CAPÍTULO IV: Ciudad Silvermoon

Cuando Lucy despertó, sintió un fuerte dolor en la sien izquierda. Estaba en una cama y dentro de una habitación de madera que crujía y se tambaleaba como si estuviera flotando sobre el agua. Los primeros segundos no logró procesar toda la información, pero de golpe le vinieron todos los recuerdos de lo sucedido hasta que el golpe del Empoleon la dejó inconsciente. No sabía qué le había sucedido ni dónde se encontraba y empezó a dominarla el temor de haber sido capturada, secuestrada o cualquier cosa parecida. Se levantó entonces aliviada de no estar atada a la cama y se dirigió a la puerta para salir. Todo lo hizo con sigilo, pensando en no llamar la atención de su posible captor. Sin embargo, al abrir la puerta se encontró con Sazuke, Houndoom, Victreebel y Staraptor que venían, precisamente, a hacerle compañía. Dio un brinco del susto y todos se miraron por un momento mientras que Lucy intentaba hacerse la idea de lo que había sucedido.

—¡¿Qué estoy haciendo en un barco?! —le pregunta a Sazuke mientras lo toma por el cuello de la camisa al darse cuenta de dónde se encontraba.
—Deberías al menos agradecerme por no dejarte botada ahí —le respondió el chico, tomándole las manos y quitándoselas de encima.

Los pokémon solamente observaban la escena sin saber realmente cómo reaccionar, mientras que Lucy ni siquiera estaba escuchando lo que Sazuke tenía para decirle.

—Yo debería estar camino a casa ahora y no en alta mar, maldita sea.
—... Pues de nada por salvarte la vida.
—... —Lucy observó unos segundos a Sazuke hasta que al fin cayó en lo que éste le estaba diciendo—. Tienes razón. Lo siento.

Sazuke al fin pudo contarle lo sucedido. Cómo fue que tuvo que montarla en su espalda y cómo Reliq le confió la reliquia y se vio obligado a subir al barco con ella para huir de la ciudad antes de ser perseguido.

—Ahora vamos con rumbo fijo hasta Ciudad Silvermoon, al otro lado de la región —dijo Sazuke con un tono de incertidumbre—. No sé realmente a quién debo llevarle esta reliquia. Hubiera preferido que Reliq hubiera sido más específico pero las circunstancias no lo permitieron.
—Reliq dijo que era su tarea como líder de gimnasio el cuidar de ella, por lo que no me parecería extraño que el líder de gimnasio de Ciudad Silvermoon supiera algo al respecto.
—Me parece lo más probable.

Ambos observaron la reliquia por varios segundos sin tener mucho más de qué conversar hasta que Sazuke se le viene una idea a la cabeza.

—Creo... creo que nos hemos metido en un gran lío con esto de la reliquia —dice mirando a Lucy a los ojos, como habiendo descubierto una gran verdad.
—Es posible —responde Lucy tragando saliva—. Esos delincuentes no eran cualquier cosa y si la reliquia es tan importante para ellos, seguro se darán cuenta de que nosotros partimos con ella y nos buscarán por donde sea.
—Me pregunto si Reliq se encontrará bien.

Ambos observaron a sus pokémon que a su ves los miraban con cara de preocupación. No podían demostrarlo con palabras, pero sus gestos hablaban por sí solos: Pensaban igual que ellos.

—Por seguridad —dice Sazuke— lo mejor será no contarle a nadie sobre la existencia de la reliquia. No sabemos en quién se puede confiar o no.

El barco siguió su curso y, al cabo de un día de viaje, finalmente divisaron el puerto de Ciudad Silvermoon a la luz de la luna. La ciudad estaba completamente iluminada, como siempre la vio Sazuke. Su tío le había contado que no había cielo más despejado ni una luna más hermosa que la que se podía ver desde esta ciudad. Cerca de esta, alejada de las luces, existía el Monte Silvermoon, donde podía apreciarse el cielo sin la contaminación lumínica de las grandes ciudades y éste era uno de los destinos turísticos predilectos de la ciudad. Asimismo, la ciudad era conocida por su actividad nocturna que nunca cesaba y gente de toda la región se reunía aquí para pasar noches inolvidables en aquella ciudad que no dormía. Esta, sin duda, sería también una noche inolvidable.

Antes de partir de Ciudad Antiqua, Sazuke le había encargado a Loyd que le avisara a Tabatha que zarparía urgente con destino a Silvermoon. Tabatha era una amiga de su padre y del tío Victor. Una investigadora marina que estudiaba sin descanso las aguas de aquella ciudad donde los Chinchou y Lanturn solían habitar por montones. Era también conocida por Loyd, por lo que comincarse con ella no fue un gran problema, aunque éste quedó con la duda de qué hacía con una chica inconsciente en la espalda y qué lo había hecho huir tan rápidamente de la ciudad. Así y todo, al llegar cerca de la costa, vio en la casa de Tabatha el mini faro improvisado con un espejo que transportaba su Lanturn en la cabeza y entonces se dispuso a atracar en el muelle.

Habiendo anclado el barco, Sazuke baja junto con Houndoom y Lucy, que ya había devuelto sus pokémon a sus pokébolas, y al mirar a Tabatha que los esperaba impaciente, vieron que a su lado había otra persona que Sazuke no tardó en reconocer.

—¡Papá! —dije sorprendido mientras que Houndoom corre a saltarle encima y moviendo la cola— ¿Qué haces aquí?
—Tu papá está en una... misión, podríamos decir —dijo Tabatha mientras se acerca a saludarlos.
—Te dije que era posible que no viéramos por acá, ¿no recuerdas? —dijo su padre mientras acariciaba a Houndoom.

Se saludaron y luego Tabatha los hizo pasar a su casa para comer algo, puesto que ambos venían extremadamente hambrientos. Ya en la mesa, Evan, el padre de Sazuke, no paraba de mirarlos, como queriéndoles preguntar algo. Tenía un mal presentimiento.

—Hijo, dime algo —comienza finalmente Evan—. ¿No ibas a descender en Ciudad Antiqua y recorrerías desde ahí la región?

Sazuke mira a Lucy, tratando de buscar en ella una respuesta convincente, pero esta solo le devuelve la mirada vacía, sin nada que pudiese ayudarle. Duda entonces un momento antes de responder, armando la mentira a medida que hablaba.

—Pues, verás —comienza a decir el chico—, conocí a Lucy y ella... Ella es entrenadora pokémon y pretende entrar en la Liga Pokémon de la región. Cuando pasó por estos sectores no pasó por el gimnasio de esta Ciudad y pues, me preguntó si era posible traerla en el barco y pues, por qué no.
—Bueno, pues puedes ir olvidándote del gimnasio, querida —dice Tabatha dirigiéndose a Lucy mientras sorbía un trago de té—. Está cerrado hasta nuevo aviso.
—¿Cómo así? —preguntan ambos jóvenes al unísono.
—Pues, resulta que la noche de ayer —comienza a contar Evan— el hijo del líder de gimnasio de Ciudad Antiqua, precisamente, hizo un llamado al resto de los líderes a mantenerse vigilantes. Aparentemente luego de la muerte del líder de gimnasio, éste sufrió un ataque a manos de una organización desconocida. Ahora mismo todos los líderes de gimnasio mantienen sus recintos cerrados hasta nuevo aviso.
—Y es por eso que estás aquí ¿verdad papá?—
—Eres muy perspicaz, hijo. Así es, pero eso es toda la información que puedo revelar, puesto que es todo lo que está a la luz pública. No se sabe el por qué de los ataques ni qué tipo de organización es la que está detrás de todo esto.
—Quizás nosotros podamos dar algunas respuestas, en ese caso —dijo Lucy.

Sazuke la miró para recriminarla e intentar recordarle que habían quedado en no decir nada al respecto de lo sucedido. Pero Lucy creía que, siendo su papá quien era, quizás podría ayudarlos de alguna manera. Houndoom también miraba a Sazuke, como queriéndole decir que confiara en su padre. Hubo unos segundos de confusión por los dichos de Lucy y Sazuke, viéndose acorralado, sacó la reliquia y la puso sobre la mesa.

—¿Qué es eso? —preguntó Tabatha, que había dejado la taza en su sitio y se había puesto de pie para observar mejor el objeto.
—Pues, aparentemente, lo que buscaban los delincuentes en Ciudad Antiqua —respondió Sazuke.
—¿Y cómo es que llegó a tus manos? —preguntó Evan con curiosidad, parado en su sitio e inclinado sobre la reliquia.

Entonces Sazuke y Lucy les contaron toda la historia. Sin embargo, y ante la sorpresa de ambos chicos, el padre de Sazuke no tenía idea siquiera de la existencia de aquella piedra y entonces estaban donde mismo. Tabatha estaba vuelta loca con toda la situacion. Creía que los delincuentes llegarían en cualquier momento por la joya e, histérica, se puso a cerrar todas las cortinas de la casa, no vaya a ser que se den cuenta que los niños están aquí, ¡qué desgracia! Encima venían de enterarse que la muerte del líder oficial del Gimnasio Antiqua había sido en manos de ellos -dato que también manejaba Evan- y pensar en eso ya la tenía rogándole a Arceus por el bien de todos. Sazuke propuso entonces que lo mejor sería entregarle la reliquia al líder de gimnasio de la ciudad, puesto que seguramente ella podría darles más respuestas al respecto, sin embargo fue entonces que su padre le puso un alto.

—Iré yo solo a hablar con Umbra —dijo Evan con voz firme a su hijo—. Será mejor que no te inmiscuyas en ésto.

Sazuke no estaba de acuerdo con eso. En el fondo sabía que así era mejor, que así quizás se mantendría más a salvo. Pero su curiosidad era algo que no podía detener. Quería saber el origen de aquella reliquia y quería, de un modo u otro, llegar al fondo de todo este asunto. Pero no podía contradecir a su padre, eso era norma que había aprendido desde pequeño. Como una vez en que habían ido de excursión en familia y debió quedarse encerrado en la tienda de campaña con su madre y con Nana mientras su padre se enfrentaba a una manada de Ursarings. Le había dicho lo mismo aquella vez y desde entonces aprendió a hacerle caso cuando él consideraba que algo era peligroso.

Esa noche, cuando todos iban a acostarse, el padre de Sazuke fue a encontrarse con Umbra, que bien era sabido por todos que pasaba en la catedral de la ciudad hasta medianoche, que era la hora en que comenzaban los encuentros de gimnasio en aquella peculiar ciudad.

Eran eso de las diez y media y Tabatha ya estaba en su habitación, seguramente rezando por el bienestar de todos y temblorosa en su cama pensando en aquellos delincuentes de sangre fría. Sazuke y Lucy estaban en la misma habitación y se suponía que debían dormir, sobretodo Lucy, que mañana temprano tomaría algún tren hasta su casa, sin embargo Sazuke no podía conciliar el sueño. Estaba despierto debatiéndose si ir o no con su padre y así averiguar más al respecto. Houndoom estaba echado a su lado y le apoyaba la cabeza en el pecho, desde donde lo observaba atento. El pokémon sabía lo que su amo quería hacer y, de un momento a otro, se puso de pie y con el hocico comenzó a tirarle la ropa.

—¡Hey, Houndoom! ¡Tranquilo, que me vas a rasgar la ropa!

Houndoom no dejó de tirar hasta que Sazuke se puso de pie y entonces se fue a apoyar con sus patas delanteras sobre la puerta.

—No puedo, Houndoom. Puede ser muy peligroso.

Pero entonces el perro se le puso en frente y puso una cara feroz.

—Es cierto que estás para protegerme, amigo, pero de todos modos puede que los villanos sean muy poderosos para nosotros.

Entonces Houndoom cambia a una cara feliz y ladra dos veces.

—¡Silencio Houndoom! ¡Vas a despertar a Lucy!
—No sé tú, jovencito acata-todo, pero yo no doy más de curiosidad e iré a ver qué es lo que Umbra, la líder de gimnasio, tiene que decir al respecto —dijo sorpresivamente Lucy, que estaba despierta y disponiéndose a salir.
—¿Tú no tienes que tomar el tren mañana? Deberías dormir.
—El plan no ha cambiado. Ese será mi escape a toda esta locura. Pero si me voy sin saber al menos de qué se trataba esa maldita piedra, seguro me volveré loca.

Lucy le sonrió a Sazuke y éste le devolvió la sonrisa mientras que Houndoom les movía la cola, impaciente por salir. Los tres se escabulleron para salir de la casa sin que Tabatha lo notara y enfilaron rumbo a la catedral de la ciudad.

La ciudad estaba tan iluminada como Sazuke la recordaba y sus calles estaban rebosantes de gente. Los comercios, todos activos y no parecía que nadie estuviese cansado. Y es que gran parte de la gente vive en esta ciudad como si la noche fuera el día y los chicos avanzaban por la avenida principal como Magikarps contra la corriente. En el fondo de la avenida se alzaba majestuosa la catedral de la ciudad. Un edificio antiguo y construido en piedra en honor al Pokémon Mew. El culto a éste pokémon, junto al culto a Arceus, era algo normal en ésta región. Se cuenta que éste es el pokémon que mantiene las buenas relaciones entre los humanos y los pokémon y que hace mucho tiempo éste se reveló contra la humanidad, provocando una guerra que se extendió por muchos años. Cuando volvió en razón, los humanos juraron guardarle el respeto necesario y fue desde entonces que se le guarda culto, sobre todo en ésta región. Esto lo había aprendido Sazuke junto a su tío una vez que quisieron pasar a conocer la ciudad. Era de día en ese entonces y a diferencia de la noche, el flujo de gente en las calles es mucho menor. Se acercaron al edificio y admiraron las estatuas de Mew que cubrían toda la fachada. Incluso la entrada estaba llena, puesto que la ciudad rebosa de actividad turística por las noches, y debieron esperar que la gente se moviese para poder entrar.

Al entrar a la catedral, sin embargo, no vieron al padre de Sazuke por ningún lado. Recorrieron cada rincón del gran edificio, pensando que quizás alguno de los grandes pilares les tapaba la visión, pero ni así encontraron rastro alguno. Fue entonces que una chica se acercó a ellos al ver a Houndoom. La chica poseía un delicado y liso cabello negro que le caía por la espalda y le cubría la frente en un flequillo. Tenía un vestido negro, un collar de plata y varias pulseras en sus muñecas. Se acercó con aire de autoridad y, ya en frente de ellos, se dispuso a preguntarles.

—¿Ustedes buscan a Umbra? Veo que son entrenadores —esto último lo dijo mirando a Houndoom que se había sentado en el piso.
—Pues, sí, de hecho la estamos buscando —responde Sazuke.
—Pues, verán... Lamente informarles que el gimasio se encuentra cerrado hasta nuevo aviso. Hoy han habido muchos entrenadores que han venido a retarla sin saber sobre la situación, pero...
—Tranquila, nosotros sí estamos al tanto —la detiene, oportuna, Lucy—. En realidad la buscamos por otros motivos.
—Ah...—dice la mujer, sorprendida—. Pues en todo caso tampoco se encuentra hoy acá. Tenía otros asuntos que atender y me temo que no estoy en la autoridad de decirles su ubicación.

Sazuke y Lucy se miraban, pensando cada uno por su lado el cómo harían entonces para llegar hasta Umbra. Fue tal el nivel de inquietud en sus rostros que la chica logró percibirlos e intentó ayudarlos de alguna otra manera.

—En todo caso, me presento —dijo estirándoles la mano—. Mi nombre es Luna Nightfall, hermana de Umbra.
—Pues, ¿por casualidad no pasó antes por aquí mi padre? —dijo Sazuke. Al ver la cara de interrogación en Luna, agregó —. Su nombre es Evan Draco.
—Ah... pues... sí, estuvo aquí hace un rato.
—Necesitamos encontrarnos con él. ¿Sabes a dónde se dirigió?

Luna los observó fijamente a ambos. Sabía que estaban buscando a Umbra, pero sabía también por qué Evan la había ido a buscar antes. Había llegado con prisa hace ya una media hora y le había mostrado la reliquia. No tuvo entonces ningún reparo en darle la información a tan reconocido entrenador y, sobre todo, a alguien que estaba al tanto de la existencia de aquellas reliquias. Pero era distinto cuando se trataba de niños. Confiarles esa información podría ser hasta peligroso, aunque pudieran confirmar su relación con el afamado entrenador pokémon.

—Lo lamento —dijo después de un rato —no puedo ayudarles.

Entonces dio media vuelta y se dispuso a retirarse sin dar más explicaciones.

—¿Tan peligroso es todo esto? —dijo Sazuke, haciéndola detener su paso—. Estuvimos involucrado en el ataque al líder en Ciudad Antiqua. No puedo creer que exista gente tan malvada que utilice los pokémon para semejante cosa como un asesinato y una parte de mí quiere darlo todo por averiguar qué demonios está sucediendo. ¿Qué es esa famosa reliquia? ¿Qué tienen que ver los líderes de gimnasio? ¿Quiénes son esas personas?... Sé que la verdad pueda ser un tanto dura y que con mis pokémon podamos afrontar un par de dificultades, pero... ¿Realmente es tan peligrosa la verdad?

Luna estaba quieta y escuchando todo lo que él tenía que decir. Ya sabiendo todo eso, no podía permitirse exponer más a esos dos jóvenes a semejante cosa.

—No tienes ni la más mínima idea —dijo Luna antes de seguir avanzando.

Pero no pudo alejarse demasiado. Segundos después una explosión no demasiado lejos calló al tumulto de gente, despertando la curiosidad de los turistas y cierto miedo en los lugareños. Para cualquier turista, esa explosión pudo ser en cualquier parte, pero cualquiera que haya vivido más de un mes en aquella ciudad sabía que provenía desde el Monte Silvermoon. Poco después de la explosión, Luna salió corriendo de la catedral y Sazuke, Lucy y Houndoom detrás de ella. Al otro extremo de la avenida se podía ver, majestuoso, el Monte Silvermoon y, desde una parte de éste, una columna de humo se extendía hasta el cielo. La gente en las calles murmuraba con miedo e incertidumbre, mientras que a Luna le caían las gotas de sudor por el rostro. Ni Sazuke ni Lucy entendían muy bien lo que estaba sucediendo, sin embargo les pareció evidente creer que aquel monte se encontraba Umbra y, por consiguiente, el padre de Sazuke. Entonces, desde la columna de humo se ven salir unas cuantas figuras volando por el aire. Dos de ellas se quedan levitando cerca de la columna de humo mientras que la otra volaba por el cielo, aparentemente intentando escapar. La multitud en las calles observaba el expectante a lo que sucedía y nuestros héroes esperaban pronto comprender. Entonces la figura del pokémon que huía pasó frente a la luna y la silueta de dibujó clara en contraste con la luz. Era una persona montada en un Aerodactyl de tamaño bastante peculiar. La gente sacaba sus teléfonos para inmortalizar tal imagen y entonces, de repente, el pokémon prehistórico junto con su jinete comenzaron a caer y se fueron directo a los árboles del bosque aledaño ante la vista impávida de los transeúntes de aquella noche.

—Lucy... —dijo Sazuke con la voz entrecortada. Esta se volteó a verlo y le vio la cara de espanto—. La persona sobre el Aerodactyl.
—¿Qué sucede, Sazuke? ¿Quién era? —pregunta nerviosa.
—La persona montada sobre el Aerodactyl era mi papá.

Continuará...