos al bar y la vi ser tocada por todos los hombres de allí, sentí rabia y a la vez unos celos enormes. En ese momento deseé ser yo quien estuviera acariciando su piel marcada. –Ginga sonrió– Cuando fui al baño, le di un beso muy cerca de la comisura de los labios y una corriente eléctrica recorrió todo mi ser. Fue una sensación que nunca tuve con Yuuno-kun. Cuando dejó de escribirme y llamarme, me sentí destrozada, abandonada y utilizada. Cuando la vi de nuevo, mi corazón se aceleró tanto que parecía querer salirse de mi pecho y no entendía el motivo. Ahora lo sé. Lo que yo siento por ella no es amistad, es amor. Por eso me duele tanto verla sufrir. Quiero verla sonreír. Quiero que me sonría y diga mi nombre como siempre lo hizo. Quiero estar con ella y hacerla creer en el amor. Quiero demostrarle cuánto la extrañé y cuánto la quiero. ¿Qué puedo hacer, Ginga?

- Primero creo que deberías aclarar tus sentimientos con Scrya y después hablar con ella y sincerarte. Tienes que saber que no será nada fácil. Ella va a intentar alejarte. Si realmente la quieres, vas a tener que luchar mucho y no rendirte.

- Lo haré. Lucharé hasta el final. No me rendiré. Nunca.

Tras esa conversación, ambas se marcharon ya que tenían clases. Fate llevaba unos días de viaje, por lo que Ginga estaba ocupando su puesto. Nanoha dedicaría este tiempo para ordenar sus ideas y cambiar el rumbo de su vida. Hablaría con Yuuno y con Vivio para explicarle los cambios que podrían suceder. Se había decidido a conquistar a esa joven rubia a la que su corazón siempre amó y con la que quiere compartir todo su tiempo. Desde que eran niñas siempre se sintió protegida por ella. Siempre se sintió cómoda, feliz y amada. Era hora de volver a sentir todo aquello y de que la joven rubia lo sintiera también. Nunca, nadie más le haría daño. La joven cobriza no lo iba a permitir. Nadie haría daño a la persona que más ama en este mundo.


Perdón por la demora. Ya saben, el trabajo...

En este capítulo ya se ha respondido la gran incógnita de qué era lo que le pasaba a Fate. El resto de preguntas se irán respondiendo en los próximos capítulos... Paciencia 😊

Nos leemos pronto. Un saludo! 😊