Desafortunadamente los personajes del Hobbit y de El Señor de los Anillos no me pertenecen, sino a Tolkien.
¡Hola a todos!, muchas gracias por todos sus amables reviews, realmente me alimentan para seguir escribiendo.
Y sin más retraso…
La comarca y el rey.
4. Bolsón Cerrado.
—¡Ay!, ¡espero algún día volver a ver uno de esos bellos rostros!, —gritó Bilbo, despidiéndose de ellos con la mano.
—No creas que no será así, Bilbo. Tenemos un largo camino que recorrer aún, y antes de llegar a la Comarca habremos de pasar a Rivendel.
—¡Y yo que creía que este sería un regreso agradable!, —murmuró Thorin, pero echó a andar de cualquier manera, detrás de un muy alegre hobbit.
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El camino de regreso a la Última Morada, fue tranquilo, para sosiego de Bilbo y aburrimiento de Thorin, todos los obstáculos que les atormentaron de ida, parecían haberse esfumado en el retorno. Las frugales cenas junto al fuego, se volvieron motivo de largas y agradables pláticas y más de una vez, Bilbo encontró a Thorin mirándolo fijamente por encima del fuego y descubrió un apacible y divertido carácter debajo de aquel duro semblante, probablemente oculto durante todos aquellos meses a causa de la preocupación; Gandalf apenas hablaba, e iba ocupado en sus propios pensamientos.
La estancia en Rivendel fue corta, apenas de unos cuantos días de alegres canciones y comidas. El hobbit disfrutaba enteramente de ellas e incluso, el enano, empezó a apreciar de cierta manera, los modos finos de los elfos y su música y sus cuentos a la luz de las estrellas.
Dejaron el hermoso valle a mediados de mayo y remprendieron el camino a la Comarca, pasando por los lugares en los que tuvieron lugar sus primeras aventuras y rememorándolas con cierta nostalgia. Pasaron incluso por la cueva de los trolls y recuperaron una parte del botín. Gandalf los despidió en Bree, sobre el Camino que los llevaría hasta la Comarca, ante las quejas de Bilbo.
—¡Pensé que nos acompañarías a casa!, —dijo el hobbit en un puchero, muy descolocado por las ropas enanas y la espada élfica que portaba.
—No creo que sea necesario, ya tienes compañía, y muy buena diría yo; ¡ve y vuelve a casa!
Bilbo suspiró—. Es que… ahora no estoy seguro de querer… volver a sentarme en mi sillón junto al fuego, —Gandalf le sonrió cariñosamente.
—No eres el mismo hobbit al que un grupo de enanos y un mago sacaron de su hogar hace un año, ni lo volverás a ser aunque muchos crean lo contrario. Pero al menos ahora estoy seguro de que agradecerás la paz y la tranquilidad de tu adorable Bolsón Cerrado; aunque te lo aseguro: no volverás a tener paz en tu casa de nuevo, no al menos del mismo modo en que lo recordabas.
El hobbit frunció el ceño, pero el mago se había vuelto entonces hacia Thorin—. Mi señor enano, es hora también de nuestra despedida. Nada me queda decirte ahora. ¡Sé feliz y no causes muchos contratiempos a Bilbo!, —y para sorpresa del recién nombrado, el enano sonrió.
—Así lo haré Gandalf. Y… aún no he olvidado tus palabras allá en las ruinas de Valle…
—¡Ah, eso!, pronto le encontrarás sentido, amigo mío. Por ahora es tiempo de irme, pero nos volveremos a ver, ¡los visitaré!, —y ante esto, espoleó el hermoso corcel y echó a correr por donde habían venido.
Thorin y Bilbo se detuvieron un momento a observar al jinete gris alejarse entre las sombras de la tarde; luego reemprendieron la marcha en silencio. La noche estaba por caer, pero el hobbit no deseaba detenerse entonces, una emoción sincera crecía dentro de su pecho a cada paso que daban; con algo de suerte llegarían a Bolsón Cerrado mañana poco antes del medio día.
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—… los vecinos son hobbits muy amables, —decía Bilbo mientras andaban plácida y lentamente justo en la entrada de Hobbiton, el sol, alto ya, iluminaba un camino muy familiar para el hobbit y nuevo para el enano, que sólo lo había visto una vez a la luz de la luna—. El viejo Cavada Manoverde se encarga de los jardines de Bolsón de Tirada desde que yo era niño y mis primos los Brandigamo suelen visitarme a menudo. Sí, sí, te sentirás muy…
Bilbo se detuvo en seco; allá, sobre el pequeño jardincito de Bolsón Cerrado, una numerosa concurrencia estaba reunida en un compacto círculo alrededor de un hobbit rollizo que hablaba desde un pedestal. Sobre la cerca de la casa, habían puesto un letrero en que decía que ese mismo día, 22 de junio, se subastarían las pertenencias del fallecido señor Bolsón.
—¡¿Qué sucede aquí?! —Bilbo había desmontado del pony, seguido de Thorin y miraba a los presentes con las manos en los hombros, como si fueran ellos los que llevaran una espada al cinto y un compañero enano detrás de ellos.
—Se-señor Bolsón… —el hobbit rollizo que había sido el centro de atención antes de la llegada de Bilbo se bajó de su pedestal.
—¿Me puede explicar lo que sucede aquí?, —volvió a preguntar.
—Pues… ¡ah!, bueno, soy de la firma de abogados Gorgo, Gorgo y Borgo, sus parientes aquí presentes, nos anunciaron hace poco de su "fallecimiento" y como puede ver, estábamos por subastar su casa, porque…
—¡Pero no estoy muerto!, —estalló Bilbo y frunció el ceño—. ¿Y qué parientes míos le han dicho tal cosa?, —el abogado hobbit ladeó la cabeza, allí estaban nada más y nada menos que Camelia Sacovilla con su hijo Otho—. ¿Y se puede saber por qué dijeron que estaba muerto?, —Otho se adelantó.
—Pues verás, primo… llevas un año desaparecido y a nadie dijiste a dónde ibas, era natural que…
—¡Fuera de mi casa!, —ordenó Bilbo finalmente y señaló la cerca—, ¡fuera, fuera de aquí todo el mundo! ¡Aún no estoy muerto y no hay nada que vender!
Los hobbits comenzaron a salir lentamente, como niños regañados por su madre; el abogado hobbit levantó su taburete y se fue rápidamente, como si temiera una reprimenda más grave. Sin embargo, para desgracia de Bilbo, algunas de sus pertenencias habían sido ya rematadas y los compradores se resistían a irse sin ellas. El desesperado hobbit tuvo que comprar la mayoría de sus propios muebles y lidiar con las preguntas entrometidas de los vecinos.
Thorin, que se habían mantenido al margen mientras Bilbo sacaba a los hobbits de su jardín, no dejó de ser blanco de las miradas de los sorprendidos medianos mientras estos abandonaban el lugar, aunque ninguno se atrevió siquiera a dirigirle la palabra.
Cuando finalmente Bilbo cerró la puerta de Bolsón Cerrado, el enano no pudo sino soltar una suave carcajada, tan extraña a los oídos del hobbit, que este levantó la cabeza creyendo que había alguien más en casa.
—Conque vecinos muy amables, ¿eh?, señor Bolsón. Me parecen más interesados que las gentes de Thranduil.
—¿Acaso acabas de decir algo con sentido del humor?, —preguntó Bilbo con los ojos entrecerrados, pero antes de que Thorin respondiera, alguien tocó a la puerta; el mediano se asomó por la ventana y vio la figura anciana pero enérgica de Camelia Sacovilla y la delgada de Otho—. Ay, no. No estoy…
Hizo ademán de abrir la puerta, pero el enano se adelantó—. Permíteme encargarme de esto, —dijo y abrió la puerta; Otho, que estaba a punto de abrir la boca, la volvió a cerrar y levantó la cabeza, sorprendido de la presencia del corpulento enano. Toda mueca amenazante había desaparecido de su rostro—. ¿Puedo ayudarlos?
—Ah… eh… buscábamos al señor Bolsón.
—Me temo que está indispuesto, cualquier cosa pueden arreglarla conmigo. Mi nombre es Thorin Escudo de Roble.
—Oh… mmm… —los intentos de Otho por ocultar su nerviosismo no estaban dando frutos, mientras tanto Bilbo contenía las carcajadas detrás de la puerta—. Sólo, queríamos… saludarlo… hemos estado muy preocupados durante todo este tiempo. Pero si está indispuesto… creo que vendremos otro día…
—Por supuesto, estaremos encantados de recibirlos.
—¿Usted también?
—Sí, seré un huésped del señor Bolsón por un tiempo… indefinido; me alegraría mucho conocer a su familia.
—En ese caso… nos veremos pronto señor Escudo de Roble, —finalizó Otho y arrastró a su anciana madre a la salida, con el nerviosismo haciéndole temblar aún.
—Nos veremos, —respondió Thorin con una fingida mueca de amabilidad y cerró la puerta, Bilbo se dejó caer ya sin poder contener la risa.
—¡Muy buena, Thorin! ¡Podrás mantener alejados a los vecinos molestos también!, —y por primera vez, desde hacía meses, Thorin se unió a la contagiosa risa de Bilbo.
—¡Debiste ver su expresión!, temía que fuera a desmayarse de un momento a otro. Pero en fin, ¿quiénes son?
—Ah, la mujer es mi tía política por el lado de mi padre, se llama Camelia Sacovilla y ha tratado de hacerse con Bolsón Cerrado desde que mis padres y mi tío, su esposo, aún vivían. Su hijo es Otho Sacovilla-Bolsón, supongo que ha heredado las ideas de sus padres.
—Así lo veo; pero bueno, espero que no nos molesten más.
—No lo creo y si así lo hacen tendrán que vérselas contigo.
El hobbit terminó de mostrarle la casa a Thorin, enseñándole los pequeños detalles y habitaciones que no había tenido tiempo de contemplar en su rápida "visita" anterior. Llegaron finalmente a un adorable cuartito con vista hacia los campos, al lado del dormitorio de Bilbo.
—Aquí dormirás tú; era el cuarto de mis padres… antes. Así que es algo más amplio que los demás y tiene una cama más grande, te gustará.
Thorin echó una ojeada al acogedor dormitorio y suspiró; por un momento recordó sus viejos aposentos en Erebor, una gran cámara de piedra con tapices hermosos y puertas de roble y oro, nada parecido a lo que tenía frente a él entonces. Aunque considerando los lugares en los que había tenido que dormir en los últimos años, aquel le parecía bueno y más que suficiente.
Comieron pacíficamente en la cocinita del hobbit, escuchando el cantar de los pájaros que se filtraba por las ventanas y denotaba una tardía y hermosa primavera. Luego, pipas en mano, salieron al jardín a tomar algo de aire fresco ─poco común para las costumbres enanas.
El césped estaba algo seco y descuidado, pero un sinfín de florecillas silvestres, altas hasta las rodillas, rodeaban el banco de Bilbo. Ambos se sentaron, rodeados de un aroma dulce y tibio. El hobbit entrecerró los ojos y dejó escapar un anillo de humo. El sol de mediodía calentaba entonces las verdes colinas de La Comarca, alegrando los agujeros hobbits y acompañando el clamor de los niños que corrían y jugaban en los prados. Thorin todo aquello lo veía como fuera de lugar, un dulce y extraño cuento donde los dragones no existían y los pequeños jugaban a las escondidas en vez de fingir ser poderosos guerreros con ramitas por espadas. Sus viejas inquietudes volvieron a asaltarle la mente, se volvió entonces hacia el hobbit.
—Bilbo… —pero se detuvo; el mediano tenía los ojos cerrados, en un gesto de plenitud, el cabello castaño brillaba a la luz del sol y sus labios sostenían delicadamente la pipa mientras daba una profunda calada. Algo en el interior de Thorin se removió, aunque entonces no supo qué era. Se recargó pues contra el muro de Bolsón Cerrado y dejó que las dulces canciones de las aves se llevaran sus inquietudes por ese día.
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Los pasos fuertes y rápidos de la criatura resonaron por varias leguas alrededor del bosque; el jinete, cubierto de sangre espoleaba a la bestia a seguir adelante.
Una colina se alzaba entre los árboles, como una isla entre un mar verde oscuro. Arriba, la figura horrenda del orco blanco miraba expectante la llegada del informante, con su hueste de orcos alrededor. Éste al llegar a la cima, bajó del wargo y se acercó con reverencia a la pálida criatura.
—Mi señor, —le dijo en su espantosa lengua—. Los enanos ya no están en la Montaña Solitaria.
—¿Y dónde están ahora?
—Un pescador dijo que volvieron a las Montañas Azules, antes de que los Hombres regresaran a la Ciudad del Lago.
—¡Volvieron a las Montañas Azules!, —el orco se adelantó, iracundo y decapitó a uno de los suyos en su arranque de furia, los otros retrocedieron, asustados—. ¡Bien!, ¡a las Montañas Azules iremos y acabaremos definitivamente con los descendientes de Thrór! —Al grito de batalla de su líder, el resto de las criaturas montaron en los wargos y atravesaron el bosque en una bandada sombría y aterradora, hacia las Montañas Azules.
¡Cha, chán! ¿Qué opinan de este capítulo?
Sí, sí, sé que algunos esperaban que algo sucediera en Rivendel, de hecho, cuando escribí primero este capítulo, un par de cosas iban a suceder, pero decidí cambiarlo; ¿por qué? Bueno, quería que la "acción" se llevara a cabo en La Comarca :)
Thorin, muy gracioso… supuse que ya sin las preocupaciones de "¡Recuperaré Erebor y la Piedra del Arca o moriré en el intento!" sería alguien más relajado y dado a la risa (al menos así intenté proyectarlo). Y claro, no podían faltar los Sacovilla-Bolsón, aunque para este momento y haciendo un par de cálculos, imagino que Lobelia aún no sé había casado con Otho así que… pues tuve que eliminar la escena de una Lobelia corriendo despavorida de un amenazante Thorin.
¡Y los orcos!, ¿pensaban que iban a librarse de ellos sólo con volver a casa? ¡No! Y ahora van a las Montañas Azules (Oh, Mahal, estoy emocionada por seguir escribiendo).
Espero ansiosa sus comentarios, y no desesperen. El Bagginshield llegará y aún hay un par de situaciones tristes y graciosas que tienen que pasar para que estos dos estén juntos. ¡Hasta pronto!
