Capitulo 3
La leve luz de la lámpara del cuarto iluminó mi impreso, no me equivoque al colocarlo en el centro de la habitación, los reflejos de la bombilla resaltaban los trazos definidos de aquel desnudo.
La larga cabellera de aquel hombre, quien mantenía los brazos abiertos en estado de deleite y sumisión, caía en hondas sobre sus puntiagudos hombros. Su espalda estaba remarcada por músculos inflados, los cuales parecían hincharse aun más a contra luz. Tal era la realeza del desnudo que me parecía ver la mano de la mujer acariciar el hueco de su columna vertebral en un movimiento de vaivén tan vivido, que hasta las marcas de la fricción estaban detalladas en su piel. Sus piernas fuertes, largas y varoniles; ligeramente abiertas, a mis ojos habían adquirido movimiento proprio, tenían un ligero ritmo remarcado por la fuerza de presión que ejercían sus glúteos, que aquella mano que sostenía el gran musculo parecía hundirse en su dureza con dificultad. El álgido acto, tenía una morbosidad exquisita y deliciosa. Los brazos de la mujer mostraban tal sentimiento de pertenencia que me causaba envidia. Ella era la dueña de aquel escultura y lo demostraba con indecorosa seguridad, ella no tenia forma pero si era la mismísima protagonista. Apenas se veía su negra cabellera, la cual a la altura de la pelvis gritaba a viva voz y con grandes muestras de sudor. Esto es mío.
¡Ay!
Abrí la ventana para dejar entrar el aire a la habitación, me encontraba demasiado azorada, había sido un día larguísimo y todavía no terminaba. Habíamos regresado apenas hace una hora de aquella alocada exposición. No pude soportarlo mas, había sido demasiado escuchar el relato del artista del como y cuando había copulado con el pobre mito de Glosgow, hubieron notas de incredulidad y gritos de euforia cada vez que especificaba esto y aquello, pero lo mas sorprendente de la noche sin duda fueron los veinte y cinco centímetros de erección. Terry y Archie coincidieron en que era imposible tal número. Annie solo se limito a medirse por cuartos a la altura de la pelvis. Y yo intentaba descifrar el tiempo en que se encontraba la pintura del "homenaje": ¿Era antes o después? Pero mi paciencia se derrumbo haciéndome salir despavorida del lugar, cuando la gente comenzó a beber del líquido blanco que salía de la escultura de hielo.
— Am fear nach fuasgail a cheisd feumaidh e an ath the 'chur1.
«Trin»
La copa de vino tinto que había estado bebiendo se hizo pedazos al chocar contra el suelo. Me quede viendo a la ventana donde provenía la voz. "Su voz". Lo vi acercarse dando un paso a la vez, como un felino listo para atacar y otra vez su fiera presencia masculina me abrumo y envió un sacudón de deseo a mi cuerpo. Yo debía dar un paso atrás, lo sabia. Pero mis pies no cooperaron. Su límpida y mentolada esencia invadió mi cabeza y debilito mis rodillas.
¿Que carajos tenía ese hombre que hacia que yo quisiera que se acercara aun mas?
« ¡Mangos!» moría por saltar a sus deliciosos brazos y besar esos labios hasta que estuviera saciada de él, era morboso y sucio… ¡Sí! Pero eso quería.
No podía explicarlo; pero dentro de mí, muy dentro tenía la certeza de que algo andaba mal, algo realmente mal.
— ¿Como entraste? ¿Por qué estas aquí? ¿Que quieres?
Un brillo malvado y sexy asomo en su mirada.
— Siguiente pregunta, no puedo contestar algo que tú deberías.
— ¿Yo?
— Claro, haber dime ¿como crees que entre?
— No se, por la ventana.
— ¡Bingo! diez puntos. ¿Por que crees que estoy aquí?
— Po, p… ¡por mi!
— ¡Bang! diez puntos mas ¿Y que crees que quiero?
Avanzo un paso más hacia mí y esa pregunta sonó arrastrada, con una voz ronca y gutural. Algo dentro de mi me dijo que estaba en grandes aprietos y todo lo que estaba sucediendo requería de mi total atención, pero ¡demonios! no podía quitarle la vista de encima. Él dejo caer su mirada hacia mi raído pijama con huecos y movió su boca sonriendo de medio lado
«Me pregunto… ¿Por qué no me pondría el Victoria Secret que me había regalado Annie? »
— Adoro la forma y color de tu cabello ¿puedo tocarlo?
«S. O. S.», «S. O. S.»
Como anhelaba que sus manos se hundieran en mi nuca e hicieran lo que quisieran conmigo. Era un deseo nacido de lo irracional y el improvisto, nacido de la desesperación. ¿Cual seria el poder que me detenía correr y jalar de sus solapas hacia mí? Y rogarle que me tomara ahí mismo y satisfacer mi curiosidad… Lo ignoraba. Pero agradecía el leve nivel de cordura que me quedaba. En verdad me sentía bajo un hechizo.
— ¿Que me dices?
— ¿Sobre que? ¡Ah! ¡Oh! — sacudí mi cabeza, ¡como si eso fuese a ayudarme! — Eres persistente ¿no?
— No tienes idea Milady. Cuando veo algo que quiero, voy tras ello.
Reprimiendo el mágico y místico animal que de una u otra forma se había instalado en mí, como pude me di la vuelta y fui hasta la segura puerta de salida de mi casa. Estaba tentada a salir corriendo, para salvar mi vida de algo que no tenia idea. Pero era el mismísimo presentimiento de mujer el que me aventuraba a tener sentimientos de temor con ese hombre.
Camine. No, más bien flote, no era como pisar sobre el firme parquet de mi casa, sentía que andaba envuelta en una atmosfera cálida y húmeda, agradable y motivante… ¡Por Dios que estaba pasando!
— ¿Por que yo?
Lo vi abrir los ojos consternado y dudoso. Luego como si pareciera lo más obvio del mundo contesto:
— Maise ¿no tienes un espejo?
— Sip, pero no encantado. — Me volteé y sonriendo incrédula tome la perilla de la puerta, él debía salir de mi casa en este instante — Ahora si me disculpas no debes estar aquí, te ruego que…
Sentí su mano tirar de mi codo, había dado dos zancadas con una velocidad increíble y estuvo a mi lado estirando toda su altura para detenerme, me obligo a mirarle a los ojos:
— Mira Candy, creo que… lo he echado todo a perder. Yo solo quería…
Presionando su pesado cuerpo contra el mío, obligo a la puerta de madera cerrarse de un golpe. Clavo su vista en mí y su aire hipnótico se acentuó cuando pronuncio aquellas palabras casi en un murmullo « estar contigo Maise » como si la manera de deletrear palabra por palabra tuviera un objetivo… estaba acabando con mi dominio, comencé a sentir que levitaba y mi aire se cortó cuando lo vi bajar la cabeza y acercarse a mis labios. Sabía que iba a besarme.
«Ring, ring. »
« ¡Mallacht!2 »
Lo escuche respirar profundamente y con aquella frase que parecía una palabrota vi como envenenaba con la mirada a mi celular, apretó los puños y esforzó una sonrisa por demás encantadora.
— Creo que tu novio te llama.
— Sabes… no se a que te refieres… pero estoy segura de que te equivocas.
Conteste y la persona que menos pensé escuchar estaba al teléfono, preocupado y muy dispuesto a entrar en mi casa. Estaba en su auto a tan solo unos pasos de la puerta de entrada esperando confirmación de mi parte. Mire a Albert y me pregunte por que había dicho aquello o más bien como había sabido quien me estaba llamando. Él me taladraba con su mirada quería saber que le respondería,
— Aló, Terry, que sorpresa. Y pues que te digo estoy…. Estoy a punto de acostarme a dormir y no estoy presentable.
— Siempre estas presentable preciosa, además eso no importa solo quería hablar contigo.
— ¿Ahora?
— Si, si te parece bien por supuesto; pero si no, que te parece si te invito a desayunar el día de mañana
— Eso me parece mejor. Entonces ¿a qué hora nos vemos? — No es que me interesara mucho su invitación en estos momentos y más con el adonis al cual no podía quitarle la vista de encima… «No, ya no» solo quería deshacerme de él de inmediato.
— ¿Estas bien? suenas como ansiosa.
— Eh si, no te preocupes es que me caigo del sueño. — Simule un gran bostezo de mi parte muy sonoro como para que se escuchara a través de auricular.
— Oh discúlpame pecas, no te quito mas tu sueño de belleza, si quieres paso por ti a las ocho de la mañana. ¿Esta bien?
— Si esta muy bien.
— ¿Segura que no te ocurre algo? Digo no te quejaste por lo de pecas… bueno no importa supongo que es el cansancio. Entonces que tengas una buena noche nos vemos en la mañana.
Cuando deje mi celular sobre la mesita me percate de ponerlo en volumen bajo, estaba segura que Annie no me creería por lo que estaba pasando. Había despachado a Terry mi gran amor por un desconocido que sonreía triunfante en mi sala y el cual se acercaba determinante a terminar lo empezado o al menos eso me pareció cuando envolvió en su mano uno de mis rizos y se lo llevo a su esculpida nariz. Sonreí sin saber por que, de seguro todo esto me lo estaba imaginando.
— ¡Ah! — bromeo él. — Entonces si sonríes.
— Aunque lo dudes puedo sonreír. —El pequeño lapsus de la llamada me había dado algo de sensatez, sentía como si un pesado velo caía, ¿como estaba permitiendo que él permanezca en mi casa? — ¿Hasta donde piensas llegar?
— Hasta donde me lo permitas, ya te lo he dicho no hare nada que tu no me lo pidas.
Esbozo una de esas sonrisas que se estaban convirtiendo en mis favoritas. Desenrollo de su dedo un bucle pero siguió acariciando mi cabello como si quisiera darle forma. Su otra mano la deslizo por mi mejilla hasta llegar a la punta de mi nariz para luego bajar hasta mis labios tan solo tocando un ápice mi piel. Sus ojos descendieron hasta mis labios y muy despacio siguió bajando hasta la entrada de mi camiseta gris que se caía de mis hombros deteniéndose en el inicio de mis pechos, él pareció deleitarse con eso por que siguió la línea que se ajustaba a mis caderas. Lo vi cerrar los ojos y tragar saliva, juraría que vi en sus celestes un deseo voraz, violento y exigente.
— Dame solo una oportunidad para demostrarte lo que soy. — Despacio y muy preciso el ritual del mago comenzó, su voz sonaba como tintineante y marcada. — y que me aceptes sin pesares. — Sus labios recorrieron mi lóbulo izquierdo, cada palabra resonaba en mi piel… era como entrar en un encantamiento. — déjame fluir en tu cuerpo y sé parte de mi energía vuelve a mi morada y reencarna conmigo mi dulce flor.
— Mmm…
— ¿Me deseas? — Abrí los ojos de par en par chocando con sus profundidades oscuras. Sabía que era una insensatez, que no era correcto pero felizmente no escuche a mi vocecita interna decirme lo contrario y no pude contenerme.
— Mas que a nada.
Eso fue suficiente para que sus labios buscaran los míos, era débil y mucho, nunca había hecho algo así en mi vida, para salir con alguien como mínimo lo consideraba por un largo tiempo. Pero ahora me encontraba en medio de la sala con mi pijama agujereada, excitada por el deseo de un hombre que había conocido hacia apenas horas. Sus besos me recorrían la boca con exultante fuerza, demasiado demandantes, tanta violencia debían causarme molestia, debería empujarlo y mandarlo sacando de mi casa por su intrusión; pero no podía, su salvaje indiscreción estaba quemando en mi vientre que casi era insoportable. Y la certeza de que su cuerpo respondía al mío era fascinante.
La columna de la habitación me sostuvo por la espalda mientras él me elevaba varios centímetros del suelo, su cuerpo estaba pegado al mío y lo que alguna vez me salvo de un bochorno inminente me estaba presionando la entre pierna, casi podía sentirlo en mi interior y sin querer levante el muslo y abrace su pierna izquierda, gimió cerca de mi oído y me sentí llevar en volandas por el pasillo, con agilidad me iba quitando la ropa mientras besaba cada centímetro de mi piel desnuda y expuesta para su deleite, mi espalda sintió la suavidad de mi cama y su peso me abandono un instante.
— ¡babúna!3
No entendía nada de lo que decía, absolutamente nada pero sus labios se sentían a gloria. Se despojo de su elegante chaqueta al mismo tiempo que de su camiseta de cuello en v. Era un modelo de belleza masculina toda fibra y músculos. Tenía los bíceps flexionados alrededor de mis hombros y no evite a mi mano el tocar su torso desnudo, duro como la roca pero con una textura de satén. Sus hombros increíblemente anchos me rodeaban regalándome la mejor de las visiones.
¡OMG!
Esos abdominales estaban creados para dejar todo un reguero de besos sobre ellos y ese vello de color castaño que comenzaba bajo su ombligo me llevaba morbosamente hasta el final de sus vaqueros ceñidos y apretados, hasta tuve la impresión que con urgencia necesitaban ser dos tallas mas por el creciente bulto que apreciaba, debía estar generosamente dotado y sin duda su interés en mi era mas que evidente.
Sus manos agiles deslizaron mi ligero short dejando al descubierto el bikini que me había regalado ese día Annie. Quien iba creer que sus "sabias" palabras iban a cumplirse alguna vez.
— ¡Ah¡
Ese ronco y arrastrado gemido avivo mi deseo y no evito que gritara cuando él con sus dientes tiro de la pequeña tela intentando desprenderla de mi cuerpo, sus dientes de marfil aguijoneaban mi suave piel y humedecieron toda la zona con el pintado abrasivo de su lengua. Lamia cada centímetro de mi piel y puso mas efusividad justo en mi monte de Venus.
— «¡Delicioso!» Tome sus cabellos deseaba verlo, pero sentí su tensión y abruptamente se levanto encendiendo la luz de manera automática.
— ¿Que es eso?
— ¡Qué! ¿Qué?
— ¿Eso?
Él señalo mi marca de nacimiento un lunar pequeño muy extraño que siempre me pareció un tatuaje pues tenia la forma de una flor alargada terminaba en punta y en su inicio descansaba como en hojas.
— Ah pues un lunar.
— ¿Por que lo tienes?
— Eh pues no se… herencia… no tengo idea.
— ¿Como que no tienes idea?
— Pues si quieres que te hable de genética…
— No, no… quiero saber ¿por que lo tienes?
—Te digo que no se, es como si me preguntaras por que tengo los ojos verdes nací con eso.
— ¿Naciste?
— Si.
Todo me pude imaginar menos lo que hizo, no fue para nada bonito, ni delicado, ni pasional, él me obligo a recostarme mientras examinaba minuciosamente mi lunar que quedaba justo encima de…
— ¿Oye que crees que haces?
— ¡Imposible!
— ¿Que es imposible?… ¡Mier… coles! — me tape con la sabana esto era demasiado si alguna vez estuve excitada ya ni me acordaba. — ¿se puede saber que te pasa?
Me miro consternado y hasta un poco encantado. Automáticamente apago la luz. Y se acerco a mí.
— Ni se te ocurra ponerme una mano encima, no te lo permito. Ni ahora ni nunca.
— ¡A rún mo chroí! 4..No hagas promesas que nunca cumplirás, te aseguro que me reclamaras y me reclamaras por lo que soy.
Presiono sus labios contra los míos y con frenética fuerza coloco mi cabeza sobre la almohada. Acuno mi rostro en sus manos y contrario a lo que pensé con delicadeza y devoción infinita se apresuro a besarme en cuatro puntos exactos.
—Ahora duerme Maise, duerme y sueña conmigo.
Su mano cubrió mis ojos mientras sentía presionar su boca en mi frente y como cual niña me dormí.
— Y le dije a Roberth que ni piense que voy a filmar con Salma ese comercial.
Me reí por enésima vez del relato de Terry solo por cortesía; en verdad me interesaba mucho su vida como actor, pero sinceramente este día lo menos que quería era estar sentada en la acera con un jugo de naranja que por mas que endulzaba me sabia amargo. La imagen de la noche anterior esta viva y casi podía palparla, ¡Por Dios iba a perder mi virginidad frente a un desconocido! Que para colmo no sabía que se había hecho. Lo único que recordaba era ese beso de buenas noches y al momento siguiente me levante con el sonido de la radio que me gritaba que me despertara. Recorrí mi habitación esa mañana buscando un indicio que me indicara que había sido real, pero no encontré nada.
Estaba sola como siempre lo había estado todos estos años.
— Y que me dices. ¿Crees que debería aceptar?
— Eh si, si lo creo. Terry… si me disculpas voy al tocador.
— Si claro pecas sigue, mientras voy un momento a la barra por mas "Brownies".
Eso si que lo escuche e intente darle un codazo cuando paso por mi lado riéndose a carcajadas, por la mala cara que puse.
— ¡Terruce Grandchester¡ ¿que parte de que no me gusta que me digan pecas no entiendes?
— Bueno borremos a pecas de la lista.
— Te lo agradecería.
— Bien ¡tarzan pecoso jala cables! voy por mas brownies.
Si no hubiera corrido, de seguro alcanzaba a ponerle de sombrero la nata que había derramado sin querer y que ahora había parado a la mesa contigua, a la solapa de un terno negro Ralph Laurent, de un elegante señor que me miraba a través de sus gafas oscuras, a las cuales había llegado también algo de nata.
«Auch »
— Lo lamento caballero no fue intencional. Le prometo que si le manche su fino traje correré con los gastos…— mientras me disculpaba rezaba con todas mis fuerzas para que se quitara la gran mancha blanca del impecable bolsillo negro y ¡Mangos! de su sombrero de cien dólares. — Lo… lo siento… no quise…
— No se preocupe señorita, es solo nata.
Tiesa del asombro me quede contemplándolo por un largo momento, esa voz era una muy conocida ¿Que se creía? ¿Que no me iba a dar cuenta? con furia lance la servilleta sobre la mesa y me dispuse a enfrentarlo ahí mismo, necesitaba una explicación, y debía ser buena, nadie entra en mi casa me desnuda y me deja ahí tirada y se va.
Pero antes le quitaría esas enormes gafas de sol, como si eso pudiera ocultar los bellísimos ojos azules que tenia, los cuales sin duda brillaban aun más con la luz del día, trasmitiendo paz y entendimiento. Puros y transparentes. A pesar, de verse ensombrecidos por las ojeras malvas que yacían a sus pies.
Muy, pero muy diferentes a los de anoche…
No, no esto solo podía ser producto de mi imaginación. Él era un gran actor… mejor que Terry sin duda, pero claro todo se descubriría cuando retire ese magistral Panama Hat que le cubría ese sedoso y hermoso cabello…
¿Castaño?
— ¿Desea que me quite la chaqueta también señorita? Pero créame no es necesario, tengo varios, no necesita limpiarlos.
— ¿William?
— ¿Perdón? Creo que hay una confusión aquí, permítame presentarme. Mi nombre es Albert Andrew
Mi incredulidad aumento a mayor grado, moví mi cabeza para poder aclarar mis ideas. Habría jurado que su voz era la de él… me detuve a verlo por unos largos segundos, no se podía negar que había algo en su faz que podía confundirse con William pero la verdad a esta persona le rodeaba otra aura.
Antigua, elegante, inmaculada. Clásica.
Inexplicable.
Pero lo más increíble de todo era que había derramado nata a mi artista favorito… en verdad ni en mis más alocados sueños me habría imaginado que lo conocería y menos de forma tan vergonzosa.
— ¡No me lo creo!
— ¿Perdón?
— ¡No puede ser Andrew…. el pintor!
— ¿Sabe usted quien soy? — No pude evitar fruncir el seño ¿como no iba a saber quien era? ¡Yo, precisamente yo su mas grande admiradora!
— ¿Esperaba que no lo supiera?
— Bueno no estamos precisamente en la época en que el arte es el top diez de la lista. Pero me agrada haberme encontrado con alguien que conozca el arte, aunque no lo ame tanto como yo.
— ¿Como sabe que no lo amo? eh me refiero al arte, por supuesto.
— Desde luego, pero como le repito en esta época no es fácil encontrar a alguien que ame el arte en todas sus facetas como yo.
Y diciendo eso el hombre de porte excepcional se movió, mis músculos se tensaron al chocarme con el aroma del after shave mentolado que emanaba. Él se limito a sacar un pañuelo blanco pulcro de su chaqueta y con un «Permítame » procedió a limpiar la bandida gota de nata que yacía en mi barbilla.
— ¡Ah!
— No se asuste, es solo nata.
¡Si… claro nata!
Lo vi sonreír y resistí el impulso de parpadear. Deslumbrada por aquel intenso destello devastadoramente atractivo de dientes blancos y homogéneos de mi ídolo. Me sostuve de su mano evitando el desplomarme en el piso de la impresión. Lo sentí sostenerme con fuerza mientras yo me ahogaba con su perfume a maderas.
— ¡George ayúdame!
Continuará…
1 Quien no resuelva la pregunta debe hacer el siguiente acertijo.
2 Maldición.
3 Santo Cielo
4 Oh Amor mío!
Bueno muchachas espero les guste estos capitulos...
Lety : gracias amix el mensajito jiji y esperate ya vienen mas...
bueno estoy escribiendolo seguido asi que espero terminarlo rapidisimo... la GF me ayuda ... jiji pero mi trabajo noo pero tranqui... yap traera en la medida de lo posible.. pero tengo tres dias para igualarme amigas... besos
