"Hola hermana, ya van como varios meses que no sabemos nada de ti, no has respondido ninguna de nuestras cartas y estoy cansado de que nunca sepa algo de ti. Esta carta no la mandare por el servicio de correo, te la mandare por algún amigo que tengo allá en el imperio de Cristal, el asunto es que: Nuestra madre está muy enferma y tengo miedo que le falte poco tiempo.

Espero que leas esto y vengas de una vez a visitarnos. Aunque nuestros padres no quieran entenderlo, yo sé que tú tienes una vida muy ocupada y puede ser difícil pensar en tu familia, por eso yo me quede aquí, para ver a nuestros padres. Espero que decidas venir, te quiero mucho hermanita, pero por favor, no te olvides de nosotros esta vez. Adiós."

Sweet Sugar sostenía en sus cascos mientras estaba sentada en su comedor, la carta que le había entregado su hermano, tenía una taza de té en su mesa, los ojos de Sugar se movía de lado en lado hasta que completaba su lectura, mientras leía sus labios seguían el ritmo de las palabras y en su cabeza rondaba la imagen de su madre recostada en la cama.

Pese a que intentaba imaginarse la imagen de su madre, le costaba debido a que ya no sabía cómo era ella, puede ser que este más vieja, o tal vez siga luciendo joven, Sugar releía ciertas frases de su hermano para ver si había algo que le hiciera recordar. Nada.

La hoja de la carta tenía una parte doblada, Sugar con delicadeza la baja y nota que hay una última cosa que le quería decir su hermano.

"PD: Si aún no quisieras venir, solo te comento que ya estamos discutiendo acerca de la herencia de nuestros padres, es mi último recurso para que vengas, no quiero mandarte el dinero por correo."

Sugar lee esto con atención, sus ojos se mueven de lado en lado leyendo y cuando finaliza, sus ojos se abren, en la cabeza de Sugar ronda imágenes del dinero, se cuestiona; ¿cuánto tendría?, ¿en que lo gastara?, ¿lo necesita en este momento? (si) ¿lo compartirá con su novio Pablosky?

Sweet Sugar se levanta de su asiento y, quieta por un momento, decide lo que va a hacer, mira el reloj (4:00 pm), se pone su abrigo beige, sujeta su bolso y la pone en su lomo, toma sus llaves y cierra la puerta de su casa, rumbo a la estación de trenes.

|Después del café|

Capítulo 4

Aquel poni que salvo a todos.

Sugar sabía que esa es su oportunidad, hace unos meses se quedó Starlight Glimmer en su casa mientras ella se quedaba con su novio Pablo, extrañamente, en ese periodo de tiempo, Sugar estaba algo escasa de dinero, pese al trabajo que ella tiene (Señorita de servicio en los trenes) no podía ver mejor oportunidad de conseguir algo de "plata" adicional para gastar con su novio y así poder gastar las cosas que quería en ese entonces, ahora.

Durante todo el trayecto, Sugar se mantenía en silencio y determinada a su futuro viaje, ella saca de su bolsón un perfume [Lancôme: La vie est belle] y se rocía en su cuello y detrás de sus orejas.

Sweet Sugar es una pegaso muy fina, su pelaje blanco bien cuidado, su melena celeste bien peinada, sus ojos celestes, un collar de perlas que siempre llevaba y la caracterizaba y unas manchitas en su cara. Tenía el cabello bien agarrado y su cola bien liza.

Y no, tampoco era un poni de cristal, ella es de los pocos ponis normales como Sunburst que viajaron para quedarse en el Imperio de Cristal por la alta sociedad y la fineza.

Guarda su perfume en su bolsón y se acomoda su abrigo, el clima en el Imperio de Cristal era bastante frio debido a que una nevada tormentosa se acerca a la siguiente semana, todos los ponis de la localidad se hallaban bien abrigados y realmente eran pocos los que transitaban por las calles, los negocios de las cafeterías aumentaban en estos tiempos que cualquier negocio en interiores con tal de no quedarse afuera.

Sugar llega a la estación de trenes, estaba repleta de ponis y las filas seguían hasta la calle, Sugar se acercó a una fila, se incorpora, y espero hasta que llegara su turno…

—Lo siento Sugar, no puedo venderte ninguna entrada. —Dice una de los vendedores de pasajes, con una expresión seria. [Colores a elección]

Era la misma estación de trenes que todos conocemos en el Imperio de Cristal, bella por sus colores y su increíble iluminación, había una enorme fila en ese lugar, se podían ver toda clase de ponis ahí; viejos malhumorados, mejores amigos en apuros, gente solitaria, gente con muchos bits que no hace filas y simplemente recogen sus pasajes reservados, ¡de todo!

—Pero ¿por qué? ¡Trabajo aquí!, ¿vos no sabes quién soy sho? —Dice Sugar con un acento idéntico al de su novio y con una expresión llena de disgusto debido a la injusticia.

—Soy nuevo de hace una semana y nunca te vi, lo siento. Pero ya que eres trabajadora de aquí… escucha esto —Se inclina un poco hacia ella para susurrarle— mira, no te quiero ser grosero ni nada, pero sabes que hay muchos viajeros que pagan el doble del precio solo por el viaje, no me hagas esto difícil, con eso ayudamos a la empresa, ¿no? —Dice con una sonrisa intentando calmarla mientras mira a los lados por si nadie los había escuchado.

—Vas a ver pelotudo, ya hablare con tu jefe acerca de esto—Sugar lo mira desafiante. Sale de la fila y se dirige a la puerta con el letrero de "Solo personal autorizado", al acercarse el mismo sujeto le dice:

—¡Señorita! ¡Usted no puede pasar por allí! —Le grita el vendedor

Sugar con rapidez saca de su bolsón su carnet de trabajadora, de sus cascos se ve la tarjeta negra, una tarjeta de máxima autoridad por los años de experiencia, mientras que el vendedor tenía una amarilla.

Sugar le da una última mirada, pero esta vez con furia… el vendedor sabe que ya no le quedan más días de trabajo y le suda la frente. Sugar sale victoriosa.

—Vaya vaya, parece que te gusta el trabajo, ¿no es cierto Sugar? No era necesidad que vengas a ayudarme, pero si lo haces como amiga te lo agradezco mucho. —Cierra los ojos de manera tierna una poni de color azul con una melena y cola blanca. Cabello voluminoso y ojos aquí. La llamaban la "pinkie azul" porque tenía el mismo estilo de peinado que la famosa esa.

En un cuarto donde están las indumentarias para las ponis de servicio de tren se encuentran una de las amigas más raras en toda la estación, o quien sabe, toda la ciudad de El Imperio de Cristal.

—Mierda Barbara, vos siempre estás ahí para los peores momentos, pues te cuento boluda que no estoy aquí porque quiero. —Dice Sugar mientras se pone su corbatita y su insignia.

—¿Entonces por qué? —Pregunta con una sonrisa, así como si fuera la misma sonrisa que da la famosa poni.

—Tengo que visitar a mis padres por una urgencia. —Dice mientras se pone sus lentes cafés de sol.

—¿Es grave? —Pregunta un poco preocupada, acercándose a su amiga y fijándose en su expresión.

—Nah.… puede serlo, pero para mí es de menos, vos sabes que me gusta vivir la vida solita, nove? —Dice con una pequeña sonrisa y sus lentes de sol.

— Vaya, ehm… ¡dales un abrazo y un beso a tus padres de mi parte! ¡Tú sabes que siempre soy cariñosa! —Vuelve su alegría, aun mirado a Sugar.

—Cuando no tomas sidra

—¿Por qué?

—¡Esa ves que tomamos sidra después de trabajar te volviste un poco rara e insultaste a todos, me gritaste, lloraste y querías abrazarme a cada rato! —Dice con seriedad y se quita los lentes para ver la cara de culpa de su amiga Barbara.

—No importa lo que digas, nunca voy a creer tu historia, yo soy alguien tranquila y recuerdo muy bien que apenas tomamos esos jugos, fuimos caminando a mi casa y me dormí. ¡Nada de malo! —Dice Barbara con tranquilidad, pero con tartamudeos en sus palabras, igualmente mantiene su sonrisa.

—Mi palabra contra la tuya…

—¡Aja! —Responde Barbara con una sonrisa de entre dientes.

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—¿Sabes qué? Olvídate y ayúdame en esto. —Le señala con su casco el botón de su uniforme, no podía abrocharse el botón del casco derecho.

—¡No hay problema! —Se acerca a brinquitos y le ayuda a ponerse.

Listo, ambas ya están listas y bien uniformadas, ambas se miran a sí mismas y se arreglan un poco, luego salen de la indumentaria.

—Varios minutos después—

El sol se ocultó totalmente y ya era de noche, la nieve chocaba entre los pelajes de los ponis apresurados que entraban con sus maletas, por las puertas se veía el maquinista diciendo a los pasajeros que no se golpeen y que entren uno por uno, a lo lejos vemos a dos ponis que conversan en un banco, la iluminación es poca debido a que solo hay un farol y el viento hace un ruido bajo.

El maquinista se asegura de que no falte nadie, antes de entrar a su tren le interrumpe otro poni blanco y conversan por un rato, luego de un rato, ambos mueven sus cabezas como si hubieran hecho un acuerdo y el maquinista se va discretamente y otro poni sube al tren. Los dos ponis que conversaban en el banco se meten a escondidas por el tren y lo logran.

Y de ultimas salen Sugar y Barbara, Sugar con un maletín y Barbara con una pequeña maletita. Se suben al último vagón y se incorporan con los demás.

(A diferencia del clásico tren conocido por Ponyville y otros lugares, este tren es un poco más moderno, es de los únicos de su clase que hay en el imperio de Cristal, para empezar tiene un vagón con cuartos privados, solo unos dos, lo demás son asientos que se agachan un poco con un mecanismo y sus asientos son de tela totalmente suave, incluso, los asientos tienen una figura adaptable para todos los tamaños, había cierta tendencia de sentarse como una poni color aqua, pero ahora, con los nuevos asientos se puede sentar de costado o echarse con total tranquilidad.)

Estamos en un nuevo ambiente, es cálido y de luces amarillas, escuchamos murmullos de los ponis conversando, el sonido de las ventanas chocando con la nieve y el calor que se emite. Sugar y Barbara miran alrededor para analizar a sus pasajeros, se fijan en sus asientos y lo que hacen, miran si las ventanas estén bien cerradas y ayudan con algunos pasajeros con sus maletas.

—Sugar… mira, ¿será que podes ir al otro vagón y ayudarlos?, y tú te quedas en ese en todo el viaje y yo en este. ¿No hay problema? —Pregunta Barbara esperando una respuesta afirmativa.

—Está bien, yo sé que vos podes con todos estos y yo con los de allá. Te llamo si necesito alguna ayuda, solo dime, ¿a qué hora apagamos las luces?

Barbara levanta para ver su reloj que estaba en su casco, un reloj fino (Geneva Premium®) con cuero suave, se fija en la hora y le contesta a Sugar:

—Sería bueno que lo apaguemos a las 10, falta como un buen rato para eso. Bueno, te encargo, ¡nos vemos! —Se despide moviendo sus cascos.

—Nos vemos. —Sugar da la vuelta y se dirige al otro vagón, mientras, Barbara se le queda mirando hasta que alguien la llama y se da la vuelta.


Sugar entra al nuevo vagón, primero ve cuatro cosas que la ponen nerviosa, ve un potrillo intentado poner la maleta hacia la altura imposible de la guarda maletas, una unicornio que no podía cerrar la ventana y tenía a su pequeño potrillo (o potrilla) entre sus cascos, al fondo un potro enorme que no logra entrar en su propio asiento y de ultimo a un grupo de tortolos pegasos, se besuqueaban todo el tiempo y Sugar notaba que ciertos ponis los miraban discretamente y luego volteaban sus ojos, se escuchaban los labios salpicando cierta saliva.

Pero ahora Sugar no sabe a quién ayudar primero, ve la madre con su hijo, al potrillo, al potro enorme y a los tortolos.

Da unos galopes lentos analizando a quien acudir primero y sin que nadie le diga nada, sus ojos se fijan en el potro enorme… se le acerca.

—Disculpe señor, ¿está bien? —Pregunta educadamente Sugar al potro

A primera vista, tenía cierto parecido con aquel pegaso famoso que usa ciertas cosas para engrandecer sus músculos, pero lo irónico es que tiene unas alas muy chiquitas, blanco y pelaje amarillo. Solo que el potro que vemos a continuación es de pelaje beige y melena marrón, pudo haber tenido descendientes caballos y no ponis, quien sabe.

—Oh si, ¡no puedo acomodarme! ¿Me puedes dar un casco? —Dice mientras empuja su flanco hacia el asiento, pero no lo logra.

—Mira, tienes que… ehm… ¡oh! Fíjate —Sugar aprieta un botón que se encontraba debajo del asiento y hace que la silla se mueve con un mecanismo primitivo, así hace que se agrande un poco, incluso moviendo al pasajero de alado y quitando 20cm de pasillo.

El potro se asombra al ver este mecanismo, es su primera vez en tren. —Vaya! ¡Muchas gracias señorita! Fíjate que, aunque uno sea grande, no siempre uno encajara en los lugares que quiera.

—"No siempre uno encajara en los lugares que quiera" —Piensa Sugar acerca de ese dicho, lo pudo haber escuchado por ahí, o tal vez le sonó muy poético o algo.

—No hay de que, estoy aquí para serv—

—¡Oye tu jovencita! —Interrumpe la unicornio con su potrillo bebe en cascos, fatigada de no poder cerrar la ventana —¡¿Acaso tratas primero a un potro que a una yegua?! ¡¿Y aun con potrillo en cascos?! ¡Veni aquí! —Grita con cierta autoridad de madre primeriza. No tan fuerte pero respetable.

—¡Esta bien, está bien no se enoje señora! Ahí voy —Responde molesta Sugar mientras pasa por el pasillo a pasos rápidos hasta llegar a la ventana de la señora y cerrársela bien fuerte.

—¡Oye! ¡Despertaras a mi chiquillo! ¿Acaso tus padres no te enseñaron a ser educada como una yegua de verdad? —Responde con cierto enojo la señora, mientras acurruca a su pequeño.

—Disculpe señora, pero eso no le incumbe.

—¿Cómo? —Le da esa mirada.

—Q-que eso fue mi error señora, discúlpeme, no volverá a pasar —Responde rápidamente Sugar con cierto nerviosismo, no debería haberla respondido mal, daña la imagen de la empresa.

—"Realmente mi madre no estuvo mucho conmigo…" —Piensa Sugar.

Se quedan mirando ambas yeguas, una con desafío y la otra perdida, analizando en la pregunta que le hicieron.

—D-disculpe señorita… ¿s-será que me puede ayudar con mi maletita? —Le pregunta el potrillo tocando el casco de Sugar, con timidez y mejillas rojas, ese niño pudo ver el cielo al ver a Sugar.

—C-claro pequeño. —Sugar deja a la unicornio y se fija en el potrillo, Sugar se agacha un poco y lo mira atentamente para darle confianza.

—N-no puedo alcanzar, y no quiero despertar a mi papá, una vez que duerme se enoja cuando lo despiertan… ehm… es esa de allí —Termina señalándole la maleta que intentaba guardar.

Sugar deja al potrillo y toma la maleta, abre la compuerta, pone la maleta al fondo y cierra la compuerta.

—Listo chiquitín, ¿eso nada más? —Vuelva al potrillo y le da una sonrisa cálida.

El pequeño se le queda mirando con ternura, le devuelve la sonrisa y sorpresivamente, el potrillo abraza a la azafata.

Sugar se sorprende y queda algo atónita, le da unas palmadas al lomo del chiquito y lo pone en su asiento.

—Si, gracias. —Responde con una sonrisa tranquila y se acomoda.

—Bueno, un gusto pequeño. –Sugar da la vuelta y se dirige a los tortolos…

Pero antes de avanzar

—Disculpa por el abrazo.

—¿Qué? Oh, no hay problema.

—Lo que pasa es que solo somos mi papá y yo, y… —El potrillo se le queda mirando.

Sugar capta, le da una última sonrisa y se despide agitando el casco.

Sugar galopa un poco y piensa en lo anterior sucedido, una cara seria se forma en ella, pensativa por el afecto del pequeño, rara vez convive con ellos, pero ese potrillo le salió especial, ja, que suerte.

—"A ver boludos! Ya dejen eso, che. ¿No ven que por poco se comen? Párenle carajo" —Diría eso Sugar si no estuviera trabajo.

—Disculpe, ehm… ciertos ponis se sienten incomodados cuando hay… ehm… mucho ruido. ¿Lo que hacen está un poco fuerte, no hay problema si interrumpo? —Dice Sugar con atención y clientela.

—¡Ya viste Jack! ¡Nos hicieron llamar la atención! —Dice la yegua un poco roja y molesta.

—No te preocupes amor, podemos seguir si quieres. —Dice el enamorado, igual un poco rojo.

—¡no! Ya me hiciste pasar vergüenza. —La yegua le da la espalda y lo evita.

—¡Agh! 'ta bien… —El potro molesto mira a otro lado evitando a su chica, y mira desafiadamente a Sugar, aquella poni que arruino su beso largo con su amada. —¿Feliz?

—Discúlpeme. —Sugar se va rápido a otro lado, no sabía qué hacer ante eso. Le daba cierta gracia a Sugar porque nunca tuvo que parar a tortolos en pleno beso, y ya vio ella que no resulta bien.

—Dos semanas. —Ya lejos de los tortolos, se dice para sí misma lo cuanto que duraran. Tantos cuentos y chismes que le cuenta Barbara de relaciones y Sugar ya consiguió la habilidad de adivinar las duraciones de las relaciones.

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Ya había pasado la noche y nos encontrábamos de media noche, todos estaban dormidos y Sugar y Barbara apagaron las luces tal como acordaron, Sugar se fijó por última vez a sus pasajeros por si estaban bien acomodados o bien tapados. Acomodo ciertas cosas y se dirigió a tomar un café con Barbara.

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—¿y a vos como te fue Barbara?

—¡me fue bien! ¡No tuve ningún problema con nadie, pan comido!

—Grosa, sho tuve ciertos percances por ahí, pero ya los lidié… —Le da un sorbo a su café.

—Qué bien, descansa Sugar. Me quedare un rato despierta y por ahí en la madrugada te levanto para que sirvas los desayunos, yo me encargare de buscar los platos primero. —Dice Barbara tranquila dándole un último sorbo a su café.

—Gracias Barbara, me levantas…eh —Dice Sugar acabando su taza y echándose en un asiento libre, cierra los ojos con tranquilidad y duerme.

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Los ojos de Sugar se abren lentamente, acaba de escuchar un ruido proveniente del fondo del vagón. Antes de levantarse de su asiento se fija en la ventana, se nota un pequeño rayo del sol, es de madrugada —podrían ser las cinco—.

Sugar se levanta y pasa lentamente por los viajeros, todos dormidos. A lo lejos nota que uno no lo está, está temblando y mira por ambos lados buscando algo. La mirada del sujeto se posa en la de Sugar y rápidamente la desvía, Sugar consternada, acelera un poco y se acerca hacia el sujeto.

—Disculpe Señor, ¿se encuentra bien? —Pregunta Sugar algo preocupada, se espera que podría ser un temor al tren, una pesadilla o incluso insomnio…pero eso sucede normalmente en Potros.

Este joven semental es de pelaje azul oscuro, su melena es marrón, igual que Sugar, es un Pegaso. Tiene una bufanda que le cubre el cuello y unos ojos oscuros. Sus dientes chocan entre sí por el temblor, su respiración esta fría y según su olor, ha sudado mucho.

—No señorita, no debería hablar conmigo, por favor, siento que alguien me sigue. —Responde con miedo aquel joven corcel.

"Paranoia" Piensa Sugar. —Disculpe señor, no sufra, estoy aquí para ayudarle, ¿Cómo se llama?

—Guiller Moon, pero mis amigos me llaman Guillermo, por favor señorita, ¡tiene que sacarme de aquí!

—Señor, no creo que pueda hacer eso, este tranquilo, le traeré una tasita de café para que no tenga frio, ahorita vengo.

Sugar vuelve con un café y le entrega a Guiller, el corcel toma la taza y se tranquiliza, el esperaba que algo sucediera, pero resulto que no, ya con Sugar a su lado le agradece.

—Gracias señorita, creo que tuve un mal sueño. A veces creo que mis sueños son parte de la realidad. —Dice para que después le dé un sorbo a su café, con una respiración tranquila y mirando la ventana de reojo.

—No hay de que, estoy aquí para servirle… —"Debería conversar con él, aún no está del todo tranquilo, mira la ventana a veces y se tarda en su café" Piensa Sugar. —Cuéntame ¿Qué piensa hacer en Ponyville?

—Pienso ver a mi amada, a la poni más hermoso del mundo, ella… ella es… —Suspira— con solamente verla me hace derretir. —Sonríe enamorado.

Se escucha un ruido raro en el fondo, Sugar y Guiller levantan la mirada y buscan al producidor de ese ruido. no hay ningún movimiento y todo sigue callado.

—Vaya, parece que la ama demasiado, sabe… si piensa pasarla bien con ella le recomiendo que vayan a la feria de manzanas que habrá en esa famosa granja. Seguro que a ella le gustara ir.

—No lo creo señorita.

—¿Por qué?

—A la poni que gusto, siempre está ocupada…

—Vaya, parece que será de otra manera.

—Sí, descuide, yo sabré como estar con ella. —Le sonríe mirando hacia la lejanía— Ahora si me disculpa, tomare una siesta, no falta nada para que lleguemos.

—Ah sí, lo dejo señor. Espero que haya tenido buen viaje, estaremos en Ponyville dentro de 1 hora y media más.

—Gracias… Adiós.

Sugar vuelve al asiento donde estaba, fijándose en los demás ponis dormidos, e incluso viendo si había algo que hizo el extraño ruido de hace un rato. Pasa por todos los asientos y no ve nada, se acerca al suyo y se echa extrañada, "¿De dónde habrá venido ese ruido?" Se pregunta. Sugar se acomoda y vuelve a dormirse.


¡PUM!

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Sugar abre sus ojos de golpe, está segura de haber escuchado un golpe. Se levanta rápidamente y mira por todos lados, no hay rastro de algo, la ventana muestra un cielo oscuro igual que hace un rato, Sugar galopa al otro lado del vagón y se fija que Guiller no está en su asiento, en vez de eso, se encuentra una mancha de sangre.

Sugar se asusta y se fija en el rastro que dejo, por el piso las gotas de sangre se dirigen al otro vagón, Sugar entra al otro vagón, donde se encuentran las pequeñas habitaciones del tren, el rastro sigue hasta el otro extremo, Sugar sabía que, si el rastro seguía, significaba que abra llegado hasta la zona del maquinista.

Sugar con desesperación galopa con rapidez hasta la puerta que da entrada al cuarto del maquinista, con fuerza intenta abrir la puerta, pero no puede, la puerta tiene una ventana y una pequeña cortina con un hilo para jalar, Sugar jala el hilo y se levanta una imagen atroz; Guiller con una cicatriz en la cabeza, peleando con otro poni, un sujeto extraño con un cuerno roto, de espaldas ve al maquinista.

No logra entrar, tiene que actuar rápidamente, Sugar va hacia la conexión del vagón de los cuartos con el vagón normal, en ese lugar se siente el frio de afuera, los copos de nieve caen y se escucha el fuerte sonido del tren yendo con una velocidad considerable, Sugar, nerviosa y preocupada, toma sus fuerzas para alzar vuelo, salta del tren y abre sus alas con rapidez, las agita rápidamente y logra mantenerse a la velocidad del tren, la ventisca le choca la cara, el frio hace que su pelaje se tiese y su corazón palpita fuerte del miedo, sin el conocimiento de saber si podrá entrar al cuarto del maquinista desde la ventana.

"Ya… casi… estoy" Dice Sugar mientras se acerca al vagón cada vez más, con la esperanza de llegar pronto antes de que pase algo malo.

Pero así fue, la velocidad del tren se acelera y Sugar extrañada, no puede alcanzarlo más, con todas sus fuerzas intenta entrar a otro vagón, pero no puede.

Entonces, la tragedia sucede.

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Los carriles llegan a una curva, el tren con una alta velocidad llega a la curva y, delante de la vista de Sugar, el tren se descarrila, algunos vagones dan vueltas, otros caen directo al suelo lleno de nieve.

Gritos, vidrios rotos y estructura rompiéndose.

Sugar no puede creer lo que acaba de ver, sus pupilas se dilatan mientras se mueven con dirección al terrible accidente, su boca abierta y los ojos totalmente abiertos.

—No…no..no..¡NO! ¡NOO! —Sugar grita con terror al ver el accidente.

Es el fin de Sugar, su trabajo esta arruinado, ella formara parte de una de las tragedias más extrañas que hayan sucedido en Ponyville porque dos ponis enamorados causaron esto.

Las lágrimas bajan rápidamente hacia las mejillas de Sugar, su cuerpo empieza a temblar del frio y del temor, lentamente vuela hacia el tren recién estrellado buscando a algún superviviente.

Es entonces cuando ve una pezuña salir de un montón de pedazos de madera, lo que hace que Sugar aumente su velocidad y vuela velozmente hacia este pony en apuros.

—¡N-no se preocupe, ahorita lo saco! —Grita Sugar mientras toma uno de los pedazos y lo saca, uno por uno se logra distinguir al pobre pony. Sugar lo levanta y lo toma en su lomo. Este pony tiene serias rasgaduras en su cuerpo y se encuentra casi inconsciente.

Sugar no tiene la menor idea donde dejarlo. Se le ocurre dejarlo dentro de un vagón destruido, lo deja en una esquina y le asegura que vendrá la ayuda.

La ayuda…

—¡Ayuda! —Sugar dice para sí misma, sintiéndose estúpida al no haber pensado eso en primer lugar, no hay modo que ella sola pudiera salvar a todos los pasajeros de este tren.

—P-por favor señorita, busque a mi hijo… búsquelo… —Jadea el accidentado con casi todas sus fuerzas, luego se pone a llorar y se soba sus heridas. Sugar recuerda a ese pony, era el padre del potrillo que ayudo con su maleta. ¿y el potrillo donde estará?

Sugar galopa en busca de más supervivientes mientras piensa como conseguiría ayuda. Mira por ambos lados y en la lejanía logra distinguir dos figuras pero no consigue saber si eran ponys o algo de su imaginación. El miedo aterra a Sugar… ella no tiene mucho conocimiento de cómo actuar a una situación de esta magnitud, y lo peor es que ella está sola.

La mirada de ella logra alcanzar a ver la "chimenea" del tren que humea un poco, entonces, Sugar tiene una idea: crear una fogata para que haga humo a larga distancia y así pedir ayuda.

Durante todo el tiempo, la nieve golpea en el rostro y cuerpo de Sugar, el frio la hacía temblar en todo momento y la pequeña línea de luz que llega del sol del amanecer apenas la calienta.

Sugar se siente apurada, el tiempo se acelera, todo podría acabar si ella no actúa rápido.

Sugar agarra varios pedazos de madera dispersados al suelo y los junta en forma de un triángulo. Ahora que ya está hecha la forma de la fogata, falta el combustible….

A la carrera Sugar va hacia el vagón principal del tren, y ve carbón dispersado en el suelo, todos fríos. Entonces, la mirada de Sugar se centra en la boca donde se pone el carbón a calentar y funcionar. Se acerca y ve que aún tiene algo de brasa y algunos carbones con líneas naranjas queriendo prenderse.

Sugar toma un trozo de madera grande e intenta toma cuantos carbones como pueda, pero el temblor del frio le hace soltar la madera y los carbones. Sugar piensa desesperada como llevar estos carbones antes de que se enfríen.

Entonces, a ella se le ocurre un último sacrificio, Sugar se desprende de su uniforma y lo dobla en forma de bolsa, agarra cuantos carbones ardientes pueda y galopa a su fogata improvisada.

El frio brutal choca con el cuerpo caliente de Sugar y la hace temblar con mayor intensidad, sus dientes empiezan a chocar entre ellos y su hocico empieza a enfriarse horriblemente.

Sugar llega a su fogata y suelta los carbones que quemaron su bello uniforme, agrupa los carbones debajo de la fogata y sopla para que se incendien.

Sopla con todas sus fuerzas, pero no logra nada, intenta aún más pero su boca se debilita, el frio la está congelando y en cuestión de segundos ella sufrirá por el intenso frio.

Sugar eleva sus alas como último esfuerzo y las agita velozmente para que los carbones ardientes se enciendan y después de tanto agitar finalmente los carbones arden.

El fuego se propaga por las ramitas y luego por los pedazos de madera, para la suerte de Sugar, estos pedazos del tren aun no estaban húmedos por la nieve, los hallo secos.

El fuego se eleva y crea un humo largo que se eleva hacia el cielo.

Sugar no puede aguantar el frio ni el cansancio por más tiempo, cae desmayada al suelo, cerca de su fogata que logra darle algo de calor para vivir.

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—¿Señorita? —Una voz lejana entra en los congelados oídos de Sugar. —Despierta, ya estamos aquí. —La misma voz se pronuncia otra vez, pero más claro.

Sugar abre sus ojos lentamente, logra distinguir a un pony con traje de rescatista, siente que le ponen una frazada en cuerpo y la alzan hacia el lomo de su rescatante. El chico le pregunta en voz alta.

—¿Es usted la pony que hizo esa fogata? —Sugar asiente con su cabeza y hace "ajam". —¿Cómo se llama?

—Soy Sweet Sugar. —Dice muy bajo ella con pocas fuerzas.

—Usted ha sido la heroína de todos estos ponys aquí, si no fuera por su fogata, yo no la hubiera visto lejos de mi cabaña a kilómetros de aquí, tiene suerte que haya llamado a mis amigos a rescatarlos… ah y mi nombre es Mood Snow.

Sugar sonríe mientras la llevan al Zepelín de rescate. Finalmente se acabó esto, todos han sido salvados y gracias a ella. Espero que Sugar sea recordada.

Mientras Mood Snow lleva a Sugar, a lo lejos ve a la madre unicornio tirada congelada en el suelo, pero un rescatista con su potrillo en cascos. Nunca su madre se hubiera sacrificado por ella.

Subiendo al dirigible, Sugar logra ver en el fondo a la pareja abrazada con una frazada entre los dos, el pony que rescato se encontraba parado abrazando a su potrillo, el Pegaso enorme estaba siendo ayudado por 3 rescatistas que intentaban levantarlo hacia el dirigible.

Sugar, ahora más tranquila y con un chocolate caliente en sus cascos, piensa en su trabajo, en su amiga Barbara (notificaron que se fue en otro dirigible), su novio Pablosky (que luego de ser detenido días después, logra defenderse) y en su familia (su madre se cura). Realmente necesitaba por lo menos la compañía de alguno, pero, aun así, ella estaba sola.

El dirigible alza vuelo y todos se sienten felices por ser rescatados, a Sugar le avisan que al llegar a Vanhoover la llevaran a la comisaria a contar todo lo sucedido por ser la única testigo de los hechos causantes del accidente, ella siente que debe hacerlo para culpar a los responsables de esto.

Finalmente, Sugar acaba su chocolate caliente y se echa a dormir. Finalmente, todo habría acabado…

Las cuatro historias que se contaron anteriormente son las únicas que son dignas de mencionar, cuatro involucrados que tuvieron algo que contar por ser parte de un accidente ferroviario en Equestria. Que podría ser punto de cambio en sus vidas.

Se agradece al lector por interesarse por las historias de aquellos que vivieron la tragedia en primera persona.

El fin.


Agradezco a mi fanfictioner favorito Filomental por apoyarme a escribir en esta pagina, igualmente a todos los que leen mis historias, por aguantar mi irresponsabilidad de hacer los capitulos muy tarde y no superar sus espectativas. Hago esto con todo el amor que ofrezco, espero que les haya gustado el Fanfic en si, pese a las demoras. Fue un trabajo muy agotador pero poco a poco me siento más liberado, tengo pensado escribir fanfics cortos a futuro. Espero que alguien pueda darle una review en honor a todos los capitulos y si les gusto una historia, añadanla a favoritos. ¡Un abrazo a todo el mundo! ¡Nos leemos despues!