Capitulo 4:
Llamaron a la puerta del despacho.
Adelante – dijo el jefe de aurores.
Jefe, ya estamos todos aquí – contestó Ron – A algunos les he dado permiso para ir a San Mungo a que los revisen, por precaución, pero no creo que sea nada grave. ¿Qué es lo que pasó realmente, Harry?
No lo sé, Ron. Esto cada vez se vuelve más confuso. Toma, léelo. – le entregó las notas que había recibido a su amigo - ¿Qué piensas?
Es todo muy raro, Harry. ¿Tienes algún sospechoso en mente?
No. Los he descartado a todos. Los mortífagos o están muertos o en Azkaban y como no sea algún lunático que después de la guerra se haya quedado sin nada… No me lo explico.
Podemos consultárselo a Hermione, esta noche, en la cena.
Sí, porque a mí se me han agotado las ideas.
Esa noche mientras cenaba en casa de Hermione y Ron, ambos chicos le expusieron lo sucedido esa tarde.
Esto es muy grave, Harry – dijo la chica – hay que tener mucho cuidado.
Lo sé, ¿pero qué puedo hacer? Si ni siquiera tengo una sola pista sobre ello… Estoy desesperado. No puedo más. Entre esto y lo de Draco…
¿Malfoy? – preguntó curioso el pelirrojo - ¿Qué pasa con Malfoy?
Ya te lo conté Ron – explicó cansado el moreno – Se ha ido de viaje con Blaise, y si os soy sincero no me gusta nada. Todo estaba muy bien, pero desde que ese tipo apareció en nuestras vidas se ha complicado todo… A Draco le surgen viajes de repente, aparece el tráfico de pociones… N-no…
¡Espera un momento! – cortó la chica rápidamente con una cara emocionada – No puede ser lo que estoy pensando… es demasiado retorcido todo…
¿De qué estás hablando, cariño? – preguntó interesado Ron – Tienes cara de "hey, he descubierto algo que se os ha pasado por alto a los dos". Suéltalo ya.
Es sobre lo que acaba de decir Harry. Has dicho que desde que Blaise apareció todo se ha enredado.
Si, lo he dicho.
Pues ya está. ¿Qué tal si es Blaise el que está detrás de lo del trafico de pociones? ¿Y si solo está usando la empresa de Draco como tapadera?
Es demasiado retorcido todo ¿no crees?
No pierdes nada con investigar, hermano – intervino ron – Además, no tenemos ninguna pista. Y ahora mismo esa suposición encaja bien.
Si – admitió Harry – no pierdo nada. ¿Desde cuándo tú eres de las que sospechan de alguien sin contrastar los hechos antes, Hermione?
Bueno… no se puede ser tan buena en estos tiempos ¿No crees? Además, en Hogwarts nunca me cayó especialmente bien ese tipo, no me daba buena espina y ahora tampoco.
Esa noche el moreno llegó a casa y se tiró encima de la cama con la ropa puesta. No tenía ganas de desvestirse.
Una lechuza parda cruzó la ventana y se posó sobre el sillón de la habitación. Extendió la pata hacia el moreno, indicándole que le quitara la carta que llevaba. Harry así lo hizo y la lechuza emprendió el vuelo de nuevo, perdiéndose en el cielo oscuro.
En ese momento se dio cuenta de donde procedía. La carta era de Draco, y la abrió rápidamente.
Hola, amor:
Tengo muchas ganas de volver a verte, pero esto me demorará bastante. Siento dejarte tan solo últimamente. Perdóname.
Me siento muy solo cuando tú no estás conmigo y la cama se me hace muy grande sin ti. Ahora mismo daría lo que fuese porque me hicieras el amor de nuevo. Nosotros los magos tenemos muchas ventajas, podemos desplazarnos a donde queramos en cuestión de minutos, pero ahora mismo no puedo irme de aquí. Prometo hacerte una visita pronto y espero que me sepas dar la bienvenida como solo tú sabes hacerlo.
Te quiero mucho, Harry. Te deseo y deseo que estos días que estemos separados pasen lo más pronto posible.
Draco
Harry estaba en una nube. "Draco se acuerda de mí", pensó, "no me ha olvidado".
Esa noche durmió como un niño pequeño, aunque todavía estaba el asunto de Blaise. Tendría que ponerse a investigar pronto.
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Ya no podía retrasar más la investigación, por ello pidió a sus aurores que le consiguieran toda la información y los movimientos que había llevado la empresa de Malfoy en estos últimos meses.
Tenía una pila llena de documentos que necesitaba que los mirara, pero era mucho, por lo que le pidió a Ron que le echase una mano.
Por más que miraban los papeles, una y otra vez, no encontraban nada fuera de lo normal.
Quizá no haya nada – sugirió Harry – tal vez nuestra idea va muy desencaminada.
O tal vez lo hayan encubierto muy bien – añadió el pelirrojo – todavía queda mucho por mirar, e incluso papeles que no han podido traer los aurores porque la gente que maneja todo esto no quisieron entregárselos… Si te soy sincero, me inclino a que están ocultando algo, no es normal que en una investigación te prohíban mirar ciertos documentos…
Puede ser, Ron… pero a lo mejor no quieren que veamos los documentos por otras razones que no tienen nada que ver con esto…
Eres muy confiado, hermano. Sé que depositas toda tu confianza en Malfoy, pero a veces uno tiene que arriesgarse para poder seguir adelante… ¿Qué tal si ese tipo está haciendo cosas ilegales delante de las propias narices de tu novio?
Tienes razón, lo sé, pero es que no me imagino a Draco metido en todo esto… No es propio de él… Y en todo caso de que así fuese, sería influenciado por ese tipo, no lo haría por propia voluntad, él no es así…
Puede ser que Blaise lo esté haciendo a sus espaldas…Quizás él no sepa nada.
Harry no contestó. Mientras su amigo seguía revisando papeles, él le daba vueltas a la conversación… ¿No era posible que Draco estuviese detrás, no?
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Pasaron varias semanas, y él seguía mirando papeles, sin ningún resultado.
La chimenea de la Mansión chisporroteó, y por ella salió un Draco Malfoy enojado. Se dirigió al sofá donde estaba Harry y le extendió un papel. Él lo leyó.
"No me puedo creer que estés tan lejos y dejes que tu amor te investigue, ¿No lo sabías? El gran Harry Potter ha vuelto a las andadas, pero esta vez eres tú el que está en su punto de mira. ¿Lo vas a consentir? ¿Vas a dejar que tu gran amor te investigue a tus espaldas?"
Draco yo… - intentó decir nervioso, aún con el papel en la mano.
No hace falta que digas nada, ese papel y tu reacción era todo lo que necesitaba saber… ¡Es increíble! ¿Estás investigando mis empresas? ¿Qué neurona has perdido en tu cerebro? ¿Te has vuelto loco?
Draco…
¿Por qué lo haces? – interrumpió el otro de mala manera - ¿Qué es lo que hay tan sospechoso en mi trabajo que tiene que investigarse por todo el departamento de aurores? ¿Acaso soy un criminal? Porque si es así decídmelo, porque yo no me he enterado de eso.
No eres un criminal Draco – intervino el moreno intentando calmar el asunto – Nunca diría eso de ti.
Pues me estás tratando como a uno, investigándome a mis espaldas. Ya sé que eres el puto jefe de aurores, que tu palabra es la ley, pero soy tu novio, ¿Acaso no pensabas decirme? ¿Se te pasó por tu prodigiosa mente que tenía derecho a saber que me estabas investigando? ¡Y no enterarme por este anónimo! – dijo señalándole el papel que aún sostenía Harry - Dime la verdad, ¿Lo pensaste?
No – contestó abatido – No lo pensé. Creí que no tenías nada que ocultar, y que si te decía las cosas terminaríamos peleando y…
¡Genial, Potter! ¡Simplemente genial!
Es que nos llegó un anónimo – mintió Harry. No podía decirle que la idea había sido de Hermione – y como todo lo del tráfico de pociones cada vez se vuelve más complicado pues pensamos en echar un vistazo a tus documentos. Era la única pista que teníamos.
¿Y encontraste algo? – preguntó el rubio con ironía - ¿Lo encontraste?
No – negó – No hemos encontrado nada. De todas formas no lo podemos revisar todo, hay documentos a los que no nos dejan acceder.
¡Ja! – intervino el rubio - ¡Por supuesto que no! ¿Acaso pensáis que voy a dejar que vea todo el mundo mis movimientos y todo lo que eso conlleva? ¿No te fías de mi palabra?
Claro que me fio de tu palabra – añadió Harry levantando la voz – Pero esto es un asunto oficial, ¿Qué querías que hiciese? ¿Qué me tapara los ojos y fingiera que esto no está pasando?
Nadie habló. El rubio se dirigió al sillón más cercano y se dejó caer en él, mientras que el moreno permanecía en el sofá.
Sé que es un asunto delicado – habló Draco intentando calmarse – Y también se que te lleva de cabeza. Realmente no me molesta que me investigaras, Harry, lo que en realidad me molestó es enterarme por otro sitio de lo que estabas haciendo, de no hubieses sido tú el que me lo dijera. Eso es lo que me molesta.
Lo siento, de verdad.
Dejémoslo aquí – dijo el rubio – Vamos a acostarnos y ya hablaremos de ello.
Está bien, como tú quieras.
Harry, me gustaría dormir solo esta noche, tengo cosas que pensar.
No te preocupes, yo me iré a la habitación de invitados. Tomate el tiempo que necesites.
Gracias.
Ambos se dirigieron a sus habitaciones, y mientras que el moreno se durmió en un momento, pues estaba muy agotado, el rubio permanecía dando vueltas por la habitación.
Se dirigió al armario de la ropa, quitó toda la que se encontraba doblada y la que estaba colgada y apareció en la madera del fondo un tirador. El armario contenía un doble fondo. Tiró de él y lo abrió. Dentro había guardado un pensadero, uno que nadie conocía, ni si quiera sus padres lo sabían. Ahí es donde guardaba todos sus secretos, todos los pensamientos que no quería que nadie más los viera.
Colocó la punta de la varita en su sien y la fue retirando poco a poco. De ella empezó a surgir un hilo plateado que fue depositado en la vasija. Esta operación la repitió unas cuantas veces más. Cuando terminó, volvió a meter el pensadero en su sitio de nuevo, encerrándolo en aquel compartimento.
Es lo mejor – dijo el rubio mientras guardaba la vasija – Olvidar lo que sucedió será lo mejor.
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Cuando el rubio se levantó al día siguiente y bajó las escaleras, el olor a café recién hecho inundo sus fosas nasales. Allí en la cocina se encontraba su chico, preparando su desayuno.
Buenos días – dijo el moreno cuando lo vio aparecer. Lo dejo en un tono tímido, pues no sabía cómo se había levantado el chico esta mañana - ¿Has dormido bien?
Buenos días – se acercó al otro y le dio un pequeño beso en los labios – Mas o menos. ¿Te has levantado temprano no?
Sí, he ido a volar un rato. Me gusta hacerlo por las mañanas temprano. ¿Y tú? ¿Cómo es que te has levantado tan temprano?
Tengo cosas que hacer, tengo que ir a la oficina y eso. ¿Tú no llegas tarde al trabajo hoy?
No – negó con la cabeza y con una sonrisa en los labios – Ser el jefe tiene sus ventajas.
Pues será para ti, porque yo también soy jefe y parezco de todo menos eso.
Ambos desayunaron animados, parecía que el episodio de ayer estaba olvidado, o por lo menos querían olvidarlo.
Draco se marchó a su trabajo y el moreno fue a la habitación que compartían siempre, pues en la de invitados no tenía ropa.
Se duchó y dirigió sus pasos al armario de la ropa. Empezó a sacar la que estaba doblada, ya que buscaba su camisa blanca y no la encontraba. El armario se fue vaciando poco a poco, y en la cama el montón de ropa iba creciendo. Cuando estaba terminando de sacar la ropa doblada, encontró la camisa que buscaba, pero cuando fue a cogerla se dio cuenta de que en el fondo del armario había una especie de puerta.
¿Qué es esto de aquí? – se preguntó en voz alta – Nunca lo había visto.
Dejó la camisa que llevaba en sus manos y abrió la puerta, encontrándose con una vasija. La sacó y la dejó encima de la mesa.
Él reconoció inmediatamente lo que era, ya que había ido muchas veces al despacho de Dumbledore y él tenía una parecida.
Un pensadero – se dijo a sí mismo - ¿Draco guarda sus recuerdos aquí? ¿Por qué?
Harry estaba confundido. Nunca Draco le había hablado sobre él, ni si quiera sabía que existía, pero la curiosidad era demasiada y no podía resistirse. Así que se dejó guiar por su instinto, que le decía que un solo vistazo no iba a hacer daño a nadie, y metió su cabeza en la vasija, notando como sus pies se despegaban del suelo, dejándose llevar por los recuerdos de su rubio.
Continuara…
