Stephanie Meyer es dueña de Crepúsculo y sobre todo de Edward (o eso cree ella). Nosotras solo lo usamos para entretenernos y también a ustedes.
Capitulo 03
Dos chicos cabalgaban a toda carrera por el terreno, haciendo carrera a ver quien llegaba primero al viñedo donde los esperaba su abuelo.
Edward incitaba mas y mas a su caballo para corriera más rápido.
Su prima, Alice, iba detrás sabiendo que no iba a ganarle.
Alice era un año menor que Edward. Hija de Adrian. Su madre murió cuando la niña tenía cinco años por lo que su padre se mudó nuevamente a la casa de sus padres junto a su hija.
Los dos primos eran muy unidos y Edward siempre defendía a Alice de sus demás primos.
Cuando llegaron al edificio donde su abuelo se encontraba ambos desmontaron y una vez amarrados los caballos fueron en busca de su abuelo.
— ¡Papá! ¿Dónde estás? —llamó Edward abriendo la puerta dejando a su prima entrar primero.
—Atrás —se escuchó la voz de Edward padre.
Estaba preparando abono para las plantas así que los chicos inmediatamente se pusieron manos a la obra ayudando a su abuelo.
El espacio del viñedo no era muy grande, aun estaba en desarrollo. Sin embargo ya habían sacado varios vinos que estaban teniendo muy buena aceptación.
Limpiaron y abonaron las plantas nuevas. El día estaba nublado pero de igual manera Alice se puso su enorme sombrero y sus lentes de sol Gucci. «Glamour ante todo» decía Alice.
—Edward —llamó la chica, el chico de cabellos cobrizos alzó la cabeza para ver a su prima—. Vamos mañana con Emmett al cine y a comer algo.
—Está bien —dijo sonriendo—. Pero que Emmett no escoja la película.
Cuando terminaron de abonar, unas tres horas después, el atardecer estaba en todo su esplendor. Su abuelo los reunió en el edificio y sacó una botella de vino del sótano junto con un conjunto de quesos. Los puso sobre la mesa que había cerca y los tres se sentaron alrededor de esta.
Sirvió vino en dos copas antes de mirar fijamente a su nieta y servir una tercera.
—Mary Alice, esto se queda entre nosotros —dijo con firmeza.
—Sí, abuelo —asintió Alice con seriedad antes de beber un sorbo de vino.
—Creo que voy a tomarme un descanso mañana. Esta semana ha sido muy dura —dijo Edward dejando su copa en la mesa antes de estirarse cuan largo era haciendo que le sonaran unos huesos.
— ¡Genial! Así me ayudas con mi tarea de matemáticas cuando vuelva del colegio —dijo Alice con alegría.
Edward hizo una mueca de desagrado.
—Dile a Emmett, él va al mismo nivel que tú.
—Emmett sabe de matemáticas lo que tú sabes de cocina —protestó Alice—. Anda, Eddie. A ti se te dan bien las matemáticas, explícame.
—Se me dan las matemáticas, pero igual las odio.
—Tú odias todas las materias, hijo —se rió su abuelo.
—Abuelo, dile que me ayude —lloriqueó Alice.
—Edward… —le advirtió el abuelo.
El chico rodó los ojos y se bebió el contenido de la copa de un solo trago.
Alice y Edward llegaron al establo y una vez que terminaron de acomodar a los caballos se dirigieron a la casa entre risas. Edward padre había llegado hacía un rato ya que se había regresado en su auto.
—Creo que todos en la casa se van a enterar que el abuelo nos dejó tomarnos la botella entera —rio Edward por lo bajo.
Alice iba a comentar algo pero la voz de su tía no se lo permitió.
—Lárgate de una vez, Carlisle —dijo Esme con firmeza.
Edward inhaló profundamente al escuchar ese nombre y se abrió paso hasta la sala con la mandíbula tensa.
—Esme, solo escúchame, por favor —pidió Carlisle.
—No sé cómo nos encontraste pero vete antes que Edward llegue —dijo Esme con voz tensa.
—Sí, lárgate antes que te eche a patadas de aquí —dijo el chico mirando con fijeza al rubio que estaba frente a su madre.
— ¡Edward! —exclamó su madre sorprendida de verlo allí.
—No voy a repetirlo: lárgate.
—No hasta que me escuchen —dijo Carlisle firmemente, aunque había un rastro de temor en la voz.
Todos en la sala aguantaban la respiración y aunque los hermanos de Esme estaban preparados para atrapar a Edward si atacaba a Carlisle, también estaban preparados para dejarlo dar un par de golpes antes de atraparlo.
—Carlisle, vete —pidió Esme.
—Por favor, Esme… —la voz de Carlisle fue interrumpida por un sonoro golpe.
Nadie vio en qué momento Edward se abalanzó contra Carlisle y le dio un fuerte puñetazo en la mejilla.
Ok, no me esperaba que lo hiciera realmente, pensaron sus tíos antes de moverse a atrapar a su sobrino que había caído sobre Carlisle y estaba a punto de asestarle otro golpe.
—Suéltenme, maldita sea, se lo merece por todo el sufrimiento que le hizo sentir a mi mamá —gritó Edward furioso mientras Randall y Eleazar lo llevaban escaleras arriba hacia su habitación.
— ¡Edward! ¡Cálmate! —le reprendió Eleazar cuando lo empujaron para que entrara a la estancia.
—No mientras ese perro este aquí —dijo tratando de esquivar a sus tíos.
—Mira novillo, sabemos que lo odias y todo lo demás pero cálmate y deja que los adultos arreglen sus asuntos —dijo Randall, como vio que su sobrino no hacía nada para serenarse tomó a su sobrino por el brazo y lo lanzó al interior del cuarto cerrando la puerta con rapidez antes de escuchar como Edward se estrellaba contra esta.
— ¡Abran la maldita puerta! —gritó Edward golpeando la con fuerza
—Mañana hablaremos de lo que pasó. Buenas noches sobrino —dijo Randall.
Abajo, Carlisle estaba aun aturdido por el golpe. Su hijo realmente lo odiaba.
—siento mucho lo que pasó, pero te lo advertí —le dijo Esme tendiéndole una toalla con hielos que Alice le había traído.
—No fue nada, ¡Auch! —Dijo Carlisle quejándose al poner el frio sobre su mejilla lastimada—. Tiene un gran derechazo.
—Manipula ganado y tiene tíos rudos, ¿Qué puedes esperar? —Dijo Esme poniendo los ojos en blanco, suspiró resignada—. ¿Qué quieres?
—Hablar. Explicar que fue lo que pasó en realidad —dijo Carlisle afligido.
— ¿Lo que pasó en realidad? —preguntó Esme seria—. Sígueme.
Esme pasó frente a su familia, que se había mantenido en absoluto silencio, y fijó su mirada en sus padres antes de asentirles.
Desde la escalera se escuchaban los golpes que Edward le daba a la puerta. Esme rodó los ojos, su hijo podía ser un cavernícola cuando se lo proponía.
Se dirigieron al comedor donde tomaron asiento uno frente al otro. Esme se cruzó de brazos esperando que Carlisle comenzara su relato.
—Me enteré hace pocas semanas que tenías un hijo —Esme enarcó una ceja—. Mi madre nunca me lo dijo. Me dijo fue que te había visto muy cariñosa con un hombre y que le habías pedido un brazalete y no sé qué otras cosas más dijo. Por supuesto, le creí pero mi error fue no haber ido contigo a pedirte una explicación.
—No puedo creer eso. Te habías ido a Londres sin decirme y me mandaste un correo diciendo un montón de barbaridades —dijo Esme cruzándose de brazos—. Además ¿Acaso no sabias, no te lo dije lo suficiente, que sólo te quería a ti?
—No había tomado ningún vuelo, no te mandé correo de ningún tipo —dijo Carlisle y luego agregó con tristeza—. En ese tiempo estaba inseguro. Se me venían grandes responsabilidades y no sabía si estaba a la altura.
—Claro, la empresa…
—Sí, la empresa —le interrumpió Carlisle—. Pero también yo… quería pedirte… matrimonio.
Esme lo miró perpleja.
—Estas de broma —dijo Esme.
—No, no lo estoy. Mi madre estaba furiosa cuando me vine.
— ¿La arpía no se ha muerto aún? —masculló Esme desviando la mirada.
—No —medio sonrió Carlisle—. Y es igual de arpía que siempre.
Esme se sonrojó, algo que Carlisle encontró tierno.
—Nunca me intereso tu dinero. Yo también tengo mi propia herencia de muchos ceros —dijo Esme volviendo a su serio semblante.
—Me lo dijiste muchas veces —dijo Carlisle acongojado—. Perdóname, por favor.
—Te perdono pero no por eso voy a creer cada una de tus palabras y confiaré en ti como si nada hubiera ocurrido—declaró sin mostrar una sola expresión en su rostro.
—Te entiendo. Solo quiero una oportunidad para enmendar todo lo que hizo mi madre.
—Pues será una ardua tarea teniendo en cuenta a quienes tienes que impresionar, sobre todo a Edward —dijo Esme levantándose de su asiento—. Será mejor que te vayas, Carlisle. Debes estar cansado y yo debo castigar a mi hijo.
—Está bien, buenas noches Esme —dijo Carlisle un poco desilusionado mientras caminaban hacia la puerta.
—Buenas noches, Carlisle —dijo Esme parándose en el umbral—. ¿Cuánto tiempo te quedarás?
—No lo sé, anoche mientras comía con mi madre decidí que tenía que venir y así lo hice.
Esme sonrió, Carlisle podía ser muy impulsivo a veces.
—Buenas noches.
—Buenas noches —respondió Esme.
Vio como el rubio caminó hasta el auto en alquiler donde se estaba movilizando y, no sin antes voltear a ver a la mujer que lo observada desde el umbral, se marchó.
Lo que me viene ahora, pensó Esme soltando un suspiro.
—Ya sé que no debo acercarme a tu hijo cuando este furioso —rió Adrian, sentado en las escaleras que daban al primer piso.
—Estoy molesta con ustedes también —dijo Esme parándose frente a él.
— ¿Qué? Nosotros no fuimos quienes golpeamos a la estrellita —reclamó Adrian.
—No. Pero llenaron de musarañas la cabeza de mi hijo —replicó Esme.
—Admítelo, disfrutaste ese golpe —sonrió su hermano con picardía.
Esme bufó y subió las escaleras.
Se paró frente a la puerta de la habitación de su hijo, suspiró y tocó.
— ¡No hay nadie! —escuchó la voz de su hijo.
Haciendo caso omiso entró a la habitación donde encontró a su hijo sentado en la cama de arriba de la litera, con su computadora en las piernas y una mirada furibunda puesta en la pantalla.
—No sabía que había criado a un troglodita —dijo Esme con seriedad.
—No es mi culpa que ese imbécil haya venido —murmuró sin quitar la mirada del portátil.
— ¡Edward Masen! Respeta. Por mucho que te duela, sigue siendo tu padre —le reprendió Esme.
— ¡Él no es mi padre! —gritó Edward furioso antes de cubrirse con las mantas, casi tumbando la laptop.
—No me grites —dijo Esme con los dientes apretados—. Y no hemos terminado de hablar.
Edward no emitió ningún sonido. Solo se movió dándole la espalda a su madre.
—Edward, una cosa es que lo odies y lo ignores y otra muy diferente es que lo golpees porque te dio la gana —dijo Esme con aparente calma—. Está bien. No seguiré sermoneándote, pasaré de una vez al castigo. Nada de comunicación, sea por teléfono, Skype o cualquier otra red social. Te quedaras en casa toda la semana, eso implica: nada de salidas con los chicos, nada de pastoreo y nada de viñedo. Por último, si Carlisle vuelve te disculparas y escucharas lo que tiene que decir.
—Mátame mejor —murmuró Edward—. No sé porque lo defiendes, no es más que un bueno para nada que mientras tú te regodeabas en tu miseria, él estaba por ahí disfrutando de su buena vida con cuanta mujer bonita se le acercara.
—Cielo, deberías hacerle menos caso a tus tíos.
—Y tú deberías ser menos compasiva e inocente —murmuró el chico nuevamente—. Carlisle Cullen ha tenido decenas de novias en todos estos años. Es raro verlo con la misma chica dos veces.
Esme hizo caso omiso a las palabras de su hijo para que no le afectaran sus palabras. ¿Qué podía hacer? Aun lo amaba y saber eso que su hijo le decía, le rompía el corazón.
—Hasta mañana, hijo. Que duermas bien —se despidió Esme.
—Lo dudo.
— ¿Por qué la culpa te corroe?
Esme soltó una pequeña risita cuando su hijo se removió entre las sabanas, gruñendo.
Hola, aqui yo, ¿allá quien?
Sé que dijimos que actualizariamos los martes, pero en vista que Babi ha estado super atareada y yo trabajando, no hemos tenido chance.
Un nuevo capitulo, el reencuentro un poco accidentado de Carlisle y Esme,
¿Que les pareció?
Edward es muy impulsivo y un "poquito" agresivo. Pero así lo queremos.
Muchas gracias por sus reviews, no se preocupen si no actulizamos una semana, no abandonaremos la historia.
Esperamos sus comentarios, si tienen alguna duda, sugerencia, no duden en escribirnos.
saludos, jenny
