4.-Cleopatra es mejor que tú.

El tiempo trascurrió inexorable y con una puntualidad tan inglesa como el castillo, de modo que llego la tarde del sábado, día elegido por la profesora Adanhel para sus castigos. Crabbe y Goyle, junto a otros que tuvieron la desventura de hacer explotar sus cazos de dulce de limón por no poner atención en la clase de Repostería Mágica, tenían como castigo ir a limpiar los establos de thestrals en entrenamiento de Hagrid, junto al profesor Kettleburn.

¿Los deshechos de thestral invisible son invisibles? Los alumnos debían entregar un ensayo respecto a eso, tanto a ella como a Kettleburn, de Cuidado de Criaturas Mágicas.

Por otro lado, a Lucius lo recibió la maestra en persona y lo llevo camino a las mazmorras, donde el profesor Voreno, encargado de supervisarlo, se había acomodado a vivir. Ahí le dijo que su castigo sería bañar y peinar al Sr. Bigotes, otro de los veinte nombres del gato de la maestra, vestido de negro para que se ensuciara, y dejarlo hecho un refifi, sin hacerlo enojar.

Voreno se sentó en una silla a ver como el platinado intentaba, primero, lograr que el animalito se dejara tocar, con un gesto imperturbable.

-¡Que castigo tan estúpido!-murmuró, y el profesor le ordenó silencio, cepillando al gato, que con cada peinazo soltaba al aire cantidades industriales de pelos, ensuciándolo y dándole ganas de estornudar.-¡Me trata como un elfo domestico!-gimoteo para sí mismo.-¿Por qué tengo que hacer esto yo, si con un movimiento de varita puede?

El jovencito, de pelo largo y platinado, se volvió a verlo a través de una nube de pelos en el aire, barriéndolo con sus ojazos grises: feo no era, es más, era guapo si uno omitía el gesto de desayuno niños y ceno manticoras, con el pelo rubio y corto, estilo militar, y los rasgos clásicos de un romano.

-¡Estoicos a mi…-se dijo Lucius, mirando a su tocayo.-que me duran!-y procedió a la "Operación Seducción", buscando ganarse al maestro para su bando, ya que teniéndolo de su parte seguro no lo castigaría, y se libraría de paso de la loca y su gato.

Y como una gata comenzó a moverse, ágil y sensual, con movimientos y gestos calculados mientras peinaba al felino, acariciándolo como si fuera a él a quien quería tocar, y cuando ya creía tenerlo en su dominio, volteo a medias su rostro, que quedo medio oculto por una cortina plateada, y lo llamo con voz sexy:

-Profesor Voreno…-en ese momento se fijó en que el hombre estaba impávido, como quien ve llover.- ¿Será eunuco?-pensó Lucius.

-Señor Malfoy, limítese a cumplir su castigo.-le ordenó, y al ver su gesto, aun insinuante, le dijo.-Sepa que la Reina Cleopatra de Egipto se me ofreció y no me la follé porque era inferior a mi dignidad, así que imagínese si estoy interesado en usted.

Eso quería decir que Cleopatra era mejor que él, la muy zorra… ¿Sería por ser reina? Y también que se acababa de dejar en la cuerda floja respecto a ese hombre… remedo de hombre… ¿cómo se atrevía a rechazarlo?

Sin más, terminó su castigo y se fue, ya que a Voreno parecía darle igual lo que él hubiera hecho.

En otro lado, mientras Malfoy sufría, Sirius le enseñaba a la maestra a volar retretes en los baños del segundo piso, de donde previamente corrió a la fantasma chillona.

Ahí, ya ganada confianza, el mayor de los Black aprovechó para preguntarle a ella, una chica, y de primera mano, sobre un par de cosas que leyó junto con James, para comprobar su efectividad, sin mucho éxito, ya que para ella todas las ideas que le decía que eran maravillosas.

-¿Y si le regalo una caja de herramientas?-dijo, ya desesperado. Él suponía que ella ayudaría, que sería una buena consejera al ser una maestra tan liberal.

-Yo siempre he querido una…y una pala…y un bate…-ella aparentemente se perdió en sus ideas.

-¿Pero qué es lo mejor que puedo darle a un chico?-apenas y lo dijo deseo poder hacerle un obliate a la maestra. Tal vez no fuera mala idea…

-Ni lo sueñes.-dijo, dándole un manazo.-Y respondiéndote, depende del chico, pero puedes probar por turnos con todo lo anterior… menos la ropa interior de chica, espera para eso hasta que ya tengan confianza. Si quieres, yo te ayudo…

Sirius dudo en estrecharle la mano, pues se le figuraba como un pacto con el diablo y con alguien que no sabía hasta donde podía confiar.

-¿No te parece raro lo que dije?-el chico tuteaba con confianza.

-¡Oh, querido, que ingenuo eres!-exclamó.-Una de las lecciones más importantes del próximo semestre es educación sexual muggle en la actualidad, y ahí les diré cosas que les harán enrojecer las orejas a todos, incluidas las distintas preferencias, desde melón a sandia y todo a la vez.

-¿Y a ti de cuál te gusta?-se burló de la maestra, pero solo porque ella empezó.

-Creo que es bastante obvio. ¿Evans o tu prima Bella son mis favoritas? ¿No, verdad?, solo te pelea puesto tu propio hermano…

Para el lunes, y solo porque el domingo había poco contacto entre las casas del colegio, corría un nuevo rumor entre los estudiantes: a Lucius Malfoy lo había rechazado el profesor Voreno, noticia que se regó como pólvora por dos motivos: uno, nadie creía que Malfoy llegara a tanto, a insinuársele a un maestro, y dos, nadie en su sano juicio rechazaba al heredero de los Malfoy si era para "eso".

Además, decían que también había rechazado a Cleopatra, la reina de Egipto, y que era aún más guapa que la del Cesar en la antigüedad. ¿Quién sería el profesor Voreno en realidad, para conocer a esas personas?

Malfoy mismo había echado a andar el rumor, contándoselo a un par de slytherins como secreto, pues así tenía la seguridad de que en menos de un día ya sería del dominio público. Lo único malo fue que lo hizo cegado por la ira, de que le dijeran que Cleopatra era mejor que él y de que lo rechazaran, para que todos dijeran que Voreno era un tarado cuando menos, sin detenerse a pensar, hasta muy tarde, en que no convenía a su plan de conquistar a Black.

Y Black, lo único dijo al respecto, según se entero, fue:

-Vaya, el profesor Voreno ha rechazado a dos con bonita nariz.

-La de Cleopatra es mejor.-declaro entonces pipi-pote, que tenía una foto de la susodicha, sacada de una revista del corazón, que les sonreía coqueta y les mandaba besos.

-Sí…

-¡A Cleopatra le arreglaron la nariz los medimagos plásticos!-chilló Lucius en su cuarto, furioso de que Sirius no creyera que su nariz era mejor que la de la Ptolomea.

-¿Tanto te importa lo que diga ese descerebrado?-preguntó Snape, su único amigo.

-¡Sí! ¡Por qué lo amo!-le respondió, haciendo mohines, y Snape pudo incluir oficialmente un motivo más en su lista de razones para odiar a Black (y Cía.):

Hacerle imposible conquistar a Lucius Malfoy…

-Estúpido…-masculló, sin especificar si Black o Malfoy, pensando luego que, para él, no debía de existir la palabra imposible.

Lucius Malfoy sería suyo.