―¿Quieres más? ¿Quieres jugo? ―sonríe―. ¡Té! ―y luego piensa que Inglaterra se prendió del te cuando las indias y eso.
El pequeño le mira y aprieta los ojos con la leche.
04. Demonio carro
―Entonces... ¿Dónde estoy? ―pregunta Inglaterra.
―Estas en Paris, en mi casa.
―¿Me has secuestrado? ―pregunta en un tono mucho menos agresivo que antes.
―No te he secuestrado, lapin. Has venido aquí tu solo.
―¿He venido a declararte la guerra? ―pregunta incomodo, revolviéndose en la silla.
―Te he invitado yo ―responde negando con la cabeza y el británico levanta las cejas.
―¿Para qué?
―Para verte, me gusta estar contigo. Somos... amigos.
Inglaterra se sonroja y se echa para atrás.
―¡Yo no soy amigo de ningún francés! ―chilla. Francia suspira.
―Vale, vale, eres mi enemigo.
El pequeño frunce el ceño pero se calma un poco.
―Y... Bueno, la cosa es saber que vamos a hacer ahora ―se muerde el labio pensando por primera vez en la gravedad de las cosas.
―¿Cómo conseguisteis que os contara mi problema con las hadas? ―pregunta mirándole.
―Mmmm me... me lo contaste porque... estabas muy enojado ―vacila y el inglés le mira con suspicacia. Francia se encoge de hombros―. A mi también me pareció extraño que lo hicieras.
El pequeño se sonroja porque de pronto entiende que los motivos podrían estar muy relacionados con que confía en Francia un poco y estaba realmente asustado. Le ponen incomodo.
―Angleterre, ¿conoces una poción envejecedora? ―pregunta Francia de la nada, mirándole a los ojos. Aunque pensando que quizás es muy pequeñito para saber de esas cosas―. Necesito volverte a la normalidad. Esto... Esto es preocupante.
―Yo creo que vos hicisteis un hechizo como el del telenefono para que yo os contara mis secretos ―propone para que Francia no se dé cuenta de los motivos y entonces se da cuenta de que eso podría ser posible―. ¿No sabréis más de mis secretos, verdad? ―pregunta pálido, en pánico.
―Non ―sentencia dándole seguridad―. No hice ninguna poción, el que la hizo fuiste tú ―le sonríe un poquito.
Inglaterra se muerde el labio mirándole, aun muy preocupado y se lleva el pulgar a la boca empezando a succionarlo un poco, pensando, mientras mira alrededor y flipa con todo lo que hay en la cocina, como el horno, el microondas, la cafetera eléctrica, la televisión.
―Yo he hecho muchas veces la poción de olvidar y nunca funciona ―explica sacándose el pulgar un poco y mirándole de nuevo.
―Angleterre... Esto... ―suspira y sonríe al ver el gesto―. Es peligroso ―le mira―. Ya lo sé, me lo has dicho antes ―sonríe―. Y esta vez tampoco funcionó esta vez. Te convertiste en un niño pequeño e indefenso.
―¡No soy indefenso! ―protesta y Francia suspira.
―El mundo es más complicado ahora que antes ―le sonríe, Inglaterra frunce el ceño.
―No soy indefenso, ¡yo puedo hacer llorar a la ugly frog si quiero!
―Eso no es cierto ―protesta Francia infantilmente.
―¡Sí puedo! ―levanta la barbilla con orgullo.
―¡Yo soy la ugly frog! ¡Deja de hablar de mí como si fuera alguien más! ―le riñe. El inglés se asusta un poco y se queda callado―. Pardón ―se disculpa Francia de inmediato extendiendo la mano―. Es que, Angleterre...
El niño hace un pequeño pucherito y se sorbe los mocos sin dejarse a si mismo llorar. El francés se levanta y le abraza.
―Perdóname.
Inglaterra se tensa como un palo y aprieta los ojos, sonrojado pero sin decir nada ni protestar. Francia le hace cariños en la espalda.
―Perdóname, perdóname.
―Es que tu eres muy mayor y muy fuerte, si tu eres France yo nunca podré derrotarte y tu invadirás mi casa y... ―se sorbe los mocos otra vez―. Y tienes un armario del invierno y el fuego que no quema que sabe solo cuando estás y el telonofono y ese colchón blando y esta ropa suave y... ―sigue.
―No te voy a hacer daño, te lo prometo ―le abraza más―. No voy a lastimarte ni a invadirte porque tú eres chiquito y yo no ―sonríe―. Necesito que confíes en mi, mon petit, porque si alguien sabe que eres pequeño va a querer invadirte y hacerte daño.
El británico se limpia los ojos y se sorbe los mocos otra vez.
―Hueles como France ―confiesa. Francia sonríe.
―Je suis le France... Y voy a cuidarte, te lo prometo ―le sonríe más. Inglaterra se calma un poco más.
―Quiero ir a casa.
―Eso... Tenemos que pensar cómo vamos a hacerlo ―admite―. Tengo que pensar cómo resolver esto, mon petit chou ―le peina. El inglés le sigue mirando a la espera―. Tienes... Angleterre, afuera hay muchas cosas atemorizantes ―le acaricia los hombros.
―Ya lo sé, los lobos, los osos, los dragones, las banshees, las brujas... ―empieza a enumerar.
―Non ―niega con la cabeza―. Este mundo no se parece en nada al que conoces, lapin.
El pequeño le mira entre preocupado, asustado y triste.
―Mira, ven conmigo ―le carga y el pequeño le agarra fuerte de la camisa con las manos al notar que le levanta―. Voy a mostrarte lo que hay afuera ―sonríe a ver cómo le agarra.
Inglaterra mira alrededor con ojos muy abiertos otra vez. Francia camina a la puerta y la abre, saliendo unos pasos al porche y encaminando se al fin del jardín.
―Veras, ahora hay una cosa llamada coches.
El inglés mira los edificios de colores, maravillado, pensando que todo el mundo es muy rico, porque la pintura es muy MUY cara y cuando pasa un coche por la calle, se mete un susto, agarrándose más fuerte. Luego pasa otro, a un poco menos velocidad y se queda pálido al ver que no tiene ningún caballo ni burro ni nada que tire de él y cuando pasa una moto haciendo un ruido infernal, hunde la cara en el cuello de Francia.
―¡Son demonios! ¡Son demonios!
―Tranquilo, tranquilo... De hecho ―señala el Bentley que está estacionado en su puerta―. Ese coche es tuyo.
―¡Dios me está castigando! ¡Es el fin del mundo! ―lloriquea en su cuello agarrado muy fuerte―. Es una pesadilla.
El francés le abraza más fuerte.
―No es una pesadilla, es el futuro ―le besa la cabeza.
―¿El futuro? ―pregunta y levanta un poquito la cabeza.
―Oui ―le da un beso en la frente―. Han pasado unos mil años desde que tu te acuerdas hasta hoy. Por eso es que te parece que me veo un poquito más grande que tu.
El británico parpadea y luego mira al Bentley aparcado, con un poquito de miedo.
―¿Está vivo? ―pregunta.
―Non, son... Como la rueca ―sonríe y el pequeño frunce el ceño pensando en que no se parece en nada a una rueca―. Son aparatos ―se ríe el francés.
―¿Son para hacer hilo? ―pregunta y Francia se ríe más.
―Non, son para caminar, como las carretas jaladas por burros
El inglés mira a Francia y luego vuelve a mirar el coche.
―Pero no tienen burros... ¿tienen burros pequeñitos como las personas del tolefono?
El francés niega con la cabeza.
―Tienen algo que se llama motor que hace que se mueva solo.
El inglés levanta las cejas.
―¿Y las personas no se caen si van encima con todas esas superficies curvas? ―Y por supuesto, el coche es lo que más llama la atención de Inglaterra de todo lo que ha visto hasta ahora. Francia sonríe mucho al notarlo.
―La gente va adentro, no arriba. ¿Querrías salir a dar una vuelta?
El inglesito aspira el aire por la nariz y tiembla un poquito.
―De... dentro... ―le mira―. Tu sabes... sabes...
―Oui ―le sonríe―. Si quieres podemos ir al rato... ―asiente con la cabeza, Inglaterra sonríe y Francia le da un beso en la nariz―. Antes vamos a bañarte y a comprarte algo de ropa.
El pequeño se sonroja y arruga la nariz.
―¡No necesito bañarme! ―protesta―. ¡Me bañé en primavera y estoy muy limpio mira! ―le muestra sus uñas limpias y cuando se las ve él mismo flipa, parpadeando y mirándoselas. Francia se ríe un poco.
―Debería grabarte diciendo eso ―le mira con una sonrisa―. Ahora la gente se baña una vez a la semana y después del se... ―se detiene a si mismo a tiempo.
―¡Una vez a la semana! ¡Pero puedes enfermar si te lavas tanto! me lo dijo el arzobispo ―le mira y Francia sigue riéndose.
―Lo sé, lo sé... A mí no me queda claro del todo. Pero pensé que te gustaría jugar con unos barcos en la bañera.
―¡Yo tengo barcos en casa! ―exclama Inglaterra levantando las cejas y sonriendo porque es algo que conoce, por fin.
―¡Uy! y si supieras los barcos que tuviste más adelante ―se ríe y el pequeño le mira a la espera de que le cuente más cosas, ladeando la cabeza. Francia le baja en la puerta dejándole en el suelo―. ¿No quieres bañarte entonces? Quieres ver... ―se muerde el labio y le pide su mano―. Vamos a que veas la tele ―le sonríe e Inglaterra levanta la mano y se la da.
Glosario de terminos:
Banshee: En el extenso folklore inglés. Son espíritus femeninos que, según la leyenda, al aparecerse ante alguien, anunciaba con sus gemidos la muerte cercana de un pariente. Son consideradas hadas y mensajeras del otro mundo.
Bentley: marca de coches británicos, los de segunda gama de Rolls Royce.
Oui: Sí
El próximo capítulo: 05. Great Britain, las vacas y Ameggic.
Francia es especialista en esperar que los problemas se resuelvan solos ignorandolos... de eso no puede salira nada bueno, nada bueno... ¿O crees que sí?
